Echegaray, su tiempo y su teatro · Capítulo real 12 de 16

PARTE TERCERA .- PERÍODO DE EJECUCIÓN. i8i

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 14 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

PARTE TERCERA.- PERÍODO DE EJECUCIÓN. i8i

en la escena final del primer acto ; en la escena de María; en la de ésta con Magdalena; en la aparición de Torrente; en aquel abrazo que da Magdalena á don Andrés después de decir:

Cuando es muy grande el placer casi parece dolor;

en el final del acto segundo, sobre todo en la lucha imponderable de Torrente y Magdalena; en esa idea, maravilloso análisis psicológico, que en la mente de Magdalena empieza a tomar cuerpo y que concluye en decisión y propósito horribles cuando grita : / Tú lo has dicho! excusa del asesinato; en las frases de Pablo cuando oculta á su hija María que su madre le haya clavado el puñal, y dice :

Amala mucho... hija mia. ¿Quién suple á una madre.? ¿Quién? (Aparte.) ¿En quién creyera, Señor, si supiera que su madre...?

en el carácter de Torrente que es verdadero y conse cuente, si le quitara un tanto de amor ó de perversión y ensañamiento; en el de Magdalena maravillosamente exacto y real, que no se desmiente ni un momento; en el de Pablo, marido honrado, digno, lleno de amor y de idealidad, tan bondadoso siempre que ignora, ó al menos no quiere creer, la existencia del mal, alma tierna y levantada que al saber la infamia de su mujer exclama:

i8z ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

¡ Deshonrarme ! ¡ Dios clemente ! ¡A mí , que tanto la quiero ! ¡Si lo dice el mundo entero, es que el mundo entero miente ! ¡ Mi amor ! ¡ mi nombre ! ¡ mi fe ! ¡ de la liviandad despojos ! Si lo miro con mis ojos, ¡ los ojos me arrancaré ! ¡ Mientes , ruin cristal , que lloras; mientes, imbécil razón; defiéndela, corazón; tú aciertas , tú , que la adoras !

(Golpeándose en el pecho.)

Y en nada más tienen razón. María es una niña demasiado inocente para saber tanto, ó sobrado entendida para ser tan inocente; Loreto es una alcahueta de las que no se ven, gracias á los hombres, por nuestras casas; Nebreda... no hablemos de tal truhán; y D. Andrés, figura de la que maldita la cosa que se ha cuidado el poeta.

Nos confirma más y más en lo que hemos dicho respecto al esmero que Echegaray ha puesto en Cómo empieza y cómo acaba ^ su fiDrma, su estilo, su lenguaje. El Echegaray de La es-posa del vengador y En el -puño de la espada ha desaparecido; ya no tiene aquellos raptos de lirismo empalagoso y erudito que tanto censuramos; el poeta ha progresado extraordinariamente, ha pulido su obra veinte veces. Correcto, propio y natural en el estilo; escogido, elocuente, persuasivo, apasionado en el lenguaje; de forma que puede servir de modelo, sin

PARTE TERCERA.- PERÍODO DE EJECUCIÓN, 183

afectación ni amaneramiento, cuesta mucho acostumbrarse á creer que sea el mismo Echegaray su autor. Para encontrar semejante diferencia en el estilo hay que remontarse á nuestros poetas del siglo xvii, y aun de entre éstos escoger alguno como Antonio Enriquez Gómez, cuyas obras son tan distintas que á veces se duda pertenezcan al mismo autor. Echegaray , pues, ha dado un paso de gigante en la forma, y adquiriendo una sobriedad de que antes careciera, no ha perdido en poesía, riqueza y abundancia. Mucho nos alegra que el planteamiento de sus nuevos ideales sea también señalado por el mejoramiento de su estilo poético; y esperando hallarle consecuente en sus propósitos, no defraudando las lisonjeras esperanzas que hiciera concebir, nos apresuraremos á observar si en las obras que siguieron á ésta continúa realizando los nuevos ideales en la misma forma brillante y delicadamente bella, abandonando por otros más propios y oportunos, esos recursos y efectos extravagantes que merman el mérito de sus anteriores producciones.

Creemos que así ha de suceder; si nuestro deseo nos engaña, sírvanos de disculpa la convicción que nos hizo formar el ver que en la segunda época de su dramática, mejorando absolutamente en la forma, en la corrección y en la sobriedad del estilo, y contando con la poderosa ayuda y estímulo de los nuevos ideales, grandiosamente creados, que sólo afean los recursos que á voz en grito están pidiendo sustitución digna y provechosa.

i84 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

Hasta ahora de los tres elementos que necesariamente concurren á la creación de una obra dramática, los ideales, la forma y los recursos escénicos para conducir la acción, los dos primeros los ha satisfactoriamente realizado Echegaray en Cómo empieza y cómo acaba ^ permaneciendo incorregible en lo que se refiere al mal empleo del tercero, lo cual no nos impide abrigar la esperanza de que en su nueva época ha de presentar otros efectos, que no pueden faltar á su gigantesco numen dramático, menos discutibles, más estéticos, más artísticos y verdaderos, que acabarán por hacerle digno de loa, de aplauso, de admiración y de inmortal renombre.

CAPÍTULO IX.

Planteamiento de los nuevos ideales dominando los elementos románticos.

Lo que no puede decirse.

