Dos partidos en lucha · Capítulo real 11 de 15
Capítulo X
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
Capítulo X.
Darwin abordo del «Hound»—Travesía del Atlántico—Monologo de Griffritz.
El Gobierno Inglés, como la mayor parte de los gobiernos ilustrados, protege en general las excursiones científicas, y satisface los caprichos de los sábios, sacrificio que por otra parte no es muy penoso, por cuanto todos esos gastos se consignan en el Haber del Tesoro Británico.
¿Acaso le hacemos recriminaciones por esto?
No pensamos en tal cosa.
¿Qué importa por otra parte que miles de súbditos perezcan de hambre y de miseria, si en cambio se puede gastar millares de libras esterlinas para que unos pocos tengan el placer de ver á Venus pasar por el disco del Sol?
¿Qué sería de la Astronomia si no se aprovechara oportunidades como la del 8 de Diciembre de 1874 y de 1882?
Así es que nadie se acordó en Inglaterra que el placer que se proporcionaba á Mr. Darwin había de costar algunas esterlinas, porque como allí todo el mundo propende al adelanto de las ciencias nadie murmura;-hé ahi la razon por qué Mr. Darwin, siguió tranquilamente su viage, aguas abajo del Tá mesis hasta llegar a la embocadura de este rio, donde se hallaba anclado el Hound , cuya velocidad era de veinticinco millas por hora, pudiendo alcanzar hasta treinta con carbon de primera clase y viento favorable, velocidad un tanto exajarada en apariencia, pero no tanto como se le podría hacer andar si tal cosa se ocurriera.
El Hound era un lindo vapor que satisfacía completamente los deseos del gran naturalista, porque, si la velocidad se mantenía constante en 30 millas por hora, podría llegar á Buenos Aires en el término de 8 ó 9 dias, lo que le dejaba tiempo suficiente para descansar de las fatigas del viage, antes que se celebrara la segunda sesion del Congreso Científico Argentino.
El Comandante del Hound avisado con anticipacion, habia hecho calentar las calderas, y como cuando Mr. Darwin llegó abordo la presion se había levantado á 50 libras, se levaron anclas inmediatamente, cada cual ocupó su puesto, y abriendo las válvulas de los cilindros, se empezó á oir los golpes de los pistones, de los hélices, de las ruedas, del viento silvando en las járcias y bramando en las velas:-ruidos todos que no podian menos de alhagar las esperanzas en aquel momento vertiginosas del naturalista.
En una palabra, el Hound comenzaba su viage del modo mas favorable.
Poco tiempo despues los hélices y las ruedas azotaban las aguas algo tibias del Canal de la Mancha, siendo tanto mayor el ruido cuanto que la corriente era contraria.
-«¡Qué coincidencia!» dijo Darwin al Comandante cuando estuvo abordo, y el contrainaestre izaba el pabellon inglés, y el maquinista abría la caja de vapor;-«¡qué coincidencia! Hace cuarenta años, siendo entónces muy jóven, emprendia viaje á América con el Almirante Fitz-Roy abordo del Beagle (Sabue so); y ahora, ya viejo, lo emprendo con vd. para el mismo punto abordo del Hound (Galgo). Parece que los perros me persiguen.»
-«O que quizá vd: persigue á los perros,» observó el Co- mandante Clownfield.
-«Hombre! es cierto!» dijo Darwin sonriendo con el risorio izquierdo, y el mirtiforme del mismo lado (como suelen reir algunos sábios).
No se le oyó hablar mas durante dos dias. Ideaba una nueva teoría, en la que los perros y los monos tomaban una parte mas activa de lo que debian en el génesis del hombre, para lo cual se fundaba en la combinacion de ciertas observaciones fisionómicas.
Cuando despertó de aquella abstraccion supo por el Comandante Clownfield que el Hound había hecho 31 millas por hora, término medio durante los dos dias que Darwin habia estado meditando en su camarote, de modo que habian adelantado mil cuatrocientas ochenta y ocho millas, ó sea cuatrocientas noventa y seis leguas. Los vientos aliseos , por otra parte, soplando oblicuamente en las velas, y las condiciones de la máquina y del casco, favorecian notablemente la rapidez de la marcha.
Pero dejemos á Darwin cruzar el Atlántico, y, mientras llega á Buenos Aires, veamos qué se hacía entretanto en esta ciudad.
Deseosos los Darwinistas por consolidar su triunfo, y mas deseosos aún los Rabianistas por no dejarlo escapar de entre sus dedos, habian manifestado pública y privadamente que era necesario á todo trance celebrar la segunda sesion, a fin de terminar de una vez con los disturbios de todo género que á Bausa de la indecision se suscitaba aún en el seno de las familias mas pacificas y de la mas sincera amistad.
