Disertacion fisico-médica, en la qual se prescribe un método seguro para preservar a los pueblos de viruelas. Hasta lograr la completa extincion de ellas en todo el reyno · Unidad 6 de 17

Unidad de lectura 6

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sellada con el privilegio de permanecer entre nosotros hasta la consumación de los siglos? No ignoro, que algunos Médicos zelosos de la salud pública se han desvelado por ver si hallaban antídoto para precaver de Viruelas, ó específico para moderar su afiiividadj y que no ha faltado quien uno y otro haya creído haber encontrado , según dexo insinuado ántes. Ademas Mr. Fierre Dubois Violer, Cirujano de París , en su lluevo Tratado que dio á luz sobre las enfermedades venéreas en el año de , se lisonjea haber descubierto un arcano en ei mercurio para poderse preservar el que quiera de las infección de las Viruelas; pero este desgraciado invento, que con temeraria inconsideración, como dice Astruc, se atribuye á sí, ¡que poca aceptación ha tenido en el Público, no obstante que tan necesitado se halla de él , y que con no ménos Ínteres de! Autor que del Género Humano, se hubiera ya propagado á todas partes, si hubiera sido cierto! A mi ver el citado Escritor creyó residía en el mercurio esta virtud preservativa. ¿Mas para que hemos de gastar tiempo en impugnar un hallazgo, que yace sepultado en el olvido, y fué parto de !a imaginación de un hombre, que estuvo muy distante de conocer la naturaleza, causas y remedios de las Viruelas, como lo dice su mismo paisano Asrruc? 'Fuera de que no es la nación Francesa tan descuidada de sus glorias, que hubiera malogrado la oeasioo de podet^^jpublicar con honor suyo este invento tan esencial para ella propia y para las demas Naciones, si le hubiese considerado tal.

44 Supongo que aun hoy dia no faltan quienes sean del mismo sentir; pues solo porque ven, que quando en los virolentos la acción vital está mas irri-

tada 5 y emplea los mayores conatos para cocer y sacudir á la periferia el material varioloso, elige por uno de los medios para su desahogo el pthialísrao , al qual miran como feliz auspicio ^ infieren , que solicitada de antemano esta evacuación con el mercurio, se lograrla la indemnización de las Viruelas : mas yerran en tener por crisis lo que es síntoma , según Morton ^ ^ Pero los que mis bien se persuaden á que el mercurio puede ser específico contra las Viruelas ,500 los que consideran por causa de ellas á los inseQos , fundándose sobre lo que tiene este precioso mineral de antivermiooso^ mas en uno y otro se equivocan igualmienie.

45 No obstante quien con algún motivo ha tenido razón para poder esperar que lo fuese el Etíope mineral, es Theophilo Lobb ^ , Dodor en Medicina é individuo de la Regia Sociedad de Londres. Este ingenioso Medico nos ofrece cinco observaciones de haber administrado dicha preparación del mercurio con feliz suceso en personas , que se hallaban al parecer contagiadas y con las disposiciones del primer período febril de las Viruelas ^ y que atenuado ó desfigurado el material varioloso , se disipó por insensible transpiración, segiin su juicio, excepto uno en quien brotáron algunas de buena índole ; pero este es remedio cuyo uso puede ser arriesgado, como dice Huxhan 3 * y solo en ciertos casos podrá tener lugar, siendo manejado Médicos sabios, que sepan contener ios estragos que puede ocasionar.

46 Boerhaave 4 fué el primero que hizo la pun-

I Trañ, de Fehrib.infíamat. pág. 71.

