Disertacion fisica sobre la materia y formacion de las auroras boreales, que con ocasion de la que apareció en Mexico y otros lugares de la Nueva España el dia 14 de noviembre de 1789 · Capítulo real 1 de 1

Disertacion fisica sobre la materia y formacion de las auroras boreales, que con ocasion de la que apareció en Mexico y otros lugares de la Nueva España el dia 14 de noviembre de 1789

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 7 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

DISERTACION FISICA

SOBRE LA MATERIA V FORMACION

DE LAS AURORAS BOREALES,

QUE

CON OCASION DE LA QUE APARECIO

EN MEX ICO Y OTROS LUGARES DE LA NUEVA ESPAÑA el día 14 de Noviembre de 1789

ESCRIBIO

D. ANTONIO DE LEON T GAMA,

CON LAS LICENCIAS NECESARIAS.

MEXICO:

Por D. Felipe de Zúñiga y On ti veros , calle del

Espíritu Santo, año de 1790.

Disertación fisica sobre la Aurora boreal.

TA Aurora boreal que apareció en México la noche del dia 14 de

_ Noviembre del año inmediato de 1789, al mismo tiempo que causó

general temor en la gente, por no tener noticia de haberse visto otra Sc inejsnte en este Rey no, excitó ia curiosidad de algunas persoaas ins¬ truidas, pretendiendo indagar la causa y materia de su formación. Para O'' unir primero á desterrar el miedo que habían concebido á este fenó¬ meno admirable, di una ligera idea en las Gazetas de México de i y «2 de Bicitmbre, así de lo común que es su visión en las partes septentrioia Europa, como del ningún daño que se habia experimentado ;íí ellas. Como aun para este solo fin no era suficiente el corto campó que permite una noticia de Gazeta, donde es fuerza que vayan otras in¬ sertas, fué necesario dividirla en las dos últimas del año ( emitiendo nó pocas cosas conducentes á desvanecer el génerai temor de que estaba llena la Crudad, que fué entonces mi principal asunto) reservando para otra ocasión cumplir co r el encargo que se me hizo de exponer algo so¬ bre la causa física y materia de que se forma: qüestion bien delicada, tratada por los mejores Filósofos y Matemáticos de nuestro siglo, y cu¬ yas opiniones tienen en contra innumerables dificultades y argumentos. Algunos se hallan en el célebre Tratado de la Aurora boreal del Señor IMairar, que ilustró posteriormente con vatias adiciones doélas y circuns» ta ociadas; de cuya Obra me hé servido en parte para las noticias histó¬ ricas, y observaciones de este fenómeno, que recogió de casi todos los mejores Astrónomos y Físicos del Oibe literario. Otros añadiré según las cjíc unstar.cias observadas nuevamer te, los quales ño solo destruyen los fundamentos sobre que han apoyado sus opiniones algunos Autores; sino que manifiestan, cen bastante probabilidad, qual sea la causa fisica de.su formación.

Para proceder con la claridad posible, dividiré en quatro Parágra¬ fos esta Disertación; en el primero se expresarán las diferencias, propie¬ dades, y íanedad de circunstancias que se han observado en las Auro¬ ras btuealts En el segundo se expondrán las diferentes opiniones de al¬ gunos Filósofos modernos, y las objeciones que tienen en su contra, así opuestas por Mairan,como las que se deducen de la observada en nuestia América. Hablo, contra aquellas opiniones que se fundan en algunas razonen u iras, despreciando del todo otras que carecen de la menor pro¬ babilidad. E('¡ ei tercero se insertaran las noticias que se han podido con¬ seguir de algunos Lugares de esta Nueva PNpana donde apareció la mis¬ ma, noche del dia 14 de Noviembre la que se observó en México; y con esta Ocasión se hace vér qüe d sysfetr.a de Maíran no se limita á solos los Lugares que iienea uoa grande aUura de Polo. Y en el quarto se di-

lá sinceratnente la opinión ó juicio que hé formado sobre su orígeri: se comprobará con razones físicas y matemáticas^ y se procurará desvane¬ cer ias objeciones que pueden oponerse.

§. I.

Diferencias que se observan en las Auroras boreales^ propie^ dades y circunstancias de la materia de que se componetu

1. |/NTRE las luces que aparecen en el Cielo después de puesto el

Soi.y acabado el ciepuscüío vespettino, son unas manchas de color de fuego, que por paiticipaciou ds a’guna nub?, forman diferen¬ tes fígai-is, así de hombres, como de animales, y otras cosas, que fueron sic-aipre el tenor de ios Pueblos, y hoy se tienen por una especie de Au¬ roras boreales, aunque impropias é intorines, de las quales no haré men* Clon, por haber antes dicho algo áe ellas ea las citadas Gazetas de ;\Iéxico, y porque después de tratar de ias perfectas, es fácil inferir poT eS' tas ias causas y origen de las otras. Las Auroras boreales períeCtas st representan de diferentes maneras: unas forman un segmento de circulo obscuro sobre el horizonte, á la paste del Norte, con declinación ai Oc¬ cidente; y de este segmento obscuro se difunden por gran parte del Cíe* lo varias ráfagas de luz, yá perpendicuiarmente, y yá con alguna inclinacion„ Otras , sobre el mismo segmento obscuro forman un arco ó zona íueninosa, mas 6 menos ancha, conforme á la abundancia de mateifia de que constan: lo regular de su amplitud es de 2 hasta 5 grados, y taras veces ilega á 8 ó 10, Y otras, en que sobre el segmento horizon¬ tal se ven varias zonas ó arcos concéntricos, interpolados, uno lumino¬ so, y otro obscuro, como la que observó Burmann en Upsai el dia 20 de Septiembre de 1717, con tres ó quatro arcos luminosos, los unos sobra iOd otros, separados por intervalos ó zonas obscuras: la que observó Poleni el año de 1737, citado por Mussembreek (a), con tres arcos luminoso', cuyo segundo limbo estaba dos veces mas alto que el primerc; y el tercero otras dos veces mas que el segundo: ias observadas por Lirbknecht en Giessen de Alemania á 17 de Febrero, y i de Marzo de 1721; y la que refiere Maírao haber observado en Brevilepont el dsa 19 de Oc¬ tubre de 1726 (b) .

2. El segmento obscuro es una especie de humo 6 niebla opaca que forma la base en el horizonte, donde se extiende desde 5 íiasta 100 y mas grados, y cuya cuerda es el mismo horizonte: de la propia materia son ias zonas que separan los arcos luminosos, aunque á veces menos opacas, y de un color ceniciento que tira á inorado. Así el limbo del seg¬ mento, como ios de ias zonas obscuras, suelen estar interrumpidos por las ráfagas de luz que de ellos nacen, y forman varias figuras, como co¬ lumnas, pirámides, y varas que suben á jumarse hasta el zenith ó cerca

(a) Cours de Physiq. experiai. & niathem toai. 3. pag. 382. niim. 2490.

(b) Traite physiq. ¿ histor^de V Aur, bor. sedU 3. chap. 4, edit, de 1754.

de él, représ^entando un anillo o coronaren medio de estas ráfagas vén variof: movimientos,, vibraciones, humos y relámpagos, ó como ra¬ yos de luz despedidos por ia misma materia. Todo lo qual conviene so¬ lamente á ias Grandes Auroras boreales, pues las que llaman Pacíficas no constan de segmento obscuro, ni tienen arcos concéntricos, ni se vén

en elhs vibraciones ni movimientos: siempre se mantienen quietas en for¬

ma circular, de un color mas ó menos encendido, según la mayor ó me¬ nor distancia en que se observan, y la mas ó menos abundancia y dis¬ posición de ia materia de que se componen.

3- La Luz en las grandes Auroras tiene vari^ad de colores: por l® regular es blanca y resplandeciente en su centro, degenerando en ama¬ rillo y rojo confotme se vá apartando de él ^ pero ella produce una gran claridad, principalmente quando llegan á unirse sus rayos en el zejsith. donde forman una hermosa y muy viva luz mezclada de verde.

Los arcos también suelen representarse con los colores j'iel Iv.s. En ios países situados acia el circulo polar se vén continuamen¬ te cubrir el Cielo esas Luces boreales de varios y hermosos colores; pe¬ ro ecstre ellas se señalan las que dice Maupertuis (c) haber observado fcias dos veces, las quales^tierien los habitadores de Ofvver Tornea en la Laponia, como señales de alguna gran calamidad. Estas se extendían ácia el Mediodía, tiñendo gran parre del Ciclo de un color rojo muy vi¬ vo que cubría toda la Constelación de Orion, la que parecía estar su¬ mergida en sangre: después de haber permanecido aoí algún tiempo, se manifestó movible, variando su color en morado y azul, y subiendo á formar un remate, cuyo vértice distaba poco del zeoith ácia el Sudoeste: sus colores no se perdian ni con la mayor claridad de la Luna, En las Auroras pacificas no se observa esta claridad^ y mutación de colores, y el que marsinestan regularmente es un rojo amortiguado con la niebla q humo que las acompaña.

4. La altura aparente ó angular del vértice del segmento obscuro en ias grandes Auroras, varía desde 10 hasta 20 grados; pero los arcos luminosos ascienden á mucha mayor altura, según la materia de que se compenen; y quanto mas completas aparecen, tanto mayor es su altura sobre el horizonte: en ia que observó el Dr. Gabry en ia Haia el dia 27 de Febrero de 1750, llegaba el limbo de su arco luminoso á cerca de 80 grados: en ia de 24 de Agosto del mismo año observada por Mairan, pasaba 2 ó 3 del zenith á la parte del Sur, De ias que refiere Celsio vis¬ tas en Torno de la Laponia en los dias 22 de Diciembre de 1736, y 21 de Enero de 1737, llegó el limbo luminoso hasta el zenith en la prime¬ ra, y en la segunda pasó de éi ácia el Sur mas de 20 grados: otras refie¬ re el mismo Mairan que pasaron del zenith. En las Auroras pacificas es mucho menor la altura aparente del segmento colorado que forman; pe¬ ro en unas y en otras se suele experimentar diversidad de alturas en muy cortos intervalos de tiempo. La que observó Cramer en Ginebra el

V \ •

dia de Febrero de 1750, que constaba de dos arcos luminosos, y una zona ó banda, cuyo vértice de un rojo debilitado pasaba como 12 gra¬ dos del .zenith acia e! Sur, presentó los fenómenos siguientes. A las 7 de la noche se elevó el arco superior hasta la cabeza ó espalda de Orion^ que corresponde como á 50 ó 54 grados de altura; pero á las 8 j habia baxado de 45 á 46 grados inferior á Procyon^ y la gra.ñde banda ó zona tuvo varias diferencias, unas veces aumentando, y otras disminuyendo su amplitud desde 12 hasta 20 grados. La observada por M?/!ran el dia 2 de Oólabre del siguiente año de 1731, que comenzó como á las 10 de la noche, se mantuvo en 20 ó 25 grados de altura, sobre 120, ó 125 de amplitud, hasta las 12^, en que le pareció haber ido en diminución; pe¬ ro en menos de ^ ó 6 minutos se formó un incendio casi universal, do¬ blando las ráfagas, vibraciones, movimientos y relámpagos, y el arco iutninoso ocupaba mas de 150 grados sobre el horizonte, subiendo hasta el zenitb, y pasando á la parte del Sur sus bordes interrump'^.iS. ,1^3* terminados, y mezclados de fluecos de una materia blanquecina, q-oe^cu* bria succesivamente la estrella del Norte, y la constelación de Casíopsa^ hasta llegar cerca de las estrellas de la cabeza de Aries.

5. A mas de estas variaciones , de altura aparente, se obser^-a aun en las Auroras pacíScas que carecen de movimientos, mucha imperfec¬ ción en su forma circular, á causa de estar los limbos superiores mal de¬ cididos : por lo qual dice Mairan,(d) que en las observaciones de su al¬ tura hay varias diferencias, por los errores casi inevitables que se come¬ ten en ellas, pues las mas bien terminadas, jamas lo están sino imperfec¬ tamente. Por esta razón dudó Burmann, si eran tres ó quatro los arcos lu minosos de la que observó en üpsal el año de 1717, (e) diciendo ; T'o vi quatro^ ó á lo menos tres^ los unos sobre los otros^y se^$rados los unos de los otros por intervalos obscuros. No obstante, con la diferencia de 2 é 3 grados, se han servido los Físicos de la altura aparente 6 angular para deducir por cálculos trigonométricos, según el método de Mairan, 6 analyticos, conforme al de Mayer, la altura verdadera que tiene la materia boreal sobre la superficie de la tierra.

6. Esta altura verdadera (por mas que la hayan querido ocultar los que pretenden que la formación de este fenómeno sea en la región de los meteoros ) ¡a excede en muchas leguas. Es constante que las nubes no se elevan á mayor altura que una ó dos leguas, según se manifiesta de las exáilas medidas executadas por los Padres Tacquet, Ricciolo, Grimildo, y otros Autores modernos; y que la Aurora boreal menos eleva¬ da pasa de 40 y de 50 leguas; habiendo otras, cuya elevación llega á 300: y esta es una de las propiedades que convienen solamente á las Au¬ toras boreales; pues aunque el Abate Para pretende limitar esta altura á 1 2 ó r o leguas, ( f } á mas de que ella es muy excesiva respeéfo de la

(d) Loe. eit. pag. 40^.

(e) Apud Mair. loe. cit. pag. 122.

( f ) Theoria des Erres seusiU loui. 3. pag. Ó4.

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que tienen las nubes donde se forman todos los meteoros, no lo demues¬ tra; y sí lo hizo Mairan, y otrv^s grandes Matemáticos que cita, con las muchas que observaron, de las quales la que menos distaba de la super¬ ficie de la tierra 47 leguas, que fué la de*i6 de Marzo de 1730, observadá y calculada su alturá por Krafft en Petersboürg.

7. Es incfeible la gran' variedad de opiniones que se halla entre los Autores Físicos y Maíemáíicds sobre la elevación de la Atmosfera ter¬ restre, pretendiendo cada uño darla aquella que le acomoda mas para explicar'su parecer en quanto á la materia y formacibii de las Auroras boieales. El citado AbateFára la supone de i? á 16 leguas. EuJer, de sola una milla de Alemania. Mairan asienta con Cissini^ fg) que exCede de 500 leguas. Diferencia enorme, que no se puede conciliar ni por el método de los crepúscúlos''cie que se sirvieron los antiguos, ni por las diversas alturas del Barómetro,'* de ‘que usan fos modernos, M. de Lue^

repetidos y exáóios experirnentos, y medidas geoméciicas facili- ^tó y‘'cor rigió este segundo, da régías en su amplisimo gratado de Barómetsos y Termómetros (h) por donde poder hallar con la mayor probabiiiaad la verdadera altura de íá Atmosfera, como veremos después,

8. La materia de cue se forma la Aurora boreal, así aquella del seg¬ mento y arcos obscuros, como fa luminosa, es transparente, y detrás de ella se vén las Estrellas de primera, segunda, y aun de tercera magni¬ tud, como se observa con las colas de los Cometas: Mussembroek reñerq ( i ) haberse Visto detras de las columnas luminosas las estrellas de sexta magnitud ; de suerte que, según Euler, la materia boreal es mas de mil veces mas rara y sutil que una tenuísima nube. No obstante su trans¬ parencia, ella opáca la brillantez de las estrellas, las hace parecer sin rayos y cintilacíon; y á veces se ven del color de la misma materia. En la observada por Cramer, que se citó en el núm.'4. dice, que obscureció notablemente la luz de las estrellas que cubria la banda roja, tiñéndolas del mismo color; y que las que estaban vecinas á ella perdieron su bri¬ llantez ordinaria (k) , no exceptuándose ia claridad de Júpiter, al que también obscureció.

