Drama del alma · Unidad 4 de 15

Unidad 4 · LIBRO PRIMERO

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LIBRO PRIMERO

MÉXICO

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Era en el siglo aquel de las hazañas, en qae hidalgos de rústicos solares abrían á la fe nueva<^ Españas. Después que el buen Colón la abrió los mares y poniendo de madre con entrañas en su pendón la cruz de sus altares, iba España por ambos hemisferios abriendo mundos 3' borrando imperios.

Pisa Cortés la playa Mexicana, y abarcando sa espléndido horizonte se tiende sa mirada soberana de volcán en volcán, de monte en monte. L)e ellos detrás de mnltitad lejana qne airada espera que contra él se apronte son amenazador le trae el viento.... y audaz le aspira con placer su aliento.

Tras aquellas coclópeas montañas y agrestes precipicios solitarios, á donde hujen ante él de sus cabanas míseras los medrosos propietarios, siente alzarse contra él huestes extrañas al rumor de sus pasos temerarios: veodrá acaso sobre él la tierra entera, y él la siente venir y audaz la espera.

Su ojo de halcón percibe entre la bruma por entre aquellos riscos y barrancos, que fía en Dios y en su constancia suma para poner ante su espada francos, empenachados de pintada pluma móvi es grupos y estandartes blancos^ un pueblo, en fin, que en presentarse tarda y que á ver antes de atacar agaarda.

De esos montes detrás hay un imperio; al fia con su señor cruza mensajesde uno á otro palabras de misterio traen y llevan extraños personajes. A su amago ceder es vituperio, y demencia exigir sus homenajes: mas el misterio penetrar que encierra es fuerza, aunque haja que forzar la tierra.

Cortés cree que cejar deshonra á Et»paña. so le, acicate de su honor, le incita á acometer la temeraria hazaña tie avanzar sobre un puebla á quien írnts y asombra al par su pretensión extraña, «u andacia más la oposición excita, y cuanto más glorioio le parece más en intento ^tal se fortalece,

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De héroes nn puñado le acompaña para dar cima á tan hercúleo anlojo; asombrada su hueste grita ;;¡á EspañaP €ortés sos navcs sin temor ni enqlo quema, y abre su homérica campana, diciendo á su legión ccn ncble arrojo: "Para volver del mar á la otra ©rilla ^sta hay q«e conquistar. Dios por Castilla..

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le, fortuna, valor, estratagemas, tenacidad, homéricas campañas, desventaras sin par. cuitas extremas, inconcebibles, épicas hazañas, que no caben en los libros ni en poemas, marcaron en !o& mapas dcsEspañas; tué española del mar la doble orilla. iMéxico por Cortés! ¡Dios por Castilla!.

Asombro de ambos mundos su victoria, á Cortés del pasado entre la bruma admiran á la luz de tanta «loria los que no envidian su victoria suma. ^Cnél es después de México la historia? Veloz sobre ella al resbalar mi pluma, tal vez á ser mi cántico descienda frió resumen de vulgar leyenda.

«Por España y por Dlos„ con fe y sin miedo dijo Cortés entrando los lugares: '-Por Dios y por España„ el padre Olmedo decía detrás de él alzando altares. La furia del soldado templó ledo de Cristo el sacerdote: y ambos pares eo la fe. y en valor nadie el segundo, dieron á Carlos quinto un nuevo mundo.

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El primero de acslriaca diaast!». Emperador y Rey Carlos primero soDÓ en si vincular la monarquía universal, ser rey del mundo entero. Dios casi se la dio, caal ser podía en siglo tal, fanático y gaerrero: Kihimbrando discordias y esterminios, no se ponía el sol en sus dominios.

* XII

Carl^F, rey en sus reinos extranjero, imperó en el desorden provocado sólo por él: se levantó Lulero cortra Roma: harto de ella y ultrajado se alzó contra so corte el comunero: el viejo munio, en guerras empeñado por él, se hundió en desorden tan profundo que infiltró el germen de él al nuevo mondo.

En veno el capitán noble y valitate enviaba desde México á Castilla úe aquel nuevo pais y nueva gente crónica ingenua en earración sencilla: en vaco el sacerdote inteligente de la fe derramando la semilla, pedía psra el indio mexicano ú la Ig'esia favor y al Scbrerano.

