El barón de Robinski; La moral del labrador · Capítulo real 1 de 1
El barón de Robinski; La moral del labrador
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ADVERTENCIA.
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JcLn el. disciH^o pteljutninar/de mi C^i^ dé agti^y cultura práctica y hablaadb. de ila necesidad de enseñarla los labradores á leer y escribir, observé, (jue la mayor :|tóirte: de: los qiie én su niñez: ^dquiri^noa je$tg^ . tc^iocitpiieQtQs , coosesrx'iu^ afi^riott 4 ia .lectura., .yíUegadós á ia edad en^ que el retko dje sus cásaá les es más agradable, sue^ fett:í0íiiMrUtbííbfa jjDleéi: en^jét^lguíi ¿ata.delosí di»3:'3e.^sm , 't •de,aais:yeladá& del iaviérnó* Cfc** S^vé,«iitó>i^.que|a bondad del libro ks eraífii diferetóe^ y. n^c^ apodas » véceselos he visto ocupa- 409 en:U^QCJtilfáideíJoa'da£e:{)£^ d^ Fraoc/a^ dejCííiSíiíQYelí». rió. naenasinútiks, á de aque-
VI ADVEjfíTENCTA.
líos romances inmorales , que hacen un héroe de un salteador ó de un contrabandista. Ofrecí con este motivo escribir un libro de moral á su alcance , que al mismo tiempo que les inspirase algún interés , les enseñase el amor de la virtud 9 y el horror del vicio. Ved aqui pues el motivo de esta obra , en la cual he procurado personalizar la virtud en el Barón de Kobinski 9 y en los demás personages de las historietas que he sembrado entre las lecciones.de moral, para hacer mas amena y menos fastidiosa su lectura.
Ko ha sido mi inimo escribir un romance, ni por tal quiero que se tenga esta óbrita ; ni as^ piro á otro honor que al de haber dado un curso de moral k úná clase sencilla ^ue desconoce to« do método escolástico, y todo lo que sabe á metafísica. JMe tendré por dicho$o si he contribuido á la felicidad de mis: amigos los laibradores. Tampoco quiero qué sé me tenga ^r prigibkr^ien cosa alguna , | y quién osara serlo en esta ciencia, cuyo código es la razón y la religión, y cuyas le» yes son tan antiguas coma el hombre? Siéndome
ADVERTENCIA.. Vil
fprastelro el lenguage de los poetas , pedí al sabio español Don Alberto JJsta me pusiese en verso los cantos de Roberto i sé t>restó coa docilidad á mi súplica , y de su alma pura son las composiciones, que aquel joven canta con su laúd* Pagada asi la deuda de mi agradecimiento á quien ha consentido mezclar sus hermosps versos cpn mi mala prosa, solo me resta hacer una advertencia.
La moral es la misma para todos 9 y la misma en Roma que en Atenas. No se juzgue pues por el título de esta obra , que la moral del labrador sea alguna moral particular, inconducente á las demás clases y condiciones. La diferencia de estas y la de las relaciones que tiene el hombre por razón de su estado, puesto quev ocupa , ó gerarquía á que pertenece , producen obligaciones diferentes. Nadie dirá que las del Príncipe sean las mismas que las^del vasallo. Lo tínico pues que significa el titulo de esta obra, es que no trato en ella de la moral universal ó de todas las clases , sino precisa y únicamente de las obligaciones del labrador. Este ha sido miob-
Vm ADVERTENCIA.
jeto en la substancia y en el estilo y <5rden de la composición , que sujeto en todo y por todo á la censura y autoridad de mis superiores ecle* siásticos y civiles»
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:ix índice.
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Mi llegada á san Juan del Royanes. • • • pág. 1
M¿ visita al señor. Barón de Robinski. . . ' S Del Barón de Robinski y de su familia^ de
su casa y establecimiento rural. ..... 13
Método de vida que se seguia en casa del
Barón. ^. 22
De las : obligaciones del hombre en generáis
y de^ lot necesidad 4e h reJigionpara cc^ ;
noc^rjajs.^ ,..,,. ^ ... , 3i
De los. deberes del hombre acia su Dios i y
. -deja necesidad de creer. ......... 89
X)e la tiecesidad de esperar. ......•;.•" 46
De la necesidad de pedir. 49
De la obligación de amar a Dios. *..... 57
Del culto debido á Dios. 62
Del culto de los santos. ^ ^ ........ . 67
De Ja. obligación de no jurar en vano. v. ^ . 69 Del modo que, se .santificaban las ^f estas en
casa del Barón. 71
De la obligación de cumplir con las leyes y
mandamientos de la Iglesia. ; 79
X Índice.
Del dia de san^ Juan Bautista ^ cumpleaños
del Barón 87
De los deberes del hombre acia si mismo. • . 102
Histúria de Roberto 108
De los deberes del hombre acia los demás
hombres • 134
Del amor del prógimo. • . . • . 137
De la obligación de desear el bien á nues-^
tros pr agimos 140
De la obligación de hacer bien al prógimo. . l4l Del modo con que en san Juan.se socorría á
los necesitados por disposición del Barón. Í4g De la humanidad , y del perdón de los agra^
vios. •»•..»*»*«,•>«% íSg
Paseo á la granja del Bosque • • • • 168
De las acciones prohibidas por la moral. . . 176
De los pensamientos prohibidos. ...... 177
De las palabras prohibidas 182
De la mentira. • 183
De la lisonja. • • • • 185
De la murmuración. « • 186
Del testimonio falso. .....••••••• ^9^
De las palabras injuriosas I9Í
Índice. XI
^BE LAS ACCIONES PROHIBIDAS.
Del homicidio y demás crímenes que atacan
á la persona del prógimo. I93
Ve las acciones que perjudican á los infere--
ses del prógimo 19?
Ve las acciones^ deshonestas 203
Historia de la condesa de Verville 207
Ve las obligaciones del hombre acia los indi^ viduos de su especie^ con quienes tiene re-^ laciones particulares. ,. ........... 221
Ve las obligaciones de los casados 222
Ve las obligaciones de los padres acia sus
hijos 232
Ve ¡as obligaciones de los hijos acia sus
padres. 246
Ve los deberes de los parientes entre si. . . 251
Entierro de Lucas. 254
Ve los deberes de los amos acia sus criados. 262 Ve las obligaciones de los criados. . . . . . 266
Ve las obligaciones del hombre acia sus superiores eclesiásticos 268
Ve las obligaciones del hombre acia sus superiores civiles. 272
Ve las obligaciones^ del labrador por razón de su estado. 276
XII Inotce.
La Fiesta de las Primicias 281
De la urbanidad y cortesía 29S
De la necesidad de conservar la paz con tos ' demás hombres ; y de los medios de con--
seguir este importante objeto. -..-.. 301 Los agravios que recibimos no deben hacer-
nos perder- la paz interior.. ••-.•.. 306 De la- necesidad de conformarnos con la vo*
luntad de Dios en todas las situaciones de
la vida : medio seguro de conservar la paz ¡ interior. ..•...-.•.-..*..*.•• 316
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EL BARÓN DE ROBINSKI
LA MORAL DEL LABRADOR.
Mi llegada á san Juan de Renanes.
jf\ rrojado por una tempestad á las costas de Francia, tomé desde Cette el camino del Delfi* nado, y dejando en la ciudad de Valencia , ca«- pital del departamento del Droma , el camino real de León , me dirigí por el que conduce á la Suiza y á la Saboya á la ciudad de Romans , en donde me esperaba la amistad de una familia res* petable. No tardó mucho tiempo aquel pais en verse amenazado de los horrores déla guerra , y des<« de luego me resolví á pasar á los apacibles valles de los Alpes. Siguiendo la izquierda del rio Iser , llegué en el iiiismo dia al hermoso valle del Royanes y á' su cabeza la villa de san Juan.
Corre este valle del miédiodia al i ñor te, ^ por cuya parte entran sus aguas en .el:Jser,j pero. la naturaleza que ha querido proporcíon^];l0.un cli^ ma templado, á pesar de los nevados mg^v^ que le rodean, le ha cubierto poctel lado mispí^ del norte con una cadena de collados:, spjó int^f/unoK pida en la aldea desan^ikíazaorio^ ppx donde iu)«
estrecha gafganet tf^ropprdoDA ;la^entfad% i^
2 St. BARÓN D£ ROBINSKI
viagero y la salida de las aguas del valle. En medio de este , y sobre la derecha del rio Bourna, se halla situada la villa de san Juan , cabeza de todo el Royanes: goza de un clima de los mas favorables á la vegetación, sus campos se ven llenos de trigo puro , frondosas viñas cubren sus collados, y á excepción del oUvo y del granado, los demás árboles de los climas templados crecen y fructifican con vigor. Cuatrocientos vecinos forman su población , ocupados todos en la agricultura, á excepción de los que en corto numeróse emplean en las fábricas de papel, y en los hiladores de lana y seda , movidos todos por las aguas del rio. Sus costumbres son puras y sencillas : la buena fé reyna en este valle como en su propio suelo , y el robo y los demás crímenes que atacan la propiedad del hombre son desconocidos. Vive cada uno de lo que es suyo, y mirándose todos sus habitantes como hermanos , pasan sus dias en medio de la paz , de la sobriedad y de la virtud, esperando tranquilamente que la muerte los reúna á sus mayores.
Jamas viagero alguno pudo experimentar tan liulce sorpresa , como la que sentí al llegar á este valle , al observar la honrada físopomía de sus vecinos 9 y al mirarme objeto de la mas ingenua hospitalidad. Habia yo cruzado mares tempestuosos, en donde la ferocidad de los hombres aumentaha. el teil'ror de los elementos sublevados ; acabáis de -^ dejar un país * ^n donde d monstruo de la discordia acudía 'SUS teas incendiada^ ,: en donde hi &{iárqüia>kromeQzaba.á presentar sus negras tííb^z^s , y en doddec^ , invasión de un ejército ^niítúigé hacÍ4 itiojtx ^ bs tertibles efectos de su ^ñag&nza'j y sin jucrqijo atoavosaf la distancia
6 LA MORAL BEt LABRADOR. 3
de cinco leguas me hallaba en el país de la paz y de la dulzura , de la serenidad y: de la calma. i Qué es esto Dios mío ? me dije entonces. ¿Quién desconocerá vuestra mano benéfica , que $abe asi cubrir del horror general en que se abrasa el mundo á un pueblo dócil á vuestra ley, fiel á vuestros preceptos y amante de la moral cristiana ? muchas veces el justo se ve probado por la contradición y la adversidad ; mas un pueblo entero que va sin desviarse por él cannino que le t;raza la religión , recibe en ostc mundo la recompensa de su fidelidad.
Fui visitado por los principales habitantes de la villa , y en lugar de dirigirme preguntas impertinentes, y de hacerme objeto de su curiosidad^ se, apresuraron todos á ofrecerme sus facultades, y á decidirme á qué aceptase su hospitalidad, habitando aquel valle en donde, me decian, las re^ voluciones eran ignoradas , y la mas serena tranquilidad reynaba siempre , cualquiera que fuese ó pudiere ser el estado de los departamentos y dé los cantones vecinos. A tan felices circunstancias;^ añadió el señor de Briarie, debimos hace veinte y dos años la dicha de fijar en nuestro valle al señor Barón de Robinski , que es la virtud misma, ó por mejor decir, el modelo de todas las virtudes. Apenas habia sido pronunciado por la primera vez el nombre del barón de Robinski, cuando todos los concurrentes le repitieron, no encontrando expresiones con que dignamente elogiarle , ni colores bastante vivos para hacerme el retrato de su bondad y de su religión. Mi curiosidad quiso dirigibles algunas preguntas sobre un hombre de tanto mérito , objeto del amor de sus convecinos. Todos se apresuraron i satisfacerme , cuando d
4 EL BARÓN DE ROBTNSKI
señor de Briane les impuso silencio, diciéndoles : { qué podremos decir nosotros que no sea inferior al mérito de un hombre , á quien miramos como al ángel de nuestro valle, y como un tesoro de que no somos dignos? Convendrá pues que el señor le visite : estoy seguro de que lo apreciará como nosotros , y de que no tendrá por perdido el dia de mañana , en que le supüco descanse aqui por la satisfacción que debe procurarle el conocimiento del señor Barón y la vista del estable^ cimiento que ha formado. Mi hijo, su discípulo en la moral , que ha venido á cumplir con ciertos encargos de su maestro^ y debe volver esta tarde á Colombier , le instruirá de la llegada del señor español, y de que mañana pasará á visitarle en nuestra compañía , no porque sea necesario anunciarse con tiempo para ser recibido con la mas ingenua amabilidad , sino para evitarnos el disgusto de no encontrarle en casa , si es que estuviere á visitar á su grangero del bosque, que se halla en cama hace ocho dias , de resultas de haberse caido de un moral. Todos aprobaron este proyecto, que no pude negarme á aceptar con agradecimiento por unas atenciones tan delicadas y por una liospitalidad solo comparable á la de los antiguos patriarcas.
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ó LA MOKAL BEL lABRADOB.
Mi visita al señor Barón de Rohinski.
Llegó el siguiente dia , y á las ocho de la maüana vino á buscarme el señor de Bríane , para ejecutar el proyectó del anterior. Salimos de san Juan, y continuamos por la derecha del rio en la dirección del mediodía. Apenas hablamos andado cuarto y medio de legua , cuando llegamos á la entrada de la calle de árboles , que atravesando una parte de sus tierras, conduce á la casa del Barón , y no bien hablamos dado cincuenta pasos , cuando vi que se dirigía acia nosotros un caballero al parecer de «iftcttenta años, alto de estatura , de un ayre noble sin afectación , vestido de negro, y de una fisonomía llena de candor y amabilidad. Ved al señor Barón, me dijo entonces el señor de Briane. Adelantamos el paso para retmirnos , y ^ntes de llegar á nosotros, dirigiéndose á mí con ün semblante risijefio y candoroso , que anunciaba la virtud 4e su corazón^ me dijo estas palabras : *^ Y bien señor Español, »¿ también la Providencia le ha conducido á ymd. val valle de san Juan, como á un .puerto seguro >>contra las borrascas , y á un lugar de descanso »d^$pues de la tormenta? Benidiganjos á Dios, sewfior de BrVátie, que nos propor*clon2^ la ocasión" de ^ejercer la hospitalidad tan amada de los antifiguos patriarcas, y tan encargada por Dios ipis- »mo. Y vos , hermano mió , ( permitidme que os wtrate asi, porque, este es el nombre común de >muest;ro, linage ) recibid el ósculo de paz , dadme W vuestros brazos, y contad con que habitáis en
6 EL BA!tO!T DE ROBTfTSK!
9> vuestra propia casa, en medio de hermanos y f'de amigos, y en la mansión de la serenidad y »de la calma." Diciendo esto me abrazó el Barón con la naturalidad y sencillez con que ejecutaba todas sus acciones. La vista de este hombre respetable, y lo que me hablan contado de su virtud los habitantes de san Juan , hizo tal impresión sobre mi espíritu, que apenas pude pronunciar algunas frases imperfectas , para manifestarle cuan penetrado estaba mi corazón de respeto acia sus virtudes , y de agradecimiento á la bondad con que me trataba, cuando interrumpiéndome el Barón , me respondió con la mayor dulzura : *^ no nos equivoquemos, amigo mió, el hom- >*bre no es mas que miseria y error : alabemos «al Ser eterno , fuente de bondad y origen de towdo lo que merece nuestra alabanza. Solo al Sewñor es á quien deben alabar todas las criaturas, »>y agradecer el bien que hacen ó que reciben.'* Vuelto entonces al señor de Briane,le preguntó por el estado de su familia , por la salud del señor cura y demaS eclesiásticos de San Juan , y por algunos enfermos pobres , que nombró por sus nombres particulai^es. Con esto llegamos á su xasa.
Guiados por el señor Barón entramos en la sala de compañía, y apenas hubimos tomado asiento, cuando nos dijo : ^Vms. , señores, me favorecewrán ' aceptando nuestro desayuno. Es puntualwmente la hora, acostumbrada , y mis buenos hiwjos la esperan con la impaciencia de la juventud.'* Al decir esto , y sin esperar nuestra respuesta , tiró del cordón de la campanilla, y apenas sonó esta en el vestíbulo, cuando oimos sonar también la campana del torreón que dominaba el edifidül
6 XA MORAL DEL LABRADOR. 7
No tardaron en llegar adonde estábamos nosotros seis jóvenes modestos., el mayor al parecer de veinte y dos años, y de quince el menor , vestidos todos con uniformidad y sencillez. Nos saludaron con ayre modesto , pero sin timidez, y noble sin afectación, y 3in darles lugar á tomar asiento; pasemos pues, dijo el Barón, á satisfacer una de las necesidades de la vida. Tomóme de la mano, y pagamos todos á la sala destinada para comer , en la cual habia preparados nueve cubiertos. Colocóme el Barón á su derecha, á su izquierda al señor de Briane, el joven de mayor edad se puso á su frente , y los otros en los demas asientos de la mesa ; pero antes de tomarlos pronunció el Barón la oración siguiente.
^'Bendecid, Señor, los dones que vuestra mano '^liberal se digna concedernos. Haced que reme- 9>diándo una de las enfermedades de nuestra vida, tmos fortalezcan para serviros ; pero alimentadnos «principalmente con el santo temor de desagrada- >>ros , y no permitáis que os olvidemos , usando de 9>las cosas que nos concedéis por vuestra bondad, wy que nosotros no merecemos." Todos respondimos , amen. El Barón nos convidó á sentarnos , y comenzamos el desayuno.
La sencillez de los antiguos tiempos reynaba en la mesa del Barón , cómo en todo lo que disponía este hombre respetable. Frutas de invierno , queso , manteca , leche y un panal de miel, era todo lo que se había preparado. Concluido el desayuno , durante ^1 cual dirigió el Barón á los jóvenes las expresiones de la mas festiva decencia , dio gracias al Señor en esta forma.
'^ Aceptad^ Señor, el agradecimiento de vuestros ^rhijos, por los dones.que acaban de recibir de vue&i
8 £1. BAROK DE KOBTNSKI
»>tra mano. Qjntinuad en ser nuestro padre , y 9>cuando llegue el momento señalado por vuestra ^^Providencia , admitidnos á la mesa de vuestros tángeles , y alimentadnos con el pan de vuestra «vista , durante la eternidad de vuestra gloria." ' ' Al mismo tiempo que el señor de Briane entabló conversación con los jóvenes, tomándome del brazo el señor Barón me propuso pasar coir él al terraplén de su jardín, en donde me habló ' de esta manera.
Vmd. amigo mió , me dijo , no ha venido á esté valle de san Juan , sino por huir de un pais ame^ nazado de una invasión , y expuesto á los furores de la anarquía. Asi es , respondí , y mi proyecto es el continuar en mi viage y el alejarme ele aquellos riesgos, hasta que después de pasados pueda regresar á Romans, en donde tengo amigos que me esperan , y que con tiernos oficios saben endulzar los males de mi desgracia. — Pues amigo mió , me replicó el Barón , yo debo proponer á vmd. un medio mas prudente y acomodado á las circunstancias que nos rodean. Si vmd. se interna por los Alpes no puede encontrar sino peligros y privaciones. No haria vmd. mas que atravesar esa cadena de montes que tenemos al frente, y se hallarla en un pais pobrísimo, cubierto todavía de nieves, y habitado por unas gentes, sencillas sí; pero incapaces de proporcionarle á vmd. el menor alivio. Le sería á vmd. forzoso dormir en los establos , y comer un pan y unos alimentos á que no le fuera posible acostumbrar* se. Por otra parte j quién puede estar seguro, cuando las circunstancias de temor general pueden influir tanto sobre la ignorancia de esas pobres gentes, de no experimentar alguna desgra^
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ó ¿A tfORAI BEL LABltAB&R. g
cía, tal vez con riesgo de la vida ? i Y quá f éairsa* tuviera vmd* siendo extrañgero y . desconocido > para salirxSe ella? No ahwgo' mioí no: rii vmd. debe/ pensar en dejar este valle, ni yo se lopuedb pernli-i tir. La providencia de Dios ha conducido: á vrhd,' adonde ningún riesgo amenaza , y sería tentarla el empeñarse en buscar peligros. Fuera yo culpable k los ojos de mi Padre celestial si conociendo, los que amenazan ávt^dJinteraát^osepor los Alpes se lo; permitiese. Añí^da vmd. i esto que el rio Jser pro-^i porciona una línea de defensa r de primer . orden; \ ^ue su paso se halla defendido por un ejército, - y que de consiguiente antes que. los austríacos, puedan establecerse; deteste lado, las cosas de Francia deben «decidái^e. Aqui pues , y no en otra parte , debe vmd, esperar: ésta decisión , supuesto * que: en hacerlo no hayí ningún peligro , ó tpqr me^i jor decir ^ supuesto que losifaay de la mayor gra^i: vedad en no pensar asi. ; .
