El arbolado y la patria · Unidad 16 de 25
Unidad 16 · CAPÍTULO X
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CAPÍTULO X
Condiciones económicas
del cultivo de la higuera '^
El cultivo de la higuera puede considerarse desde dos puntos de vista: como artificial y o^omo natural.
En las provincias meridionales prevalecen bien las higueras sin exigir particular cuidado, crecen monstruosamente, y formando árboles no muy elevados, pero con muchas haldas: cuando están plantados junto á los edificios, la Naturaleza lo hace todo en ellos, y la mano del cultivador no ha tenido más trabajo que el plantarlos. En cambio, las higueras sedan muy mal en las provincias del Norte, y para obtener algún ejemplar y que éste fructifique, es necesario que el arte supla el poco calor del clima, de lo cual resulta un cultivo diferente del de las provincias del Mediodía, donde las higueras se han connaturalizado, y es lo que denominamos cultivo artificial.
Así podemos observar, cómo las higueras en las provincias
(1) Higuera de Adán llaman al plátano (Ahesa Paradisiaca). Algunos autores creen que este fruto es el que trajeron á Moisés los enviados de la tierra de promisión, y que dos hombres apenas podían llevar. Se cultiva con cuidado en la India, por lo cual han resultado variedades.
Artocarpo: de la familia de las higueras. Dice Lamark que su fruto ofrece al hombre un alimento sólido, que puede usarse casi todo el ano. En la isla de O 'Ai ti y vecinas, los habitantes no viven de otra cosa.
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de Levante, Baleares y Canarias, y singularmente en Mallorca (1), en Murcia y en Cartagena dan grandes rendimientos, superando la producción al consumo, y como el sobrante fuera mucho, lo han destinado al cebo de cerdos, que como es sabido, ascenderán á más de 50.000 cabezas de este ganado porcino que se exportan al interior de la Península procedente de las aludidas provincias para ser sacrificados en sus mataderos (2).
(1) Un diario de Barcelona publicaba la siguiente noticia:
€ Cuatro vapores se ocupan actualmente en el transporte á Cataluña de <íerdos criados en Mallorca, haciendo cada uno una expedici<5n semanal de más de 1.000 cabezas. Calcúlase en 26.000 reses la exportación anual, cuyo valor no baja de 23 á 24 millones de reales.»
(2) El árbol fuente. — Entre las diversas variedades de este frutal, existe la conocida por Ficus áspera nota. La higuera áspera es conocida en Tagalog y Vig, islas Filipinas. Este árbol se eleva á la altura de siete metros: su fruto rarísima vez madura, y cuando ya está en el último grado de su
' verdor, cómenlo los tagalos macerándolo antes en vinagre. Su corteza, hervida con lejía, da un encarnado bueno, pero débil; también es tan fuerte y tenaz que se puede hacer cuerdas de ella.
Los indios que viven en sitios escasos de agua, tienen un socorro maravilloso con este árbol y con algunos otros del género. Al ponerse el sol hacen un hoyo junto á las raíces, y cortando la extremidad de una ó dos de ^stas que sean un poco gruesas, aplican la vasija, en la que encuentran por la mañana hasta la cantidad de tres, cuatro ó más botellas de agua muy clara y de buen sabor, aunque algo picante.
El árbol de la lluvia. — Ya que hemos hablado del árbol fuente, vamos á dar noticia de otra maravillosa curiosidad de las muchas naturales que el mundo brinda. El Perú ofrece una de las más interesantes con su árbol de la lluvia. Este árbol está provisto de unas hojas muy grandes que tienen la propiedad de condensar la humedad de la atmósfera para precipitarla después en forma de lluvia.
Cuando durante la estación seca disminuye el caudal de los ríos y el calor es intenso, llega al máximum la facultad condensadora del árbol, y el agua le cae de sus hojas corriendo por el tronco y humedeciendo el terreno de alrededor.
Dícese que un solo árbol puede dar 40 litros de agua diarios, y se calcula que un terreno de un kilómetro cuadrado, en el que haya 10.000 árboles de esta clase, dispone de 136.000 litros de agua al día para la irrigación, descontando la que se pierde por evaporación, etc. El árbol de la lluvia se
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Mítltiplicación de la fdgííera.—Exi toda clase de terrenos prende este árbol de muy pocas pretensiones, salvo el que produzca fruto de mayor ó menor tamaño; pero debe procurarse al hacer una plantación, que los terrenos en que se intentare no sean arcillosos ni prevalezca en ellos el fango; en cambio, favorecen á esta planta, y produce fruto de mayor volumen, en aquellas tierras jugosas, de fondo y que sean ligeramente húmedas, tales como aquéllas en que puedan aspirar el vapor acuoso de próximos manantiales^ fuentes ó ríos. Dicen los Sres. Esteban CoUantes y Alfaro, en su Diccionario de Agricultura prácticas «Que estos árboles son prodigiosos cuando, á una profundidad considerable, corre una vena de agua»; de aquí ha venido sin duda el proverbio: la higuera^ el pie en el agua y al solía caleza; pero á condición que este agua esté á cierta profundidad, que no toque en las raíces; en una palabra, la higuera debe gozar del agua en vapor y no en baño ni estancada.
