Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres · Capítulo real 19 de 20

CAPÍTULO XIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

CAPÍTULO XIII.

De la elección de estado,

TE*

Jdíl fruto de una buena educación parece que debe tener su complemento R 4 en

(264) en la elección de estado, así porque del acierto de éste depende la mayor ó menor felicidad , como porque entonces coronan los padres su trabajo y alivian el peso principal de sus fatigas. No es decir que se extrañen los unos de los otros desde ese tiempo, pues siempre permanece la obligación de respetar y socorrer á los padres, como en estos la de ayudar á los hijos según sus circunstancias ; pero no es tan estrecha la responsabilidad de aquellos desde que estos se colocan, ni estos tienen la sujeción absoluta, que quando estaban baxo la potestad paterna. Siendo pues la elección de estado el negocio mas crítico , que puede ocurrir á unos y á otros por las razones dichas , requiere suma madure/ y discreción, porque el nudo que se va á formar no podrá desatarse después , y las consequencias

no son menores que la fortuna 6 desgracia de muchos años.

Las mugeres solo tienen dos estados que elegir , el de Monjas ó Casadas , y aunque hablando en rigor no tienen mas los hombres , pero haynotable diferencia de que un soltero usa de su libertad y no le impide para ninguna carrera ; y una soltera es un cero , que comunmente sirve de embarazo hasta en su misma casa , y para sí es una situación miserable; pues aun quando se halle en edad en que prudentemente puede valerse de su libertad sin perjuicio de sus costumbres , la opinión pública , que es mas poderosa que todas las razones, la mira siempre como una persona á quien no le está bien hacer lo que á las casadas y á las viudas.

El estado religioso es sin duda el mas perfecto : Por su medio se hace

(266) un total sacrificio de la voluntad, y se renuncia para siempre aun a aquella libertad honesta que es compatible con una conducta arreglada , como se ve en muchos seglares. Sin disminuir el mérito de una resolución tan generosa , hay también la ventaja de que una Monja , que entró con verdadera vocación y se mantiene contenta con su estado , tiene ya lo bastante para ser feliz , y se libra de un golpe de los cuidados de familia , de hijos, y principalmente de los disgustos que son consiguientes en un matrimonio. Pero no obstante estas consideraciones,^ materia pide mucha reflexión. Aquí no hablamos de aquellas almas privilegiadas , que parece destina Dios para sí desde la cuna , y que no apetecen ni quieren otro estado ; mas estos casos no son muy comunes. Por lo tanto se trata de aquellas voca-

cio-

(*67) ciones regulares , que dependen muchas veces de las circunstancias en que se hallan los sugetos. Por exemplo , una niña que se ha criado en Convento desde corta edad , suele decir que quiere ser Monja, sin mas razón que la de haberse familiarizado con aquel género de vida , y haber oido que es el mejor. Tal vez otra , que se ha criado en su casa , pero que se ve demasiado oprimida ó poco estimada aun de sus mismos padres , y que no le procuran colocación , ó se la estorban, escogerá aquel estado. Una y otra pueden parecer vocación , y no serlo ; pero las resultas podrán ser igualmente fatales. En el primer caso hay el peligro de que descubierto el juicio y la reflexión , y adquirido algún conocimiento de las cosas, se represente una felicidad en el matrimonio, que acaso no existe, pero que

(z68) la imaginación juzga posible y muy ventajosa. En el segundo , pasado el ímpetu que hizo tomar aquel partido y miradas las cosas con mas diferencia , mudan también de aspecto.

Es pues necesario considerar las circunstancias de la vocación antes de aprobarla , para juzgar por ellas del aprecio que merece. Quando una niña , que no ha conocido mas mundo que el recinto de un claustro, dice que quiere ser Monja , aunque lo repita muchas veces, será conveniente sacarla á lo menos por una temporada, y que esté en compañía de sus padres, pero sin hablarle de su vocación; antes mostrándose indiferente sobre este particular. Las máximas que ha de oir entonces son , que nuestra Religión es tan benigna , que no manda expresamente que seamos Casados 6 Reí idiosos , sino que cumpla cada una

con

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con sus obligaciones respectivas, y se santifique en su estado ; pero que está muy expuesto á perderse el que equi* voca el camino que le ha de condu* cir á su ñn : esto , junto con el trato de gentes juiciosas y buenas , le dará luces para el acierto. Si después de estas diligencias se mantuviere firme en su primera resolución , ya no quedará á sus padres ningún remordimiento ; como tampoco si mudase de intención , lo qual seria un testimonio claro de que la que tenia era efecto de las circunstancias en que se -hallaba. No requiere menor precaución el examinar á las que por disgustos particulares, aunque en edad de conocimiento , desean entrar Monjas. Es cierto que si los padres son la causa, mal podrán remediarlo , si no conocen primero á quanto se exponen y exponen á sus hijas, con un moao de obrar.

tan

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tan contrario á todas las leyes. Diráse acaso que pretendiendo asegurar demasiado la vocación, habrá menos que la tengan ; mas la respuesta es obvia : lo que conviene á la Religión y á las mismas que entran en clausura , no es el ser muchas , sino el ser perfectas.

