Drama del alma · Capítulo real 3 de 4

LIBRO SEGUNDO

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 7 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

LIBRO SEGUNDO

Tibio, rosado, diáfano, sereno, daba su limpia luz á una mañana nn sol primaveral De vida lleno, México respiraba el aura sana que le traia en su ondulante seno el aroma vital de la cercana sierra cedrosa, y los perfumes vagos del agua azal de los salobres lagos.

Y esta aura en sus balsámicos vapores á la risaeña capital traia vago son de campanas y tambores, que brotaba confuso en lejanía. La ciudad exhalaba mil rumores que acusaban de insólita alegría, con su alegre susurro y movimiento, de placer un incógnito elemento.

No hay mirador, ni torre, ni azotea sin pendón, banderola ó gallardete: ni minuto en que alzarse no se vea á estallar en los aires algún cohete. Mal parece la esquina en que no humea exhalando su aroma algún pebete: lazos, cifras, divisas, pabellones, y guirnaldas en rejas y bs^lcones.

Do qaier se tienda la curiosa vista, halla de la ciudad vestido el casco de terciopelo, brocatel, batista, razo, blonda, moiré, tol y damasco. Canastillo adornado por florista, ó de ámbar chino cincelado frasco á una novia ofrecidos por su amante, México se parece en tal instante.

Entapiza sus calles fina arena; mástiles, pilarillos y jarrones sostienen de jazmín, rosas, verbena y enredaderas ondas y festones; su bulliciosa población, ajena de afáo, por puertas, pórticos, balcones, puentes, pretiles, muestra la galana México, la Venecia americana.

Ürüza siiá una sitnb^lica cairos» que alegoría del país encierra, «n torno de la cual piaía y retozíi cuadrilla de ginetes de la tierra. Allá el esmino artificial destrosa tren militar con séquito de guerra, y allá atraviesa un vítor de muchachos cargado de infantiles mamarrachos.

Vlt

indias allá que (roían divididlas de su cuadrilla de indios forastera; besos, encargos^, seiías, despedidas úe balcón á balcón, de acera á acera de familias /aercnas, qae perdidas van un puesto á buscar en la carreras á la cual su torpeza ya en retraso busca afanosa sin hallarle paso^

VIIÍ

Acota esta carrera una muralla tle marciales trofeos y pavese : cubiertos como en día de batalla de sus armas y bélicos arneses, tiesde el camfK) al palacio forman valla zuavos, dragones y húsares franceses»; brillando en sus enseñas y pendones Sa N de los audaces yapoleonc?.

Mostrando entre sus ñlas van afanos al francés que le admira y le desdeña^ su traje nacional los mexicanos, sin dar la faz á la francesa enseña: sino enviando galanes besamanos á sus mujeres, cuyas faz risueña asoma alegre entre aderezos ricos á través de sus blondas y abanicos.

Todo es el aire señas que se cruzan^ abanicos y guantes que al acaso caen: fio es que albas manos desmenuzan^ lentes, pedazos de batista y raso, que acaso el paso y el deseo azuzan de alguno que al pasar los coje al paso: consecuencias del ser, culpas eternas de las fíestas antiguas y modernas.

Son el compendio de la humana vida; do quier que el mundo de placer ó duelo á espectáculo alguno nos convida, cubre do quier la multitud el suelo. Uno del espectáculo se cuida, y mientras mil, de goces con anhelo, en buscar el placer su ingenio agotan, pasa otro á quien coronan ó acogotan.

71 ^^

XXÍV

La águila liberal republicana de la francesa al litoral bula: por la primera vez México ufana ver claro el sol del porvenir creía: y acaso ya la pompa cortesana le alhaga de la Gesta de aquel día; pues monárquica ayer, tal vez simpática ve su futura vida aristocrática.

Mas layl olvida su moderna historia: de un anterior imperio se nos cuenta la rápida y fatídica memoria en una breve página sangrienta: México espera del imperio gloria y en tan dulce esperanza se apacenté: mas ¿quién sabe si Dios le abre en su imperio en lugar de un jardín un cementerio?

La que del sol de la esperanza brota es una luz rosada, que ilumina con rayos de oro la región remota donde risueña la ilusión domina; mas su horizonte azul en playa ignota de mar tempestuosísimo termina; en cuya pia3'a estéril llora uraño solitario y desnudo el desengaño.

XXVlí

¡Quién sabe si la raza mexicana que á su segundo emperador espera, su segunda corona va mañana en la sangre á arrojar con la primera! Mas retumba el cañón: ya la campana la comitiva anuncia, y la carrera despejan por las filas circalando señales de atenciónj voces de mando*

Va está libre la vía: ya el ambiente Vibra al son de las trompas y atabales: ya ve avanzar la mexicana gente sus tropas y banderas nacionales, donfíe brillan con luz de sol naciente la corona y las armas nacionales: y en cien carrozas de esplendente lujo cuanto mantiene autoridad é inftajo.

Clero, ciudadj consejos regidores, las damas de palacio, la grandeza, chambelanes, regencia, embajadores, ciencia, magistratura, armas, noblezas placas, bordados, plumas, blondas, flores, la corte, en fin, con su imperial riqueza, como un enjambre de áureas mariposas, avanza entre una lluvia de oro y rosas.

7.S

Luego en g'upo fantástico que ondea, la imperial comitiva, qne camina con g^ave lentitud: en él campea de la brillante guardia palatina el uniforme rojo y la librea roja imperial; cuyo color domina de aquel dorado grupo entre las olas, como entre rabia mies las amapolas.

XXAI

Y... ¡qcé delirios la aprensióa invenga! El rojo que, apagando los colores todos, al avanzar rojos ostenta pajes, guardias, aurigas, picadores... De su manto imperial cauda sangrienta parece tras los emperadores, i Color siniestro, cuyos visos rojos vértigo dan al alma y á los ojos!

XXX Tí

Ellos sor. la apiñada muchedumb'^e se aglomera, y á verles se prepara, de ver á sus monarcas sin costumbre y espectáculo tal de ver avara. Ya avanza entre su roja servidumbre la carroza imperial; ya cara á cara mira el pueblo á sus nobles soberanos, y .. olvida por mirar leogues y menos.

Ellos son: la simpática Carlota de alto decoro y dignidad modelo; sencillez en alcázares ignota da á su faz juvenil púdico velo: grave, serena^ perspicaz^ lo nota todo, y mira de frente, sin recelo de perecer, fijándose, altanera; que no tiene ocblez su alma sincera,

XXXIT

Su cabeza gentil se gallardea en sus hombros con gracia scberansf su frente Bobilísima rodea eon la imperial diadema mexicana; en sus brillantes diáfanos campea el águila que fué republicana; y al pueblo absorto al saludar Carlota, luz, como un astro, de su frente brota.

Blanco como los copos de la nieve que de Alemania cubre las montañas, rubio, que dar al sol envidia debe; y tan rico de barba y de pestaáas que, cuando al saludar su busto mueve, de su barba partida las marañas riquísimas circundan su semblante ñe áurea luz con ráfaga ondulanter

¡Sexo noble y leaJ, Dios te bendiga! Dios por tu instinto fraternal te abone cuando el ruin odio que tu pueblo abriga contra !a Europa tras la lid se encon : tú que tiendes no naás tu mano abriga al que ahí Dios en el tormento pone, ¡que Dios te tienda su Paterna IManD entre el pueblo al fallar y el soberano

Fué una ovación al fin: frente el palacio al llegar, de ambas calhs de Plateros las damas anublaron el espacio caoastillos por él lanzando eateros sobre el silencio descortés, reaccio y ofensivo atan nobles extranjeros: una voz delicada y femeoioa hizo al pueblo CLtallar cooso cns mina.

"jViva el Emperador.'^ A par veloces son la electricidad y el entusiasmo; evocó aquella voz todas las voces é hizo al pueblo salir de su marasmo; y aun los republicanos más feroces arrastrados sintiéndose con pasmo, rompieron, á su franca iniciativa, en un inmenso y estruendoso viva.

81) '

Como abriendo sus flancos de repente lanza ua nublado en el barranco seco abierto entre dos montes an torrente, en el ámbito azul del aire hueco lanzó aquel viva unánime, estridente, un torrente de mido, á cayo eco endeó sobre la plaza y el palacio la trama de la iuz en el espacio.

Roto una vez su diqae, el agaa, el raido, y el entusiasmo al fin se precipitan, y son inundación, trueno, estallido, frenesí, que arrebctao y que agitan cuanto al precipitarse han recog do. Y asi en México estallan, crujen, gritan y repican frenéticas y locas, salvas, caoapana:, múiicas y bocas.

Entraron en su alcázar entre flores y entre ésta, aunque tardía, gigantesca aclamación los dos emperadores. El sangriento color de su librea fué el último de todos los colorea, qu2 vio la multitud que vitorea; y el séquito imperial dejó en mis ojos del siniestro color los viso5 rojos.