2 Traite de la petite Verole pág. 198.

3 Essai sur ks fiebres pág. 170. 4 Aphoñsm. n.

íería bácia este blanco 5 sobre el supuesto de que solo podría ser específico para esta enfermedad contagiosa aquel que tuviese aéJividad para destruir el contagio varioloso recibido ántes que transforme en su propia naturaleza los demas humores, ó que pueda volver á estos incapaces de ser transformados 5 cuya adividad creyó se haiJaba en el mercurio. Pero para que se vea que los mas útiles descubrimientos de la Medicina no se deben á ía fuerza de los discursos ni sutilezas, sino al acaso 5 experimentamos el dia de hoy sepultado en el olvido este invento, por mas que fue oido explicar al gran Boerhaave,quando le escuchaban como á Oráculo sus discípulos, y vemos extendida por todo el mundo la inoculación, que acaso habrá debido en la China su origen á alguna vieja ignorante.

4^ Frederico Hofman en el libro segundo de su Methodus medendí cuenta , que conoció él mismo á un sugeto, que con el secreto que poseía de unos polvos, impedia que brotasen las Viruelas^ aun qiiando hubiesen comenzado á salir algunas pintas , y esto sin perjuicio de la salud. Pero yo extraño, que si fué así como lo refiere, se descuidase Hofman en haberle procurado saber á qualquiera costa, y vitupero la vileza de ánimo de quien cruelmente privó al común de semejante arcano, en caso de que haya realmente existido.

48 En vista pues de que nos hai||imos hasta ahora sin específico alguno contra un enemigo tan poderoso^ ¿será por ventura en vano qualquier diligencia, gasto y eficacia que se ponga para inteoíar su total exterminio? ¿Habrá quien repute con razón de temeraria la empresa de una viñoria , que se concibe asequible? Hasta aquí no hay otra cosa que exemplares sin núme-*

ro de haber logrado libertarse de las Viruelas todos los que vigilantes lo solicitáron con tiempo y con aS¡- vidad. Entrar pues en un empeño con ánimo de conseguir lo que otros alcanzan 5 me parece que es resolución prudente, y es manejar las armas de la razón con esperanzas de vencer. Sin embargo un óbice se oie ofrece y harto extraño, que es considerar poco menos que imiposible reducir á rodos á cooperar con igual eficacia al logro de tm bien igualmente litil á todos.

49 No obstante como mi proyedo admite y aun supone la protección del Gobierno, cuya autoridad puede reunir las voluntades de todos hácia la felicidad pública^ esta consideración añadida á la notoriedad de su importancia y á la sencillez del arbitrio, que propondré por punto general, alienta mi esperanza de que se consiga la empresa, Pero áotes de manifestar el plan , que ya queda de antemano insinuado, y se reduce á pocas palabras , se hace preciso sentar la basa de algunas reflexiones sobre que ha de apoyarse.

50 Sea la primera la de que por constante testimonio de quantos Autores Médicos tratan de Viruelas se sabe que esta es enfermedad contagiosa 5 y por tanto en común sentir de los mejores Prádicos, solo por contagio se padece,* como ya he probado, y lo demuestra la experiencia á cada paso 5 por lo qual en qualquier estación del año que llegue el contagio á un pueblo, puede exteUj^erse por todo él, si no hay precaución que lo ataje, como sucedió el año pasado de 1J769 en Cs^íte Real Sitio de San Lorenzo , que comenzando la infección á fines de otoño del antecedente , tomó su mayor aumento en el rigor del invierno, y calmó del todo en la primavera 5 cuyo exemplar falsifica la opi-

Ilion de los que sin reflexión dicen, que esta epidemia suele venir con !a primavera y el verano, solo porque vea, que eo estas estaciones se aumentan con el calor su podredumbre , propagación y estrago.

51 Eo confirmación de esto digo, que no hay noticia verdadera hasta aquí de que jamas se haya visto en ningún pueblo de la Europa declarada esta enfermedad en individuo alguno, sin que haya precedido contagio^ esto es, por puro destemple de sus humores , ó de los elementos y demás causas ocasionales de las dolencias comunes. No me detengo en esforzar este aserto, por ser tan manifiesto á todos. Los archivos de las Islas dei Mediterráneo nos aseguran , que pasan á veces decurias de años sin dexarse ver las Viruelas hasta que llega á sus puertos algún virolento, que se las comunique dentro ó fuera de la embarcación.