9. Parece que con el tiempo ha ido creciendo esta materia, ó se han hecho freqüentes sus apariciones, á lo menos en los Paises situados en¬ tre el Círculo polar y el Trópico de Cáncer. En el siglo pasado se confaban muy pocas Auroras boreales, ó no se tenia memoria de las que habían aparecido en Dinamarca, hasta la que se vió el año de 1709, que causó aili tanto espanto, que hizo tomar las armas á los Soldados, y batir las caxas. El mismo horror causaron en la Rusia las que se obser¬ varon á principios del siglo prerenic; pero después fueron continuando las apariciones, y perdiendo' el temor los habitadores de ambos Reynos.

fe) pag. 53 y 347*

(h) Recheiches sur les modifications de P Atmospb. tom, 3.part. 4. chap. 3.

(i) Tom. 3. pag. 385. n. 2493.

(k) Mairan. pag. 153. y 395.

En España fueron raras, y de ellas se había yá perdido la memoria, hast;- que la freqüencia con que han aparecido de solos 20 anos á esra parte (según consta de los Mecnoriaies literarios de Madrid que quedan citados en la Gazeta de México dé 22 de Diciembíe de! año inmediato de 1789) hizo que se advirtieran y observaran con .reflexión. Es de admi¬ rar, que unas veces se cuente en un mismo País una interrupción de s o ó mas años, y que otras se vean repetidas en años consecutivos, y aun se observen varias en un mismo año.. En las tierras polares se há visto siempre con freqüencia; pero yo pienso, que'tnas há sido un continuado crepúsculo quando dexa el SoTaquel horizonte, que Aurora boreal per¬ fecta, Por las relaciones de la Islanda y de la Suiza consta, que los mas viejos se sorprendían en el presente siglo al ver aparecer con freqüea» cia este fenómeno, por no tener noticia de otros semejantes en sus tiem¬ pos: y el Dr. Halley dixo , que no había visto otro en Inglaterra en 60 años que tenia de edad, Qual sea la causa de cesar de aparece? év crecido número de años, y después de una grande intermisión, obser¬ varse con freqüencia, no es fácil hallar en ninguno de ios systemas has¬ ta ahora inventados por los P'ísicos,

I o, Eí tiempo á ptop65Íto en que se observa es regularmente en el Otoño é invierno, quando el Cielo está limpio y sereno, comenzando á aparecer dos ó tres horas después- de puesto el Sol, y raras veces quatro ó cinco; pe*‘'0 nunca comiénza á la media noche, ó después de ella, co¬ mo io experimentó Mairan en muchas que observó, y comprobó con la gran copia de relaciones que tuvo presentes para su obra: todas las Au¬ roras que han durado hasta el amanecer, y se han confundido con el crepúsculo matutino, tuvieron su principio antes de la media noche, y en unos países de mucha latitud, en qtie la obscuridad es de poca dura¬ ción. No'obstante que el tiempo mas á propósito sea en las dos estacio¬ nes referidas, Mussembíoek, en el intervalo de 29 años, observó muchas en todos los meses del año, y dice, ser mas f eqüentes en los de Marzo, Abril y Mayo, que en los demas ( 1 ) , Al contrario Mairan afirma, ser mas freqüentes en los meses de Oólubre hasta Marzo, que en los otros; pero yo creo, que el observarse en unas partes, y en otras no, en unos mismos meses, depende de la variedad de obstáculos que se oponen ea nuestra Atmosfera, é impiden la visión en unos Lugares, quando en otros que carecen de esos impedimentos se maníflestan con mas ó menos perfección, según las distancias de donde se observan, y circunstancias locales, como se verá adelante.

§. IL

Varias' opiniones acerca de la materia de que se forma

la Aurora horeaL

II. T UEGO que comenzaron á verse con freqüencia las Luces septentrioaales en los Paises cultos de la Europa, empezaron ios

(1) Pag. 382, n. 2489.,

Filósofos y Matemáticos á indagat la causa y materia de que se forma¬ ban; y aunque en el siglo pasado se observaron varias por algunos, y entre ellos G asendo la que apareció el año de 1Ó21 ; y en el si/^ío pre¬ sente las que se vieron en los anos 1707 y 1708 por Roemer en Dina¬ marca, Kirch en Prusia, Neve en Irlanda, y Halley en Inglaterra; pasa¬ ron en silencio la causa de su formación, hasta que por haberse hecho mas notable )a de 17 deMasio de inió.observada por el mismo Halley dió este célebre Astrónomo su observación en las Transacciones filosó¬ ficas de aquel año, atribuyendo su formación á una materia magnética dimanada de la tierra, que caminaba ácia ios polos, donde, como mas abundante, aparecían con mayor íreqüencia y claridad. Comprobó su opinión con las distintas variaciones y movimientos, ya mas, ya menos occidentales, que se ejtperimentaban en la Aguja magnética al rfempo de aparecer las Auroras boreales; y con la declinación que tenia la mis-

í4 ó K grados al N. O. semejante á la que se observaba en éoas; de donde se inferia la cofrespondencia que tenia ia materia bo¬ real con los efluvios del Imán dimanados de la Tierra, Esta opinión tu¬ vo muchos partidarios, hasta que desvanecida por Mairan, buscaron otros caminos,

12. Los grandes fundamentos con ^ue la destruye este Autor son: Primero, que no siempre há tenido la Aguja en aquellos Países la misma declinación, pues por las relaciones que cita, constaba, que el año de 1731 en el Observatorio de París declinaba 15 grados y ly minutos al N‘. O: el de 1700 solamente declinaba 8 y 12 mín. al mismo rumbo; y el de jóóó había sido ninguna su declinación, habiéndola tenido antes de muchos grados aJ rumbo contrario dcl Oriente. Segundo, que los movi¬ mientos y variaciones que se observan en ella ai tiempo de aparecer la Aurora boreal, se observaban también en los dias que no aparecía; y al contraríe, no solia observarse movimiento alguno al tiempo de su apari¬ ción: y que en algunos dhs del año, y aun en distintas horas de un mis¬ mo día se experimentaban diversas variaciones. Tercero, que ¿como esta sutilísima materia, siendo de una tenuidad invisible, se presenta en for¬ ma visible á tanta distancia de nuestros ojos ? Si es por el auxilio de ios vaptyres y exhalaciones que lleva consigo de la tiena. ¿como puede elevailos á la altura de 200 ó mas leguas, haciéndolos perder su propio pe¬ so, y tomar la altuia centuplicada que acostumbran tener en la Atmos¬ fera ? Con otras reflexiones que pueden verse en su citado Tratado.

13. La mayor y mas poderosa objeción contra todas las opiniones de ios Físicos que hasta ahora han discarrido, es ia grande altura que tiene la Luz boreal; pero á mas de esta se oponen otras fuertes razones contra cada una de sus hypotheses. Porque pretendiendo unos, que esta Luz sea un agregado de vapores ó exhalaciones bituminosas, sulfúreas y nitrosas que suben de la tierra á io superior de ia Atmosfera, donde, á causa de su fermentación, se encienden: y otros, que sea una Tempes¬ tad ímperfeéla, que se manifiesta por ios relámpagos que forma, y ruido como de truenos que se oye; ambas opiniones se desvanecen con una

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sola respuesta: siendo de advertir, 'que á este pretendido ruido se oponen constantemente todos los Físicos modernos desde las observaciones he¬

chas por Celsio en la'Laponia, y en otros Países septentrionales, aarma n. do este, no haber oidó jamás semejante ruido, Pero permitido. esto, ¿es creíble, que en las Zonas templadas, y en la Tórrida, donde abundan to¬ dos los años tempestades perfedásjse pasen tantos sin que se forme una imperfeóla ? Lo mismo se dirá en quanto á las exhalaciones y vapores tan continuos en la Zona tórrida, cuya Atmosfera se vé pocas veces al ano libre de ellos.

14. Otros pretenden que sea una doble reflexiQn de los rayos del Sol, que hiriendo las montañas de niéve que se forman ácia el Polo, vuelven á ¡a Atmosfera terrestre, donde se hacen visibles. De manera, que los que patrocinan esta hypothesi, fixan precisamente la residencia de la Aurora boreal baxo dei circulo polar, y en la misma Atmosfera de la Tierra. Luego en las partes muy distantes, como son los Países nales de la Europa, y regiones de la América, donde no hay montes de nieve vecinos, y desde cuya distancia no se puede alcanzar á ver aque¬ lla parte de Atmosfera iiuminadá ácia el Polo, carecerán de esta visión: contra lo que se tiene experimentado en Italia, España, y en nuestra América. Prescindo ahora de otras inconseqüencias ópticas que resultan de esta suposición.

I El célebre' Franklin qué descubrió varios fenómenos en la Elec¬ tricidad, atribuye á ella la causa y materia de su formación. A este si¬ guieron varios Físicos modernos^ pero ninguno há dado una prueba de¬ cisiva de ello; y los mas asienten á que el fluido etéclrico solo tiene par¬ te en su formación, y por consiguiente no es él la causa eficiente de este fenómeno. Mussembroek la atribu^^e á las exhalaciones que suben de la Tierra á ló superior de la Atmoslera, donde forman una nube, que en¬

contrando con otras exhalaciones, por virtud dei ñuiclo elécf rico y fosfó¬ rico, se encienden. Pero él mismo expone las contradicciones que se en¬ cuentran en esta hypothesi: por lo que dice, que el Físico deberá sus¬ pender el juicio., pues? no habiendo fuertes pruebas para poder adherir á esta Opinión, no se puede mirar como cierta (a) . Y efe^ñivamente, si las exhalaciones encendidas por la materia elédlrica constituyen la Aurora boreal, ¿porqué en cerca de un siglo que pasó desde el año de 1629 has¬ ta el de 171Ó, no se observó alguna en ia Holán o grande intervalo de tiempo exhalaciones en la Tierra, ni (luido elédtrico en ía Atmosfera? Mas: si este ñuido^es universal en roda ella, y las ex¬ halaciones se extienden por todas partes, ¿porqué se vén solamente al FJorte, y no en otros lugares dei Cielo? Quando la materia eléclnca se junta con un cuerpo también elédtrico por su naturaleza, no hace efedto alguno visible: y si se comunica á otro cuerpo no elédtrico, se aestruye hasta que vuelve á impregnarse de aquel ñuido ; luego si las exhalacio* nes que forman ia nube que dice Mussembroek se juntan con otras ex-

(a) Tom. 3. pag. 390. un. 2^03 y 2504.

híllaciones, y atabas constan de una misma materia eléftrica, nada productrán á nuestra vista: y si ías unas san eléctricas por su naturaleza, y las erras solo por comunicación^ al juntarse las unas con las otras, se manifestará el fenómeno instantáneo, como sucede con el rayo, y con lachispa que se excita en la Máquina, hasta volver á cargarse de este flui¬ do. Y de esta manera se manífestaria por intervalos y con interrupción la' Aurora boreal. Pero ella se maniñesta constante, y dura por muchas hora?, y aun por toda la noche, como se experimenta en las partes sep¬ tentrionales: ¿como, pues, puede ser producida por este fluido eléCtrico?

^ ló. La misma abundancia de materia eléCtrica que hay en las Re¬ giones septentrionales, se halla en la Zona templada, y en la Tórrida:

. coPfSta de los experimentos, que en todas partes producen el mismo efec¬ to: luego el que aparezcan con freqiiencia en los Lugares situados cer¬ ca dei Polo, y sean menos freqüentes en las partes meridionales, y raras @ procede de otra causa, que no es la eleétricidad. Igual

vbjeci'óri se opone contra la fermentación que dice Mussembroek produ¬ cen las exhalaciones, formando la que llama nube, quando encuentran con otras exhalaciones diferentes proptas á incendiarse; pues en ios lu¬ gares de la Zona tórrida, donde hay tanta copia de exhalaciones fermentables, serian continuas las apariciones de Auroras boreales: y no solo boreales, sino orientales, occidentales y australes, pues por todos los ruiTibos abundan estas exhalaciones. Pasemos ya al systema de Mairan, que sin duda es el mas racional, el menos complicado, y el mas sus¬ ceptible de demostraciones físicas y matemáticas, el qual se funda en los principios siguientes.

17. Q)ue la materia'de que se compone la Atmosfera del Sol, según la varia disposición en que se halla en distintos tiempos del año, con respeéto á la hlcííptica, desciende hasta la^órbita de la Tierra, y aun pa¬ sa mas adelante; y que encontrando esta materia las partes superiores de la Atmosfera terrestre, y pasando de los límites en que está conteni¬ da, cae, en virtud de las leyes de la gravitación universal de los cuer¬ pos, se mezcla con nuestro ayre, introduciéndose mas ó menos, profun¬ damente, según fuere mayor ó menor su gravedad específica: y que por constar también la materia déla Atmosfera solarde partes heterogéneas, como la de la Tierra, resulta que unas de ellas, que tienen mayor peso, descienden mas abaxó, son mas groseras, y menos inflamables que las otras mas ligeras; formando acjuel.las las nieblas y humos densos, y estas mas ligeras, las partes lucidas y transparentes que se observan en las Auroras boreales. Prueba la concurrencia de la Atmosfera solar con la nuestra por la aparición de ia Luz zodiacal en diferentes tiempos se vé de diversa magnitud y figura.

18. Aunque esta opinión tuvo algunos hombres sabios que la patro¬ cinaran, no faltaron otros que la atacaran con varias objeciones, á que procuró satisfacer Mairan en ías Ilustraciones que añadió posteriormen¬ te á su Tratado. Pero como en esto no determina la verdera altura de Ja Atmosfera terrestre, sino que refiere las opiniones de varios Autores;

y según ellas, en' una parte la- fixa á solas ó 20 leguas (b), y en otras, la hace pasar de 500 (c)*, y que la Aurora barcal, en todos ios cálculos formados, así por él, como por otros Geómetras, nunca ha hallado á tan pequeña altura de 15 ó 20 leguas, aunque las partes de la Atmosfera del Sol hayan llegado hasta ella: ni al contrario se há obser¬ vado luz boreal que tenga de distancia desde la Tierra 500 ó mas le¬ guas (*) , pues de todas las que refiere, ia mas distante no pasa de 300; tiene aun otras dificultades que se opongan á su systema^Y aunque su gran penetración ílegarla á alcanzarlas, y por eso no lo asienta como linico, ( pues hablando de la grande akura de la reglón donde aparece Ja Aurora boreal , concluye coa esta .disyuntiva : que, ó ella consiste en una materia mas tara y mas ligera que las partes superiores de nues¬ tro ayre, por raro, ligero y sutil que deba ser en su mayor distancia de la Tierra; ó que nuestra Atmosfera tiene mayor elevación de la que se ha creído hasta aqui (d)); con todo insiste en que reside en Atmosfera, sin determinar su verdadera elevación. .