Roma arriesga con él sa fe y sa oro: sn sangre el Austria y Bélgica; la Francia sus soldados, su fam9, su decero, sa dinero y su actual preponderancia: de su honor, su comercio ó su tesoro tienen algo á que dar fe ó importancia del imperio de México en la tierra cuantas acciones hoy la Europa encierra.

Roma tiene una niebla ante ios ojos, Moma ha escachado erróneos consejos, y ha cedido á políticos antojos; y aunque iamás sus ojos serán viejos, ha mirado al imperio con ene jos y hoy de Koma está México más lejos. El imperio es católica en América por Roma lidia mal la Fe colérica.

Madre, tú estás dei mar al otro lado, y en el pueblo revuelto que dirijo han vendido tu hacienda en el mercado. Madre, ilústrame tú, yo soy tu hijo.

ROMA

Que restituyan todos: me han robado.

Transije, Madre santa.

ROMA

No transijo*

Perdónales si nó. 4

ROMA

No les perdono.

El perdón base de la fe y el trono será; cede, acomódate.

ROMA

No ceio; mi hacienda es la de Dios: no hay acomodo.

Madre, es an laberinto en que me enredo. Cedamos algo, ó lo perdemos todo.

RO]VL\

TÚ eres Emperador: yo natía puedo. Ceder: soy infalible.

Pues me quedo. Y por ti, buen católico, me inmolo. ¡A la merced de Dios!— Lidiaré solo.

Maximiliano en México ba'alla

solo; Koroa lo ve... no puede . y calla.

'^^

Francia va á la cabeza de la Europa: hoy centro del comercio y de las artes, tremola con veatura viento en popa su glorioso pendón por tolas partes. Roma vive por ella: l'bre Italia venció al Austria por ella en Solferino: África se la abrió: no ve la Galia ^^i^ cerrado á su valor mar ni camiao. ;

Es gran nación, acaso la primera; pero no se hará amar en tierra alguna porque en todas incómoda extranjera jamás se identifica con ninguna: porque auda?.. petulante y altanera «s hasta á sus amigos importuna, y creyendo á sus pies la tierra entera siempre al fin se )a vuelve la fortuna: cuando da humilla, cuando amoara ofende y para en ser vendida, sino veode.

Francia, ampárame bieo, ó no mi> ampares.

FRANCIA

Vo mando, soy la fuerza de tus manos,

Yo quiero la razón en mis hogares.

too

FliANCIA

Vo te avasallaré á los mexícaDOs.

Yo me los haré amigos: sus altares, su pati/a, inios sod: son mis hermíoos,

FRANCIA Nateamaráit.

Abííiearré

FHANCIA

Li vida juegas: partiré antes.

MAXLMILIANO

¡Tur FRANCIA

Si a dada: Francia no debe errar ni ser vencida. Tú eres el responsable.

MAXlMnjAXO

Tal ayuds' es Irííicióni

FRANCIA

Pero es mía la partida.

Aíi fe ante el mundo y ante Dios me escuda

!0i

y HAS ' Por ella moHrás.

Lo sé y noe Inmolo. lA la merced de Dios!— Déjame solo.

Y sólo, ejemplo de leal constancia, lidia con la República sin Francia.

Inglaterra... va sola. Comerciante de escasa propiedad de tierra ingrata al labrador, isleña navegan'e, de la manna universal pirata, ni cree que hsy otro D:os, ni por delante lleva más su política que plata: toda revolución la da inteteses. y revuetta nación, pesca de ingleses.

Y el drama de interés más palpitante que ba puesto nuestra época en escena;, es el drama de México: anhelante

la Europa asiste á é'-. de encono llena, la América española está delante del proscenio agitándose, serena al parecer la Unión calla arrogante, mas la opinión del piiblico envenena

h^))íl y sutilisidia intrigante; y espera el desen ace^ que condena á América ó á Europa eteraamente el mercado á perder de un continenle,

V he aquí la inciprta situación del drama del cual en su alma el buen Maximiliano sin conducir la acción, teje la trama. ¡Dios al final le tenga de su mano! El no conoce á México y le ama: menarca liberal^ por ciudadano se tiene ya del pueblo que le llama señor, y de su pueblo por hermano.

Í.I

México empero, ingrato americano, de gérmenes viciados amalgama, se hartará del amor de un soberano que paz en cambio de su amor reclama; le veaderí, calumniará su fama y le hará al fin (si con furor villano su generosa sangre no derrama) caer y huir llamándole tirano. Y él, del árbol de Hapsburgo noble rama, sólo, privado del favor romano, y de la i ntón y Francia pjeno al dolo, si vence Emperador, vencerá sólo; sólo caerá si cae.. . mártir crif tfano

Poiqae ¡es verdad! la Francia le abandona como á on desheredado aventurero; y él que de noble príncipe b'asona, queda sólo, á probar al mundo entero que acepta, rey leal, buen caballero, de Emperador ó mártir la corona. ¿Será al fín en su solio mexicano mártir ó Emperador Maximiliano?

¡Dios, único que ves en lo futuro y que lees en las almas; Juez Supremo del subdito y del rey; único puro y en quien no cabe error... yo debo y temo de su siniestro porvenir oscuro llegar con él hasta el ignoto extremo... Yo no temo morir en tierra extraña, mas no quiero morir sin ver España.

Oye ahora, Alarcóo:... yo le he seguido per todas las escenas de su drama. Su abnegación me asombra: su fe mido por ella, y su fe muda mi fe inñama. Por su poder magnético atraído marcho tras él: mi corazón le ama: y Emperador ó mártir, triunfe ó muera, no perderá de vista su bandera.

KJ4

¿Por qué? ¿qaién soy? ¿qué valgo? ¿qué supongo? ¿qué la añade, qué pesa en su fortuna que en la balanza de su imperio pongo mi fe? ¿Presumo de importancia alguna? No, Pedro mío, no; quien en su tierra ni en la nuestra imagine que braveo, ni que por algo superior me creo, ni necesario á nadie, ó miente ó yerra.

Yo no seré jamás ni nunca be sido más que una voz lanzada en el espacio por Dios, mi Criador; un vagaroso murmullo, el casi imperceptible raido de un átomo sonoro, desprendido del ruido universal, que en el reposo nocturno exhaia su fugaz sonido, á la luz de esas chispas de topacio que al mundo alumbran cuando está dorm^'do; un eco que en América perdido Maximiliano oyó, y ea su palacio le hizo sonar porque halagó su oído. ¡Ay!... y ni áon le halagó por su armonía, íi.io porque en América le oía!

Eso soy: eco que precipita del aire hueco por la extensión

iOl

la voz amante de una alma errante, qae necesita cantar constante la fe inmarchita del corazón. íVoz vagabunda, santa ó precita, tal vez oriunda de la maldita sima p^ofonia del hondo averno, del que no alegra la noche ae^ra ni un rayo pálido, m un dulce sonl iVoz tal vez de alma de fe iníioita; mas que sin calma gime y se agita cump'iendo on p'azo de expiación: viendo á lo lejos la luz bendita y en torno errante de la mansión, que coa reflfjns de gloria inunda la faz radiante del Ser Eterno, en cuj'a palma pesa 3^ gravita viva y lecanda la creación!

Voz solitaria que consonante con cuanta varia modulación lanzan al viento esos millones de vagos s^nes qup, en reunión, forraau (aliento del mundo vivo) el son solemne, pe-petuo, activo de su perenne respiración, inquieta gira, de todo roido que va p?rdido leca se inspira; de toda extraña voz se acompaña: úe todo eco hace reproducción.

10 a

T.ÍX

T aguda, lenta^ tierna, vibrante,, ronca, violenta, triste, exaltada, fresca, espirante, cóncava, ahcgoda,. trénaula, llena^ vaga, sonora, desesperada, desgarradora, de gozo y pena rara expresión, trina, suspira, murmura, llora, gorgea, ruge, retumba, canta, ondea^ muge, deleita, encaata, conmueve, inspira, mece, enamora, arrulla, hechiza, crispa, amedrenta, pasma, electriza, hiere ó espanta, conforme aumenta, mengua, se auyenla, ó se adelanta ó se acrecienta, según lanzada ó apareada va despeñada con la cascada, ó arrebatada con la tormenta del aire cóncavo por la región.

Ta susurra en las hojas de olmos y cauas: ya entre ÍSiS algas Hojas, las espadañas y el liquen de los lagos y las montañas; ya exhala con las aves gorgeos suaves; ya eleva con la fuente rumor bullente y burbugéos vagos de agua corriente: ya silva entre las grietas de los breñales; ya zumba en las>eletas y en loá cristales de alcázares, casti los y catedrales...