\ Ay de tí, miserable mortal, si el demonio de la duda se apodera de tu alma ! Tú buscarás la verdad en medio de los más terribles dolores; acaso, engañándote á tí mismo, creas haberle vencido y que puedes dormir tranquilo y confiado en tu razón. ¡Infeliz! La cosa más insignificante atenaceará tu alma, el anhelo será mayor, la afición estará más dispuesta y... declárate vencido, el hado adverso te obligará á sucumbir y tu duda será satisfecha arrollándolo todo y sacrificando... lo que más ames en este mundo. ¡Ay de tí, desgraciado; si tu madre está de por medio, ella será tu víctima propiciatoria!

Gabriel, y estamos en el fondo de Lo que no puede decirse^ quiso saber algo que le ocultaban, que no debia conocer; anidó la duda en su alma; inclinándose á creer lo que no era cierto, creció su anhelo porque lo cierto no podia mostrársele; supuso verdadera la mentira revestida por las apariencias con manto de verdad;

i86 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

para no ignorar nada, ó acaso beber hasta el fondo la copa de la amargura, quiso que nada hubiese oculto entre su padre y él, y como su madre Eulalia era la clave del misterio el desgraciado Gabriel inmoló á su madre. ¡Pobre Eulalia!

Vamos á contar cómo se prepararon las cosas para llegar al suicidio de una madre inocente.

Jaime servía en el ejército liberal en la pasada contienda entre cristinos y carlistas, hallándose de guarnición en San Sebastian, mientras su mujer Eulalia vivia en un pueblo de Guipúzcoa ocupado por los carlistas, que se tomó á viva fuerza por los ingleses cometiendo todo género de violencias y matanzas. Un oficial inglés, Arturo Brandley, forzó á Eulalia, la cual enfermó á consecuencias del acto brutal. Arturo consiguió verla durante su enfermedad, siendo sabedor, por las revelaciones que en momentos de delirio hacía Eulalia, de que su crimen llevaba la trascendencia de la paternidad. Jaime acudió solícito á cuidar á su esposa, y, cuando ya mejorada ésta le declaró su desgracia, el destacamento inglés recibió orden de abandonar aquel punto, formó en la plaza al amanecer, y cuando, con las luces del alba, desfilaba tranquilamente por entre doble hilera de silenciosas casas, oyóse un grito terrible. A una ventana hallábanse asomados un hombre y una mujer. Él vestía uniforme español; ella fué la que gritó. Y después, tendiendo los brazos hacia los que marchaban, loca, desesperada, rugiente, volvió á gritar... «¡Ese, ese... ese fué!...» y señalaba á Sjr Arturo. Y el

PARTE TERCERA.- PERÍODO DE EJECUCIÓN, 187

hombre saltó como un tigre por la ventana, se arrojó sobre el señalado, le golpeó brutalmente en el rostro... y cinco minutos después, luchando frente á frente, le atravesó de una estocada el pecho. Sir Arturo espiró, y en su agonía dijo a Patrik, que impulsado, no por la pasión, sino por el remordimiento, habia penetrado varias veces en aquella casa, en que no supo respetar á una mujer, y que esta mujer, en aquellos dias, á ratos presa de la fiebre, otros en agitado sueño, y no pocos á impulso de la desesperación, pronunció frases, que varias personas oyeron, y que á cambio de oro fué recogiendo. Aquellas frases le hicieron comprender cuál era la extensión de su crimen y cuan imposible de borrar la mancha de su víctima. Sir Arturo legó al hijo que llevaba en sus entrañas Eulalia treinta mil libras esterlinas, encomendando á Patrik el cumplimiento de su voluntad. Esto tuvo lugar veintitantos años antes de empezar la acción del drama Lo que no -puede decirse. En el teatro se presenta así: Federico (hijo de Eulalia y el oficial inglés), aceptado por Jaime como hijo suyo, anda enamorado de una joven cuyo padre tasa su mano en dos millones, cuando Patrik, venido á España para negociar un empréstito en nombre de una casa inglesa, descubre en Jaime Aguirre, á quien ha conocido en Inglaterra por ser el representante del Gobierno español en el negocio, al matador de Sir Arturo y en su mujer Eulalia la víctima del muerto; trata de cumplir la misión del legado, pero Jaime se resiste á recibir la suma previendo un mundo de desgracias en aceptarla; la

i88 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

rígida conciencia del inglés le vence, acepta la suma; la opinión pública al tener noticia del rápido enriquecimiento de Jaime lo atribuye á malas artes, se engendra la duda en su hijo verdadero Gabriel, el Gobierno duda de su lealtad y le destituye de sus cargos y obligado por su hijo que le escarnece y vigila se ve forzado á descubrir la verdad; pero Eulalia se suicida antes de manifestar su propia deshonra, y la segunda parte de la trilogia concluye de manera bien lastimosa.

Resolvamos el pensamiento del autor, y con él la moral de su obra. Echegaray quiere llevar á su teatro la moral pura, ajena á toda clase de conveniencias sociales. De aquí la pugna terrible entre lo que debe (en moral absoluta) hacer Jaime y lo que el mundo le dice que haga. No cabe duda; la trascendencia del ideal de Echegaray es plausible, es inmensa, es casi imposible; pero así debe ser, bien que todas las dificultades se opongan. Por imposibles que parezcan las acciones buenas, las empresas morales, el hombre debe tender á realizarlas; y cuantas conveniencias se opongan a ellas, no deben ser obstáculo que impidan su realización, y si lo son, á su aniquilamiento deben dirigirse sus fuerzas. Para llevar á la práctica tan grandes teorías morales hay que trabajar sin preocupaciones, y ¡cuánto, si como con éstas sucede, no han penetrado aún en el ánimo, no han llegado á ser aceptadas por la conciencia !