19. Pero sin pretender inculcar sus fundamentos, ni las objeciones: que tienen en su contra, con sus mismas razones probaré, que no paede tener su asiento en nuestra Atmosfera. Porque, según afirma, ia resi¬ dencia y abundancia de esta materia luminpsa es ácia el Polo, y en ios países septentrionales (e) , desde donde se manifiesta por razón de su al¬ tura, á otros lugares distantes ácia el Mediodía; pero no de menor latitud que g6 ó 35 grados; pues no ha habido paralaxes que hayan determi¬ nado ja Aurora boreal á la altura de 300 leguas (f) . De que se infiere, que habiéndose verificado ya la aparición de la Autora boreal dentro de ia Zona tórrida, con las circunstancias que se observa en los países septentrionales, como veremos después; ó no reside solamente acia estas partes su materia, y por consiguiente no se limita su visión a los Lugates que exceden al grado 35 de latitud; ó si es su residencia solamcnie en las partes septentrionales, es necesario que la que se observó en esta Nueva España hubiera tenido mas que doble altura sobre la superncie de ia Tierra, que las 500 leguas que se suponen á la Atmosfera terres¬ tre por Cassini. Y en este caso no tiene lugar el systema de su foimacion por Ja concurrencia de la Luz zodiacal, ó Atmosfera solar con las

(b) L. cit. pag. 43.

(c) Pag. {53. en la Nota, y pag. 347.

(^) Todas Jas leguas de que aqui se trata se deben entender de las francesas de á 45 en grado, á menos que se distingan con la expresión de leguas castellanas, ^d) D’ Gil il suit^ ou que i’ Aurore boreale consiste en une inatiére plus rare

partes de la Atmosfera tertesíre; porque quedando ésta tantas leguas int'erior á la reglón donde se halla la materia luminosa, no tendrá ella dependencia alguna con nuestra Atmosfera, El mismo asienta, que s¡ la luz boreal residiera en una región, cuya altura sobre la superficie de í¿ Tierra fuera de algunos millares de millas alemanas, ó de 2865 leguas, diámetro entero de la Tierra, que es ia opinión de Euler, se vería desde el Equador, y mucho mas adelante: luego habiéndose observado en los países cercanos al Equador, será la altura de este fenómeno, por lo me¬ nos, mayor que un semidiámetro de la Tierra, ó que 14^2^ leguas^ á cu¬ ya distancia ninguno há soñado que pueda elevarse nnestra Atmosfera.

20, Pero sea la que fuere la altura de la Atmosfera terrestre, estan¬ do al sysíema de Mairan, resulta, que la residencia de la matena boreal no puede ser solamente ácia el Polo, y debe tener su asiento en todas las regiones donde se verificaren las apariciones y dispariciones de la " ó Atmosfera solar, según lo que dice el mismo (g): y ha-

vbiendo estas verificádose en México y otros Lugares de la Tórrida zona; *es constante que no solamente en las partes septentrionales, ó cuya la* titud exceda del grado 3;, puede alcanzar á verse la Aurora boreal, si Cita se forma por la Luz zodiacal. En México se observa regularmente esta Luz, quando el Cielo está sin nubes, ya mas, ya menos estendida, en forma piramidal, cuyo vértice en los dias 2Ó de Noviembre, 14 y 15 de Diciembre de 1788 llegó hasta cerca de nuestro zenith. Luego sien¬ do una misma ¡a causa, han de ser unos mismos los efeétos.

2 1. Ni puede dexar de ser uno mismo mismo el efeéto causado por la Atmosfera solar, asi en las reg ones subpolares, como en las qué están situadas baxo de ia Zona tórri ia; pues inundando muchas veces esta At¬ mosfera solar á toda la Tierra, como se dice por el mismo Mairan (h), no puede haber parte alguna de ella que en aquellas veces dexe de sen¬ tir el mismo efedfo que las otras. El ayre que nos circunda es el mismo, y de la misma naturaleza en todo el Orbe terráqueo, aunque en unas pactes sea menos denso que en otras: todas las tres regiones en que di¬ vide la Atmosfera terrestre, se componen de unas mismas partes hetefogeneas, pues todas están expuestas á recibir los vapores y exhalacio- ■ lies de la Tierra, á formar tempestades, lluvias, y otros meteoros que ge¬ neralmente se experimentan, aunque en unos lugares sean en una esta¬ ción del año, y en otros en otra: ¿pues porqué no se han de poder for¬ mar también las Auroras boreales, si éstas se forman en la Atmosfera de la Tierra, por la concurrencia de la Atmosfera solar I

(g; Secf. 4. cap. 8. pag. 233. & seq.

(h) II est done de la derniere certitude que 1’ Atmosphére du Sdfeil peut ‘atteindre jusqu’ á nous, que la Terre peut en étre, pour ainsi dire^ inondée, &que cela doit étre arrivé píUsieurs fois. Seó'i^^ i. cap, 6, pag, 29,

: . 5.in.

V arias noticias de algunos Lugares de este Rey no donde se vid la Aurora boreal la misma noche del día 14 ¿e Nov. de 1739.

SL2. r A Aurora boreal que se vió en México la noche del xha 14 de Noviembre fué para nosotros de la clase de las Pacificas, pues no se observaron en ella las ráfagas ó rayos de luz, ni las columnas y vibraciones, ni aquella claridad con que se maniíiestan las Grandes Au^ reras , y las Completas, capaces de formar sombras de los cuerpos, y ver¬ se á su luz, con distinción, los objetos^ pero en otros Lugares del Reyno se observó de esta manera. Por las Cartas que han venido á D. Manuel Antonio Valdés Autor de la Gazeta de México, y por otras noticias que se me han comunicado, consta la gran variedad con que apareció en di¬ versas partes^ cuya diferencia de latitud, respedfo de esta Ciudad, es corta; y én quanio á la longitud, distan poco sus meridianos. algu ñas de ellas á la letra, por sus circunstancias; y de otras solo referii ré lo conducente,

23. Ya queda dicho en la citada Gazeta de i de Diciembre, que en la Villa de nuestra Señora de Guadalupe, distante solamente una legua ácia ei Norte de México, apenas se manifestó; y que en S, Juan Teotihuacan, que dista por el mismo rumbo 7 leguas, no causó la mayor no* vedad: de que se infiere, no haber sido alli de tan horroroso aspeólo co¬ mo en México. Pues pasemos ya á vér lo que se dice de otros Lugares mas distantes situados por este rumbo del Norte. En la Villa de San Mi¬ guel el Grande, por Carta de i8 del propio Noviembre participa Don Juan Ladiiz y Burgos ( aunque con equivocación en el dia, pues lo po¬ ne el 13 ) que como á las 7 de la noche se observó que el Norte estaba ocupado de fuego, ó al menos de un color rojo que lo indicaba... Que duró esta novedad hasta las 1 1, en que tomó su antiguo ser.

24. Ei Cura de Papantla (*) Lugar situado en la Costa del Seno me¬ xicano, por Carta del mismo dia dice: Papantla Noviembre 14 de 17S9. jy En la noche de este dia, á las ocho y quarto de ella, estando ei Cielo r> limpio de toda nube, y con bastante_^brillantez las estrellas, se obser-

vó que la Atmosfera se iluminó al Norte de este Pueblo una porción .99 como desde Noroeste al Nornordeste, en tales términos, que paiecia 99 un formidable incendio al horizonte, de suerte que muchos inaraviüa- 99 dos, juzgaban haberse incendiado los montes inmediatos á esta Cabei9 ceia; pero otros mas reflexivos advirtieron que no se .percibía humo, 99 signo natural del fuego, sino antes bien una claridad diafana, que no 99 privaba la vista de las estrellas, y tan clara , que era bastante su luz 99 para descubrir desde las alturas de este Lugar los cerros de Santa 99 Agueda, que distan de este Pueblo quatro leguas. Duró esta iiumina- 99 cion hasta los tres quartos para las diez, ya mas, ya menos encendi-

(*) Esta Carta es anónima, y se presume ser del Cura asi por .la letra, como por ei razonamiento de ella. <

T 3

da,á ratos cargando el golpe de ¡a luz al Leste, y ya retrocediendo rf para el Oeste. = Este extraño fenómeno (que tal se ha juzgado en 99 este Lugar) consternó la mayor parte del Vecindario, por juzgar cada 99 uno según su talento; pero otros mas instruidos lo han tenido por una 99 Aurora boreal, como se advierte en la Historia de Gregorio Turonen • 99 se testigo de ella en el siglo sexto.

2^. D. Francisco Gutiérrez Administrador de Correos del Real de Charcas, por Carta del mismo dia 14 de Noviembre dice lo siguiente* 99 La noche de este dia, como á las siete, se observó acia la parte del 99 Norte una inflamación ó iluminación celeste, la que se propagó bre- 99 vemente por casi todo aquel horizonte. Su aspecto era rubicundo y 99 fogoso, formando algunas ráfagas blanquizcas, percibiéndose entre 99 ellas un humo bastante denso y opaco. Su duración fué corno de tres -horas. izz Esta especie de fenómeno, observado la misma noche en vaM^iiiT^ugares de la comarca, aunque no carece de exemplar reciente

'^99 eií el año pasado (según tesiihcan ios habitantes mas internos al Ñor- '99 te) causó mucha consternación &c... Algunas observaron, que aquel 99 material inflamado formaba én partes, como ácia su nacimiento, cier- 99 tos pendientes, al modo de las nubes quando se cuelgan y hacen ga* 5# jos perpendiculares para soltar la agua.

26, En Carta de 20 del propio Noviembre, dice D. Bernabé de Can¬ cela y Jerpe Admini.,t!ador de Correos de la C'udad de Zacatecas, que 99 el dia 14 á las 7 y 40 m. de ia noche se divisó por el Norueste un mej9 tecro luminoso, dirigiéndose por el Norte al Nordeste, mucho mas res- 99 plandeciente que el fuego material... Tenia este gran volumen una co- 99 iumna piramidal (otros dicen que dos; pero yo sola una he visto) 99 que ocupaba desde ia superficie á la base su centro de color dsafano 99. cristalino, que se distiftguia bien ser de otra materia diferente que el 99 todo de este brillante cuerpo, ondeado al principio de diferentes as- 99 pedos rojos, ya mas opacos, ya mas encendidos y rutilantes, ... el que 9f vino á dimidiar- así á nuestra vista, aunque por otros rumbos se mira¬ je ba de un color leonado, y lleno de confusas columnas diagonales, y 99 no perpendiculares como la insinuada... Los interesados en las Minas 99 que se juzgaban abrasadas, mandaron á reconocerlas hasta el Puerto 99 de San Francisco, donde vieron á bastante di:>tancia este meteoro ig- 99 neo,.. Dicho fenómeno comenzó á disminuirse á las nueve y media de 99 la misma noche; y á las diez y media de ella ya se percibía poco de su 99 brillantez, mucho mas rubicunda: cuyo aspedo al principio causó 99 susto, y pusu en movimiento á esta Ciudad; pues aunque se lian visto 99 otros nieteoros ele esta naturaleza, ninguno de esta magnitud y aspec- 99 to funesto.. Hasta ahora se sabe haberse peicioido de $0 leguas de 99 esta l ludad al Sur; v como quiera que desde elia se concebía otras 99 lanías al r*^.ordeste por donde finalizó, es probable &c,

27. hstss son las noticias que se han conseguido de los Lugares mas distantes de [Vléxico ácia el Norte: menos se han terudo de los que están situados a la pane dei Sur ; peto bastan dos Canas escrita^s por D. Jo-

seph Contreras Ibafiez vecino de Oaxacaj para venir en conocimiento de lo mucho que se extendióla aparición de este fenómeno. En la de 33 de Noviembre dice: ?? La noche del día 14, aí lado del Norte, al parecer 9? detrás ¿él cerro de San Felipe, uno de los mas encumbrados quecer* ?5 caa esta Ciudad, poco después de la oración se divisó un reBexo, co- 99 mo si hubier2 un voraz incendio, y que este se fuese propagando se- 99 gun su duración, pues hay quien le observara hasta las diez de ella,»? Y en la que ernbió ea el siguif.^ie correo anáde, que se alcanzó á vár el refíexo en varios Faebios del Valle grande, y en Cuílapam, Zaachila, Zimaílan y otros. De todas estas observaciones resultan las reñexiones siguienres.^

la. Que toda Aurora boreal es en su origen y en las partes inme¬ diatas al lugar donde se forma, de la clase de ¡as grandes y completas y que conforme las distancias acia el Medio dia, desde donde se observa, se manifiesta mas ó menos grande, como aconteció en Charcas catecas respecto de San Miguel el Grande, en que no se hace mención, de haber aparecido con columnas ni rayos, como en aquellos dos Luga¬ res: por consíguieísíe, que una misma Aurora es en unos Lugares com-- pleta, en otros grande^ y- en otros pacífica^

2a. Que las circunstancias locales hacen que en unas partes se vea nuas encendida que en otras que están mas septentrionales, como suce¬ dió en la Villa de nuestra Señora de Guadalupe, y Pueblo de San Juan Teotihuacan, respeéfo de México.

3a, Que habiéndose observado en esta N. E. donde no había memo¬ ria de otra, en todos estos Lugares una misma noche, se desvanece en¬ teramente la duda de Mussembroek sobre si serán diversas las que apa¬ recen en varias partes á un mismo tiempo, por ser en ellas freqüente su aparición: y por consiguiente la altura que han calculado los Geóme¬ tras es de un mismo limbo, y la verdadera, superior á la Atmosfera ter¬ restre, según la elevación que admite de ésta el propio Mussembroek.

5. IV.

28-

De la materia y formación de ¡a Aurora boreal ^

ES principio asentado entre Filósofos modernos, que para inda¬ gar las obras de la Naturaleza no se hayan de fundar en fin¬ gidas hypotheses, ó ligeras congetutas, sino en demostraciones claras, deducidas por cálculos matemáticos, ó experimentos ciertos, para no in¬ currir en grandes errores: asi se explica el célebre Samuel Clarke Inter¬ prete de la Optica de Newton, al principio de su obra (a) , y el mismo

(a) In rerum naturae investí gatione^ non ficiis hypothssibus^ non levibus con^ je&urisy sed vel calculo maíhematico^ vel clariSj certisque experimen.tu omnino innitendum esse ei, qui maximis erreribus implicariy in swnma rerum naturalium ignoratione ver sari nolity convenit jam fere Ínter eruditos omneSy per tioresque Philosophos. i 11 Praefatione Optices Isaaci Newtoni,

Newton en eila (b). De manera, que todas aquellas opiniones que no tienen otra prueba ni matemática, ni física, que la débil congetura de sus Autores, se deben desterrar de toda buena Filosofía; mayormente quaii^ do las razones en que se fundan tienen entre sí cierta repugnancia, que no se pueden fácilmente combinar: de la qual no se exceptúa el systema de Mairan, pues aunque lo funda en la Luz zodiacal, y comprueba su-existencia con la cierta experiencia de su freqüente aparición, redu* ciendo al cálculo sus eíedos; es necesario que |haga subir muchas veces ia Atmosfera terrestre á la excesiva altura de 300 leguas, para poder ex¬ plicar la formación de la Aurora boreal que aparece á igual ó poca me¬ nos elevación sobre la Tierra. Una explicación que se hace por discur-* sos, se queda solamente en la Idea, sin que convenza al entendimienro ia razón que no se apoya en exemplares, principalmente de aquellos que no dexan lugar á la duda.

