Disertacion fisico-médica, en la qual se prescribe un método seguro para preservar a los pueblos de viruelas. Hasta lograr la completa extincion de ellas en todo el reyno · Capítulo real 1 de 1

Disertacion fisico-médica, en la qual se prescribe un método seguro para preservar a los pueblos de viruelas. Hasta lograr la completa extincion de ellas en todo el reyno

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 17 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

DISERTACION

FÍSICO-MÉDICA,

EN LA QUAL

SE PRESCRIBE UN MÉTODO SEGURO PARA PRESERVAR A LOS PUEBLOS

DE VIRUELAS

ILista lograr la completa extinción de ellas en

todo el Reyno.

SU AUTOR

DON FRANCISCO GIL,

Cirujano del Real Monasterio de San Lorenzo y su Sitio, é Individuo de la Real Academia

Médica de Madrid.

DE ORDEN SUPERIOR

Reimpresa en México por D. Mariano de Zúñiga, y Ontiveros, calle del Espíritu Santo,

año de 1^96.

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México 6 de Agosto de i'/p6.

SAQUESE Copia certificada de la Real Orden . fecha en Aranjuez á i 5 de Abril de 1785, y poniéndose con este Decreto á la cabeza de la Disertación Físico-Médica sobre el método dCj preservar á los Pueblos de Viruelas hasta lograr la extinción de ellas, compuesta por D. Francisco Gil Cirujano del Real Sitio y Monasterio de San Lorenzo, á que se refiere, y de que se acompañó un exemplar : reimprímanse en esta Capital doscientos dichos , á fin de que por este medio pueda extenderse la noticia de las reglas que se prescriben acerca de punto de tanta entidad, y tan interesante á la humanidad, conforme á las prevenciones de S. M. y cumpliendo cabalmente con su Real voluntad. =zBranciforte.

REAL ORDEN.

Remito a l?. E. la Disertación adjunta sobre el método de preservar á los Pueblos de Viruelas hasta lograr la extinción de ellas, que el Rey ha mandado publicar por esta Secretaría de mi cargo. Enterado V. E. de su contenido ,

quiere S. M. que Jwga erífender á los Pueblos de su mando por medio de los respeciivos Párrocos, de los Facultativos, donde los hubiere, y los demás que estimase conducentes, la importancia del beneficio que su Soberana piedad intenta facilitaf^ á sus Vasallos de América, su utilidad , y el ningún riesgo quede su execucion puede resultarles.

Con arreglo á lo que se refiere en el Prólogo del citado impreso haberse pradlicado con notorio buen éxito en la Provincia de la Luísianá, y á lo que se previene en la página 57 y siguien'- tes, dispondrá V. E. que luego que se manifieste la invasión de las Viruelas en algún Pueblo de su jurisdicción, se transporte el primer Virolento y Jos que le suceedieren en esta enfermedad, á 1» Ermita ó Casa de campo que V. E. hubiese destinado ó mandado hacer á la distancia competente de la población ,. y en parage saludable, pero situado de suerte que los ay res que regularmente corran en la comarca no puedan comunicar el contagio á Los Pueblos ni Haciendas inmediatas, bien que según el diélámea general de los Profesores, y las experiencias que se han repetido, esta enfermedad pestilente solo se propaga por el contadlo con los enfermos, ó cosas que les sirvan.

Con el fin de que los Padres de familia r\o

se retraigan de concurrir por su parte al logro de una empresa tan benéfica , é interesante á la salud pública y de los particulares, distribuirá V.E. exempiares del Impreso entre los Sugetos que mas convenga,- y dará las demás proyidencías corres^wndienies para que anticipadamente se entere el Público de las ventajas y conveniencias que les ofrece esta Real determinaeion, y pueda» todos los habitanles deponer qualesquiera recelos infundados y preocupaciones perjudiciales á ellosmismos, las quales por lo coman se oponen- á las» providencias mas útiles y mas bien premediíadaSy procurando que los Virolentos separados sea»' asistidos^ así en la. parte facKltativa, como en todo lo demás, .con la mayor dulzura, humanidad y esmero, y con las precauciones que se prescriben en el impreso , para evitar la comunicación del eoniagio.

En este asunto, cuyo desempeño merecerá la atención deí Rey, y asegurarán á su execucions los efeútos de s¿i Soberana gratitud y beneficencia, procederá V. E. con la prudencia, circunspección, constancia y cautela que se requieren para el acierto, y me dará aviso de las resultas,, para inteligencia y satisfacción de S. M. r: Dios guarde á V. Ejd, muchos años. Aranjuez i 5 de

Abril de 1785. — Joseph de Galvez. Virrey de Nueva España.

Señor

ADVERTENCIA DEL AUTOR.

lENDO tan lamentables, como notorios, los estragos que causan las Viruelas ai Género Hi^miano, é igualmente innegable, que e! medio de !a Inoculación introducido modernamente en Europa , y adoptado en algunos paises para ocurrir á tan mortal y cruel enemigo de la vida y de la naturaleza del hombre , aunque debilita las fuerzas del mal, no las extingue, antes bien propaga sus pestilentes efedos, si no se toman providencias exádas y generales para la separación de los que natural ó artificialmente se inficionan; estas consideraciones al paso que me persuadieron desde luego de la insuficiencia é inconvenientes de aquella operación , cuya utilidad se halla todavía controvertida para el fin deseado , á lo menos en la forma que generalmente se pradica : me despcrtáron !a idea de si seria posible á la vigilancia , üustracloa y zelo del Gobierno la total extinción de esta cplde"* mía, desconocida entre nosotros en el discurso de muchos siglos , por di mismo medio de la separación de ios contagiados, que ha bastado para exterminar la lepra y otras enfermedades pestilenciales. Añadía fuerza á mis reflexiones el buen efedo que ha producido esta misma diligencia en todos los casos particulares en que se ha puesto en prádica con vigor y constancia, y especialmente en el Real Sitio de San Lorenzo

(II)

del Escorial , en donde he sido testigo de su eficacia en muchas ocasiones.

Reconozco las dificultades que sufre mi propuesta 5 así en calidad de novedad , como por su naturaleza Las primeras las desvanecerá el tierripo: para vencer las otras propongo en esta Obrita los medios convenientes, y entre ellos ocupa el primer lugar la protección del Gobierno, tocando al Profesor indicar las reglas, y á la Aütorídad?.'suprema reunir las voluniades para su observancia. No he sido el único á quien en beneficio común se !e haya ofrecido este útil pensamiento. El Dodior Paulet publicaba en Francia sus meditaciones quando yo tenia ya escritas y comunicadas las mías con mucha anticipación , esto es , desde el año de 1J768, á varios Profesores y Personages de la Corte , sin que el convenir ^inbos en lo substancial de la idea pruebe otra cosa , sino que la verdad se dexa descubrir igualmente en todos los países. Pero aun quando contra toda mi esperanza se tropezase en la práctica con algún incoDveniente casua!^ que parezca invencible, no por eso dexaré de confiar , que el conocimiento de la necesidad de la separación de los invadidos de Viruelas producirá constante y proporcionalmente la utilidad de preservar el Reyno, Provincia, Pueblo ó Barrio adonde se extienda la precaución.

Espero haber demostrado el cuerpo de mi Disertación los fundamentos en que estriba indisputablemente este inestimable efedo^ pero habiendo llegado últimamente á mi noticia entre otros casos particulares de dentro y fuera del Reyno dos exemplares muy recientes, en que le ha acreditado la experiencia en los dominios de España, me ha parecido conveniente iitsertarlos aquí.

( III )

En la Isla de Mallorca no se conocen Virue-» las , y solo se han padecido rara vez , qne se han comunicado por la tripulación ó pasageros de algún buque procedente de otras Islas , ó del Continente. En vista de esta experiencia se determinó aquel Gobierno á considerarlas y tratarlas como un ramo de peste^ y hace ya muchos años que los Mallorquines se hallan libres de este casi general tributo , que pagan sus comarcanos.

Habiendo llegado á la Luisiana unas embarcaciones, en que había dos ó tres virolentos, se contagiaron otras personas en la Nueva Orleans^ y reflexionando su Gobernador á la sazón el Conde de Gálvez, que las Viruelas eran un afefto que no se padecía sino accidentalmente en la Provincia, pero que quando llegaba á comunicarse , como entonces, la asolaba^ se propuso tomar todas>Ias providencias mas eficaces y oportunas para impedir el contagio y salvar la Provincia por medio de la separación de los ya infedos. Lo consultó con los Médicos y Cirujanos , y si no me engaño, no halló en los mas de ellos el apoyo que deseaba. Lo hizo presente á la Ciudad ; pero en lugar de auxilio encontró oposición. Firme sin embargo en su propósito, no presentándosele razones para variarle, pero sí muchos obstáculos y dificultades , se resolvió á arrostrarlos por el b¿en general. Formó con la mayor prontitud un Hospital y dispuso una Casa de convalecencia á la orilla opuesta del rio Misisipí con todo lo necesario para su asistencia , encargando ámbos establecimientos á los Facultativos, que tuvo por oportuno , y respedivamente á varias Señoras particulares, que habiendo ya padecido las Viruelas en su niñez .

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dieron el virtuoso exemplo de ofrecerse á asistir á los enfermos 5 y previno un bando para publicarla á su tiempo, rnandando á todos los vecinos declarasen los virolentos que tenían en sus casas, baxp de varias penas á los contraventores, y especialmente á los Médicos y Cirujanos, que teniendo noticia de los contagiados , rro los denunciasen.

Tomadas ademas las providencias para la translación de los enfermos , y pronta la tropa para lo que pudiera ofrecerse, volvió á juntar el Cabildo, é hizo á los concurrentes varias proposiciones generales , como ¿ó"/ preferirían el bien público al particular % '^Si expondrían sus vidas y las de sus hijos por la salud de la patria'l y otras semejantes 5 y respondiendo todos con la afirmativa, se despidió. Rezelando entónces los Capitulares, como era regular, que su Gobernador hacia alusión á las Viruelas, empezaron á quererse explicar : pero Ies impuso silencio : se retiró : dió las. órdenes que tenia preparadas : se obedeciéron en medio de la fermentación , que causó el llevarse los hijos de unos, y las mugeres de otros, sin distinción de persogas; y á pocos días se quedó la Ciudad limpia de virolentos* Los trasladados á la otra orilla del rio se curaron todos con felicidad , habiéndose desgraciado solamente uno, que se había quedado oculto en la Ciudad : se agotáron las Viruelas en el país , y las oposiciones y contradicciones anteriores se convirtiéron.en aelamacíones y elogios de todo el vecindario su Bienhechor.

Finalmente como los primeros contagiados que se hayan de separar, para que no se extienda la epidemia, merecen, si cabe., mayor esmero y zelo de par-

te de los Profesores y Asistentes , no porque la separación influya en el mal éxito de la curación., sino porque nunca se verifique el caso de que pueda este con justicia atribuirse á aquella^ he juzgado oportuno añadir por via de apéndice un Resumen del método mas seguro y adoptado por los eminentes Médicos, así Españoles, como Extrangeros, de curar las Viruelas, el qual es transcendental á todos los invadidos de ellas en qiaalquiera periodo de la epidemia.

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DISERTACION

SOBRE EL METODO DE PRESERVAR DE LAS VIRUELAS A LOS PUEBLOS.

1 IN^adle ignora lo difícil que es adquirir puntual Jioticia del crecido niíoiero 9e epidemias , que en la Jarga serie de los siglos han invadido, ya á este, ya al otro Reyno, Provincia, Ciudad, ó Pueblo en general. Sin embargo se conserva segura memoria en las Jiístorias de que ha habido varias epidemias , que propagándose á muchas comarcas é Imperios, casi los han desolado. Todo es sin duda reato de la primera culpa 5 mas al fin tqdas ellas tuvieron límites en su duración , y solo se extendieron á determinados países. Pero las Viruelas, cuya enfermedad ha de ser el objeto de esta Disertación, aunque no hagamos mas cómputo que el que se puede formar desde ochocientos años á esta parte, que comunicadas por los Arabes á los Sarracenos pasáron de estos á nosotros, tienen avasallada toda la Europa , y quanío se halla conquistado en la América, con tal ^erza, que causa admiración y espanto, y obliga á creer firmemente, que entre todas I las demas epidemias juntas no igualan en extensión y ; estrago á esta sola.

t ^ ^ Aunque el primer origen de la enfermedad , se- ! gun lo que han alcanzado á averiguar los eruditos ^ ,

I Ricard. Mead. Oper. Medie» pág, 3 4,

fue en la Etiopia; no se ha podido saber desde quando pudo haber sido endémica , ó propia en aquel país. Lo cierto es, que desde él se comunicó á la Arabia, y de allí á Egipto.

3 En dichas regiones se dexó ver este afeito, y el del Sarampión en el año de c;^2 de nuestra Era Chrisüana; en cuyo año nació en !a misma Arabia Mahoma, según refiere Juan Jacobo Reisk haberlo leído en un código manuscrito Arábigo, que halló en la famosa Biblioteca de Leiden

4 Este sentir le confirma al parecer Rhasis , célebre Médico de los Árabes, en su libro intitulado Con^ tinente pues dice, que un tal Aren , Autor de treinta libros de Medicina, y natural de Alexandría, escribió de Viruelas y su curación, profesando la facultad al mismo tiempo que dominaba Mahoma por los años de 622 ; cuya noticia dió luego motivo al DoQor Freind para inferir, que Egipto fué la cuna de esta enfermedad.

5 Flace creíble también que por estos tiempos comenzase á extenderse dicha dolencia el ver que los primeros Médicos que tratáron de ella fueron Rhasis^ Aberroes, Avenzoar y Avicena, todos ÁrabesN, y de aquel tiempo pues aunque algunos han queridó sos^ tener, que Hipócrates y Galeno las conociéron, tienen muy débiles fundamentos sobre que apoyar su difamen; y desde luego todo hombre de mediano juicio, cpmprehende, que si estos primeros maestros^ de“ 1^- Medicina las hubieran manejado, no es creíble, que" siendo tan diestros en bosquejar las enfermedades que

1 Idem pág, 3 3 .

2 WcríjDt'h ds pdg,. j^t.

conocieroíi, que sns pinturas quedaron por dechados á la posteridad, hubiesen pasado en silencio la descrip* clon de un afedo, que por común , epidémico y mortal, es de los que mas atención han merecido á quantos Escritores Médicos ha tenido el mundo desde el séptimo siglo á esta parte,

6 No me empeño en hacer mas clara demostración de que los Médicos Griegos y Romanos , como son Hipócrates, Galeno, Celso , Areteo , Celio, y Aecio , &G. no conocieron las Viruelas; porque sobre que esta curiosidad hace muy poco á nuestro asunto, si algún escrupulosa (de los que con el dodt) Juan Godofredo Hanni sostienen este parecer ) quisiese salir de la duda, podrá leer las obras de los eruditos Ricardo Mead y Pablo Werlofh, donde queda sobradamente probada la opinión de que no alcanzáron idea de ellas, con el apoyo de mas de veinte Autores de la primera nota , así antiguos, como modernos.

He dicho arriba, que en la Etiopia tuvieron su origen las Viruelas^; y no extrañará esta noticia quien la tenga de que el Africa abortó siempre las mas terribles pestes, que se han observado en Asia y Europa, como lo asegura Mead Léanse las historias , y no se hallarán sino testimonios' de esta verdad. Plinio lo observó ya en su tiempo Tucídides en su admirable descripción de la peste de Aténas, dice, que nació en Etiopia, pasó á Egfpto , y de allí á Persia hasta que llegó á Grecia. Él mismo origen aseguran que tuvo aquella gran peste yque en tiempo del Emperador Justiniano se esparció \por todo'eh mundo , y duró cin-

1 OpZTi Med, cap. de Orig. pest. pdg. i8o.

2 Híst. Ñat. cap. i 50.

4 . ^

cuenta y dos años, Y finalmente todos los comerciantes y viageros, que vienen de Turquía, dicen , que es común sentir en aquel Imperio, que qpantas pestes destruyen aquellos dominios salen del Africa, así como en estas partes meridionales, occidentales y septentrionales de la Europa , siempre se han observada venir las pestes de Turquía y Egipto.

8. Qual sea la causa de que sola aquella parte de! mundo venga á ser la fértil en producir esta malignidad , ya lo dicen los mismos historiadores y viageros. En el grao Cayro la hay todos los años indefediblemente^ y la caus*a es, porque sobre ser Ciudad muy populosa, y habitada por la mayor parte de gente pobre, tiene sus calles muy estrechas, y está colocada en una llanura arenosa, y al pie de un monte, que la impide gozar de los vientos templados, por cuya razón se experimentan calores intensísimos: á esto se junta el que la atraviesa un cana!, que nace del Nilo, y participa de su misma creciente f de donde proviene, que a! baxar esta , se queda casi sin agua , y entonces, calentando el sol una inmensa cantidad de cieno y de animales muertos, que quedan en él, se elevan vapores fétidos y pestilenciales 5 que infestan la Ciudad 5 y regularmente no cesa la peste hasta que se limpia el canal y ayudan á purificar el ayre los vientos frescos^ que suelen levantarse por entonces, ^

9 En la Etiopia, pais mas interior del Africa, se crian inmensas plagas de langosta, que, después de talar las plantas, y devorar los frutos, si no hay la fortuna de que los vientos fuertes las arrojen á la mar, se quedan muertas en los campos, y con las copiosas lluvias, que suelen durar tres ó quatro meses conti-

nuos, y los excesivos calores de Julio y Agosto, se pudren é inficionan la atmósfera en sumo grado, de donde también se originan notables pestes, y de tal adividad, que, cuenta Ricardo Mead ^ , le aseguró un amigo suyo, hombre veracísimo, que en el año de 1^26 cargó un navio Inglés ciertas mercancías en el gran Cayro en tiempo que corría peste, las llevó á Alexandría, y al descubrir dos fardos de lana, y estarlos registrando dos Turcas para comprarlos, ámbas se cayeron al instante muertas. Pudiera referir otros muchos sucesos con que acreditar la fuerza del contagio particular de estas pestes Africanas, si no temiera dilatarme demasiado.

10 No por eso pretendo persuadir, que en qual- " quier otro país no puedan levantarse enfermedades malignas epidémicas, que llaman pestilenciales en sentido lato muchos Autores 5 pues se experimentan con bastante freqüencia, mayormente en las cárceles, asedios y acampamentos de larga duración; pero á la verdad todas estas se diferencian de la verdadera peste, por sus propios y específicos carafléres; de modo, que la peste es enfermedad epidémica esencialmente mortal, y acompañada de parótidas, bubones, y carbuncos malignos ; y enfermedad pestilencial puede serlo qualquiera otra , que siendo maligna y contagiosa , quite á muchos la vida. Así las distingue y especifica el clarísimo Sauvage^ en su Nosología Metódica y así también Ricardo Mead en su tratado 0/=» Veste 3 ,

1 Mead Oper. MeJ. de Orig pest. pág. iSo.

2 Sauvages Nosolog. tom. a. pág, 353,

3 'Mead. Oper, Med. pág. 1 1 8.

y el erudito Juan Alíen Synopsis Medicina ^ .

11 Averiguados en quanto ha sido posible el origen y primeros pasos de las Viruelas, se ofrece á primera vista, como cosa digna de admirarse, que siendo tan contagiosa esta enfermedad , hubiese estado tanto tiempo sin esparcirse por los países mas remotos: pero si atendemos á que el único motivo ó medio de la propagación de semejante contagio es el trato y mutua comunicación de las gentes, y que en aquellos tiempos no le había con aquellas Provincias, no extrañaremos que hiciese tan lentos progresos: pero apenas comenzó á florecer el comercio entre los hombres á favor de los adelantamientos de la navegación , quando penetrando hasta los mas remotos países, entre los preciosos géneros que nos condoxéron comunicaron á la Europa el Sarampión y Viruelas. Bien es verdad que cundieron mucho mas ambos afeítos con la entrada de los Sarracenos en nuestros dominios en el séptimo siglo, y acabáron de propagarse en el undécimo con la ocasión de la guerra de la Tierra Sania.