La orientación es otra de las más importantes condiciones que deben tenerse en cuenta: el sol Saliente y el del Mediodía favorecen á esta planta- mucho más que el de Poniente; rara vez prevalecen estos árboles y fructifican con la exposición al Norte.
Conócense varios procedimientos para la multiplicación de la higuera: 1.° Siembra, Este procedimiento ha sido desechada por la experiencia, pues se ha observado que los árboles así nacidos no dan más que caira-higos ^ ó higos silvestres, que constituye el patrón-tipo de la especie. — 2.° De las raíces de las
adapta á todos los terrenos, soporta muy bien las fluctuaciones de temperatura, requiere muy pocos cuidados su cultivo y crece rápidamente.
Con tales cualidades es casi seguro que servir^para hacer fértiles los desiertos, y su cultivo sería muy reproductivo si se tiene en cuenta que en el mundo hay grandes extensiones de terreno que carecen de valor actualmente por la falta de agua para el riego, lo cual podría obtenerse fácilmente mediante el cultivo sistemático del árbol, completado con un buen sistema de zanjas para la distribución de las aguas.
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hig-ueras viejas brotan multitud de ramillas; éstas, deben dejarse dos ó tres años, ayudar su desarrollo cavándoles la tierra alrededor, y cuando están en completo desarrollo, se arrancan sin lastimar sus raíces y se transportan al sitio que se las destine: esto se conoce con el nombre de sierpes. — 3.° Por estacas. Para esto, debe procurarse que las ramas teng'an dos ó tres años, á fin de que prendan mejor y no estén tan expuestas á podrirse.— 4.° Por injertos. El único casi que se practica en esta clase de árboles, es el de cañutillo, practicándose en los renuevos más sanos y vig^orosos. — Y 5.° Por acodos. En Palma de Mallorca 3^ en toda aquella región, el higueral se reproduce sembrando pequeñas ramas en ojos redondos de unos dos metros de diámetro por uno y medio de hondo. Sólo en los terrenos muy húmedos se recomienda la higuera de plantel. A cada una hay que poner un palo ó tutor para sujetarlas, dándolas algunas cavas; resultando un costo en junto, hasta poderla abandonar al cuidado general, de 4 pesetas por higuera. Tarda unos diez años más que el almendro para llegar á su completo desarrollo, pero indudablemente este árbol es de más duración.
Toca ó caprificación. — Esta operación era ya conocida de los antiguos: Plinio habla de ella en su libro xvi, cap. 27. Hay dos variedades de higuera que exigen indispensablemente la caprificación, sin la cual no madura un higo; la razón es tan sencilla como natural. Estas dos variedades son dioicas, es decir, que tienen las flores machos y hembras en pies diferentes, y sin el concurso de unas y otras no pueden madurar ni uno sólo de sus frutos, por no haber sido fecundadas las flores hem - bras por las flores machos.
Herrera, el insigne agrónomo, nos dice el modo más natural de caprificar: según él, queda reducido el procedimiento á plantar algún otro pie de cabra-higa, ó higuera silvestre, éntrelas higueras de toca ó dioicas. Las flores masculinas del higo de la higuera silvestre ó cabra-higa, contienen el polvo fecundante que necesitan las flores hembras de la higuera frutal. Este pol-
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vo, haya ó no mosquitos que le lleven, se introduce en el ombligo ú ojo del higo de toca y lo fecunda. ¡Estos admirables milagros de la Naturaleza son incomprensibles!
Condiciones de este cultivo.— ^\ higo de Fraga en Aragón tiene fama, justamente adquirida, por su excelente calidad, que ha conseguido lugar preferente en el comercio universal, á pesar de las grandes deficiencias de que se siente su disecación y preparación.
En las Hurdes, país conocido con el sobrenombre de las Batuecas, situado en el corazón de la Oretana, sin comunicaciones con el resto del mundo. Esta circunstancia hace que el higo allí producido en grandes cantidades, apenas es conocido en España; no creemos que pueda compararse por su finura y buena calidad, sino con el de Grecia. El de Lepe, tan renombrado, diferenciase en mucho de aquél, es basto, de piel de vaqueta y de mucha cantidad de semilla propia para la alimentación de pájaros.
Los precios á que hasta hoy pudieron colocarlos en el mercado han sido inverosímiles debido á la falta de comunicaciones dicha, al extremo que, D. Joaquín Sama, natural de aquel país, nos dice: «Yo los he conocido vender á ochavo las 3 y 5 libras de higos frescos, y he comido en las huertas, por un cuarto y dos, todos los que era capaz de embaular, llegaban al extremo en ocasiones de regalar la cosecha á todo aquel que acertaba á pasar por el soto y se acercaba al secadero.» Así que los hurdeños habían adoptado el procedimiento más primitivo para pasarlos, procurando la fermentación en condiciones detestables, y, por último, los apilan en desvanes y en grandes montones de donde los sacan á la venta. Arrieros en borricos los han vendido á cambio de hierro viejo. ¡Tal es la exportación que han tenido hasta hoy los frutos riquísimos de aquel desventurado país!