El estado del matrimonio es igualmente delicado , tanto por lo difícil del acierto , como por las conseqüencias. Es perpetuo ; se forma el nudo en un instante ; y solo se desata con la muerte. Hay á mas otra diferencia ; y es , que para ser feliz en él han de conformar dos voluntades. ¿Quántas veces sucede , que aunque una muger estime de veras á su marido , y procure darle gusto en todo , sufre amarguras , ó porque éste se ha cansado de ella , y la trata con frialdad y aun con dureza ; ó porque no contri-

fot)

tribuye con lo preciso para el gasto de la casa, ó porque los hijos salen de malas inclinaciones , ó porque sobrevienen desgracias temporales, ó por otras mil causas que experimentan las familias? Todo esto debia verse , si fuese posible, como en un espejo antes de casarse , á fin de preparar el ánimo y evitar las discordias que después acontecen. Es muy necesario el conocimiento previo de ambos estados , para poder deliberar con juicio; porque, como dice Cicerón "importa „ante todas cosas considerar qué quedemos hacer de nosotros , y el género de vida que se ha de seguir, cuya «deliberación es sumamente dificultosa; „en la primera juventud en que falta „la debida reflexión, entonces cada uno „escoge aquel estado de vida que mas „le acomoda ; pero muchas veces se „toma esta resolución sin haber podido

„for-

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„formar recta idea de las cosas" (a). Entre las calidades que se deben apetecer para que el matrimonio sea feliz es la igualdad de circunstancias. Si quieres casar bien , casa igual : Si qua voles apte nubere , nube par i, dice Ovidio. Lo mismo previenen Septalio y Plutarco. Este último no se contenta con aconsejar la igualdad , sino que

en-

(a) ln prtmis autem constituendum est>

muos nos , ¿^ qu.iles esse velimis , & in quo generevitae\quae deliberatioest omriium difJicillima. lneuntc enim adolcscentia ctim est máxima imbecillitas consilii>tum id sibi quisque gemís aetalis degendae constituit quod m.ixime adamavit. : itaque ante implicatur aliqtto certo genere airsuqne vivendi quam fiotuit quod optimum esset judiare. Cicero de Üfjiciis , lib. i. cap.' 3 á.

Así este capítulo como el 33. son admirables , y contienen un compendio de lo mejor que *e puede decir en esta materia.

(*73) encarga expresamente que no se elija

muger mas rica ni mas noble que el hombre , porque desea mandar con imperio. A la verdad se ha de hacer justicia á los hombres en este particular ; pues siendo muchos los que llevan mayores intereses al matrimonio, ó los que hacen participantes de sus honores si tienen empleos distinguidos , raro ó ninguno se acuerda de esta ventaja para ensoberbecerse; y las mugeres , que exceden en caudales ó en nobleza , por lo común son insufribles dentro de casa, aunque hayan llevado por compañeros de su dote la vanidad y el luxo. En la igualdad se comprehenden también las costumbres; pues vemos que Xenofonte , en el Diálogo que trae entre Isomaco y su muger luego que se casaron , dice éste: como me haya informado de tu crianza y costumbres , y asimismo tus paS drcs

(274) dres de mí y de las mías , confio en Dios , Se. ¿Quién duda que es una circunstancia muy esencial, por las razones que señala el Dr. Francisco de Villalobos: "que lo que ha de mirar »el hombre para casarse es la suficiencia y valor de la muger con «quien ha de tener compañía y amis- »tad verdadera y perpetua toda su vivida , y de quien ha de confiar el al- »ma, la honra, la vida y los hijos, »y con quien ha de entrar en converja sacion y consejo todos los dias y las » noches, y participar sus secretos y ».su voluntad tan enteramente como » consigo mismo" (a).

No es menos digno de consideración la edad en que deben casar las mugeres. Es cierto , que si solo se atiende á la robustez de la naturaleza, hay

al- (a) Problemas.