12 Desde Europa se extendió esta epidemia á las Indias Orientales por medio del comercio de los Olandeses^ y á la América á los primeros pasos de su conquista, por medio de un Negro, esclavo de Pánfilo Narváez,que padeciendo esta dolencia entre los habitadores de Zempoala , les dexó su semilla en perpetua memoria de su infeliz arribo ^ : srndo de notar, que en cambio de este pestilente género nos transportó eT

1 Alien Synopsis Medicin, pdg. 71.

2 Véase la Historia de la Conquista de la "Nueva España por el Capitán Bcrnal Díaz del Castillo , uno desús Conquistadores, y rorquemada fíist, de la Nueva España tom. i, lib. pig. i5o»

mal venéreo Pedro Margarita noble Catalan, á últimos del año de 1494 á !a vuelta dei tercer viage, que se hizo á la Isla de Santo Domingo, donde ya era endémico, con lo que comenzó á extenderse en Barcelona, y de allí pasó á Italia, Francia y otros Reynos. Desde aquella época se hicieron estos dos contagios señores de ambos mundos, afligiendo generalmente á la humana naturaleza.

14. Pero pasemos á recorrer lo que nos dicen los Autores acerca de la naturaleza y propiedades de las Viruelas^ porque aunque es cierto, que para formar cabal idea de esta enfermedad no era necesario mas que observar con mediana atención lo que con dolor se está advirtiendo y palpando cada dia en todas partes; y que apénas habrá rústico, ni muger, por ignorante que sea , que no haya registrado con sus propios sentidos quanío se puede expresar con razones, y apoyar con autoridades ; sin embargo oigamos lo que nos refieren los Profesores de Medicina , sobre cuyo apoyo ha de estribar la resolución de mi pensamiento ; y sea el primero el que con razón merece se le dé la preferencia, como á Corifeo de todos ellos en nuestro tiempo : hablo del gran Boerhaave. Este singular ingenio, después de apellidar la enfermedad de Viruelas hasta ocho veces con el nombre de epidémica y contagiosa , dice : Este maE üunque epidémico^ se con^ trae por contagio cmnunicado por alguna persona , que ántes le padezca ^ .

14. Tomas Sidenham llama varias veces epidemia

I Malum hoc , licet epidemicum , contagio suscipitur commiinicato ah ho^ mine , qui prius laboravit, Boerhaave Aphor. de cognoscend. ^ curand. morb. pág» 270.

á las Viruelas, y epidemia tan universal^ que dice: Sobrecogiendo con su contagio familias enteras^ no perdonan á nadie ^ sea de la edad que fuere ^ á no ser que las haya padecido ántes ^ .

15 Por tan maligno y contagioso considera este afeifto el juicioso Ricardo Mead, Médico de su Rey, y llamado con razón el Galeno de Inglaterra , que en todo el Tratado de Viruelas las llama á cada paso pestilenciales: Constando^ dice, suficientemente délo expuesto , que las Viruelas son de aquella casta de en^ fermedades^ que se llaman pestilenciales ^ (Be. Bien es verdad, que aunque este Autor advierte, que las Viruelas son de naturaleza de peste, como halla que los síntomas que las acompañan se distinguen de los de la peste verdadera , se ve en la precisión de llamarla peste de su propio género 3. Pero tan uniformes reconoce que corren estas dos enfermedades, que no so» lo dice, que son semejantes en el ser de contagiosas 4, sino que las halla análogas en muchos de los sucesos, que ocurren en una y otra ; y finalmente se determina á asegurar, que la misma esperanza podrémos tener de hallar antídotos, ó específicos contra la peste, que contra las Viruelas

16 Y en efeño es de creer, que apenas se dexaria

1 Integras familias contagio suo af fiantes nemini parcunt , cuju^cumqae

deminn cetatis is fuerit , nisi prius koc morbo labor averit, Thomas Sidenham tom, 2. pdg. 79, ♦'

2 Quum ex iis y qiice jam exposuimus y satis constet , Variólas ex genere iliorum esse morborumy qui pestilentes vocantur y ”^c, Ricardo Mead de Varioí. pág^ 35.

3 Sané Variolce vera pestis sunt sui quidem generis. Idem in Prccfatiorh pest. pág. lói.

4 Idem traía, de Pest. pág. 200.

5 Ricardo Mead tracl. de Pest, pág. soo.

ver esta peste particular en el mundo, quando se presentaría sin duda con los mismos caraétéres que hoy dia : á lo. ménos lo que de tiempo inmemorial se sabe por tradición de quantos han hablado de ella es , que fue siempre tan contagiosa como lO es a£lua!mente. Así lo dice Martin Lister, Médico que fue de la Rey* na Ana de íriglaterra

ir Y no hay duda que tan sangrienta y rebelde fue siempre esta dolencia , que sobrepujando en permanencia y extensión á todas, apénas otra que la misma peste verdadera podrá disputar la competencia en quanto á contagiosa, según lo asegura un Médico tan grande como Federico HofFman ^ . Finalmente con estas voces de epidémica y contagiosa la nombran Wer* lofh, Gorter, Huxham, Tissot, Sauvages, Lobb, Haen, y otros infinitos Autores Médicos, que podría citar, á no ser un hecho, que está patente á todos,

i8 Mas si hoy generalmente se halla conocida la naturaleza de esta enfermedad , se ignora tanibien por todos su causa. En pocas cosas hallo que caminan los hombres tan discordes como en el juicio de ella. En las mas enfermedades hay esta desgracia ; pero aumentada hasta el grado ^de delirar en lo que corresponde á las Viruelas. Los Arabes, y aun hoy muchos con ellos, juzgaron por su única causa cierta cantidad de sangre viciada, que se comunica al hijo desde el vientre de

1 Illud quidem verissimum est^ á primis hujus morbi Auñoribus tradi^ tum^ quod ipsi etiam quotidie animadvertimus , Variólas esse de summé con* tagiosis cegritudinibus.

2 Tenendum , quod materia Variolarum semper sit indoUs fermentathce ^ suique multiplicativce , unde vix ullus alius morbus , excepta forsdn pesti* lentia^ adeo contagiosas, HoíFman Medicin, tysteuh tom, 4. seít. 1, pag.

su madre; per lo que dicen ser hereditaria. Otros considerároo por verdadera causa á unas panículas sutiles, volátiles, acres y aun causticas. Algunos de los modernos tomáron partido en la extraña opinión verminosa, de que se lisonjea ser primer inventor Christiano Francisco Paulin en una Disertación, que se halla en las Efemérides Germánicas ^ .

19 Pero dexando á parte estas opiniones, como parto de la imaginación y voluntariedad de sus Autores, oigamos ya lo que sienten los mas juiciosos Médicos acerca de la causa de las Viruelas. Sidenham dice, que ciertamente ignoramos qual sea la causa ó disposición de! ayre, de donde proviene el aparato morboso de peste y Viruelas, sobre que el vulgo necio y arrogante de los Filósofos no hace mas que delirar ; y veneramos, añade, la clemencia y bondad del Supremo Dios, que con justísimo derecho ha querido reservarlo para sí ^ .

20 Ricardo Morton 3, que trata de esta enfermedad con tanta energía y extensión como Sidenham , si no con igual acierto, pretende, que es produflo de un veneno adivo , que insinuándose hasta los espíritus , vicia toda la masa de los humores con un daño particular. Mead 4 , sin embargo que considera ardua empresa , y aun algunas veces inútil la de investigar las causas de las cosas, en todo va conforme con el mismo sentir. Yo no sé que le haya ocurrido á otro que á Federico HoíFman ^,!a extraña conjetura de que la

1 Ephemericles Germanicce tom, 8 pig. 182. secund» edit»/

2 Thomas Sidenham tam. i. pig. 64.

3 Oper. Medie, tra£i. de^ebribus inflam. pig. ^6,

4 De Variolis , pig. 37A

5 Medícin. syjtemat, tom. 4. setí. i. pig. 144.

cauáa de ks Viruelas ^ ó por mejor decir , su fómes, le tenemos encerrado en ciertos vasillos , especialmente de la médula espinal, donde está oculto y envuelto en viscosidad. Bien creo yo que esta opinión será tenida por ridicula, aunque su Autor podrá también estar seguro de que no habrá jamas quien le haga demostración de lo contrario.

21 Nadie debe extrañar, que en materia tan dificultosa anden los hombres palpando tinieblas. Yo he procurado registrar los Autores de mejor nota, que tratan de Viruelas, y advierto, que los mas sabios, ó nada dicen de su causa , ó muy poco, y siempre con duda. Por tanto será preciso contentarnos con la opinión mas verosímil á falta de la verdadera ; y para poder formar alguna idea de ella, conviene de antemano considerar, como quiere Gaubio dos principios para contraerse qualquiera enfermedad: estos son, como llama él: Semina morhorum ^ ó semillas de las dolencias ^ que es lo mismo que predisposiciones para recibir la enfermedad; y potencias nocentes ó poten-- das nocivas ^ que son todas las cosas , que tienen adlvidad para producirla en un cuerpo, que se halla con las dichas predisposiciones; de modo, que á la concurrencia de estos dos principios llama únicamente causa de enfermedad; bien entendido, que ni la potenda nociva obra sino en cuerpo dispuesto á recibir su impresión, ni la predisposición seminal produce la enfermedad, miéntras no llegue á excitarla el agente, que tenga aélividad para ello. Conviene á mas de esto dexar presupuesto , que se requiere una nnutua afinidad entre ámbos principios, para que conspiren á un

I Patholog, pag. 32. n, 74.

mismo efefío; porque de lo contrario uno á otro se destruyen: pues el contagio v. g. de Viruelas no se recibe en quien tenga qualquiera disposición para enfermar, sino solamente en quien posea aquella específica y perfeffa aptitud, con la qual tenga afinidad semejante contagio; porque disposición universal para todas las enfermedades no se da , como ni tampoco se da sanidad tan completa, que resista á todas; de donde proviene el que algunos, en virtud de su particular disposición, resistan, y jamas contraigan ciertas enfermedades, y con facilidad incurran en otras. Esto supuesto, y que las semillas de las enfermedades, tanto comunes, como propias, residen igualmente en los sólidos que en los fluidos ^ ; pues del agregado de ámbos, como fundameniales elementos, se compone la fábrica del hombre; se hace preciso reconocer, que así como ámbos, mientras conservan el movimiento recíproco, constituyen la vida y la fuerza vital, que es inherente á los dos ® , así también en los sólidos del mismo modo que en los líquidos se halla la verdadera causa predisponente de las Viruelas y de las demas enfermedades.

22 Ahora se entenderá ya con toda claridad, que sí á esta predisposición, á quien con Werlofh llamaremos fómes quando está en aptitud, se juntase el contagio varioloso, que es quien posee la potencia nocente, no hay la menor duda, que puesta la causa ya en estado, es absolutamente necesario e^l^ efeélo, quando ía causa llega á tener las últimas disposiciones necesarias para obrar. Querer pasar mas adelante, pretendiendo saber en que consiste, y de que naturaleza sea

I Gaubio Patholog. 313. n, 690.

3 Lkm pi¿. 77. n. ií>2. ^ 187.

el fómes innato, y el veneno contagioso, nadie quizas .alcanzará jamas á explicarlo, como dice Werlhof ^ .

23 Sobre estos conocimientos tomados así en general se podrá formar alguna idea no inverosímil de los particulares y distintos fenómenos, que se observan en esta enfermedad,

24 En primer lugar se dexa entender por que en la Europa , Asia y América no se padecieron Viruelas antes del quinto siglo: siendo la razón, que aunque en los hombres habia entonces el mismo fómes que ahora , no obstante faltaba todavía el contagio, que hasta aquel tiempo estuvo reducido solo al recinto de la Etiopia , con)o ya diximos.

25 Se explica también porque ahora, supuesto el fómes y el contagio, no padecen Viruelas todos generalmente quando la epidemia prende en un pueblo^ y es la razón , que el fómes no siempre tiene aptitud para que se le una el contagio, ó aun quando se unan ámbos, podrá no tener efedio la enfermedad por falta de aflividad en uno ú en otro: del mismo modo que el hombre y la muger no siempre gozan de aptitud para la generación 5 pues ó por corta ó larga edad experi^ mentamos ineptas las partes destinadas á aquel uso; y aun prescindiendo de esto, se observan innumerables aflos propagativos infruétuosos por falta de disposición en alguno de los dos concurrentes.

26 Lo que co;iiunmeníe se tiene observado es, que de cierto número de personas muere una sin padecer Viruelas; y aquí se deberá quedar en pacífica posesión ia duda de s¡ esas carecían del innato fómes, ó si este quando vino el contagio no estuvo apto á re-

1 De Varhiis p 'g, 31.

14 _

cibirle , ó s¡ el que falleció sin haber sufrido la dolencia es de aqiieüos, que padecen la calentura variolosa sin Viruelas ; esto es, que el veneno de las Viruelas, cocido por la naturaleza, termina por sudor, orina ó cámaras, 8re, en vez de brotar por eí ámbito del cuerpo en lo que llamaroos Viruelas, de cuya calentura escriben ya hoy día todos los modernos. Yo tengo una hija, que la padeció e! ano de 1^69 en medio de la epidemia con los cooiunes aparatos fuertes con que caJ^éroo los que no íoviéron igual fortuna. Del mismo modo se podrá explicar el por que quien ha tenido legítimas Viruelas una vez, no las vuelve á tener regularmente, ó rara vez sucede que le repitan; pues siendo cierto, que aquel fómes particular varioloso se extinguió por lo común con la expulsión de las Viruelas, faltó desde entonces el sugeto en quien se había de recibir el contagio; cuya particularidad tiene raros exempíos en las demas enfermedades. No obstante se lee, que en la peste de Atenas el que se libertaba una vez, jamas volvia á caer en ella ^ . Waosvieten primer Médico de la Magestad Cesárea, dice, que habría treinta años se extendió por casi toda la Europa una peste, que solo la contraían los bueyes; y que en aquellos países de Alemania la res que convalecía, nunca ó rara vez volvia á contraería.

2j7 Rara es la condición del fómes varioloso innato al hombre. Por mas alteracioneí' que padezcar#' sus humores con la edad, con la mutación de alimentos, de países y de vida, y aun con el notable trastorno que se experimenta en las enfermedades, ni se evacúa,

1 Thucid. Hist. ds la guerra de los Pelotón, y Atenkns, pdg, 43.

2 Comment, A^hor. tom* 2, pig. 57.

ni se disminuye, ni menos se pone en acción de producir Viruelas, hasta que se le mezcle aquel determinado miasma contagioso, que le es análogo; pues al modo que en la Chimica se observa con muchos licores , que aunque se agiten y mezclen con otros de distinta naturaleza, no padecen la menor alteración, hasta que llega aquel particular menstruo ó fermento, coa quien para estrecharse íntimamente, y reducirle á ’su misma naturaleza producen fermentación ; así también luego que el fómes y el contagio llegan á unirse al punto según el buen ó mal aparato del sugeto, se sigue la mayor ó menor alteración y perturbación de toda la máquina animal , y la alternativa de síntomas mas ó menos graves, adquiriendo todos los humores aquella particular condición de veneno contagioso, del que la naturaleza gobernada por sus ciertas leyes consigue por lo común libertarse por medio de la despumación al ámbito del cuerpo.

28 Así queda á mi ver explicado el modo de producirse las Viruelas lo mas clara, natural y sencillamente que me ha sido posible, y conforme al sentir de los juiciosos Médicos modernos, de quien^^s, para corroborar el mismo didámen, solo pondré ia autoridad de Werlhof, por no molestar con otras muchas que pudiera. Por ámbas partes creo que se ha padecido equivocación, así por los que se persuadieron, que >> todo el materia¿de las Viruelas nacia con nosotros mismos, y se sazonaba y desenvoivia por sí, como por los que le consideráron originado únicamente » de solo so contagio, y del estado del ambiente, sin concurrencia del fómes interno

I Utrimiue erratum esss puto , tum ah iis qui connatam nobis totam

29 Expuesto ya quanto ha parecido mas concerniente para poder formar un juicio probable de lo que son las Viruelas y sus causas, continuarémos con algunas reflexiones, que nos conduzcan sin violencia á establecer un método seguro de precaverse los Pueblos de esta enfermedad, que con tanto perjuicio suyo están sufriendo.

30 Nadie ignora, que el dia de hoy casi todo el mundo gime baxo de! yugo de esta cruel dolencia; y que desde que se dexó ver en él, y fue esparciéndose por tan vastos dominios, como hoy dia abraza , siempre fué haciendo estrago, especialmente en los niños. Su afíividad es tan podci^osa, que ni el invierno la amortigua, ni los ayres la disipan del todo, ni hay población alguna que la resista. Finalmente esta enfermedad es el mayor enemigo dequantos hasta aquí han declarado guerra a! Género Humano; pues tira á destruirle, y logra minorarle en notable grado. Ricardo Mead dice , que desde que esta y otras pestes se nos comunicaron del Africa, ha rebaxado lastimosamente el numero de los habitadores de la Europa. Solo en París, asegura un moderno, moriéron de Viruelas veinte mil pesooas en el año de 1^23 : y Mr. Tissot ^ en su Tratado de la Inoculación dice, que en Mompeiler muriéron mas de dos mil, durante solo los tres meses de Junio, Julio y x^gosto. El cálculo que forman algunos Ingleses es, que de síd e virolentos muere uno; y aun Mr. Jurin por cómputos hechos en d¡-

Variolarum materiem judicaverunt , IC per se sponte mutari evolvr, tum qui sine interno fomite á soío illarum contagio , aprisque externi statu umeé derivanint,

i Tra^, de inoeulat, pdg. 1 7. .

ferentes países, diferentes tiempos y diferentes epidemias, pretende, que muerea de trece dos. Aunque entre nosotros no calculemos mas que de diez uno, es bastante para deducir, que si en España hay, como dicen, diez millones de personas, perecerán en el discurso de setenta años (que será lo que tardará en hacerse una renovación de otras tantas como hoy existen) im millón de ellas, ó muy cerca, aunque se rebaxen algunas, por los que no las padezcan,

31 Es cierto, que al ver tan desmedidos estragos como por todas partes ha ido causando siempre esta enfermedad, no han faltado quienes hayan hecho quantos esfuerzos les han sido posibles para disminuir su fuerza , y aun precaver su daño : mas como sus esperanzas solo se fundáron en !a débil aéiivldad de algunos específicos, fué tao poco feliz el suceso, que esta terrible epidemia se haüa hoy día tan doa i.iaríte como siempre en onos países 5 y en otros, en donde con la inoculación han querido hacer , digámoslo así, del ladren fiel, aunque es cierto que consiguen debilitar su fuerza, es en verdad á cosía de concedeila involuntariamente mas extensión en su dominio 5 y de traer tal vez forzados ( siempre que no se tomen ¡as debidas precauciones) á que paguen mona! tributo á esta tirana peste á los que acaso quedarian libres 5 ó á qrie marcados con el sello de alguna deformidad , publiquen para siem/^e haber sido sos esclavos. Es verdad, que una de las ventajas que se alegan á favor de esta invención, es el perderse muy poco de !a natural belleza con que cada uno nace; y así el motivo que tuviéroa los habitadores de la China para inventar este arbitrio, no fué otro que el ver que esta enferme-

dad era en los niños menos perniciosa , y no los desfiguraba tanto como á los adultos^ sobre cuyo conocimiento y e! que tenían de que era contagiosa, se dedicáron á procurar que nadie saliese de !a niñez sin pasarla. Comunicaban pues la materia variolosa de unos en oíros, al principio por medio de hilas ó algodón retorcido y empapado en la materia de las Viruelas, ó en los polvos de las costras secas, que iní reducían por e! cañón de la nariz, y después por medio de las incisiones^ cuyo uso es el que se conserva como mas benigno en sus efeftos. Pero ya que hemos empezado á hablar de este plausible invento, parece razonable apuntemos, no solo su origen, sino íambiea los pro-» gresos y estado que tiene en el día.