^ ¿g. ^ la clase de estos discursos son todas las explicaciones que -la^'SSnora tenemos de la causa física de la Aurora boreal: todas se fun¬ dan en supuestos, que para concordarlos con las observaciones, necesi¬ tan sus Autores de valerse de otros mas complicados, que no puedea ajustarse á todos los fenómenos que se ven en ella, sin incurrir en mu¬ chas contradicciones. Si se hallara una opinión sencillajque pudiera com¬ probarse con experimentos ciertos, y con demostraciones físicas y natu¬ rales, debriamos estar á ella; porque si en todas las obras dei Arte se bus¬ ca lo mas sencillo, y lo menos complicado, en virtud de aquel axioma de QUt frustra fit per plura^ quod fieri poiest per paucíora% mucho mas en las obras de la Naturaleza. La opinión que voy á proponer, si no me enga¬ ño, parece ser la mas natural, la mas sencilla, y la que m^ejor se demues¬ tra, asi por el calculo, como por los experimentos: la qual se reduce á las tres proposiciones siguientes.

la, ha Aurora boreal tiene su asiento superior á la Atmosfera de la

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2a. ha materia de que se forma es el Ether.

ga. ha variedad decolores con que se presenta^ y la mas ó menos ae^ t ivi dad de su lu% depende de nuestra Atmosfera,

30, Para poder probar la primera proposición, es necesario indagac primero la verdadera altura de la Atmosfera de la/Tieira, Entre los mé¬

todos que para ello han hallado ios Ijísicos y Astrónomos, asi antiguos, como modernos, solos dos han sido los que mejor dernuesiran esta altu¬ ra: el primero se funda en la duración de los crepúsculos mátutuio y vespertino, ó en el piincipio y fín de ellos. Pero este esta expuesto á va¬ rios y grandes errores, por depender su cálculo de una operación pura¬ mente óptica, que varía según las circunsíancias de los Lugares donde se observan; de los tiempos en que 'se observan; y oe los mayores ó me¬ nores obstáculos que presenta ia misma Atmosfera, de que se forma un medio mas ó menos refringente, que acelera ó retarda la comunicación

•l ,

(b) Opíle, pag. 165^ & alibi.

1 6

de la luz á la Tierra, y aumenta ó disminuye su materia refracla. Efec¬ tivamente, en unos Lugares comienza el crepúsculo matutino, ó acaba el vespertino, quando el Sol tiene i8 grados de depresión baxo del hd-'^ rizonte: en otros, y entre ellos México, quando su depresión es solamen¬ te de i 2 á 13 grados; y no en todos tiempos, según tengo observado; en otros, es mayor el crepúsculo matutino que el vespertino: en Texrneiucan, por exemplo, el matutino es casi de doble duración que el vesper¬ tino. Es finalmente constante poc exádas y repetidas observaciones he¬ chas por los mejores Astrónomos, que la refracción horizontal varía se¬ gún las diversas latitudes de los Lugares; y el Sol aparece mas 6 me-' nos elevado de todo su diámetro, en distintos Lugares y tiempos: de manera, que la refracción aumenta la alrura de los Astros y otrcs fenó-' menos que aparecen en el Cielo, mas ó menos, según fuere mayor ó me-‘ ñor la densidad de la Atmosfera. De que se sigue, que la altura de ésta,' calculada por ios crepúsculos, es sola la aparente, y no la ,que puede diferenciarse la una de la otra, de la tercera parte, y l¿,i vez de la mitad de su altura real. Por estas tazones han abandonado los modernos este método, y se sirven constantemente del segundo, que es el mas cierto, ccsmo que e^tá fundado en cálculos matemáticos, y experi¬ mentos comprobados con ellos rríismos.

31. Este se reduce á observar la altura que tiene el mercurio del Barómetro en dos lugares de distinta elevación, como en lo alto de una montaña, y al pie de ella; del qual se sirvió Mariotte, Haüev, y otros, y facilitó Bouguer, reduciéndolo á una regla fundada en las Ordenadas de una curva logarithmica, para hallar las grandes alturas que observó repetidas veces del Volcan de Pichincha en Quito, y de otras altísimas, montañas del Perú; comprobando sus observaciones con las medidas que hizo de ellas por operaciones geométdcas y trigonométricas. Esta regla (aunque por entonces no muy exáíffa, no obstante las correcciones que él mismo añadió) dió luz á otros Físicos, (c) para que á fuerza de conti¬ nuos experimentos, la reduxeran á la mayor exáéliiud posible. M. de Luc en su Tratado del Barómetro y Termómetro ( después de haberla exáminado, y comparado con^Su método, asi por repetidas observaciones y exáélísimas medidas executadas por sí en la montaña de Saléve cerca de Ginebra, como por las operaciones hechas en la Cordillera del Perú por el mismo Bouguer) trae una corrección, por medio de la qual la reduxo á mayor exáétitud y facilidad (d) . Halló que en la diversa densidad del ayre de la Atmosfera, á diferentes alturas, influía también el mayor ó menor calor del mismo ayre; y con respeélo á él estableció la regla, con dependencia del Termómetro, fixando por término de comparación el grado 16 y 3 quarcos en el de Reaumur; de suerte, que estando en él el azogue, no necesita de corrección alguna la regla de Bouguer; peto por

(c) Traite d’ Optiq. sur la gradat. de la lumiere, publie par M. de la Caille, pag. 320, & suivant.

(d) Kecherches sur les modifícatiops de 1’ Atmosphere tom. 3, parr.4. chap. 3.

cada uno de los grados que exceden dé este término, 6 faltan pata lle¬ gar á él, necesaria la corrección en la forma que se ditá adelante. Usando de ella repetidas ocasiones, asi en Ginebra, como en Turin j otros Lugares, calculó las alturas de sus torres y montañas, las quales comprobó con medidas geométricas: y por ellas halló, que la elevación de la montaña de Saléve era de 293Ó pies, correspondiente á la que ha¬ bla observado por el Barómetro: y en la torre de la Iglesia Catedral de Ginebra no llegó á 5 pulgadas la diferencia de la altura deducida por él, de ia que resultaba de las operaciones geométricas. Por esta misma re¬ gla halló, que estando el Termómetro en i’6 y 3 quanos grados, no tie¬ ne mayor altura la Atmosfera de ia Tierra que 26094 pi^s, que hacen 4349 tcesas ('medida de París) las quales no llegan á dos leguas de las comunes de á 25 en grado.

— 22, La dependencia del Barómetro con el Termómetro, que ignora-

JTr^.’'^mas Físicos que se sirvieron de solo el Barómetro, es causa de as diferencias que se encuentran en las alturas de una misma torre ó montaña deducidas por varios; y que no convengan con las que resul¬ tan por las medidas geométricas: y por consiguiente la variedad de opi¬ niones sobre la altura ¿de la Atmosfera. Porque un grado mas de calor de ios 16 y 3 quaitos, dilata el ay re una ducentésima decima quinta parté; y de está misma cantidad se comprime por un grado de descenso de los i6 Y ^ quartos del Termómetro de Reaumur; variando la densidad, y por consiguiente la altura de la Atmosfera: de suerte, que suponiendo la elevación del' azogue en el Barómetro de sola una linea, y hallándo¬ se el Termométro en 5 grados, será la altura de la Atmosfera 2588a pies; y estando el Termómetro en 25 grados, será esta altura 27096» (*)

C _

{*) Supuesia la perfeéla constrnccion de un Barómetro, que consiste en que el tubo c canon sea de cristal, bien lirupio, grueso, de igual calibre en roda su con¬ cavidad, y el diámetro interior de 2 á 3 lineas á lo menos; que el azogue esté perfediarnente purificado, y lo interior del tubo, bien privado de ayre: que el Ba¬ rómetro sea de los sencillos, ó de los curvos de vasos cilindricos, de ia rnayor capacidad posible; que ia íámina esté bien dividida, y colocada en su iegitinia situación, á contar desde la superiicie del mercurio contenido en el vaso; con otras precauciones que se puedeii ver en el citado Tratado de de Luc. Su¬ puesta, pues, la bondad de este instruniento, la legla de Bougucr corregida con¬ forme al luayor ó menor calor de) ayre, se reduce a la operación siguiente. Pa¬ ra saber la aitura de una montana, se observa primero la elevación c)el mercurio al pie de ella; y pasando el Barómetro con el cuidado correspondiente al lugar mas elevado de la misma montaña, se observara en él el descenso que señalare, redúzcase una y otra altura á lineas; y tomando los logaritmos que les con espon¬ deo con cinco’nun.erossolau.ente, á mas de ia caraé: eiisti.cn, para que el ultimo dé las partes decimales de una toesa ; se restará el menor del mayor, y la diterencia ele ios logaritmos (estando el Teriuónietro también de azogue,. de la cons truccion de Reaumur en 16 y 3 quartos granos sobre ¡a congelu.tion, en aro os lugares) será ei numeró de toesas francesas, y décimas de toesa que tiene ^ ^ vacion la-mún:anav ftvif si el Termómetro estuviere i, 2 6íc. grados mas alto o

De que se deduce, que no siempre la Atmosfera tiene una misma eleva¬ ción; dilatándose ó comprimiéndose según el mayor ó menor calor del ay re. Pero esta dilaLaciori ó compresión es muy corta respecto de la ex¬ cesiva altura á que han querido elevaiiayy toia ella no compone media legua en las circunstancias menos favorables; ni los 27096 pies, que es la mayor altura que ciá el Termómetro ea los 25 grados sobre la con¬ gelación, hacen dos leguas de las comunes.

33,, Consiste también la variedad de opiniones que hay sobreestá altura en la diversa disposición actual de la Atmosfera al tiempo de ha* * eer las observacioses, á que no han atendido los que se kan servido del Barómetro para calcularla; porque en un mismo Lugar sube y baxa el azogue á distintas horas clei dia: y el ascenso ó descenso es bien consi¬ derable en ios Lugares que se elevan poco respeóto dei nivel del mar, donde se cuenta por pulgadas Y como esto dependa de la mayor ó

mas baxo que 16 y 3 quartos, se procederá á corregir Ja altura hallada, añc( diendola 6 quitándola el produéto que resulta de la diferencia que hay entre el término fixo 16 y 3 quartos, y el grado que señala el Termómetro multiplica-

da por - , V esa será la altura verdadera. '

• Sea, por exemplo,da altura que señala el Barómetro al pie de un monte 11 pulgadas, ó 264 lineas ( estando el Termómetro en 14 grados sobre la congela¬ ción) y la que señala en lo alto de) monte 21 pulg, 2-5 lin. ó 2^4! lineas.

Logaritmo de la primera altura, 264 lineas . . • • . . 2.4216, o.

‘ Logaritmo de la segunda 2^4! * . . . 2.40^1, 8.

Diferencia de logar, ó altura del monte en toesas y décimas de toes. 164, 2.

E ¡ta diferencia se reducirá á pies y décimas de pie, multiplicándola por 6, y se¬ rá 985 pies, y 2 décimas; la qual sería la verdadera altura del monte, si el Ter¬ mómetro hubiera estado en ambas estaciones en el grado 16 y 3 quartos sobre o; pero por estar en 14 grados, la diferencia 2 y 3 quartos que tiene de descenso

respecto de! término íixo^ se multiplicará por el produélo multi-

10837, 2

pilcado por el niinaero de pies hallado, dará el quebrado— —

12 pies y 6

décimas, que se deben rebajar de la antecedente, y quedarán

ó iJi toesas y 6 décimas de pie por verdadera altura del monte. Por esta mis¬ ma Operación se sabrá la diferencia de altura que tienen dos Lugares entre sí, y COI) resp Ato ai nivel del mar; é igua luiente la elevación de toda la Atmosfera, pues suponiendo que en la parte superior de ella se mantenga el azogue dei Ba¬ rómetro en sola una linea de altura, y en la superficie de la tierra, al nivel del mar, en 29 pulgadas, ó 348 lineas; la diferencia de 347 lineas dará por altura de ia Acniosfera 25403 pies, que componen 4233 toesas y 5 pies. De otros mé¬ todos usa JVl. de Luc, que son mas complicados, por lo que preferimos éste, que es de M. de ia Lande.

En los Países situados dentro de la Zona tórrida es mucho menor la di¬ ferencia de altura que tiene el azogue á diversas horas dei dia. £n Quito es in-

f ^ '

ínenof ¿lastlcidad y peso del ayre; tesolta, que sí al pie ¿e utr tnonte sC toma la altura del Barómetro á tiempo que por la constitución déla At¬ mosfera há baxado una pulgada^por exemplo, y entretanto que se sube á la sima varía la densidad del ayre por un sentido contrario, no se ob¬ servará aquel descenso que correspondía si se hubiera mantenido en el estado ea que se hallaba qiiando se tomó la primera altura: y por con¬ siguiente será errónea la que se deduce de estas dos observaciones, y el error se multiplicará al sacar por ellas la elevación de ia Atmosfera. Pa¬ ra evitar en parte estos inconvenientes, es necesario valerse de ia altura media del mercurio que se hubiere notado en aquel Lugar, y de la me¬ dia que resultare por repetidas observaciones hechas en la sima ó parte superior del m&nte: ó como quiere Bouguer, tomar la diferencia en dos lugares los mas elevados que se pueda respeáto ai nivel del mar. Pero aunque no se atienden estos inconvenientes, nunca ascenderá el error " media ^gua en toda la altura de la Atmosfera; y será siempre el me- >r^hfc.’M*de hallarla, por el Barómetro y Termómetro en ios términos 'iropuestos por M. de Luc.

34. Poca mayor altura de la que se há asentado antes deduce Mussembroek, (e) comparando el peso especíSco del ayre con el de la agua, en razen de i, á 870, sin atender á corrección alguna, sino suponiendo que fuera toda la Atmosfera de igual densidad y pesadez; que en toda su extensión reynara un mismo grado de frió; y que no fuera mas com¬ presible que la agua; porque en este supuesto, como todo su peso es igual á ^3 pies de agua, según se há observado por repelidas experien¬ cias, resulta que un pie de agua estará en equilibrio con 870 pies de ay¬ re: y multiplicando este numero per 33, producirá la altura déla Atmos-

sensibie^pues no llega á 2 lineas, y la altura media del Barómetro sobre el volcan de Pichincha es de pulgadas y ir lineas. La variación que tiene en México

es 4~lin. , como la tengo experimentada en muchos años consecutivos, por quo**

tidianas observaciones, en tres tiempos del dia; siendo su mayor ascenso á las 7 horas de la mañana, y permanece en éi, ó aumenta poco mas^hasta las ii, en que comienza á decrecer hasra las 3 de ia tarde, en que llega a su mayor descenso: y en este estado se mantiene hasta las 7 de ia noche, en que vucive otra vez á subir, llegando á toda su altura á las 10 de la misma noche. El mayor ascenso que regularruiente hé observado es de 21 pulgadas ii y 3^quartas lineas del pie Real de Paris, á excepción del di i 23 de Marzo de 1787? á las 10 y quarto de la noche, que ilegó á subir á 22 pulgadas y i oélavo de linea: altura que jamas ha¬ bía observado; habiendo soplado antes un gran viento turbulento la mayor parte del dia, y á principio de ia noche un fuertísimo Nordeste; ei siguiente dia 24 per¬ maneció hasta mas de las 9 de ía mañana en so. as las 22 pulg. Ei mayor des¬ censo observado fué de 21 pulg. 7 y quarta lineas el día 20 de Enero de aquel propio año, como ciixe en la Gazeta de México de 13 del siguiente mes de Fe¬ brero, donde puse la altura media que entonces resultaba; siendo ahora 21 pulg,*

9 y lineas, (e) Cours. de Physiq. experim. tom, 3^ 2C2.niiiii. 2185*

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fera de 2871.0 *pies, QuetComponen 4785 toesa>,6 dos leguas comunesde Francia, y 21.9 toesas, (**^) Luego debiendo atender á las correcciones necesarias, por la varia densidad del ayre en diferentes alturas^ por la desigualdad del frío que rey na en ellas; y por la distinta elasticidad y peso del mismo ayre, á proporción de lo que se -eleva respecto de la su¬ perficie de la tierra; vendría á coincidir este cálculo con el de M. de Luc, ó ¿eina poca su difciencia. Pero aun quando fuera esta por exceso, y liegara á otra tanta altura como ia que se deduce por el cálculo de Luc, estando ei Termómetro en ^ grados, esto es, á 51064 pies, esta cantidad no produciría mas que tres mguas y ceica de tres quartos.