¿2 En la Isla del Hierro, una de las Canarias, había muchos años que no se observaban Viruelas, hasta e! de 1651, en que arribó un Buque Dinamarqués, donde iba lio muchacho convaleciente de ellas. Este dio su ropa á lavar á una moger, á quien inmediatamente se propagó el contagio, y de ella pasó á otros, hasta que se hizo universal la epidemia en esta y todas las demás Islas adyacentes, no sin horrible estrago. Dice Ricarda Mead , que navegando un amigo suyo comerciante desde Olanda á las Indias Orientales, al doblar el Cabo de Buena Esperanza se detuvo para descansar una temporada, con cuyo motivo se acercároa los Salvages de la costa, y se ofreciéroo á servirles en quanío pudiesen , como tenían de costumbre; y entrando y saliendo para esto en la embarcación , donde traían algunos enfermos con Viruelas, participáron del

contagio; el qual, propagándose de unos en otros, prendió en breve tiempo en muchos, y conociéron, que el mal era pegajoso. Viendo esto una porción de los que se hallaban libres de ellas , pero con el temor de contraerías, se retiráron á un valle, donde defendidos con un parapeto se negáron al trato y comunicación con ios otros , impidiendo se acercase á ellos ninguno de los contagiados , con las flechas en las manos ; á cuyo arbitrio debiéron la preservación de las Viruelas.

53 Y si pueden producirse sin contagio ó por su propia naturaleza, como quiere Fracasíorio, pregunto: ¿como no se dexó ver jamas esta enfermedad en la Europa hasta la entrada de los Sarracenos, y en ia América hasta eí tiempo de nuestras conquistas? Los humores de; hombre son los mismos ahora que eran entonces, las causas naturales para poder enfermar subsisten del mismo modo. Yo no sé pues con que razón profiere Fracastorio proposición semejante, !e dice con razón Weriohf quando entre nosotros apenas alguna rarísima vez y quizas nunca se ve verdaderamente, que sin contagio precedente se produzcan las Viruelas 2 .

54 Bien creo yo, que algunas veces se comunica el veneno varioloso por tan ocultos medios, que no es fácil percibirlo, y entonces es quando se cree que han sido producidas las Viruelas sin contagio. A este modo fué lo que aconteq^ó á aquella jovencita, de quien refiere Weriohf que recibió una carta de un hermano suyo, que estaba distante de atlí y enfermo de Virue-

1 De Variolis pág. 25.

2 Si quid judicOy Ínter nos vix^ aut forte ne vlx quidem^ sins contagio pro^ ducuntLíf Varioíce,

las , y la guardó , llevándola consigo unos dias ; y quando estaba sin el menor rezelo de esta enfermedad, porque á la sazón no las había en aquel pueblo , cayó mala , brotándola un golpe de Viruelas con que inficionó á otros quatro de su casa y á los vecinos.

55 Quaiquiera á mi entender se persuadirá á que así esta, como las demas pestes .son comunicables comunmente á los que habitan en las inmediaciones de los contagiados donde las exhalaciones pútridas forman su atmósfera particular mas ó menos dilatada, según el número de los enfermos, benignidad ó malignidad , clima del país y estación del año.

56 Igualmente es á todos manifiesto, y la experiencia lo está acreditando á cada paso con millares de exemplares , que todo el que en tiempo ( esto es, luego que las Viruelas lleguen á un pueblo) se ausenta de é!, . no las padece ; y así en esta, como en todas las demas pestes el mas seguro remedio preservativo es huir de ellas : el temor de Dios se da por supuesto en todas las ocasiones, y observar para volver lo que se contiene en el siguiente dístico :

H¿:ec tria tabificam tollunt adverbia pestem : longé^ tardé^ cede^ recede^ redi^

Que podría traducirse así :

% ,

De la mortífera peste tres diligencias libertan M pronta salida pernota distancia y muy larga ausencia.