¿Qué podia yo replicar- á razones tan pode»/ rosas ; propuestas^ pov un Jiombrei como» el íBaíÍQ9i?> Reconocí: pues la júsdida de sus>i)bservacicmes^) díle gracias por dk imerés coa que se . dignaba^ mirarme , le dijeique^ me ¿esolVia á pemianecei^ en san Juan, y le supliqué me pern(iitiese visitarle í mientras residiese en aquella villa¿ No es eso, ami^' go mió, lo que yo desecí^yirnecTeplicó eíBamn/ Lo que exijo:de vtír4/ es>d<iquBiaoieptej'ono^ cuartos de mi^casa , y el xjuei sejd^temüne á ser individuó de ilüestr a setK^^laioóinimidsÉ^ daran>^^ te el tiempo que las circunstancias le precisen i 4 habitar en -el yáUe* — ¡Oh , señor Barón J le dije í yo entonces ^ ^so es ^masiado : i nií icpcazoh noi pcdria abepi^^r «tan generosa d&rt^ iiájíkhussBc^l^i
de la bonoad dd f vuestro. ¥o \soy« desgraciado: ^
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10 . SI. BARÓN 1>S KOBINSKI
señor Barón , experimento hace largo tiempo ló^ funestos golpes del infortimioy ymi coraeonagort viado con .el' peso déla adversidad ^.Benaria de, tedio á las personas con quienes^ yo tririese/ Laj sociedadv.ien que yo hábitaíra ^sufi:íria J:riste2» por mi humor melancólico , y ha es justo que asi pagase tan tiernas atenciones. ¡Cómo, ami-« go. mió! me replicd el] Barón; un. íespañol no puede habtar asi ^ lun diiscípulo dé Jesucristo , ua hombre 4ué sigue sus .banderas 9. que. profesa su reifgion, no debe perder la calma de su espíritu, aunque le aneguen las tribulaciones , y aunque todas las desgracias le asalten de una. vez. Dejemos á los filósofos del desgraciado pais en que nos'iíailamos, el abatirse al menor revés .^ el de-^ caer de ánimo al mas ligero contratiejnhpo 9 y el hacer participar á los quelús rodean del humor negro :qi}e los consume cuando los persigue la adversidad. Déjese esto á esos infelices ^ que en tiejnpp de la calma desafían á la tormenta , que desde (ál puerto; hacen de valientes , y f|ue cuan-: ^pfiei acerca. lelriesgb manifiestan su cobardíaV Befo Qosotcos que hemos manado* coa la leche, db Duestras madríss la doctrina* de Jesucristo: nosotros que no miramos los acontecimientos pros- í peros jó adversos sino como efectos i de lá .divina Voluntad^ <y qiíe sahenjos conformarnos con ella, y «deseas dicazmente sü cuniplkniento^^ no debe-' mos pQt&Qr: . nuestra tranquilidad 9 ) : seah ^uales^ « fueron JosliitTorüumos^^'l^ Digamos
mas V»y hablemos ellenguage puro de nuestra religioiii. Los ctístianos.südios los hijos del Calva-- rio. '£zi;iaquelr3nQiite] santfficado co|i tan.admt-/^ raUes mi§teÍ7X>$^ un Dios Hoiaabre, <)ue;dfiri:ám¿>v s^ ísaikgrQj^ n&edio de los toni¿üt(¿táias hocrjs^.
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6 t A HORAE DKL LABRADOR. . 11
blés^ y que muere en el abandono mas éruel^ nos reformó y nos hizo nacer de nuevo para vi* Vir eternamente en la» gloría den sil Padrea Pero para llegar á esta felicidad esr- menester seguir la liermosa bandera qu£ alli se -desplegó, ^ mehes^ ter militar bajo ^1 estandarte de lá cruz^. Si peti« samos que el Hijo de Dios pasó su vida entera en medio de penas y de doloi^es, que xiació en un pesebre , y murió en el Calvario; que se negó á reconooer por discípulos suyos^á* los que nobe* biesen con él el cáliz amargo ideóla tribulación; qué '. nos aseguró la vida eterna por premio* de unas penas de corta duración , i nos tendremos por desgraciados , nos entristeceremos cuando su mano poderosa y benéfica nos asocia á,«su^ sufrid mientos , para hacernos después participaiite? de sil gloria? Yo bien sé que debemos ser sensil^l^ á los males que nos aflígenr, y que -nuestra na^t turaleza los repugna. Un cristiano no puede seí? un ángel: siempre que sufre debe sentir; de otra manera no habria sufrimiento , no habria.combate, ni de consiguiente motivo para pedir el premio; p€a:o debe llevar con pacieoda la tribu* ¡ación, debe ahogar los sentimientos de ira y de venganza que le inspira la naturaleza ^ debe re« dignarse á la voluntad del Padre que lo permite, debe tranquilizarse interiormente^ debe dispo^ nerse á pagar el agravio -con el benefició 5 yen*- toncés ícuán eminente típTcs» su yirtudí-iQuiéOí podrá comprender la recompensa. que se le pre^ para por ^1 que ha pi«)imtSdo que no dejará sia ella un vaso de agua dado^n su nombre? Convengamos pues ^ amigo n¿o^ que las adversida*^ des y (los contratíeisipM de esta vida no ^ deben:, tairbar^mfestca^ p«zt iAt^riorr^viúrBa^amos ^ea^l:
é2 Bt' BARÓN DE KOBQVSKI >
.estado de. dulce tranquilidad , que ¿ace eí carácter de un buen cristiano. Y persuadido yo de que vuestra mansión con nosotros, en este asilo de la serenidad y de la calma contribuirá á que reco^ breis'la que bat^^is. perdido, insisto nuevamente en que aceptéis la proposición que aca^bo de ha^ ceros 9 y en que por algún tiempo disfrutéis- del placer de vivk en el campo, de gozar del espec-^ táculo de la hermosa naturaleza,, y de alabar al Autor de tantas maravillas. Creedme; aqui soh lamente sé tencuentra la felicidad á poca costal todo, en el campo conduce á la virtud, todo lleva á la tranquilidad. Corre la vida sin inquietudes ni rémoirdimientos en medio de unas ocupaciones ikíles y agradables : el alma está sana , y el cora-> zon en paz« Venid pues á habitar en el campo con-« migo y con mis jóvenes, y no dudéis de participar de .nuestra alegría, y de que lejos.de servir de carga á nuestra sociedad , contribuiréis á hacerla mas agradable i y permitidme contar con vuestra aceptación , y que os repute ya CQmo un individuo de mi familia. .
Vos me confundís , señor Barón : contad con mi entera xronfbrmidad á vuestros deseos, y con mi eterna gratitud por vuestros favOTes. Ved aqui cuánto mis labios pudieron responder al hombre . qwe la Providencia me presentaba como un..ángdl enviado del cielo , parai confundir á los boínbres del . siglo , r y (para bácer olvidar á los desgranados sus .mas amargías .penas. No pude decir Híai ; mis < ojos iban á manifestarle los sentimientos de gratitud que inundaban mi corazoiiy cuando abrazándome de niüievo el Barón, mediv JQ eistas palabras : alabemos á Dios , amigo ^^cnioy j^ocque. jQos. ^ropordopa est^etbaí^ hki ¥}o&i:dík d&
ó LA MORAL ML LAÍ»A1)01?. '-ÍS'
la fraternidad ^ que debiera unir á todos los hom* bres; y pasemos á instruir al señor de Briane de lo que acabamos de resolver, para que pueda re^itttirse á san Juan cuando lo tenga por cori*- veniente, porque acaso lo exigirán sus ocupaciones. — Permitidme , señor Barón , que yo le acompañe , le respondí. Los señores de san Juan merecen que yo los visite, y que les agradezca los favores que á mi llegada me dispensaron. Emplearé el dia de hoy en ^gar esta deuda , y mañana por la mañana vendré á disfrutar de la amable compañía de vmd. y de su sincera hospital lidad. — Aprobó esta idea el señor Barón , y pasamos á la sala de compañía , en donde nos esperaban el señor de Briane y los seis jóvenes. Dióles parte el Barón de haberme convencido á acep^ tar un cuarto en su casa : los jóvenes manifes^ taron que les era agradable esta noticia , y el señor de Briane nos propuso la necesidad que te* nia de volver á san Juan. Partiníos pues acompañados hasta el fin de la calle de árboles por el señor Barón y sus amables jóvenes.
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peí barón de Robinski ^ y de su familia : de su casa y establecimiento rural.
Al volver en el siguiente dia 4 la casa del Barón encontré á su hijo mayor , que me esperaba en la calle de árboles, y me dijo: mi señor Padre ha tenido que salir antes del desayuno á visitar á nuestro granjero del bosque, que stí hsUa en&rpio hace algunos dias, y me ha enc^-»'
14 . BI* BARÓN DE KOBINSM
gado recibiese á vmd. > le acompañase hasta su re^ greso, y le pusiese en posesión de su cuarto. Sír^- vase vmd. pues aceptar mis. deseos de servirle , y . continuemos acia casa. Híoelo como este amable joven lo propuso, y vedme aqui instalado en; mi habitación j mas para evitar repeticiones y poner á los que lean este escrito en estado de hacerlo con mayor fruto , voy á hablarles del Barón de > Robinski , de su familia, de su casa y establecimientoruraL • .
El Barón de Robinski era un señor de cin'*« cuenta y cinco años , cuando tuve la felicidad de conocerle: su semblante daba testimonio de su salud , y de la calma que reynaba en su co-^ lazon : todas sus acciones , todos sus movimien-^ tos indicaban la nobleza de su alma , y la eleva-^ da clase á que pertenecía: todo lo hacia con digí^ nidad , y su vestido negro , su frente despoblada de cabello, su estatura elevada , contribuía á darle aquel ayre patriarcal , que al paso que inspiraba la mayor confianza, atraíar el respeto de cuan-* tos le rnirabao.
Por lo que respecta á la clase á que pertenecía en PolojLiia su patrial^ y, á le» .motivos que pudieron influir para que la dejase, recibí del Barón pocos detalles en el tiempo que disfruté de su sociedad. Siempre ocupado en emplear con utilidad el momento presente , y en prepararse' para lo venidero, parecía haber olvidado lo que pasó. Sin «mbar^ de esto, por algunas expifesiolies que la casualidad hizo salir de su boca en va« rias ocasiones , parece que fué victima de los acontecimienj:os que siguieron á la partición de ia Polonia, y que poco despui^s que fue borrada €^. noble imcion del mapa político 4el Continéa^
^ «^
ó VA MORAt B^ttABftAD'OR. 1^
te^, se retiró á Francia con su esposa. Habito eií la ciudad de Gfenoble hasta la muerte de esta, por xruyo contratiempo se resolvió á vivir en lá soledad y á habitar en el campo con sus hijos, habiendo comprado ^ara este fin la casa de campo y tierras de Colombier, que formaban la propiedad en que vivia.
En cuanto á sus conocimientos científicos ved
áqúi lo que me dijo él mismo , hablándome eií
una ocasión del afecto que profesaba á los es^
pañoles : ^^ mi padre fue criado mayor de nués-
f}tro ultimo rey: me destinó ala diplomacia , hí-
»>zome aprender varias lenguas, comenzando por
»>el latin , idioma común de nuestra nobleza , la
>?geografia , la historia y las mejores obráis de po*
wlítica. Era yo muy joven cuando se me agregó
fi& la embajada de París, para que diese los pri-
rtmeros pasos en la carrera á que se me destiría-
fphaL. En el mismo París tuve la ocasión de for-
ffimt amistad con un español jóveñ , llamado
n Jiménez , agregado también á la embajada de
«Madrid cerca del Rey de Francia, y en una de
^muestras conversaciones «obre las lenguas, re-
-ficonocimos ambos que ni á él le sería dificultoso
«aprender el idioma polaco , sabiendo , como ya
92sabia el alemán , ni á mí el aprender el español,
«poseyendo como poseía er italiano y el latin.
tiNos resolvimos pues» á- comunicarnos', nuestras
9>lenguas nanLvas^ y^ la conseguimos sin -el mayor
Yitrábajo. Nos comunicamos también las mejores
9}pbras de nuestra respectiva literatura , y aun-
nque yo perdí la mayor parte de las españolas
tíque. adquirí-Hen est« cambió , conservo tódávfá
^afas^de Cervantes, la' historia de Mariana, las
i«i]^]rmsi íde Sa;aV€tÉra ^'las obras 'de Ust'^riz y
16 BL BAROK DE ROBTKSKf
»;UlIoa 5 y las poesías del maestro León , en las yycuales leo alguna vez , aunque por lo qiie hace f9Í hablar vuestro idioma , me sería ya del todo ^imposible. "
En otra ocasión , hablándonie de su actual género de vida , me dijo lo siguiente : ^ cuando wme precisaron á trasladarme á Francia los inf ^fortunios , que á consecuencia de la partición de »mi patria descargaron^ sobre mi cabeza , elegí yapara n)i residencia la ciudad de Grenoble; y >;cuando perdí á mi esposa , todavía joven y siemwpre un modelo de virtud , me determiné á vivir f>Qñ la soledad , y á abandonar los demás estudios^ ^^dedicándome exclusivamente al de la moral y fiál de la agricultura , con . la intención de dar 9>á mis hijos la educación , que en mi concepto »Ies es mas conveniente en sus circunstancias, y 99la que acaso conviene mas á la generalidad de 9>los hombres. La moral les enseña sus obligacío* wnes , y la manera de ser felices , y la agricul- 9>tura les proporciona un estado de independen*: wcia , y las cosas necesarias ^pata la vida. "
Tenia tres hijos el Barón. El mayor, llama-* do Estanislao , habia ya cumplido veinte y dos años , y solamente hacia cuatro que vivia al lado de su padre , habiendo pasado los demás en el cijjiegio de Tournon , en donde bajo la dirección de los PP. del Oratorio habia aprendido la latinidad, las matemáticas, el dibujó, la geogra^ fia , la historia y algunos principios de la música.
El segundo, llamado josef, tenia veinte años, y hasta cumplidos los diez y ocho habia estado en un colegio de León , instruyéndose én lüs ciencias naturales; y el tercero , llamado Xavier , se hstU^ba ya en la edad de quince años , sía qm
6 LA MORAL BEL LABRADOR. í7
jamas se hubiese separado de su padre , de quien había recibido toda la educación que sus hermanos perfeccionaban comunicándole sus conoci* mieritos. >
Los otros tres jóver^s que habitaban con el Barón eran, el uno hyo del señor de Briane, * principal habitante de san Juan : el otro era un ' hgo del conde de Verville , que poseía una casa de campo en el mismo valle, y venia á habitar- ' laí en el verano; y el tercero era un hijo del so-* brestante ó grangero mayor del mismo conde.' Cuando mas adelante se haya leido la historia de • la condesa de Verville , no se extrañará que ua hijo de su sobrestante reciba la misma educación que el suyo propio, y acompañe á este en la' mesa y en la habitación , como si fuese igual í' su clase. ■ ■ -' -
Desde que el barón de Robinski fue conocido y apreciado por sus vecinos , se solicitó de su bondad admitiese á su lado algunos jóvenes de las primeras familias del pais; mas por nocom-* pilcar demasiado á los de la suya , ó acaso por no reconocer en. las familias que solicitaban este favor lá disposición que la perspicacia del Barón apetecía, se limitó á recibir solo tires jóvenes^ dejando la recepción de los otros para cuando ^ la educación |de estos fuese acabada. Tanto^^, señor de Briáne como el conde de Verville^ cu^tí^; do sus hijos fueron admitidos ^ por eLBatlon , ín-^ sistieron con energía en que este les manifestase' la cantidad con que deberían contribuirle para indemnizarle de los gastos de su manutención^ pero ved aqui lo que el Barón les dijo , y la forma en : que el asunto se concluyó : ^^ los jóvenes que vmds. • fHnt confian deberán vivir como los n)ios, ea^
18j EL BARÓN' DE ROBÍNSKI
wla sobriedad y en la sencillez : el gasto pues que ^ocasionaren no me podrá arruinar.. Pero vms. 9>son ricos , y no. sería justo, que. sus. hijos, recibiewsen una educación del tqdo, graciosa , cuando whay tantos pobres que por falta.de. njedios, dejan wde recibirla. Asi;pues.contribgirán vníis..concua- >>trocicntas. pesetas, por cada: joven al señor cura. f>de san. Juan, á. quien. suplicaremos, se^ sirva. rewcibir esta, suma,, empleándola en. proporcionar ^educación, á. tres, hijos, de viudas pobres, de la. aparroquia.. Por este niedio, b^ibrempsUodos, conr >;tribuido. á . su felicidad,."-
Tenia; el Barón un criado polaco,,, llamado Pedro , de treinta, años de edad , que al mismo, tiempo, que le servia.de ayuda. de. cámara^,, estábil encargado, del.asep.de. toda. la casa 5 y del servicio de, la. mesa ; y después, de haber, llenado todos, estos, deberes , per.mánecia siempre, en. el. vestíbulo ó, en. su. cuarto, inmediato, á la. puerta principal , para, cuidar de todo , y hallarscj pronto á las. ordeñes, del Barón.. Este criado, pues , y el cocinero erao. los.únicc». empleados, en^ el servicio^ dejíi casa...
El: grangeroj mayor ó gefe dé la administración, rural , se, llamaba. Hoberto.. Vivia en la misma. granja, con su. esposa. Lucia , y con su hija y una. criada,^ siendo^ las, tres;las;queltenián.á su c^rgo el: cuidado^ de; los; animales, domésticos y: la: lííchíerja..J^iéotras;Roberto. vela^^ SQbi:e: toda la: adíninistración ,. recjbiá las . órdénes.de. |su amo, y lás: hacia, ejecutar á; los: criados: y jornaleros. IJn hijo suyo,, de edad de catorce años , asistía por la mañana á los, discípulos del Barón , reci^ bia leccÍQne3.de aritmética /, y seguía por la tar- 4e.á. su pa(ke:, asistiendo después al curso de mo-
6 LA MORAL DEL LABRADOR. I9
ral. No era Roberto üti hombre común : se explicaba con propiedad, se presentaba con nobleza y sin embarazo í y sin embargo de su trage de labrador, todo anunciaba en él que habia frecuentado la sociedad de mérito , y que no carecía de conocimientos a|;radables«
Describamos ahora el establecinííento del Barón y sus edificios. Sobre el llano que isepara de los altos montes que le rodean-, el valle inferior por donde corre el rio , se hallatran todos los edificios destinados á su Mbkacion y á los usos ru-- rales. Estos edificios formaban una calle plantada de nogales y cerez<», y cerrada á sus dos extremos con dos portales^ por los cuales entraban y sallan los rarruages y el ganado , según d lugar de donde venían ^ ó al que se dirigían. La casa del Barón , y una parte de las paredes de su jardín, formaba el un lado de esta calle , y al freníte de i^quella estaban todos los edificios de la granja, los graneros, los establos , &c. : todo c^^ la debida separación , y 'cotí su entrada particular. Por este medio 'desde la casa del Barón se podían observar todos los edificios rurales que estaban á su frente , y todos quedaban enteramente cerrados y reunidos por medio de los dos portales de la calle en que estaban situados.
La casa idel Barón tenia dos puestas : la xma, ^ue^ta la principal, daba á la calle de que se ha hablado, y la otra colocada á su frente daba salida al terraplén que separaba de la casa el jardin. El espacio desde la una á la otra puerta formaba el vestíbulo, á cuya derecha estaba el salón de compañía , el oratorio y el cuarto del Barcm , y á su izquierda la escalera principal , el cuarto de Pedro , la sala de comer , la cocina y
20 EL BARÓN DE ROBWSKt
SUS accesorios. En el piso primero ó principal estaba la biblioteca y diferentes cuartos , y en el segundo los habia también,- estando dispuestos de manera , que tuviesen su entrada por un corredor común á todo el piso.
Sobre la casa , y en medio de ella , se elevaba un pabellón chino , en qué habia una campana para despertar á todos por la mañana , y para llamarlos á comer , sirviendo al 'mismo tiempo este torreón. para observar á los criados en cualquiera parte de las tierras en que se hallasen , pues á todos alcanzaba la vista desde allí. . En el altar del oratorio, y debajo de un do- \
i sel de. terciopelo negro, habia un Crucifijo de escultura con una nuestra. señora de los Dolores á su pie, y á los lados cuatro hermosas estampas de : san Juan Bautista, de^an Josef^ de san Francisco Javier y de san Estanislao; En la biblioteca , que , servia también de escuela , en donde se reunian , los í jóvenes para estudiar sus lecciones respectivas,, habia diferentes - iustrunientos de física y : modelos en pequeño de instrumentos agrarios.: . Desde el terraplén se pasaba al jardín ó huerta, en que se cultivaban toda especie de hortalizas , las mas hermosas flores, y los frutales propios del clima, todo en el mejor orden, dividido ..y atravesado con diferentes calles , en las cuales algunos bancos y cenadores ofrecían sombra y descanso en los mejores puntos.
Al extremo inferior de este jardin comenzaba el terreno inclinado que dividía el . llano en que estaba la casa, y las principales tierras del Barón, del valle inferior por el cual corre e\ rio ; y otro terraplén en aquel extremo plantado de dos líneas xienogales magestuosos , ofrecía un maignífico bal-
ó LA MORAt DEL LABRADOR. ' 21
con que dominaba Ips prados inferiores , el rio y la ladera opuesta, en que se advertian varias casas de campo y la aldea de Oriol.