El problema de la obra se nos presenta á todos cuantos nos ocupamos de esta obra en parecidos términos: ¿Debe Jaime recibir el legado de Arturo Brandley.^

PARTE TERCERA.- PERÍODO DE EJECUCIÓN. 189

La moral obligará á contestar que sí ; las preocupaciones sociales dirán que no. La sociedad, pues, necesita reformarse; sus hábitos deben atemperarse, regularse y basarse en la más sana moral. Es inútil defender al mundo por ser como es ; defendiéndolo, más grande, más elevado, más sublime resultará el propósito del poeta. Si hay quien cree que por haber sido Federico aceptado como hijo de Jaime, debe sufrir las consecuencias, porque entre su familia y la Inclusa no era dudosa la elección; que no debe recibir Jaime las treinta mil libras esterlinas porque así no publica la afrenta de su familia, ni hace creer que esos tres millones son fruto de una prevaricación cometida en el desempeño de su último cargo; que es brava lógica y estupenda moral el admitir lo que es de Federico, deshonrando así su familia por satisfacer el último deseo del miserable que arrojó la primera piedra contra su honra; que el no dar á Federico lo suyo es mantenerse firme en su derecho como hombre exento de obligación y en su deber como celoso padre de familia, se equivoca de medio á medio; y esto, si es conveniente, egoísta, ordinario, no es, ni puede ser bueno, ni moral, ni honrado, ni justo. Dígasenos que la sociedad, tal como se halla hoy organizada, así lo exige; dígasenos que en la obra de Echegaray , presentadas como están las situaciones, así debe hacerse; dígasenos que el sacrificio de Jaime no es necesario porque ni Federico ha llegado á punto de perdición, ni su casamiento es caso de conciencia, ni su viaje de muerte segura, ni el

igo ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

medio de adquirir el legado, sin que cause perjuicio, difícil de encontrar, ni imprescindible para su boda con Julia, que, si le ama, la ley les amparará, y en todo, en todo tendrán razón los que esto nos digan, lo confesamos, lo reconocemos con claridad y franqueza; pero no se pretenda nunca confundir la mala representación de una idea con la idea misma; no se quiera prescindir de la moral porque ésta ataque las preocupaciones adquiridas ó subvierta los hábitos arraigados; no se quiera hacer contraria á su esencia una cosa santa que está por encima de las miserables necesidades humanas, que debe estar más alta que las conveniencias sociales, que debe conservarse en los senos de la conciencia para que nos sirvan de norma en los casos azarosos y difíciles de la vida, y debe ser como la aspiración eterna á que llegaremos con los indefinidos progresos del espíritu humano.

El poeta dramático, de la inmensa trascendencia de Echegarayy no debe, ni puede, detenerse ante ningún género de exigencias mundanas; él debe presentar al teatro las luchas que resultan del no cumplimiento de la más recta moral, y si ésta aparece bastardeada, motivo doble de ahinco y empeño para cambiar lo que está en un lugar que no le pertenece. Es muy triste que una falsa noción de la moral, basada sólo en egoísmos é intereses bastardos, esté dando lugar á semejantes infamias. Ha llegado el momento de que el arte, de consuno con la filosofía, influyan en las costumbres haciendo desaparecer tales escándalos. Si no hemos lie-

PARTE TERCERA.- PERÍODO DE EJECUCIÓN. igt

gado á una edad de justicia y de moralidad, debemos aspirar á que llegue; y si las conciencias honradas en su íntimo pensamiento condenan los vicios sociales que corroen nuestra familia, es preciso que tengan valor para condenarlos públicamente y asociarse de todas veras á su reforma. El desprecio que la sociedad tiene á los desgraciados frutos del concubinato, inocentes hijos de las faltas de sus padres, y sobre cuyas frentes en manera alguna deben recaer las culpas ajenas, que ya no es justo (nunca lo fué) que reciban los hijos con la vida la responsabilidad de acciones que no ejecutaron; el ridículo que la sociedad lanza sobre el marido engañado miserablemente por su adúltera mujer; la animadversión hacia débiles mujeres, víctimas del desenfreno, de la violencia, de la brutalidad de infames forzadores, en cuyas violencias no entró la voluntad de las infelices; la mayor importancia que la sociedad da á la pureza física y material sobre la del pensamiento y la moral, tienen que desaparecer y ser sustituidas por el castigo y el desprecio que ha de recaer sobre el que originó con plena libertad tales desmanes, que no hay culpa, dice la sana moral, y dice muy bien, donde no hay voluntad.

Resuelto así el problema, vengamos al drama Lo que no puede decirse. Echegaray ha querido retratar al varón justo, humanamente justo, cuya conducta no puede ser compatible con las actuales costumbres humanas (y ha hecho mal el inteligente Clarín, D. Leopoldo Alas, en creer lo contrario), para que aquí, de esta lucha, resaltase lo vicioso de ellas y todos conviniésemos en su cor-