Y al fin rodando de soto en sota, de vega en vega, de coto en coto, se va alejando de monté en monte,

y hasta el mar llega, que el horizonte cierra en su círculo sin solución; y con sas hondas de orlas redondas da notas hondas, cuyo hondo son sobre las olas, qae por sí solas nacen, renacen, y se deshacen, y otra vez se hacen, y se rehacen <n su perpetua reproducción, se desarrolla, comba y ondea, hierve, borbolla, flota, cimbrea, bulle, se mece, boga, se aleja, del agua encima llevar se deja, ya se aproxima, ya desaparece; se va: se crece: retumba, vaga, vibra, se apaga: reaparece, se desvanece^ y al fín fenece flévil y exhausto su último son entre las nieblas con que la bruma da á las tinieblas fleco ondulante, antes que errante y agonizante la luz se suma, cuando la sorbe la noche densa b^jo su inmensa sombra flotante^ qae sirve al orbe de pabellón.

Y allá á lo lejos entre el sombrío

tul del vacío, ya sin reflejos que le den pal da ccloración, aun el oído crfe oirpredido de su sonido la vibración...

Y es de la espuma

burbüjadora

que le devora

la ebullición.

Y eso soy: nada más. — De orga'lo ajeno, extraño casi al mundo en qae respiro,

yo no soy más que un átomo que saeno

y ea el silencio de la noche giro

del ai<e azul en el vacío seno;

vibro un instante en él, y en él espiro.

Y eso es no más lo que mi ser encierra: y hoy no soy más que el son fugaz, liviano del eco de su nombre, que en la tierra dejará tras de sí >rax-mi!iano:

y con este papel en que de lleno su llaato y fe ai corazón derrama, ni blasono de ser, ni á ser aspiro más que el sincero é intimo suspiro de un corazón que agradecido le ama: el ¡ay! postrero de la voz amiga que tras su solio ó su sepulcro diga: «jViva el Emperador!;, al fin del drama.

8E0UNÜÍÍ PARTE

ímRO CUARTO

FE Y PATRIA

Agosto^ I86tí.

Yo he visto á Dios su protectora mano tenderme sin cesar: caando rujia voraz bajo mis pies el océano, caando el cañón que frente ámí crujía Cubría de cadáveres el llano, caando hervía la peste. . ¡yo vivía! Y el que asi vive, la bondad eterna reconoce, cree en Dios y se prosterna.

lio

Y años há que eD América le pido qne si me ha de matar en iierra extraña, no me banda allá en el polvo del olvido sin dejarme tornar á ver España. Y mi voz ha llegado hasta So Oido, pues Su Amparo visible me acompaña. ¿Gomo no, si por medio de María en América á Dios me dirigía?

\ vuelvo al fin. Con su favor los mares y las tierras crucé. —¡Salvo, tranquilo de peligros, aunque harto de pesares, vuelvo hoy á entrar ea el caliente a^ilo del patrio hogar y los paternos lares. Siento de afán mi corazón en vilo y no late, que salta de alegría! ¡Ya aspiro el aire de la patria mía!

Hé aquí ya la frontera: ya es el viento español el que orea mis facciones. ¡Con qué delicia penetrar lo siento y dilatar mis ávidos pulmones! •Sa soplo abre mi alma al sentimiento de pasadas memorias y afecciones. ^Patria, tus auras de recuerdos llenas se llevan las memorias de mis penas;

Ya aqDí tteoen las gentes ütro porte y el país otras fábricas y otro arte. ¡Alto!— Llaves, registro pasaporte: la tierra aqoí coa el francés se parte. jEspaña!... ¿Qué hay aquí qae no soporte el que antes de morir vuelve á besarte? ¡Vamost Ya el conductor la fus<a empuña: ya partimos... ya estoy en Cate luna.

¡España I ¡fuera va pesar y afanes! ¡España! ¡fuera ya tiros franceseFj ¡ab, bravos postillones catalanes! ¡ab, valientes caballos montañeses! ¡á escape!— ¡galopad como huracanes; corred hasta qae salten los arneses! Corred ¡mare de Deu! aunque volquemos corred... ya á Dios aqui tentar podemos.

¡Asi!— No hay que coidarse del camino. Adelante e«tá Dios y atrás se queda ebrio de rabia nuestro mal destino. ¡Asi! ¡poder de Dios, qué polvareda! ¡Que nos crea la tierra un torbellino: ¡qae no toque en su haz ninguna rueda! Corred... Mare de Deu de Monserrate, sólo aquí temo que el p'acer me mate.

Vllí

¡Oh, qué hermoso país! ¡qué brava gente! De aqui sacó sus héroes audaces Rojer de Flor para asombrar á Oriente: aquí hicieron oaisanos pertinaces guerra á España y á Francia juntemente. De todo aqui los hombres son capaces: un patrón catalán de un mal falucho dar vuelta al mundo en él no cree aquí mucho.

¡Oh, qué hermoso país!— Aquella sierra tan pintoresca, original y extraña, sob'e cuyos crestones abre y cierra la niebla una fantástica maraña que raigan viento y sol con ella en guerra, aquella es la romántica montaña que cobija en su centro solitario Virgen de Mooserrate, tu santuario.

¡Tórtola casta que en el monte anidas, lirio fragante que en las peñas creces, madre que en vela de tus hijos cuidas y á Dios te encargas de elevar tus preces! Tú que á ninguno en el afán olvidas, y amparo á todos en el riesgo ofreces, Santa Madre de Dios de Mon errate á quien oré ea el mar y en el cernéate

Vi'

Virgen del monte, á cuyo auxilio santo debo el tornar á ver el patrio suelo; la primera oración, y el primer canto qce al ver cumplide mi ferviente an>helQ á Dios en mi honda gratitud levanto» te confío; dirí^elies ai cielo. To ofrecí al otro lado de los mares 'venirles á poneren tus altares.

• ' :xn

Iris de tu poética montaña, estrella totelarde Barcelona^ empresa de su escudo en la campaña, santo florón de su condal corona^ antes que vuelva á abandonar á España ia ofrenda te traeré que hoy no me abena: obra debe de ser de mis afanes si me ia han de estimar tus catalanes.

Xüí

A Castilla! Al hogar en que he cacidO! Quiero ver la ciudad y los lugares de mis lecuerdos Infantiles nido, antes que torne, pájaro perdido, solo á morir allende de los mares.

\IV

Septiembre.

Esta es Valladolid... ¡al ña la veo! ¡Con qué placer... como la luz primera cuando en ella nací. ¡Dios mío! creo que vuelvo á nacer. Espera, espera cariñosa amistad; sólo un paseo por la plaza, una vaelta por la acera— déjanre este aire respirar: deseo beber las dulces agías de esta faente de mis recuerdos, y bañar mi alma en el remanso tibio y trasparente que bace, con ellas resbalando en calma, del traúqui'o Pisuerga la corriente. Déiame... quiero habla^ c^n estas piedras y abrazar estos árbles, y ansioso befar estas paredes de que yedras son mis dulces memorias, y reposo tomar ea estos bancos en que un dia mal estudiante á divagar venía.

Con cuan profunda gratitud recibo el premio de volver si patrio suelo! ¡Después (^e tintas desventuras vivo! ¡Con qué dulce placer baila mi anhelo al cruzar la ciudad que me dio cuna, los lugares queridos, los rincones

qui conservan aún por tót fo'tuna SQ aotigcm far: conozco los portones que para mi se abrísn. los umbrales de 'as ca as andigas, los balcones donde amis'ad ó amor me han esperadlo enviándome * t-avés de los cristales lioorisas y esperanzas... ¡Sombras bellas qa«í nn día ante mi^ ojos han pasado deiand3 solo en mi memoria huellas!

Estos son los palacios ya rr jados qae aún blasonan heráldicos escudos con reg"a prolusión lambrequinados; je»-oglíflcos hoy aún no borrados mas para el pueblo de hoy rótulos mudos.

Aquellas son las torres bizantinas leí buen Don Per-Anzn]e«!... en mi oído no olvidado james, vibrando ha ido el son de sus campanas argentinas.

jQué esta es Valladold! Fabricas nuevas t)aaco, teatros fuentes, adoquines, ■cana!, ferrccarril. .,• ¿y mis esguebas? ¿y mis prados de ayer?... plazas... jardines; pero ioh noble amistad] ¿dónde me llevas'? yo recuerdo erJos curvos carejooes; €Onrzco eso anüguos^íaser nes. .

IK.

í^sta es Fa craíle áe íérreno escasa donde mis muertos padres han vivido: y esa... que existe aún. , esa es la casa donde á ni vida inútil he nacklo

XTIF

¿STuéño? No sé lo qae en mi ahna pasa— - iQoé'oigo! Me tienen el placer sin tasa en mi pstria á mi vuelta prevenido, í^a casa en que pací ¿huésped en ella hoy?- A sus puertas bendecirte quiero nueví» y santa amistad, que en mis hogarc»- me haces hoy eneon^rar^ sobre feí huella de mis recuerdos candidos de niño, sus primitivos genros familiaresr y una familia nueva, un verdadero nuevo paterno hogar deíade el cariño noble, leal, símpHico y sincero de ana afección si» cortesano aliño me bíinda para cí tiempo venidero; de senjaciones intimas teforo, con un amor de corazones de oro que aauda al mío voluntad de acero.