Las tierras de cultivo, se encontraban situadas en el llano al rededor de los edificios y del jardín , y como se extendían hasta el mismo pie de los montes , proporcionaban collados oportunos para el cultivo, de la viña , en las exposiciones mas convenientes. En suma, la propiedad del Barón se extendía desde los montes que cierran este valle, hasta el rio que corre por su centro. Los collados sujperioi'es servían al cultivo de la viíia 5 el llano inferior á ellos , en cuyo centro estaban los edificios y el jardín, se empleaba en el cukiv-o de las pkmas 'cereates-, y de las démas que son objeto de la agricultura, y el valle inferior entre villano y el rio, collteríiá lós prados naturales. Toda e&ta^ propiedad corm del levante al poniente, y una- fuente -copiosa que salía de tos Alpes , y corría en la misma direcdioa, atravesaba roda la pro{)íedad , pasando 'por delante de los fedificios, y continuando por -el Jardín para rega^í los prados , y mezclar s^s agua? con las del rio» *
Á la distancia de media legua, y al otro ládó dé lós primeros montes del valle , poseía el BaTdfiuína pequeña granja, llaAíiada del Bpsqu'e con; una 'ijor-cioñ considerable de monte que pro- |)oreíonaba pastos ^n el verano, él combustible 'para su casa , j^'la madera de construcción para sus ediiicios. En ésta granja vivía Nicolás , hombre sencillo y Candoroso, |3ero dotado de una luz natural , c¡ue no pocaís veces le hacia capaz de
'observaciones y de respuestas d#éhidas.'. ^ '
■ * ' f ■ - f I . <■ I ► . -
22 BL BARÓN nS ROBINSKt
Método de vida que se seguía en (casa del Barón.
Apenas regresó el Barón de la granja del Bosque , cuatido después de las salutaciones ordinarias , me habló de esta manera : *' en fin , amir go mió, ya ^stá vmd. en una casa en que debe vivir con toda libertad , y con la franqueza que lo haría en la suya. iNosótros continuaremos del mismo modo en el género de vida que he creido deber adoptar para nuestro bien y aprovechamiento. Es interesantísimo para nuestra felicidad temporal y eterna el saber empleair el tiempo que para trabajar en conssegüirla ^e nos ^concede í y nada contribuye tanto para este objeto tan importante, ^como el dividir las horas del dia , y el señalar á cada una su destino. Los días se suceden asi con utilidad^ sin que el tedio pueda tener entrada* Todo se haire á su tiempo , y nada se omite de lo que conviéüe practicar ^ cuando las horas ^dividen ; como por el contrario , cuan* do no hay tiempo señalado para nuestras principales ocupaciones , sucede muchas veces que las unas consumen más del necesario en perjuicio de otras no menos importantes j y que abreviando el tiempo destinado páralos ejercicios que mas se nos resisten ^ se suele acabar por abandonarlos enteramente. Foresta causa todos los reglamentos que rigen en las casas de educación, y en todos los establecimientos públicos, sean civiles ó religiosos , dividen el tiempo con precisión, y señalan las horas . en que cada cosa sie debe ejecutar; y no hay razón alguna para que
6 LA MOIRAL DEL tABRADOR. 23
este arreglo no presida también en todas las casas particulares , siendo como es indispensable el acostumbrar á los hijos y á los criados al orden, á la puntualidad y á la exactitud en. el cumplimiento, de sus. deberes*. El. tiempo, es. una; propiedad de qué iao se puede privar al hombre ; pero por una ihconcevible contradicción dé: nuestro espíritu.,, es de laque menos nosaprovechamos, ó por mejor dfecir , es la. que nosempeñamos^en. disipar con: menos, miramiento*. Es; muy común el tratar dt: pasar el tiémpo^f, es: decir,, de hacet que se. nos, escape y huya, dé: nosotros j y no lo es m8nos, el quejarse de que los diás son. largos y lia vida. corta. ¿Quién podrá. explicar, esta, contra? dicción?;
Si . rebajamos del curso; dé nuestra- vida . la mitad que pasamos; en el: sueño, imagen verdadera dé la muerte j los años. dé. nuestra infancia y de nuestra, decrepitud ,, mas semejantes á la vegetación que á. la. vida í, los diás que: ocupan las enfermedades ,, y los disgustos forzosos é independientes: de_ nuestra, voluntad', ¿qué tiempo nos quedapara.trabajaren nuestra salvación, y para cumplir con: las> obligaciones, de nuestro estado, si por otra: parte no. tratamos de recogerv y apro* vechar los momentos, útiles ?. Los: repetidos encargos que nos , hace nuestro, maestro Jesús , de velar siempre y de estar preparados, para: que; no nos sorprenda su venida , son. otras tantas lecciones en. que. nos. estimulaal aprovechamiento del tiempo que nos, concede ;, y esta misma: necesidad; de emplear bien todos los: momentos de nuestra: vida hacía ya uno de los; preceptos de la antigua: filosofía. . Mas sin embargo, de esto., ¿ no ^se podría repetir á la mayor parte de los hombres lo ^ que
/•'^
?4 . Kt BAROW DE ROBTNSKI
decía Séneca á sus contemporáneos? Pensadla > ^i(^/i , decía este célebre moralista español : una - pqrte de la vida se pasa en hacer mal ,. la mt^or \ parte en la inacción , y casi toda en hacerse otra cosa de lo que se debiera.
s Nosotros pues , amigo , mío , seguiremos coa i fidelidad el sistema de vida que nos hemos propuesto i y vmd. quedará libre en seguirle en todo d en parte , según le acomodare. Con la misma franqueza acostumbro á hablar á cuantos me &- vorecen aceptando un cuarto en mi casa , sean ! de la clase que fuesen. Ni pareciera justo que se -mortificasen adoptando un género de vida con- . trario á sus hábitos y costumbres , ni sería conveniente que abandonásemos nosotros el plan que nos conviene y fuera de los casos en que lo. exije el bien de nuestros prógimos. Cuando este caso llega , todo se debe abandonar para acudir á su socorro, y todo es menos en comparación del deber de asistir á nuestros hermanos. £1 hombre no ha sido hecho para el sábado , sino el sábado para el hombre , decia Jesucristo. '' "^ Respondí al Barón agradeciéndole la libertad y. confianza con que me trataba, y le manifesté que mi intención era , pues me lo permitía , el seguir durante el dia primero , el plan de vida adoptado en la casa ; y que cuando lo hubiese : conocido , me determinaría á continuar en él en todo ó «n parte. — Apruebo vuestra idea , me : cojDütestó el Barón ; haga vmd. éste corto novicia- ; do , iy después verá si le conviene profesar la regla que seguimos.
Con efecto asi lo ejecuté , y después de haber asistido con puntualidad á todas las ocupaciones de un dia, manifesté mi determinación al Barón* ^
Z lA MORAL Bfit lASRADOR. ^¿JS
El tiempo de mi prueba , le dije , se halla concluido ya , y ved aqui á lo que me he resuelto. Seguiré constantemente á vuestros jóvenes : el cultivo mismo del jardín me ofrecerá una distracción de las mas agradables: he anmdo siempre la agricultura, y he procurado adquirir algunos conocimientos en esta ciencia ; mas en las horais en que se reúnen los jóvenes en la biblioteca para estudiar 9 tne retiraré con vuestro permiso al cüar^ to que i os habéis servido señalarme 9 y- me ocu^ paré alli en la lectura de las obras cb níioral qtit me aconsejéis y proporcionéis, y en anotar el re**- sultado de vuestras lecciones , continuando el diario que hace algún tiempo acostumbro á for^ mar con lo ocurrido durante d dia. t Aprobada esta idea por -ei Barón , la segui constantemente mientras viví en su casa*; y ved áqui^el método de vida que se seguía en ella.
A punto del dia en el verano, y una hora antes en el invierno , tocaba Pedro ía campana del torreón , y á esta señal se levantaban todos y acudían al oratorio para ofrecer ,á Dios ks primicias del dia. Colocados de rodUllas delaíké del altar , pronunciaba el Barón la oración si^ guíente con voz inteligible y afectuosa.
^'Dios Eterno, Dios Trino y Uno, recibid el f^homenage de vuestras criaturas. En esta hora éti >>que todn os agradecen él nué^o dtá' qué os dig-^ tmais concederles , el hombre qUe formasteis á tivuestra imagen , y para quien destináis una glo¿ f^ria sin término , debe ser el primero en confesad f>vuestra grandeza, y en alabaron Os bendeci- »>mqs pues. Dios Omnipotente, os alabamos dé vcorazon y os adoramos. . f^Recibid^ Señor, nuestra gratitud por losfa-
^6 Bt BARÓN DE ROBWSICI
wvores que nos dispensáis , y por el nuevo sol que tyobedeciendo á vuestra voz eterna, va luego á rebrillar sobre nosotros f pero.aceptadi> Señor, prin- .>»cipalmente nuestra acción de gracias, por habernnos sacado, de la. nada., redimido, con la sají^re ,>«de vuestro Hijo, y lianiado, á su herencia eterna. ;>>No nos neguéis , Señor , la posesión, del sol de f>Just{icia :, anudadnos, con. vuestra gracia , para. >>que no pequemos, en/estedia,, ni en los demás, ^^que os . digneÍ3 concedernos. Vos : sabéis nuestras wnec^dftdesj:yos,sois. nuestro Dios y nuestro Pawdre: humildeqoente. pues. os; suplicamos, y espewramos con. confianzaque sostendréis nuestra miMseria ,,y que; no nos. dejareis caer, en ocasión de^ «desagradaros.. ' ; . . -
• ^ /' ¡ ;Ó Padxej de. los homlires ! : concedédnos lo; f >que ^convenga: á, nuestra. sal vacioa , y ncigadiios ; >>lo qiíe pueda: dañar á este.grande objeto, el úniwco importante y necesario.,
>>Béjid^idinQs , Señor , be^idecid nuestros cami>p<)Sí,.y,^ eíí w%bajó,que.vaino_s.á emprender;. Asis*- f>tid á,nuestros.süpe)3Íój:es:cbnivuestfo/cojDsejo f. wQon yjuestra grjaciá..Mudad.eLcorazon de los ^ué nos , pfenden : : haced ; que- perseveren los justos: «abreviad ']ps..tprment03 de las almas que esperan «vppstia,vista ; . y permitidque comencemos núes- «tras;QCjipaciónes ^,miM Que:eíictodói.esteidiái nos: ítxpdy id^mos un . soloi iósita rite;de: que estarhosj en la »prese«fiiá; de.niiesj:ro^Eiós;. A^fl^ad:^, Séáor , y í;^acoged mieStr<»:riii*gQSrpQrrlQ& ntóíítos^
w tro Hijo y Séjñor; nuestro jésucristas, que con Vos vy el ílspírituS^ntoyive y reyna.Dios por todos.
«ios siglpS de:los.sigl95..-^i»^«."'
Dicha esta oración ,. n^aban todos en alta* ypz, )^% oracioi^sstfdel Padrenuestro, Ave Ma-
6 m. MORAX DEL XABRADOR. 2?
ría , d Credo y la Salve , y se deciaa los mandar miemos de Diqs y de la Iglesia; y:cónckHdd todo , continuaba el Barón de resta manera^ • ' , . *^ Santísima Madre de Jesus^ y Madre taínbiert ^nuestra , dulcísima Virgen , recibid nuestra graí* »titud por la protección (que nos^dispensaís, y dlgf>naos continuárnosla en este dia, y há^a el mo* vmento 'en que nos .mostréis tel ^benditp frutó de wv:uííStro vientre. * - í ? ; ;'
wÁngel encargada de iraesttei ^custodia y y vo^ esotros santos protectores de nuestra básay ai^p^ Htád también nuestro agradecimiento , y no censéis de interceder por nosotros delante del tronó* »>de nuestro DioS) liaste que eacodipañía^vuéstra ^4disfru|:emos de sil *vi^a en lel cielo."
Con esto salíamos del oratoria , :sakrdábáM'os' al Barón, sus hijos lej besaban k mano^ recibien^ do su bendición 9 y Roberto le hablaba de las ocupaciones de los criados y jornaleros dtrranfte* el dia. £1 Barón se retiraba oitonces ¿su cuarto» ' ó para continuar su' oración^ 6 para (DCi^atse ' eu los. asuntos de sa^casa , ;porque á todo présp-^^ dia 9 de todo cuidaba 9 y nada se hacia Sixn :5ü co^^* nocimiento. '
Los jóYjgnes se: reunían en' la biblioteca para * estudiar 9 :y. pata, recibir Jas.kceioiieis. de fistanis* ' hg>:i :^, de Joáef, (y aliit^^úafeitiárian hai^k las ^ och&.y íntifia;^ ;i cuya diorá se deisayumilxtn »coii' ' su padre , y ,^ás¿ban deispuéi á :tr abajar fea el járr ' din , que cultivaban enteran^üníte por sí mismos, ' hasta que la campana Íes avisaba pfara>comer. En d verano pasaljan al jardin desde el oratorio hasta. Ja, hora del dcasayunó, y de^es de este se re* - unkm eo la bibUoteca hasta el mediodía. -
Después de la coaoldase divertkn por tiempo
28 . SI BAROK 1>C ROBIKSKf
-de una hora en el terraplén , en el jardín ó den^ tt0 de la casa , según el tiempo , en juegos y dis« tracciones propias de su edad , ó en la musical Concluido este recreo se retiraban á lá biblioteca, si era verano , hasta la hora del paseo ; y si era invierno , esta reunión para él estudio era después de él. Por lo común el térmiíio del paseo era el: lugv en que se hallaban los criados y jornaleros,- ó la granja del Bosque , y siempre en compañía del Barón, el cual muy rara vez se separaba por la t«rde del lado de los jóvenes.
De vuelta estudiaban estos un rato en el in«' yi<í^r;io para dar lugar á que los criados estuviesen^ li:bre$\de sus quehaceres; y entonces todos sere'^* unian en el oratorio , como por la mañana, {)ara él ^ ^rcido de la. noche , que! se reducía cá lo sigufen^ te. Comenü^abaelBaron pronunciando esta súplica. ^' Eterno Dios , Dios Trino y Uno , os dimos ^ nías primicias de este dia , alabándoos , bendicién* > ^^^QQS y , adorando, vuestra . grandeza. Justo es, f&daor , rqu^ le acábennos del mismo modo. Recinhid pues el homcnage de nuestra adoración , y el ^reconocimiento' que hacemos én vuestra presen* * ncia de ser Vos el principio y el fin de todas las > acosas. Aceptad, Señor, nuestra' gratitud, por la ^protección que nos habéis dispensado durante este 9>^Í2L. .Nuestra vida,haiSÍdotcons^rvadaf)or vuestra ^ nboQdad : vuestra Providencia nos h^ aumentado, ny vuestra misericordia nos ha sufrido. Postrados ' npues en vuestra presencia confesamos k) que os ^debernos , os suplicamos recibáis nuestra grati* ntud, y os. pedimos nos alumbréis con un rayo de ^vuestra gracia para examinar nuestras eoncien-* - ncias." — Una breve pausa daba lugar para el exa« ' xnen , y después conmniaba iasí.
ó LA MORAt D&L ¿AAHA&GR» i^
** Nos arrepentimos. Señor, de nuestras culpas, ny- quisiéramos morir antes que volverlas á come^ wter. Os amamos. Señor, con toda nuestra almá^ »y suplicamos á vuestra misericordia la gracia dé wacabar este .dia » y de entregarnos al sueño coi> »la ínisma disposición con que quisiéramos acabar «nuestra vida, y pasar á los brazos de la muerte» *»Recibidnos, Señor, en el seno de vuestra gracia »y cubridnos coft las alas de^ tuestr<x amor. Beñ* «decid. Señor, á vuestros hijos, bendecidlos aqui' >*y en lá eternidad por los méritos y pór íá sangre' wde nuestro Señor Jesucristo , que con Vos y el »rEspíritu Santo vive y reyna Dios por todos los. *mglos de ios siglos* ^men.*^ • ' - '
- Dichas las oraeJoáeá del Padre' txUéstíó f ' db-'^ mas, cbmó por la mañana, anadia el Báron ■'
" Skntísima Vkgeú ^msárcWjésiisff^a^rc »>«airibiett «uestta ', Vuesti^a prótejcdion'nos ha cuwbierto durante el dia, noncsíáí neguéis duran-' »>te esta noche, imágeh de la píuierte, y eftaque-^ »Aía. hora asistldilbscor^'víJestra pirotecopn , y ¿u-^ «Aridnos con -^e^tró hiáritó. '' ' * . i^-- /•'i _ »
»> Ángel Custodio nuestro , "y vósciros '$anto*^ «protettores de nuestra casa , protégednos en esta «noche , como lo habéis hecho durante el día y '■■ *>rogad.por nosotros ^1 Todopoderoso '¡paW ¿ue'' »»déspue$ del sueño de está Vid-a mbriát^'d^pener' ' »>ntos' en lc« brazos ¡cíe' nuestro Padre ** " '' "
(Don esto ^/«aiá dd>ratorio,, lo^ criadas i¿- '' naban y se retirabau á sus hábftaciones respettivas, y el Barón con los jóvenes pasaba al salón de compañía, en donde explicaba la moral hasta la hora de la cena. En los dias de la estación mas calurosa el terraplén del jardin era el lugar que servia de escuela. ,
3o £L BARÓN DC ROBIN^KÍ
Después de la cena, y de media hora de coayersacion^á la ^^ual Roberto asistía siempre, y sólia recaer; , sobre ila administra.cion rural y econórnica, fada uno se aretiraba; á su habitación para entregarse al sueño.
Todas las cóniidas dú Barón eran precedí*' das de la bendición de la nis^sa , y segniJM de la acción d^ , gracias i y las de los criados, ya fuese en el caflipo,.;ya ttn la misma casa, comenzaban siempre y rse .cohcluian por la^ ojfacio-- ¿es del Padre nuestro y del .Ave María, en cuya práctica poriia el Barón ttarimportancia,'que hubiera despedido infaliblemente al criado que hu« - biese sido oiiíiso en conformarse á elU ; porque, ^ decía, el cristianQ queiá l^lipra de comer se olvida de'sú Í)ios, dé quien recibe todo cuantAi tiene, debe ser castigado, por su ingratitud.
•' ¿as ^oraciones que pronunciaba el Barón en er oratorio variaban muchas veces .,;ó por laf(^- tividad del, día , ó por circunstancias particulares dé las mismas lal)^ carpjpci; naag por lo qííe respecta al plan de vida v á -la distribución : de las hora^, siempre W;segü^ el m*b^
' Coíi él iiíne confdrme dur^ tiempo feliz,
que hatiité 'en su casa , y en los ratos en que los jóvenes se/reunian en la biblioteca, ponia yo en : órádti las ^letóciones de moral d?í^ Barón , y ano- ^ tábá todas las pcuñrenclas importantes. El ma- ^ nuscrito que alíi íbrthe es ¡la opra que f^liora dpy al público pira lia. instruccióii de los labraÜoreSf^ -^
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ó LA MORAL DEL LABRADOR. 31
De lasioiligáeionesdel hmbre.^n)gen€ral\ y de la nebesidádde. ¡a religion^fara: conocer Iw.
