El amigo de los niños · Capítulo real 5 de 11

FABULA IX

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

FABULA IX.

La mariposa jóven y la vieja.

Una mariposa vieja En el mundo muy curtida, Porque no muriese asada A su hija le repetia. »»Huye esa engañosa llama, Que parece que convida Con su belleza, y destruye A todo el que se le arrima: Yo misma, por ser curiosa, Acercándome atrevida, Saqué, y aun fué gran fortuna, Estas alas consumidas. Y si como otras sin juicio Me descuidára en huirla. Seguramente como ellas Perdido hubiera la vida.*

decerla promete

Amedrentada la niña; Mas dentro de pocó rato, 7

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Hablando consigo misma; Decia: ,,¿Por qué mi madre De tal modo me intimida Para que esa luz no yea, Cuyo brillo al mundo hechiza ? ¿Qué resplandor tan hermose ! ¡ Vaya que es cosa muy linda? ¡En verdad que son los viejos . - Extremos de cobardía ! Les parece un elefante: Cualquier mesca pequeñita, Y es gigante todo enano Si fiamos en su vista

Qué mal puede resultarme

or mas que cante la tia, . De acercarme con cautela? ¿Qué soy yo alguna bobilla? Con eso daré razon A todas las demas chicas, Sin aventurarme mucho, De esas luces tan bonitas.” Decir esto y acercarse Fué todo una cosa misma: al Al rededor de la luz La tonta Mariposilla Comenzó á revolotear ; A! principio no-sentia, Mas que un calor agradable 1 Esto mismo la incita A que se fe, y gozosa: Cada vez mas se aproxima; Hasta que al fio, desiumbrade, Al dar una vuclia lista,

(115) De. aquella pérfida liama Al centro se precipita, Y sin poderse valer Acaba su triste vida.

- Tal pena el desobediente

"Piéne muy bien merecida.

. Avuerdate bien de esta leccion, ¡amado Teotimo, y jamas dudes de que s Ja indocilidad es siempre funesta á Jos niños que se niegan á las luces de sus guias para arreglar su conducta, Si no les arrastra en todas ocasiones á los mayores desórdenes, les impide «cuando ménos adelantar en las ciencias y cultivar su ingenio. Porque ua niño que se está educando é instruyendo, es como un fogoso potro que se está domando. Aunque se ponga un -animal de esta especie en manos del mas hábil picador, si se obstina en «sacudir el freno, en empinarse , en -Tesistirse y negarse á andar á la cuerda, y hacer las demas evoluciones á que se le quiere sujetar, á pesar de todos los sudorss del picador, jzima”

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servirá para cosa alguna. Espárzaie la mejor simiente en un campo fértil; si la tierra no la recibe en su interior, si no se pone cuidado en cubrirla pasa que fomente y nazca, será Clero mamente inútil, y el campo no producira fruto alguno. Puede pues aplicarse io que digo de este campo'á cualquier niño indócil. En vano se esparcen en su ánimo las semillas: de la ciencia y de la virtud; en vano'se le dan las mas saludables instruccio.. mes; si no coopera con su docilidad á los cuidados de sus maestros, serán vanas é inútiles sus fatigas, y total=

mente infructuosa su enseñanza: ¿Quit. —

yes ver otro símil que te dé á cono- 'cer mejor la importancia de la docilidad? Toma un pedazo de hierro, mira si lo puedes abl«ndar, y verás como.no lo consigues: su dureza, SUpe»= rior á tus esfuerzos, opondrá un Gbstáculo iuvencible á tus deseos Toma al contrario un poco de barra ó de cera, veras con que facilidad lo ablan»

: (117) das, y formas cualquiera figura. ¿Y en qué consiste esta diferencia? En que ha de consistir, sino en que la cera es dócil á todas las impresiones que se le dan; y el hierro al contrario inflexible. Por esta razon con este metal nada podrás hacer, y con la cera harás todo lo que te ocurra. Estan clara la aplicacion de este símil, que no necesita de indicarse. Ya conocerás que el hierro representa al muchacho indócil, y la cera al que es obediente. De esta misma comparacion se valió en otro tiempo un prudente maestro para reprender la desobediencia de su discípulo. Ve aqui el suceso,