35, El mismo ÍViussembrof-lr^ después de referir la opinión del Dr. Halley, que dá por aitura i ia Aímosfara 25 miiias inglesas, que compo¬ nen 9 leguas y 203 tqesas, aunque no duda que pueda extenderse mas alia de este término; refuta la de otros ¡Físicos que ia suponen de $00 iTvilias, ( f ) Horrebow en sus Elementos de Física la eleva á 7 millas de Alemania, ó poco mas de 10 leguas eomunes de Francia; y Ed^'^áiüS^ ' una milla, ó 3270 toesas: de cuyas opiniones resulta por una altura mei dia de la Atmosfera 10806 toesas y 2 pies, que hacen 4 leguas y 1674 toesas. Demasiada altura; porque si examinamos todos los fenómenos que se observan en ella, hallaremos que ia linea en que comienza la con¬ gelación de la nieve, es de solas 2400 toesas .sobre el rdvel dei mar, co¬ mo lo experimentó M. Bouguer en tedas las altas montañas dei Perú: que los fíalonesAos Parhelios,y otros meteoros, no tienen mas elevación que una -legua, ó legua y medía: que las nubes no ascienden á mayor .altura; y finalmente que no se sabe ha^ta ahora de otro fenómeno que .diste mas de 4. leguas de la Tierra. Por lo qual, siendo como es el cálcu¬ lo de Luc comprobado con tan repetidas y exádas operaciones, debe¬ rnos estar á él, mientras no hubiere otro que demuestre en contrario ma¬ yor altura; porque verdaderamente dernro de ese volumen se observan todos ios meteoros aéreos, Ígneos y aqüeos.

36, La definición que dáa los Físicos á ia Atmosfera, es otra prueba 4e su corta elevación. Dicen set U7ia masajluida, ó globo de ayre que cu^

(*) El Pie de Leyden, de que parece habla Mussembroek, es de solas ii pulgadas 7 lineas, y — .¿i- del Real de París: y asi ios 33 pies vienen á reducirse á

31 de la medida de París: y multiplicando por ellos los 870, dan por altura de ia Atmosfera 27840 pies, que componen 4Ó40 toesas, ó dos leguas y 74 toesas. Si alguno quisiere reducir todas las medidas de que se habla en esta Disertación á las nuestras castellanas, será fácil, sabiendo Ja proporción que tienen éstas con Jas francesas, que es Ja siguiente. La vara casteilana consta de 30 pulgadas y ii lineas dei Pie Real de París; y según esta razón, la legua francesa de á 25 en grado, que tiene 2283 toesas, es 113 toesas ma^or que nuestra legua común dea 5000 varas; pero es mucho menor que Ja legua casfcilana de las de 17 en grado: por cuya razón, qualquier numero de leguas de las que se citan aqui, se reduci¬ rán á las de esta ultima especie, siguiendo Ja proporción de 2^ á J7.

¿f) Vease ei mismo §. 2185,

2 1'

bre á toda la tierra, llezmnda consigo los vaj)ores y exhalaciones de esta- si estos vapores son especifícamente mas graves que el mismo a yre no po dran ascender á alguna altura^ y si son menos graves, en tanto aseenderán, efi quanto lleguen á equilibrarse con aquella cubierta de ayre que tenga igual peso específico* Pero como este ayre quanto mas se eleva so bre la superficie de la Tierra, es mas tenue y ligero ; de aqui es que su acción cese de e.evar ios vapores ó exhálaciones á muy corta distancia de la tierra* De uno y otro tenemes freqüentes exemplares: los vapores que se conder^sari en nieblas, se quedan en la superficie de la tierra: ios menos groseros suben á formarse en nubes, á mas ó menos distancia según su peso específico respedio de la raridad del ayre: pero por tenue que sea una nube, no liega á subir á dos leguas de altura, como se tiene comprobado con innumerables medidas que se han hecho. Mas supon¬ gamos que la acción de este ayre vaporífero no cese de llevar consigo las exhalaciones emanadas de la tierra; es necesario que ellas vayan síenmas tenues y sutiles, á proporción de ia mayor raridad que va adquiriendo el ayre en sus mayores distancias; porque como asienta Nevvton (g) , va perdiendo éste su resistencia en la misma proporción que se enrarece, hasta no tener alguna. Y siendo esta rarefacción en ra¬ zón quadíupla de las distancias de la tierra, en sentir del mismo Newton (h); de suerte que en la altura de 210 millas inglesas, que com¬ ponen solamente 76 leguas comunes de Francia y 792 toesas es looococcooooooooooo, esto es, un triiion ó tricuento de veces mas ra¬ ro que en la superficie de la tierra, ¿quanta será su raridad en la exce¬ siva distancia de tantos centenares de leguas, como quieren Mairan y Casini que se extienda la Atmosfera ? Será inmensa: y por consiguiente imposible; porque no habiendo en la Naturaleza otra mas rara y mas teupe que squeiia materia sutilísima que ocupa ios dilatados espacios celenes nombrada Ether ; y esta, según el mismo Newíon ( i ) es solamen¬ te jyooooo teces mas rara que nuestro ayre; se infiere ser imposible la

existencia de un otro fluido tamos millones de veces mas raro que el Ether*

37. Los que no convienen en dar á la Atmosfera una excesiva altu¬ ra; pero que suponen por materia de la Aurora boreal las exhalaciones de ella, pietenden rebajar mucha parte de la altura que tiene ésta, Mussernbroek piensa (k) no ser una sola, sino muchas las Auroras que se véfi en difertiHes Lugares en una misma noche, por la freqiicncia de apariciones que acontecen en ellos, convencido de que siendo una sola, re^íUita por los cálculos paralácticos su altura superior á ia mayor exten¬ sión que admite en la Atmosfera; deduciendo éi mismo por las observa-

^ iiCf dri tenmore aéí e, vü re^islens usque diininuitiir ^ doñee tándem rarescente uitetvus aere nnnor ea facía síí quam quae sensu omni?¡o percipi queat, Newton' Opr. pag. i4p„

(n) Id, loe. cit. pag. t^o.

(1} Loe. cit. quaest. 22. pag, 144. (k) Tom. 3. pag, 387. §. af;o2.

clones ác algunos Astrónomos las grandes alturas de 124, 14J y' 280 millas de Alemania. Pero á mas de que en el Tratado de P/IaiTan se ha¬ llan muchas observaciones y cálculos de Auroras boreales hechos por varios célebres Astrónomos, las quales por sus circunstancias y tiempo de sus apariciones, constan ser unas mismas, sobre que no podían enga¬ ñarse; no queda duda de haber sido una misma la que apareció en los Lugares que quedan referidos de esta Tsl. E. la noche del día ¡f.d de No¬ viembre del año antecedente, hasta cuyo tiempo no se había sabido de otra con las circunstancias de esta, por no ser en estos Países íreqüentesu aparición: y por consiguiente, según las grandes distancias en que se observó, resalta, que su altura fue semejante á las que se expresan por los citados Astrónomos, esto es, mucho mayor que la que tiene la At¬ mosfera, aun admitiendo la mayor elevacioa de las que quedan referidas.

38. Si hubiéramos conseguido unas noticias cfixunsranciadas de su aitu ra aparente en los Lugares donde se observó, aunque diferencia de 2 ó 3 grados, teadriamospor im cálculo trígono m^¥:Cuia" diferencia de pataiaxes, y por consiguiente su altura verdadera; peto i ya que no se ha podido conseguir esto, y para que se conozca quanco excedió su elevación á la de la Atmosfera, formaré ei cálculo, tomando dos Lugares bastante distantes, y suponiendo, haberse visto en ellos con una gran diferencia de altura aparente, mucho mayor de la que resulta¬ ría, sí en ambos Se hubiera ésta observado. Y porque de ios que quedan referidos en el §. anterior no tenemos otro, de que se sepa con mas cer¬ teza SU verdadera latitud, ó altura de Polo, que la Ciudad de Zacatecas,

( I ) compararemos la observación que en ella se hizo, con la de Alexico, cuya latitud tengo bien examinada por repetidas operaciones hechas corr exádtísimos instrumentos, y por ios mejores métodos que se han des¬ cubierto hasta el dia {*) : con advertencia de tener estas dos Ciudades la

(I ) El Sr. D. Joseph de Rivera Bernárdez, Conde de Santiago de la íaqv;una, en su precioso y erudito Libro titulado: Descripción breve de ¡a muy Naide y Leal Ciudad de Zacatecas^ donde , da bastantes muestras de los grandes conoci*- riiientos que tuvo de la Creograíia y Astronomía, dice sobre la Latiiud ue esta Ciudad lo siguiente: „ La elevación de Polo, o Latitud de estaxiudad es de 23 grados; pues tanto dista dei círculo de la Equinoccial, observado con exactos instrumentos, como son Astrolabios y Quadrantas geométricos de tres varas de diárnetro/graduados con toda prolixidad, y á toda costa, por no habenne contentado con uno ni dos, sino es con varios, ni con un día de observación, por haberlo e^íecutado en espacio de doce años en todos tos tiempos de Solstiejos y Equinoccios, y en otros muchos dias, asi con ei Sol, como con la Es¬ trella Polar; no quedándome ninguna duda en el acierto, sin oniui* occlina— clon, refracción, paralaxe, ni demas requisitos para su puntualidad, ote, , , Re¬ firiendo asimismo la longitud de aquella Ciudad, deducida de las observaciones de eclipses de Luna que hizo, y cálculos que formó, comparando !a diferencia de tiempo observada por el célebre D. Carlos de Siguenza y Gongora entre Bo¬ lonia y México, y la que tenia deducida, ^ntre Bolonia y Zacatecas. Punto II,

pacr, 7 y 8. . ^ I

Las observaciones astronóinicas tienen muchas delicadezas a que atei.aerj

circunstancia favorable de hallarse casi en un mismo Mefidíano, ^

39. Como en México fue su aparición con las propiedades que con-

vienen á las Auroras pacíficas, siendo una de ellas lo mal terminado de su figura circular, pues aunque se extendía su luz en esta forma por gran parte del Cielo, lo debiiiíado de ella, en. su mayor altura, no po¬ día presentar un limbo bien decidido, sino de un color que se iba degra¬ dando, en unas paites mas, y en ctras menos, hasta desvanecerse y confurdiríG enterarnente con ei testo del Cielcy nunca podría tomarse con bastante precisión su mayor altura angular: pur lo qual supondremos por a^iura apaietite la del vértice de! arco que formaba su materia mas densa, que eia de solos i ^ y que erj Zacatecas hubiera sidcv de

2 5Í, tupia diferencia de la que hay de Paralelos entre ésta y aquella Ciu¬ dad^ y procederemes á execurar el cálculo en esta forma.

40. Sea en la Ff^. i. ei arco M¿lDB una porción de Meridiano ter-

y no es lo mismo vér, que observar, como piensan algunos: ellaTdependefTde varias cosas accesorias, que las hacen mas ó menos complicadas. IÑi por e.xá¿tos que sean los instrumentos de que se usa, dexan de tener que corregir sus divisio¬ nes^ y aunque ei Observador mas advertido forme, para facilitar el uso de ellos, una Tabla de todos sus errores, para descontarlos en los puntos correspondien¬ tes, quedan otras difieulrades que vencer. En los Planetas no es de las menores la variedad que se encuentra entre los Astrónomos sobre sus verdaderas parala¬ xes: y no obstante que en las estrellas no tienen lugar éstas, lo tiene Ja refrac¬ ción, la aberración déla luz, y la nutación del exe de Ja Tierra: correcciones precisas, á que se debe atender para observar una verdadera altura meridiana^ á mas de otras circunstancias que exigen algunas observaciones, sin las qualés no podrá hallarse la exádlitud que se busca, como saben bien los inteligentes. La cosa mas dihcil, y Ja principal á que se ha de atender, asi en las Estrellas, como en ios Planetas, es la refracción: y como esta no es la ruisma en todas partes, ni en un mismo Lugar, en todos tiempos, por depender ella de la constitución ac¬ tual de ia Atruüsiera, resultan varias diferencias en Jas observaciones hechas de un ¿nismo Astro en distintos tiempos, aunque estén executadas por un mismo As¬ trónomo, y con un propio instrumento: de aqui nace el que varíen los Autores Sobre Jos verdaderos diámetros del Sot y de Ja Luna, y el aumento dei de ésta d diversas alturas sobre el horizonte. Todas estas circunstancias, que producen algunos errores inevitables, han ocasionado que en Jos Países mas cultos, donde se ha trabajado siempre en indagar sus verdaderas Latitudes y Longitudes, se halien algunas diferencias entre ias observadas por unos Astrónomos, y las que re¬ sal tan de las observaciones de otios. Yo creía en los años pasados, que la mayor Latitud de México era ia de 19 gr. 23 ni, 58 seg. deducida de repetidas obser¬ vaciones que tenia hechas con un exacto q>uarto de círculo francés, asi del Sol, como cíe lus Estrellas, por los métodos comunes^ pero queaé convencido de lo mucho que iniluyen todas estas cosas combinadas, quando por un método parti¬ cular inventado por el Abate Heil, célebre Astrónomo de Viena, en que no «e necesita tener cuenta con ia refracción, ni con el error del instrumento, hsllé nías de meciio minuto de diferencia en las continuas observaciones, que confor¬ me a él, hice de muchas Estrellas, en Jas anos de 1778, 1779, y 1780,. por Jas qualts me resultó la verdadera latitud de México 19 gr, ló mir. 31 seg.

restre, y en él M la Ciudad de México, y Z la de Zacatecas distante al Norte 3 gr. 34 m. que es la diferencia de Paralelos de ambas Ciudades, suponiendo la latitud de México de 19 gr. 26 m. y la de Zacatecas de 23 grados justos. Tírense del centro C de la Tierna los radios 6 semi¬ diámetros CM, CZ, y será cada uno de 143-I leguas de á 25 en grado, por tener todo ei diámetro 2865, según ia coman opinión. Tírese tam¬ bién del mismo punto C la secante CE indefinida; y de ios punios iVl y Z las tangentes M t,ZT, que representarán el horizor,te de México y el de Zacatecas. Hágase el ángulo EZT igual á la altura aparente de la Aurora boreal en Zacatecas, esto es, de 25!- grados; y el ángulo £\it de 15, altura aparente en México; y se tendrán los tres triángulos MCZ, MZE, y CZE, los que resueltos determinarán la altura verdadera DE de esta manera,

