El Angel, el molino, el caracol del faro, estampas rurales y de cuentos, estampas de un Leon y una Leona, estampas del Faro · Unidad 7 de 41

Unidad 7 · LAS CAMPANAS

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

LAS CAMPANAS

1766», todavía dormitando. De verdad no se despierta hasta las doce; y, aun entonces, trajina muy poco; habla lo preciso, dejando caer nueve palabras, las nueve campanadas del Ave María que se abren y pasan imprimiendo una caliente quietud en la ciudad, en las heredades, en la labranza, en el camino desvalido... Esta campana deja en el paisaje de sol un reposo como el de la noche. Se percibe el silencio de las distancias, como si se acercasen para sentirse aprovechándose de la soledad. No hay nadie; hasta los mastines se entran a rodear la mesa de familia. Parecen más encendidos los rasos y las cumbres, porque los valles, los huertos y las casas se entornan para dormir la siesta.

Todas las campanas cuelgan inmóviles hasta la hora del Coro. Entre

los arcos vienen ráfagas olorosas de paisaje maduro del mediodía y zumban como abejas en los labios abiertos de las campanas. Un ave rubia se tiende en torno de la cúpula; le vibran de inmensidad los ojos; sus alas tirantes abren en el cielo una emoción de playas de espumas; después, se sumerge dentro del azul. Las campanas se quedan solas. Las va calando el sol y se les difunde como una sangre en toda su copa de carne de lumbre.

Las fiestas y gloriosas conmemoraciones las precipitan locamente. Todo el ámbito del lugar se comunica de su goce; todo el cielo se forja en campana; y ellas no pueden contener el corazón que les salta; y se exhalan juntos; y suben y vuelan en bandadas. A lo lejos van bajando joviales, claros, menuditos, *y se ponen a ju-

las campanas

gar encima de la hierba y se levantan y arremolinan como ruedos de hojas y de niños.

Ha querido cogerlos un caminante, y no puede, porque le rebullen y aletean en el pecho las campanas de ahora, y él quiere las que oía rodar cuando se marchó.

Inocentes y buenas rezan las Oraciones. Y al callarse, se quedan más lejos del pueblo los que van de camino.

Los corazones de las campanas se han subido a dormir en las cunas de sus alcándaras. Comienzan a sentirse de noche. Las miran unos ojos cuajados de frío, y las palpan unas alas de humedad y silencio. Ya no se acordaban de la mala compañía. Van rodeándolas las grandes aves con su vuelo de paño. ¿Dónde estará el ave inflamada de inmensidad que se hundió en el azul?

Pero todo el fondo del cielo y de los campos se llena de un temblor de campanillas de estrellas y de élitros.

Poco a poco se van volviendo de plata bajo la luna. Entonces, la torre adquiere una belleza de juventud, precisamente cuando cada sillar se queda desnudo en toda la gracia de su vejez. Madre hermosa con el pelo blanco que se pone su arcaico vestido de bodas para que la vean las hijas. La torre es humana y vegetal, alzada como un brazo que sube un racimo de uvas de luna.

Ahora las campanas son la paz del pueblo.

De día, ellas, la fuente y los árboles de la plazuela, los palomos, los humos de los hogares y los niños, esparcen la sensación de vida del pueblo. Pero ellas más; ellas lo envuel-