32 Apénas pusiéroa por obra los Chinos lo que Ies diñaba la razón sobre el fundamento de lo mismo, que la atenta observación les enseñaba, guando viérori correspondían los sucesos aun mas felizmente de lo que ellos esperaban. No se sabe el principio de esta invención en aqoe! Imperio: lo mas que se ha podido averiguar es ,000 ha doscientos años que la adoptáron los Circasianos, pais del Asia, á diez leguas del mar Caspio. Entre estos pueblos, como se tiene por uno de los principales comercios el tratar en esclavos, hay la ostumbre de vender los padres pobres sus hijas, rama de tráfico el mas seguro que se ha conocido hasta el presente, porqoanto estriba sobre eVgusio de la pasión mas dominante, y que no se sujeta á la veleidad de la moda. Por lo mismo les fué muy importante el hallazgo de un medio, que conducia á conservar tan precisa mercancía 5 pues multiplicaban notablemente sus intereses con la conservación del género y de la hermo-

5ura en el bello sexo. A esta invención se dice que deben las miigeres de la Circasía y Georgia el ser las mas hermosas de iodo e! mondo; pero creo que hay exageración en esto. El famoso Botánico Joseph Pitton de Tournefort , hombre erudito y exáSísimo en referir cuanto vio en el viage^ que hizo de orden de Luis el Grande á Levante, tuvo la curiosidad de quererse informar de esta vulgaridad por sus sentidos; y habiéndolas visto y tratado con cuidado, dice, que no son desgraciadas; pero de ningún modo hermosas, ni de la agudeza de nuestras ciudadanas; y el motivo de parecerlo , añade él mismo, es por los muchos adornos, afeyíes y ungüentos con que se aderezan; de cuyo abuso, por mas que los Padres Capuchinos Misioneros las han predicado, no han podido apartarlas.

33 Desde la Circasía tardó muy poco en comunicarse este método á la Georgia y Provincias comarcanas, hasta que llegó su uso á Constaotinopla en el año de i6p’3 por medio de una vieja de Tesalia, que le había exercido muchos años en Circasía. Esta fué fingiendo, que la Virgen la había revelado el método de inocular, con la circunstancia de hacer las incisiones en forma de cruz, á cuya diligencia se debía el buen éxito; y como la práQica favorecía so rriétodo, inmediatamente le adoptó el populacho Griego , como gente dada á la superstición. Luego le abrazároo los Armenios y Europeos^y finalmeníe los Turcos, 'que por mucho tiempo le rehosáron, porque su religión no les perniitia procurarse otros males que los que el cielo envía, pero por ultimo se acomodaron á la costumbre en fuerza de los buenos efeflos que observaban. Esto no obstante se ignoraba del todo en la mayor parte de

la Europa que cosa fuese la inoculación , hasta que en el ano de 17x3 Mr. Timoni, Médico en Constantinopla ^ el qual había estudiado en Inglaterra, se lo comunicó á Mr. Woodvvard , Médico del Colegio de Londres.

34 Pero ya fuese que este Médico y sus colegas no lo aprobasen , ó que á ellos se les ofreciesen grandes obstáculos en su establecimiento, lo cierto es, que fue repudiada por entonces, y que se consideró su uso por bárbaro é inhumano.

35 Finalmente en el año de 1^21 comenzó la época de su establecimiento en esta parte de la Europa por la diligencia de Madama Wortley Montaigu, Camarera de Inglaterra, Esta Señora, siendo Embaxadora en Consianíinopla, inoculó á un hi]o suyo con una fe! ¡cidad poco acostumbrada, y luego que se restituyó á Lóndres, agradecida al beneficio, trabajó quanto pudo para persuadir en ¡a Corte las ventajas que se lograrían con la admisión de este apreciable descubrimiento.

36 Con efeño !a Princesa de Gáles mandó á instancia suya inocular en el mes de Julio de 1^21 á quatro hombres y una muger, que estaban condenados á muerte, y no habian padecido hasta entónces semejante achaque ; quienes le pasaron con la misma felicidad. En, vista de este y otros prósperos sucesos dicha Princesa hizo inocular en la Pr¡mav*u"a siguiente á sus propios hijos^ cuyo exemplo fué imitado cada dia mas per ios cortesanos, y á proporción se extendió el método por todo el Re y no. Sin embargo en los principios no" fué tan generalmeote adoptado por todos, que no hubiese algunos que íe quisiesen hacer frente, juzgán-

doíe por invento diabólico; y llegó el caso de predicarse contra él el año de 1^24 en el pulpito de la Iglesia del Hospital de San Andrés, donde se pintó la inoculación como una obra infernal y un don de Satanas.

37 Desde Inglaterra fue trasplantada sucesivamente la Inoculación á sus Colonias* Mr. de la Condamine dice, que llegando él al Pará, ciudad situada al principio del rio de las Amazonas, en el año de 1^744, halló entablado allí su uso, que un Misionero Carmelita había introducido quince ó diez y seis años ántes sobre la fe de una gazeta de Europa, donde se daba noticia del asunto.

38 En varios parages de la Europa es notorio á todos , que se exerce este nuevo método con bastante felicidad. Los Franceses le rechazaron al principio con menosprecio , porque ya se había naturalizado en Londres. Así lo dice Tíssot, y añade, que las Francesas han querido mas arriesgar su hermosura, que deber su conservación á una práélica, que Ies venia de Inglaterra, cuyas modas jamas quieren recibir ^ : y otro moderno mas libre lo confirma; pues llega á proferir, que ios Franceses desde luego hubieran adoptad© la Inoculación por capricho, si los Ingleses la hubieran abandonado por inconstancia. No obstante en medio de esta oposición nacional la van adrhítiendo con las precauciones que necesita su uso, para no ser rechazada, como lo fué en otríf^tiempo.

39 No se puede negar, que la Inoculación ha producido muy buenos sucesos; pero aun sus mismos patronos es preciso confiesen, que no son aquellos tan completos como se ponderan. Siempre que la crítica se

I Inoculíit, justifióe pág. 6,

ha hecho con imparcialidad, se han hallado menos prodigios de los que se hablan publicado, y aun pudiéramos añadir algo mas. El clarísimo Ludvigio, Decano de la Facultad Médica de la ciudad de Leipsic, en una carta escrita al famoso Inoculador Baltasar Traíles le dice, que á un mismo tiempo asistía á ,quatro inoculados y á doce de Viruelas naturales, y que de los primeros se le murió uno, y ninguno de los segundos, en medio de que se hallaban entre los doce algunos á quienes no se les había admitido á la inoculación , por considerarles á la sazón mal complexionados.

40 Y sin embargo que de buena gana confesarénios, que por medio de este aplaudido invento legran muchos pasar sin notable molestia tan cruel y rigurosa enfermedad 5 no nos habrán de negar sus promovedores, que sobre no ser medio tan seguro, que no perezcan con él algunos según la falta de precaución con que generalmente se praflica , resulta también del mismo abuso el gravísimo inconveniente de propagarse mas y mas el contagio. Buenos testigos de esta verdad •son los Franceses, que por esta razón la prohibiéron años pasados, y los mismos países de Alemania, donde corresponde el fruto al cultivo. En tanto grado ha crecido la semilla en aquellos dominios , que el Emperador mismo, que la protegía, mandó poner coto á la sementera : tal vería que era el estrago que se seguía á vueltas de algunas felicidades ^^pues no es creíble mandase suspender una dicha, si fuese común y constante.

41 Finalmente Londres, cuya Corte se esmera con exáflitud entre otros ramos de su policía en saber quaníos nacen y mueren en cada año, y de que enfer-

inedadeSs pone á la vista de todo curioso la Necrología ó numeración de los que murieron de Viruelas hasta el año de 1J755 en los veinte y dos años anteriores, que fuéron los mas famosos en la freqüencia de inocular por aquel Reyno, y asciende al número de 43^^975 personas^ y poniendo á cotejo estos veinte y dos años con los veinte y dos inmediatos precedentes , en que semejante invención no se exercia , hallamos, que no habiendo muerto (según consta de la misma Necrología) mas que 36^^530, lo que se logró con ella fué que perecieron con la inoculación ^§^445 mas que en igual número anterior de años, de las mismas Viruelas. Siendo esto así 5 como lo parece , yo no sé que razón haya para permitirse, que sin mas rigurosas precauciones tenga entrada en los Pueblos este invento, anticipándose á procrear una enfermedad, de que podrian libertarse por otro medio mas seguro, de que tratarémos abaxo,

42 Yo no soy contrario de la Inoculación, si se hiciese con las cautelas correspondientes, como diré después 5 pero prefiero otro arbitrio mas seguro y ménos gravoso , con que se puede emprender , no solo una cura paliativa, como la de !a inoculación, sino establecer una radical con que extinguir esta peste: este es el propósito de mi Disertación.

43 ¿Habrá acaso alguno que asegure se han apurado los recursos ^agotado las diligencias para poder esperar otro alivio en esta dolencia? Que el enemigo es grande nadie lo duda 5 mas que importa? Si otras innumerables epidemias con que se ven afligidos los hombres en determinados tiempos tuvieron término; ¿porque nos hemos de persuadir á que esta ha venido

sellada con el privilegio de permanecer entre nosotros hasta la consumación de los siglos? No ignoro, que algunos Médicos zelosos de la salud pública se han desvelado por ver si hallaban antídoto para precaver de Viruelas, ó específico para moderar su afiiividadj y que no ha faltado quien uno y otro haya creído haber encontrado , según dexo insinuado ántes. Ademas Mr. Fierre Dubois Violer, Cirujano de París , en su lluevo Tratado que dio á luz sobre las enfermedades venéreas en el año de , se lisonjea haber descubierto un arcano en ei mercurio para poderse preservar el que quiera de las infección de las Viruelas; pero este desgraciado invento, que con temeraria inconsideración, como dice Astruc, se atribuye á sí, ¡que poca aceptación ha tenido en el Público, no obstante que tan necesitado se halla de él , y que con no ménos Ínteres de! Autor que del Género Humano, se hubiera ya propagado á todas partes, si hubiera sido cierto! A mi ver el citado Escritor creyó residía en el mercurio esta virtud preservativa. ¿Mas para que hemos de gastar tiempo en impugnar un hallazgo, que yace sepultado en el olvido, y fué parto de !a imaginación de un hombre, que estuvo muy distante de conocer la naturaleza, causas y remedios de las Viruelas, como lo dice su mismo paisano Asrruc? 'Fuera de que no es la nación Francesa tan descuidada de sus glorias, que hubiera malogrado la oeasioo de podet^^jpublicar con honor suyo este invento tan esencial para ella propia y para las demas Naciones, si le hubiese considerado tal.

44 Supongo que aun hoy dia no faltan quienes sean del mismo sentir; pues solo porque ven, que quando en los virolentos la acción vital está mas irri-

tada 5 y emplea los mayores conatos para cocer y sacudir á la periferia el material varioloso, elige por uno de los medios para su desahogo el pthialísrao , al qual miran como feliz auspicio ^ infieren , que solicitada de antemano esta evacuación con el mercurio, se lograrla la indemnización de las Viruelas : mas yerran en tener por crisis lo que es síntoma , según Morton ^ ^ Pero los que mis bien se persuaden á que el mercurio puede ser específico contra las Viruelas ,500 los que consideran por causa de ellas á los inseQos , fundándose sobre lo que tiene este precioso mineral de antivermiooso^ mas en uno y otro se equivocan igualmienie.

45 No obstante quien con algún motivo ha tenido razón para poder esperar que lo fuese el Etíope mineral, es Theophilo Lobb ^ , Dodor en Medicina é individuo de la Regia Sociedad de Londres. Este ingenioso Medico nos ofrece cinco observaciones de haber administrado dicha preparación del mercurio con feliz suceso en personas , que se hallaban al parecer contagiadas y con las disposiciones del primer período febril de las Viruelas ^ y que atenuado ó desfigurado el material varioloso , se disipó por insensible transpiración, segiin su juicio, excepto uno en quien brotáron algunas de buena índole ; pero este es remedio cuyo uso puede ser arriesgado, como dice Huxhan 3 * y solo en ciertos casos podrá tener lugar, siendo manejado Médicos sabios, que sepan contener ios estragos que puede ocasionar.

46 Boerhaave 4 fué el primero que hizo la pun-

I Trañ, de Fehrib.infíamat. pág. 71.

2 Traite de la petite Verole pág. 198.

3 Essai sur ks fiebres pág. 170. 4 Aphoñsm. n.

íería bácia este blanco 5 sobre el supuesto de que solo podría ser específico para esta enfermedad contagiosa aquel que tuviese aéJividad para destruir el contagio varioloso recibido ántes que transforme en su propia naturaleza los demas humores, ó que pueda volver á estos incapaces de ser transformados 5 cuya adividad creyó se haiJaba en el mercurio. Pero para que se vea que los mas útiles descubrimientos de la Medicina no se deben á ía fuerza de los discursos ni sutilezas, sino al acaso 5 experimentamos el dia de hoy sepultado en el olvido este invento, por mas que fue oido explicar al gran Boerhaave,quando le escuchaban como á Oráculo sus discípulos, y vemos extendida por todo el mundo la inoculación, que acaso habrá debido en la China su origen á alguna vieja ignorante.

4^ Frederico Hofman en el libro segundo de su Methodus medendí cuenta , que conoció él mismo á un sugeto, que con el secreto que poseía de unos polvos, impedia que brotasen las Viruelas^ aun qiiando hubiesen comenzado á salir algunas pintas , y esto sin perjuicio de la salud. Pero yo extraño, que si fué así como lo refiere, se descuidase Hofman en haberle procurado saber á qualquiera costa, y vitupero la vileza de ánimo de quien cruelmente privó al común de semejante arcano, en caso de que haya realmente existido.

48 En vista pues de que nos hai||imos hasta ahora sin específico alguno contra un enemigo tan poderoso^ ¿será por ventura en vano qualquier diligencia, gasto y eficacia que se ponga para inteoíar su total exterminio? ¿Habrá quien repute con razón de temeraria la empresa de una viñoria , que se concibe asequible? Hasta aquí no hay otra cosa que exemplares sin núme-*

ro de haber logrado libertarse de las Viruelas todos los que vigilantes lo solicitáron con tiempo y con aS¡- vidad. Entrar pues en un empeño con ánimo de conseguir lo que otros alcanzan 5 me parece que es resolución prudente, y es manejar las armas de la razón con esperanzas de vencer. Sin embargo un óbice se oie ofrece y harto extraño, que es considerar poco menos que imiposible reducir á rodos á cooperar con igual eficacia al logro de tm bien igualmente litil á todos.

49 No obstante como mi proyedo admite y aun supone la protección del Gobierno, cuya autoridad puede reunir las voluntades de todos hácia la felicidad pública^ esta consideración añadida á la notoriedad de su importancia y á la sencillez del arbitrio, que propondré por punto general, alienta mi esperanza de que se consiga la empresa, Pero áotes de manifestar el plan , que ya queda de antemano insinuado, y se reduce á pocas palabras , se hace preciso sentar la basa de algunas reflexiones sobre que ha de apoyarse.

50 Sea la primera la de que por constante testimonio de quantos Autores Médicos tratan de Viruelas se sabe que esta es enfermedad contagiosa 5 y por tanto en común sentir de los mejores Prádicos, solo por contagio se padece,* como ya he probado, y lo demuestra la experiencia á cada paso 5 por lo qual en qualquier estación del año que llegue el contagio á un pueblo, puede exteUj^erse por todo él, si no hay precaución que lo ataje, como sucedió el año pasado de 1J769 en Cs^íte Real Sitio de San Lorenzo , que comenzando la infección á fines de otoño del antecedente , tomó su mayor aumento en el rigor del invierno, y calmó del todo en la primavera 5 cuyo exemplar falsifica la opi-

Ilion de los que sin reflexión dicen, que esta epidemia suele venir con !a primavera y el verano, solo porque vea, que eo estas estaciones se aumentan con el calor su podredumbre , propagación y estrago.

51 Eo confirmación de esto digo, que no hay noticia verdadera hasta aquí de que jamas se haya visto en ningún pueblo de la Europa declarada esta enfermedad en individuo alguno, sin que haya precedido contagio^ esto es, por puro destemple de sus humores , ó de los elementos y demás causas ocasionales de las dolencias comunes. No me detengo en esforzar este aserto, por ser tan manifiesto á todos. Los archivos de las Islas dei Mediterráneo nos aseguran , que pasan á veces decurias de años sin dexarse ver las Viruelas hasta que llega á sus puertos algún virolento, que se las comunique dentro ó fuera de la embarcación.

¿2 En la Isla del Hierro, una de las Canarias, había muchos años que no se observaban Viruelas, hasta e! de 1651, en que arribó un Buque Dinamarqués, donde iba lio muchacho convaleciente de ellas. Este dio su ropa á lavar á una moger, á quien inmediatamente se propagó el contagio, y de ella pasó á otros, hasta que se hizo universal la epidemia en esta y todas las demás Islas adyacentes, no sin horrible estrago. Dice Ricarda Mead , que navegando un amigo suyo comerciante desde Olanda á las Indias Orientales, al doblar el Cabo de Buena Esperanza se detuvo para descansar una temporada, con cuyo motivo se acercároa los Salvages de la costa, y se ofreciéroo á servirles en quanío pudiesen , como tenían de costumbre; y entrando y saliendo para esto en la embarcación , donde traían algunos enfermos con Viruelas, participáron del

contagio; el qual, propagándose de unos en otros, prendió en breve tiempo en muchos, y conociéron, que el mal era pegajoso. Viendo esto una porción de los que se hallaban libres de ellas , pero con el temor de contraerías, se retiráron á un valle, donde defendidos con un parapeto se negáron al trato y comunicación con ios otros , impidiendo se acercase á ellos ninguno de los contagiados , con las flechas en las manos ; á cuyo arbitrio debiéron la preservación de las Viruelas.

53 Y si pueden producirse sin contagio ó por su propia naturaleza, como quiere Fracasíorio, pregunto: ¿como no se dexó ver jamas esta enfermedad en la Europa hasta la entrada de los Sarracenos, y en ia América hasta eí tiempo de nuestras conquistas? Los humores de; hombre son los mismos ahora que eran entonces, las causas naturales para poder enfermar subsisten del mismo modo. Yo no sé pues con que razón profiere Fracastorio proposición semejante, !e dice con razón Weriohf quando entre nosotros apenas alguna rarísima vez y quizas nunca se ve verdaderamente, que sin contagio precedente se produzcan las Viruelas 2 .

54 Bien creo yo, que algunas veces se comunica el veneno varioloso por tan ocultos medios, que no es fácil percibirlo, y entonces es quando se cree que han sido producidas las Viruelas sin contagio. A este modo fué lo que aconteq^ó á aquella jovencita, de quien refiere Weriohf que recibió una carta de un hermano suyo, que estaba distante de atlí y enfermo de Virue-

1 De Variolis pág. 25.

2 Si quid judicOy Ínter nos vix^ aut forte ne vlx quidem^ sins contagio pro^ ducuntLíf Varioíce,

las , y la guardó , llevándola consigo unos dias ; y quando estaba sin el menor rezelo de esta enfermedad, porque á la sazón no las había en aquel pueblo , cayó mala , brotándola un golpe de Viruelas con que inficionó á otros quatro de su casa y á los vecinos.