El presidente manifestó que de ninguna manera se rehusaría á aceptar tan justa proposicion, y que, si se deseaba anticipar la sesion, celebrándola el 28 de Agosto y no el 30 como se habia dicho en la primera, no tendría inconveniente alguno.
Aceptada esta proposicion, el secretario redactó un breve aviso que debía publicarse en todos los diarios y boletines, y en cartelones en todas partes.
Pero cuando se dirijía á las imprentas para publicar el avi- so, oyó que un muchacho que vendia boletines gritaba: «Grande asesinato»-«Tal cosa»-«Tal otra»-«Darwin en Montevideo.»
Guardó los avisos en la cartera, y corrió á avisárselo al Presidente para ver qué se hacía.
Entonces el aviso se alteró, y en vez de «dia 28,» se puso «dia 30» porque ¿quién podría dudar que la presencia de Darwin en Montevideo indicaba que deseaba hallarse presente en la segunda sesion?
Esta noticia corrió con esa velocidad con que corren las noticias entre gente desocupada, y una hora despues, con las alteraciones consiguientes, anunciaban los mal-intencionados que Darwin no quería perder la ocasion de ver la humanidad convertida en monidad (monkeykind), y que desembarcaría antes de media hora.
Pero todo esto era falso.
Lo cierto era que Darwin estaba en Montevideo, y nada mas. ¡Había hecho el viage desde Londres hasta aquella ciudad en 9 dias!
Entretanto ¿que era de Griffritz?
Nada mas fácil de averiguar.
Su museo, siempre abierto, presenta un fácil acceso á los atrevidos.
Sentado frente à una chimenea encendida, podía oírsele el siguiente
MONÓLOGO
«Dentro de tres horas el célebre Darwin, pisará las playas Argentinas, y su nombre corriendo de boca en boca llegará hasta los mas recónditos confines de la América.
«Y qué viene á hacer Darwin en Buenos Aires?
«No estoy yo aquí?
«¿Se crée acaso mas sábio, mas inteligente que yo?
«No soy por ventura suficiente no solo para contrarrestar el peso de la opinion de los Rabianistas-la verdad es que los Rabianistas no son capaces de tener opinion-sino tambien la de mis propios prosélitos si acaso llegaran á pretender tornarse en contra mia?
«No soy el hombre mas sábio que pisa la América y quizá el mundo entero? Para qué viene Darwin, pues?
«Oh! vanidad de las vanidades!
«Nosotros los sábios somos la gente mas intransigente cuando llegamos al Zenit de nuestra gloria durante la vida.
«Por eso Darwin tiene que sufrir todo el peso, todo el furor de mi critica, porque él ha llegado al apogeo de su fama, y yo.... yo tambien. Mi nombre en estos momentos recorre con la rapidez de un meteoro el continente y las tierras que acaricia el Atlántico con sus espumas orientales, y estremeciéndose en el alambre telegráfico, el nombre de Griffritz se derrama en el mundo como las aguas del diluvio.
«Pero....yo le perdono-tiene razon-mis grandes escritos han sido archivados en este museo, donde lo estoy yo tambien, y mas de una vez habrá dicho algun curioso señalandome: 'Aquel señor forma tambien parte de la coleccion de Zoologia?"
«Si en estos momentos entrara Darwin con los mas caracterizados de mis prosélitos y de los suyos, yo les diría:
«Señores:
«Se ha celebrado el primer Congreso Científico Argentino, cuya acta redactada por mi secretario el Sr. Kaillitz y correcta por mí recorre quizá los grandes centros Americanos y Europeos.
«Es incuestionable que esto habia de producirles efecto.
En ese Congreso hemos-nó: he vencido yo; pero les diría 'hemos' porque en las grandes acciones todos quieren tomar parte aunque sea en la derrota-en ese Congreso hemos vencido, como venceremos en el segundo, para eso habeis venido Sr. Darwin, para eso estamos aqui nosotros, para anonadar á los contrarios con nuestra presencia.
«Si no triunfamos, tenemos confianza en nuestras fuerzas perturbatrices. Si los Rabianistas nos vencen, no en la lucha discreta, sinó en la necedad de sus correligionarios, nos queda el consuelo de decir: 'hay derrotas que parecen un triunfo' como hay quien dice: 'hay triunfos que parecen una derrota' nos queda la fuerza y la accion en proporciones suficientes para no permitir que el bando vencedor proclame la supremacia de sus falsos principios.
«Si triunfan los Rabianistas, veremos la propaganda del statu quo, con toda su sombra, con toda su nécia firmeza. Las ciencias no adelantarán, y si adelantan, será de una manera negativa, á mi modo de ver.