Mientrasel Hombre vive en este mundo jdecia Barón á: susi dísbipulós; en. una de las, primeras Iecd0nes, á que asistí;^, tfené; que*? llenar ¿ü&Kntes obligaciones, siiquiérejseii felife. Es. desgraciado^ si falta 1 4. ellas:,, na soláiiftnte poique: los. demás hombres; con: quiénes vive le negarán sui amor y estimaGÍón , y dejarán de, ayudarle, eñ las necesidades de la- vida , sino: también porque le faK tará: lá;>paz interior y la. alegría-, del alnia ; y los gritos;de su. conciencia, t^r^iarán^sdi^trahquilidád-, y no lé>peitnitiráfl;Uii.moinenta de desea iís(>:'£} bombre es un ser social:^ ^es decir , destinado á vívíd con otros de su especié , y conío todos aquéUós con quiénes. viVe. tienen la&. mismás^/necesidaf des j' los/srúsmos'. desGQs ^^ si élpor su^ {>arte ná contribuye al . biép^de kia; otrps y en vano esperará» ue los demás trabajen para procurarle una feii&í^ ádiqtie no merece, y para conservarle u6os dére* chos que^e niega á recooocer en sus compañeros. : . Aunj cuando se quiera considerar al íiombte* en el estada violenta d$ 3av«dttdad , -absttóído'^í sjbparadó. 4e la ccanpañía'. de otros htóiWbxesf'i sé coii^teiá.fócilment^iquey^^debé cuidarj^ csto-^*' que ' tiene obligaciónesiquie cumplü' pdra^ consef- • varse ^, para libertarse die enfermedades y depéir^ ñas , y para: procurar i su alma la ciencia del deber y de lá virtud j porque >difi » otro /Caso;se hará ' mal á<sílt¿ismo>jjiymo'^ri feliz. • ' - /• -»
.;m MashasoBi^as.todavíalas6blígacióhes
S2 St BAftOW BB ROBTITiSKT
cipáles del hombre. Él no ha recibido de sí mismo la existencia de qué goza: "sus manos no le han hecho , ni sus manos son las que le conser* Vat) proporcionándole lo que necesita. £ste muíiir* do en que vive , el sol ,qUe. le alumbra , las plan-* tas que le nutren , los animales que le sirven, todo es obra de la manó de un Dios ^ del Ser de los seres y del ;priqcipÍQ y fin de todas las cosas, fitk sixttí^^ de ^ucnadorf y conservador, i Y el liombre, tan privilegiado en el ótden de la< creat cioa, pues todo lo criado parece haberlo sido para él, no tendrá obligación alguna acia su Dios? Lejos de nosotros idea tan absurda: le-» jos de^ nosotros ¡tan sacrilega temeridad. Sin Dios no puedei- el: Jhombre ser. feliz.; ú prescinde de Dios:, el.hombre.se degrada^ se embrutece y se convierte OÍ ua monstruo de ingratitud. Conven^
famos pues en que tenemos obligaciones áci^ >ios, obligaciones acia nosotros mismos, y obli^ ggcíonesáxúa los. demás hombres. Estas obliga* clones dd)€[n conocerse para /cumplirse , y la' ciencia: moral es I4 ^ue nos proporciona su'ccaw^ cioiieiitp.. » >
U^ ¿Mas de qué luz , nos serviremos para adelánt,ar en esta ciencia , y para descubrir unas ver« dades qu^ tanto nos importan? ¿Será bastante para esto nuestra razón? } Nuestras propias fuer-' zas pos podrán dirigir en un estudio , del cual* depende nuestra felicidad temporal y eterna ? £r-¿ ifariamQS ,thijos míos , si asi pensásemos. Nuestra» C^zon se^obscureció por el pecado de nuestro priOler padre : perdió la luz de que salió dotada de' l^s m^nQsdel'Gdador*: fué suodasnente Justo que por haber querido elhombre igualar á Dios en la ciencia, Jgtes€^ Castigado. coa. ]ai.%aoraaim«- JEste
6 LA MORAL DEL LABRADOR. 33
es nuestro estado , no nos equivoquemos ; y aun cuando los santos libros no nos lo descubriesen, nosotros mismos deberíamos conocerlo, si nos estudiáramos sin pasión y sin orgullo.
En efecto, ¿ qué somos nosotros sino una monstruosa mezcla de bien y de mal , de virtudes y de vicios , de verdad y de mentira , de elevación y de bajeza , de fuerza y de (Cobardía ? z Cómo es que advertimos en nuestro corazqn la semilla de la virtud; que la amamos aun en nuestros mismos enemigos , y que al mismo tiempo nos dejamos dominar de las pasiones mas vergonzosas ? ¿ Por qué sucede que desaprobamos el mal , que tenemos horror del vicio, y que sin embargo le admitimos en nuestro corazón ? 2 De dónde nacen nuestras ansias por ser felices , y nuestra ceguedad en buscar nuestra dicha por caminos tor-* cidos que nos desvian de ella en lugar de acercarnos ? Si el hombre no hubiese descendido de otro estado mas encumbrado y mas perfecto, no conservaría los hermosos restos de aquel magnífico edificio que arruiínS su desobediencia ; no se sentiría inclinado al bien, aun cuando no le practica , y q|f>amaria la virtud cuando se entrega al vicio. Un instinto ciego le conducirla como á las bestias á amar unas cosas , y á detestar otras; pero jamas se entregaría á lo mismo que desaprueba su razón. Es pues indispensable reconocer que la razón del hombre ni basta para enseñarle sus obligaciones , ni para contenerle en sus deberes ; y que habiendo perdido la luz de
[ue le dotó su Criador, necesita de otra guia mas
iei y mas segura.
Esta verdad capital de nuestra religión debe recibir mayor luz para nuestra ense&anza, y par» . E
34 EL BAKON DE ROBraSKI
que aprovechemos en la moral. Sigamos al hom bre desde que decayó de su grandeza, hasta que la misericordia de Dios reparó por medio de su Hijo los males del pecado, y nos convenceremos mas y mas de la pobreza de la razón.
No bien desapareció del mundo la inocencia; no bien el primer hombre abandonó la justicia en que fué criado ; no bien tuvo herederos de su culpa y de su desgracia , cuando todos los vicios tomaron posesión del corazón del hombre , y ya un hermano impío hace correr la sangre de su hermano. Todos sus pensamientos fueron pensamientos de mal; y Dios mismo se arrepintió de haber criado semejante monstruo de ingra* titud , y determinó hacerle perecen La voz del Eterno , aquella voz terrible que destroza los cedros y saca de sus quicios los montes , llamó las tempestades contra la mejor obra de sus manos, y un diluvio espantoso sirvió de castigo á tantos crímenes', al mismo tiempo que la misericordia de Dios se complació en salvar la familia de un justo, que en meiíío de la corrupción general habia conservado el temor de Dios. ¿Quién no hubiera pensado que los descendientes de Noé conservarían la memoria de este castigo, y se abstendrían de insultar el poder del Eterno? Pero si los malos hablan desaparecido de la faz de la tierra: si los crímenes se ahogaron en las aguas, el germen del crimen , los principios del mal se salvaron en el arca cnisma , y desenvueltos poco después en los descendientes de Noé , produjeron el mas infame monstruo qu^ ha podado salir de la desarreglada cabeza de los hombres ; la idolatría. Olvidóse el hombre de la unidad de Dios^ que es el dogma mas seiKillo de. la razon^ em*
6 tA MORAt DBL LABRADOR; 3$
brutecióse , y no conservó sino ideas materiales, y adoró unos seres inferiores á él. .
Separó Dios á Abraham de esta masa corrom* pida y perversa : se hizo de sus descendientes un pueblo particular, y le colmó de fiívores, haciendo por él los mayores prodigios, y suspendiendo cada momento las leyes de la naturaleza. £1 mish mo Señor quiso ser su maestro, le hablaba por tnedio de Moisés, como un amigo conversa coa su amigo , le dio escritos sus divinos preceptos^ preceptos que hubieran hecho su felicidad ; pero todavía humeaba el Sínaí por la presencia de Dios; todavía resonaba en los oídos de los israelitas el ruido de los truenos que acompañaron la prohiulgacion de la ley, cuando ya estos hijos de Adán , estos herederos de su pecado , quebranta^ ron el primero y principal mandamiento de Dios, y ofrecieron incienso á un becerro de oro. Continuaron después en levantarse contra Dios, cometieron toda especie de crímenes , y ni los castigos que experimentaban con tanta frecuencia, hi las amenazas y reprensiones de los Profetas bastaron para contenerlos en el camino del deber.
Dispersó Dios en el imperio de Asirla las diez tribus, que formaban un rey no aparte desde el cisma de Jeroboam: permitió algún tiempo des* pues que las que componían el reyno de Judá fue*» sen cautivas á Babilonia, que Jerusalen fiíese arruinada y saqueado y quemado el templo de Salomón ; pero ni estos castigos fueron bastantes para que la Judea observase los preceptos de Dios^ cuando después de setenta años la llamó de su cautiverio^ y la permitió reedificar el templo. Es verdad que los judíos no volvieron á caer en la idolatría ; pero su coraron no se hahia mudada
216 El BARÓN DE ROBIWSKI
Olvidáronse de su Dios, se ocuparon únicamente en las comodidades y placeres, y se portaron como bestias , cuidando de su carne como . si no '■ tuviesen alma ni ley. Aliáronse : con las naciones infieles, contra el precepto del Señor: despreciaron la observancia del sábado, se dejaron dominar de la avaricia , oprimieron á la viuda , al huériano y al extrangero ; én una palabra , se adora^ ron á sí mismos en lugar de los ídolos á quienes incensaron sus padres. Llenos de orgullo y de des- ^ precio acia los otros pueblos , y neciamente confiados, solo porque eran hijos de Abraham, se con^^ tentaban con obras exteriores , mientras que la malicia reynaba en su cdrazon. Esperaban del Me^ sías riquezas y mando temporal : le esperaban como conquistador de rey nos y jie estados , y como un opresor de los demás pueblos. Contaban con el poder del enviado de Dios para dominar y para enriquecerse, y las virtudes y las buenas , obras eran nada en el concepto de semejantes insensatos.
En los demás pueble^ del universo la idolatría habia levantado su monstruosa cabeza. El Ganges y el Hydaspe vieron á sus magos prosternarse delante del sol , y adorarle como divinidad. Las orillas del Nilo , á pesar de sus adelantamientos en las ciencias, y de ser el pueblo mas instruido del mundo, tributarcxi incienso á los animales ma^ estúpidos. La Grecia y Roma consagraban crímenes vergonzosos como puntos de religión , y sus mismas leyes fueron marcadas con el seUo de la crueldad y de la barbarie. A pesar de algunos filósofos distinguidos que dio á luz la gentilidad, el que considere las crueldades y la ferocidad de los egipcios, de Jos ateoieuses, de losEmpera-»
6 th MORAL BEI liABRADOll. j3T
dores dé Roma y de los chinos , se verá precir sado á confesar que la humanidad no ha sido respetada en donde las ciencias han florecido ,.sino en donde se ha recibido el Evangelio de JesuoristOé jísi es^ decia san Pablo, cofmlosjtdiosy los gentiles quedan convencidos de hallarse en el pecadoi porque escrito está : no hay justo alguno i no hay ttn solo justo : no hay hombre que tenga inteligent cia : no hay quien busque Ú I)ios : todos se hm ,dfis^ viado del camino derecho, : todos son inütileÁ : ni hay hombre que haga^ el bien : no hay ni siquiera uno. i
Este era, hijos mios, el estado del Universo: tal era el hombre guiado por su débil razón, cuando vino á enseñarle sus deberes aquel d£ quien decia Isaías : vuestros ojos verán al maes^ ir o que os enseñará, nuestros oidos oirán sus: pa^ labras cuando grite : este es el cami$u>^ andad por él sin 'desviaros á la izquierda ni á la derecha. Tan corrompido se hallaba el hombre y tan ím-^ {)osibilitado á obrar bieo^ y á prccur^irse la felici^ 4ad,,qúe sqU) puede darle lá. virtud, cuando la: vot jd^l Eterno se dejó oir:,. publicando ■ á tos mortales ja misión y. la divinidad del que lesa^tíviabsi coa aquellas palabras, que resonaron en la, Judea : ^í i te es mi hijo y mi amado hijo^ el objeto de toda mi 4:ompla¿encia. : oidle á ¿/, oid y . escuchad, susx di^ wnasdecciá^eSf ,.'-\'.\. ^v .1 rr . i ;> . r-" ri
, Asi fue ique^^^l uiOiiverso y.todoSiSÜs sábk>S'tm yitxóví qpe enmudecer de ei^mir ación aloiclajirueva rttoral que. se fes publicaba- y las verdades jamas jpidasy que sallan de la boca de este, nuevo maestro. J^ingüoO hahia enseñado arites de Jesucristo S^^ P|os es. nueSioro fin ^ que;jios ha criado par^ j^déi^násmo nuestra luz, aytestra viday nuestra
38 It BARÓN BE KOBINSKT
felicidad: que este mundo es un lugar de prueba y de destierro , y que la vida solo se nos ha dado «para merecer ua rey no eterno, haciendo en todo la voluntad de Dios. Ninguno había consolad.» i los pobres, á los que lloran , á los que' padecen persecuciones é infortunios, y ningpno los habia llamado dichosos. Ninguno habia sabido reformar el corazón del hombre , ahogando en él el gér* men del pecado, y sofocando los pensamientos y los deseos criminales. Ninguno habla llevado la obligación de amaf á los otros hombres hasta el punto de exigir lar obligación de perdonar , la de hacer bien y la de rogar por su enemigo. Ninguno habia levantadola dignidad del hombre hasta ei alto grado jde hacerle hijo de Dios, y ninguno habia sabido excitarle á la beneficencia de un mo«* do tan enérgico y poderoso. No olvidará Dios un vaso de agua que diereis en su mmbre.
Pero lo que con mayor evidencia distingue la enseñanza de Jesucristo es el egemplo vivo que bri- 41aen sus acciones. La santidad de síi vida, su entera sumisión á la voluntad de su Padre, su humíildad profunda , sü caridad para con los pobres y atribuladas, su zelo por la gloria del que le enviaba, su valor en anunciar la verdad , su desinterés y sus privaciones , su dulzura , su paciencia , su mismo silencio enmadio de los tor« mentos mas crueles, su oración en la cruz 'por aquellas núsmos-, cuya envidia ; cuya calumoía^ y cuyas manos le habían puesto en ella j todo en fin, hijos mios , anunciaba un Dios que se dignó bajar desde el cielo para sanar al hombre, para desterrar las tinieblas que obscurecían su razon^ y para darles lecciones de la única moral, capaz 4e hacerle feliz en esta vida^ y desasegurarle eil
ó LA MORAL DEL LABRADOR. 3^
la Otra un reyno eterno. Desventurado pues sería el hombre que cerrase sus ojos á esta luz , y que buscase en otro$ manantiales el agua pura de la doctrina , y los conocimientos que nece^ta para cumplir con sus deberes*
De los deteres del hombre acia su Dios ^ y de la
necesidad de creer.
No solamente es Dios el criador del hombre, y el que le conserva, decia el Barón á sus discípulos , sino que al mismo tiempo es su último fin, es su verdadera felicidad. Si entramos dentro de nosotros mismos , nos convenceremos de dos ver* dades esenciales , de las cuales se infiere la que acabo de proponer. En primer lugar es indubita^ ble que todos deseamos ser felices í y en segundo, que ninguna de las cosas temporales puede satisfacer este deseo , y que apenas logramos lo que con mayor ansia deseábamos, un nuevo deseo viene á decirnos qué no estaba alli nuestra felicidad. En este estado se hallan todos los hombres : los desr graciados, los que no experimentan sino contra-** dicciones y desventuras, reconocen con Job que su alma se disgusta de la vida y que no tienen motivo para amarla.; y los felices de este mundo, los que caminan, coa viento en popa por el mar de la pros* p eridad , los que consignen cuanto desean , se ven l^recisados á confesar con Salomón el tedio de la vi* da, y que todo es vanidad, y vanidad de vanida-^ des. Siendo esto asi, nos es indispensable reconocer que hay algún bien capaz de satisfacer nues« tíOS deseos^ y que conao estos no tienen limites^
40 EL BAROK DE ROBINSKI
aquel bien debe ser infinito para llenarlos, y su po« sesión debe ser tan segura que una vez conseguida no se pueda perder; porque de otra manera solo el temor de perder esta posesión , disminuirla nuestra felicidad. Si este bien no existiese nos fuera preciso confesar que Dios que ha criado el alma del hombre , y que le ha dado este deseo , esta ansia por la felicidad , le habría condenado tam« bien a que jamas la obtenga, y á que busque y no halle, desee .y no consiga, lo que fuera un al>« surdo y una suposición la mas monstruosa.
¿ Cuál puede ser pues este bien que nO se ha* Ua en el mundo, que es infinito y cuya posesión una vez conseguida no se nos pueda arrebatar? £§-> tas drcunstancias no pueden hallarse sino en Dios: en el estará pues el fin del hombre , en él estará su, felicidad; y como el hombre debe trabajar por conseguirla, los medios que le proporcionen su posesión serán sus deberes en esta parte.
Si todo el hombre es para Dios, porque todo el hombre debe ser feliz, su primer deber será sin duda alguna el consagrarle la parte mas no* ble y principal de las muchas que le componen. z Y cuál es esta parte sino la razón, que es la que le distingue de los brutos, le acerca á los ánge* les y le asemeja ala Divinidad? Debe pues consagrarle su razón y hacerle de ella un voluntario sacrificio , y esto no lo puede conseguir sino creyendo venlades ' incomprensibles ; porque en admitir verdades que comprende, no hay resistencia de parte de la razón , y de consiguiente ni mérito ni sacrificio.
Sí el hombre no conoce ; el objeto de su feli« cidad,no puede trabajar para merecerle ; y cor í¡po. su razón limitada y escasa no gu^de pro|)Qr«^
6 tA MORAL DEL LABRADOR. 41
clonarle este conocimiento, debe recurrir á creer penetrándose con firmeza de las verdades que el mismo Dios se ha complacido en revelarle. Ved aqui pues dos razones bien naturales , que prue-^ ban la necesidad de creer , y consisten en la nece** sidad de sacrificar á Dios nuestra razón, como todo lo demás que nos penenece, y en la deco» nocer nuestro último fin y nuestra felicidad.
El mismo Dios , que exige de nosotros este sa*- crifício, nos ha precisado de un modo irresistible haciendo que nuestra razón misma conozca la ne*- cesidad de creer. No hay hombre alguno , no hay filósofo por incrédulo y por enemigo que sea de la revelación, que no confiese que se debe creer á Dios , si es que se complace en enseñar á los hombres algunas verdades, por incomprensibles que parezcan á su razón. La dificultad está en qii^ semejantes incrédulos no quieren convencerse de que Dios ha hablado y manifestado su voluntad •por medro de su Hijo. ¿ Y por qué no quieren confesar con nosotros esta revelación ? Porque la voluntad de Dios está en oposición ¿on lais pasiones del hombre, y le manda cosas que repugnan á su naturaleza corrompida, pues en lo demás ú procediesen de buena rfé, conocerían qiie no hay verdad alguna que tenga fundamentos tan sólidos como la venida de Jesucristo, su divinidad y su pf ch dicación. No es de éste lugar, hijos mios^ el extenr der las pruebas de nuestra religión v eíte puMÓ hát sido reservado á la í teología dognaátioa; pero pot k) mucho que interesa á la moral el coai^eiuíér^ nos de la verdad dé la religión que ptofesamos, y por la satisfacción interior que este conocimienr to nos proporciona y voy á piTOpone^bs una isda ]?a2on, tornada de la form$ y^d^los i¿edto8<]u«
42 BT. BAROX DE KOBINSKt *
sirvieron {jara extender ia doctrina de Jesucristo. Trasladémonos con un célebre escritor del siglo pasado , al principio del segundo siglo de la Iglesia. Cien años antes la religión de Jesucristo ^ra desconocida del imperio romano. Todavía no habia sido publicada ; y sin embargo de esto nos asegura Tertuliano , autor de aquel tiempo, que los cristianos llenaban ya todas las ciudades del imperio , las aldeas , los egércitos , las plazas públicas, todo , en una palabra; y escribiendo á los mismos Emperadores les decía , que ningún egér- <:ito de bárbaros por numeroso y fuerte que fuese , podria ser tan temible al imperio como la muchedumbre de cristianos derramados por toda sja extensión , si la misma religión que profesaban no les impusiese el deber de la sumisión y de la paciencia.
/ i Cómo sucedió pues este fenómeno ? é Cómo se abandonó en tan corto tiempo por casi todo el mundo , pues tanta era la extensión del imperio de Roma, lo que el hombre abandona con mas dificultad, es decir, la religión en que fue criadoi La mudanza de religión es lo que presenta siempre los oíayores obstáculos > lo que mas se resiste al coriazon del hotnbre; pero estos obstáculos y esta resistencia pueden ser menores , aunque siempre grandísimos, cuando la nueva religión que s^ j>redica deja subsistir una parte de. la antigua, y fit determioa á hacer alianza con ella : cuanido no choQa contra las pasiones del hombre, sino que «antes btea las halaga y favorece : cuando los que se encargan de predicarla .á pueblos ignorantes y groseros, son hombres grandes en la política y «b la cjisncia^ y «e hallan apoyados coo la fuer? 9a de la domiaa^rioa y de las arimas^ pai:;a Ijboar
6 LA MOKAL DEL LABRADOR. 43
de honores y de riquezas á los que se sometan á su voz, y arredrar con destierros, con confiscaciones, y au)a con la muerte á k>s que resistan. En estos casos, y en semejantes circunstancias, podrá lograrse á fuerza de mucho tiempo el establecer una religión nueva, como sucedió con la de Mahoma. ¿ Pero sucedió asi con la de Jesucris^ to ? 2 Se verifíc^on estas circunstancias en su prodigiosa extensi<m ? Todo lo contrario , hijos míos.
El autor del cristianismo y los que se encargaron de predicarle por todo el mundo,, eran de la Judea, es decir, del pueblo mas despreciado y aborrecido del universo. Jesucristo pasaba por hijo de un carpintero: era pobre, no se habia hecho famoso por sus grandes estudien, y lo que es mas que todo, habiá sido condenado á muerte por los mismos de su nación , como si hubiese sido blas** femó y sedicioso. Sus principales discípulos eran tinos pobres pescadores, sin bienes, sin talento^ sin elocuencia , sin protección y sin otra esp^anzá que la de ser presos, azotados y muertos. Es-^ tos hombres que carecían de todo medio humanó ^ de persuadir y de hacerse cteer, se empeñan en derribar todos los ídolos, en hacer la guerra á to*' das las regiones, en mudar y trastornar todas^ las ideas, y en convertir i los mayores 'sabios* ¿Y qué van estos honibre^i predkar ? Una loca^ ra á los ojos de la simple razón , y una ley contraria al corrompido corazón del hombre. Jesucris* to^ ese que creíais hijo de un carpintero^ que ha si^ do aborrecido de su nación^ y que hamuertú emm patíbulo como sedicioso y como blasfemo^ ha sa^ lido vivo dei sepulcro después de* tres diús de efh terrado t ha subido^ ai ciek^y es el hijo deJDiaSi
44 El BARDK M ROBWSKI .
¡a razón y la sabiduría eterna^ y ninguno pueie calvarse sino por él. Ved aqui los artículos fundamentales que estos hombres querían persuadir á los griegos y á los romanos* .