55 Quaiquiera á mi entender se persuadirá á que así esta, como las demas pestes .son comunicables comunmente á los que habitan en las inmediaciones de los contagiados donde las exhalaciones pútridas forman su atmósfera particular mas ó menos dilatada, según el número de los enfermos, benignidad ó malignidad , clima del país y estación del año.

56 Igualmente es á todos manifiesto, y la experiencia lo está acreditando á cada paso con millares de exemplares , que todo el que en tiempo ( esto es, luego que las Viruelas lleguen á un pueblo) se ausenta de é!, . no las padece ; y así en esta, como en todas las demas pestes el mas seguro remedio preservativo es huir de ellas : el temor de Dios se da por supuesto en todas las ocasiones, y observar para volver lo que se contiene en el siguiente dístico :

H¿:ec tria tabificam tollunt adverbia pestem : longé^ tardé^ cede^ recede^ redi^

Que podría traducirse así :

% ,

De la mortífera peste tres diligencias libertan M pronta salida pernota distancia y muy larga ausencia.

5^ Fuera de que aun quando llegue á un puebla un contagiado y permanezca en él hasta que le rom-

pan las Viruelas, si luego, antes de llegar al estado de la supuración, se le aparta del recinto y sus arrabales, á nadie se le comunicará el veneno ^ pues no tiene hasta este tiempo suficiente aftividad el contagio para comunicarse á otro ; y si para entonces está distante de la población el enfermo, se halla también léjos de contagiar á ningún habitante de ella.

58 De lo constante de este hecho apértas habrá donde se puedan descubrir mas ejemplares que en este Real Sitio de San Lorenzo , donde por el justo respeto debido á nuestros Soberanos se ha procurado de tiempo inmemorial observar escrupulosamente la diligencia de separar á un quarto de legua de aquí , y colocar en la Ermita de nuestra Señora de Gracia á qualquiera que por acaso llegó al pueblo con el contagio de Viruelas,

59 Y si alguna vez hizo asiento la epidemia, como sucedió doce años ha , fué por empezar inmediatamente después que la Corte se había retirado 5 en cuya Ocasión , como se advertía léjos la restitución de Sos Magesíades al mismo Sitio, se permitió con aparente piedad á los primeros contagiados curarse en sus casas, de donde resultó la comunicación á muchos, y hacerse universal !a infección*

60 En la que hubo en 1769 se sabe , que los individuos de la comitiy^ Real nos la traxéron de la Granja , y se conserváron ocultos Io¿ ifirolentos durante la jornada , por el temor de ser expelidos al mismo tiempo que descubiertos; pero luego que S. M. y toda su Córtese restituyeron á Madrid , corrido el velo del respeto y del temor, se dexároa ver varios niños del Sitio contagiados; y añadiéndose á las razones arriba

dichas la de ser muchos estos, se Ies toleró, y fue haciéndose poco á poco universal la epidemia.

61 Mas fuera de estas ocasiones, que acreditan suficientemente , que la tolerancia de los primeros invadidos es la causa del estrago de los demas, son innumerables las veces Que iodo el común se ha libertado

de la epidemia de Viruelas, providenciando con el particular virolento lo que se ha dicho.

62 También es bastante notorio, que muchos pueblos, en que ha habido Justicias zelosas déla salud pública, han logrado la misma felicidad, poniendo en prádica igual diligencia^ mas este arbitrio tan útil á la sociedad no han podido observarle siempre todos los que lo han deseado; porque si el primer contagiado ha sido individuo de las casas principales del pueblo, la providencia regular ha tenido poca adividad para ser obedecida de los que á título de poderosos se creen exéníos de toda ley, que les incomode algo.

63 Sentado ya, como cosa evidente, que las Viruelas son una enfermedad , que solo por contagio se padece ; se sigue ser imposible las contraiga el que se halla distante de los contagiados y de so atmósfera’; y estando acreditada esta verdad por constante testimonio de todos los Médicos, y demostrada repetidísimas veces por la experiencia, se hace forzoso también confesar, que si por medio de un Decreto ó Ley diñada por el Soberano se emprendiese cofi zelo y vigilancia en todo el Reyno á un mismo tiempo el exterminio de esta terrible epidemJa , se veria toda la Península en menos de dos años libre de una plaga tan molesta y destruñora , como la que padece en las Viruelas.

64 Para lograr el fin de este no menos útil que

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vasto proyeQo, se deberán sníetar todos los pneblos , en cuyas inmediaciones hay Ermitas ó Casas de Campo, á destinar á este intento una de ellas, que sea !a mas distante que se pueda , por la razón de que estarán mas seguros de la epidemia quanto mas apartada la tenmao. Sin embargo en esto será preciso acomodarse á las proporciones de cada población , podiendo ser suficiente siempre que se encuentre alguna como á

medio quarto de legua poco mas ó ménos^ y si ser puede apartada de caminos pasageros.

65 Eq donde no hubiese Ermita ó Casa de Campo, será necesario que la edifiquen á costa de los Propios y Arbitrios del pueblo, ó entre dos ó tres comarcanos, ó que se valgan de! mas inmediato, que la tenga, para que en uso de la hospitalidad y buena correspondencia que ha de haber entre todos, puedan colocar en ella los que acaso incurran en esta epidemia. A falta de todo esto se podrá recurrir para obra tan piadosa á los caudales que suele haber estancados y sin destino en algunos pueblos , para que se empleen en levantar estos pequeños hospitales.

66 Sentado ya este arbitrio de Ermita ó Casa de Campo, como basa fundamental de nuestro proyedo, deberán ser requeridos y obligados baxo rigorosas penas toáoslos vecinos de cada pueblo, y en especial los Médicos y Cirujanos á que luego que en qualquier individuo de él se í'^sxe ver el contagio de la enfermedad llamada Viruelas, den cuenta á la Justicia, á fin de que esta sin la menor dilación providencie la separación del virolento al parage que de antemano se tenga prevenido.

6jt Procurarán anticipadamente los Facultativos

desimpresionar al vulgo deí error común que hay en creer^ que la translación de estos enfermos es arriesgada ; pues haciéndolo con moderado abrigo, lejos de causarles daño, podrá serles útil, si en el camino res^ pirasen un ayre fresco y puro en vez de aquel demasiado caliente, que tanto hasta aquí ha ayudado á hacer moríaí esta enfermedad f, contra cuyo abuso bárbaramente introducido y neciamente sostenido , apenas liaHao voces los juiciosos Médicos de nuestros tiempos con que declamar á su satisfacción.

68 Colocado ya el enfermo en su destino, y mantenido á expensas de! Común, si no se hallase el particular con medios para sufragar los gastos de una asistencia regular 5 podrá ser asistido por el Médico ó Cirujano en todo el principio y parte del aumento de esta enfermedad ,sin escrúpulo deque puedan participar del contagio, y comunicarle á otros 5 porque, como queda ya dicho , hasta este tiempo no es el veneno comunicable : pero por quanto desde que el humor contenido en la Viruela se va acercando á la supuración, comienza la materia á adquirir la debida disposición para inncionar á los demas , convendrá escasear quanto sea posible el trato y comunicación de todo género de personas , excepto de las que estén encargadas de su asistencia, que serán deí número de aquellas que las hayan tenido. Si el Médico ó Cirujano observase que son benignas, podrán excusar sus^vúsitas, después de establecida ei método regular, que deban observar los asistentes con el enfermo; y en caso de que por alguna urgencia se viesen obligados á irle á ver, se hace preciso, que para entrar á visitarle desde el principio de la supuración en adelante se pongan una bata

de lienzo 3 que les cubra todo el v^vStido, y se laven, las manos con vinagre aguado, qüe siempre ’ estará prevenido para todo el que toque al virolento , con el fin de evitar de este modo todo motivo de contagiar á los demás habitadores del pueblo 5 porque la lana y algodón son las ropas mas capaces de recibir y transportar la materia de los contagios.

69 La persona que se encargue de manejar inmediatamente al virolento, y suministrarle quanto necesite, convendrá cubra sus ropas ó trage ordinario con otra especie de bata de lienzo, que le tape desde el cueüo hasta el calzado^ y como desde que comienzan á madurarse las Viruelas hasta la total desecación y caída es el tiempo de comunicarse , pegándose la materia á quanto toque el virolento, debe entonces aumentarse á proporción la vigilancia del enfermero ó enfermera á fin de que ninguna otra persona se arrime ni toque al paciente ni a la ropa de su cama. Este mismo cuidado deberá tenerse con la servilleta , toballa , pañuelos , taza , plato y cuchara, y gualqoiera otro mueble de que use, poniéndolo en parage señalado, y manejándolo por sí solo.

Como al secarse las Viruelas se caen las costras en la cama^ se procurarán recoger con exáfiitud y enterrar en un hoyo fuera de casa. Lo mismo se hará con las barriduras que diariamente se saquen de la pieza del enfermo.^^

Sobre todo lo dicho se esmerará la Justicia en no permitir se restituya al pueblo el virolento, n¡ los > asistentes, hasta que conste por reconocimienío y dei posición del r4éd¡co ó Cirujano, que esté aquel peri fedamente bueno y limpiq de costras, y de las supu-

raciones que suelen sobrevenir al fin de la curación , cuidando , no obstante que se le juzgue ya por sano enteramente, de que se le lave todo el cuerpo con agua caliente, en que se hayan cocido rosas, romero y enebro, y entonces se vestirá el enfermo con ropa que no le haya servido en todo el tiempo de la cura, ni de la convalecencia. No ménos vigilante procederá la Justicia en determinar, que la cama y quanta ropa hubiese servido al doliente, durante !a enfermedad , se lave en agua corriente, si puede ser, se eche en lexías, y después se sahume repetidas veces con azufre, incienso ó resina, cantueso, romero, mejorana y enebro. Todas estas cosas juntas, ó las que mas cómodamente se puedan adquirir de entre ellas u otras semejantes, soii eficaces para extinguir ó disipar el veneno contagioso de las Viruelas, si es que quedase pegada alguna corta porción, después de bien lavadas en lexías las ropas.

^2 Los parages que tengan proporción de poner todos estos muebles en agua corriente, logran un auxilio poderoso para la purificación de ellos; conservándolos en remojo el espacio de dos días, y usando después las lexías y perfumes.

La pieza donde haya habitado el virolento, se picará y dará de yeso, y la puerta de dicha pieza se lavará con vinagre, quemando algunos de los géneros arriba dichos para perfumarla. Vedará la Justicia y pondrá el mayor esmero en que se observen estas diligencias con la mas escrupulosa exactitud , porque en ellas principalmente estriba toda la felicidad de la preservación del puebla; y merece el bien de la humanidad, que á quien toque la suerte de ser el primer con-

3:^

tagiado , sufra con psclencla las. molestias referidas. Si en este estado muriere alguno de los ya separados del pueblo, no se conducirá á enterrar á é!, sino que será la oiisma Ermita ei lugar de su sepulcro 5 y en caso de fallecer en alguna casa de campo, siempre se dará tierra al cadáver eo la Ermita mas apartada de la poblacioo. A mas de esto la Ermita ó Alquería donde hubiere muerto, se dexaráo qiianto sea posible con sus puertas y ventanas abiertas para que el ayre purifique la habitación; y en este caso seria lo mas segu*- ro, para evitar todo rezelo, enterrar para siempre en un profundo hoyo la ropa con que le hubiese cogido la muerte.

J74 Muchas prevenciones de esta clase podría apuntar, si no temiera que algunos me habían de graduar por demasiadamente escrupuloso, sin embargo que tal vez serian todas diligencias muy conducentes. Porque así como para emprender una guerra no se omite entre los pertrechos militares el roas mínimo de los qoe se considera que puede llegar el lance de ser títiíes; así en estos peligros de la salud piiblica aun el roas ligero arbitrio qoe conduzca al cxtermirdo del común enemigo, merece atenderse , como preciso medio para lograr tan apreciable fin.

^5 Sí en alguna enfermedad tiene justo lugar aquella tan principa! reg^a de que se ocurra á los principios, porque llega ya tarde el medicamento ó remedio, que se dispone quando ya ha tomado cuerpo la dolencia, es en este afeSo. Por no haberla tenido presente, ó por no haberla observado siempre que las Viruelas ó la peste llegaron á las poblaciones, se han experimentado tan terribles estragos , como refieren las historias.

Antiguamente creyeron fuese arbitrio para suspender los progresos de la peste cerrar las casas de los que incurrían en ella, y poner centinelas dia y noche para embarazar la entrada y salida á todos, excepto al Médico, Cirujano ó algún otro, que para ello tuviese li^ cencía del Magistrado. De este modo se hizo en Londres en !a ultima que padeció por ios años de 1664 y 1665, pero con poco suceso y demasiada crueldad , pues permanecían así hasta que ó toda la familia pereciese ó todos sanasen , y la peste no se suspendía por esto, antes bien qoantos mas eran los enfermos y encerrados en corto recinto, la fuerza del contagio crecía mas, y mas fácilmente se comunicaba á la casa de los vecinos.

Por eso pensáron mas bien , y hallaron el único medio de precaverse los Ciudadanos de Ferrara, capital del Ducado de este nombre en los Estados del Papa. Corría por el año de 1630 una peste, que hacia notable estrago en los pueblos comarcanos á aquella Ciudad : y quando, turbado el ánimo de sus habitadores 5 no sabían que arbitrio tomar para libertarse del azote , queles amenazaba., determinó el Magistrado disponer un hospital fuera de su recinto, donde depositar á los primeros contagiados. Con efefío la vigilancia con que todos vivían hizo que no se ocultase el primero que murió de ella , y así se lleváron al hospital prevenido siete individuos de aitaella casa, que perecieron de lo mismo. Hasta siete ú ocho veces prendió la peste en diferentes parages de la población , y otras tantas con sola esta diligencia se logró apagar su fuego ,que acaso hubiera desolado la Ciudad. Después siguiéron el exemplo las Ciudades vecinas con igual

feliz suceso. Por eso Muraíori, escribiendo sobre el gob^no que se debe observar en tiempo de peste, dicol Que el único remedio de la peste consiste en descuIfrirla lo mas presto que se pueda para sofocarla así en su misma cuna. Y lo propio puede decirse de las Viruelas.

Será asimismo prevención la mas recomendable el que cuiden incesantemente las Justicias de los pueblos comarcanos de embarazar todo tráfico y comercio con el pueblo, que por desgracia se halle contagiado, imponiendo graves penas al transgresor de esta tan importante providencia, para que pueda ser observada exádamente; pues consta á todos, que la translación de este contagio de un lugar á otro no pro» viene de otra causa por lo común que de mantenerse abierta la mutua comunicación de los pueblos ; porque aunque el ayre pueda ser portador de algunos contagíeos, es creíble que solo alcanzará á conducirlos hasta muy poca distancia \ porque las pequeñas partes ó áto^ mos exhalados, si es que son materia del contagio, luego que salen al ayre, se rarifican cada vez mas y mas; y así por su levedad misma suben á lo alto de la atmósfera, y van perdiendo su naturaleza y propiedades al paso que se van mezclando con la gran copia de otras infinitas exhalaciones de los demas cuerpos sublunares; y al contrario en el tráfico y mutuo comercio la historia y experiencia acreditan constantemente, que está todo el peligro de contagiarse; y así nunca será prolixidad la mayor precaución en esto. Bien sabida es la peste, que, según refiere Thuano citado de Mead, hubo en ItaÜa : el primer ano cundió en la C udad deTrento y Verona, y en el segundo pasó á la de

Venecía y Padua , dexándose en medio intaña la de Viceocia hasta el ano siguiente, que también fue contagiada. Este hecho prueba , que no fue la comunicación por medio de! ayre , si es cierto que un agente no obra en un cuerpo dictante sin obrar antes en los in-- termedios ^ sino por medio de traficantes y géneros del comercio , que , como ya he dicho, son regularmente las materias mas aptas á trasportar epidemias de una parte á otra. Adviértase que hablo de la peste verdadera y Viruelas, y no de aquellas especies de epidemias, que suelen correr á un mismo tiempo en uno ó muchos países, causadas ■uiiicamente por el vario destemple de los elementos y estaciones del año,

g8 Por haber tantas veces demostrado la experiencia , que ios géneros, especialmente los de lana , algodón y oíros han sido por lo común ios trasportadores de las pestes, se tiene impuesta la ley general en todos los puertos de no permitir la entrada en ellos á los que traen enfermedad contagiosa, ó vienen de donde se padece, hasta pasar la quareotena : á cuya precaución se ha debido muchas veces el haberse libertado de contagios.

g9 Todas estas medidas y quantas quieran tomarse concernientes á ellas , se dirigen á fin de precaverse los pueblos saoos^ porque para los que añualmente estén sufriendo e! rigor de las Viruelas juzgase dificultoso otro arbitrio que el de tolerar gpn paciencia la invasión ^ sin embargo de que el cuidado de no dexar salir de casa á los que no las hayan tenido quando la epidemia es común, la de impedirles la entrada en la casa donde las haya ( para lo qual convendría poner una cruz encarnada á la puerta, como hicieron en In-

glaterra en las casas donde había prendido la peste), la de impedir á mas de esto e! trato con quienes poco ha las hayan pasado, y la de que la ropa de los virolentos no se limpie en los comunes lavaderos, podrán servir para que se preserven muchos, y se disminuya con mayor brevedad el contagio.

80 Pero para qoe se vea oue el exterminar las Viruelas, no de qualquier Lugar así comoquiera, sino de la Ciudad mas numerosa., aun quando se halle inundada de ellas , no es obra tan difícil, que requiera otra cosa que la disposición de un ánimo generoso y afiivo, en quien maneje el timón del gobierno; referiré lo que pasó en Roma, por ser suceso memorable y exemplar digno de ser sabido, á fin de que alguna vez en igual desgracia pueda ser imitado.

81 En el ano de 165^^ se n7anifestó en aquella populosa Ciudad una peste tan terrible, que furiosamente atacó á pobres y ricos, haciendo en todos general estrago. Pasó bastante tiempo sufriendo esta tragedia todo el común, hasta que el Papa nombró por comisionado general de la curación de ella al Cardenal Gastaldi con autoridad para que hiciese quanto tuviese por conveniente y necesario. Inmediatamente prohibió el enunciado Cardenal con mandato riguroso, que los enfermos y convalecientes parasen dentro de la po* blacion. Para esto en primer lugar quanios enfermos se encontraban er^n llevados á una gran casa, que sirvió de hospital, construida en una Isla del Tíber 5 y las familias de las casas de los enfermos también eran depositadas fuera de la Ciudad en varias casas de campo, cuidando también de que si alguno de estos caía malo, fuese conducido al dicho hospital. Al mismo

tiempo procuró^ que los bienes muebles de todas las casas de los apestados se sacasen adonde el ayre los purificase. Todas estas providencias se execuíáron con exáéíitud, y sin exceptuar de su observancia á persona alguna por distinguida que fuese. La severidad del Cardenal suscitó al principio amargas quejas de los molestados^ pero á breve tiempo le tributaron todos repetidas gracias, por haber limpiado en cosa de dos meses , mediante estos arbitrios, toda la Ciudad de una peste, que tanto tiempo y con tanta fuerza Ies había tiranizado.