192 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

reccion. En donde nosotros encontramos el crimen de Echegaray no es en la finalidad de la obra, que la hallamos propia de esos grandes ideales que él ha sabido crear, sino en no haberse sabido sostener en ese terreno firme, concediendo tanto á lo humano, que, en tributo á ello, acaba la obra con una catástrofe indigna que nunca, jamás debió ocurrir al autor, ni aun para mal de sus pecados. La moral hubiera sido sana, la lección elocuente, la lógica severa, la enseñanza grande si Echegaray hubiera puesto en boca de Jaime la confesión de la verdad, de lo que hubiera resultado la desgracia de Eulalia, pero no su deshonra, y el castigo de Gabriel con los remordimientos de haber dudado de su padre. Pero tal como ese malhadado genio de Echegaray h concluyó, es una aberración que merece por nuestra parte la más severa censura. Así resulta todo lo contrario de lo que debiera resultar, y las simpatías se van con los que menos acaso debieran irse. Porque lo malo es (como dice muy bien Alas, aquí sí que no se equivoca) «que Eulalia se suicida, y comete una acción siempre vituperable, en circunstancias que no atenúan, antes agravan su delito. ¿No dice ella misma que se debe á Jaime, y así es la verdad.'' ¿No quiere sacrificarse por él.'' Pues bien, que lo haga en buen hora; si de lo que se trata es de desvanecer las muy legítimas dudas de Gabriel, dudas que atañen á la honradez de su padre, explíquesele, no con monosilábicas declamaciones, sino claramente y de modo que pueda entender la verdad pura; á Gabriel le calumnia su propia

PARTE TERCERA.— PERÍODO DE EJECUCIÓN. 193

madre; Gabriel no es un mal hijo; sus dudas nacen de indicios que se convierten en pruebas para él evidentes, y sólo en el terrible momento del desengaño, de la desesperación, cuando ve caer su ídolo, se deja arrebatar por la pasión, y, aun entonces, cae de rodillas pidiendo la muerte á su padre; por lo demás, en todas las circunstancias se muestra buen hijo, amante de su honrada familia y hermano cariñoso ; su madre sí que es con él dura, pues diciéndole de María misteriosos vaticinios, contribuye á ennegrecer su alma. Así, pues, si Gabriel no deja un momento de parecer razonable, ¿qué inconveniente grave hay en revelarle la verdad.^ Doloroso será el trance, no cabe duda; pero todos los otros males que con esta declaración se evitan son mayores. Al fin Eulalia le revela el secreto; al oirlo y conocerlo tan sólo en lo que tiene de más amargo, Gabriel, como es natural, se siente morir; pero ¿es esto algún crimen.^ ¿tiene derecho Eulalia por esto á castigarle con su propia muerte.'' Mejor hiciera en aclarárselo todo, presentándole las pruebas, por fortuna incontrovertibles, de su inocencia que no decirle con un laconismo deplorable, «no tengo culpa,» y sin aguardar á más, darse la muerte, y una muerte traidora; Gabriel ni tiempo tiene para indicar si cree ó no en la inocencia de su madre. — ¿Y por qué no habia de creer .^ Aparte, repito, de que hay pruebas concluyentes de ello (por ejemplo, las declaraciones que Mister Patrick podría hacer respecto á la muerte de Sir Arturo), Gabriel, cuyo carácter no es maligno, cuyo corazón es recto, se apresu-

194 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

raria á reconocer la pureza moral de su madre; ¡y cuan descansada quedaría el alma del pundonoroso joven! Su padre ya no sería un ladrón del Estado; allí no habría más que una desgracia remota, pero ninguna deshonra para nadie; Gabriel, hombre de conciencia recta, de fijo se hubiera consolado; donde no ha habido culpa no puede haber deshonra; esto pensaría de jijo el mancebo reflexivo y de severa moral. Pero Eulalia no da tiempo a nada; desconfiando criminalmente del corazón, de la inteligencia y de la virtud de su hijo; matando la felicidad de su Jaime, su buen esposo, cuya tranquilidad decía ella que era su única ambición, se da, a sí propia, muerte alevosa, impía, irritante, escandalosa, por no andar en eufemismos. Y todo, ¿por qué? Por el orgullo, disfrazado de pundonor maternal. Una mujer cristianamente educada, como debe suponerse a Eulalia, de todos modos de carácter dulce, de moral recta y acendrada, ¿tan sin pensarlo, tan sin motivo se da la muerte? En el carácter de Eulalia no hay antecedente para esperar, ni remotamente, semejante atentado, pues no bastan cuatro palabras con que allá, á lo último, se pretende preparar el terreno, tergiversando el carácter de la esposa de D. Jaime, y esto ni siquiera con actos, con las cuatro palabras susodichas. De todas las muertes que el señor Echegaray lleva hechas en el teatro, y son muchas, esta es la primera que no me parece llevada á cabo en buena lid, es un asesinato, un crimen de lesa literatura. Tal vez para fin de la trilogía, de que Dios le saque con bien, necesite el autor que Gabriel haya visto morir

PARTE TERCERA.- PERÍODO DE EJECUCIÓN, 195

á SU madre de tan mala manera; pero ¿por qué no dio más visos de verosimilitud á esa muerte? ¿Por qué la hizo tan odiosa, tan repugnante?

Bravo, señor Clarín, esto es criticar acertadamente; nunca observaciones semejantes estuvieron más en su lugar.

Examinados el problema, el argumento, la finalidad y el desarrollo de esta finalidad, ocupémonos de la manera cómo ha conducido Echegaray la acción de esta obra.