¿ Y qué moral les predicaban al mismo tiempo ? ¿ Qué conducta exigían de sus oyentes ? La mas contraria á las pasiones y al corazón. Despreñarse de todas las cosas temporales ^ amac k pobreza y las persecuciones*, prohibirse hasta los malos deseos , dar la vida por su enemigo: ta- • les eran las reglas que debian seguir, i Pero qué esperanza de felicidad daban en sus discursos á los que siguiesen esta nueva doctrina ? La vida eterna después de muertos j pero mieatras viviesen penas , contratiempos , persecuciones las mas crueles y privaciones de toda especie*
Estos hombres son locos, debi<S decir el mundo cuando los conoció. Querer hablar asi en Antioquia, en Alejandría, enEfeso, enCorinto, en Atenas y hasta en la. misma Roma, es qiiii$r/er ínorir sin utilidad y sin i^e nadie lq3. compadezca. Todo se .levantará contrasellos, y peí^carán sin; cu^nvencerÜ nadie. /i / 'r
'. ' :. Todo se levantó.efecüvameftte contra los Apóstóles.y jconíra su doctrina. El pueblo por zelo de la. ' neUgion ; ea que había i sido ^educado : .'k>S' sabios por' Ja^jr^ugnancia qiie inspiraba Ásw rajson oc<-' guUosa esta dbcfrina nueva : los saeerdoi^^ de las antiguas :religiones;por interés, y los natagi$tradQs^ y*, los. Eipperadores por política. De todo se hecho mano , para í>erseguir al cristiajiistpi?;.y para S0focarieven <su nüsma^cuoa: con^cam<^e^^ des^r^ tierros.', azotes.,itorm^tQs^4antuert;e n(ia§ cíu^L Debió pues perecer t^sta /¿Ugion, debió acabáis a^.a^ntes de coüQcerseti¿#;TodoÍd.*«OQi3r42:% ¿¿^;
ó XA ' MOXHr DEX XABRADOR. 4^
jos tíñús.' A Jos dan años de su prígdfi ^a se vio abrazada por la mayor párteí delí ttiundtoi coillOci-^ doy^yeiJbs 5}ue l2iiim\úm profesado %áii^ al^^f^lin cío con alegría y sadriBcafaaixJSU ejitísa^j3¿áá;i^ij^¿¿ cristo en medio de los tormentos mas crueles. La sangre que derramaban no. sprvia para retraer á los otros , sirio para aumentar el número de los creyentes. A los^tiescientbs lafios ítodtáel imperio tuvo que sujetarse á esta nueva ley^ y los mismos J^n^radorestadoraTOtala- cruz 4e Jeditódlsto. } Decidme ahora 'sirhay.al^a desnatural &Á éBf^ t$ acontecimiento, y si la religión * del crístiairiíí*-* mo no es obra lásible de Dios , que* quiso -4sta^ bleqerla desmodo que los hombrea la recbnOck^^ sen por unos caiabtér^si tan palpábk¿.vPoir>eftd^ decia san Agustih : si la redigiDrr.d;e Jebucéisté^^sé** propagófconla ftlérzafdblosrDilagx-os i[^í&'hg¿i^¿l« los que la predicábaai' es segurameíiite« dbra! ¿éí Dios, porque Dios solo puede leerlos ^- y dtís^ pender las leycsidejla^naturalaMí y^sí^W tó^és--; tabkció can.nsálágiío ajguncf^fisá prápi^^ritiígciés^
deODíiOSi' ...i .:.. í Kíllijüi CK¡'j:.'£>f/'' a%'';ÍfJL:fí tjlj.>
I Supuesto, pues íqine 4aora4í^tí,ídel^dióad»fé se convence por sí iriiisma de "^que Pií)s & él áutoí^ del crisítianisiiio ^ se idííbe cteqr con sumisión to-' dolo ^(pe.' esta ^itóii^antiíioí éii$rfia<p síSif (Jüg^^slt-^ va^de .'enibararó ^ Ja' ■- iric^b»íí>r¿iaálbillda*^^'í%íÍS> HW¿8riqs^ por<pxe¡níobottlfeinot^eKÍ6ftíd^^ de£;'tddo áoqsA^ Dios sab^.* Af áti^^ 1dá^hb«hbli^ oisantx> . quipraa ,^ empl^n; t^déf^ la faetVa dé su^- iai20n>JSH'a«?3MÍg4iar «ii«s Djos elíqu^^
46 XI* BARÓN DS KOSTKSICI
miento de su origen divino , deténganse allí sin ir roas adelanyüe, sacrifiquen su razón orgullosa y dQjen á DSos con sus misterkis, creyéndolos y absteittéadose de contradecirlos.
,. u
De la necesidad de esperar*
. Debe el hombre esperar para ser feliz , por« que la Vida eterna y los medios de conseguirla solo se han prometido á los que esperan. No se espera, sino aquello que se desea con confianza , y fuera ridículo suponer que Dios se halla dispuesto á conceder jsus beneficios ¿ los que no los desean ^ ó áilos que los miran con indiferencia. Ved aqui pues la razón del deber. Debemos trabajar para conseguir nuestra felicidad : su logro es im« posible sino la deseamos ^ y ^i la deseamos la es<« peramos. Para hartarse en la patria es '■ menester hab@r padecido hambre eta. el destierro y y ' solo aquidUos^tendrán la bienaventuranza de ser hartos^ que hubiesen padecido hambre y sed de justicia; ' , Ddaemos esperar con confianza , porque el Señor ha dichoque los que en él esperan no seria ja^nas confuiadidos , y también porque el Señor nosema;) yél.es y no otro el objeto de nuestra esperanzáis. SiieKv.el mundo confiamos en lasper* sonas de quienes ^speramosalgun bien ^ ^ propor* cipa, del afecta que nos profesan , ¿cuánta deberá ser nuestra confianza .en aquel Señor que nos dio á su propio Hijo para probarnos el amor que nos
tiene?
, : Es memstar stn einbargo que nos persuadamos d6 que el exceso de coafisuóza, d exceso queile*'
<5 o MDR AI IMt t A¥R A fiOR, ^4T
ga á la seguridad^ perjudicaría á nuestra esperanza, porque no hay esperanza sin incertidumbre, ni se espera lo que se está cierto de conseguir. Como no tenemos seguridad de que perseveraremos hasta el fin , debemos temer siempre la desgracia de no perseverar, y para que no suceda, trabajar con confianza en Dios j pero<x)n temor y desconfianza respecto á nosotros. Al mismo tiempo que san Pablo aseguraba á los de Corinto , que confiaba firmemente en que el Señor que habia comenzado la. obra, la llevaría á su perfecdon, los iexor taba á que trabajasen con temor y temblor. En efecto nuestra infidelidad , nuestros desvíos , nuestras malas inclinaciones , pueden ser causa de que nos deje Dios en nuestras manos, y entonces soiíios perdidos sin remedio. Librémosnos pues de la: presunción y de la seguridad, no solamente j^orqüe nuestra felicidad es incierta y poique la certiciumbre se opone á la esperanza , sino también porque el que confia con este exceso , está muy cerca de adormecerse y de descuidar ^n ei cumplimiento de sus deberes. Guardémonos' al mismo tietíipó de confiar en otro qu^ en Dios y^ en su misericordia , coa la cual pódeoaos contar si obramos tí bien , y si nos conformamos con sus preceptos^ No pongamos nuestra confianza en prácticas exteriores de religión, si la justicia del corazón no las.iacompaña; y jamas en ninguna época ni «itfúál cion de nuestra vida hilamos. á Dios la injusticia de desconfiar, ni de ¡entregamos & la funesta deses^ fjeraoion; porque este pecado ofende al atributo ^ su misericordia, que es el atributo del cual el Señor se manifiesta mas zeloso.
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-49 . " £!• SACRÓN VE ROBmSKI
De la necesidad de pedir. ^
Eí que desea un bien y no le pide ^6 es un orgulloso y no quiere humillarse delante de aquel que se le puede dar , ó no tiene confianza de con^^ ¡seguirlo 9. y teme encontrarse desairado , ó tiene demasiada confianza en su propio mérito, y cree que sin pedir se le debe .dar. ^ingüna /de éstas tr^s disposiciones puede agradará Dios;. y de aqui es, que para manifestarle que no ^somos orgullosos en su presencia, ni demasiado desconfiados, ni presumidos cpO) exceso , debemos pedirle los bie« nes: que deseamos y esperamos. Pero el mismo Dios nos ha instruido sobre la necesidad de pe^ dir ;del modo mas urgente , asegurándonos que al que no pide no se le dá, y que es preciso.pedir para recibir*
, Veamos ajbiora .qué cosas debemos pedir y cómo 1^ débetnbs solicitar. Es natural pedir los biejies por el orden vde &ü importancia y por el órde^^qms sé desean; y como lo pirimero que debe-* mos desear es la felicidad eterna, la posesión del rey no de' Dios, y las:, virtudes que nos han de ^l^rvir de medios para odnseguirla, esto es ^también Jo primero, que deberaosr pedir absolutamen** te ;y i sin íe^triccion. JSuscad primerafnente el rey-^ m,y.\¡ajustiiia\ ie Dias^y decía Jesucristo.
Pespues de las cosas eternas vienen naturalmente la[s temporales; perp acerca de. estas es me-* nester hacer una distinción. Hay algunas que son necesarias para la vida , y hay otras que no lo son. Las primeras , como el alimento , el vestido^
6 LA * MOR A t DEL LABRADOR. .49
la salud , la paz, la buena opinión, y otras de esta especie , pueden ser objeto de nuestras suplicas, como necesarias durante el tiempo de nuestra peregrinación , y coma que nacen de un deseo natural y legítimo , que el mismo Dios ha puesto en nuestro corazón. Pero estas mismas cosías necesarias á la vida temporal , pueden ser dañosas para la vida eterna , sin que nosotros lo conozcamos. Una enfermedad , por egemplo ,. puede ser causa de que no cometamos un crimen, que hubiéramos cometido en estado de salud. Un h^jo que Dios llamó á su gloria en la menor edad, hubiera quizás llenado de amargura nuestra existencia , y hubiera desagradado á Dios. De aquí proviene que no debemos pedir esta especie de bienes temporales , sino con relación á los eter^ nos, estoes, en cuanto pueden sernos útiles para este grande objeto , el único importante y necesario. * Cuando pedís cosas temporales, decia san Agustín , pedidlas con reserva , pedidlas con temor. Suplicad á Dios que os las dé si son útiles, y consentid en que os las niegue , cuando sabe que os han de ser dañosas} porque al médico toca, y no al enfermo , conocer lo que puede dañar ó ccmtrifouir á su salud.
Los bienes temporales que no ' son necesarios al hombre , como la gloria , las dignidades , las riquezas, &c. aunque no sean en sí malos ni injustos , son sin embargo peligrosos ., y sirven de ocasión dé desviarse de la ley. Y c<amo la necesidad de buscar con preferencia á todas las cosas el rey no de Dios , nos impone el deber de no sor licitar lo que liaria mas dificultoso su iQgro, debemos jnterir que semejantes bieníes no. deben pedirse por el cristiano; porqu¿ es,ciwto\que el
¿o SI BARÓN DE ROBINSKI
deseo de honores nace de la ambición, y el de las riquezas de la avaricia*.
Jesucristo nos enseñó lo que debíamos pedir á . Dios, y los m¡$ní)os, términos en. que debemos diri* girle nuestras.siíplicas,.Eii5efiadnQS, Señor, á orar, le dijeron sus discípulos , como Juan ha enseñado , á los suyos.^Cuaiido^oreis, les respQndid el Señor, decid de esta manera :.Padr.e.n wstrp, que estáis en los cielos, &c..E$t^.oracipn,Jla.m^da dominical, , porque su autor es el^eñor. mismo, ^contiene. toda la doctrina . de. la . oración , y por esto., me . ha parecido^ conveniente, el . explicárosla . con . brevedad.
La coni^n?amos . llamando Padre nuestro al Dios á quien la. dirigimos, y asi manifestamos, nuestra confianza . y nuestra . humildad : . nuestra confianza , ¿ porque en quién -puede .un hijo confiar como en su, mismo, padre?, y nuestra . humildad, porque asi nos xeconocemos hechuras suyas, y de-- pendientes de su poder. Como el Señor no.es Padre nuestro sino . por Jesucristo , que. se : dignó, hacerse : nuestro hermano , por. el hecho. mismo.de llamar- - le Padre, confesamos; pedir en: nombre: de. Jesucristo , circunstancia: indispensable para: pedir i Dios dignamente.. Al. decir/ /lí/e^/rí?. confesamos la caridad y fraternidad; que debe unirnos á todos los cristianos ; y como.esta caridad; nos precisa . á . desear, á todos, los,, niismos , bienes , , por. esto nuestra^oracion /debe: ser. en favor dé todos , y no exclusivaí en. favor, del.que, pide. San Agustín alaba mucho,, la . respuesta . de san Fructuoso , Obispo de Tarragona, cuando pidiéndole un: cristiano que rogase por él, al tiempo, que. este santo caminaba al martirio : yo tengo obligación , le respondió, de pedir por toda la iglesia ^~ derramada desde el oriente al occidente. • . *
6 LA MORAL DEL LABRADOR. Si
Cuando decimos que estáis en los cielos , no es nuestro ánimo manifestar que no está Dios fuera de aíli , pues antes bien sabemos que su inmensidad lo llena todo j sino porque en el cielo está el trono de su gloria , en donde se manifiesta á sus escogidos* £1 cielo es nuestra patria 9 y no nos es po^^ible'nonibrarle sin que levantemos nuestro corazOü áciaél'j^como acia el puerto á que aspiramos*
Hecha "esta introducción coníienzaüüestra súplica, siendo lo primero que ;pedimos que .el nombre del Señot -sea saritificüdo.^ ' ésto es , glorificado , honrado . y bendecido. El ; buen hijo debe desear ante todas cosaS; la 'gloria de su padre; y el que ama de verás'se interesa en la gloria y en el honor ^ del ' objeto * amado «mas que ' en el suyo
Pedimos lo segundo que el rey ño de Diós^venga á nosotros^ Qs decir , que rey ne el Señor éñ nuestras almas.por la cáridad.yppr lajWicia, y que después de nuestra peregrinación sobre la tierra, seamos adniitidós en el rey ho éteínó de ©ios.
Que se haga su noluntad es lo tercero que pedimos , esto es , * que se 'haga * fen "^nosótros , que no le pongamos niügUñ'óbátáculo'por nuestra par^ te, sino que anteíbieh la ejecutemos enteramente , coriforíuándónois siéínpre á sus disposiciones.
pedimos lo Cüatto el pan' nuestro de cada dia^ y así matiifetit^imos que todo lo que tenemos viene de DioS^ y que todos dependemos de su liberalidad , sin la cual todo nos fallaría. Llamamos nuestro el pan que pedifíios , para dar á entender que lo necesitamos, y que lo pedimos para todos, siempre animados del mismo espirijtu de caridad . cristiana. Bajo el nombre de pan debemos enten^
52 EL BARÓN DE ROBÍN SKf
der , no solamente el pan material que da la vida al cuerpo, sino también el pan espiritual de nues^ tras almas , esto es , el cuerpo adorable de Jesucristo, su santa palabra, y su gracia divina-. Y decimos que nos le de hqy^ para confesar nuestra confianza en Dios, y que seguros de su admirable providencia no padecemos inquietud por el dia de mañana , conforme al precepto de Jesucristo.
Ló quinto que pedimos es el perdón de nuestras faltas, y de esta manera ^las confesamos y reconocemos, reconociendo al mismo tiempo la imposibilidad en que nos hallamos de satisfacer y de desagraviar al Señor, ofendido por ellas, sí su misericordia no nos asiste. Para mas obligar-^ ie-, le exponemos haber cumplido con la condición que su divino Hijo nos impuso, aL decirnos: si perdonáis á los otros hombres las faltas que cometan contra vosotros , mi Padre celestial perdonará las vuestras.
Que el Señor no nos deje caer en la tentación es lo sexto que le pedímos , esto es , que nos libre de las ocasiones de ofenderle, y que aun en el caso que las tentaciones nos asaltaren seamos sostenidos por la gracií^.
Pedimos lo séptimo que el Señor nos libre de mal , es decir , de todo lo que dentro y fuera de •nosotros pudiera hacernos perder su amistad y
amor. *
Debo encargaros , hijos mios , el uso frecuente de la oración dominical. Esta contiene , dice san Agustin , todo lo que debemos díssear , todo lo que podemos pedir á Dios , siendo imposible pedir con un espíritu verdaderamente cristiano otras cosas que las contenidas en ella. Y si Dios h^
6 tA MORAL DEL LABRAflOR. 5Í3
ofrecido que n^ida negará de cuanto se le pida en nombre de su Hijo , ¿cuanta mayor seguridad tendremos de ser oidos cuando pronunciamos sus mismas palabras y expresiones? Cuando llegan al trono de Dios vivo dirigidas por nosotros desde la tierra las mismas palabras que salieron de la boca de su mismo Hijo , j podrán dejar de inclinarle en nuestro favor ? Quisiera yo que los labradores que tienen por difícil el trato con Dios, y que se retraen de orar por no saber qué decir, ni cómo explicarse , se persuadiesen de que la oración del Padre nuestro dicha con un espíritu verdaderamente cristiano , es la oración mas perfecta que puede hacerse á Dios , y que los hombres mas sabios , los que mas han adelantado en la perfección nq pueden hablarle de un niodo mas digno que cuando se valen de la$ mismas palabras de que Jesucristo quiso que nos sirviéramos para orar* .
Diferentes circunstancias deben acompañar a nuestras suplicas para que sean admitidas en el trono de Dios, Es la primera el hacerlas, siempre en nombre de Jesucristo. El hombre se hizo por el pecada enemigo de Dios , y el Señor dijo que apartaba su cara del hombre para na oir su voz; Cuanto nazca pues de nosotros mismos, cuanto se le presente sin otra recomendación, es des-^ echado. Pero tenemos un abogado para con el Padre , un mediador , que es el justo por excelencia , y si nos valemos de su nombre , entonces nuestras oraciones son oidas , porque el poder del intercesor suple con ventajas nuestros defectos. Por ^sta razón nos asegura el mismo Jesu^ cristo que consigue de su Padre cuanto le pide, y que lo mismo sucederá con cuanto le pidamps
54 EL BARÓN DE ROBmSKf
en su nombre ; y por esto también nuestra madre la Iglesia acaba todas sus oraciones confesando hacerlas por nuestro señor Jesucristo.
La distracción en las visitas que hacemos i los grandes del mundo es una falta de urbanidad que nos haria despreciables , y que sería causa dé que no se inclinasen á nuestro favor. ¿Cuánto mayor lo será pues cuando nos acercamos al Omnipotente , al Ser de los seres , á aquel Señor de quien todo depende ? ''Orar con atención será pues la segunda circunstancia de nuestras súplicas ; aunque es verdad que Jas -distracciones involuniarias que nacen de nuestra flaqueza y de nuestra miseria no nos serán perjudiciales. Estas distracciones deberán servir ;para^huniillarnós > y para reconocer nuestraipobreza ^¡y Ja necesidad que tenemos del /socorro de ^iúSé
La oración del [pobre es la que Dios áos&t^ esto es, la oraciondel '^contrito y del humilde. La pompa de ^las solemnidades , la magnificencia exterior del cülto y de los ^templos , irrita mas que agrada al Sefior^'sinoprOKceaen -las oraciones que alli se le dirigen de un corazón contrito y humillado. ¿Áquién miraré yo, dice el Señor , sino al pobteciio y al humilde ; al arrepentido de coraron , y al que tiembla delante de mis palabras? La humilSaa-será pues la tercera circunstancia de laoracioíi*
Será la cuarta el pedir siempre con coniSanza. :¿ Y cómo ¡podremos desconfiaran nuestras súplicas cuando el mismo Dios nos ha dicho que se nos dará si pedimos, y que se nos abrirá si llamamos ? i Quién de uosótros , dijo Jesucristo, dará á sus hijos piedras cuando le piden pañi I Qjuién Jes dará una serpiente en lugar de un
ó LA MORAL BEL LABRADOR. 55
pez'i z T quién un escorpión en lugar de un hue^ vol Pues si vosotros y siendo malos ^ dais cosas buenas á vuestros hijos i cuanto mejor os las dará, el Padre celestial ?.