(275) algunas que la tienen mayor de catorce ó quince años , que otras de diez y ocho ; pero esto no basta para desvanecer otros inconvenientes que ocur* ren. Hace fuerza que Xenofonte funde la instrucción que dio Isomaco á su muger en todas las virtudes de una madre de familias , en que se casó con ella quando no tenia aun quince años; mas no todos los maridos son tan filósofos como éste , ni todas las mugeres tan dóciles como aquella. La ra. zon que se da comunmente de que así siguen de cerca los hijos á los padres, no suele ser de mucha satisfacción para los unos ni para los otros. Los inconvenientes que se advierten por lo regular son , que casando muy niñas, se cuida poco de los hijos y de las demas obligaciones , sin contar que la naturaleza se destruye pronto. Parece que en esta materia se podria seguir S2 el

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el dictamen de Septalio , el qual señala diez y ocho años á la muger y treinta al hombre , para que ambos estén igualmente aptos para procrear hijos , educarlos y colocarlos quándo sean grandes (a). Tocante á la edad de la muger no hace mas que conformarse con la opinión de Aristóteles, de Platón y de Licurgo ; pero en la del hombre se aparta , porque estos autores desean la de treinta y siete, poco mas ó menos. Nada quiere decir que la diferencia sea de doce ó mas años , con tal que se verifique lo que dice Marcial : inferior matrona su0 sit , Vrisce , marito (b)' porque importa mucho que el hombre tenga algunos años mas que la muger, respecto de que ésta envejece antes , y está

ex-

(¿i) Septalio, obra cit.Tib. a. cap. 6. (b) L¡b. 8.

(*77) expuesta á surrir la frialdad de su marido. No obstante todo esto, si las circunstancias particulares de la familia {requieren anticipar el tiempo del matrimonio, la prudencia dicta las excepciones que deben hacerse ; y mas si se considera que las mugeres no pueden disponer de la ocasión de colocarse.

Aunque pertenece á los padres el reflexionar lo mas conveniente para la colocación de sus hijas , es razón que cuenten con la voluntad de éstas, siendo las principales interesadas. En la sagrada Escritura tenemos un exemplo bien claro de esto en el casamiento de Rebeca ; pues sin embargo que pareció ventajosa á sus padres la proposición del criado de Abrahan , dixéron : vocemus puellam , & quaeramus ipsius voluntatem ( a ) : llámese á la S 3 mu-

(a) Genes, cap. 24 vers. 57.

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muchacha , y sepamos su voluntad. Muy conducente seria para poder explicarla mejor , que se hubiesen conocido y tratado primero los que se han de casar ; pero no me atrevo á resolver en un punto tan delicado. Si hubiera mas sinceridad y buena fe , el trato descubriría á fondo los sugetos, como pinta el Licenciado Pedro Luxan que sucedía en el siglo de oro: wen aquel tiempo (dice) nadie se cansaba sino con la hija de su vecino, »con quien se criaba; porque ya se » habían visto y conversado muchas » veces... Entonces primero se acordaban las voluntades, y asieran los ^casamientos perpetuos , amorosos y »aun sabrosos" (a). Mas la política y el artificio ha hecho casi preciso disimular con todo cuidado los defectos (a) Coloquios matrimoniales.

(^79) tos para hacerse amables á los otros.

Por otra parte , el trato y conocimiento no puede ser nunca entre dos solteros como entre dos casados. No es lo mismo estar un rato de visita, que verse á todas horas , y verse sin disfraz ; en el segundo caso se descubren las genialidades y defectos personales , que antes se ocultaban.

Hay algunos exemplares de otros matrimonios, que se contraen sin haberse visto ni tratado , y que con todo eso viven después en mucha paz y armonía ; pero no dexará de ser una fortuna muy extraordinaria. Lo mas conforme á razón es , que procuren conocerse los que han de vivir juntos , y tener unos mismos intereses y unos mismos honores; pues aunque sea difícil descubrir en el trato político todas las propiedades de un sugeto , se pueden conocer algunas é S 4 in-

(28o) inferir otras. Mas como este trato no debe ser muy confidencial ni freqüente por lo delicado de la opinión de una soltera , convendrá que la madre ayude con sus luces para enterarse bien de las calidades del novio. Para esto se requiere la prudente confianza entre madre é hija , de que ya se ha hecho mención , y que haya procurado arraygar en su corazón la máxima de que , aunque estén en lo general bastante viciadas las costumbres, se respeta la virtud quando se trata de casamientos ; y así ningún hombre desea muger desenvuelta ni loca. Esto servirá para portarse en todo con moderación y cordura, y en estos términos no puede haber inconveniente en que preceda aquel trato necesario para conocerse mutuamente los que se han de ligar para siempre.

CA-

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