82 Finalmente las Justicias en cada pueblo podrán , según su zelo y discreción, añadir algunas otras prevenciones particulares, con arreglo á las providencias, que en general hemos apuntado^ y los Médicos y Cirujanos deberán conspirará la preservación de los contagios, exhortando á. todos, que huyan de los ya Contagiados 5 y contribuirán no poco á evitar los estragos que ocasionen los que le contraigan , si de antemano persuadiesen á todos el largo uso de frutas ácidas, como guindas, peras, granadas, naranjas, limones, manzanas &c. como también ía agua envinagrada; cuyo consejo de Rásis le siguen hoy los mejores Prádicos. Con estos frutos y copiosos diiuyentes, mayormente en gente moza, adquiere la sangre aquella disposición saludable, que , si se pudiese conservar, se conseguiría eludir en mucha parte la fuerza ó malignidad del contagio de las Viruelas, como lo asegura Huxam.

,83 Bien sé yo, que la idea de tan alto fin como me he propuesto, merecía la atención de un hombre verdaderamente sabio y facundo, para que esforzada con su eloqüencia y persuasiva, y apoyada con el peso

de su autoridad, hallase mejor acogida en toda ciase de gentes ^ y ¡óxala se animase alguna persona de este caráfter á tomar á su cargo el asunto, y ponerle en estado de ser admisible por quien pudiera ponerle en execucion! Pero entretanto me consolaré con haber indicado lo preferible que es este proyeflo de extinguir las Viruelas á otros muchos que hemos visto, y ^on al que tanto nos encarecen y recomiendan de la Inócolacion 5 según vamos á probarlo.

84 Establecida la costumbre de inocular, y apoyada como feliz siempre por los Inoculadores, 00 solo conservan estos, quando no toman las debidas precauciones, incesante y perpetuada la epidemia, sino que, aun presciodiendo'del peligro mortal, y en cierto modo voluntario, á que en opinión de algunos hombres juiciosos exponen á sus pacientes, muchas veces ni aun á los que se libertan les pueden evitar por este medio la mortificación de la calentura con mas ó menos malos aparatos, ni el tener mas ó ménos Viruelas, hemorragias grandes , terribles abscesos, extenuaciones , diateses escrofulosas, y otros síntomas molestos y perniciosos, según testimonio de los mismos Inoculadores. Finalmente para hacerse las inoculaciones sin traer tras sí las perniciosas conseqüencias de apestar los pueblos, es necesario tomar en cada uno la providencia que se tomó en Vieoa de disponer un hospital fuera de la Ciudad, donde pudiesen depositarse los inoculados, y permanecer hasta su perfódo restablecimiento^ porque han conocido, que este solo era el único medio de prañicarla sin riesgo ni daño de tercero : de otro modo, es á saber , inoculándose qualquiera á su discreción ea su casa dentro de poblado, es un procedimieo»

to imprudente, injusto y contrario á toda caridad y derecho de gentes , y qoe se debe rechazar, como contrabando en perjuicio de la salud pública: por esto fue repudiada la Inoculación por los Magistrados en Francia, y mandada suspender por e! Emperador en Ale- .mania , como ya he dicho ; y aun los Ingleses, en medio de haber sido sus mayores apasionados, van conociendo este perjuicio y le van remediando. Ahora bien, Sí para entablar la Inoculación debidamente se necesita en cada pueblo preparar im hospital distante de é!, y no se halla en esto imposibilidad alguna, ¿quanto mas razonable será erigirle llenando el pían de mi proyedo, que es la total preservación y exterminio de este contagio ?

85 Prescindo por ahorn de si el invento de la Inoculación se podrá ejercer iícííamente^ pues no es este asunto- que deba decidirle la Medicina, pues pertenece á la Moral, aunque con conocimiento de aquella. Entretanto me hace gran fuerza, y creo hará á lodo el qoe no esté preocupado, lo que sobre este punto dio últimamente a luz el doélísimo y! juicioso Médico Antonio Haen en una Disertación, que pone por apéndice á su sexto tomo de Medicina Práética, después de haber controvertido la materia con los roas tamosos ínoculadores de la Europa y sus Patronos por espacio de mas de quatro años, sin que le embarazado,

para proferir su diSámen con valentía en las qüesíiones que sobre este asunto promueve, ver puestos en exercicio tantos Inoculadores en su misma Corte de Viena, y admitido este método como favorable en otras muchas de la Europa. De este mismo sentir es el Conde Roncali. x

86 En este estado yo no se, á la verdad , si hallarán los políticos otro motivo para no adoptar este mi pensamiento, que el considerarle sencillo y fácil de discurrir ; pero si he de decir lo que siento , nada me admira tanto como el que siendo esto verdad, se hayan dexado pasar tantos siglos sin reflexionarlo ó providenciar sobre ello unas gentes tan ilustradas como las de la Europa , siendo así que para confusión nuestra los Tártaros Calmukos en medio de su barbarie apenas llegó á sus dominios la Viruela en ^1 siglo pasado, quando al punto conocieron era enfermedad contagiosa, y ordenáron separar á los contagiados adonde se curasen , y no tuviesen comercio con los demas hasta su perfeda sanidad. Lo mismo executáron los Hotentotas guiados casi por instinto natural, según su escasa luz de razón, como ya lo dexamos apuntado.

8^ Todos los Médicos juiciosos, que han manejado la Viruela desde Rásis acá, han conocido, que esta es enfermedad pestilencial en su género, y que es contagiosa. Qualquiera racional, aun sin ser Médico, sabe, que el único medio de libertarse de los males contagiosos es el huir de los contagiados. Convencidos de esta constante verdad los Magistrados forman cordones de gente , que impida el trato y comercio de los pueblos enfermos de peste con los que no la padecen : los labradores separan los ganados sanos de los que sufren alguna enfermedad contagiosa 5 con que el arbitrio de la separación del ya contagiado es el único conocido medio de precaución ; luego quando la especie humana no mereciese sino la misma atención que se llevan los brutos, debería esperar que se hiciese con ella lo que con las ovejas, en quienes se exercita con

Utilidad y sin omisión en el confinamiento de Jas virolentas^ Lo cierto es, que no es fácil poderse formar cabal idea de las felicidades que se advertirian , si llegase á lograr cumplido efedo quanto llevamos dicho porque sin tener á la vista el lastimoso espedáculo, que forman tantos millares de infelices, que sufren el azote de esta epidemia por el discurso de cada un año en diferentes lugares, ¿quien será capaz de juzgar el alivio que conseguiría la humana naturaleza bastantemente afligida por otros irremediables males? ¿y que, si tuviéramos la dicha los que vivimos de ver el triunfo de esta empresa, y experimentar el placer de que la tierna infancia llegase á colmo, sin padecer tanta quiebra el numero y la belleza de uno y otro sexo? Entonces habría menos coxos , mancos é imperfedos de los que hay, siendo desgraciados testigos del cruel trato que esta enfermedad suele darles, de cuyos desastres aun no ha conseguida la Inoculación libertarlos enteramente. Apenas se hallarían tuertos, ni ciegos, y en esta vidoria tendría el mayor ínteres toda la Nación, alcanzando sus ventajas desde la augusta Real Familia á todas las. clases de los vasallos; pudiéndose entonces gloriar España de haber dado este importante exemplo á los extrangeros , que ocupados en la Inoculación , creen haber hallado en ella la Clava de Hércules. Finalmente el Estado conseguiría , que sin la necesidad de establecimientos de Colonias y poblaciones de extraños, en poco tiempo se viese España poblada de naturales; logrando aquel grado de esplendor, que en otros siglos la hizo tan respetable, y tan feliz y sin la necesidad del oro y plata de las Indias.

88 No se presenta 5 á la verdad, otro embaraza

que el aparente rigor de una Ley, que podrá parecer cruel , por haberse de executar con personas, que sobre la aflicción de la dolencia han de sufrir el ser sacadas de sus casas y Lugares por la Justicia f pero para distinta enfermedad se halla ya impuesta otra semejante en la Nueva Recopilación, que es la ley i. tit, 15. //^. 3 : y sobre la importancia de apartar y echar de los pueblos á los que padecen peste, escribió expresa y determinadamente Avendaño de Exsequendis mandapis Regmn part. 2. cap. 6. n, 8. diciendo,» que sin » necesidad de proceso sea echado de la Ciudad al que » se halle contagiado de peste.» Lo mismo dice el Aviles en el cap. 26. n. 4. y 5. del proemio al tít. 20. de \dipart. y lo propio el Fermosino c. 10. deCons^ titut. qüest. 29. n. j70. añadiendo, » que á los leprosos » se les vede la entrada en los Templos, para evitar el » peligra de contagiar á otros. »

89 Esto supuesto, si fue racional , justa y feliz la ley respedo de los leprosos y otros apestados , no hay razón para que no lo sea respedo á los virolentos, pues padecen usaa enfermedad, que es una cierta y verdadera peste , aun mas contagiosa que la lepra , y que hace mas estrago en los hombres. Quando esta tan justa y piadosa ley se estableció, se fundáron muchos hospi- 1 tales fuera de las poblaciones, á los quales IJamabaii • Casas de San Lázaqjp^ y acaso á esta tan buena pro- ' videncia se debió la extinción de la lepra. Por la mis- ! ma causa se estableciéron antiguamente los Hospitales I de San Antón para el fuego sacro, que se consideró 1 pestilencial ; y de hecho corrió en forma de peste, de- = solando el Ducado de Lorena por ios años de 11805 de tal modo, que andaban los pobres enfermos por las

calles, plazas y puertas de los Templos dando alaridos , y cayéndoseles á veces pedazos de la cara, manos y pies 5 porque era esta enfermedad una especie sipela ardiente gangrenosa. Para curar el mal venérea ya vemos quantos hospitales hay en todas partes con el preciso destino de remediar este mal contagioso* Mediante todo lo qual me parecía, que si estas enfermedades raereciéron antiguamente tanta atención, que se erigiéron para ellas solas tantos hospitales, ¿con quanta mas razón debieran animarse todos los pueblos á disponer cada uno el suyo , que sirviese, no solo para curar al primer paciente, que cayese con Viruelas,, sino para precaver que los demas habitadores las padezcan; sabiendo con toda certeza, qir» este afedo es un enemigo que les maltrata con tanta freqüencia , y que el rezelo de padecerlas podría durarles muy poco, si á un mismo tiempo y de común acuerdo en todo el Reyno se conspirase á su extinción? /

90 Finalmente el exemplo, como ya he dicho, que en este Real Sitia se tiene de que si treinta veces han entrado las Viruelas en él , otras tantas se ha libertada de ellas el común con solo separar al primer invadida á un quarto de legua de aquí, es argumento convincente de que en donde quiera que se haga la propia diligencia , se encontrará el mismo beneficio. Bien podrá alguno de mis leétores tener ep poco estas reflexiones, que á un amante de la salud publica le ha sugerido su zelo , para que todo ceda en honra y gloria del Señor y bien de sus criaturas ; pero ¡oxalá no venga tiempo en que con amargo dolor tenga que llorar cada qual su propia desgracia por su culpable negligencia!

91 La execucion y observancia de este proyeíto considero que se les representará á muchos, si no como imposible , como muy dificultosa 5 pero ademas de que si lográramos que se mandase por el Soberano con toda la estrechez que pide la importancia de la materia, y se castigase sin remisión á los transgresores, nadie ñiltaria á su cumpiiniiento 5 hay una circunstancia que lo facilita, y es, que por lo común los primeros qoe suelen contraer esta epidemia en los pueblos son los pobres, que por su poco recato ó por la necesidad de traficar en otros pueblos, se exponen mucho mas á la infección y al contagio^ y por lo mismo que son gentes de clase humilde y menos acomodada , serán las Justicias bien puntuales en hacer que observen la separación ,así por no incurrir en la pena, que se ponga á los Jueces omisos, como porque les interesará á ellos mismos el apartar de poblado á quien pueda inficionar á sus hijos y parientes.

92 He procurado hasta aquí esforzar mi pensamiento con razones, autoridades y experiencias hasta donde alcanza la debilidad de mi razón 5 pero ahora diré el apoyo irrefragable que encuentro también en las sagradas Letras. Es cierto, que el mismo Dios gobernaba diredamente su amado Pueblo por medio de su Caudillo Moyses ^ pues véanse ahora las reglas que para su gobierno le didó en el Levítico, y entre ellas se hallará, que ítdo eí capítalo 13. se reduce á enseñarle á Moyses, que cosa sea lepra y el modo de conocerla y curarla. Dícele, que al leproso se le separe del Pueblo, y se le encierre en una casa hasta que se cure 5 y encarga, que después se raspe la habitación donde haya estado, y se lleven las raspaduras al mu-

íadar^ para evitar todo motivo de contagio. Dada esta hy 5 se cumplió con tal exáditud , que , cayendo enferma con lepra María , la misma hermana de los dos Caudillos de aquel exército Moyses y Aaron ^ , suplicó el principal entónces,que era Moyses, al Señor, que la sanase 5 y no obstante que por ser hermana de los dos Xefes tan queridos de Dios , parece que podría gozar de algún privilegio, decretó Dios, que se cumpliese la ley, y se la separase por siete días de los Reales hasta que se curase y volviese limpia, y entretanto todo el exército se estuvo quieto

93 Aquí se ve por una parte , que el mismo Dios nos enseñó este método, en la substancia nada diferem te del que dexamos indicado , de separar á los que padecen enfermedad contagiosa, para curarles y precaver los sanos, y por otra el respeto con que se sometieron á la ley ios principales de aquel Pueblo escogido. Supongo que sobre este último particular nos dieron un singular exemplo en nuestros días los Señores Padres de nuestro aUgusto Monarca (que Dios guarde) en este Real Sitio 5 pues habiendo caído malo el Señor Infame Don Felipe, padre de la Princesa nuestra Señora , con una fiebre miliar, solamente porque al principio se creyó que eran Viruelas, se le separó de Palacio y colocó en el sitio llamado la Compaña, para evitar el contagio á tantos como pc^dria comunicarse permaneciendo S. A. en la Corte. En el Palacio del Retiro tengo entendido se hizo lo mismo con el Señor Infante Don Luis.

1 Apparuit cadens lepra quasi nix,

2 ht dixit IJuminusy separetur septem diebus extra castra^ ^ postea revocübiíur Exclusa est itaque Marta extra castra septem diebus.

94 En vista de estos exempíares y quanío dexo expuesto, solo resta, que si mi proyedo mereciese la aprobación del Gobierno , conspiremos todos á facilitar un bien tan importante al Género Humano, haciendo objeto de verdadera caridad lo que parecerá al vulgo ignorante dureza, impiedad y rigor.

95 Si los hombres no nos gobernásemos muchas veces por capricho, sino por lo que dida la razón y lo que enseña la experiencia , sobrados exempíares se nos presentan que poder seguir; y aun quando quedase algún lugar á la duda, fácil le es á cada pueblo asegurarse por medio de la prueba.

96 En materias niénos importantes se hacen tentativas, se consulta con Sabios, y se gastan tesoros; pero el lastimoso engaño en que viven la mayor parte de los hombres, de que es preciso pasar casi todos por esta enfermedad, y de que en vano es huir de ella, porque al fin todo es lo que Dios quiere, y otras candid eces de esta naturaleza sostenidas hasta por algunos Médicos y Filósofos, es el mayor obstáculo que hay que vencer.

9^7 Yo he procurado juntar las reflexiones que me han ocurrido, y las experiencias que sirven de apoyo á mi pensamiento; y desearia que algunos curiosos, antes de salirme al frente con reparos y dificultades sobre la execucion, que hacen poco honor á la autoridad de un Monarca, y al zelo y bien de sus Magistrados, se previniesen onas bien con observaciones exáctas de sucesos contrarios á lo que dexo expuesto; pues de otro modo es querer sostener porfiadamente la preocupación particular en perjuicio notable del Común. Sin embargo á mayor abundamiento yo mismo me*ha-

ré aquí algunas objeciones , que parecen mas obvias y racionales, para que, vista la respuesta y satisfacción, aparezca mejor la futilidad de ellas.

OBJECIONES.

OBJECION

98 La promulgación de una ley por el Soberano para precisar á los vasallos á que sus hijos salgan de su casa y pueblo, y se conduzcan á una Ermita ó Casa de Campo, es muy dura, ya porque se expone al enfermo á mayor peligro en el transporte, y ya por la privación en que se le dexa de las conveniencias, que pudiera disfrutar en su propia casa.

RESPUESTA.

99 El principal objeto que prefiere á todos el Soberano , es el bien de sus vasallos : á su conservación y felicidad deben dirigirse sus principales miras 5 y como el mayor bien de quantos poseen es la vida y la salud , ¡a ley que imponga el Monarca á este fin no es dura, sino benigna, y que lleva todas las condiciones que debe tener para ser justa; pues quando se trata de libertar á todo , un Común de un gr^ve mal, ¿que duro ha de ser privar á un particui'^ar de un leve bien? Ademas de eso ¿á cada paso no exponen los hombres sus vidas, ya ciegos de cólera en quimeras por cosas de corta entidad , ya por adquirir con afan bienes de fortuna, y ya en defensa del Rey, de su honor y de la patria? Pues ¿porque no se habrá de mirar y aun de

abrazar, como acción heroyca y piadosa , la de sufrir un buen patriota alguna mortificación en desprenderse por un poco de tiempo de un hijo, que espera volv-er á ver sano, por libertar de los estragos que ocasiona esta peste á los demas hijos, hermanos , parientes y á toda la patria? El amor de esta, el honor de la familia, las fortunas de la casa ¿no obligan á sufrir vexa~ ciones peligrosas, desabrimientos arriesgados , y otros mil peligros , sin hacérseles de manera alguna duros á los padres y demas interesados? pues ¿porque se habrá de calificar de dura una ley, que ponga á salvo las vidas de muchos, que con ellas puedan ser útiles á la patria, á sus casas y á sus familias? ¿Quanto mas dura parece la ley impuesta por todos los Soberanos de la Europa en sus respedivos puertos de mar de precisar á quanías embarcaciones arriban de Levante, mayormente en tiempo que por allá corre peste , á que pasen la quarentena, viniendo expuestos á tantos peligros como vienen los navegantes, y tal vez á perecer todos ántes de saltar á tierra, ó en los Lazaretos, si por su desgracia traen consigo la peste ? Y no obstante tan cruel riesgo no hay quien dexe de conocer, que es esta una de las mas útiles é importantes leyes establecidas hasta ahora 5 pues á ella se ha debido la preservación de muchas pestes Africanas tan comunes en Oriente , y que tantas veces han desolado Provincias enteras de la Europte.

ICO ¿Habrá por otra parte quien se atreva á proferir, que es dura ley esta, si la pone á cotejo con la que trae consigo la Viruela misma de exigir de cada pueblo, como por una especie de tributo, el diezma de los hombres? ¿Y habrá alguno, vuelvo á decir, que

con razón califique de dura una ley, que sí el Soberano piadosamente la expidiese, no se dirige á otro fin que á libertarles de esta penosa contribución? En quanto al riesgo que puede haber en el transporte ó mudanza de los enfermos, es solo un temor imaginario el que se supone; porque á mas de lo que dexo dicho en el Núm,

, qiiando el mal tiempo ó su grave mal no permita que vayan en caballería, ó en brazos, si es criatura, no hay pueblo, por infeliz que sea, donde no haya un carro entoldado, que equivale á coche, ó unas andas, parihuelas ó silla de brazos, que podrá suplir por lo que llaman camillas, en que cada dia se conducen enfermos desde muy largas distancias en, Madrid y otras partes á los hospitales sin daño alguno.

loi Esta misma práñica de transportar virolentos sin el menor riesgo se está experimentando muchas veces desde los Sitios Reales á Madrid. Desde este de San Lorenzo fue conducido con felicidad en el mismo año de estarle brotando las Viruelas, una hija, que vive , de Don Joseph Toledano, Boticario mayor que &é de S. M. ; y últimamente dos años ha otra hija del Excelentísimo Señor Conde de Santa Eufemia juntamente con una Dama de la misma casa, que luego que se descubrió estar enfermas de Viruelas, fuéron á curarse á Madrid, donde salieron con felicidad; fuera de que entrar todos á imaginarse , que las molestias que en la separación habrá que sufrir La de ser daño tan universal que Ies haga estar con sobresalto á todos, seria un delirio. En los pocos años que podrá tardarse en la total extineion de las Viruelas en el Rey no, apenas dos ó tres vecinos serán los molestados en algunos pueblos de mediano vecindario, y en la mayor

parte de los del Reyno no llegaría el caso de tener que salir ninguno.