Lucef , ruido, ¿esto más? músicap^ florts^ y coronas y vítores y cfreidrst

11.

íHóiíde, cuándo gané tales hoooresf

»dÓDde ha de conservar tan raras prendase

quien debe de volver á tierra extraña

sólo y tfi.te á mcrir lejos de España^

Esa gloria me espanta

y me fascina al par, porque esa gloria

aqui á mi faz levanta,

de ese templo al mirar la puería santa,

contra mí mi conciencia y mi memoria.

Esa 'iglesia... ^ay de mí! de ella contemplo

salir en larga y silenciosa hilera

todos mis años idos... triste ejemplo

de una existencia íbú il, que va entera

á caer en la honda eternidad m»ñana

&in costar una lág ima siquiera^

sin d^jar en la tierra un alma hermana

de sus dichas y duelos compañera.

Aquí vine á nacer: en ese templo santo me bautizaron... ^pues espera andrajo de oropel de glo'ia humana, átomo errante de rumor inútil, insaboro raudal, manr j i fúlil. efe palabras de lengua castellana^ espera aqaf. -IProsté nate altanera ^ ruin y vacia vanidad mandanat... de rodillas, orgullo, úe rodillas t'

]1.'^

haz algo bueno alguna vez, villana vanagloria procaz, y ora sincera. ¿Qué vales, polvo vil, si no te hamilla^? prostérnate: yo soy ta fe cristiana, obedece: en mi voz te habla lejana la voz del huracán de las Antillas y el eco de las tumbas de la H^banar»

Virgen de San Martin á cuyas plantas casi muerto al nacer recibí un día del agua bautismal las gotas santastú que v'da me diste en la agonía, tú que mi fe sostiene?, y levantas en alas de mi fe mi poesía, luz de mi inspi ación, en tus altares acepta tú mis ultimes cantares.

Pebre ro-2í 1867.

¡Madre del Hombrf-Dios y Madre m'a! Cuando el Ctisto en el Gó'gota espiraba, á la raza de Adán por quien morí) de tu amor al amparo encr merdaba. Desde que vi á tus pies la luz del día hoy medio &igla de cumplirse acaba: Madre, iras medio siglo de pesares, vuelvo al pie de ta altará que me ampares.

«Madre buena del triste y del que Tora,., no desoigís mi voz no me ab'odone^! Recuerda que tu fe coQsolad'tra inspiró desde niño mis caociooe»; sólo, con mi arpa y con tu fe, Señora, rrocé de medio mundo las regiones: y hoy del mundo á través con mis cantares me trae mí f e á tu> pies á que rae ampares.

A sombra de tn torre bizantina del vientre de mi madre me sacaron; d'sde el nicho en que estás, tras sn cortina viste cómo á tus pies ore bautizaron, á tu materna protección divina mis padres al nacer me encomendaron^ la primera oración que en mis hogares aprendí fui á rezarla á tus altares.

XX 111

Mi. madre... ^desdichada madre mía! ¿.quién el futuro mal nos predijera?) Mi madre me ec se naba y yo aprendía de tus dolores la epopeya entera: mi madre dio su f¿ á mi poesía, yo uní el tuyo á su amor con fe sincera, illa murió abrevada de pesares, y yo vuelvo por ella á tus altares.

ilofeliz madre mía! £a tedio y duelo vivió por mí sos postrimeros años. Vo abandcné mi hogar aún muchacbuei) del munio por correr tras los eof{años: ella por mi á tos pies oraba al c'elo mientras corría yo climas extraños. ¿V á quién debí salvar tierras y mares si no fué á su oración en tes altares?

' ¿'Q iién si nó tú y porqu'én si nó por'ella pudo velar por mi en la tierra extraña? ¿A quién debo si nó la fausta estrella que en mi loca existencia me acompaña? ¿A quién debo las llores que mi huella do qoiera pisa cuando vuelvo á España? ¿Y dónde si có al pie de tos altares debo poner mis lauros y cantares?

¿ror quién si nó por ti me ban respetado la fiebre, el mar, el cólera, la guerra y el odio que á mi raza inveterado de otra en el ciego corazón se encierra? Al llegar y al \o'ver^ me \nn alfombrado allá de flores come acá la tierra; y ¿quiénes son los genios tutelares qae enfloran para mi tierras y mares?

!':i

XX Vil

Tras mí dejo mi haella, madre mía, marcada por do quier coa sepulturas: cuantos darme quisieron compañía murieron en mis locas aventaras: dejo á los que al í me aman todavía un porvenir de sangre y desventuras: y á través de tan múltiples azai^és ¡sólo incólume vuelvo yo á mis lares!

xxvni

¿Quién si nó tú me guarda, Virgen Santa? (^uién á mi bien <;i nó tu amor me guía? ¿quién conserva la voz en mi garganta? ¿quién mantiene la fé en mi poesía? ¿quién hacia Dios mi espíritu levanta? ¿quién mi alma acogerá en mi último día? La historia de mi vida y mis cantares, tienen principio y fin en tus altares.

XXIX.

Y hé aquí toda la historia de mi Vida: de esta vida que aún mima la fortuna, toda en el vicio por mi mal perdida, las horas he perdido una por una. Tan sólo la oracióa por mi aprendida de mi madre en los brazos en la cuna no olvidé, ni he perdido en tus altaren mi fe y vengo con ella á qUe rae ampares.

Pródigo me dio el mando sos placeres, su gloria el suelo me alfombró de flores^ amé y me amaron mucho las mujeres, me embriagó la foríuna de favores, me honraron de la tierra los poderes, la tama me aclamó con los mejores: aún me corona el mundo en sus altares^ mas yo vengo á.tu altar á que rae ampares.

AXXI

La gloria y el favor son polvo y humo: las coronas del n undo son de espinas: DO hay laurel que no tenga amargo zumo^ no hay sura sin moléculas dañinas, no hay triunfo colosal ni éxito sumo, sin envidias rastreras y mezquinas: con mis coronas vengo á tus altares de mi gloria mortal á que me ampares.

Madre, yo reconozco mi bajeza, yo sé mi pequenez y mi ignorancia. Salva del rudo escollo en que hoy tropieza el barquichuelo ruin de mi importancia. Libra de humo qae embriaga mi cabeza, salva á mi corazón de mi arrogancia, pues vengo en bien y en mal á tus altares, ai en el mal ni en el bien me desampares.

1-2^

XXXIIt

Hadr/», hoy en prenda de mi fe, en tus tiras vengó á colgar humilde mis coronas: prendas sen, madre, para mí may caras, mas aún debo partir á extrañas 2onas. Por si allá por recóoditas y raras razone' y desdichas me abandonas, y "me pierdo y las pierdo en mis azares.-, aguárdalas, madre mia, en tos altare?,

Y aquellos que pusieron á mi plao'a ó en mi sien c^os lauros y esas flores, 4íi!es que frases do hay en mi garganta conque agradezca yo tales honores: y si en mi fe no creen... ;oh Virgen Santa! si rae juzgan ingrato á sus favores... Madre mía y del Cristo, alus altares -vendré de su iujíasticia á que me ampares.

Virgen San'a, cuyo ampare guardó allá mi inútil vida, guarda en mi alma dolorida las semillas de tu fe: pues tu amparo á mí es tan claro, mis coronas bajo él áej,Q: ya sin raza... sólo... y viejo ¿para quién las guardaré*?

1?4

A los jóvenes redactores de

LA CRÓNICA MEÜCANTIL

de Valladolíd.

Vosotros íes qae flores y cantares me echáis al paso ai regresar á España^ perdonadme la hiél de los pesares que hace muda mi voz, mi faz uraóa. Kscusad que postrado en los altares conjure al genio ruin qae me acompaña: dejadme hablar para calmar mi duelo, antes que eon vosotros con el cíelo.

Hermanos que acatáis mis piadosos ■votos, dejazme erar, pues sois cristianoi^; puias españo-es sois:, sed generosos conmigo, y tolerantes com:o hermanos. Dejadme, tras veinte años azarosos, que alzando al sol de mis país las manos, suelva de calma con afán prc fundo el jCora:8Ón á Dios, la espalda al mondo.

Ésto que oso decir sé que es extraño; que puede apenas perdonarse solo á la honda convicción del desengaño: mas yo á mi fe mi vanidad inmolo. Sé también que es encubridor amaño hoy tal vez la piedad y la fe un dolo; que al par que á la ambición á la íe adula, con la fe la política especula.

Mas mi fe no es hipócrita ni hartera^ ni á político bando pertenece, ni á sombra del favor medrar espera, ni adula á la opinión porque enriquece la pluma. Creo en Dios con fe sincera, y me humillo al favor que me enaltece; y el que no crea que con fe lo digo, vuelva á la mar y á México conmigo.