El primer acto es la exposición más admirable que en obra alguna dramática se ha hecho. Ni Echegaray tiene otra semejante, ni las más celebradas de los grandes autores la superan. Admirablemente pensada y conducida, salteada de efectos que se desprenden y arrancan, por decirlo así, de la principal, nada hay en este acto que no esté plenamente justificado. Acaso por la primera vez de su vida, Echegaray, ha dejado de ser Echegaray para convertirse en un maestro habilísimo de hacer comedias, y decimos esto, porque Echegaray, como todos los genios dramáticos, son desiguales, conociéndose su grandeza en lo bello, pero descuidando de ordinario lo pequeño; así puede decirse oportunamente que andan á saltos. En las concepciones más grandiosas hallamos las pruebas de estas apreciaciones. ¿Quién no encuentra defectos, descuidos si se prefiere, en el Ótelo de Shakspeare, en La vida es sueño de Calderón? En O locura ó santidad, obra que en lo futuro competirá con las más famosas, se notan esos

196 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

defectos y otros mayores, y sin embargo, en el primer acto de L.o que no puede decirse (que estuvo en camino de ser el drama más perfecto de Rchegaray ) nada tenemos que reprochar. La escena tercera entre Federico y Eulalia está admirablemente graduada. La cuarta es original, y crece y sostiene la curiosidad del espectador. La que sigue se desarrolla maravillosamente con una gran frase, un gran efecto final, la aparición de Federico y el lanzarse Jaime sobre él por llegar á interrumpirles. Apenas si es digno de notarse que Mister Patrik falta á las conveniencias sociales españolas, refiriendo asunto tan grave en presencia de Eulalia, sin que le disculpe su pregunta

¿Delante de esta señora?

pues él ha apresurado la explicación al decir que es amigo de larga fecha.

\ Con qué oportunidad entra en escena Gabriel con la carta de Federico, cuando parecia que la acción se estancaba en la terquedad de Jaime y Patrik y la resignación de Eulalia! ¡Qué escena y qué arranque tan humanamente magnánimo!

El acto primero, como de exposición, juzgamos que es insuperable; el segundo en el que debe enredarse la obra necesitaba ser un prodigio y lo es: Rchegaray no ha compuesto nada más inspirado y menos defectuoso. La escena segunda entre Eulalia, Jaime y Federico representa una lucha de afectos distintos, bella y oportuna, aunque es inocente el deseo de Jaime de que oculte el

PARTE TERCERA.- PERÍODO DE EJECUCIÓN. 197

secreto de los tres millones á su hermano Gabriel.

El parlamento que sigue de Jaime es grandiosamente bello y acaso no se haya superado. ¡Qué pintura de una tempestad dentro de un cráneo ! El interés crece en la escena inmediata entre Gabriel y su padre. Aquella confianza ciega, aquellas chanzas de Gabriel en los momentos amargos de Jaime, son bello contraste para dar más interés á la duda; y aquellas solemnes y voluntarias promesas del padre al hijo, prestan carácter de verosimilitud á las dudas de Gabriel. La oportuna presencia de Mister Patrik, la entrada en escena de Federico, Gabriel y Eulalia, la escena entre éstos y Gabriel es lo más interesante y dramático que puede imaginarse. El acto concluye de un modo soberbio, pero el público no ve, ni puede ver, ni creer, un desenlace digno.

Inspiradamente comienza el acto tercero (i); aquella frase de Gabriel á Eulalia, «creo en tí, madre;» aquel afán de querer ahuyentar lo pasado de su imaginación que tienen Jaime y Gabriel; aquella desgraciada oportunidad de la carta que suscita nuevamente las dudas de Gabriel, son recursos de buen efecto que embellecen la acción. Pero aquí empieza á malearse porque á todo el mundo le parece fácil recibir una cantidad menos al Jaime creado por Echegaray. Aquí empiezan los

(i) Juzgamos el acto tercero publicado, infinitamente superior al representado en el teatro Español.

198 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

entorpecimientos; aquí empieza á desmerecer el desarrollo de la acción, porque se falsea completamente el carácter de Jaime, que hasta ahora humanamente podia ser encarnación de los nuevos ideales. Su escena tercera con Eulalia es reprensible á pesar de hallarse bien comprendida; ella debia ser el principio del desenlace propio y magnífico de la obra; formando el propósito firme de descubrir la verdad á Gabriel. El drama no perdia interés y ganaba extraordinariamente, desapareciendo ese efecto de pésimo gusto romántico que ha echado á perder la obra más completa de Echegaray. Todo lo que sigue después es inmensamente grande, pero inmensamente defectuoso. Gabriel crece como la espuma, acaso es la creación más asombrosa de Echegaray ; á su lado casi juzgamos pequeño el Lorenzo de O locura ó santidad^ Y desentrañando y todo, como ahora estoy haciéndolo, el Hamlet de Shakspeare no le hallo superior, sino es en ciertos rasgos bestialmente sublimes (perdónese la palabra) que nuestra mayor cultura no podria soportar. ¿Qué más hemos de decir en aplauso de este carácter.^ El carácter de Jaime es humano y verdadero aunque en él haya querido Echegaray encarnar la conciencia pura; buena prueba de ello son las vacilaciones en el monologo del acto segundo. No debe sustraerse á las debilidades sociales, pero la lucha ha de ser en provecho de lo que el carácter represente. En el conflicto de la obra luchan el deber de Jaime, y su honor expuesto a ser mancillado. Jaime aun parece avenirse á que la opinión pública le deshonre, pero cuando ésta habla

PARTE TERCERA. — PERÍODO DE EJECUCIÓN. 199

por boca de su propio hijo... no, entonces no la puede sufrir y se resuelve el conflicto. La intervención de Gabriel es de grandísimo mérito, aumenta el interés y el conflicto y la moralidad. Si fuera Gabriel sólo su duda, la obra podria resolverse perfectamente, pero Gabriel representa para el autor la opinión pública, y sólo así se comprende que Echegaray haya juzgado necesaria la muerte de Eulalia. ¡Lástima de medio tan artificioso ! No hay en toda la dramática española escenas más grandiosas entre un padre y su hijo que las de Jaime y Gabriel.