41. En el triángulo Isósceles MCZ son conocidos los lados MC, Z iguales, por ser ambos radios de un mismo círculo, y el án guiare comprehendido entre ellos de 3 34 medida el arco í\1Z, |

diferencia de Paralelos entre México y Zacatecas: luego se sabrán los ángulos M y Z, cada uno de 88 gr. y i 3 ni. y D cuerda MZ de 89 leguas y un sexto de las mismas de á 25 en grado; distancia por el ay re entre México y Zacatecas,

^ 42. En ei segundo triángulo MZE es conocido el ángulo E?vIZ, por

ser la suma de la altura angular de la Aurora vista en México, y la di¬ ferencia entre el ángulo redto CMt hecho por ei radio CM, y la tan¬ gente Mt, y el ángulo CMZ de 88 gr. 13 m. : esto es, será compuesto del ángulo EMt de 15 gr. y el ángulo tMZ de i gr. 47 m.; y asi será eí ángulo EMZ de 16 gr. 47 m. Asimismo se conocerá ei ángulo obtuso MZE si se resta de 360 grados la suma de ios ángulos EZT de 2? gr. 30 m. altura del fenómeno en Zacatecas, TZC de 9® (pnt ser redbo, como hecho por el radio CZ, y la tangente ZT ) , y CZM de 88 gr, i 3 m. ; cuya suma compone 203 gr. 43 m. , que rebajados de^ kcs 360 gra¬ dos’ quedan Í5Ó gr. 17 m. por valor del ángulo obtuso MZÍk Conoci¬ dos’ los dos ángulrs EMZ, y MZE, será también conocido el áng-alo M EZ de 6 gr. 0 m. Ya, pues, en el íriángiiio MZE, por ser conocidas los tres ángulos, y el lado MZ hallado por el numero antecedente, de 89 le^mas y un sexto, se bailará el lado ME de 297 leguas, du-viancia de México á la Aurora; y el lado ZE de 2 i 3 leguas y i tercio, distancia de

Zacatecas á la misma Aurora.

43, En el tercer triángido EZC tenemos lya conocidos^e!^ .aao EZ, qiie acabamos de bailar de 3 i 5 leguas y un tercio; el lado ZC, sen.uliametro de la Tierra de £422! leguas; y el ángulo K,ZC compreneauiüo entre ellos de 1 1 si grados, por ser la suma del ángulo c.4v 12; ^ gr. de la altura aparente de la Aurora boreal en Z.ac atecas, y^del angin-.j remo TZC: por lo qual será también conocido el angalc' ZEC opuesto al lado mayor CZ de ?7 Y ZCE de 7 gr. 12 in.

al lado menor: y resoíviondo todo el triángulo, se saora ei *auo L E de I53'7 leguas: dé las quales, si se quitan Í432Í- dei semidiámetro LD de

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la Tierra, quedarán ro4f, que es la altura verdadera DÉ de la Aurora boreal del dia 14 de Noviembre.

461. Supusimos la airura aparente en Zacatecas, triplicando los gra* dos de diferencia entre su Paralelo y el de México, procediendo con ex* ceso ( pues no se veriiica tanta diferencia efi las alturas que trae Mairan observadas en distintos Lugares) para hacer ver la grande elevación que tiene este fenómeno, respeélo de la soperíicie de la Tierra, aun for¬ mando el cálculo en los términos menos favorables; porque quanta me¬ nor altura aparente hubiere tenido en Zacatecas, tanta ma}or resultará su altura verdadera, aunque se rebajen también dos ó tres grades de ia observada en México. Pues suponiendo la altura angular en Zacatecas de 20 grados, y en Pvléxico de 12; resueltos los triángulos en la forma que se há executado, resultarán 1 1 leguas por verdadera altura, como se puede vér procediendo á formar el cálculo de nuevo.

podría determinar con mayor certeza esta altura verdadera, si se'supiera la aparente observada ef» Charcas y en Oaxaca, y si tu. viéramos bien conocidas las latitudes ele estos dos Lugares; porqrte compararido ambas alturas aparentes en una base tan prolongada como la que’ resulta de la distancia que hay da Charcas hasta ios Pueblos mas me' idic nales del Obispado de Oaxaca, que se refieren en ia Carta citada

en eí Hura.

7. sería mucho mayor la altura verdadera. Pero sea la que fuere de estas, no queda duda ser superior á la que íier¿e la Atmosfera de ia Tierra, deducida asi por el Barómetro, comvo por los crepúsculos, que está admitida basta los límites de 16 ó 20 leguas; y ser errado ei jui¬ cio de .Mussembroek, suponiendo diferentes las Auroras boreales que aparecen en distintos Lugares.

46. No es menor prueba que la que acabamos de vér por el cálcu¬ lo, la que resulta por los expenmentos, Qualquiera rnutaticn que haya en nuestra Atmosfera, la siente inmediatamente y la manifiesta luego el Barómetro: las partículas minutísimas de humedad: el viento, materia sin cempa ración menos sensible á la vista que la Luz boreal: las exha¬ laciones sutiles que forman las tempestades, rCíámpagos y rayos; y otros meteoros de esta naturaleza, aun antes de su formación, y quando está el Cielo limpio, los siente ia Atmosfera, y se manifiestan por el Baróme¬ tro ( ’') ; paro la Aurora boreal no .hizo impresión alguna en ella, y se

(*) Las mutaciones dcl tiempo se demuestran por el Barómetro en esta Ciu¬ dad de México con rriucha anticipación: si estando éste señalando un tiempo se¬ reno, y Cielo iimplo (que es siempre que sube de 10 lineas para arriba sobre 2t pulgadas) v baxa media linea, o tres quartos, se experimentan nubes 6 vientos in¬ distintamente de alguno de los tres rumbos Norte, Oriente ó Poniente, c. n sus quarta.s. Si baxa de 9 lineas, denota grande humedad; la que no se verific i a! si¬ guiente día, como en otras partes, sino al tercero ó quarto, y mas regularmente ai quinto; á excepción de quando liega á su mayor descenso; porque entonces de¬ muestra haber de soplar el Sur, lo que se observa al siguiente dia. Suele mante¬ nerse descendiendo, ya mas, ya menos, hasta 15 días: y en todo este tiempo 00

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mantuvo el instrumento mucfccs dias antes y después en él. estado Je un tiempo regular:^ sin que se nutara eí mas ligero movimiento en el merca¬ rlo, permaneciendo ai principio de ia noche en la niisma altura que tenia á las I de la tarde: luego debemos confesar, que la formación de e.>íe fenomeno ao depende de nuestra Aumosfera, y tiene su asiento soperiorá ella.

Proposición II. La materia de que se forma la Aurora \J í a ^ ífl

Ether.

47. Después que el Gran Newtors, con repetidas observaciones y dernostraciones matemáticas destruyó el systema de Descartes, ya r.o que¬ da duda sobre la existencia dei Vacio en los innieasos espacios que hay desde nuestra Atmosfera hasta las Estrellas fíxas; y que los cuerpos ce¬ lestes se mueven en virtud de las leyes de su gravedad y atracción mu¬ tua que les imprimió el Criador ai tiempo de su creación, sin que en¬ cuentren obstáculo que les retarde ó destruya so movimiento; éste se hicier-a por un medio resistente, irían perdiendo parte de su'taer- 2a y velocidad, y se observarían muchas irregularidades ea él, contra iot que se tiene experimenrado en tantos miles de años, en que han mante¬ nido una uniformidad constante. Es, pues, ia causa de su constancia in¬ mutable el vacio por donde se miieven; pero este vacio no es un Vaco perfeélo’.^ lo ocupa una substancia tenuísima, á que llaman Eróa^yel qual no existe solamente en los espacios sublimes; se halla también mezclado con nuestro ayre: ia diferencia consiste en que en ios espacios celestes, esti Ether es purísimo, y no se confunde con otra substancia, como ea los cuerpos que ocupa nuestra Atmosfera; porque en estos, para dexarlo li« bre, es menester extraer primero el ayre grosero de ellos. Desde que se descubrió el útilísimo invento de la Máquina pneumática, se hizo mas perceptible esta substancia etherea; pues después de extrahido ei ayie que estaba en el Recipiente, queda un íluido transparente, por el qual desciende con igual velocidad, y á un mismo tiempo, una ligera pipma, que una gruesa bala de plomo: lo que es constante por muchos expetimentos que han hecho los Físicos modernos.

48. Supuesto este principio, pasemos ya á ver qtté cosa sea, ó de qué conste este Ether, 6 materia sutilísima. El célebre Newton expresamente lo declara, hablando de la proporción que tiene ia quantidad de la ma¬ teria de los cuerpos, coa la resistencia del medio por donde se mueveo; de que excluye los cuerpos celestes, como que no se mueven por un

se experimenta novedad alguna en la Atmosfera, hasta que volviendo á subií', co¬ mienzan los vientos, las lluvias 6 tempestades, que duran otro tanto tiempo, mas o menos fuertes, según que respefdivaniente Jes corresponden Jos quintiduos de su mayor ó menor descenso; como lo rengo observado en mas de a o arios. í'in este instrumento lo observo antes nuestro D. Carlos de Siguenza y Gongora eti los efectos de las Lunaciones, experimentados mas en los aspadlos Ti'inoSjOue ea otros, esto es, el quinto dia antes, y de*pues de los Plenilunios, como se puede ver en su Libra Astronómica y Filosófica^ pag. 165/,

fluido corporeo, sino por í{nos‘ vapores tenuísimos y rayos de. luz que ocu¬ pan los espacios celestes ím) . Pero en otra parte dicejque estos espacios celestes están ocupados dei Eiiier (n) : luego el Ether no es otra cosa que unos vapores sutilísimos j y la Luz, Se prueba evidentemeate. ser la Luz. la materia del Ether, por la definición quedada Hinovio fundada en la doátriaa del mismo Nev/ton, diciendo, ser ia causea de ella una gran copia de vibraciones del Ether (o) . De suerte que mientras el Ether está en quietud, no se rnaniflesta la Luz ; pero luego que por alguna causa, se mueve, se forman las vibraciones que la hacen visible.. Igualmente define flanovio el Ether por la Luz, diciendo, ser materia ¡ucis^ ve! cens (p) 5 y Mussembroek lo dama, la materia del fuego ^ ó mas bien la Luz (q) . Es, pues, esta materia etberea el origen de la Aurora boreal: ¡os experimentos mecánicos darái á conocer mas fácilmente la causa y manera de su formación.

-r^i se extrahe exáífflsimamente, por medio de la Maquina pneuayre de qualquiera botella de cristai sea de la figura que fue¬ re, con tal que esté peífedamente limpia, y libre de toda hiimed.id y se tapa herméticamente, quedará en ella sola ía materia siuil, ó eineicaj ia cual se manifiesta en un lugar cbsciuo, después de separada la ootelia de la Máquina; porque si s.e pasa por lo exieríor de ella la mano, ó ua lienzo, i;-ap2Í, ú otra materia, se observará dentro uaa luz clarísima, ca¬ paz de dis-inguir y leer coa ella las letras que le acercan, ó las que contiene dentro, si antes se le ha introducido aigim papel escrito. Hanovio hizo la experiencia con un canon de vidrio de poco mas de un pie de longitud. Ki es necesario para excitar la luz, tocar inmediatamente ia botella ó canon; basta comprimir ei ayre que la circunda, pasando con brevedad la mano cerca de su superficie, ó tocando ligeramente sus extremos con ios dedos de ambas manos,

5c. Semejante luz se experimenta en el Barómetro bien privado de ayre (*),si ei tubo ó cañón es de un vidrio diáfano y terso, sin hame-

f.Ti) ¿ipatia coelestia per quec glohi Vianet arum ^ CGmetarum in ornnes pary tes libcY rimé y bf sine omni motus cii'unnutione sensibili perpetuo moventur ^ fíui^ do Omni corforeo áestiiuuntuig si forte vapores longe ten^issimos ^ trajebíos iucis radios ea.cipias, Phiiosoph. nacur. princip, math» Lib« 2. seét, 'j. prop. 40 in fine.

(u) Opíic. iib. 3. quaest. 22 pag« 144. ^

lo) Vux non cst nisi copia ingens vibrationum iííthens. //¿ic cfiim excitata ^ ifi oculcs incuT rente conspicua fiunty actu viJentur cor pora a quihus oritur aut TepsrciiíitUT versus oculos^ Hanovius Phiiosoph, natiir, sive Pbysic. d<ygmat, tom# I. §.456. (p) Loe. cit, 5. 457‘ (q) Cuurs de Pnysiq. tom, j. §. 108.

método de tiaraer ei ay're, haciendo hervir ei mercurio dentio dei cafíüu, á mas de ser arriesgado á que se rompa, es muy erróneo en todas sus par¬ tes: lo priiDQPO, porque aumen.ándu ei tuego el, voluinen del mercurio, aumenta por consiguiente sus . poros, quedando estos obstruidos con mayor porción de ay¬ re que la que coritendrian en el estaco de su tríaídad. Lo segundo, que en los Baroaietxcs codíiv unios, Ce esta maaeira sube el mercurio á mucha mayor akuia de

dad ni grasa alguna, y el mercurio está bien purificado. En él se vé una luz claiísima en lo interior del tubo y parte superior de él qrie quedó vacía, ai mas ligero movimiento del azogue, con u qual se perciben dis¬ tintamente las lineas y números de la lámina Algunos piensan q-i¿ esta lii¿ es un fluido eléctrico originado de la fricación que hace la mano en la botella, ó el mercurio en las paredes del cañón que lo coniicne, por ser el vidrio por su naturaleza eléctrico^ pero se engañan, como advierte el mismo Hanovio, pues un cilindro de vidrio macizo, que por tal cor»- tiene mucha mas materia eléélrica que una redcnn también ci. índ rica ele igual magnitud, no produce efecio alguno luminoso, por mas que io refrieguen en la obscuridad: ni el Earóoietro que tiene introducida algu¬ na partícula de ayre, dá luz, aunque mas fuertemente se sacuda, como yo lo hé experimentado- de propósito: por lo que se debe atribuir este fe¬ nómeno al Ether que está encerrado en el vacío de uno. y otro vaso (r),

5 1. Qual sea el agente que pone en movimiento los su t i I i si .

res del Ether, causando las violaciones que producen la AuroracPm^al^ es lo que nos resta indagar; pero no tenernos que buscar otro que lal Luna. Esta, por su inmediación á ía Tierra, influye en ella sensiblemen¬ te: causa los movimientos de las aguas en las crecientes y menguantes de los mares: exalta las exhalaciones y vapores de la misara Tierra, for¬ mando tempestades? lluvias, y otros meteoros que se observan en nuestra

la que corresponde al equilibrio que debe guardar según el aétual peso de nues¬ tra Atmosfera. Lo tercero, que dentro de pocos dias, conforme va sintiendo el frió, se vá comprimiendo el ayre qne estaba encerrado en el mismo mercurio, y saliendo después, por el calor, á ocupar la parte superior del tubo que estaba vacia, lo hace baxar mas de loque es regular; y por esta razón muchos Baróme¬ tros no señalan la verdadera altura que deben tener. De todo esto resuitan dos inconvenientes: el uno, de que se hace cargo M. de la Lande en el Conocimien¬ to de los movimientos celestes del año de 1765, es la desigualdad que se expe¬ rimenta en dos ó mas Barómetros, aunque su construcción sea en todos semejan¬

te; por lo que es necesario después de algunos dias, volver á hacer hervir de nuevo el mercurio dentro de los tubos, exponiéndolos nuevamente al riesgo de romperse: el otro, que el ayre que se desprende de sus poros y va a ocupar la parte superior, los hace perder en breve tiempo lo luminoso; y por eso en m.uchos Bárómetros no permanece la luz arriba de uno ó dos meses. El mejor mé¬ todo de privarlos de ayre es quaiquiera de varios que aconseja Eernoulli en el I y a tomo de sus obras, en que no teniendo necesidad de hacer hervir el niercurio, se excusa el riesgo de romperse, y no se observan los inconvenientes re¬ feridos, Yo me hé servido siempre de uno de ellos con buenefeého, pues los Ba¬ rómetros que he llenado, ni han variado su altura regular, según la constitución de la Atmosfera, ni han perdido su luz en nnichos años que han pasado de ha¬ berles llenado con las precauciones que advierte el citado Autor.