102 Por lo que toca á no poder disfrutar el enfermo las conveniencias que en su casa , es una circuns- ^ tancia, que todo quanto se juzga de penoso en ella,^ podrá tener de favorable; porque el exceso de conveniencias y regalo , con que siempre han procurado los poderosos cuidar á sus hijos en esta dolencia, si ella por su naturaleza era algo grave, la hizo comunmente mortal. El particular esmero que han tenido de arropar á sus enfermos con tan riguroso extremo, que el sacar un brazo se miraba como arriesgado, y el no permitir puerta , ni ventana abierta por temor a! ay re, han agravado la enfermedad á la mayor parte de los que han muerto de Viruelas. Esto lo persuade la razón, lo comprueba la autoridad, y lo confirma la experiencia. La razón, porque nuestros cuerpos compues-^ tos de carne y humores, materias las mas dispuestas de qoantas se conocen á la corrupción, caerían en ella á cada paso, si el ayre que respiramos y el de la atmósfera que nos circunda no se renovasen con tanta freqüencia, y quanto mas puro y templado , tanto mas nos purifica, templa y precave de la corrupción á que somos propensos. Por esta misma razón se observa, que toda cavidad subterránea sin ventilación es tan perjudicial á la vida : las cárceles, los asedios, acampamentos y hospitales, áonde las exhalaciones de muchos cuerpos juntos forman un ambiente difícil de ' purificarse con freqüenie renovación del ayre, son por común malsanos y capaces de producir aquellas epi-" demias, en que tanto predomina la putrefacción.

ro3 Compruébalo la autoridad, y quando ménos

la de los Médicos mas sabios de la Europa. Sldenham, perdiendo el miedo á la costumbre, comenzó á aliviar de ropa á los virolentos, á darles de beber copiosamente, y á ventilar las piezas donde estaban, abriendo puertas y ventanas para renovar el ayre. Este mismo método siguió con felicidad invariable Boerhaave, y le observan constantemente sus famosos discípulos Gorter y Haen, y por último quantos insignes Médicos conocemos. Todos los Inoculadores afortunados publican en su nuevo método á boca llena deber en gran manera á esta segura práQica el colmo de sus buenos sucesos. Confírmalo finalmente la experiencia, demostrando á cada paso curarse mas felizmente los pobres, que carecen de las conveniencias que poseen los ricos. Esto lo sabe todo Médico medianamente atento á los sucesos regulares, y así es error creer, que el agua y ayre puros, siendo dos elementos tan útiles y necesarios á todo viviente, les sean dañosos á los virolentos. Yo no sé á la verdad hasta quando ha de durar la perniciosa costumbre de privar á los afligidos, tanto de Viruelas, como de otras muchas enfermedades, de estas dos firmes columnas, sobre que estriba la salud de los hombres. La ignorancia de algunos Profesores todavía preocupados excita ya hoy la admiración de los Sabios, y es el objeto de las mas bien fundadas cen-, suras de los Críticos.

104 Y para que los hechos práñicos acrediten esta verdad , referirémos lo que en una población no lejos de aquí sucedió pocos años ha, según me lo comunicó el mismo Médico de ella. Asistia á un misma tiempo á un hijo de un rico y á otro de un pobre, ámbos con Viruelas confluentes y uniformidad de apara-

tos: en la sala del rico, á inas de nn biombo, que rodeaba la cama del enfermo, para impedir el menor movimiento del ayre, habla dos braseros, y estaban siempre cerradas las puertas y ventanas, con lo que se hallaba la pieza hecha una estufa: en la casa del pobre, sobre no haber ninguno de estos resguardos, solo tenia un simple cubierto á teja tan vana, que no embarazaba la entrada al ayre y á la nieve, que solia el Médico encontrar sobre la cama del enfermo. No hubiera sido extraño, que en esta desigualdad de fortunas á primera vista el vulgo ignorante se lastimase de la pobreza é infelicidad de este, y aplaudiese el cuidado y cumplida asistencia de aquel; pero la experiencia demostró bien presto con la muerte de! rico la errada conduña, que le facilitáron sus mismas conveniencias; pues murió como tostado y podrido, y el pobre salió con la mayor felicidad á beneficio de la ventilación y frescura de su triste choza.

105 Es digno de referir también lo que en confirmación de esto mismo acaba 'de suceder en unas Aldeas distantes de aquí dos leguas, y colocadas entre las alturas de estas sierras. Viniendo de Madrid un carretero, entró á comer en las Rozasen una casa donde andaba un muchacho con Viruelas aun no bien secas: recibió el contagio con este motivo; y á breves dias de haber llegado á su Lugar llamado Peguerinos, se explicó con la m^sma enfermedad de Viruelas ; cuya epidemia no padecida en dicho pueblo en el discurso de los veinte anos anteriores, se propagó generalmente; y de ciento y quarenta y dos que las sufrieron durante el rigor del verano , perecieron trece. Desde allí pasó la epidemia á la Aldea llamada Oyolahija en e!

mes de Noviembre de y de veinte y ocho viro-

Jentos que hubo ninguno murió. Lo mismo sucedió el año antecedente en otra Aldea no distante de la última con veinte y cinco virolentos, que cayéron en la misma estación, quando las humildes chozas (que así se pueden llamar todas sus casas) estaban rodeadas de nieve y vientos tan furiosos como fríos. Esta observa- ^ cion, que me participó el Cirujano de Peguerinos, hombre de toda verdad y bien instruido en su profesión , nos demuestra , que siendo una misma la dolencia, uno mismo el país, y la asistencia una misma 5 la felicidad' de no morir alguno de los cincuenta y tres virolentos de las Aldeas solo debe atribuirse á la ventilación de' los ayres frescos que lográron, debidos á la distinta estación de tiempo en que las tuviéron, respe¿to de los de Peguerinos ; con lo que queda evidentemente probado quan útil y ventajoso sea á los virolentos respirar un ayre fresco y renovado, cuyo privilegio gozan fáciloieníe los pobres, deben procurársele los ricos, y pueden disfrutarle todos sin riesgo en las Ermitas ó Casas de Campo, sin los temores vanos de que les pueda ser mortal la ventilación moderada quando hayan de ser conducidos , que es lo que nos propusimos probar.

OBJECION 2^ •

106 En donde no hay Ermitas !> Casas de Campo cómodas, se hace preciso edificarlas de nuevo; y que-" rer obligar á muchos pueblos á que las fabriquen en unos tiempos tan calamitosos como los presentes, también parece dura ley.

RESPUESTA.

10^ Confieso la escasez y suma pobreza , que están sufriendo muchos pueblos por la calamidad de los años^ y que seria dura ley la que les precisase á fabricar un hospital con- todas las comodidades, que se les figuran á los impugnadores impertinentes , y que desearían los escrupulosos , delicados y antojadizos, y con toda aquella extensión , que necesitase un crecido numero de enfermos, por si fuesen tal vez fnuchos los que cayesen á un tiempo con Viruelas : mas como sea una verdad invariablemente demostrada por la experiencia en todos los pueblos de mediana vecindad, que será muy rara la vez que no empiece este contagio por uno solo; y como sea igualmente cierto, que separado este del pueblo, á ninguno contagiará, como se tiene observado constantemente en este Real Sitio; parece razonable inferir, que con fabricar ó preparar una pieza donde quepan .dos ó tres camas, y otra que pueda servir de cocina y habitación á la persona asistente, hay lo bastante para un pueblo pequeño, pobre, y que no tenga Ermita , &c.

io8 En cuyo supuesto, qoando no haya algún caudal del Común ó alguna obra pía con la facultad que corresponda de que echar mano, podrá formarse á poca costa 5 concurriendo á su construcción todos los vecinos, con licencia del Párroco, los dias de fiesta, quando no puedan en otros, respecto de ser obra de piedad y luil á todos. Finalmente si se diese algún puebla tan infeliz, que los arbitrios propuestos no tengan lugar respefto de éí por su negligencia ó miseria , será razón sufra el rigor de la ley, que se observaba en

Londres en tiempo de peste, como ya he dicho; para lo qual se pondrá una cruz á la puerta del que por su desgracia sea el primer contagiado , para que se sepa que allí hay Viruelas, y se le conduzca á la casa última ó mas separada de las del pueblo, privando á los asistentes de salir de casa, y al común la entrada en ella : providencia que, si se observa como se debe, tiene su lugar entre las precautorias de toda enfermedad contagiosa.

OBJECION 3^ .

109 No es posible reducir á todos en el Rey no á que cooperen con eficacia y exáñitud al cumplimiento de la ley y escrupulosos preceptos, qué se imponen para el logro de la preservación general.

RESPUESTA.

110 Nadie duda lo dificultoso que es reducirá muchos al diñámen de uno solo, por bueno que sea; pero sí es cierto , que no hay hombre alguno que no ande en busca de la felicidad; y que solo el embarazo que impide su logro, es eí consultar solo con los sentidos, que jamas nos dan justa regla en el uso de lo que debemos elegir; á lo menos nos podemos prometer, que si mereciese por ahora la atencinn de los que con una razón ilustrada conocen la^^proporcion de los medios y conveniencia de los fines de nuestro proyecto, llegará también el caso de que hasta los menos reflexivos aprecien su grande utilidad, quando ya lo vaya acreditando la experiencia.

XII ¿Por ventura el conocimiento que se ha teni-

do siempre de, que no faltarán jamas transgresores de las leyes, sirvió alguna vez de embarazo hasta ahora á Magistrado alguno para promulgarlas?

112 Si todos los hombres se gobernasen por lo que diSa la razón , libre de preocupaciones 5 en vano seria promulgar Decretos y establecer Leyes 5 pues la reditud del común proceder jamas hubiera echado menos. Legisladores ni Magistrados para la distribución de la justicia y buen gobierno 5 pero como esta felicidad no es de este mundo, de aquí nace la necesidad de las leyes, cuyo fin es la común utilidad 5 y puesto que apenas se podrá hallar otra ley mas interesante al Rey y á sus vasallos, parece no solo digna de ser establecida y agregada á las que tan dichosamente nos gobiernan, sino que con razón se podrá esperar la felicidad de que los que gustosos observan las demas, guardarán esta, como que se dirige á la conservación de sus propios hijos.

OBJECION 4^ •

113 Aun logrado el cumplimiento de la ley con la exáditud que se pide, no se conseguirá su total extinción, por ser enfermedad hereditaria, porque es epidemia que la trae el ayre, y porque es ente criado por Dios, que no puede aniquilarse.

RESPUESTA.

114 Desde que los Médicos Arabes dexáron sentado como verdad inconcusa en la Medicina, que la Viruela era enfermedad, cuya causa heredábamos de

nuestros padres, se comenzó á creer, que solo podrían precaverse de ellas aquellos, que por el arte ó por la naturaleza pudiesen conseguir limpiar su sangre de los principios de putrefacción con que nacían, dispuestos á fermentar á determinado tiempo y producir Viruelas ; pero al ver que esta enfermedad nadie la padece en ios pueblos hasta que alguno trae á ellos el contagií);que si este tarda en ¡legar ocho, doce ó veinte años á un pueblo, nadie se ve que las tenga; y que el que se guarda de ellas siempre se va á !a otra vida sin experimentarlas; se viene en conocimiento de que no heredamos de nuestros padres otra causa ó disposición para tener Viruelas, que la que heredamos para tener otros achaques , especialmente contagiosos, como son tiña , sarna , lepra , rabia , lúe venérea , peste, '&c. enfermedades, que aunque varían entre sí en el modo de contagiar y producir efe(3os , nada se diferencian en el ser de contagiosas.

115 Si después de todas las reflexiones con que hasta aquí hemos probado, que la Viruela es enfermedad , que solo se padece por contagio, hubiese quedado alguno tenazmente adherido á lo contrario, como insinúa la objeción; yo le suplico me explique, ¿porque en el referido Lugar de Peguerinos se han pasado veinte años sin que en alguno de los ciento y quarenta y dos sugetos que las tuviéron ahora se manifestasen aquellos principios ó semillas í^ariolosas heredadas de sus padres ? ¿y porque también precisamente ahora les jlegó á todos el tiempo de la fecundación de sus semillas? Tan débiles considero que serán las soluciones que puedan darse á esta réplica , que se habrá de recurrir al ayre , que es el último efugio : pero

para que se vea, que aun este corto apoyo les falta, procuraré probar, no solo la imposibilidad que hay en el ayre para producir las Viruelas , sino la escasa proporción que tiene este elemento para conducirlas de una parte á otra, como no esté muy inmediata.

ii6 Todos ios que viven en la inteligencia de que la Viruela es enfermedad, que de tiempo en tiempo se produce por particular disposición del ayre, y que por su medio se propaga de pueblo en pueblo, están persuadidos á que no podrá dexar de subsistir como esporádica ó epidémica, miéntras no se consiga la purificación de este particular veneno varioloso en todo el ayre dei Reyno^ y como para esto no creen que haya fuerza suficiente en la naturaleza de los arbitrios humanos, tampoco infieren la habrá para su total extinción.

IIJ7 Este reparo, que sin duda seria insuperable, si fuese cierto que en el ayre habla las facultades que se suponen, queda desvanecido desde el mismo punto en que se pare la consideración á observar atentamente el modo que tiene de principiar la Viruela en los pueblos, su propagación por ellos, y su translación de unos en otros.

ii8 Lo primero que se observa es empezar regularmente por uno, que ó estuvo en el Lugar donde las habla , ó del dicho Lugar vino á su casa alguna persona, género de rc^f^a ú otro mueble, que conduxo el contagio pegado y en proporción de comunicarle al primero, que con disposición para recibirle se arrimase. Recorran la memoria todos los habitadores de los pueblos no muy grandes, donde es fácil saberse quien fué el primer virolento por donde empezó la epidemia

en ellos^ y verán como las mas veces se verifica lo que digo; debiendo prudentemente inferirse, que por el mismo medio ó camino con corta diferencia habrá venido, quando no se haya podido averiguar. ¡Oxala que desde ahora en adelante se dedicasen, especialmente los Médicos y Cirujanos , con particular atención á observar esta circunstancia, para que, asegurados todos firmemente con repetidas experiencias de lo constante de este hecho, no les quedase el menor lugar á la duda sobre tan importante asunto!

119 Entretanto para creer yo, que esta peste no es vapor, que se exhala de la tierra, como quieren unos, y que no se forma en el ayre, ni se comunica de un pueblo á otro por medio de él, como pretenden otros ; no necesito mas que reflexionar, que en millares de años que precediéron á la venida de los Sarracenos, no hay noticia de que en la Europa la produjese jamas el ayre; ni ménos me puedo persuadir á que después acá goce este elemento las facultades que antes no tenia. Lo que sabemos muy bien es, que la época de su entrada en la Europa fué la misma que la de los Sarracenos : desde entonces nos consta su sucesiva propagación por toda ella, y la notoria transplantacion que se ha hecho de tan fatal género desde este nuestro continente á la América; constándonos también, que se hallan aun indemnes de Viruelas todas las Naciones que hay por descubrir en la América, según las relaciones de los últimos descubrimientos ^ únicamente porque no ha llegado á ellas el trato y comercio con los ya contagiados.

120 Fuera de que si este particular veneno contagioso se fraguase en el ayre, y se comunicase por me-

dio de él ; parecía regular, que las Viruelas guardasen el mismo orden y dirección en su curso que el portador, y entonces hácia el lado adonde se inclinase este elemento serian sacrificados todos los pueblos hasta donde alcanzase sU curso y aftividad ^ lo qual jamas se habrá visto, sino que antes bien indistintamente salpica e! contagio desde un pueblo á los inmediatos, con quien regularmente freqüenta mas el trato, y otras veces salta primero á los que están algo mas distantes, si con ellos hay comercio, como dexamos ya advertido, 12 1 A mas de esto, si el ay re fuese, como erradamente se piensa , el conduñor de este contagio 5 sus produQos debieran hacer tan rápidos progresos como el ayre mismo ^ á lo qual no seria extraño se siguiese, que en un mismo dia empezase la peste de esta enfermedad en lodo un territorio ó Provincia, y no como quiera, sino cayendo muchos enfermos á un mísmo tiempo: pero sucede tan al contrario, que regularmente siempre empieza el mal en cada pueblo por un enfermo solo, de quien comunmente se sabe el modo y parage donde se contagió; y se observa constantemente^ que hasta llegar el caso de la supuración ó desecación de las Viruelas no se comunica á nadie la infección, para cuyo tiempo ya suelen haber pasado doce ó quince dias, y entonces es quando por un efeéío de la mas reprehensible negligencia de los circunstantes se empieza á propaj^r lastimosamente el contagio ma& ó menos, á proporción de los que incautamente han freqüentado la casa y trato del primer contagiado, y según que la estación favorece mas ó menos la aóiividad del veneno y disposición de los cuerpos á recibirle, como es el temple caliente y húmedo# ^

122 Añado mas: sí por el ayre viniese el virus varioloso á esta población del Sitio del Escorial; hubiera servido de poco el arbitrio, siempre eficaz, de haber sacado fuera á la Ermita el primer contagiado, quedando otros muchos en disposición de serlo por el mismo ayre,á no ser que voluntariamente se diga, que pudo no venir en todo el ayre mas material varioloso, que el que se insinuó en el primero: respuesta que por ridicula no necesita de satisfacción.

123 Finalmente si en el ayre hubiera disposición para poderse fraguar esta infección variolosa , ó para ser conducida desde un pueblo áotro; ¿para que la providencia mandada observar de que en el Palacio de Sus Magestades no entre persona alguna, que tenga ocasión de tratar con virolentos, quando el ayre, para quien no hay límites , ni reservas, podría libremente introducir el contagio? Y esto no obstante, quizas tan prudente arbitrio contribuiria principalísimamente á que el glorioso padre de nuestro Monarca saliese de esta vida sin haber padecido esta enfermedad, que justamente debió temer, por ser la que mas vidas ha quitado en la augusta Casa de los Borbones.

124 Esto supuesto, parece mas conforme á razón, que la Viruela es enfermedad contagiosa; cuya materia solo por infección participada se forma en nuestros humores, y se puede conservar por mucho tiempo encerrada en frasquitos, como lo hacet^ los Inoculadores, y por bastante tiempo en todo género de ropas, especialmente de algodón , lana y otros muebles. Que sea la Viruela ente criado por Dios , por cuyo motivo no pueda aniquilarse, es un error. Quando crió el Señor el mundo, nos dexó dicho por Moyses, que eran todas

las cosas criadas en gran manera buenas: con que no parece deberán entrar en este número las enfermedades, siendo cosas tan claramente malas.

125 Las dolencias fuéron efefío del pecado , luego este fué , y es su causa moral : y así como Dios no crio el pecado, tampoco las enfermedades. -

126 De! mismo modo que la privación, sin embargo que es considerada como uno de los principios constitutivos del cuerpo físico natural, ella en sí es nada', ó por mejor decir, es la carencia de lo que era, ó el hecho mismo de dexar de ser una cosa^ así e! pecado y las enfermedades no son otra cosa que la pri- ^ vacion de la gracia y de la salud; de suerte, que s¡ Adan no hubiese faltado a! precepto, que el Señor le impuso, el pecado y las enfermedades no se hubieran conocido en el mundo , porque no fueron entidades criadas; luego el decir que las enfermedades son entidades criadas por Dios, que no pueden aniquilarse, es hablar con impropiedad.