Eulalia tiene intermitencias, pero confesemos que hay en el desenvolvimiento de su carácter rasgos que le avaloran. El mayor de todos, aquel continuo luchar entre su amor de madre y el de esposa, en que sus palabras, revelando una resignación conmovedora, dan la preferencia al deber de esposa, mientras por sus ojos asoma el alma entera de la madre que obligada por su situación niega cuanto dice. ¡ Qué sufrimientos tan desgarradores!

Mister Patrik es representación de la conciencia recta. Si así es, renunciemos a su encarnación. Esa no es figura dramática. El teatro exige algo más humano. Es representable el deber luchando; el cumplimiento del deber sin obstáculos que le dramaticen no es teatral. Aparte de esto, era fácil hacer un carácter sostenido y lo sostiene. Atrevida me parece aquella afirmación del primer acto, cuando dice que si la casualidad no le hubiera ayudado á encontrar á Jaime, él lo hubiera

zoo ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

conseguido. Con ser muy grande la tenacidad inglesa no me parece que resista veinticuatro años de prueba para poder afirmarlo resueltamente.

Federico es... ¡pobre Federico! motivo de todas las desgracias; resúmiCn de todas ellas eres en la pintura que de tí ha hecho el poeta. No debe exigirse que todos los personajes de una obra sean igualmente atendidos; ningún autor dramático ha obrado así ; muchos reparos podríamos hacer al Yago de Ótelo y al Rey y á la Reina de Hamlet con ser de Shakspeare; pero, justo es advertir que Federico era principalísimo papel en la catástrofe de L.0 que no puede decirse.

En cuanto á la forma, al estilo, al lenguaje nunca podríamos tributar más aplausos y más merecidamente á Echegaray que en esta ocasión, notándose un paralelo exactamente combinado entre el verso de Cómo empieza y cómo acala (ó primera parte de la trilogía) y la prosa de Lo que no puede decirse (que es la segunda). Aparte de cierto énfasis en la expresión de algunos sentimientos, y una afectación en dos ó tres ocasiones en las palabras y en la exteriorizacion de afectos, que casi no nos atrevemos á censurar porque son defectos que encontramos en las obras más grandes del ingenio humano, nada tenemos que advertir; aplaudiendo, en cambio, frases y pensamientos, unos nuevos, y otros que, si no lo son, están bien sentidos y adecuados, campeando brillantemente en la obra con meditada parquedad, que obligan al espectador á batir las palmas con frecuencia.

PARTE TERCERA.— PERÍODO DE EJECUCIÓN. 201

Dice Federico á Gabriel :

«Para ver tu propia dicha, basta que te asomes a ese » balcón y mires al de en frente; ¡qué cerca está María! »Pues más cerca está de tí, porque nada, ni distancias » ni voluntades separan vuestros corazones. Para ver á »mi pobre Julia, siquiera en el pensamiento, tendré »bien pronto que asomarme á los abismos del Atlán- >>tico. ¡Qué lejos! ¿no es verdad.'' Pues aún la veré más •viejos, que mayor abismo abrió en el corazón de don » Bernardo la codicia. »

Cuando Federico trata de decir á su madre que va á marcharse á América y no se atreve , y Federico la dice: «¡Adivínalo tú!» exclama Eulalia, llena de pasión maternal :

»¡ Adivinar! ¿Cómo quieres que adivine una madre »en qué sitio del corazón va á herirla su propio »hijo.''»

Para mostrar Jaime su odio contra Sir Arturo, su deseo de venganza y su ansia de arrancarle la vida, exclama :

« ¡Y cinco minutos después , luchando frente á frente, »le atravesé de una estocada el pecho! ¡Oh, bastó con »una sola! ¡Maldito aquel hombre que tan poca vida » tenía. »

¡Qué admirablemente traída y expresada por Jaime esta comparación popular!

« ¡ Pasar de pobre á rico en unas cuantas horas, como »rio que crece de pronto, que siempre es con agua » turbia ! »

202 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

Y esta frase :

«¡Ah! yo sé que no; que desatado el monstruo de la »duda, no hay domador que lo enjaule.»

¡Qué conmovedor es esto que dice Gabriel á su padre !

»¡Que no puedes! Sí puedes. ¿Soy yo como otro » cualquiera? Yo tengo derecho a que me digas la ver- »dad. Tu deshonra voy a heredarla: justo es que co- » nozca á fondo mi herencia. La mancha que el mundo »verá sobre tu rostro, en el mió ha de reflejarse. Bien » venido sea: es tuya; yo la acepto. Acércate á mí, pa- »dre; junta tu frente á la mia. (Cogiéndole casi entre »sus brazos.) ¡Niebla de deshonor, extiéndete por mi »faz! ¡Nube de infamia, yo sé que eres como las nubes »del espacio, si negras por abajo, por la parte que mi- »ran a la tierrra, iluminadas por sol de justicia por ar- »riba, por donde miran al cielo! ¡Pero hasta ahora, sólo » veo la deshonra desde abajo, y es horrible; padre, dé- »jame mirarla por donde tú la miras! ¡La verdad, la » verdad pronto, que la espero como los condenados » del purgatorio esperan la luz de Dios ! »

CAPÍTULO X.

Planteamiento de los nuevos ideales con elementos romántico-realistas. — O locura

ó santidad.