«Si por el contrario triunfamos los Darwinistas, como es de esperar, pues para eso represento el partido en Buenos Aires, -si triunfan los Darwinistas, decía, es incuestionable que tiene que alterarse por completo la norma social, y, ó estalla una revolucion filosófica de una trascendencia incalculable, ó llega la indiferencia hasta el extremo de no saber apreciar la influencia de una doctrina científica en la marcha de la sociedad.
«Esto les diría, y habían de aplaudirme. Por mi parte-y esto por delicadeza no lo diría-¿no puedo acaso tener la firme conviccion de que mis conocimientos concentran en si todo lo que puede relacionarse con las ciencias fisicas y morales?
«No tengo acaso un talento sobrehumano, una fortuna inacabable, una penetracion sin limites?
«¿No basta esto para poder valerme de todos los recursos disponibles, morales, intelectuales y pecuniarios para atraer hácia mí todo lo que sea susceptible de ser atraido?
«Pero no quiero que se diga que nuestro triunfo ha sido ilicito. Dejemos que los Rabianistas empleen ese medio.
«El mismo Estaca, ese imbécil de Estaca, ¡no puedo acaso convertirlo en Darwinista, ofreciéndole esporas de todos mis Polipodios?
«Y al fin, ¿que viene á ser Estaca, científicamente hablando? Uno de los elementos que agrupan en torno suyo otros elementos que pueden constituir una fuerza determinada, obrando con sus fuerzas propias unidas.
«Porque, aunque yo me considero un gran sábio, es necesario tener en cuenta que la mayor parte del pueblo hace abstraccion de su razon para juzgar solamente por la pasion que le inspiran los individuos que representan los partidos.
«De qué me sirve en ese caso deslumbrar á los del mio, si Estaca deslumbra gran parte de los del suyo?
«Y quién es Estaca?
«Es una representacion viva de esas grandes cohortes que se llaman 'los ignorantes pretenciosos,' esa plaga de individuos que, aunque no llevan escrito en sus alas-porque no las tienen el perjuicio que causan, como nos cuentan los Arabes, llevan si, en su mirada y en su frente, el sello de la ignominia contagiosa.
«Paleolitez....no, Paleolitez merece todo mi respeto, es digno de aprecio y de encomio....pero, no podría aplicársele tambien aquello del Gran Napoleon: 'Todo hombre se vende, falta solo saber cual es su precio?' Todo lo que Paleolitez puede aspirar á tener existe en mi museo y en ese caso....... pero nó.....Paleolitez no es susceptible de cohecho.... Paleolitez es un digno rival.
Pero....¿qué importa? ¡acaso el grano de arena que se interpone entre el sol y nosotros produce un eclipse? El eje de su cono de sombra, hasta es menor que su diámetro.
Me basta saber que interpreto la Naturaleza con tanta facilidad como un geroglifico Egipcio ó una inscripcion cuneiforme; que he descifrado todos los quipus de mi coleccion Peruana; así como tambien el logógrifo de Galileo respecto de los anillos de Saturno, que nadie ha podido leer hasta ahora y cuyo descubrimiento en nada adelanta los conocimientos modernos; que he escrito en siete años cincuenta volúmenes que bastarían por sí solos para caracterizar un gran siglo, obras que mas tarde, cuando sean publicadas, obligaran á los sabios y literatos à exclamar: 'El siglo XIX no será de hoy mas el siglo de Humboltdt, sino el siglo de Griffritz."»
Con esto era suficiente.
El Sr. Griffritz se detuvo un momento frente à un espejo.... su rostro estaba encendido, y los ojos, en iguales condiciones que su rostro, lanzaban inusitados destellos que se refractaban en los cristales de sus gafas y acariciando los lados de la encorvada nariz, se juntaban á cierta distancia de su rostro, de modo que formaban como un agudo dardo imajinario.
¡ Væ victis ! cuando tomara la palabra en Colon para sostener tan enérjicamente sus principios científicos!
Seria una injusticia creer que Griffritz se manifiesta en sus relaciones sociales como se ha manifestado en el monólogo.
Ninguno mas afable que él con los que saben humildemente; ninguno mas airado cuando se trata de confundir á los petulantes.
Por eso ódia á Estaca, por eso detesta á Rabian y aprecia á Paleolitez.
¿Quien es Rabian?
Dajadle dormir en el misterio de su nombre.
Levantar por completo el velo de Isis seria profanar la virginidad de su existencia.
Vivir en una Naturaleza sin arcanos, sería caer en el abismo de las sombras.
Por eso cuando la ciencia descubrió que Adam había sido la mas bella de las fantasías del ingenio humano, perdió la tradicion el encanto de su cuna.
Suprimid la personalidad Estaca, habreis quitado la sombra mas característica del gran cuadro de la humanidad en pugna.