En la provincia de Badajoz, una fanega de tierra con higueras puede producir, por término medio, en quinquenio, sobre
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500 reales anuales; es decir, explotándolas por sí; mas si se arriendan, hay que rebajar alg-o por la ganancia del arrendatario. En este pueblo es superior el producto de la higuera al de cereales, huertas ó prado, pues la tierra es poco favorable para el cultivo de los mismos y, por consiguiente, una fanega sin árboles puede producir la mitad, ó sean 200 reales anuales. Estos datos se hacen extensivos, bien sean de riego ó secano los terrenos, pero en tierras arcillosas producen más las mieses.
Al igual que en Mallorca, el higueral se forma abriendo hoyos de un metro (según el terreno) de profundidad, y poniendo en cada uno una planta que, por regla general, cuesta medio real. Las plantas se ponen á distancia unas de otras sobre diez pasos ó varas. Aquí se suelen poner 50 higueras en una fanega de tierra. Al poner las plantas, hay que apretar la tierra con un pisón para que no quede floja.
Un higueral puede empezar á producir á los ocho ó diez años una renta apreciable; pero hasta los quince años ó más, no está en verdadera producción; mas, sin embargo, á los diez años produce tanto como si se sembrara de. trigo ó centeno. Las plantas de higueras se ponen cuando tienen tres años. Un hombre puede poner al día diez plantas, y su jornal es de cinco ó seis reales diarios. Mientras el arbolado crece, se puede sembrar la tierra de trigo ó centeno, producir hortalizas, etc., pero estos productos suelen ser la mitad de los que no tienen árboles. Cuando el arbolado está formado y en plena producción se puede sembrar la tierra de cereales y hortalizas, pero siempre produce menos que si estuviera exenta. Alrededor de la planta se deja un espacio sin sembrar de un metro á metro y medio, según sea aquella. En los higuerales que se siembran, no suele notarse nada de particular, pues las labores que se dan á los cereales son abonos para las plantas; pero es preferible cultivar la tierra sin sembrar, pues de este modo se acelera la vegetación y produce mejor fruto.
En los cultivos asociados, las plantas preservan á las mieses
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ú hortalizas de las heladas, del frío, calor excesivo, evaporación, etc., pero este efecto no es de una manera absoluta.
En esta provincia, la regla general, es la explotación del suelo y vuelo para el colono ó propietario; y bien sea el colono ó el propietario, él mismo abona y recoge los frutos, pues d3 este modo no hay lugar á litigios entre éstos. Cuando llueve en tiempo de pasar ios higos, y sin llover, por aprovechar los de malas condiciones, suelen los propietarios ó colonos llevar cerdos al higueral, pero aunque esto hace beneficio á los cerdos para su alimentación, no compensa la pérdida que se tiene con no poder pasar los higos, pero siempre se pierde menos que si no se recurriera á este medio.
Producto de %in higueral (1).— Para calcular la producción de un higueral de clase común y melares, debe tenerse muy en cuenta la clase de terreno en que aquél se halle instalado. Calcúlase que, por regla general, se plantan de 75 á 80 pies por cuarterada (que viene á ser en extensión superficial equivalente en aproximación á la hectárea), asignando al pie en producción, uno con otro, una peseta, destinándola como antes dijimos, parte á pasa para la venta y alimentación del personal cultivador y otra parte de la cosecha al cebo de cerdos. Cuando el árbol está en todo su desarrollo, el producto por pie puede calcularse en 1,50 pesetas pues los hay en Manacor que producen 5 pesetas; el Sr. Fluxá conoce algún ejemplar en els Rasquell (Inca), por cuya cosecha anual se pagaban 25 pesetas, y dé otro ejemplar tenemos noticia en el Prat de San José, cuya edad es de veinticinco años, que no es inferior en producción. ¡Calculen ahora lo que podría producir una plantación de higueras próxima á los centros de consumo, dado lo casi segura que es
(1) Debemos estas noticias á la bondad de D. Miguel Domínguez y Más, de Manacor; á D. Miguel Fluxá Palau, de Palma, y á D. Guillermo Cifré (antes Coll).
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anualmente su cosecha, y preparada en condiciones á los gustos del consumidor! '
En 1882 se intentó en Manacor un pequeño ensayo de extracción del azúcar y alcohol del hig-o, pero desconocemos el resultado económico.
Alparcería, — En algunos puntos es común el contrato de aparcería, y en él se incluye el higueral, siendo el contrato de suelo y vuelo, tomando el propietario dos partes líquidas, y la mitad de aquéllas cuando el terreno es de inferior calidad. Suele suceder en algunos pueblos, por ejemplo, Pollensa, que el propietario cede su higueral á determinada persona, al objeto solamente de coger el fruto, secarlo ó convertirlo ápasa, y cebar con él los cerdos, debiendo entregar al propietario dos terceras partes del fruto recolectado, pero con la obligación de dar una cava á las higueras á estilo del país.