Mas algunas, veces se. pide , y no:? se logra.. Este es un error , hijos, mios ,^ porque- jamas se deja de alcanzar lo, que ser pide, bien, y si lo que se pide ño. se, consigue; será i porque: no. se. pide como se debe,. Hemos .dicho .que el rey no. de Dios, . y los medios que nos .deben, servir para, llegar á él , es. lo. único, que, nos. es. permitido, pedir sia restricción.alguna , y si lo. pedimos ion la. debida disposición, y con Jas.condíciónes;que. se. requieren , no podemos; dudar, que lOi alcanzaremos, , pues . la, palabra- de. Dios.está. de- por; medio. He- • mos dichó>tambien¿que. las; cosas; temporales í necesarias . para; lai vida/,, solo^ deheni pedirse: en el caso que. convengan . al . bien . de: nuestras i almas, y de aqui; es . que se. nos niegan muchas ; vecesj pero.negandosej se, nos; concede: lo. que.pedimos, si;lo.hacemQS:debidamente ;: porque, nuestro deseo y, nuestra: intención» es, eL que: sc: nos anieguen si han dé perjudicar ái nuestra! saluda Asi es como severifica^que. Ja: oración, es icficaz, que penetra los cielos , y que hace, bajar, sobre nosotros sus favores jy estai es: lá! razón de la necesidad de pedir, con.perseyeranciá y con porfía , que. es: la: líltilnai circunstancia de la oración.
Muchas veces dilata Dios la dispensacií«ií de sus dones , ó sea para aumentar, nuestra fervor en pedir ó nuestro agradecimiento^ cuando con* seguimos ; ó sea para.queentre el.dón que solicitamos y nuestros i méritos; hay a mas proporción , ó sea por otras ;causas reservadas á su sabiduría i pero lo cierto, es que Jesucristo nos man*
56 EL BARÓN DE ROBINSKI
da pedir siempre , y pedir sin cansarnos de pedir. Nada mas oportuno para convencernos de esta verdad que lo que el Evangelio nos refiere de la cananea. Esta muger , que era de una raza aborrecida de los judíos , raza que estos de- .'
bieron exterminar por orden de Dios, se presen- r
tó á Jesucristo pidiéndole librase á su hija del ^
demonio que la atormentaba y poseía. El Señor no contestó á sus ruegos , y con su silencio la dio á entender que despreciaba su oración. Como ella sin embargo continuaba en pedir y el Señor en callar , dijeron los discípulos á su maestro: Señor , mandad que se vaya esta muger , ó conce^ dedla lo que pide. — To no he sido enviado , \t^ respondió el Señor , sino para las ovejas perdidas de la casa de Israel. Esta respuesta era decisiva , y no dejaba la menor esperanza á la cananea , que no pertenecía á esta casa ; y sin embargo de esto se dobla su fervor, se arroja á los pies de Jesucristo , y le dice : Señor , socorredme. A pesar de esto continúa el 3eñor en su negativa , y lá hace el desprecio de compararla á los /perros, diciéndola : no es justo que se dé á los perros el pan de los hijos. — Pues^ Señor ^ replicó la cañonea , los cachorros se alimentan tam^ bien de las migas de pan que caen de la mesa de sus señares , como si dijese : conozco , Señor , mi indignidad; soy como los perros en comparación de los hijos de Israel; pero aun asi debéis socorredme; porque también los cachorros se alimentan de lo que se desprende de la mesa de sus señores. \0h muger ^ exclamó entonces Jesucristo, movido de la perseverancia de la cananea^ j cuan grande es tu fé ! Hágase como lo deseas. No se necesitan largos discursos para que
ó tÁ MQRArDBl LABRADOR.
Dios etitienda nuestra necesidad i no es menester ser elocuente para hablar con Dios. J3ast^ elevar á él nuestro corazón, y decirle: socorredaosj Señor 9 bendecidnos. En cuantas^ ocasK>nQ$, nos parezca Jiecesitar de su socorro; (¿y ^Q cuáles no 4e necesitamos?) levantemos acia él nuestro co? razón, levantémosle acia el delo^ que es nuestra .patria: desde alli deben bsyar sobre nosotros los bienes espirituales y. temporales, y la^ oiíacion es la que puede atraerlos isobre la tierra. <i
De ¡a obligación de amar á Dios.
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El amor de'pios^ bijos^ mios,Meeia elBaroa á sus discípulos , es^ lar > principal obligación, del bombre. Para' el que ho^^ cúmpte ^Ofi ella nobay salud , no hay felicidad. El precepto de - amar á Dios es el gran precepto de la ley , es el primer ttiandamiento , grabado ¡eiy iiuestros corazones por la ley natural, c&mprendidaeni eiide adorar i Dios , que fue el p^imeto ^^iiie sd esculpió i ^ las tablas de piedra- c^e contení^ 4a ley ( escrita , y promulgado pdr Jesucristo en su ley .^rangéüca del modo mas soleinne/
• En efecto: el hombre ^debe amar^ porqué debe ser feliz, y sin ámoír no hayfeUciiüd. Elque ^no atha tiene ociosa su ^voluntad , 'la-priva del %>ntent(> que' réáiilta de- la pose^ptD dd c^jecd amado , y no es feliz el^ue no vive contento y satisfecho. El amor hace^ que el hombre bi^ue el fin y los medias que dd)en proporcionarle sil posesión: Lo primero pues que lel < honctbre 'deb^ •mar eS Áhil^ftmis^^' el bien soberano ^¿IbjeÉi
SÍS £L mAKOV DE KOBINSKt ■
por excelencia, el bien infinjto , y este bien es D¡os« £1 bien absoluto debe amarse absoluta*- mente v y^^ ' demás bienes que se otefíeren á él deben amarse con esta referencia. Este orden de nuestro ^ amor es* lo > que se llacna caridad , ^ amor ordenado, racional « y^ legítimo , y rse verifica cuando se ama i J>ios sobre todas las cosas, por ser el bien superior á todos los bienes, «^ cuando se' a^ á las criaturas con.icelacion á Dios. Cuando' [loriel cbxitraiuo nos apartamos dé esta regla , y amamos alguna cosa mas que á Dios, (Jia,amsu;nos^por ella misma, ^ sirt referencia al bien soberano, entonces nuestro amor es concupiscencia, amor desordenado , anior vicioso. Estos dos amores, los únicos que pueden ocu- {iar.:¿3 ícoraa^^ húmmí^^ forman dos; ciudades, dücer isáUi i^^üstin ', ? Jeruf aíí n^.y ]&^\Á\^hit Amb^ ^ia4Qja;sui¡Rey,'y sus cítwddapps i sjjs /Ifcy^s y su esperanza b se^ama eúTllaá dos ,'pero CQpdanotatablc' diferenqi4> 'qufe iín Jer asilen se aín^á Dios
ba^ta despredacw el bpmbreii» Epi^FUfl^iy .0P Bst bilanüiSe dími}c\íhoíthT^Á'mimisp\Q b^fitp Uegaí
á;despréciárá J>ios*^-^sucj:jíáíi0| 05 M R^ide Jeíiju^altín }'lo\síitttoa;yrilQ$íiÍustíi)i^, s»p.§U| ^udM^r nos j Ja. ley que. allí .rige es, la voluntad de. tiio^^ y la esperanza de esta ciudad es la vida etqrn;|> EL Rey: d? Babilonia, bS'Qlidi¿ibl<^^:k^;<lMieíP? dejan llé^¿r deiflús Dr<)piaS'fpafiáíOaá8 soijxsjiii^i cij^daf
Iknos/iiswiileyjss; tes ;d^ teundíí^cy iu i jespgr#n?»
lj^¡t¿eifc¿ tcoipoxftjesi E»a».(á»4ad^s íjose^íi^Uaf-^ epárad») matér i wnen^ !env es^a ;^YÍda(, -. v ^sm ciu7 íadanós. yíven; rtiezclaaosíjjr -coaaí'uoíiidos , : asis? tíendo.á la&.mismas cerenKí>^aí^ y ( flnf Qpapdxi), ijq páQ^s -Kretes. íloljiíismos. c^nticps^ ^ S^lo>k Umu(^p^ dbicád^'jJüQQ iCk/iruiandO} 1^ 9«^ap)9A js^ Y$rMc%
11 ^
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6 LA ÜfOíKA^L'BEIi'LABRApOK. g^
y entonces es <ruajñdo cada )í]ao sigue á su Rey; ios^ de. Jerusaienii Jesucrístp y y. Jos de ^plxlonia al ;c&KUojál qdea\áirt^íaráiau> Noi olvi4?Í8 , iÚJ9^ áaosy esta: doctrina ^ liara conyeoceras d«i ^^jQeccr sid2Bálde:arnátt J^o&,. lY quMn^jip gop^rá #qU(^ ila pureza in^terítble , incapiKz 4e süfrii; ;la me-f ñor maitcha.de pecada; aqueUia verdad pura y^ pop ffifiarda 9 a^uelía justipia. infinita que p^agfjn ns¿ co8a . |>a^de torcer ? Si aixtamos en Ips hp(Qb f^ eslías. ciialidades^'^estaki^ífCudeá., Ijín et^bargQ: dc) sfii* tsm üooipeifeeta^., tan 'Bj|iitada$ ^ tan apiles deí desvanecerle 9 ¿con cUráta razón deberen)Q$ anpiafi' al que las posee: en :un grado infinitó ^ al qué las tiene por su esencia njisma ? . . i ,
^ Pero veamofii lo que Dios es para noüQftrM,» Él es nuestro Dios ^ .es todo nResitto bien j i»A^ fiíeríte de todo cmt^spmmy t^H^mc^.^t^nv^e^^ tro fin, ni^stra felicidad, Qu^stro< hmi úijícqí Nos.anla infinitamente , nos amó a^tes que nosotros le amasemos, nos dio á su mismo Hijo , eé dedr , cuanto; podia darnos : 00$ ;Uama cuandq k dejamos ,. :nos biis^ y í^qs. previene , nos p^r-i doraa cuando Ifc v^i?ejTios á ^mftr y olvida «itoiin ees nueítraviofideUdsid y!ftuje3ti;Qjj:de$víps*i;^ t^jh tas perfecciones ,» un a^or tan grande , qo ser4 pagado ron el nuestro.?? {Ah ! nuestro cor^zojj debe amai: á Dios coOrtoda ^u: fuc^z^^^isii^ tasa pi mei dida , si ha. de oorrespond^^^ raR}Pi^<'4iviiK>, y 8Íha/decumpiirHC<»ii«tJbd¿ber- oj.í^ííi;;. r :/í ; De^^aquise i]^erel9^jieceáid^(l,d^ hacer iPl^fas de amoB^ porque el que no ias hace na ama. jgi amor e» aciivJOt y diligente , fio conoce la ociosi<* dad j ái es estéri^ paia^el objeto que am^. HijitBs. mhfy decía san Juan^ rik amemos 4e pafabra , ni cali liíUngMi^.iééo.SQniÉbr0sy. ^vtrftaá.utí; fruá}^
podf áASer h^obtas dé amar? Todos losdeseds^ to» dos k^'p^iisamiéñtQ»vlbda&!^s>^ que ten?
gatí l^ar^rmei^a (á caddád. CUaátp háceiiiids poc agrad^^ á'!CHk)ir^y por matiif^$tsurléimiesti^ $vttm^ sk^ á^ü ley y esí'óbí^ dé ambi. Aú paesidas 1Í4 ntoáiiák^ lo» so¿ot^os, de , ciáílquferá dase qué fiíéféA^ que propórcipliamo^ por aitnor deDios á nU£StF0s^ li0rii^nbs; di ¿espeten y^ la: asistaacáa que {k^i"^^! lirismo aritú)rdamó$ á tiuií^tro^ padre&y^ su-^ piriof é& j ^ 4:tíÍá:^o de^ educar üen • á nikstros laáj&ls /I» paciencia ¿on qtib sufrimos las adversidades y te^^faitais (ie muéstitos hermanos^ d dí^ustb ^üe sentidos cuáitido sucede alguna cosa ^ contra el honor de Dios , el placer qiie experimentamos tíiíáfífao 'sontos '©^silgos de ■ laá buenas^^ obras de éüestrós^^rógiíños , y €üaado los vemc^en lá prcfef:íeiidád;i tódós,estosylo¡s demás de la misma iíatu!?alé2{a ¿oti áctOs? veladeros de amor de Dios* ' Las aspiraciones acia él, los transportes de fmestro corazón acia este Ser infinitamente amable^ lois deseos ardientes de^ poseerle , las palabras cbrií qwé le manifestamos este • amort,^ son tambfení actos amotógos^, y actos que debemos practí-» c&W Pero debemos cuidar Sobremanera de no li-^ fbitiifrioa á solas laá palabras, dejando las obras éJíteríóíés que acrediten este amor de que nos gk>f riamos ; porgue el amor na consiste en paáabras, iiovjdihí^fete en rádones ^ las cte s<mi sa vtíf^ dadera alimento , y lá di^ii^ '<jué , fe' disíinguéi fG(5fñd'iMí^)periuá(MFemo& de ^ ani^^áiDios, por haatf qiífe sus paíabras lo manifieste^ j; aquél quenáafma á sus herínatios, qué na los perdona, ^íie^ los piíi)slguery^ los calumnia , que. no ik>$ ^so^ *orre , que Sé coiri^lace eári aum^taíK siLulesgra^ éeí I Yediai^ y hijofi^^ mim^la^ veniádepiv^piaii^há
ó CA IfORAt BEL LABRADOR. 6i
dú amor , complacer al amado , hacer lo que desea 9 y ateteaerse de todo lo que probibe. * P^ra amar á Dios con todas nuestras fuerzas^ es< indispensable que este, aínor sea el alma y el principio de todas nuestras obras, y que todo lo que ejecutemos , sea por este amor , le ten^a por principio , y se refiera á él. Nosotros , decía san rabio,. ^0 somos ya nuestros i somos de aquel que nos redimió á precio de su safare i y ora vivamos^ ora muramos, somos todos de Jesucristo, y le pertenecemos como propiedad st^a. Cuando comáis, o cuando bebáis , ó cuando' ejecutéis cualquiera otra obra, hacedlo siempre por la gloria de Dios. Mas para que se verifique esta referencia , no es necesaria que al tiempo de ejecutar cadá^una de nuestras acciones , la refiramos á Dios , aunque sería de desear este grado de perfección cristiana. Bastará formar alguna vez esta voluntad , y obrar «iempre conforme á la de Dios y sin desviarse. Asi el labrador , que al principio del día ofrece á DiQS todas sus acciones , y le emplea despue$ en el trabajo y en el cumplimiento de sus debe** res, habrá cun^Udo con el pitecéptd dei referirle todas sus obras.
El que no crece en el amor de Dios no' puede' decir que le ama con todas susi fuerzas i^í^ que si las ejercita todas en amar será indíspe£H sable que se aumenDen y crezcan con t\^ násttío ejercícia Nuestra memoria crece con el trabaje^ nuestro entendimiento aumenta sus luces 'con el estudio t no estará pues excluida la Voluntad de ^tá ley general que gobierna las potencias del 2úaia , V comt> los miembros de. miestra cuerpo^
£s : tan ímpoirtante "ú precepto de amará Díos^ y su nece^dad tanab&pluta, que debeoios traban»
jar incesantemente en su cumplimiento , para prcv^ porcionar algún descanso á nuestras almas, i Pe^ ro. será, posible á nuestra flaqueza el conocer si amamos á Dios; como debemos I Sm duda alguna^ £1 mismo Dios se ha complacido en ^roos una regla segura para conocer si le amamos. E¡ que tiene mis mandamientos y los observa , aquel tne ama i el que no me ama no guarda mis pafab^ask. Seamos pues fíeles á la ley del Señor , observe^ nK)s con exactitud todos sus preceptos , sin ex^ cluir el mas pequeño, y entonces podremos estas ciertos de que le amamos.
Del culto dehido áDios^
. \> El Ser supremo , el Criador de todas las cosas, y su conservador , debe recibir el homenage de sus criaturas. Las avecillas le saludan por la ma^ ñaña:. el sol, la luna y las estrellas manifiestan su sumisión , siguiendo constantemente en su curso las leyes que se les impusieron desde el principio ? respeta el mar los límites que le se**» ¿alo su Hacedor ; todas las obras dé; sus manos anuncian su gloria, y^ su grandeza , y recónopenáu\ poder. ¿Y eL honabre, esta, criatura in-» teligente y destinada f á gozar de Dios y po*^ seerle, nó le adorairá, tributándole homenages que manifiesten, su dependencia del Ser eterno, de quien, ha. recibido cuanto tiene ? Alorareis al Señor vuestro Dios^y 4 ^l solo serviréis : no os fyMaareis imágenes ni figuras: de las ¡cosas cria^
ó X,A MORAL DEt LABJIADOR. gj
das para adorarlas. Estas son las palabras de aquér lia ley que el Señor dio á su pueblo desde el ííinaí , ea .medio de tempestades y relámpagos, .que anunciaban su poder y su' grandeza. ' . Humillarse delante de Dios, reconocer susu- |>rema dominación , confesar su grandeza , alabar su gloria y magestad , agradecerle sus bene^ figios, y temblar de respeto en su presencia; ved j^qui en que consiste la adoración que le debe** JDPS dar con el interior 4e nuestras aknas , y con las acciones exteriores de nuestro cuerpo , como ia$ palabras, las genuflexiones, la elevación de nuestras manos , y la humillación de nuestras cabezas hasta el polvo. El hombre ha retíbido de Dios el alma y el cuerpo; los actos exteriores contribuyen á excitar los afectos: del - alma : de i^mbas cosas plies.se debe servir para 4arle ho^ menag^ y reverencia. Pero como Dios es espíritu puro, y el alma también espiritual, es la parte mas noble del hombre : en ella debe principalnieiue consistir la adoración que le tributamos; pqrque la disposición interior del alma es la verdad^eja disptksicioa del hombre, y su huiniUacioa delante de Dios, acompañada de un espíritu ver^- 4aderamente cristiano , y fiel al cumplimiento de Si)s deberesi, €;s Ja paj;te e$encial de la adoración, ]pí jcircjiínstanqia : indÍ3pensable para qi» el Sepojp S^vdigne msípXz^t\2L. xiPvr, qvé m hacéis vémr ifh^ fiemos de Sabá^y perfufi^s de:¡a$ tierrM iejanad 4^m . píos por > up ,1? refuta suyo : - vu^sPrüS saxifh fictos', no me son agradables ^ ni vuestras, victi^ mas i porque yo. no mandé á vuestros padres qü9 fikí Iqs ofireidie^en ^ sinff que. excuchasen. mis. ptla^ brafyyypferiasuJDiiQs*: ( , . r.Asi jpue» , iHJÓs míos y. cuid^OMS ^breoiaiiera
64 . ' SL BAROK DE HOBINSKf
de ser puros delante de nuestro Dios , de obser* var exactamente su ley , de anonadarnos en su presencia , de temblar de respeto delante de su Magestad adorable , como la parte mas principal^ como la esencia de su culto ; y con esta necesaria disposición practiquemos todos los actos exteriores <jue el mismo Dios nos prescribe por sí mismo ó por el conducto de su Iglesia , si que-*^ Temos poseer la virtud de la religión , y cumplir coa el deber de adorar y de tributar al Ser supremo el homenage de nuestro culto.
Pero entre todas las prácticas religiosas nin^ guna hay tan noble, ninguna tan importante como el augusto sacríñcio de la misa , en que ofrecemos á Dios Padre la sacrosanta víctima de su Hijo. No satisfecho el amor de este con ha« berse ofrecido por nosotros en el Calvario ; no contento con el sacrificio continuo que como Sa^^ cerdote eterno ofrece á su Padre en el trono de gloria en que está sentado ; ha querido quedarse con nosotros, y prestarse á que nosotros mismos le ofrezcamos para cumplir con el deber que nos impone la religión de tributar á Dios un culto ^radable.
Esta misma obligación de adorar á Dios ex^ (cluye del hombre ciertos actos que le ofenden^ y que debéis conocer, para no faltar en materia tan importante: £1 primero es la idolatría , qtte tonsisté en adorar las criaturas ea lugar de Dios^ eti tributarles homenage , y en poner nuestro co¿ razón en "ellas. £1 que reconoce por Dios alguna de las criaturas, y la adora; el avaro para quieti su tesoro es su último fin ; el ambicioso que no aspira sino á los honores y dignidades , sacrifi*- Cándido todo para lograrlas } el sensual que sdb
ó 'LA ;HORAL DEL LABRADOR. 6S
•vive para los placeres carnales; todos estos y los demás que se prefieren á si mismos , y que anteponen las criaturas al, Señor ^ falcan al deber de adorarle á él solo 9 y de servirle.