XL''

Venga conmigo al mar, y en la crujiente nave que el agua con furor szcta, y que arrebata el huracán rujiente y que va ya desarbolada y rota, alzará coiso yo al Omnipotente con voz exhausta su oración devota, pidiéndole no más con hondo anhelo uó punto azul en el perdido cielo>

Venga conmigo á la nación que en guerra civil grita há diez lustros ¡muera España! Y en aquel Dueb'o y en aquella tierra que no producen más que odio y cizaaa, al Dios se volverá que alli le encierra en tal sentina de doblez y sana*. y si le vuelve Dios libre á Castilla, ó apostató de Dios ó se arrodilla.

Vosotros que del vil materialismo guardado habéis vuestra alma castellaDa, y del frío é hipócrita egoísmo que roen hoy la sociedad humana, que creéis en la fe que hfiy en mí mismo, que no dudáis en mi hamüdad cristima^ sed mi mundo vosotros, sed mi escudo contra ese mundo ante quien paso mudo.

¡Oh hermanos míos! Mi honra y mi esperanza encomendados dejo en vuestres manes; si mientras per las vegas del Arlanza voy mis deberes á cumplir cristianos, de la calumnia ó el rencor me alcanza algún dardo traidor, rompedle, hermanos: y cuando muera, de mi fe en sbono, decid á mi agresor que le perdono.

A dar un adiós último á Castilla voy en la inmensidad de mí tristeza. Debe volver del mar á la otra orilla, si voy... de no tornar tengo certeza. Vosotros que sondáis por qué se humilla coronada de flores mi cabeza, sancionad mi silencio con el mundo si a dar razón de mi pesar profundo.

Me cantan por do voy, y no respondo: me aplauden por do quier y paso mudo como un espectro que devuelve el fundo de su tumba á la luz hosco y ceñudo: me buscan mis amigos y me escondo: me saludan las damas y el saludo no devuelvo... jvelad por mi conciencia mientras cumplo hasta el fin mi penitencia

Marzo f 13,

Mis padres yacen aqai: antes de volver al mar, voy en sa sepulcro á orar por si el mar me traga á mi.

Sin mí les cogió la muerte, no escuché su último adiós, quiero dejar de los dos recogido el polvo inerte.

Me dejaron al morir sin hacienda y sin hogar: y yo les quiero dejar un panteón en qué dormir.

¡Con qué emoción, coa qaé afán , por el cementerio adentro penetro... pero no encuentro sus sepulcros... ¿dónde están'?

Al guardián octogenario demando ¿qué ha sido de ellos? y me heriza los cabellos con un cuento funerario.

''Sus huesos ba removido tantas veces mi azadón, que Dios sólo en el montón sabe ya coyos han sido.^

—IRom piste sus tumbas!

"-■■Sí:

ta padre me lo mandó

—¿No sabes eso?

^No; cnéntamelo,

— Escucha.

—Di.

XLVÍI

iOh política maldita, cnya ciega fe insensata el amor del padre mata y á los hijos se le quita!

¡Maldita sea en la tierra la política opinión que echa á Dios del corazós ^ á los hijos se le cierra!

13 (y'

Espíritu, que ya en calmff duermes en la eternidad, ¡no veas la soledad que me has dejado en el alma?

Hé ahí lo que pido á Dios: que nunca Tcr te permito la desventura infinita que has dejado de ti en pos.

Mucho erré en mi juveatud;^ mucho errando te ofendí, mas... ¡ni aun dejas para mi tu polvo en el ataúd!

¡TantO;, padre, tu amargura te cegó el alma y los ojos, que me dejas tus enoíos fuera de tu sepultura!

Bien hecho está lo que has hecho: JO me avengo á tal castigo. {Dios para hacer tal conmigo te acuerde cual yo derecho.

¡Sino fué de ambos fatal! condenados á él nacimos, y nunca nos comprendimos y el bien se nos tornó en maL

Fama y oro para tí gané con fortuna rara. . . ¡Y me volviste Ja cara snaado á ofrecérteles fuü

i:n

TTal odio á la poesial Piechazaste hasta una losa en que escribiera piadosa un epitaiio la mfa:

V ella tu hacienda empeñada con sus Tersos ha pagade. ¡Pobres versos que has odiado!. Por ellos DO debes nada.

¡Yo soy quien los odio ahora; pi>es por ellos he perdi<¿o esta vida que he vivido día á óia^ hora per hora.

Mis versos son un cordel que me aprieta el corazón: jDios me echó la maldición de ahogar mi dicha con él!

Y por ellos me ^^ondena tal vez á dar honra y vida por una causa perdida empeñada en tierra 9jena.

Mas ¿qué importa ya el lugar Di el por qué pueda morir el que oo supo lograr de su padre hacerse amar, ni con su padre vivir, ni sncederle en su hogar, ni sus huesos reunir bajo una cruz tumular donde ir por él A llorar y á Dics por él á pedir?

iMaldíta tal poesía caasa de tal desventurat ¡Y que haya ana criatara que aún tenga en algo la mfa!

rQae aua haya en la tierra un hombre qae env díe como laureles el talco y los oropeles con que empenachan mi nombre!

¡Vivas ruindades mezquinas) Mi úrica venganza ftíera coronaros si pudiera con mis coronas de espinas.

¡Jamás el alma os taladre de la mía el duelo sumo! Yo vago entre ruido y humo paria sin raza y sin padre.

Maldita sea la opinión poütica, por la cual ahogó el amor paternal el mío en su corazón.

Jamás baado seguirémas sí uno á seguir me obligan, no será el de los que sigan el que de mi padre fué.

iPobre padre! Partidario de la ingratitud moriste obcecado, pobre, triste, y olvidado y solitario.

Y tu obcecación fatal hizo tu opinión tan brava,

i:33

qae hasta privarme intentaba del cariño maternal.

Dios no te lo permitió: mi madre á Dios por sa hijo pidió... y lloró. . y me beod Jo... y roe amó y me perdonó.

Mi madre en mis manos deja por tú no cuidarte de ellos, ele sns hermosos cabellos Bna perdida guedeja.

No lo supiste jamás, y es la úaica herencia mia. No he preguntado hasta el día si habla de ella algo más.

Lazo qae siempre llevé sobre el corazón sujeto, ha (ido santo amuleto que le dio esperanza y fe;

Y boy dos qae á mi madre amaracs sus cabellos repartimos, y los dos la bendecimos, y los dos por tí rogamos:

Pero pidiéndole á Dios que tu alma ver no permita la desventura infinita que nos dejas de ti en pos.

Por mí, padre, bien hss hechor yo me avengo á tal cast'go: Dics para hacer tal conmigo te acuerde cual yo derecho!

1^1

Tu políiica lenaz te hornillo y te empobreció: ea sus promesas falaz te abandonó y te olvidó.

De sentimiento incapaz el corazón te secó: y en tedio amargo y voraz lejos de mí te mató, la política mendaz fué la que te descarrió Espíritu, duerme en paz: contra tí... ni Dios oi yo.

Mi poesía tenaz los plazos por tí cumplió: en sus promesas veraz del olvido te sacó: de una inmensa fe capaz, mi cariño te guardó; la politica mendaz, que no me contaminó á ser te arrastró, falaz, ciego sf, mal padre dó. Kspiritu. duerme en paz. Erraste ttí, pequé yo.

Dios, que las coDciencias ves, sé para mi padre cíe^o: la peoa de amhos te ruego que á mi en la tierra me des.

lío

8¡rva á ambos de expisción , la existencia solitaria que'he llevado como ub paria de la civilización.

Dígnate en cuenta tomar que los versos que él ma dijo son Sanbeníto que el hijo penitente ha de llevar.

Y que toma en cuenta ten por igual como favores

los silbidos y las flores que por sos versos le den.

V ea cuenta ten, que en su afán, con esos versos malditos

se ha de ir confe^aodo á gritos y mendigando su pan.

IDios mío! Aunque yo infeliz viva mucho, y mal acabe, yo solo de entrambos lave basta el último desliz.

Dame de mi posición conocimiento profundo, para no ser en el mundo fariseo ni bufón.

Dame ¡Dios míoi humildad que en la eternidad me abone, y como Tú me perdone mi padre en la eternidad.

13fi

Villa cu que heredar debí casa y fíocas solariegas y que hasta el polvo me niegas del barro de quien nací; ¡adiós!— Pues ya para mi no hay en ti lecho, oi hogar, que derecho á reposar vivo ni muerto me acuerde en él... ladiós!. . ¿qué se pierde con que me pierda en el mar?

Deja la tierra, corcel, de este lagar tras de tí. ¡Hasta las piedras en él manan lagrimes de hiél y vergüenza para mí!

Corre, que ya esta carrera va á ser tal vez la postrera en que tus lomos me das: corre y dejemos atrás toda ta comarca entera.

Corre, y de correr no ceses hasta dar en las campiñas y los valles burgaleses: atropella por sus miescs, atraviesa por sus vinas. Torre, ya veo á lo lejos

13<

ule tus cerros sólita. ios los fuinosos castillejos, y los gallos campanarios d-e sus pardas lugareios.