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ffra un sig'o de gVoria y entusiasmo? soñó Europa no más que guerra y oro: creyó que había dormido en un marasmo' de indigencia á la boca de un tesoro, euando á la pobre España vio con pasma avasallar el mar, rendir al moro: y rey de medio mundo el rey.de España, contra la otra mitad salió á campaña.

Sobó tierra á la Iglesia la herejía, la ardiente inquisición saltó á la arena en favor de la fe y la monarquía; S'rancia arriesgó tenaz, de celos lleaa^ contra ei Enperador cuanto tenía: y él para batallar en tierra pgena, viendo no más en México vn tesoro, le decía no más ^mándame oro.-

Kl rey al labrador para soldado sac ba sin piedad de sus hogares, dejando erial el campo no sembrador la inquisición en pro de los altares arrancaba al judio del mercado y al morisco industrial de sus telares^ queriendo con un celo temerario dar cristianos á Dios y oro al erario.

Y en pos de libertad ó de riqueza, caantos la inquisición ó la justicia ó la guerra dejaban en pobreza, aprovecharon la ocasión propicia de salvar su cauda' y su cabeza de la fe armada y de la real codicia? y del juicio y la leva los azares esquivando hnzán nse á los mares.

Por más que los leales y los buenos, que se le habían ganado al soberano, le pedían de juicio y r£Z(ín llenos qre enviara solo al suelo mexicano jueces de env dia y ambiciónr ajenos y sacerdotes de valor cristiano, él enviaba no más á quien mis oro mandara desde México al tesoro.

y IX

V el kd ón y el apóstata que huían de tribunal civil 6 relig'cso, las polillas sociales que nacian '*el polvo de aquel tiempo borrascoso, langostas de la América, caían sobre su campo virgen y íbnnloso; y, lejos de la ley, iban sin freno de gérmenes de mal á henchir so '-eno.

Y el soldado rapaz, el fraile ignaro, el tornadizo de judío y moro, el juez venal, el mercader avaro, echando al mar vergüenza, fe y decoro, fueron á aquella tiena á vender caro fe, justicia, hasta su sima, á cambio de oro; y de mal estes gérmenes distiotos dieren entre los indios y los pintos.

El indio es haragán, supersticioso, de limitaio y torpe ect^ndimiento; ccmo desnodo, impúdico; vicioso como nutrido mal de tere alimento. El pinto, que es de México el leproso, nsce manchado el cuerpo macilento de herpéticos lunares movedizos, exsudaüóti de virus pegadizos.

Dios no nos dio en la tierra madre ma!a$ pero squi como allá la ma(?re tierra al barsg'n y al vago no regsla el pan ni el oro que en su seno encierra; lecúndanla azadón, arado y pala, no sangre derramada en larga guerra: asi fué qae los vagos que allá fueron, pobres aquí y en México se vieron.

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Y el estómago de hambre y las entrañas de odio y pesar roídos, acordaron utilizar alli sus viejas mañas; las indias y las pintas no tardaron crn ellos f n unirse, y sus cabanas otra progenie pésima albergaron: bijos de aquellos padres tornadizos hoy los léperos son y los mestizos.

Mala ssngre española y mala indiana, ni indios en realidad ni castellanos, brotó esta innoble rsza americana, del coGt nente occidental gitanos. Y reaegados de su raza hispana, y reougnacdo confesarse indianos, ni crisianos ni idólatras lo mismo deshonran la india fe que el cristianismo.

Vale en España más honra que oro: reyes también de América sus reyes, dieron al fin á México de:oro 7 alt} valor social coa sabias leyes; dieron, sin menoscabo del tesoro, pan y justicia &! pueblo sus vireyes; y la Iglesia católica en sus temples le dio inUrucción y de \irtad ejemplos.

loteg os ju ees, nobles caballero^", comerciantes exentos de avaricia y monjes evangélicos y autercs, en pro de la moral y la justicia esgi imieron al par leyes y aceros contra la iniquidad y la codicia: la razón alumbrando y las conciencias Í.U virtud, su palabra y sus sentencias.

Sabios de toga y nobles de golilla fueron con nobles de solar y espada a echar, bajo los faeros de Castilla, de otra raza leal, nob'e y honrada en aquellas regiones la semilla; solariega nobleza allí creada sembró bilí el germen del hoQor cristiano prez del blasón del pueblo castellano.