Drama del alma · Unidad 8 de 15

Unidad 8 · FRANCIA

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FRANCIA

Vo mando, soy la fuerza de tus manos,

Yo quiero la razón en mis hogares.

too

FliANCIA

Vo te avasallaré á los mexícaDOs.

Yo me los haré amigos: sus altares, su pati/a, inios sod: son mis hermíoos,

FRANCIA Nateamaráit.

Abííiearré

FHANCIA

Li vida juegas: partiré antes.

MAXLMILIANO

¡Tur FRANCIA

Si a dada: Francia no debe errar ni ser vencida. Tú eres el responsable.

MAXlMnjAXO

Tal ayuds' es Irííicióni

FRANCIA

Pero es mía la partida.

Aíi fe ante el mundo y ante Dios me escuda

!0i

y HAS ' Por ella moHrás.

Lo sé y noe Inmolo. lA la merced de Dios!— Déjame solo.

Y sólo, ejemplo de leal constancia, lidia con la República sin Francia.

Inglaterra... va sola. Comerciante de escasa propiedad de tierra ingrata al labrador, isleña navegan'e, de la manna universal pirata, ni cree que hsy otro D:os, ni por delante lleva más su política que plata: toda revolución la da inteteses. y revuetta nación, pesca de ingleses.

Y el drama de interés más palpitante que ba puesto nuestra época en escena;, es el drama de México: anhelante

la Europa asiste á é'-. de encono llena, la América española está delante del proscenio agitándose, serena al parecer la Unión calla arrogante, mas la opinión del piiblico envenena

h^))íl y sutilisidia intrigante; y espera el desen ace^ que condena á América ó á Europa eteraamente el mercado á perder de un continenle,

V he aquí la inciprta situación del drama del cual en su alma el buen Maximiliano sin conducir la acción, teje la trama. ¡Dios al final le tenga de su mano! El no conoce á México y le ama: menarca liberal^ por ciudadano se tiene ya del pueblo que le llama señor, y de su pueblo por hermano.

Í.I

México empero, ingrato americano, de gérmenes viciados amalgama, se hartará del amor de un soberano que paz en cambio de su amor reclama; le veaderí, calumniará su fama y le hará al fin (si con furor villano su generosa sangre no derrama) caer y huir llamándole tirano. Y él, del árbol de Hapsburgo noble rama, sólo, privado del favor romano, y de la i ntón y Francia pjeno al dolo, si vence Emperador, vencerá sólo; sólo caerá si cae.. . mártir crif tfano

Poiqae ¡es verdad! la Francia le abandona como á on desheredado aventurero; y él que de noble príncipe b'asona, queda sólo, á probar al mundo entero que acepta, rey leal, buen caballero, de Emperador ó mártir la corona. ¿Será al fín en su solio mexicano mártir ó Emperador Maximiliano?

¡Dios, único que ves en lo futuro y que lees en las almas; Juez Supremo del subdito y del rey; único puro y en quien no cabe error... yo debo y temo de su siniestro porvenir oscuro llegar con él hasta el ignoto extremo... Yo no temo morir en tierra extraña, mas no quiero morir sin ver España.

Oye ahora, Alarcóo:... yo le he seguido per todas las escenas de su drama. Su abnegación me asombra: su fe mido por ella, y su fe muda mi fe inñama. Por su poder magnético atraído marcho tras él: mi corazón le ama: y Emperador ó mártir, triunfe ó muera, no perderá de vista su bandera.

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¿Por qué? ¿qaién soy? ¿qué valgo? ¿qué supongo? ¿qué la añade, qué pesa en su fortuna que en la balanza de su imperio pongo mi fe? ¿Presumo de importancia alguna? No, Pedro mío, no; quien en su tierra ni en la nuestra imagine que braveo, ni que por algo superior me creo, ni necesario á nadie, ó miente ó yerra.

Yo no seré jamás ni nunca be sido más que una voz lanzada en el espacio por Dios, mi Criador; un vagaroso murmullo, el casi imperceptible raido de un átomo sonoro, desprendido del ruido universal, que en el reposo nocturno exhaia su fugaz sonido, á la luz de esas chispas de topacio que al mundo alumbran cuando está dorm^'do; un eco que en América perdido Maximiliano oyó, y ea su palacio le hizo sonar porque halagó su oído. ¡Ay!... y ni áon le halagó por su armonía, íi.io porque en América le oía!