Ta entramos en su distrilc; cores'; tu paso conlén por aqn; que necesito t>uscar aquí un paeblecíto que para mí es un edén.

Castilla, cuyos cas'illos hoy ea escombras abruman tus débiles lugarcillos, y cuyas ruinas perfuman las salvias y ios tomillos;

Te llevé fotografiada por donde fui en mi memoria» no he olvidado de ti nada: jornada sé por jornada toda tu tierra y tu historia.

Heme aquí en terreno amigo; conozco el rumba qae sigo palmo á palmo; s), alH esián el biiaigo Villodrigo y el moro ViUaqurán.

Allá Pampliega en el cerro que su alta nobleza abona, alzando una cruz de hierro do llevó Wamba á un encierro su cabeza sin corona.

Aquí Ja vieja Celada

á cayos pies agaa corre del Arlanza descaozada: y allá Torre la altneoada, y allí ^'^aotiuste sin torre.

A lá detrás de una cuesta veo de Villaldemiro la iglesia en oq cerro puesta; y de aquel pico en la cresta los restos de Mqkü miro.

^:Quica asi te maltrató ¡oh Mqó6! en ausencia caía, que tan pobre te dejó de las piedras con que un día torreado le vi yo?

iPobre Muñó! A duras penas conozco ya tas cim;entos: y tus torres con almenas y tus puentes con cadenas son ya un cuento de mis cuentos.

¡Pobre Muñól Todavía por tus recuerdos le adoros y no está lejos el dfa en que halle mi poesía en tus ruinas un tesoro.

¡Pobre Muñó! Tú me d'ste en mi juventud abrigo, y debo hoy que envejeciste probirte que en mi adquiriste entonces un baen amigo.

^^olo te queda na cantar

que reruerda tu fin tris^er y yo sé cómo f v jcar á slguien que puede contar á tu pesar lo qce fuiste,

Pero... ¡Adiós! No formes queja, Muñó, si adelante sigo entre Arroyo y Villa vieja: que pararme no me deja uo afán que va conmigo.

Voy á buscar un lugar en donde tengo un altar eo el que an es de morir ({Qiero á mi a^gel tutelar evocar y bendecir.

Altí tras aquella loma al pié de una torrecilla blaoca como una paloma, las pardas tejas asoma de sus casas Quintanilla.

¡Bendito el pobre lugar donde mi madre nació! IBendito el modesto hogar donde la luz á mirar sus negros ojos abrió!

tüend^to el aire que eliento inspirando eo su pulmón, )a dio vit«l sentimiento con el prioser movimiento que imprimió á su corazón! ¡Bendita sea la estauciái

í4^

de esta casa oscura y fría, donde durm'ó en la igoorancia angelical de la infancia el sueño del primer día!

iBeodita sea la campana con que tocó á su bautizo^ y )a fuente de que mana el agua con que ctis'iana el sacerdote la hiz'^»

Madre á qukn idolatré, y con quien nunca vivi» y cuya vida amargué . ^Porque tal mi sino fué... pr.rqre Dios lo quiso asít

Madre, de cuyo cariño tan pocos añ<os go^é, de qu'en me aoartaron niño, y á quien, indócii lam^iGÍo, yo obcecado abandoné:

¡Con cuánto afán busco ahora cuanto dejaste t as ti! ¡Oon cuánta fe mí akna adora chanto imagino, señora, que'guarda algo tuyo aqui!

Be estas llaves y aldabones de ventanas y portones se aseguraron tus manos, y sobre estos escalones tus ptececitos enanos.

Bajo este envigado techa

snnó aquella voz tan suave que salía de tu pecho: que Dios para tí había hecho, como el cant© para el ave.

Eaeste rincón tenías tu lecho casto y modestor y aquí ante la luz ponías el espejo en que veías tu faz, y tocado honesto

Por estas calles pasaste, •por e tas cas co^ ri^te, eo esta'g'e ia rezaste... iMadre, prr qué no me abogaste cuando la v da me dis'el

¿Por qué de la madre tierna no Dudo más el amor que la vanidad paterna, de quien nos tuvo el rigor en separación eterna?

¿Por qué á extraños al ñ^r mi padre mi edocacióu, antes aue á tu bijo soltar, oo le dejaste arrancar los brazos y el corazón? ¿Qié necesidad había de anzarme al muñólo vano, á mí qre adorado habría la ifínorada medianía del lab'-ador castellano? ;,Que nos importaba en él

]V2

con humos de alta nobleza salir á bacer un papel, si en el alma se torna biel el homo de la cabeza?

¡Aquí hubiéramos vivido, madre, los drs tan felice! Nos hubieran mantenido tan bien sin gloria ni ruido nuestros granos y raíces!

Te hubiera aqcf sin cesar, pues que tu se lo hijo fui, día y noche hasta espirar al calor de nuestro hogar tenido yo junto á mf.

Nadie hubiera de raí hpt)'ado, n' me hubie'^an aplaudido, tii me hubieran coronado, ni en su cámara sentado me hobieran reyes tenido...

Pero hubiera sido hónralo, y feliz hubiera fido, viviendo siempre á tu lado por tf en tu hogar cob"jado como el pachón en su nido.

Mc|or que en tierras extrañas en mesas de emperadores, ¡oh madre de mis entraña^! comiera yo en sus cabanas pan tuyo ron tus pastores;

Y cuando tus ©ios Dios

cerrado hubiera á la luz, si morir yo de tí en pos, bastara para los dos una tumba y una cruz.

¡Delitos!— Hacia la mar se arrastra ya mi deber. ¡Adiós, villa! jAdiós, hogar, quo á ella la viste nacer y á mí venirla á llorar!

Virgen Santa de Manó, Soledad de Qaintaoilla, á quienes mi mad e y yo orábamos cuando aúa no %Q hablaba de mí en Castilla.

Pues qae bi vivió conmigo DI he de tener al morir coa ella en la tumba abriga, abreviadme ¡ay! el castigo de mi vida porvenir.

Pues no me podéis volver ni á la oscuridad de ayer, ni á la calma de mi hogar, Di á la que en él me dio el ser... ¡Enviad tormentas al mar*

Que del buque en que á él me lance vaya un huracán en po3,

y en él de mi muerte el trance

tan sólo A saber alcanct><

el mar en que le huada Dio«í

LIBRO -QUINTO

¡VJ] VICTIS!

CN Lfl EftTEüHfiL BE EHREnS

Honda inqaiefud el ak»ua me atiibuia, vage terror ^I corazón me prensa: miro al c?elo, y el aire que le azRla «n negrece á mis O'os niebla densa: sondee el porveoir, y se acumula «n su horizonte tempestad inmensa,- quiero cantar y el Jianto me sofoca: orar, y no hallo preces en mi boca.

Vuelvo tras larga ausencia á ver á Esptóa con el placer que un náufrago la orilla, y me acoge al volver de t?erra extraéa* •en su regazo maternal Castilla: mas an genio fatal que me acompaña mi lengua auuda y mi cabeza humilla, y mal mi pecho en su pavor alienta, y de pesar mi corazón revienta.

ÍSG Ul

¿Qué es de mi gratitud y m's cantares? ¿Vuelvo tal vez sin alora y sio aliento^ ó desdeño la tierra y los sola?e& do fui feliz y amé y viví contento? ¿Dejé mi alma allende de los mares y quedaron allá mi fe y mi acento? No^ todo en mi ahna por Castilla aboga; es mi daelo Interior el que me ahoga.

Algo á mí superior me paraliza, mi inspiración poética impotente torna, y mi pobre ingenio esteriliza; no brotan las ideas en mi mente^ mi voz mi antigua le no vigoriza^ presa del miedo el corazón se siente^ y la tristeza que me roe el alma silencio esige y soledad y calma.

A través de los mares, de un andigo espero oir la voz, y... ¡tarda mucho! en vano tras sus nuevas me fatigo, la tierra exploro y el silencio escucho: y en la esperanza que de oírla abrigo, con mi pavor desesperado lucho. ¿Qaé es lo que oculta en México [Dios bueno! este silencio de amenazas lleno?

'tlnso porta ble alan! La noche oseara no trae ya para mí la paz dei sueño: de día entre las gentes con premura paso como visión de torvo ceño; tue enoja quien consueles me procura; frío, ei amor y la amistad desdeño, y espero de esperar desesperado. jOh si estuviera el globo taladrado!

¡Tan'a nueva invención.^, tanto adelantoi tanta electricidad, telegrafía, globos, vapores... ¡y silencio tanto y taata soledad... tanta agonía^ ;y no poder en mi inquietud, Dios santo la pena revelar del alma míai ¡Y creer en tí, buen Dios, con fe sincera y no poderte ni rezar siquiera!