La superstición es también opuesta al culto religioso 9 y bonsiste en adrhltir ceremonias y ritos diferentes de los que el mismo Dios nos señala 9 ó de los adoptados por su Iglesia ; en emplear medios impropios ^ara^lográir el fin , y en querer adivinar por niedio^ reprobados ó ridículos los secretos de It) futuro. Asi és que desagrada á Dios el que sigue titos particulares , no reconocidos por la Iglesia : el que intenta curar loa males , ó conseguir lo que desea por medio de oraciones y palabras ridiculas é insignificantes , de yerbas puestas en cruz , de bebidas 6 de comidas que no tienen rékcion nsrtural con el mal ó con el objeto, ó suponiendo virtudes imaginarias que Dios no ha dado á las cosas de que nos servimos ; y el que cree en la buena ventura dada por otros hombres ; en que el sol al nacer en cierto di^ descubre lo futuro j en brujas , hechiceros, &c. Solo Dios conoce lo venidero; y él atribuir á otro que á él este conocimiento , es agraviarle y desalojarle de una de sus infinitas perfecciones.
El fanatismo no es menos opuesto & la reli- *giony y consiste en j^ehsái: que íse Wírípláce & Dios eonf un telo exc^ivd, indiscirfeto y'repr<>- bádo por él mismo, y en atropéíftir su sarita lej^, sus divinos preceptos , su caridaid infinita , creyendo complacerle. No perdáis dé ViSta ^ hijos :nüos , á Jesucristo ; tomadle por modelo de vuestras accidnes ;' no ; pérsigaíi J- no destruyáis'^ vuestros hermanos ,' amftSos4e corazón^ amad-
66 £L BAKON DE KOBINSKI
los como á vosotros mismos ; estad dispuestos á dar la vida por salvarlos,. si fuere menester; usad con ellos' jd^í indulgencia 9 escusadlos. siempre que podáis, y defendodlos en lugar dQ. acusarlos y <ié. calumniarlos : asi imitareis, al qu^ vino á salvar y no á perder , ál quQ diá su vida por los mismos que le crucificaron. Si los hon^bres, s^ apartan de sus deberes , á Pipi y no 4 vosQtcos, toca
illa venganza ; y aun.CQntra los mismos. quft os; persigan y ciliiiÉoniea ítí>t.empkeis. otras, armas, que la.dukur^ y la pacfeacia , que fiajeron Isá arínas de Jesucristo,.: CooSQlaos, con, pensar que hay otra vida , en donde seráá felices, los mansos de
» corazón y los pacíficos., y desgraciados por una, eternidad loi coléricos,^ los. eayidiosQS y, lo% vea^
•gatiVQ$.. • 'i ^ . ,■:'^ \ ,_ .
Absteneos; d^ decic de. Piós; ó, de atribuirle: cosas, improjíias, dít.su. Jíifínita^ perfección.^ y también de atribuir y de ceconocer en criatura algima un. pod^i: que^ sqIq, puede venii: de su niano soberana, ¿ pQrqye. en «sta consiste el pecado de. la blasfemia v^Wí es. el cuarto que \puede. come?- terse conti:a.k reUgipn^
Las, cosas, sagradas, se deben respetar como consagradas. 4. Dios mas particularmente que las otras ; y este respeto debe^ consistir eo. no des- . preciara??, pÁ destiflarlíts ilusos. iMfofaoosí, opuestos á; ^quei páirac €íl cual. se.. festinaron, y consa-
.grarc3in.. í^q^QlyÍd¿W9st,Mi?í qvíe los va^sQs. y or- ^iMtmeaíQS,4él <cnlt« del Señor.,; los. templos, los sacran^eptos, los santos libros, la palabra de Dios , los ritos, de la Iglesia , las sepulturas , los minjstípgj.y jlqji: persQa93> consagradas ^ á su ser^ Tigicio i^j y. npsQ/sosíí^isínos y nue^trc^.cuerpoís, j^ynf^^os.vivpf^d^^^ no olvi-
6 líA MORAl, DEL LABRADOR. 67
demos, repito', que todas estas cosas y persona^ deben tratarse santatnente , para eviíár qí sacrilegio condenardo por nuestra xeligioiii
Del cuito de hs tantos. . - ' ' •
£1 culto de los santos debe entenderse como le enseña la %lesia, para no quebrantar el santo precepto de adorar a Dios solo. Los isantos , bi-*^ jos nnos , por eiK^ambrada que hubiere sido au virtud ^ por grande que sea la gloria de que go« zan, no son mas que unas felices criaturas , ea quienes Dios- ^ ba tom^acido derf sítnaado sug gracias* Pe ningún podet gozau por si cnismoi; todo su poder viene de I^os , y éste e¿ por esta? causa el único Ser digno de nuestras adoracionea y bomenages. Nuestros sacrificios deben pues di^ rigirse á solo Dios , á él solo deben dedicarse nuestroia templos ^ á solo Dioá podemos, pedir k)S bienes que neceskaíQcí^ ^ pfttqUe él Bolo ts la füen* te. del poder» Los .santos, como amigos de Dios, como ciudadanos de su corte , i^omo ^admitidos á su gracia y á su ,Í4VQí , püedeú interceder der lante de su trono > pueden interesarle para que pipsr nos paga y ¡uosi atieudíi > pueden cpftseguirnos tH Dios fes pendas ique iíieceíiWtBQs í y e$te podejír «s mas vi^bk > -e^ üicoíupaiiabkmente mayor ^n aqüelia dichosa crlatuiríi , en quien á ma-i nos llenas derramó el Omnipotente sus bendicio-, nes, cuando la destinó para madre de su divino HijQ* Por esto los : santos pueden ser. pbjeto de. nuestro culto Qou refórencia.Tá/Dios.^ siümpre quft ventéelos S.US perfecciones, y yiftúdí? ,. ccvno din
^Í2 '
68 Et BARÓN DB ROBIKSKT ''
. manadas de Dios , y como efectos de su gracia y de su bondad.
Es necesario penetrarnos bien de esta doctrina de la Iglesia , para no faltar á nuestros deberes acia X)ios, y para no disputarle sus derechos. El que invoca á los santos en su favor , creyendo que pueden por sí mismos concederle lo que les pide; el que confia en ellos mas que en Dios; el' que 'ios hace objeto de su culto \ úú referencia á Dios ^ único Ser que merece ser adorado, falta gravemente al precepto de Dios , que prcrfíibe la adoración de las- criaturas. Pero no deja de quebraptar las leye« de la Iglesia el que desprecia el culto de los santos, entendido como loen* liende la misma Iglesia, esto es, como miembros vivos <fe Jesucristo, ccnk) vasos de ele¿cion llenos de su gracia y y como poderosos intercesores^ ^ue pueden inclinar á Dios en nuestro favor. Esta es, hijos mios, la fé de la Iglesia , contra la cual £iltaria gravemente el que despreciase el culto de los santos, y el^que redonodese en ellos Un poder absoluto é independiente del de Dios, .
Por último i hijos^ mios ^ grabad profundamente en vuestra memoria que no hay ^ultosin corazón contrito y limpio de afecciones terrenas dominantes , y que Dios aborrece la adoración que no nace de amor ó de íiliial temor. El alma del culto es la justicia y la observancia de la ley; y en vano se en^pkará en prácticas 'exteriores el que no cumple con todos sus preceptos, ó desea eficazmente cumplirlos , el que no vive ó procura vivir en la amistad de Dios. En vano llevará sobre sí rosarios , imágenes , reliquias , escapulaíios y medallas ; eh^vlino asistirá á las funciones del templo del Sefíof , y hará peregrinaciones á
' ó lA MORAL DEL LABRADOR. 69
santuarios distantes. Mirará Dios 'con indignación todas estas cosas , porque las víctimas de los impíos le son abominables, ¿fií/^ casa es estaque \ne edificareis , dice el Señor ? Lo mismo será de^ lante de mi que sacrifiquéis un huey^ que si sacri*^ ficaseis un hombre ; lo mismo será á mis ojos vues^ tro incienso , que si bendijeseis á un ídolo. Vues^ ,tras solemnidades me son odiosas , y solo mirará ai pobrecito y, al humilde que tiembla delante de foi palabra.
Ve la obligación de no jurar en vano.
• "" *
^ El n^ismo respeto que debemos á Dios nos obliga á no jurar en vano su santo nombre, esto es 9 á no tomarle en nuestra boca para hacerle testigo de lo que aseguramos ó prometemos , sino en el caso de concurrir tres circunstancias indis* pensables , la verdad , el juicio y la justicia. *
Concurre la verdad cuando lo que se dice es verdadero , sin restricción , sin ambigüedad , sin equivocación ni subterfugio ^ de manera que aque* Uo mismo que entienden por nuestras palabras^ ios que nos las oyen pronunciar , sea la verdad que juramos , y que prometemos con ániíno dé cumplir í porque el que jura de otro modo , el que jura lo que es falso , el que no intenta cum* plir lo que promete , falta á su deber para con Dios, toma su nombre en vano, y abusa de él de un modo sacrilega ^ Jurar con juicio es jurar cuando $s necesario,'
70 EL BAKON DE ROBINSKI
cuando es indispensable dar esta seguridad de lo que decimos , y cuando estamos del todo ciertos de lo>que pronunciamos. D¿ acjui se infiere cuan criminal es el abuso de los que sin necesidad , y par una detestable costumbre pronu ncian con frecuencia el nombre sacrosanto de Dios ó de las cosas sagradas , ú otras palabras que suelen escandalizar al pronunciarse ^ 6 porque son obscenas por si mismas, ó porque se tienen por tales en la acepción común. No solamente desagr a da al Se* ñor el que sin necesidad se abuse de su nombre, sino también el que se haga un mal uso de las palabras y de las cosas. No juréis pof el cielo ni por la tierra , decia Jesucristo , ni juréis por vuestra cabeza ; porque no os ^s dado ef hacer cambiar de color á vuestros cabellos. Como si dijese : nada os pertenece j todo cuanto existe es propiedad miar todo lestá sujeto á mi poder , todo debe servir para mi gloria^ y de ninguna cosa se 03 permite abusar. No hay persona algu na por rustica y grosera que Sea , que no Se abstenga de jurar y de pronunciar voces obscenas en pre* senci^ de aquellos que le -causan respeto; Jpues cómo es que no piensan que los oídos zelosos de Dios están en todas partes para escuchar las pa* labras del hombre ^ y para castigar sus imprecaciones ?< . ...
Juraí: con justicia es obligarse ^on juramento á .wa, cosa* justa V legítima y permitida , y en este caso el jurañieíito es» válido y produce un deber del cual .el hombre no se puede apartar sin ser infiel á: Dios , á quien llamó en apoyo de su promesa. Mas, si ípior desgraoa se hubiese obligar do con juramento á cosas injustas y desagrada-» bles a Dios 9 deberá>retíráctar;Ío que prometiera^
6 LA MORAL DEL LABRADOR. ?!
abstenerse de cumplir lo que juró , y arrepentirse al mismo tiempo de haber tomado en vano el nombre terrible de su Dios.
De. qui moda se. santificaban las fiestas en casa
del Barón*.
Deseaba: yo k llegada del; domingo para coj^ocer el modo con que el Bairoa haliaa. dispue^t^ la saatificacioa d^ las, fiestas i y ved aqui Ig que presencié..
Cuando entramos al punto, del dia ea el oratorio ) (prpouncid el Barón la. qracioa siguiente.
" Externo. Dio>^ Dios.Tí/iaQ y Uoo, que os hanbeis dígAado. hacer bríUar sobre nosotros el tol wdel domingo, de est$ santo dia^ reservado partir >>culacmentepara.Vos, y que nos mandai3>santifi- ^>car y bende.cir , aceptad nuestra prcrfurMía adowracion..No$ huipUlantós, Señor, en vujestra pre- ♦>se&cia.,^y qs. agradecemos, coa todo el corazón ^>1qs dones, quft os. dignáis, derramar sobre nosowtros.. Haced' j, Señor , que santifiquemos este dia 9>del modo. nia& agradable á vuestra Magestad^ *^que ki empleemos ea vuestras, alabanzas , y eá wQbras. de caridad y de misericordia, y qUe ^^este día, eaque nos, niandais descansar dé los ^^trabajosde la. semana, sea un ensayo de. los que imps; preparáis, en el cielo , en donde os. suplica^' «mos nos. admitáis para, reposar eternamente en »el sena de vuestra gloriía, uniendo nuestros can* ;>tícos y alabanzas 4 Ips^ de vuestros ángeles y ^bienaventurados , por los méritos de nuestro Se- >iñor Jesucristo , que con Vos y el Espíritu San-
7"2 EL BARÓN DE RÓBINSKÍ
fftovive y rey na Dios por los siglos de los siglos. fy Amen. "
Después de pronunciadas en común las oraciones acostumbradas , continuó el Barón.
^ Madre nuestra , Purísima María, Virgen ¡nf^maculada , ayudadnos con vuestra protección, yapara que en este dia , reservado {^ara las alaban^ «zas del Altísimo , cumplamos fielmente con toados sus preceptos, y nada practiquemos que t>pueda desagradar á vuestro Hijo Jesucristo , á •fyquien os suplicamos nos recomendéis para que irnos asista con su gracia.
wY vosotros , ángeles custodios y santos prontectores de esta casa , continuad '' en interceder »>eil nuestro favor delante del trono del Eterno, 9>alcanzándonos' de su Magestad por los méritos wde nuestro Sefior Jesucristo la gracia que nece*-* ^^sitamos para cumplir con la santificación de esté y^dia , á fin de atraernos las bendiciones del Se^ »ñor, y de no merecer los castigos con que ametmaza á los que no le santifican debidamente.''
Se sentó el Baroii después de esta oración , y nos leyó eii idioma vulgar la epístola y el Evangelio de aquel dia, con algunas reifiexiones sobre eliasunto; y concluida la lectura se arrodilló delante del altar ^ y dijo con la Iglesia las oraciones de la misa«
Concluido esto ños dirigimos al jardín ^ en donde estuvimos con\^ersañdo hasta que vino Pe* dró de san Juan , en donde habia oido la prime* ra misa , para quedarse en casa , mientras todos nosotros y los criados íbamos á la Misa parroquial.* De^áy unámonos, y partiftios con este objeto^. t. Por el ^camino me tuvo el Barón este discurso: si A querer criticar la opinión agena, creoyó
6 £A MORAl DEL lABUÁDOR. 73
que se debe oír, cuando se puede, la misa parro-* quial para cumplir con el precepto de santificar el domingo. Asi lo ejecutaban los fíeles en los primeros siglos ; y aun en los posteriores la Iglesia congregada en los concilios ha deseado siempre que los feligreses se reiinañ á. su propio pastor , y que formen por este medio un cuerpo ó congregación de fíeles unidos á su cabeza. Por este medio las ovejas pueden ser conocidas del que se halla encargado de su dirección, y se verifica de un modo mas visible la unidad de que la Iglesia es tan zelosa. La misa parroquial es^ la misa del pueblo, y en ella se reciben las instrucciones del propio párroco , y las advertencias de lo que conviene observarse düratíte la semana; Cadd. aparroquia es una familia , cuyo gefo es- eí ¿ura, *y cuyos subditos sota los feligreses j ¿cómopucss dejará dé parecer extrafió^^que los hijos abandonen la mesa de sus padres ? La iglesia parroquial es la iglesia de los parroquianos; en ella reciben los sacramentos y los consuelos principales de la Teligioh; jpor cjtfé pües;sferá permitido él ¿bandí^- narla enüos diás festivos,- destinados |^ra ias alabanzas del Señor ? l Cófcno podrá ' aprobarse qué los fieles, desamparen a su pastor , y que solo recurran á su asistencia , cuando los demás ministros no pueden dispensármela' por 'prohibirlo las •disposiciones de la Iglesia? -^ ' r ^ " ^'j u/ . í ) - ^ Yo puedo ategüraro^ que jáftiás lá Iglésiít tííe parece tan bella y tan terrible com6Mcüa¿tdo lá contemplo presidida {íor el pastbt, y en pos dd estandarte dé la parroquia, en lá pfotesion, poir egémplo^ que i^r&eede i: la fflisa parroquial. iCóríto ^ejátáá'de poderse eii^ huida |üs espíritus w les ú ver k los fieles fóhiiados en' bataí&ák y unn
74 £L BARÓN D£ KOBIKSKI
dos á SU gefe marchar en orden , siguiendo la bandera de la Cruz? Esta unión me parece tan poderosa 9 que hace violencia, por decirlo asi, á la liberalidad y misericordia d^ nuestro Dios. Y cuando considero que el mismo Jesucristo representado en la persona del cura párroco recorre el lugar santo para pasar revista á sus ovejas, advertir las que faltan , y reconocer por sí mismo si se hallan con el vestido nupcial todos los . convidados ; cuando veo al pastor detenerse en medio de la nave del templo p^ra unir sus oraciones con las de los fieles en él mismo lugar que .estos ocupan ; no puedo dejar de llenarme de admiración por la indiferencia con que suelen mitrarse unas^ ceremonias tan misteriosas.
El domingo es el día, que el Señor ha- reservad© para si solo ep la nuev? ley. Es el dia en que Dios Padre comenzó la creación del /pundo ; jel dia en que Dios Hijo resucitó de entre los muertos y venció al demonio libertándonos de $u yugo ; y •el dia en que Dios Espíritu Santp descendí sobrp los Apóstoles, y nos crió de nuevo , para noy^ vir y^seg^in la carne , ^ino según la Jey del e^- pí ritual . ¡Qué motivos tan poderojos^pa^a la santificación de este dia! ... Para que esto se verifique por nuestra partp ;^onf^riíl^,4rlQS.jprecep;tps de Dios , es ipenestíc emplear el dia en su servicia y §n ,su alaban;;^ ^:q§te {|ip ¿e npa manda cesar. ej;j/je^.tral^^^^ aquella?rP<?}a^fl9Íoñes. d^ la vid^;^ qu^e .pos 4isr traerían de este ^ deber, y para l^s cuales .se np$ conceden los d?ípas días ; d^ la semana. De aquí iSie jpjSere qpe, nft.f j ,¿n , de?c?^M qü^^.^ n% PX^sqqhf í.;^,i^.u^ .4€«^áa>9, de:laj8 íaeíjas awstumtjr^aíl^vpara entr^garftgs^¿^| juegst
\ \
<$ LA MORAE DEL lABKADOR. 75
y á las diversiones' profanas, siao un descanso del •cuerpo . pora que • él .alma ^e ocupe toda en las buenas obra&9 y tb alabar á su Criador. ,E1 que notrabaja ea el doniingo^ =y pasa este dia en entreteoimientós mundanos^ en hacer excesos de glotonería, cumple menos con eí precepto, que el que trabaja y se abstiene de semejantes ocuf ar clones; porque lo cierto es que la Iglesia misma nos pernvt€ el trabajo por medio de nuestro propK> párroco, cuando la necesidad asi Ip exige^ jcuando ui^e la recolección de los frutos ,; la se^ fliéntera y otras operaciones esenciales ^ cuando no.se puede mantener de otro modo la familia; en suma, cuando asi lo prescribe la imperiosa ley de la necesidad-: pero jamas , jamas nos permite el pasar este 'día en^ juegos y en diversiones. Asi pues para cumplir con elpteceptp de la san-- tífícacion de lais fiestas nos debemos abstener del trabajo ,. y debemos oir la sapta misa , asistir á las demás funciones de la Iglesia y hacer obras de caridad Estas eran las ocupaciones delps primeros fíeles^, que cuando podian, pas;ibañ lel dor mingo y las grandes, festividades unidos en la Iglé-i sia con su obispo , y «fetas también debeti ser las auestras. Puédense hacer algunas visitas de amis* tad , puédense destinar algunos momentos para una recreación racional y 'honesta; pero la ipar yor parte de estos dias dfebe emplea rfi;et 9n alabar á Dios , y practicar obras de caridad y de ipisérícordia* " i ; ?
Con esto llegamos á «san Juan, y después de haber asistido á todos los oficios de la, parroquia^ irisitamos al señor cuia^, con quien se entre-i tuvojél Barón sdbre el .estado del hospital y el de ^Igunofii ' habitauteá fiéo^itados % Cti3{iifest49?t
76 tt BARO» »B X6BI1ÍSKÍ ^
dolé al mismo tienipo la cantidad, que por stí cott^ ductp ponia á la disposición de Ja junta de beneficencia para las necesidades de la semana. . . ] ' . Desde casa del señor cura pasamos á visitar dos casas de las principales del pueblo^. y 'acaban das ambas visitas, volvimos á Colombier. Ape-- ñas llegamos cuando nos dirigimos al oratorio^ en donde prpnunció el Baron la oración siguiente: -: "íEnerno Dio¿, verdad por. esencia, hacedor ff»y conservador omíiipotente de todas las cosas, wá QÚy^ voz ^el sol llena de fuego y de calor el «^mediodía ; reconocemos vuestro poder , alaban »^mos vuestra Magestad, y nos postramos en vues^ fyttsi presencia. Apartad, Señor, de nosotros el ca* 9>lor de las paciones , y el espíritu de desunión y dé ^discordia : conservad la ¿alud de nuesti-os cuer^ f>pos^ y la paz y tranquilidad de nuestras, almas, rapara que después de haberos alabada y servido »en esta vida , leeremos unir nuestras alabanzas 9>en la otra, á las que vuestros ángeles y bíen<F 9>aventura(íós os dirigen iin cesar en el cielo ^>pdr ^>los méritos de «nuestro Señor ;Jesüoristo , que con ifVos y el Espíritu Santo vive y reyna Dios flor í»k)s siglos de los siglos. Amen.^^ 1 '
Concluida esta oración leyó él señor Baron en el catecismo por espacio de un cuarto de ho^ Tá y después de lo cual pasamos: á comer.