En la difícil y peligrosa empresa que hemos acometido de estudiar y analizar con algún detenimiento el teatro de Echegaray ^ su genio, la época en que vive y la influencia de sus obras en la sociedad actual, llegamos al punto más culminante y capitalísimo, toda vez que señala el período álgido, la apoteosis de su inspiración, y, al mismo tiempo, el planteamiento franco, terminante y decisivo de los nuevos ideales, sólo vislumbrados en alguna de sus obras, tímidamente expuestos en otras, bastante determinados en las últimas, y sólo en ésta presentados en toda su soberbia grandeza, con claridad y extensión suficientes, sin disfraces ni paliativos, obedeciendo á una idea preconcebida, siguiendo un sistema fijo y anterior, y conforme á un método radicalmente original y extraordinario. Porque, en verdad, este drama puede ser y ha sido considerado como la obra maestra de su autor, como el término final de sus aspiraciones y como el principio de una era brillan-

204 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

temente inaugurada y que se anuncia fecunda en triunfos y gloria, en aplausos y laureles.

Antes de entrar en el examen y análisis de O locura ó santidad^ parécenos oportuno hacer algunas ligeras consideraciones sobre el estado de la sociedad española en la época de su presentación, para de este modo venir, como de la mano, al conocimiento de las causas que hicieron concebir y engendraron el drama, de los móviles que guiaran á su autor al escribirlo, y de tantas otras cuestiones, más para formalmente expuestas, que sencillamente enunciadas.

Si es cierto, y así lo creemos, que las costumbres retratan mejor que otra cosa la fisonomía moral de un pueblo, nada más oportuno y conducente á nuestro propósito que estudiar las de nuestra patria en el tiempo á que nos referimos para poder formar idea clara y precisa de su estado y condiciones, y por consiguiente, de los caracteres de esta sociedad.

Las costumbres no son sino la manera de ser de un pueblo, y á su carácter de generalidad con respecto al que las practica, unen el de exclusivismo con relación á otros pueblos y sociedades; afectan índole distinta y manifestaciones diversas, pudiendo ser públicas ó privadas y pertenecer á la clase de permanentes ó seculares ó á la de accidentales, nuevas, flotantes por decirlo así, efímeras en fuerza de depender de las circunstancias y acontecimientos, sin arraigo ni consistencia, é incapaces, por tanto, de fijar carácter a una sociedad, á una época, á un pueblo.

PARTE TERCERA.— PERÍODO DE EJECUCIÓN. 205

De todas tenemos que hacer mención, todas caen bajo el dominio de nuestro análisis y todas nos han de merecer atención especial, dando la preferencia a las privadas , porque el teatro es su principal asunto y escuela y porque las públicas tienen su natural y oportuno correctivo, su norma y regla fija en los códigos y en la prensa, en las leyes y en los periódicos, en las autoridades y en los escritores moralistas.

Así las hemos de examinar en todas sus manifestaciones y en todas sus esferas: en el derecho, en la política, en la religión y en el individuo, en la familia, en la corporación, en el Estado.

Nuestro examen debe arrancar de una época ni muy cercana, ni muy remota, y la índole del mismo y de lo que es su objeto principal señalan como la más oportuna y conveniente la de 1868 á 1878, período de diez años, suficiente para nuestro propósito por el número y la calidad de los acontecimientos que en él se verificaron,

A principios del año de gracia de 1868 hallamos á la sociedad española con los mismos rasgos, con los mismos caracteres que veinte años atrás; algo ha variado, como no podia menos, pero estas variaciones no han alterado su esencia, afectando más bien á la forma que al fondo, á los detalles que al conjunto; el genio especial de aquella sociedad permanece invariable; poco importa que se vista de otro modo, que se hable otro lenguaje, que haya otros gustos y aficiones; ni la moda, ni los espectáculos, ni otras muchas cosas son manifestaciones bastantes por sí solas á convencer á ninguno

2o6 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SÜ TEATRO.

de que se haya verificado un cambio radical en las costumbres de un pueblo, porque si lo fueran sería tan fácil probar que cambian cada dia, como que son las mismas del tiempo de Tubal.

En este mismo año se lleva á cabo una revolución de escasas proporciones en su principio, pero de inmensas y trascendentales consecuencias después : tan inmensas que aún hoy se sienten y conocen; tan trascendentales, que no ha habido objeto, alto ni bajo, malo ni bueno adonde su influjo no haya llegado. Esta revolución fué como el toque de alarma, como la señal para que aquella adormecida sociedad sacudiera su letargo, y desnudándose de añejas preocupaciones, abriese los ojos á la razón, á la verdad, á la justicia; ansiase beber en las más puras fuentes la ciencia única verdadera; se emancipase social y políticamente; abriese cariñosa los brazos á todas las manifestaciones del progreso humano, y quisiese, en fin, ser libre, sabia y poderosa.

Esto pudo realizarse, y se realizó efectivamente, abriendo la puerta á todas las libertades antes vedadas, reconociendo y consagrando todos los derechos que estaban coartados y extendiendo el cumplimiento de los deberes á todas las clases y á todas las categorías.

El resultado de todo esto fué naturalmente que el individuo entrase en posesión de sí mismo, que la familia hallase garantías para su constitución y estabilidad, que la sociedad viese en la unión, en el apoyo mutuo y recíproco el secreto de su fuerza y de su poder, y que el Estado pudiese obrar libre y desemba-

PARTE TERCERA.- PERÍODO DE EJECUCIÓN. 207

razadamente en la empresa de hacer feliz, próspero y respetado en todo el mundo al país cuyos destinos le tocaba regir.

Las clases, al confundirse en una comunidad de intereses, veian llegado el momento de deponer antiguas prevenciones, ideas rancias que miraban con gusto desaparecer, y dándose la mano, echaban las bases de una admirable regeneración social por el amor, por el respeto, por la igualdad, por el entusiasmo que depertaba la idea de ser todos unos, ciudadanos y españoles.