I2J7 La enfermedad, según Gaubio, es aquel estado del cuerpo humano, por el qual no se pueden exercer Jas acciones propias del hombre, en lo qual consiste la salud : este estado le es accidental al hombre ; luego el hombre podrá estar sin enfermedi d ; y podiendo estar los hombres sin enfermedades, podrán también aniquilarse estas, no pudiendo existir por í mismas ; luego las ¥iriielas pueden aniquilarse.

128 Pero supongamos, que hablando con propiedad me digan, que el material contagioso, á lo menos desde que fue producido por el concurso de las causas inaveriguables, tiene ser entitativo real; y una vez que tiene existencia ceal, podrá subsistir por sí y

permanecer siempre sin aniquilarse; á lo que se seguirá , que mientras haya hombres con disposición para recibir el contagio, subsistiendo este, subsistirán las Viruelas. A este sofístico argumento se responde diciendo, que la aniquilación solo es repugnante en la naturaleza á los cuerpos simples ó primeros elementos, y de ningún modo á los compuestos en lo que toca á su forma substancial, que les constituye en ser de tales ó tales entes; y siendo de la naturaleza de estos el contagio varioloso, que siempre es aquella materia, que se formó de los humores de un virolento, así como la sarna , tiña, lepra, &c. se forman de los humores de un sano , mediante la mezcla del contagio de un enfermo, que antes lo padecía, no hay repugnancia alguna para que se aniquile: pero dexémonos de raciocinios y vamos á los hechos.

129 Las Viruelas vienen á un pueblo, y luego que han contagiado á quantos hallan en disposición, se aniquilan, y nadie vuelve á padecerlas, aunque estén muchos en disposición de recibirlas, hasta que las traen de nuevo; lo que no debiera suceder, si no se hubiesen aniquilado allí: y si se aniquilan en este, aquel y el otro Lugar , ¿porque no podrá suceder lo mismo en todos ?

130 De todo lo dicho se deduce, que Dios no ha criado enfermedad alguna, sino que todas ellas deben su origen á causas naturales; y si testas las evitamos, nos libertamos de aquellas. Esta es una verdad constante y muy conforme á las soberanas y benéficas intenciones del Criador. Los Turcos, que sumergidos en la ceguedad de su errónea y supersticiosa seda, miran como infalible destino quanto les sucede, nada cuidan

de evitar las causas naturales de enfermar:; por eso, ni se precaven de comunicar con los apestados, ni de vestirse ropas de los que mueren de pesie, y así viene á hacerse tan durable entre ellos, y causa tantos estragos.

13 1 Aunque parece que únicamente nos hemos . propuesto por objeto el preservar á los pueblos de la peste de la Viruela^ se dexa conocer muy bien, que las mismas providencias indicadas á este fin son igualmente eficaces para toda enfermedad contagiosa, y con especialidad para la verdadera peste v como lo acredita el suceso referido de la Ciudad de Ferrara , y aun el de Rom.a^ y si en alguna ocasión debiera el Magistrado apreciar un plan, que facilita poner á cubierto á todo e! Reyno del terrible azote, que amenaza á toda la Europa, era en esta, quando la peste, que está arruinando añualmente varios países en ella , puede fácilmente comunicársenos por medio de los géneros de comercio, que nos vienen de Levante, como son algodones, muselinas y otros, que son los mas propios á transportar ios contagios, y cuyo tráfico es el mas abundante en aquellos países. Las historias mas puntuales que tenemos de las pestes, que en varias ocasiones han acaecido en la Europa, refieren, que por estos medios fueron transportadas del Africa y Oriente, donde son endémicas. La mayor desgracia es que la utilidad de esrcr^proyedo no puede ser completamiente conocida hasta que se ha experimentado; pero sería harta lástima aguardar á experimentar el daño para prevenir el remedio.

^ MÉTODO FÁCIL

DE CURAR LAS VIRUELAS.

N'UNCA fue mi ánimo escribir de la curación de las Viruelas, porque sobre ser esta una materia tratada ejcteusamente por la mayor parte de quaníos Escritores generales de Medicina han florecido desde Rás¡sacá,me propuse desde luego por único objeto manifestar al Público los medios mas eficaces de precaverse de esta enfermedad sobre el fundamento constante de experiencias, no menos repetidas, que verdaderas. Pero habiendo considerado algunas personas de singular juicio y amor al Público, que convendría se hallase unido como por apéndice á mi Disertación el método eficaz y sencillo de curar las Viruelas, que se exerce hoy dia por los mas hábiles Profesores, y que publican en sus obras los mejores Práéiicos 5 me contemplé obligado á condescender con su modo de pensar ^ porque si llegase este escrito adonde abrazasen con gusto el proyeéto, y tal vez careciesen de los Autores, que escriben con mas acierto de esta enfermedad, será apreciable hallen al mismo tiempo, aunque en compendio, el método de manejar á aquel ó aquellos individuos, que por ser los primeros invadidos de las Viruelas , se hayan de sacar de sus casas para curarlos fuera de poblado.

La Viruela, ya se considere como esporádica ó como epidémica , siempre es enfermedad contagiosa , y en calidad de tal comunicable de unos á otros. Se presenta al principio con síntomas comunes á oíros afectos 5 pero en lo sucesivo se distingue de todos y cons-

tkuye enfermedad de su propio género, como dice Mead:, la qual , aunque se diferencia en varias especies según su grado ó intensión, pueden reducirse todas á las dos generalmente conocidas, que son discretas y confluentes ^ pues las diversidades de Viruelas que se observan, como son las cristalinas^ siliquosas^ berru^ gosas , escorbúticas ó carbunculosas , no son mas que variedades de estas mismas especies. En una y otra especie se hallan benignas y malignas respedivamente , con la diferencia, que entre las discretas son pocas las de especie maligna , y entre las confluentes es rara la de especie benigna.^

Aunque entre las discretas las hay tan benignas, que apenas ocasionan alteración en la naturaleza, á las quales llaman locales^ porque ocupan una sola parte del cuerpo^ las hay también anómalas ó irregulares llamadas discretas malignas. Pasemos ya á considerarlas todas ellas en sus quatro estados , que son los mas notables*

PRIMER ESTADO*

Luego que el contagio varioloso recibido por ía respiración , ó unido á los alimentos, ó también pegado al cutis, se insinúa por los poros, ó mediante la incisión que acompaña á la inoculación, llega á mezclarse con la sangre ^ k# vicia y reduce á su misma naturaleza la parte linfática viscosa con quien tiene mas afinidad, y que está mas dispuesta á hacerse virolenta. Quando esta parte de la masa de la sangre en su transformación va adquiriendo ciertos grados de acrimonia, no puede circular sin irritar al corazón y demas partes

inuscuíosas, y sin ofender asimismo las nerviosas^ y en este estado es quando comienza á abrirse la escena con horripilaciones, á qoe se sigue la calentura aguda inflamatoria con laxitud flemonosa , dolor gravativo de cabeza, ojos encendidos, sueños turbados, y alguna vez interrumpidos con espantos y delirios, nauseas y vómitos. A estos síntomas, qoe son como precursores de la enfermedad, acompañan comunmente picazón de narices, tal qual vez hemorragia, alguna dificultad en la respiración, mal de garganta, sed, orinas blancas y tenues, pulso duro, alto y freqüente y suma inquietud. Pero las señales patonogmónicas son por lo regular la cardialgía, dolor de cabeza, de los lomos en los adultos, y convulsiones ó alferecías en los niños. Después sobrevienen ciertas punzadas al cutis, y este se pone encendido y ardoroso, especialmente en la cara, y es anuncio de la próxima erupción de las Viruelas. \

En ningún género de enfermedad se observa tanta variedad de efedos, por la varia constitución de sólidos y líquidos, como en las Viruelas; pues si e! sugeto que contrae esta indisposición, al recibir el contagio se halla robusto, es de fibra fuerte y tirante, y abunda en sangre espesa; por lo común le sobreviene una calentura inflamatoria con ataque unas veces al celebro, otras á la garganta y otras al pecho, &c. ; cuyos síntomas obligan á hacer prontas y c^piv>sas evacuaciones de sangre, si no se le quiere dexar morir al paciente frenético , ahogado ó perineumónico. En estos enfermos se encuentra pulso freqüerue, lleno ó tirante, respiración caliente, corta y fatigosa, calor excesivo y general , orina encendida, sed intensa , la lengua árida

é impura, y ap;udos í3o1ores de cabeza , espalda, lomos y piernas. Como estos síntomas caraíierizan la disposición inflamatoria, en qualquier enfermedad que se hallen, sea ó no contagiosa ; debe ser abundantemente sangrado el enfermo, para evitar las conseqüencias de la disposición inflamatoria, que sobre no tener conexión con la naturaleza del contagio, sc!o serviría de aumen tar e! peligro en ella. Así se hace en la verdadera peste, y así lo aconsejan Rásts, Boerhaave , Wansvieten , Mead , Haen , Huxham , Tisot , Pereyra y todos los mejo res Prádicos,

Quando los Cirujanos ven, que una inflamación en sus principios, donde quiera que se halle, viene con 1{)S síntomas referidos; inmediatamente recurren á las sangrías, como á sagrada áncora, y logran por lo regular quando las hacen copiosas, reiteradas y prontas, ó que se resuelva ó que se disminuya su magnitud y conseqüencias; y esto mismo debe suceder necesariamente en las Viruelas, quando dan en un sugeto de la referida constitución , en quien no son otra cosa que una multitud de pequeños tumores, que constituyen una disposición inflamatoria en toda la máquina. Por el contrario será muy perjudicial evacuar sangre , quando el sugeto á quien se comunique el contagio viroloso, esté mal complexionado ó cachéSico; pues la calentura, que comunmente le sobreviene, es pútrida con los síntomas ptifupios de esta ó semejantes á los de la lenta nerviosa: tales son el caimiento de ánimo, pulso débil, acelerado y desigual, rostro pálido y triste, orina cruda y tenue, poca ó ninguna sed, calor mode-* rado, pesadez y vaidos de cabeza, anxiedad y ganas de provocar, inquietud y floxedad universal. A estos

aparatos se sigue porlo común la erupción imperfeta, ó de unas Viruelas pálidas , crudas y aplanadas, que sin madurarse se secan , ó de muchas y amantonadas vexigas llenas de un humor tenue y crudo, que después de permanecer así algunos dias, se vuelven lívidas , y últimamente terminan en una horrible y negra costra, cuya tenacidad y el olor de podredumbre, que exhala , anuncia la próxima muerte.

Alguna vez sucede, que si la sangre del contagiado tiene tendencia á la disolución pútrida, la calentura que sobreviene es maligna ó petechial^ y en este caso, no solo se presentan los síntomas, que acabamos de referir, sino hemorragias y petechias entre las Viruelas; y aun quando estas sean discretas ó en corta cantidad , aparecen desde luego sanguíneas, negras ó por mejor decir carbunculosas malignas, que pasan pronto á gangrenosas. La observación de esta variedad de sucesos ha manifestado con toda claridad, que una misma especie de contagio produce diferentes géneros de calentura, mediante el diverso estado de sólidos y líquidos de cada individuo, y por la varia disposición de la estación y ayres que corren, y que por consiguiente no se debe curar á todos baxo de un mismo método, sino que unas veces conviene, siguiendo á Sidenham, entablar el régimen atemperante y antiflogístico, y otras , imitando á Morton , establecer el caliente y antipútrido, y aun otras •i^alerse de ámbos, según lo pida la variedad de indicaciones, que pueden presentarse en el progreso de la Viruela.

En todo acontecimiento se procurará mover el vientre á ios enfermos con lavativas emolientes y atemperantes, y el caldo que tomen podrá ser de car-

, Í"S

ñero, vaca o ternera cocida con acederas, escarolas ó

verdolagas, las que también podrá comer , como todo género de frutas maduras y agridulces: beberá agua á pasto cocida con cebada y escorzonera , y con ella se le harán también algunas limonadas, y asimismo usará del agrio de limón ó de agraz en los caldos.

Si le fuere posible al enfermo, se mantendrá la mayor parte del dia fuera de !a cama, cuidando de que el ayre de la pieza esté templado y renovado,

Antonio Haen juzga deberse la gran felicidad que logran los inoculados, no tanto al arte de ingerir las Viruelas, quanto al método curativo que observan con ellos, que es el mismo que Tomas Sideoham empleó y dexó establecido para las naturales; e! qual , aunque al principio fué seguido de pocos Profesores, liitimamente la experiencia le ha acreditado en tanto grado, que el dia de hoy no hay Médico juicioso que no le haya adoptado como el mas feliz y seguro. La grande autoridad de Boerhaave contribuyó no poco á darle á conocer como preferible al de Ricardo Murtón, y al de quantos Je habian precedido.

SEGUNDO ESTADO DE LAS VIRUELAS.

Al estado contagioso, ó sea de la impresión del contagio, se sigue el inflamatorio; el qual se hace mas demostrable por^^as pintas que aparecen. Si estas se descubren al qoarto dia, son por lo común discretas; pero si al segundo ó tercer dia, son confluentes, y efecto de ia suma agitación ó efervescencia de la sangre; y quando tardan en salir mas de cinco ó seis dias, son igualmente confluentes y malignas, porque suponen

débil f abatida la acción vital del corazón y arterias. En este caso si fuese por agravación, la sangría repetida promueve la erupción, como asimismo el agua fría d ' nieve, que Rásls acostumbraba dar en estas ocasionas, igualmente que la respiración de un ayre puro y f esco, y la repetición de baños de agua tibia de medio cuerpo abaxo.

Comienzan á verse las Viruelas por !o común en Ja cara, cuello y pecho ^ y quanto en mayor numeróse presenten en estos parages , tanto peores son. Este es e! estado en que acaecen malos sucesos, parte por la violencia y malignidad, y parte por la impericia de los que dirigen al enfermo, ó por los excesos de este mismo de los asistentes. Comunmente en las Viruelas discretas falta la calentura y demas síntomas, luego que han salido, aunque alguna vez sigue y se aumenta con vehementes dolores de cabeza, de lomos y articulaciones , sed intensa, vómitos, delirio y difícil respiración^ y con lodos estos síntomas, ó está tarda la erupción, ó brota con tanta abundancia, que cubre todo el cuerpo.

Acontece alguna vez, que en los primeros dias van las Viruelas tan felizmente, que ofrecen grandes esperanzas; pero luego al tercero ó quario dia,ó al comenzar la supuración , que es ya e! tercer estado, se agravan los síntomas, y se frustran las esperanzas. En esta desgraciada enfermedad acaecer:, este trastorno á cada paso, sin saber por que, hasta que se suele venir en conocimiento de los errores que se han comeiido, y entonces son pocos los que por robustos que sean no paguen la pena de verse en el mayor peligro ó la de morirse.

Antonio Haen , para precaver estos riesgos, pondera la necesidad y ventajas del ayre tempiado y renovado en la curación de los enfermos que se baÜaíi especialmente con enfermedad aguda, y lo autoriza con Hipócrates , Celso , Sidenham, Boerhaave, Boyle^ Hales, Sgravesand y Musehembroek , y deduce ¡as siguientes reglas ó máximas.

La pieza donde haya de curarse qualquier enfermo virolento, debe ser espaciosa ^ y quando esto no sea, elíjase la que esté colocada hácia el Norte.

Las salas mas espaciosas de los hospitales deben escogerse para la curación de los virolentos en tiempo de epidemia, y aun será preferible á esto el que cada uno se cure en su casa á parte, y aun en las casas siempre será muy perjudicial el que estén des ó tres juntos en una pieza estrecha , porque con los vapores exhalados de los cuerpos se ofenderán mutuamente.

Las ropas de las camas y de los enfermos se mudarán á menudo, con lo que el ayre de la pieza no se inficionará; y esto no trae el peligro que e! vulgo imagina, haciéndolo con el cuidado y templanza, que pide ¡a delicadeza del enfermo. Dichas ropas -no sean muchas, ni muy pesadas, sino lo mas ligeras que se pueda , con arreglo á la estación dei tiempo.

La puerta y ventana de la habitación del enfermo deberán esiar abiertas lo mas que permita el tiempo, para que se renuevcgel ayre interior: si fuese en invierno, se calentará la ropa y cama del enfermo al mudarse ó acostarse, sahumándola con espliego ó rajas de enebro.

No se meterá brasero, ni se permitirá que haya concurso de gentes detenidas en la pieza del paciente,

porque no caldeen é inficionen el ayre con lo que exhalan de sus cuerpos y respiración. Por esto no se sabe bien qiianto daño traen á los enfermos las visitas irri'- pertinentes de gentes ociosas.

Este error y preocupación de la mayor parte de las gentes ha quitado muchas vidas en todo género de dolientes, especialmente en los virolentos.

Supuesta esta general preocupación, es de creer ^ que si un Médico mandase entre las personas de conveniencias, que un virolento no hiciese c^ma, que se asomase á la ventana , que saliese á pasearse por las piezas de la casa, ó á divertirse al jardin, donde le hu biese ; dirian , que el Médico estaba fuera de sí, ó que era un ignorante^ pero si estos sugetos reflexiona* sen sobre lo mismo que la experiencia les ha enseñado^ se acordarían de haber visto muchos niños y muchachos, especialmente de los pobres, que pasan de pie todos los estados de la Viruela, y que aun quando una gran costra cubre toda su cara, salen á correr y jugar alegres con otros á la calle sin el menor perjuicio.

Los ínoculadores salen llenos de satisfacción á pasearse al campo, llevando en su compañía á los inoculados , quando las Viruelas están en su mayor altura y e! tiempo es templado. En el famoso hospital, que de orden de la Emperatriz difunta se fabricó fuera de la Corte de Viena con el único destino de inocular las Viruelas á quantos fuesen á él, sl'^ paseaban todos los dias por un gran jardín^ y llegando á conocer el Publico, que á este régimen de no hacer cama y respirar un ayre libre debían en gran parte el feliz^exito los inoculados, siguiéron el exemplo con igual acierto machos de los que las contraían naturales.

En medio de todo esto es digno de notarse^ que si los preocupados con el antiguo y vulgar método han visto morir alguno de los que siguen este nuevo arreglo de hacer poca cama y gozar del paseo al a y re I¡- ! bre 5 declaman contra él , aun quando sea uno entre ciento, y no se espantan de ver morir diez ó mas coa el antiguo y erróneo en que se han criado.

‘ ¿Como puede dexar de ser sumamente dañoso á un enfermo, que contrae el contagio de las Viruelas, el condenarle á perpetua cama por dos ó tres semanas, cargado de ropa, privado del natural movimiento del cuerpo, y de la clara luz y trato alegre, que gozaba con sus amigos, y encerrado en una alcoba ó quarto, como en una cárcel, donde todo infunde terror y tristeza ? Si á un ánimo , abatido ya con el aparato de iodo esto , se le sangra , se le purga , como suele ser preciso, se le da solo un caldo tenue, y tal vez alguna pócima desagradable 5 ¿que extraño será que desfallezca y adquiera el humor viroloso mayor malignidad , que la que traía al tiempo de contagiar? Si con un hombre sano se hiciese todo !o referido por dos ó tres semanas, ¿no seria bastante para ponerle en peligro de perder la vida? Y si á un hombre sano haría enfermar gravemente 5 ¿que extraño será que semejante método haga que mueran muchos virolentos , que tratados de otro modo no morií^an ?

No solo la esperanza del feliz éxito, sino la suave molestia con que sobrellevan sus Viruelas los inoculados, atrae á muchos á abrazar este partido 5 y si con los que las contraen naturales se observase lo mismo, las baria méoos temibles y mas curables.