Porque yo vengo al templo y s'n rezarte que estoy hincado ante tu altar advierto, que está mi pensamiento en otra parte, y que con frases para orar no acierto: y mis vagas ideas ni aun del arte con el primor multíp4ce divierto. Yo, que entro en esta catedral bendita y el mundo de delante se me quita.

To que he venido á e)la pequeñueíe» con mi madre infeliz, que me eoseñ&bar á oir la misa y á iuvocar aí cielo: mientras yo, ignaro aún, solo saciaba de ver el templo mi infantil anhelo, 7 sos pa'abrai santas no escnchs^a^ y en logar de atender al sacrificio, admiraba encantado el edificia.

To que por fe, placer, arfe y co tumb e cuanda de Burgas la ciadad habito, vengo á soliviantar la pesadumbre del coiszón en su ámbito bendito; V esqui\ ; la devota muchedumbre aquí ocal fuera la mundana evito, para de jar que fe apacenté el alma de triste paz y religiosa calnaa.

(Cuan poético es Dios! y cuan pcética es su templo católico, que encierra cuanto c nmovedor, grande y mago ética sftderaos concebir sobre la tierra: desde el libro y el cánt co profético, hasta el grcsero material de tierra: 'lesde la prueba real hasta el misterio, ' )áo, dcide el bautismo al cemente io.

1Í9

La Catedral de Burgos, maravilla del arte, de la tierra castellana gloria y joyel, y fuera de Castil'a muestra sin par de fábrica cristiana, es el templo ojival donie más brilla la fe de una nación en su arte humana; modelo de arte y fe, yo la contemplo de ellas á par como museo y templo.

Percibe en sus católicos santuarios la presencia de Dios el alma mía: aspira en sus andenes solitarios inspiración y fe mi poesía: exaltan sus prodigios estatuarios al éxtas's tal vez mi fantasía... C:n la imaginería de un retablo, delirando tal vez plática entablo?

Sólo á quedarme en su recinto espero ó á él cuando solo le supongo acodo: y olvidándome aquí del mundo entero^ aquí al arte y á Dios adoro mudo; sonrio á los relieves del crucerci los bustos de los túmulos saludo: C9nto en el coro, be£o los altareis, y abrazo las estatuas y pi'ares.

Y platico en espíri u á mis solas CCD cuantos en su fábrica pusieron las roanos. Con sus mitras y sus colas vienen tras mí azobispos y arcedianos, salen con sus perillas y sus golas á h blarme con sus obras, castellanos y extranjeros á un tiempo, entalladores plateros, a qaitectos y escultores

Sánchez, Diego de Siloe, Vallejo, Gil, Bar<uguete, el Borgoñóa, Camargo... toda gen'e leal del t eoapo viejo qoe vivirá en la historia tiempo la^go, salen conmigo á plática ó coospjo rcmpiendo un punto su mortal letargo, y á hacerme imagioaria compañía dándoles vez mi ignara poesía.

La catedral de Burgos abre ahora de consuelo á mi espíritu un tesoro: aquí ve á Dios mi alma, aquí le adora, aquí su amparo omnipotente imploro: y en la inquietud aquí que me devora, por los que en riesgo están le ruego y lloro; y aqui á solas á Dios pregunto en vano, ¿qué íes ¡oh Dios! del buen Maximüiaoc?

Aquf frente á la mágica escultura, obra de BorgoñÓD incomparable, me siento á ver cer ar la noche oscura al umbral del cancel del Condestable: y espero que del Cristo la fígura de su re'ieve se d( sprenda y hable; y le pregunto en mi delirio insano, ¿qué es, buen Jesús, del baen Maximiliano?

Todas las tardes vengo: todas miro, mieetrás hay luz, el Cristo del relieve: y en vano todts á sus pies suspiro, porque ni me habla el Cristo ni se mueve. Todas esperando me retiro de qae a'guna por fin moverse debe y darme nuevas de él.., ¡delirio insano de mi afán por el buen Maximiliano!

Es una tarde parda; centellea el sol entre los cárdenos celajes de nn aplomado nubarrón que ondea ante él, cuyos flotantes cortinajes entoldan su fulgor; amari lea desgarrándole el sol por mil parajes con mil rayos de luz de cuando en cuando: mas el nublado ante él se va cuajando.

Penetrao en las naves, por los huecos de sus ojivos dobles agineces, los relámpagos vagos y los secos truenos roncos aún: siéntese á veces de las hondas capillas á los ecos ir por las insondables lobregueces el trueno á repetir qae afuera zumba de rincón en rincón, de tumba en tumba,

A la luz temerosa y fcgitiva 3el rápido relámpago brillante os arquitraves en que el templo estriva vacilan desquiciados un instante. Coda imagen de altar s'ílta de él viva: 10 hay busto que no marche ó se levan'e, )arecien4o en redor por un momento oda inmovilidad en movimiento.

Parece la calada cristería le los arcos y nichos ojivales ndalante y flexible encajería: ís verjas y barreados barandales iczas de mslitar caballería ue avanza en escuadroaes desigualesí

los tubos del órgano salientes, restas de g ifcs, colas de serpientes.

Tórnanse á sa fulgor los rosetones, t)ios de leviatán que parpadean^: la Irbor d« hojarasca y catre'oce.s reptiles que en los muros culebrean; las capillas profuodas, panteones donde libres los oiDertos se paseair. tas ventanas de nidrios losanjeado"-^ hornos de salamandras atestados.

Al lejano rumor de un rorco trueno^ miles de voces de invisibles bocas pueblan del aire el impaipabie seno, incoherentes, gárrulas y locas. AUi r€SQ<ena un ]ayl de angustia llena, allá muge un torrente entre las rocas, allá «1 crucifijo del incendio estalla, allá rompe el clamor úe la l^ataila^

XXVÍ

Gime allí en moribundo que se qu'Ja, allá rechina un cable que se amarra; nna ráfaga LÜba en una reja, una tela se rasga en una barra, can^a en una cornisa una corneja... Y el ruido del turbión que se desgar/a, •en los tuecos del órgano gorjea, bufa, mAige, relincha y -cacarea.

Del trueno al son y al resplandor del cielo, nada queda sia voz ni yace inerte. lUn relámpago!... y pneb'an aire y suelo móviles bultos mil— ¡un trueno!... y vierte su voz en él mil ecos de odio, anhelo, triunfo, terror, placer, victoria ó muerte. Pasan .. y pasa cuanto suena y gira, la calma torna y el rumor espira.

¡Cuan poético es Dios! Qué poderosa la fe del creador catolicismo, qoe de grandeza artística rebosa al enunciar el pobre cristianismo, con esa sencillez maravillosa de quien trae su poder consigo mimo! ¡Cómo atrae, cómo exalta el alma mía, oh Santa Catedral, tu poesía!

Bendita sea, sí, bendita sea la religión sublime cuyo cu!to todas las artes en glosar empka su sentido simbólico y oculto: haciendo por doquier que el pueblo Vía su tradición histórica de bulto en iglesias, imdgepes y fiestas, el sentimiento para herir dispuestas.

ir,5

iQué ícy qué inspiración, que poesi& aspira en esta oave solitaria . exaltada esta tarde el alma mí^! iCóaao en este primor de imaginaria del Borgoñóa Felipe me extasía la escena angasüadora y tumultuaria^ en que la imagen de Jesús divina inocente al patíbulo camina!

¡Oh poder misterioso, oh fe del artel Eq esta maravilla de escultara, se ve que el hombre en su alma tiene parte de aquel a esencia creadora y pura con qce D os le hizo á él: Dios la reparta «n almas aptas á crear, y dura en sus obras ia ch'spa creadora Á coya luz quien cree las ve y adora.

Esa imagen del Cristo que camina por el pjeno crimen al suplicio, fie ese pueblo feroz que le asesina y le escarnece audaz entre el bullicio... Del pueblo que hoy ante él se arremolina para yerle marchar al facrificio, como ayer á aclamarle se agolpaba "caando triunfante en la dudad entraba.

T6(?

Hace en mi una impresión JDexplic^bfe. Esa escultura al coatemplar, ire siento extasiado eo un dobie é inefable artístico y piadoso arrobamiento. Parecen) e imposible que no hable bí se ponga ese cuadro en movimientor j la figura mhtica del Crhto me hace acordar... de un hombre á qaien he vistGv

Libre de culpa y de virtud ejemplo eontempla al ícedentcr mi fe cristiana... Mas... ruje el huracán fnera del templo, y á intervalos la imagen soberana á la luz del relámpago contemplo. Esa escuUura ¡aberración in ana! me hace acordar de) buen Maximiliaoa ¿ merced dei furor lepubñcano.

Estalló ai fin la tempestad Tíolentar el viento las vidrieras extremece; y deseocadenada la tormenta, que va á arrancar la Catedral parece*. Culebrea el relámpag"», revienta el- trueno, el agua cae, desaparece U luz... ya no distiogo las figuras sanias de las n^rmóreas esculturas.