Las ideas tomaron un vuelo asombroso; la inteligencia columbró nuevos y más vastos horizontes, y el pensamiento, libre de las trabas que hasta entonces le habian aprisionado, no halló límites a su carrera, pudo saciarse de registrarlo todo y derribando las vallas que la intolerancia y el fanatismo levantaron á su paso, corrió desatentado en busca de otros elementos que satisficieran su ansia de reconocer nuevas verdades, que le resarciesen del quietismo forzoso á que se habia visto reducido .

Todas las fórmulas de expresión fueron empleadas; resucitáronse teorías olvidadas; pusiéronse en boga sistemas antiguos, que sólo á la sombra de la libertad podian existir; todas las manifestaciones del humano entendimiento, cobrando nuevos bríos, acudieron al festín que la libertad les of recia, y las artes mostraron sus galas brillantes como nunca, las ciencias avanzaron un paso más en la investigación de lo desconocido, las letras pudieron dejar oir su voz no sofocada por el despotismo y la tiranía, y renaciendo con la libertad la

2o8 ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO,

confianza, con la confianza el crédito y la riqueza; la agricultura pudo sospechar que habia llegado el momento de su redención y esplendor; la industria, multiplicando prodigiosamente sus medios y sus recursos, creyó en la mejor de las vidas bajo el mejor de los gobiernos, y el comercio, haciéndole coro, se preparaba á dar á sus operaciones una extensión que nunca pudo soñar y que veia ya cercana, y todo, en fin, saludaba á la nueva era con cantos de regocijo, con himnos de alegría, porque ella les auguraba paz, tranquilidad, unión , armonía , riqueza y bienestar para mucho tiempo.

La libertad religiosa venía, á pesar de las declamaciones y anatemas de algunos pocos fanatizados é ilusos, á abrir las puertas de nuestros talleres , de nuestras fábricas, de nuestros mercados, de nuestras escuelas á multitud de hombres industriosos y sabios que una preocupación injusta y desatinada desterraba de ellos; la libertad del pensamiento y la de imprenta, su consecuencia natural, dabaá los administrados garantía forma! contra los abusos y excesos de los poderes; la libertad política elevaba á todos los españoles al rango de ciudadanos, y la libertad de enseñanza abria camino expedito a. las profesiones, a las carreras, á los cargos todos del Estado, haciendo creer con fundamento el conjunto de todas estas libertades que España habia entrado de lleno en su regeneración política y social, y se preparaba á tomar parte en el concierto universal de las naciones más poderosas, con las que iba á compartir el cetro de

PARTE TERCERA.- PERÍODO DE EJECUCIÓN. 209

la civilización, de la riqueza y del poder, de que tan alejada habia vivido hasta entonces.

Esta habia sido la obra de la revolución llevada hasta sus últimas consecuencias; pero por otra parte, en medio de los beneficios que en todas las cosas habia producido, ¡cuánto daño! ¡qué terribles desastres en la moral! Los excesos, punibles siempre, lo son tanto más cuanto que son irremediables y no pueden contenerse en el ejercicio y práctica de las libertades políticas y civiles, y nunca un pueblo está más lejos de ser verdaderamente libre que cuando abusando de la libertad la convierte en licencia, y á sí mismo en esclavo de sus propios vicios y de la astucia de aquellos que los fomentan y favorecen.

Si la parte intelectual habia alcanzado extraordinario desarrollo, la parte moral habia sufrido una relajación espantosa; la sociedad se habia ilustrado, pero se habia pervertido; habia avanzado un poco en el camino del progreso, pero habia retrocedido diez en el de la virtud. La libertad religiosa si habia puesto un freno al fanatismo, habia en cambio desarrollado el descreimiento, y no así como quiera, sino descaradamente, en escandalosos alardes, dentro del santuario mismo de las leyes, dando ocasión á desmanes y atropellos desconocidos cuando dominaban las ideas contrarias. La libertad de la prensa habia convertido á ésta, con raras excepciones, en un medio de desahogar la procacidad más desvergonzada, dando cabida en sus órganos á injurias, calumnias, sátiras y diatribas vergonzosas contra

2IO ECHEGARAY, SU TIEMPO Y SU TEATRO.

toda clase de personas y objetos, acogiendo las especies más absurdas, perdiendo el respeto a las cosas más sagradas, y siendo en vez de la augusta matrona que preside los juegos de sus hijos, meretriz descarada, ramera impúdica, que sin vergüenza ni pudor sacaba á luz, con las faltas y desventuras de los demás, sus propios vicios no disimulados sino escandalosamente pregonados y mantenidos. La libertad de enseñanza, si habia proporcionado á las clases desheredadas el medio de crearse una posición y de aspirar á los más altos puestos del Estado, de la magistratura, también habia sido causa y origen de infinitos fraudes, de especulaciones ilícitas y vergonzosas; en vez de elevar el mérito y rechazar el favoritismo, habia hecho precisamente todo lo contrario, llenando nuestra sociedad de abogados, médicos y profesores ignorantes é incapaces, que hablan comprado sus títulos por un puñado de oro, habia falseado la enseñanza y llevado la confusión á la ciencia; habia sido, en fin, más perjudicial que el sistema restrictivo y costoso de todos los conocidos.

Las costumbres no podían menos de resentirse de esta influencia avasalladora, porque conmovida profundamente la sociedad, en ella habían de aparecer por fuerza las consecuencias y resultados de tal conmoción, y ellas habían de dar la medida de su perversión, la regla fija para poder juzgar con exactitud del estado de retroceso ó de perfeccionamiento en que se hallaba.

La inmoralidad reinaba por todas partes; en la administración el favor había postergado al mérito, no se