(r) Ne existimes^ ritrim af'ridiu lucem parere, convincere animum pcten’s odhibendo cyHndrum 'üitreum solidum^ qui co viagis lucere ajjrictus deberet ^quo plus vilri cQiitinet^ si lux ‘viiro detcrcíur. Sed nil tale es experturus, Aou igttur uitro^ nec kydrorgjro^ sed puro JEtberi incluso motus Ule íriifusndus est quo lucida excitatur. Loe, cit. §. 454»

* y

Atmosfera, dependientes todos de las varias posiciones de la misma Lu¬ na, asi po* su movimicrto propio, como con respedo al del Sol. Pues ¿porqiiv? no há de poder tener accionen los espacios et he re os mucho mas vecinos á ella, é infinitaniente mas raros que las aguas del mar^ y vapores de la lieria ? A esto se pueden oponer varias dificultades, como que, siendo la Luna la causa mctrix que (dbra en las vibraciones del Etber para representar la Aurora boreal, ¿porgúese vé esta solamente á la parte del Norte, y nc á las demás partes del Cielo? Y ¿como no pro¬ duce el mismo efedro en todas las regiones dei IVIundo que se hallan cubi ertas dei Ether? bd rr;;srno infíoso que tuvo ahora en esta América, há tenido siempre; pues ¿ct/mo no se há visto, ó al menos no se sabe de otra Aurora boreal que haya aparecido en México, por exemplo? Son gran¬ des estas dificultades; pero tienen fácil respuesta.

52. Se observa á li parte del Norte, por estar mas distante dei Sol, ^es esta aparición regalar mente sucede en las estaciones de Otoño é Inírí’Wo, quando el Sol se halla disLante de aquellos paralelos septen¬ trionales, y su acción no impide la de la Luna, como la impedirla ha¬ llándose cercano; y por esta razón no se observan acia el Oriente y Ocaso: y lo mismo se debe entender en las Regiones australes, donde se¬ rá observable el fenómeno á la parte del Mediodía, en las estaciones de Verano y Kstio, por hallarse entonces el Sol en sus mayores distancias, respedo de aquellos Paralelos. A mas de esto, todo agente obra según la disposición que halla en el paso: la acción de la Luna es una misma en todo el Orbe terráqueo; y con todo, en el fiuxo y refluxo de ios mares se experimenta mucha variedad: en unos Puertos suben mas las aguas que en otros, y en algunos son insensibles las matéas; advirtiendose también la propia variedad en quaoto al tiempo en que se observan; lo qual depende también en mucha pane de las circunstancias locales, coiT\o se puede ver en Newton, y en las dodas Disertaciones de Bernoullí, Mac-laurin, y Euler, que se hallan en el rom. 3. de los Vrinc'ipios filosó¬ ficos.^ é igualmente en el gran Tratado que sobre el mismo asunto aña dió eí Señc)r de ia Lande en el tom. 4, de su Astroaomia.

53, Pero donde mas se manifiesta ia acción de ia Luna debilitada en unas partes, y con toda su fuerza en otras, es en la formación de las tempestades, lluvias y vientos. En unos Lugares son freqüentes las llu¬ vias; en otros son taras: en unos se experimentan en una estación, y en otros en otra. En muchos Países nunca llueve ni truena: en ei Egypto, por exemplo, y en varios Lugares del Perú, donde tampoco sopla el Norte, como en ia Ciudad de Lima, de la qual dice el Señ«r Conde de la Granja, con su acostumbrada eloqüencia ís) :

?? Parece que obedece al gusto el clima Pues tan benigno es , quanro constante ;

r? Ni Aquaiio ofende, ni A quilon lastima, •

j? Ni se oye fulminar al Dios Tonante,

(s) Vida de Suma Rosa Cant. I. 16»

/TNíw í ■

$0 ^

Quaíqiiiera causa cxtrangera puede también impedir h formacíon-c?e ía Luz boreal; y eí edil va mente se há suspendido su aparición por muchos años en algunas R.cgiones, donde aparece ahora con freqüencia. En DIrama rea no se conocía basta eí ano de 1709. en que so vió una que hor¬ rorizó á roda la gente hasta hacer tomar las armas á los Soldado:^, v batir las caatas, saliendo de sus Cuernos de gaardi3j según refiere el Con¬ de de Píelo, bimbajador de Francia en Copenhague, citado per Mairan. Posteriormente han aparecido muchas con freqüencia en aquel País, En la misma Enrancia causó igual horror la que se observó en el Reynado de Luis Xí; y h asía el ano de 1716 no empezaron á verse otras repeti¬ das. De otros Rey nos refiere lo mismo Mairan; y de A'ger dice, no ha¬ berse observado aili jamas. Todo lo qiial prueba la varia disposición que hay en distintos Lugares y tiempos en quanto á la materia de que se forma este fenómeno, para poder recibir ó nó las impresiones del agente que lo causa, y ios obstáculos que pueden iníerponerse^yj^

y nuestra visca, para no hacerse perceptible, como ya vamos á d^'mostrar en la diferencia de sus apariciones.

Preposición 11!. La variedad de colores depende de nuestra Atmosfera^

54. Las relaciones insertas en el §. 3., nos raaninestan haber tenido su principio ia aparición de la Aurora boreal del día ja de Noviembre en ios Países mas septentrionales que ía Ciudad de Zacatecas, y Real de Charcas; v su fin, en los mas meridionales cue la Ciudad de (3axaca; pues desde estos Lugares se observaba con bastante elevación sobre la superficie da la Tierra, según se colige del contesto de las Cartas. En la de Zacatecas se dice, que parecía distar como 50 leguas al Norte, ha¬ biéndose visto á bastante distancia desde ei Puerto ele San Francisco: y en las de Oaxaca, que desde Cuiíapan, Zaachila, Zírnatlar?, y oíros Pue¬ blos mas retirados (á la parte dei Sur) parecía que ia Ciudad se incen¬ diaba. De que resulta, que según la situación de los primeros y últimos Lugares, se observó esta Luz boreal en una distancia de mas de 200 le¬ guas españolas, que corren del N, O. al S E. desde las partes mas sep¬ tentrionales de Zacatecas, basta las mas meridionales de Oaxaca.

5;^.. Si reflexionamos en ia diversidad de apariciones, haliaremos que en Zacatecas y Cíiarcas se vió con un color diáfano^ cristalino y h’ilhnste, con columnas y ráfagas; propiedades que Cí>nv;enen á ias granvies Auroras boreales. En Papaníla se observó sm coIultums y refagas, sino con un color de fuego con bastante claridad á descubrir los cerros de Santa Agueda, distantes de aquel Pueblo 4 leguas. En San Miguel ei Grande, solo con un color rojo, sin aquella claridad dmf.ana con que se manifestó en Papantia. De este mismo color rojo apareció en México, Puebla, y hasta Oaxaca, donde, según la exp e ia.n de un voraz incendio^ parece haber sido alíi mas encendido el color que eu México, Pero en estos Lugares donde aparecic'< sin columnas y sin raf.igas, fue de la clase de las Auroras pacificas. Si atendemos al tiempo de ya duración, hubo gran diferencia en ella ; ooroue en Zacatecas y Chatcas duro como tr

gran diferencia en ella ; porque en Zacatecas y enarcas duro como tres iioras^ empezando casi a un mismo tiempo, hln Papanila solo hora y me-

dís: en San Miguel el Grande quatro: en México menos de dos; y en Oaxaca como otras tres.

r6. De esta diversidad de colores, y de lo vario de su duración en unos Lugares respeéto de otros, se viene en conocimiento de la distan¬ cia del objeto iominoso, y de los diferentes íVkdios refringentes por don¬ de pasaron sus rayos hasta la vista de los Observadores. Porque por las reglas de Optica se sabe que la Luz es de su naturaleza blanca; pero sa presenta de distintos colores, quando sus rayos, al pasar per unos Me¬ dios de diferentes densidades , padecen distintas refracciones; y como nuestra Atmosfera conste de partículas heterogéneos, teniendo en unas Lugares mas densidad que en otros ; resulta que en unas partes se vió mas tiempo, y con mas actividad su luz que en otras. Para que se fofiiie de esto algún concepto, es necesario adveitir, que la Luz , si pasa por un Medio diáfano de una densidad uniforme , va decreciendo su fuerza . '^Or.q'vesion geométrica; de suerte que por las observaciones hechas per ivi. Bouguer (t) , no objeto luminoso, visto á una distancia horizon¬ tal de 109 toesas, pierde una centésiiua parte de toda su ir.tensidadí y asi vá decreciendo succesivarnente su fuerza en razón duplicada de ias distancias. Quando atraviesa un espacio de 1469 toesas, pierde la Luz, 'casi un tercio de su fuer/a, ó su diminución es en razón de 2500 á íóBí, corno asienta el mismo Bouguer íu); -y con respeéto á esta proporción, formó una Tabla de la pérdida que vá teniendo en las difererítes masas de ayte por donde pasa, suponiendo ser tedas de igual densidad; lo que no se verifica en nuestra x\tmosfv.ra, como advierte él mismo (x), á cau¬ sa de la diversidad de vapores de que está cargada.

57. La Luz en sí misma consta de siete colores, por este orden, rojo, naranjado, amarillo, verde, azul ciato, azul obscuro, y morado ó purpu¬ reo, como lo experimentó 'Nev/ton ea la descomposición que de ella hi¬ zo per medio de un piistna de cristal triangular; en io que han conve¬ nido todos ios Físicos que le sur cedieron , repittenJo ios mismos expe¬ rimentos. El color rojo se forma por los rayos menos rercangibies: ios que lo son mas, forman el naranjado ; y asi se se van succedicndo los demas colores, según se van aumentando los grados de refracción, liasta llegar al que piodüce el purpureo. Si la Luz se vé á corta distancia, y por liu iTiedio raríwsimo, se observa, con poca diíerencia, coo las mismas vi¬ braciones , blancura , y diafanidad que lieae en su origen, y pierde poco de su intensidad y fuerza ; pero al ir pasando por diferentes lugares de la Atmosfera, los vapores mas ó menos gruesos: la son un obstáculo, que absuel ve aouellos rayos menos refrangibles, íorrnaodo diversos me¬ dios refiingetites. que inodííícan la luz, y causan los colores respeétivamente, según la mayor ó menor crasitud de las partes que la reciberfi donde la Atmosfera está mas llena de vapores, forma un medio mas den¬ so, cuyas partículas crasas emoian a nuestia vista el color lojo, mas a

(t) Traité d’ Optiq. sur la gradation de ia Luinkre pag. 2^7.

(u) Lüc. cíL pag, 84, (x; Fag. bi»

:>**

menos vivo, con respeflo á ía mayor 6 menor crasitud de ías mismas partículas que lo forman De estas afecciones de la Luz trata difusamen¬ te Gravessnde (y) , comprobando con curiosos experimentos muchas de sus propiedades.

58, De aquí es, que en MéxieOj estando mas septentrional que Oaxac3, y por consiguiente menos distante de! origen de la Aurora boteaí, no se hubiera observado con tanta viveza, como se dice de aquella Ciu¬ dad. Los vapores de la parte de la Atmosfera de México contendrian mas partículas crasas, menos refringentes que los de la parte de Atmosfera de Oaxaca. Si la Atmosfera fuera en todas partes de igual densidad, y constara de partículas de una crasitud uniforme, se hubiera observado en Oaxaca mucho mas débil que en México, por razón de la distancia, como se há dicho ( núm. 37. reñex, i .) ; pero las partículas heterogéneas, de que se compone, son diferentes en distintos Lugares, y deben inBuir diferentemente e o íSs refracciones, y reflexiones que causan .ílT

fp. Es constante que quando la densidad de la Atmosfera es mucha, 1

por contener unos vapores demasiado crasos y groseros, forma un me¬ dio opaco, que impide ia visión del cuerpo luminoso, y la transmisión de sus rayos, perdiendo éstos su fuerza refrad:iva,á proporción de la misma densidad^ como acontece quando se forma una niebla, que oculta ente¬ ramente el ciietpo del Sol (^) . Por esta razón en muchas partes interinedias al origen de la formación de la Luz boreal, y a! lugar donde terniinó su visión, no aparecería, ó seria muy débil su apafictco;)’ en otras se observaría corto tiempo, como refiere el Señor Uiloa en la Carta es¬ crita en 28 de Abril de 17 50 á M. de Mairan [z] , sobre las Auioras que aparecen en el Einisferio austral, cuya luz, ya roja, y ya blanca, no de¬ xa verse mucho tiempo, á causa de las ccntiuuas líieblas espesas á que son propensos aquellos mares: y si se disipan por a’gun viento, es en un corto intervalo como de 3 ó 4 minutos^ que iue el tiempo que pudo ob¬ servarlas, por v.rdver á cubrirse el Cielo inmediatamente.

60. En la variedad de densidades de diferentes cubiertas ó capas de

pi rYrn

}a Atmosfera, consiste el que se vean vpolados pon los luminosos, en a'gucsas de las pero quando estas capas son de igual denski

coto y arcos opacos interiZ -andes Auroras boreales; ad, por contener unos mis-

(y) clemenr. mathem. tom. 2. lib. per tucuim^

(^7 La intensidad que supone Houguer cu la luz del bol» respe^cO de .a que ;s reilctfe la Luna en su oposición, es como zooceo a pfyco: uesuer^e que ios :VOS Gcl Sn! pierden de su intei-'Sidad las -204100 partes, ó ai ínonv.'.*j i^s í / i-^oo. ag. 22 r y 272. Pusanvlo estos niismos ra3ms pi>r un iluidu inas aensv>, conu> ia jua del mar, tienen igual perdida, o su intensidad es ^ la^>v>z de la Luna

1 su Pieaiiunio, cí: sola la corta d-stancia de 3^^ pms de protundidad, coriio :suUa de los e?vf:.:los y prolixos cálculos de este Aut-er en su T'atsdo ce Opti- !, Lib, 3. secc 7. Prt h!. %. psg. 2^5 y 250. ¿Ouanta nuqvor pe- dida Sulfran empre que la Atmosfeia este cargada de vapores mas deikus que la agua del

ar?