Eso soy: eco que precipita del aire hueco por la extensión

iOl

la voz amante de una alma errante, qae necesita cantar constante la fe inmarchita del corazón. íVoz vagabunda, santa ó precita, tal vez oriunda de la maldita sima p^ofonia del hondo averno, del que no alegra la noche ae^ra ni un rayo pálido, m un dulce sonl iVoz tal vez de alma de fe iníioita; mas que sin calma gime y se agita cump'iendo on p'azo de expiación: viendo á lo lejos la luz bendita y en torno errante de la mansión, que coa reflfjns de gloria inunda la faz radiante del Ser Eterno, en cuj'a palma pesa 3^ gravita viva y lecanda la creación!

Voz solitaria que consonante con cuanta varia modulación lanzan al viento esos millones de vagos s^nes qup, en reunión, forraau (aliento del mundo vivo) el son solemne, pe-petuo, activo de su perenne respiración, inquieta gira, de todo roido que va p?rdido leca se inspira; de toda extraña voz se acompaña: úe todo eco hace reproducción.

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T.ÍX

T aguda, lenta^ tierna, vibrante,, ronca, violenta, triste, exaltada, fresca, espirante, cóncava, ahcgoda,. trénaula, llena^ vaga, sonora, desesperada, desgarradora, de gozo y pena rara expresión, trina, suspira, murmura, llora, gorgea, ruge, retumba, canta, ondea^ muge, deleita, encaata, conmueve, inspira, mece, enamora, arrulla, hechiza, crispa, amedrenta, pasma, electriza, hiere ó espanta, conforme aumenta, mengua, se auyenla, ó se adelanta ó se acrecienta, según lanzada ó apareada va despeñada con la cascada, ó arrebatada con la tormenta del aire cóncavo por la región.

Ta susurra en las hojas de olmos y cauas: ya entre ÍSiS algas Hojas, las espadañas y el liquen de los lagos y las montañas; ya exhala con las aves gorgeos suaves; ya eleva con la fuente rumor bullente y burbugéos vagos de agua corriente: ya silva entre las grietas de los breñales; ya zumba en las>eletas y en loá cristales de alcázares, casti los y catedrales...

Y al fin rodando de soto en sota, de vega en vega, de coto en coto, se va alejando de monté en monte,

y hasta el mar llega, que el horizonte cierra en su círculo sin solución; y con sas hondas de orlas redondas da notas hondas, cuyo hondo son sobre las olas, qae por sí solas nacen, renacen, y se deshacen, y otra vez se hacen, y se rehacen <n su perpetua reproducción, se desarrolla, comba y ondea, hierve, borbolla, flota, cimbrea, bulle, se mece, boga, se aleja, del agua encima llevar se deja, ya se aproxima, ya desaparece; se va: se crece: retumba, vaga, vibra, se apaga: reaparece, se desvanece^ y al fín fenece flévil y exhausto su último son entre las nieblas con que la bruma da á las tinieblas fleco ondulante, antes que errante y agonizante la luz se suma, cuando la sorbe la noche densa b^jo su inmensa sombra flotante^ qae sirve al orbe de pabellón.

Y allá á lo lejos entre el sombrío

tul del vacío, ya sin reflejos que le den pal da ccloración, aun el oído crfe oirpredido de su sonido la vibración...

Y es de la espuma

burbüjadora

que le devora

la ebullición.

Y eso soy: nada más. — De orga'lo ajeno, extraño casi al mundo en qae respiro,

yo no soy más que un átomo que saeno

y ea el silencio de la noche giro

del ai<e azul en el vacío seno;

vibro un instante en él, y en él espiro.

Y eso es no más lo que mi ser encierra: y hoy no soy más que el son fugaz, liviano del eco de su nombre, que en la tierra dejará tras de sí >rax-mi!iano:

y con este papel en que de lleno su llaato y fe ai corazón derrama, ni blasono de ser, ni á ser aspiro más que el sincero é intimo suspiro de un corazón que agradecido le ama: el ¡ay! postrero de la voz amiga que tras su solio ó su sepulcro diga: «jViva el Emperador!;, al fin del drama.