5^ Fuera de que aun quando llegue á un puebla un contagiado y permanezca en él hasta que le rom-

pan las Viruelas, si luego, antes de llegar al estado de la supuración, se le aparta del recinto y sus arrabales, á nadie se le comunicará el veneno ^ pues no tiene hasta este tiempo suficiente aftividad el contagio para comunicarse á otro ; y si para entonces está distante de la población el enfermo, se halla también léjos de contagiar á ningún habitante de ella.

58 De lo constante de este hecho apértas habrá donde se puedan descubrir mas ejemplares que en este Real Sitio de San Lorenzo , donde por el justo respeto debido á nuestros Soberanos se ha procurado de tiempo inmemorial observar escrupulosamente la diligencia de separar á un quarto de legua de aquí , y colocar en la Ermita de nuestra Señora de Gracia á qualquiera que por acaso llegó al pueblo con el contagio de Viruelas,

59 Y si alguna vez hizo asiento la epidemia, como sucedió doce años ha , fué por empezar inmediatamente después que la Corte se había retirado 5 en cuya Ocasión , como se advertía léjos la restitución de Sos Magesíades al mismo Sitio, se permitió con aparente piedad á los primeros contagiados curarse en sus casas, de donde resultó la comunicación á muchos, y hacerse universal !a infección*

60 En la que hubo en 1769 se sabe , que los individuos de la comitiy^ Real nos la traxéron de la Granja , y se conserváron ocultos Io¿ ifirolentos durante la jornada , por el temor de ser expelidos al mismo tiempo que descubiertos; pero luego que S. M. y toda su Córtese restituyeron á Madrid , corrido el velo del respeto y del temor, se dexároa ver varios niños del Sitio contagiados; y añadiéndose á las razones arriba

dichas la de ser muchos estos, se Ies toleró, y fue haciéndose poco á poco universal la epidemia.

61 Mas fuera de estas ocasiones, que acreditan suficientemente , que la tolerancia de los primeros invadidos es la causa del estrago de los demas, son innumerables las veces Que iodo el común se ha libertado

de la epidemia de Viruelas, providenciando con el particular virolento lo que se ha dicho.

62 También es bastante notorio, que muchos pueblos, en que ha habido Justicias zelosas déla salud pública, han logrado la misma felicidad, poniendo en prádica igual diligencia^ mas este arbitrio tan útil á la sociedad no han podido observarle siempre todos los que lo han deseado; porque si el primer contagiado ha sido individuo de las casas principales del pueblo, la providencia regular ha tenido poca adividad para ser obedecida de los que á título de poderosos se creen exéníos de toda ley, que les incomode algo.

63 Sentado ya, como cosa evidente, que las Viruelas son una enfermedad , que solo por contagio se padece ; se sigue ser imposible las contraiga el que se halla distante de los contagiados y de so atmósfera’; y estando acreditada esta verdad por constante testimonio de todos los Médicos, y demostrada repetidísimas veces por la experiencia, se hace forzoso también confesar, que si por medio de un Decreto ó Ley diñada por el Soberano se emprendiese cofi zelo y vigilancia en todo el Reyno á un mismo tiempo el exterminio de esta terrible epidemJa , se veria toda la Península en menos de dos años libre de una plaga tan molesta y destruñora , como la que padece en las Viruelas.

64 Para lograr el fin de este no menos útil que

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vasto proyeQo, se deberán sníetar todos los pneblos , en cuyas inmediaciones hay Ermitas ó Casas de Campo, á destinar á este intento una de ellas, que sea !a mas distante que se pueda , por la razón de que estarán mas seguros de la epidemia quanto mas apartada la tenmao. Sin embargo en esto será preciso acomodarse á las proporciones de cada población , podiendo ser suficiente siempre que se encuentre alguna como á

medio quarto de legua poco mas ó ménos^ y si ser puede apartada de caminos pasageros.