No por esto pretendo persuadir, que entre los in-

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oculados no haya también algunos, que , ó por la mala disposición de sus humores, ó por algún exceso, 6 por otro no pensado accidente padezcan y tengan que hacer cama por muchos dias, ó tal vez mueran ; pero lo cierto es, que son raros. Antonio Haen, que por sus aciertos ha merecido el título de ser el gran Práñico de este siglo, hizo tanto aprecio del método Sidenhamiano^ que no solo en los virolentos le ha seguido, sino en todos sus enfermos de enfermedades agudas , haciéndoles salir de la cama todos los dias el tiempo que podían tolerarlo sus fuerzas, ó á lo méoos sentarse en ella, quando otra cosa no pudiesen. Este famoso y juicioso Médico^ que por espacio de quarenta años observó esta prédica , tanto en los hospitales , como en la ciudad, siempre la experimentó feliz. En prueba de ello dice, que habiendo sido llamado en compañía del célebre Storck para ver á un joven , que padecía unas Viruelas confluentes malignas , y que por habérsele suprimido la salivación se hallaba muy á los últimos, ie hiciéron salir de ¡a cama , y le pusiéron donde respirase el ayre libre, que entraba por la ventana; con lo qUal y e! uso de cantáridas y antisépticos le libertaron de un evidentísimo riesgo de perder la vida.

Si los excesos pueden alguna vez servir de apoyo á las dodrinas , los Inoculadores r/fieren sucesos , en que algunos enfermos con las Viruelas fuera se huyeron delirantes de las casas, y fueron á sumergirse en el agua , de donde los sacaron medio ahogados, y á beneficio de los auxilios acostumbrados recobraron la vida , y después signiéron sus términos regulares las Viruelas con buen éxito. Lo mismo refieren de oíros, que en el mismo estado de Viruelas y delirio se salié-

ron al campo, pasando allí gran parte de la noche, y no obstante se curaron sin el menor riesgo.

A todo esto, que se reduce á procurar la ventilación ó renovación del ayre ^ acompañaba e! sabio Sidenham el uso de los baños de piernas y muslos , y aun de ¡as manos: después confirmó esta prádica el célebre Boerhaave, y la siguen hoy dia otros muchos, añadiendo a! agua del baño una porción de leche. En tanto grado es feliz el uso de los baños, que los habitadores de las montañas de la Isla de Scarpaoto en el Archipiélago no hacen otra cosa desde el principio hasta el fin de las Viruelas, que bañar en agua tibia dos veces a! dia á sus enfermos : con lo que de tiempo inmemorial experimentan venturosísimos efectos.

Lo cierto es que Kásis pradicó con grande acierto el uso de los baños, y lo dexó recomendado á la posteridad. Algunos le siguiéron después ; pero no tanto como desde que Sidenham y Boerhaave le acreditáron de tal modo, que ei dia de hoy todo hábil Médico reconoce su mérito, y recurre á él como á una sagrada áncora; porque no solo ablanda el cutis y diluye los humores, sino que dilata la membrana celular y la dispone á recibir todo el veneno viroloso contenido en la sangre.

En la curación de la Viruela merece una de las mayores atenciones el precaver los ojos de que sufran este mal, á cuyo fin se deben bañar con agua y leche veinte ó treinta veces al dia.

En quanío al alimento de los enfermos pueden usar de caldos de carnero y ave; pero que sean tenues, y cocidos coa algunas yerbas atemperantes y

aníiputrlcías, como queda dicho. Alguna vez ocurre ía necesidad de añadir al agua el nitro ó el espíritu de vitriolo 5 y quando hay malignidad que corregir, la corteza peruviana.

El uso del opio en las Viruelas tiene sus defensores é impugnadores. Unos le miran como dañoso, porque le consideran sumamente frió, y se per-» suaden por tanto, que entorpece y debilita á la naturaleza, cuyas fuerzas son necesarias para la erupción, supuración, &c. Otros le califican por caliente á causa de lo amargo que es, y temen encienda mas y au^ mente la calentura. Pero ninguno de estos preocupados anticipadamente y obstinados en su error le usan jamas, y todos carecen de las experiencias , que son las tínicas que demuestran la verdad. Rásis lo usó con felicidad : después de él oíros muchos , y entre los modernos nos le recomiendan Sidenham, Morton, Boerhaave, Werlhof, Freind, Wansvieten y Pluxham, todos Médicos, que lo administraron en las Viruelas con grandes ventajas, y coya autoridad equivale entre los inteligentes poco ménos que á un convencimiento.

Pero el que á imitación de estos tan graves Autores, no solo le ha usado con mas freqüencia y extensión , sino que persuade su utilidad con razones y millares de experiencias convinc^tes que hizo, es el gran Práclico Antonio Haen. La propia observación, dice este sabio Autor, le enseñó, que por no disponerlo en algunas Viruelas, con motivo de presentarse benignas, sobrevinieron ^después graves síntomas, que rara vez se verificaron en quienes lo usó desde el principio. Si en el estado de la inflamación ó de la supuración retrocedían las Viruelas, á beneficio

del paregorico volvias á salir: si amenazaban ansiedades, pulmonía ó angina, las mitigaba y coraba con el mismo remedio. Aun para que broten las Viruelas quando están tardas, encomienda dos onzas de xarabe de Diacodion , ó una del de Adormideras blancas , ó un grano de opio. No sin notable perjuicio se ks priva á los virolentos de este socorro. ¿Es posible, añade el mismo Autor, que si estos sabios Autores de tan conocido candor, tan versados en observar, y tan amantes del próximo, hubieran tenido por dañosos los opiados, los habían de haber usado en sus enfermos, y dexado tan recomendados á la posteridad? Quando los paregóricos no traxesen otra utilidad que la reconciliación del sueño, cuya tranquilidad conduce tanto á perfeccionar la supuración , seria su uso laudable.

Sobre mover el vientre blandamente á favor délas lavativas, hay su oposición también éntrelos Médicos. Unos juzgan perjudicial esta evacuación , porque creen , que siempre que esta sea , ó movida por la naturaleza, ó excitada por el arte, atrasará la erupción y demas estados de la 'Viruela, De esta opinión fué Morton, y la siguen otros muchos con la mayor parte del vulgo en detrimento de !a salud pública. No así los verdaderos Maestros del Arte Médica Sidenham, Hofman, Boerhaave y Huxham con Haen, qoie* nes tuvíéron esta-^^vacuacion natural portan precisa^ que la procuráron por el arte siempre que no venia espontanea: y en efedo, si fiera perniciosa, ¿quantos se le hubieran muerto, dice Haeo , en el crecidísimo numero de virolentos que coró, á quienes cada día hacia, que por sí ó mediante lavativa se les moviese el vientre?

La misma duda y variedad de opiniones ha habido sobre !a sangría. Muchos la han mirado como perniciosa , y á ningún virolento sangran: otros como indispensable , y la usan generalmente 5 pero los que proceden con cordura , sangran á veces y en abundancia, siempre que hallan los verdaderos indicantes de ía sangría, y al contrarío suspenden este Utilísimo auxilio quando no está indicado. La experiencia ha manifestado muchas veces las utilidades de la sangría en todos los estados de la Viruela. Baglivio confiesa, que mediante este remedio , arrancó de los brazos de la muerte á muchos virolentos rodeados de los síntomas mas temibl s^ y Boerhaave con todos los modernos considera , que puede ser necesaria en quab quier tiempo.

Las cantáridas, que regularmente son de los ühimos recursíís de que nos valemos en la curación de otras enfermedades, íieoen hoy dia casi el primer lugar en el concepto de algunos modernos. De estas y de los sinapismos echan maní) desde luego para atraer el venena viroloso á la periferia, especialmente quan* do la naturaleza está tarda en la erupción. Quando las Viruelas se quedan aplanadas; quando se desvanece de pronto la hinchazón de las manos, y se excitan dolores grandes en alguna parte interna y anxiedades, ó se suprime el tialismo regular en ios adultos; quando hay gran dolor de cabeza, dí:1irio y postración de fuerzas; Ricardo Mead las usaba, lleno de confianza de que la evacuación de las materias que purgaban, libertaban las partes internas del cuerpo de otros estragos : y Federico Closio en el nuevo método de curar las Viruelas, que nos ofrece en su libro, enea-

rece tanto la virtud de los vexigatorios^ que usándolos desde el principio, confia únicamente en eüos el éxito feliz de los quatro tiempos de la Viruela.

Los sinapismos han merecido la atención de los Médicos, siempre que han deseado atraer á los pies el humor, que se temian fuese á la cabeza, ó que ya hubiese hecho tiro á ella : por tanto !a aplicación de esta medicina en las plantas de los pies ántes de ía erupción del humor viroloso, es tan liti! , como los baños de muslos y pies, que deben preceder á la aplicación de los sinapismos, en sentir de Antonio Haen. Esta medicina la puede hacer qualqulera en su casa de este modo: Se toma de levadura de harina bien aceda una libra, de ruda un puñado, de sal común y de harina de simiente de mostaza de cada cosa media on« za, y de vinagre loque baste para que mezclado todo tome consistencia de masa, que en forma de cataplasma se aplicará á las plantas de los pies por veinte y quatro horas, sin dexar por esto de repetir los baños por mañana y noche hasta la perfeda salida de las Viruelas , que regularmente será en mayor abundancia hacia las partes inferiores, que hácia las superiores. No obstante lo dicho, en siigetos de complexión ardiente y seca bastará e! uso de los baños generales, ó de medio cuerpo en agua tibia,

TERCER ESTADO DE LAS VIRUELAS.

que es el de la supueaciou.

AI odavo dia de como se presenta la calentura virolosa , o sea al qoarto de la erupción, comienza la supuración, y se perfecciona comunmente al on-

ceno en las Viruelas discretas , algo mas tarde en las coherentes, y al catorceno en las confluentes. Esto es lo que comunmente sucede quando las locas van regulares 5 pero este buen orden se trastorna siempre que alguna maligna qualidad se envuelve en ellas, retrasándolas, y aun haciéndose mas ó menos imperfecta la supuración en unas y otras; de tal suerte, que algunas veces hasta las mismas discretas llegan á malignarse.

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En este estada suele sobrevenir la salivación con mas ó ménos abundancia , especialmente en los adultos ; y si retrocede esta evacuación, ó bien la materia de las viruelas, ocasiona , según la parte adonde . se dirige, síotamas mas ó ménos graves; pues si va á la garganta, produce anginas; si á la cabeza, dolor gravativo; si al pecho, dificultad en la respiración; y si al vientre, diarrea y tal vez delirio. Para remediar estos síntomas, que son mas temibles que ia misma enfermedad, debe recorrirse á la sangría, con especialidad si la calentura se aumenta considerablemente con dureza en el pulso. Esta evacuación puede repetirse con arreglo á la gravedad y naturaleza del síntoma y fuerzas de! enfermo. Pero si la calentura no manifestase ser de la clase inflamatoria, sino solo de las malignas agudas, lo que se conocerá en la freqüencía y debilidad del pulso, y en q\P2 el entumecimiento ó hinchazón del rostro cae de repente; entonces cesa la salivación déla misma forma, las Viruelas o pústulas se disminuyen y aplanan, las distancias o huecos que hay de unas á otras amirilUean o se ponen de color pajizo y ceniciento, se experimenta gran frialdad coa desfalleciaiieato y pena 5 después entraa

una perpetua congoja ^ temblor, saltos de tendones, deliquio del ánimo y otras cosas, todo de repente. Esta mutación se ha de aguardar quando salen fuera las pústulas al primero, segundo ó tercer día ^ quando después de la plena ó total erupción no están bien llenas, redondas y perfeftamente agudas, sino que están llanas y anchas, ó tienen en medio algún hoy j ó mancha negra 5 quando la basa que las circunda no aparece roxa , sino cárdena y de color mas obscuro^ y quando, ademas de esto, continúa la orina y se pone pálida, cruda ó tenue, y las arterias de la garganta y sienes tiemblan mas^ todo lo qoai amenaza no poco peligro, Y así en estos casos debe el Médico atender con suma diligencia al enfermo; pues se trata en pocas horas 00 ménos que del negocio de la vida ó de la muerte; por lo qual, aunque en una enfermedad expuesta á tanta variedad de síntomas, como son las Viruelas, apenas se pueda prescribir alguna regla cierta; con todo á presencia de estos síntomas, los baños, las cantáridas y la tintura de quina con los agrios satisfacen la indicación.

QUARTO ESTADO^Í3E LAS VIRUELAS

LLAMAUO DE LA DESECACION,

Aunque I/^s que han llegado á este estado con felicidad , por !o común suelen prometerse concluir la curación de las Viruelas perfeflamente; con todo en algunos sucede, que si por no haberse hecho una completa despumación del material viroloso á la periferia al tiempo de la erupción, se detuvo alguna porción de éi en lo interior, formando Viruelas en una ó mu-

ch^_s 'enlrañas 5 entonces es inevitable la .muerte^ y no Jo -es menos quando en las visceras interiores se forman los depósitos purulentos, que e! cuchillo anatómico ha ^'-descobierto en los cadáveres que murieron de Viruelas. Horsíio refiere de un caballero ilustre, á quien invadíéroo las Viruelas con una calentura aguflux o y diarrea de sangre , que no tuvo remedio., Moerirí el enfermo, disecó ei cadáver, y se hallaron el hígado, bazo, intestinos y pulmones tan cubierros de Viruelas , como lo estaba la cara* Fernelio, Bartholioo , Kerkringio, Bonet y otros muchos Anatómicos han haüado lo nrisiTio^ y Lieíaud en su Historia AnatómicG-Médica dice , haber reconocido las visceras del pecho y vientre igualmente pobladas de ViroeJas que lo exterior de! ciiiis.. Ambrosio Pa- ' reo observó en uno, que murió de Sarampión, que las mismas entrañas del pecho y vientre estaban llenas de é.L Igualmente se han hallado en las disecciones anatómicas de estos cadáveres abscesos en diferentes visceras.

Alberto Ualler advirtiíS en uno, que murió de Viruelas confluentes , la gran porción izquierda del cerebro convertida en materia. MorgagUí observó en otro, que áníes de morir echaba materia por un oído, una grao supuración sobre Ja silla turca, que se extendía hasta el principio de la médula espinal. Mr. Chirac echó de ver en muchos caaáveres de virolentos los vasos del cerebro llenos de sangre, y los ventrículos de serosidad, el hígado inflamado, y la vejiga de la hiel llena de cólera verde y negra, Ea oíros, dice, que halló la sangre muy fluida, lo que no es extraño^ pues este es efeflo de la podreduni-

bre, y del qiial niiieren por lo corriiin todos aquellos á quienes no quiiárun !a vida las Viruelas interiores, ó los depósitos purulentos formados en visceras necesarias á !a vida, y que no encuentran salida,

,ndo los enfermos en este estado de !a de-

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Para evitar estos retrocesos y sos conseqüen cías encarece Antonio Haen con otros muchos Prá ticos la utilidad de romoer las Viruelas ouaodo se ad-

viertan supuradas, cortando con las puntas de unas tixeras algo de la bolsa que contiene el pus: de este modo se evacúa y vuelven á llenarse nuevamente ; y repitiendo esta operación tres 6 quatro veces , se desahoga y vierte por allí aquel materia!, que de otro modo detenido en la membrana celurar, si por ¡a naturaleza ó por e¡ arte no se arroja por vías cooferentes, qoales son cursos y orina, termina en abscesos , que comunmente atacan las articulaciones. Precávese con este arbitrio, que detenida la materia se vuelva mas acre, y que corroa el cutis, dexando las señales grandes, que acostumbra. El misnio Antonio Haea purgaba y sangraba sus virolentos , aun después de la desecación de las Viruelas 5 y en quienes hizo esto , asegura, que jamas sobrevinieron supuraciones á los ojos, articulaciones , ni otras partes, conio tampoco las fiebres le.ntas, que son harto freqüentes.

Quan lo en este estado las Viruelas forman en el ámbito déi cuerpo uoa costea perfeña, y la salivación se disminuye 5 nada se expele, ni transpira por la cutis encostrada y escamosa : por lo qual y porque la materia contenida baxo las referidas costras de hora en hora se corrompe mas y mas , y es absorbida y IIc^ vada á la sangre 5 la vicia y aumenta la fiebre segunda 5 en cuyo caso se debe procurar sostener ia salivación , mediante algunos gargarismos del cocimiento dcl agua de cebada con e! oxirnie! simple (S el escilítico, si la saliva fuese muy espesa , y promover asimismo la evacuación de la orina, mediante los largos diIcentes ya insinuados, ó el suero acidulado, que pue-

de usarse coíi fruto en todo el discurso de esta enfermedad. También aprovecha no poco en este estado de las Viruelas mudar á menudo las ropas del enfermo 5 pues como en vSeniejante tiempo se hallan todas ellas muy sucias, frías y corrompidas, le sirven al doliente de gran molestia, y asimismo infestan mas el ayre de! aposento, y le ponen tan molesto para !a respiración, que aun apenas le 'puede sufrir un hombre sano. Este ayre viciado ofende, no solo la respiración , sino que también á manera de un envenenado mephfns pasa sin

cesar por ¡os vasos del pulmón y otras partes á ía sangre, y ia corrompe cada vez mas.

No se puede ponderar soícientemente quanto se recobran los enfermos con la mutación del ayre de los aposentos, abriendo con prudencia las puertas y ventanas para esto , y con la remuda de las ropas : viven vida nueva, como ellos mismos dicen : y en verdad que el ayre libre ó despejado y puro viene a ser (^ábulo de la vida. Es pestiiencial seguramente el re-

tener el ayre corrompido dentro de tan estrechos límites, y al enfermo dentro de ellos. Es pésimo modo de curar el formar un género de hospital en el aposento de una casa, metiendo en él dos, tres ó mas pacientes^ y las mas veces he experimentado ser maniíiestameníe mortal. E! hedor, ios suspiros y clamor ó gritos de uno perturban y ofenden ai otro : rara vez sucede que todos duerman á un tiempo, sino que muchísimas veces por este motivo están todos desvelados. Objétese quanto se quiera : ningún daño se sigue de mudarse ropa los enfermos, teniéndose cuidado, y haciéndolo con lienzos bien caldeados y secos ^ pero es ridicula la opinión de que se hayan de calentar en otros sugetos por espacio de doce ó veinte y quatro horas las camisas de los hombres y mugeres enfermas ántes que se las vistan. ¿Por ventura no podrán sia esto calentarse y secarse ? ¿ Por ventura la transpiración y sudor del que las tenga puestas, aunque esté muy sano, no las emporcarán y humedecerán?

Finalmente hay casos extraordinarios y complicaciones, que no deben sujetarse rigurosamente á reglas y preceptos generales. Por esta razón conviene tener presentes, ademas de las doéfrinas que por extenso pueden leerse en ¡os Escritores extrangeros, que van citados en este resumen, así por haberse impreso fuera de España, como por la preferencia que tan justamente han dado al método refrigerante, en que estriba en mi diédámen la mayor felicidad de los Inocaladores, las apreciables observaciones de nuestros Autores Españoles, que han acreditado su zelo por el bien de la humanidad , dedicando en todos tiempos sus talentos y sus plumas á descubrir y publicar los

medios de combatir una enfermedad, qué en ambos mundos ha privado de innanierables vasallos al Estado. Entre estos Escritores son bien conocidas las obras de Christobal de Vega^ Valles^ Mercado ^ Luis de Lentos ^ Merino^ Luis Collado. Lázaro de Soto.^ Heredia^ García^ Bravo de Sohremonte y del Doctor Don Josepb Amar^ que publicó su Tratado de Viruelas en nuestros dias.

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