(z) Traite de V Auror, bor.pag. 439. ^

iHw II •* I ^

mes valores ó exhalaciones capaces de" rúipedír la cemimicación de la luz á nuestra vista; ó se oculta enteramente, ó solo se vé en la parte su¬ perior una pequeña iluminación. Nada prueba mas este systema que el efeólo que causa un fenómeno raro que se observa ai norte de Nrá. Srá. de Guadalupe, al que atribuyo la razón de haberse visto en esta Villa muy corta y debilitada la Aurora boreal, habiendo aparecido con bas¬ tante actividad en México, Puebla, y otros Lugares basta los mas meri¬ dionales del Obispado de Oaxaca. En el camino que vá para San Christoval, por los ceños que están á la parte del Norte de aquella Villa hay un lugar que llaman el Risco nombre con que se conoce la hacienda de D. Jqan de Verdeja, á quien pertenece: tiene de extensión como 150 ó 200 varas; y en toda ella se vén ( como yo lo hé observado las veces que hé pasado por allí) unas exhalaciones gruesas, de color verde, que opacan la luz del Sol, haciendo perder su blancura á los objetos ilumi- > ^')r ella que transitan por aquel lugar, los quales se vén teñidos

del mi.smo'color verde. Quanta mayor es la altura dei Sol sobre el hori¬ zonte, tanto mas vivo es el color df que se. vén teñidos los cafninantes. Es regular que todos estos cerros despidan las mismas exhalaciones; pe¬ to se há observado solo en aquel sitio, por ser el camino que se transita con freqíiencia. No podemos saber hasta qué altura subirán estas exha¬ laciones; pero es consiguiente, que si ellas opacan la luz dei Sol en su mayor fuerza; ellas mismas impedirian la visión de la luz de la Aurora boreal, ya debilitada por la distancia que tenia desde su origen hasta la Villa ere Guadalupe. De todo lo qual se deduce, que nuestra Atmosfera influye, por su interposición entre nuestra vista y ia luz, en la variedad de colores, y en que se vean mas ó menos las Autoras boreales,

‘ ’ Suplemento.

T^Espues de concluida la Disertación antecedente, que escribí por comp’acer á un amigo, llegó á mis manos la Gazeta nombrada de Lite* ratura de 8 de Marzo, núm. 13. que contiene una Carta, en que con acres y satíricas expresiones censura su Autor el Discurso que sobre lá Aurora boreal del dia 14 de Noviembre se insertó, aunque sin mi nom¬ bre, en las Gazetas de México de i y 22 de Diciembre del año proximé pasado; suponiendo falsa mi observación, y pretendiendo dar crédito á la suya publicada en ia Gazeta de 1 9 del mismo Noviembre, núm. 6. Pa¬ ra persuadir uno y otro me trata de ignorante en la Geometría, en la' Geografía, enda Optica &c. llenando de diéterios y ridículos despropó¬ sitos su papel. Y aunque pudiera responderle en el mismo estilo, como lo han hecho otras personas a quienes há provocado; no lo haré, por va¬ rias razones, siendo ia primera la estimación y respeto que se debe á su caraóler. La segunda, porque habiéndole omitido mi nombre en las refe¬ ridas Gazetas de México, debemos creer que ignoraba quien habia sido autor de aquel Discurso; pues con.'tándcie de mas de 20 anos á esta par¬ te el freqüenie estudio, nada superficial, con que desde muchos años an-

t-,

tes me había yo dedicado á las ciencias matemáticas, en que poseía al¬ gunos conocinientos de la moderna Astronomía, que suponen bien sa¬ bidas no sola la Geometría y ambas TrigonorucTrias, sino la Arsaiysis,la Geografía, y Optica, sin las qualcs no se podían formar ios prolijos y laboriosos cálculos de Eclipses del Sol, que así generales, como paríícu»- lares hé dado al Público, con bastante aplauso de las personas int-ligeates de nuestra América, y de la Europa^ no se hubiera atrevido á tra¬ tarme de ignorante en estas cienciss, mayormente adviniendo, como de¬ bía advertir, que hace otro tanto tiempo que le conozco, y que ninguno nías que yo sabe su pericia en ellas. Si fuera ral ánimo ei descubrir ver¬ dades, ya diría lo que hay de una parte y otra; pero se conocerá poi los efeétos La tercera razón es, que ofreciendo su Carra crítica tanto ma¬ terial en que poderse extender, sería preciso dilatarme mucho, gravan, dome en mas costos de impresión, y perdiendo inútilmente el tiempo en responder á futilidades que qualquiera podrá conocer soio.con paralelo de mis escritos y ios suyos. Por lo qual, despreciando todo iO| que no es de substancia en el asunto, responderé solamente á las dos pr(>posiciones substanciales que contiene su Carta; esto es, sobre la fal¬ sedad que supone en mi observación, y sobre el razonamiento y-cálculo de la suya.

Extraña en el 2. §. de su citada Carta, que yo dixera, que la mate¬ ria boreal había cubierto las estrellas de la Osa menor hasta la Polar ^ pero la razón de extrañarlo es sin duda por haber visto á ésta, y no te¬ ner presentes las propiedades que son comunes' á todo fenómeno de su naturaleza; siendo una de ellas su transparencia, pues aun detras de lo mas denso y opaco de su materia se perciben las estrellas de primera, se¬ gunda y tercera magnitud, y algunas veces hasta las de sexta, como asienta Mussembroek : y la otra, que conforme se va elevando sobre el horizonte, se va enrareciendo y degradando su luz hasta desvanecerse y confundirse con ei resto del Cielo. Por esta causa todas las Auroras bo¬ reales, sean las que fueren, aun las que constan de segmentos y arcos opacos, que hacen separar con menos confusión los luminosos, presen¬ tan sus limbos superiores tan mal terminados, que no pueden los mas diestros Geómetras tomar con exáólitud sus alturas aparentes, sino cotí la diferencia de 2 ó 3 grados masó menos, como se ha dicho en la Di¬ sertación antecedente. Y esta luz asi debilitada no se conoce fácilmente por una persona que sale de otra luz mas fuerte, y trae de ella impre¬ sionados los ojos; y menos se conocería por el Autor de la Gazeta de Li¬ teratura, quien, según dice en la n. 6. se hallaba perplexo^ discurriendo si serian los Pueblos de San Juanico ó de San Christoval los que se in¬ cendiaban y causaban aquella luz. Solo se podía conocer que ella llega¬ ba hasta la estrella Polar, por una persona que sin preocupación algu¬ na, y con previo conocimiento de lo que era, la hubiera observado aten¬ tamente; y esta vería la poca brillantez con que lucia la estrella, ocul¬ tando la misma materia, aunque desvanecida, aquellas vibraciones con que se obseiva ea un Cielo limpio, hasta las 8 y 50 m* en que recobró

toda su claridad y cintilacion. Se ' conocería también que llegaba^ y aun pasaba cíe ella ia luz boieai por la operación que se dirá adelante. Las esutihs .Beta y Gamma de la Osa menor, querse hallaban acia el hori» zcnte á la parte occideatal, estaban también pateiues á la vista, aunque entre io mas espeso de la materia que cargaba por aquella parte cerca

de la base, sin que porque se vieran se pueda decir que Ro las cubría la Hiisma materia.

Infiefe luego, y muy bien, que, según mi aserción, se elevó la Au¬ rora mas de 21 grados sobre el horizonte^ y pregunta ¿con qué lo pro¬ baré? Si yo hablara con personas inteligentes, ia prueba sería bien fᬠcil, pues cada uno la deduciría pvopy'io n^uTte de las mismas expresiones de mi Discurso, solo con saber las ascensiooes redas, y deciíaacíones' que tenían en aquel dia y hora las estrellas orientales y occideiítaies aue cito en él, y por consiguiente sus alturas^ para que sabida asi su sitúa' 'upiera la curva circular que describía la^Aorora, y su elevación, Pero como esto no se sabe, lo probaré de bulto por medio del Globo cejesíe^ estando pronto á demostrarlo á la persona que quisiere verlo.

Es constante que la estrella Beía^ que es de segunda magnitud, se veía mas confusa que Gamma , que es de tercera, y la mas occídentaí de la Osa menor: de que se infiere que aquella estaba cubierta de una mate¬ ria mas densa que' la que cubria á ésta, Ss también constante, que ia es¬ trella descuello del Camello pardo de quarta magnitud, que estaba á Ja parte oriental , no se percibía, por e.tar también cubierta de lo mas den¬

so de la materia boreal. Si en un Globo celeste ( montado según la La¬ titud de esta Ciudad, y colocado su índice en las 8| de la noche del día 14 de Noviembre) se hace pa^ar por estos dos puntos, esto es, por la estrella del Cuello dei Camello, y por Beta de la Osa menor una por¬ ción de circunferencia, haciendo centro en el horizonte, se elevará el vértice, ó punto superior del arco i 5 giados sobre él: luego, por lo me¬ nos, la materia mas densa ó espesa tenia 15 grados de elevación. Si asi¬ mismo desde la estrella Gamma se describe otra porción de circunterencía paralela á la antecedente, es cierto que el vértice de esta vsegunda se elevará sobre nuestro horizonte 7 gr. y 27 min. mas que yi vértice del arco que se describió desde Beta, por ser esta cantidad la diferencia de ascensión reda que hay hasta aquel dia entre Beta y Gamma, hallándose esta otro tanto mas occidental que aquella. Pero la suma de las dos dis¬ tancias compone 22 grados y 27 mirxutos: luego la Aurora boreal se ele¬ vó mas de 21 grados sobre nuestro horizonte.

Que estas dos estrellas hubieran estado cubiertas con la materia bo¬ real, es igualmente constante, y lo coniiesa el Autor de la Gazeta n, 6^ pag. 42. diciendo, que por entre la l'iz de la Aurora se di siingman algu-> Has estreiias: y no pudieodo liabersf: visto otras en nuestro Paralelo, en aquel ília y hora que estas de segunda y tercera magnitud, por no tener aquel tugar del Cielo (á excepción de Zeta de la Osa menor, y la del Cuello del Camello, que son de quarta, y no se percibian por entre ia luz boreal ) otras que unas pocas de sexta y séptima magnitud, como se

puede ver en qualquier Catálogo, Planisferio, 6 Globo, las qiiale? se ob¬ servan con dificultad á la simple vista, aun en un Cielo limpie; se dedu¬ ce, que las que distinguió por entre-la Aurora boreal, fueron ias’ dos re¬ feridas.

De esta prueba resulta la falsedad de su Proposición, 'que es la si¬ guiente, asentada en la Gazeta n. ó. y repetida en la n. 13. Pa^a dar ( dice ) una idea del mod9 con que estaba formada (la Aurora boreal ) di» re, que era un Tegmento de círculo^ cuya saeta que se dirigía del punto del JNorte en el horizonte para la estrella Polar, era de 12 gradas-, y ia cuerda que subtendía el arco, de 38 grados, Pag. 42 . . Observé que la saeta iel segmento luminoso se elevó 12 grados sobre el horizonte: vi que la cuerda ^ue subtendía el artO'cra de 3^ grados,» . ILn virtud de estos datos, por cp)eraciones que sabe el mas novic'o Geómetra , verifique el centro de la rora,y la parte del globo d que correspondía su centro en el zenit. De to» do esto ¿no debía inferir que se halló en el zenit perpendicular dos 1 10 de Longitud, y en los 4!^ de Latitud i: Se desea demostración para desvanecer estos asertos, Pag, 103. Aqui entraba bien eí Projicit ampullas de Horacio. Confieso mi ignorancia, y me juzgo menor que el mas novi¬ cio Geómetra, pues no sé quales sean las operaciones por donde hallo estos ascf'tos, J>o que si se es, que las lineas reéfas, como son las saetas y -las cuerdas, no se dividen en grados; porque esta división es pt-opia solamente de las curvas circulares, como sabe qualquier principiaute en’

2a Geometria.

La saeta ó seno verso de un arco es la parte del diámetro comprehendida entre la extremidad del mismo- diámetro, y el seno redo del propio arco, que es ¡a mitad de la cuerda del -arco docle: estos senos y cuerdas se dividan en partes iguales de aquellas en que está dividido el diámetro ó semidiámetro de un círculo , no en grados ; por lo qual S3 dice seno ó cuetda de un arco de tantos grados : y asi el decir la saeta de !2 grados , y !a cuerda de 38 grados es notable impropiedad de ha¬ blar, en que no incurrirá aun el mas novicio Geómetra. Permitiendo, no obstante esta locución exirangera de ia Geometria, y que llame grados á las partes en que se divide e! diárnetto, digo, que si ia saeta es de t2 partes la cuerda perpendicular á ella no puede ser ue solas 38.; excene en muchas mas su valor. Para* demostrar esto no es necesario valere de la Trigonornetíia, qualquier novicio Geómetra lo puede nacer mcilmente eon. tal aua hava llegado á ia Proposi-uon 47 dei ..¡oro i -de nuelides; porque suponiendo dividido el diámetro en loo partes, esto es, en tantas quantos grados contiene el semicírculo, sera en .a fe a el radio é. semidiámetro CA,ó CE de 9° janes; y de

SemiUiaUJCLlU --- r - . o . a Q ,

. ,3 partes, quedará el resto CD de 7IÍ, cuyo quadrado e. 0084,6! que restado dedico, quadrado del radio CA, que es la hypotncnusa del triánfulo reaángulo ADC, quedan 201 ó por quadrado del cauto 1 ,

mitad de la cuerda AB, cuya raiz es próximamente 44, «9, esto e,, 44 partes V 89 centésimas, v su duplo 80 partes v 7» centesimas, valor de foda'la cuerda AB, mas'que doble de las 38 partes que se dicen grados.

Aunque supongamos el radio dividida en 6o partes ( y es lo iOs en que se puede dividir para arreglarnos á-la voz grados^ por ser cuer¬ da de un arco de 6o); con todo excede en casi otro tanto el valor de la cuerda que se finje de solas 38, como se puede vér, haciendo la misma Operación, por la qual resultará de 72 partes: diferencia enorme que no corresponde á la gran confianza con que se asienta que se desea demos* tracion para desvanecer aquellos asertos. ¿Quales serán ellos, pues se infieren de unos principios tan errados? Bien que no acabo yo de hallar el modo con que están inferidos, y quisiera que su Autor nos hubiera expuesto sus cálculos; acaso mis Lectores inteligentes podrán comprehenderlos. Entretanto solo nos queda el dolor de que vayan caminando para Francia estas Gazetas á hacer juego con otras piezas que andan por allá de la misma naturaleza; pero la fortuna es, que no faltan allí otras de otros individuos Mexicanos, que vindiquen el crédito de ia Na¬ ción.

‘ - ' Nota.

Por evitar la confusión que resultaría de la junta de las líneas, á causa de la pequeñez de la figura i, se han separado algo estas de su legítima situación; por lo que no corresponden jisstamente en ella los lados y ángulos que producen los cálculos; pero puede qualquiera des¬ cribirla en grande con toda exádítud, arreglado á las medidas que se deducen de la resolución de los Triángulos: lo que se advierte para ex¬ cusar criticas impertinentes.

lí&« : U-: í ÍSÍ I ;