65 Eq donde no hubiese Ermita ó Casa de Campo, será necesario que la edifiquen á costa de los Propios y Arbitrios del pueblo, ó entre dos ó tres comarcanos, ó que se valgan de! mas inmediato, que la tenga, para que en uso de la hospitalidad y buena correspondencia que ha de haber entre todos, puedan colocar en ella los que acaso incurran en esta epidemia. A falta de todo esto se podrá recurrir para obra tan piadosa á los caudales que suele haber estancados y sin destino en algunos pueblos , para que se empleen en levantar estos pequeños hospitales.

66 Sentado ya este arbitrio de Ermita ó Casa de Campo, como basa fundamental de nuestro proyedo, deberán ser requeridos y obligados baxo rigorosas penas toáoslos vecinos de cada pueblo, y en especial los Médicos y Cirujanos á que luego que en qualquier individuo de él se í'^sxe ver el contagio de la enfermedad llamada Viruelas, den cuenta á la Justicia, á fin de que esta sin la menor dilación providencie la separación del virolento al parage que de antemano se tenga prevenido.

6jt Procurarán anticipadamente los Facultativos

desimpresionar al vulgo deí error común que hay en creer^ que la translación de estos enfermos es arriesgada ; pues haciéndolo con moderado abrigo, lejos de causarles daño, podrá serles útil, si en el camino res^ pirasen un ayre fresco y puro en vez de aquel demasiado caliente, que tanto hasta aquí ha ayudado á hacer moríaí esta enfermedad f, contra cuyo abuso bárbaramente introducido y neciamente sostenido , apenas liaHao voces los juiciosos Médicos de nuestros tiempos con que declamar á su satisfacción.

68 Colocado ya el enfermo en su destino, y mantenido á expensas de! Común, si no se hallase el particular con medios para sufragar los gastos de una asistencia regular 5 podrá ser asistido por el Médico ó Cirujano en todo el principio y parte del aumento de esta enfermedad ,sin escrúpulo deque puedan participar del contagio, y comunicarle á otros 5 porque, como queda ya dicho , hasta este tiempo no es el veneno comunicable : pero por quanto desde que el humor contenido en la Viruela se va acercando á la supuración, comienza la materia á adquirir la debida disposición para inncionar á los demas , convendrá escasear quanto sea posible el trato y comunicación de todo género de personas , excepto de las que estén encargadas de su asistencia, que serán deí número de aquellas que las hayan tenido. Si el Médico ó Cirujano observase que son benignas, podrán excusar sus^vúsitas, después de establecida ei método regular, que deban observar los asistentes con el enfermo; y en caso de que por alguna urgencia se viesen obligados á irle á ver, se hace preciso, que para entrar á visitarle desde el principio de la supuración en adelante se pongan una bata

de lienzo 3 que les cubra todo el v^vStido, y se laven, las manos con vinagre aguado, qüe siempre ’ estará prevenido para todo el que toque al virolento , con el fin de evitar de este modo todo motivo de contagiar á los demás habitadores del pueblo 5 porque la lana y algodón son las ropas mas capaces de recibir y transportar la materia de los contagios.

69 La persona que se encargue de manejar inmediatamente al virolento, y suministrarle quanto necesite, convendrá cubra sus ropas ó trage ordinario con otra especie de bata de lienzo, que le tape desde el cueüo hasta el calzado^ y como desde que comienzan á madurarse las Viruelas hasta la total desecación y caída es el tiempo de comunicarse , pegándose la materia á quanto toque el virolento, debe entonces aumentarse á proporción la vigilancia del enfermero ó enfermera á fin de que ninguna otra persona se arrime ni toque al paciente ni a la ropa de su cama. Este mismo cuidado deberá tenerse con la servilleta , toballa , pañuelos , taza , plato y cuchara, y gualqoiera otro mueble de que use, poniéndolo en parage señalado, y manejándolo por sí solo.