¡Qué tempes'ad, Dios m*o! ¡qué medrosa soledad! vago y temeroso ruido llena la oscuridad, que pavorofa por capillas y caves se ba extendido. Estremécese el suelo en que reposa la fábrica m^iciza al estalido del trueno, y del relámpago á la llama la tenebrosa oscuridad se intlama.

Qué efecto tan fantástico produceo en mi imaginación las llamaradas de luz intermitente, que introducea su fulgor ea las bóvedas sagradas, y á sus pantos más lóbregos conducen cías de luz sulfúrea desear iadas que, al alumbrar los lóbregos rincones les pueblan de fantásticas visiones.

Es la primera vez que me amedrenta la soledad de un templo, y qce me espanta la voz con que hab'a Dios en la tormenta. Siento algo que en la sombra se adelanta: algo percibo que en la sombra alienta, preso me siento de pavura santa... Cree mi fe .. aunque mi espíritu fluctúa... que un tnisterio en la sombra se efectúa.

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¡El relámpago!... ¡Dios! ¿qoé es lo qae he visto en el cuadro de pied»-a? Tergo miedo á la falgúrea luz creí del Cristo ver la figara audaz .. mover no puedo los pies. ¡Otro relámpago! ¡ob, resisto en vano á !a cvldenda... el rostro ledo volvió hscia mi la imagen... No respiro de pavor.— ¡Oh prodigio! Yo deliro.

lEsa escultura viveí— una armonía imperceptible casi en ella suena, que de santa y febril melancolia el embargado espíritu me llena, iE^ii incoloro a'bor de oppco día comienza á herir la escultural escena: y á su mística luz la piedra ineite en visión á mis ojos se convierte.

Todo en el cuadro escultural se muevs, las figuran de piedra se adelantan detrás del Salva*dor, con pie tan leve qoe rumor con sus pasos no levantan al marchar por el campo del relieve. No oso á Je^ús mirar, p' raue no aguantan mis pupHas la loz y la belleza de su glcriosa y celestial cab^sia.

Del caadro, tras Jesús, desvaneciendo se van del B rgonón las esculturas, y de Jerusalén á él van saliendo por la puerta de piedra otras figuras: cuya presencia bien aún no comprendo, mas de quienes por bustos y pintaras de relieves, sepulcros y paisajes reconociendo voy los personajes.

Cuanto la fe, el valor y la grandeza de la España á la América es'abona pasa aote mi: la histórica nobleza que recibió á Colón en Barcelona; Fernando é Isabel que á su cabeza ciñen de ambos mundos la corona; y Beatriz Galindo la Latina cni. e Gultennberg y Colón camina.

Los monjes de la K^ibida, el al'eoto de la fe de Colón, de quienes queda la memoria en el gran descubrimiento: Juan de Grijalva y Alvarez Pineda, modelos de constancia y ardimiento con Vespucio, Solís, Pinzón y Ojcda; y el Papa que los mares con su mano partió, cual D^'os del mundo soberano.

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Luego tras de Cortés los compañeros de su sin par homérico hercísmo. Las Oisas. c:n los sanies mi- ioneros que llevaron la luz del cristianismo á la idólatra México: los pr'ra-rcs márti-es del rencor, el egoísmo y la ambición fatal de ona raquítica, torpe ye rónea y suspicaz política.

Carlos quinto, ya monje, del convento coa el traje claustral, su dinastía austiiaca trae en pos, con paso lento, torva faz y mortal melancclia. Cuantos al trono ó la fe alimento dieron ó gloria á México algúo día, los obispos, los j jeces, los vireyes qce le dieron fe, paz, gobierno y leyes»

L's mercaderes íntegros y honrados que luego opu'entí iuosseicres, fueron en sus incultos despcb ados de ciudades y puertos fundadores. Los que d>eron el nombre á sus estados de su vida social los creadores dando á las tribus bárbaras JndiaDas U honradez y la lengua c>&tellaaas.

xLvín

Todo este lento y silencioso bando de evocadas históricas figuras, "se va sobre el relieve colocando -en lugiir de las santas escoltaras: y on ancho seml-cfrculo formando y del p:sisaie ampliando las ancharas, del postigo de piedra el paso franco dejan, y en frente de él un cuadro blanco.

Yo no sé qcé de horrib'e me acongoja viendo en el cuadro el pórtico judío, ^1 que un poder incógnito despoja de sus figuras ante mí vacío. Yo no sé qué de horrible se me aatoja tjae va á salir por él: marmóreo frío como acceso febril me sobrecrje; «I corazón no lale y se me encoje.

Mis pupilas devoran el oscuro hueco cancel de la ciudad impía, que libre deja en el judío muro la evocación ante la vista mia. asiento tras él un paso igual, segiiro, de tropa... hela allí ya... una compañía de rifleros.,. ¡Dios mío... yo me pierdo de ese tren militar tras un recwerdo!

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Sueñ'*, vis'ÓD, delirio.,, los aotojo?; d'sipa coa que el alma me acongojas! sondar me aterra lo que yen tus ojos: de lanzas y de sables hierros y hojas... rojas... divisas... uniformes rojos... ¡la librea imperial!... no... ¡blusas rojas! ¡forman el cuadro^ ¿Quién? {deliiio insano! ¡cl!... ¡es él| imi inteliz Maximiliano!

Prisioneros con él sus generales dentro del chairo... Miramóo, Mejía. . los últimos... los únicos leUes al pendón de U hundida monarquía! ¡Vivosi ¡Fué vuestro afán! Sois liberales los que bebéis su sangre á sangre friaf El me ve, me sonríe, se adelanta hacia mi, me va á hablar ¡victima santa?

Habla, te escucho; que en mi oido suene ta simpática voz mansa y serena por la postrera vez, aunque me llene... aunque me parta el corazón de pena. Habíame aunque la vida me envenene tu última frase de amargura lleca. Pon fin á la agonia porque lucho: habla; aunque sea un sueño: ya te escucho.

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LÍV

"^^je-í la tierra etítera me abandona^ l)ics sea juez de los que á tal alnsmo me han srrastrade^ mi aliaa les perdona^ Dios me basta^. sqai ea paz conmigo ^issio !a tradícióo histórica me aboaa^ ncompáname eS \ieíO cristifroisme, y asisten á mi muerte desastrada la fe y la gtoiia de la ed^d pasada

Infancia se hizo á ia mar: Roma me olv^.da^ pero pierden conmigo estas regiones, la Ighs^a queda tras de mi vendida, "muertas las europeas traliicrDnes. Ld que México mata no es mi vida: lo que á la boca aquí de suk caaones tiene de suTepübHca la tropa, «s la vida en América de Euro|>a.

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'Coamigo aquí que stx poder abiique". úe los Hap' burgos hostia expiatoria^ que la posteridad me}ustií5que. Ni una palabra "tú. Dios y la his*oria tiablaráo: deja á Dios que me viü diques mas si vuelve á Carlota la memoria .> tíooocerá tu voz.., d la que muero crísti£«-^, ^emperador y caballero.^.

Dijo así: saludóme con la manor tomó lugar entre sus dos leales Mejía y Miramón, Maximiliano, y ofreció á los fusiles liberales la ncble faz y el corazón cristiano. Precisióa militar iuntas e iguales las armas asestó contra sa seno: ¡Fuegoj— dii,o una voz— y estalló un trueno.

LTÍIí

Sueño, visión, delirio... á un estallido' todo se disipó; let&rgo breve me embargó, y al voh^er despavorido de él, trémulo de afán miré al relieve. Sus figaras de piedra no han perdido so ÍBmóvií'po?it;ión; nada se mueve; la lluvia cesa, el huracán se calma. . queda la tempestad solo en mi alma.

¡Oh leal monarca baeno, que pudiendo tu persona rescatar con tu corona arrojándola á la mar, de egoísmo ruin ajenOr de tu buena fe en abono tu cabeza al pie del trono» 'jpreferistes arrojar;

í(t:

Como en Cristo en ti han befado de una ley las tradiciones, y el error de las naciones te arrastraron á exp'ar: como á Cristo te han llevado á traición al sacriílcio, mas como FA en el suplicio eocontrastes un altar!

iSanto mártir! ¡Gaál sería de tu espíritu la pena al morir en tierra ajena como infame salteador! Yo te veo .en tu agonía como á Cristo en el Calvario espirando solitario, de tu raza redentor.

De tu crónica fanesta viva página arrancada para dar, por Dios salvada, testio^onio de tu fe, con mi voz desde la cresta de un peñasco de Castilla, como el buho y la abubilla las tinieb'as turbaré.

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V al sóo áe sus cañones, presa en guerra ya cercana^ olvidar puede mañana Europa al emperador^ en los viejos paredones de &u albergue castellano llorará á Maximiliano mientras viva, Su i^eclon

"f Dios, que libras las naciones

y las cargas de odio y yugos; Dios, que Juez de los verdugoá y las victioaas serás, Dio») que el sello á todo pon«s, yo á tus pies por él orando no venganza te demando,., i^ios, justicia nada másl