Volvimos ai . oratorio después^ de la comida^ y atli dijo el Barón; la oración siguiente. .
•'Ó Dios eterno, vigor y fuerza de todo lo ^criado , Vas sois , Señor , el que siempre inmu- )^table en el seno de vuestra gloria, hacéis qué f9él movimiento dd sol píxxluzca la mañana y la . íitarde. Vos sois íel que - arregla las estaciones j y «Kil que4if%^ ^ cursa de los asttíis.i Recibid, S^
ó lÁ MORAI DSL lABRÁftOR. 77
9>ñor 9 nuestra adoración y nuestra alabanza , y t>hac;ed que la tardé de nuestra vida no se -ohst9>curezc:ji por el pecado. Concedédnos el don dt ^»ima cbuerte: santa 9 de una muerte que nos sir^ t0íva de tránsito á la. gloria , parala cual os ílig^ y^msteis criarnos ^ y para cuyo logro nos re(U^ f>mió con su sangre preciosa vuestro único^ Hijo^ wy Señor nuestro Jesucristo, que con Vos y el «Espíritu Santo vive y reyna , &c.''
Desde el oratorio pasamos al jardin , en donde esperamos la hora de las vísperas y que fuimos á rezar á la parroquia , después de las cuales , y acompañados de algunos señores de san Juan , regresamos á Colombier, en donde los jóvenes nos aivirtieron con la música. JEn uno de los cenadores deV jardin se nos . sirvieron por merienda frutas y confitados , y al ponerse el sol acompasamos á los señores de saíi Juan hasta el fin de la calle de árboles , que conduce á la casa del Barón.
Vueltos 4 ^Ua al Comenzar la noche entramos en el oratorio , y el Barón pronunció la lof á- «ion siguiente 1- ' ' '
. ^¡O! Dios eterno ¿ principio y fin dé todas las
»>cosas , vednos aquí postrados en la presencia de
wvuestra Magestad para adorarla humildemente
^^y para manifestarle nuestra gratitud por los do^
•«^nes que se ha dignado derrarnar sobre nosotros
hen este santo dwi destinado para vuestra' álá-
^>banza , y para acordarnos mas particularmfeiité
wde la creación de este mundo, de nuestra r¿-
wdencion del yugo del pécadp y d^l^ inferno ^ y
»>dé nuestra nuera cfrekcion á la glíátfiá y S vu¿s-
^tra santa ky. Concedednps, SeñSí:.^ ra^'^fl^ché
t^tranquákj y Hiñ féiiz á:ribfef'.^t puerto *dfe! la
78 II BARÓN DE ROBINSKI
>>glorIa. Visitad esta casa de vuestros siervos , alef ?jad de ella las asechanzas del enemigo >, iia** f>qed que la, b^biten vuestros ángeles ^ para¡.que »>nós conserven ea vuestra pa2,.y que .Tt^^ra «adorable beíidi^ior^ pQ se aparte jamas de:.vu^sr 9>tras criaturas. Recibid ^ Señor 9 nuestro espíritiíi: «le depositamos en vuestras manos ; conservadle wén yuQstr^ aníiistai;!.^ y eo vuestra gracia hasta «que os digneis Xdi^iitirle en vuestra gloria por «los méritos de nuestro Sefier Jesucristo Dios de «verdad , que nos redimió con su preciosísima «sangre , y que con Vos y el Espíritu Santo vive «y reyna &c. "
Después del examen de conciencia y de las demás oraciones, acostumbradas , á las cuales se ajfiadió el samo rosario y la letanía de lá Virgen^ pasamos al salón con todos los criados > y alli se tuvo la instrucción de moral sobre la obligación en que está el hombre de observar con. exactitud las leyes y niandamientos de la Iglesia, concluida, la. cual se sirvió^la cena , y .^ tuvo después un rato de recreo. h
Por este plan, sumamente sencillo y acomodado á la capacidad de las gentes del campo, se seguía cónjo se ha visto con la mayor exactitud la práctica adoptada por la Iglesia en las4>rincijpales horas canónicas; pues á mas de la misa parroquial y íde las vísperas , para lo cual se asistió' en la parroquia, la oración de la mañana cprresppnde a la Prima, la de antes de comer i, Iá^e>f^ 4.1a de' después de la comida, á la Nona, y la 4? ía npche á las Completas. Y si á esto se añac^e^ las^^i^ras de caridad, que practicó elBajroi^ goj: jéf cQ^ucto d^l seíV?r cura , habrá sido j(|!c4'.jadverür, que sin faltac á los d^i^gue
ó LA MORAL PEL LABRADOR. 7g
nos impone la religión en la santificación de las fiestas , pudieron hacerse visitas amistosas , y disfrutarse de una recreación honesta y agradable.
De ¡a obligación de cumplir con las leyes y man^
damientQS de la Iglesia.
Uno de nuestros deberes acia Dios , decía el Barón á su familia , es el cumplimiento de lo que .se nos manda por la Iglesia, en virtud de la autoridad que la comunicó su esposo Jesucristo. Esta obediencia es esencial á la religión , es necesaria al culto > y es indispensable para cumplir los demás preceptos del Señor. Antes que Jesur cristo subiese al cielo; antes de ausentarse del reyno que acababa de fundar, nombró á los Apóstoles tenientes suyos , sus Vicarios y Gobernadores , para que conforme á las instrucciones que él mismo les habia dado 9 y al espíritu que debia animar á los individuos de este su reyno, ordenasen y dispusiesen lo conveniente , asegur rándoles que el que escuchase sus palabras , oiría lías del mismo Jesucristo , y que el que las despre* ciase y desatjendiese , desobedecería y despreciaria ül mismo §efior.,(y previniéndoles que el que no 4uís\ere esQuch^r dócilnaen.te las voces de la Igle* sia , j^ebiaaer reputado como si fuera, infiel, y tratad^ ;pom9 ggptii y pü^lteano. En efecto ,;iqué Gobernador hay que n<? pueda hacer ordenanzas y publicar ban4QS sobfe las cosas que se debeo pr4rcti9ar^u omijti? pa^a ej bien deV^sjiadp, y, el xi«jor.r?erKÍpi(? Mpíf^cipe, á quien íSÍrv^.;y:re^^
80 EL BÁRClf DE ROBtKSKl
La ocurrencia de casos particulares exige nueva$ disposiciones', y el haberse resfriado los fíeles en el cumplimiento de la ley, hacia necesario que la Iglesia llamase su atención 9 y les enseñase el camino que debian seguir. Este es el espíritu de sus leyes, este es el fin que se propone, y este es el fundamento de nuestra obligación de cumplir con lo que nos manda.
Siendo el sacrificio del altar la parte del cu^ to mas agradable á Dios , la mas augusta de todas las ceremonias religiosas ^ era muy natural que la Iglesia impusiese á los fíeles la obligación de asistir á la santa-misa en todos los dias cónsa*-* grados particularmente al culto del Señor.
Si no coméis mi carne , decía Jesucristo , si no bebéis mi sangre , no habrá vida en vosotros > mas á pesar de un precepto tan claro y luminoso , los fíeles se hablan desviado del sacramento del al* tar y omitian acercarse á la santa mesa. Por esto la Iglesia nuestra Madre creyó necesario ameiia;zar con el anatema , y separar de su seno á los que voluntariamente pasasen mas de un año sin recibir el cuerpo sacrosanto de Jesucristo. i La confesión sacramental és la segunda tabla, que nos puede librar del terrible naufragio á que nuestros defectos nos exponen ; es el medio de reconciliarnos con Dios cuando hemos sido infíe*- les á las obligaciones que en el bautismo contragimos. El hombre que ha pecado se debe arrapentir , debe' humillarse delante de la magestad jSt' quien ofendió, debe confesarse culpado, y no disimular su injusticia. Los remordimientos de su conciencia le persiguen portadas partes ^ sin per^ mitírle él menor descanso , y esta pena que a^ ge y acibara su corazón , dsbt desahogarse en
ó lA' J«rORAt DEt LARKA»OR. ' '1
las brazos de la virtud, en el seno de un pudre tierno que solo espera la confesión del ^tíigidd para darle el consuelo que le [falta. Nuestra flaqueza nos hace desviar á cada moméntio del ca« mino de la virtud, y i pesar de las resolucioiieA.
2ue formamos y de la palabra de méjofamoij ada á nosotros mismos, somos infieles fácilmenr te á lo que nos hemos prometido. Una promesa hecha á los otros suele ser mas fuerte y durada-* n , y ia que al confesarnos nos es ]^ijecift> hacer I Dios en la persona de su ministro, ^la^ ma^^^üor-^ tuna para mantenernos eji la (fidelidad y ^en 'eíider ber. £1 hombre necesita también tomar consejo de personas sabias y de virtud en lOs asuntos mas importantes de su vida , y para: Bsto debe ^n* fiarles sus peiis^s, sus deseosy las dificukades que se oponen al fin que se pcopone^ ¿Yi qioé asenta hsíbtA tan importante cbmo su sialvación 1 1 Qué m^^ cesidad hay tan urgéntercNÍiola^e salir deLe^kda de enemistad éa que ise haÜá con Dios ? Sin embar» go 4e eslió, hallaría ^ hombre tantas (difídukauie$ para descubrir áíotrar^)ersona'ei estiado ibüeríor de su conciencia ,;s^: íriq^aaickknes y sus dieseosr, q«a¿ jamas ise decíd¿c}ca auna mamfestaxáonf tan iie$p^ nosa y humillante dé sus secretos^ s) : la ^bondad ^^ Jesucristo y su infinita misericordia ho le < hubiese proporcionado eai^jconfesioas^i^aniem me^ dio, qtib tio^arfesehta jiesgp^gafiOtm. íb sd^íepvusm cionrniá suskit¿ceses)^pa]»ráiAK|^^ lá'dMaocibh dé 5avique^ranto,xy h» coiB¥ielo53^'JÍx)]^^ qué necesita» No debe pües:'parecelilldb;^extcafi<l que la Igliesia nos precise en uno de sus preceptos i^ recurrir i este remedio dado por Jesucristoi, y en el cual se nos: aplica el balsama ptcecáoso cb^it sangre y ikJi^^iiiextmgttiUsídsi su doctrina; ' - o
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82 JEL BAHON DE JKOBINSRr
'. El hombre peca íxwrque usa desordenadanieiite de las criaturas, prefiriéndplas á.su Dios, y aoiándQlas por.eUás misii^as y sia.r>elacioaial:que 1^3 cJri^. .Solo. pu«s cuando í$e priva de: eH» y 1^ Brbandooa'ípoir'ísu Dios puede ji^s^xmaif aiijuati*' cifti irritada ccrfit raí el, y solo, ¿si putfdc deáirrai^ gar el amor que tiene á las criaturas, y la incliaaqion coa que sé entrega á ellas* La- penitencia es j>tiv4)n<?cesariál aiíhombre., ja^a e$ ^lai privacioa ¿e^^^^oaiodídades de k .vida, y latau>iti6cacÍQa da;d^ afíetáfosL J>e áqúii ku otác^stdad/disi ayuaal y ide:iC3stigar'Su,i:árjBié cébelde^entlos días ^ñala-> dps.por la Igtevsia,/M \
. . El .ayunO'.de la. cuaresma dispone, al hombre p8^ que) ik}s^sant£>s .qii^^riiois ique ié^a&^ :celebirar-« S6'aLün:áei^lil k is^aa>:J3iií» átil.^]ri ípro^echososi^ parque énr tahtQ estaa:$^£a|ndesusQlenínidkd0$'Áatrae^ ü^' si^b^é iéliiai^igraxnas'idoL'^^kísácpar^ ^OjCiíanH td>]I>ios^e tiaMe^mk&áadiiia?dp á( faiMorec!ei:l€i^ lo qqe! depende rsicíhpxe: déí.jU humillaéionMyNafrepentitoidttio ^ 4ei ^icuif a esHtUdo.ré^ Íaípemt^<;lRieji otejori iadici04i Jba toiiU[n0 de^r^moa i^cii! ^e. lasj de^as^sokdQoid^esxde iar.]^le^
oto f^dd lasrícuktf 9 estaisiones ó' témporas díel ano. V :Berb/4uisieira ya quéilos laferádcares sel penetraseni bieAidel:objstQ(d6;los. aytuK>aL!d¿ ito.cl^^n pora^oNoi s£)lánifint$iie<|^pDQeda¿I^9Statla[^^ tf&aoidü^ dé iástie8ta^zknfi&}4e.<tod^^ lél ^aíió ^ y él ^lmi^^(}mKM^^^^^ los mi^<
iMStro&'dei.ak»r enduentre m ellos'^ la- (fisposicioi^ consúmente ^i^íaa qua ^unbien- solicita la behdi« don de las. cos^cteis y la proceridad' dé íds fhi^ tc^ ás nuestros can^sd En la pfímavera cuando el calQCiddiJS(a3^ famáni^lIai^ipi^iLiasf pbi^ ^^n:Qio^
'6 XA MORAL DEL LABRADOB. ' ' 83
vimieoto 1^ savia y la dispit^^e para la producción • déik>r¿s y^de ^ frutos^ cuando 'el hwmo so rey fio vegetal parece renacer? á nueva vida ;í tíi hotiibte que se halla penetrado del éíTpirítu de la Igle^ se humilla en la presencia del Griad:6£< 4e todds las cosas, y preparado con el ayuno y 4a mortificación , le suplica la contitíuadon de *^us done§, hiaoiécido que aparezcan Jbii>lFrmos'^dtó'qu6 iitedetitápara sustentarse' efe el cürsO'«dtíl lafid. Eaíel estío se hállate vya los frutos apaiieMi^ ^k^^sp^- ranza del labrador pargde mas'ftíirduda ¿'PéA> cuántos accidentes pueden arrébatarlios, cuintas causas pueden contribuir á despojar las plantas de la herni^uéa' ^e s^á prodUctosi?liJrm nube ligera en Stí pánd^o^' ;^A|)enas '^rbe^^ se extiende ' y obscurptó ^to^tin instante i y^ cubriendb (tfién pronto^ el :ori)ítinté'lai(za sobre ios campos ün dUu^io de piedfa qué le» despoja de Jos frutos que dentro úé -poco hubieran satl^echo los deseos del labrador. Un^^ráCán vi(ileik(>;árMiK^ los mas iOito^dosos árb<)fes-^Ui9íS'%spb|^ de^siis mejoi5¿s «'amas:: 4a se^^ikédad'y el calor v«ir4ietitfc de» aquélla é^oca arruinan - no pocás vfeéés ila* e¿- pieranzas mejor fundadas. ^Cuán propio' es pues de lasolicitiíd maternal de la Sílrita Iglesia él excitar á: /todo$ Ío& fieles ' para que huibüia^os^, Ttvüh tiñb^do^ i íy : '^ontiáto6^'*;ábfiGÍt^^' dfer ib^bOiidad^ife Bio¿yi(|ue4il»^ite Ibs t&^|ibs^é idOroMI'^iénl^^i^ que loí atmM'ií^-i, jr íquásdB «ltí¿td ^iJor tó eorntín ét su Justicia, iaifáda c6í6tra'>'él Jfctónfibi^ í Cóátítdo en lel ^toño (háñrftteg^kteb ldái¿fÍH>tosI*-á ^nátútíap^'Y el labrador Ibs'iconditóéí al Wtum'PG^ijpk^á QUmá»- téainoiítitó de m (kxiálÉL }^m9k pfépimik^^ -(^l ayubo^y la.penStéíófeía*^la^áctíitíia« fFtíekiqt» debe^dirigkr^t^Señoii péÉ J%ft §t^íb»rm^'4&'iiugA^
84 BL BAJtON Di KOBIKSKI '
de concedQf , ühejrtánifolos de los peb'gros que vks amenazaron? Consümejo&e durante eliinyier- ^no los dones de kiPriQvideuciaf y,jen!uiía tjsta- :€ÍQR en que U naturaleg5ft pare.ce descargar y olvidar al tembre, encuentra este en los productos que recQgk?, ei roedio de vivir y de sustcntar- ^*e, i y no $&i>tiflcará del mAsmo n^odo esta parte .-del año :agr^jáe^i^fldQ 4 J>m tos medios, tjúe le disp.fensa parftína p^r^c^^y pidiéíidjcrfc la gracia de oo olvidar jmnasí que cuanto tieíjie. b ba reci- ,vido de su^ mano ^benéfica , y que .ninguna de estas cosas ^ aunque riecesarias para la vida , debe s^r objeto de su, apego y d^ su afición > sino deatro de rlQsümittsiqüftJa te%i©ni:ie señala? í . ^ -. E5 veípid*d7<}UQ:el tra^j<i^^ tueirpo. ieacusa muchas yec*e§ díeíayiUnp^yn^n;es|)eeialcjcuando el , trabajo es neee^ari© y excesijfO , y cuaiado .unido á la abstinencia purera cijtmprometer la salud; pero también Ip es; que Jg,t»as el hombre puede iCí»usajrs^,4e)ila.ni(9ictiáica<íion en! los dias en qtie ;la^ Igfesia 4a, l^resscribe. El labrador, pues qwe no puede ayunar oon todo rigo»:, puede mortificarse .de wrig^ modos; puede, por egemplo , disminuir una parte de su alimento i puede abstenerse de beber fuera, de las comidas; puede privarse de un .i»to de desq^híso óíde cfeftfiS objetos, de distrae-» tíioh j y pued^ysíi sug ftcj^tad^a sefe-peímitela, hár >cei^ alguna obra f j^artiqulsár r de 1 «aritíbad acia, ¡sü iprckima ¡No faltíte medioii de pumpHri con el pre* ceptQ de la :.moítific»cÍ9Qijárqiié? quiere confojrmarse con e^.esiMJritu. de^^ Iglesiai, y esta coníormidad:ei5.jn^QewFÍa 4 ijSKÍí?p€insablei, ifcos«aiwst?06{dtíc^t^^^ i3ipf deben ^?i^r:4o^uejrieee^^ los'fieks
á^.qpwenes i$^:víMi>í j? recifa^ la^xíosas temporalea
6 lA MORAI DEt lABRADOR, 85
de que han menester para su sustento, de aquellos mismos á quienes ^ministran Iqs socorros espirituales. Esta es la doctrina de Jesucristo, I3 ídqctrin^ de la Iglesia su esposa, , y de aqui la necesidad de confornaarse con el sistema qu^ estuviere ^idqptadp en el pais en que se vive^ Si los dÍQzmos y primicias están en usp^ deben satisfa<« C^se con puntualidad y exactitud : si los deye- <^s de estpla están introducidos con ocasión de los actos eel^iásticos , CQmq bautismos , matrimonios y entierros } y si el derecho escrito ó la costumbre exigen, q^ue se contribuya con cantidad determinada a los ministros del culto y 4e la Iglesia , por njogijA títylo m pretextp se los „¿odrá ^yiyar d^ lo señalada í y si nada absplur tamente hubifise deter sainado ni por los concilios del pais, m pojí la ley civU , ni por la costüiiir bre , entoaces las oblaciones voluntarias deben acudk al mantenimiento del culto y de sus mir tustrpSjjdQ un modo digno, yjdecprosp , porqwe el precepto de alimentarlos nos» ha sido impuesto por Jesucristo ; es? pac consiguiente una ley de^DipSjíy por ningún- titulo puede derogarse* Es^ harta firecuentei entre Ídsí labradores el no ser exactos en^ el pago de los derechos establecidos ^con el pretextp dé: que Ipg niinistix>5,.d^i altar soxi: c^ulentos, y de que no necesitan de tantos: dones, p^ira viví? en la abundancia i pejo es un error eil pensar asi, ;y es igoorar las obligaciones
mos oteas caniidades que 1^« necesaria* j^^íi j^ yida,^ y^ para la decencia de sif^^stadp, y. aun es? ta deqeQcia 3e llalla 'encerrada en limites estre^ ^bq^. Todo lo dtema^, todo ló que les sobra ,4^$^
86 EL BARÓN DE RÓBIKSlft
pues de satisfecha esta necesidad ^ no es segura* mente de los ttiinistros , es y pertenece á los pobres, y para estos lo destina la Iglesia; Pero aunque hubiese algún eclesiástico que no cumpliera con este deber tan sagrado é imprescriptible , nó por esto deben negarle los fieles lo que la Iglesia, el estado ó la costumbre tienen establecido, porque no le toéa al deudor el juzgar del destino que el acreedor podrá dar A las cantidades que se le deben. Todos los hombres tleben seguir ciertas reglas en el 'enípleó de sus rentas y de sus bienes : todos deben hacer limosna de lo sobrante , y á ninguno ^s permitido el disipar en el lujo, tn el juego y en los placeres lá parte que la Providencia ha puesto en sus tnanos para socóiírer al huérfano, á láViudk y al indigente, ¿Qué diriamos sin embargó de esto al deudor que se negase á pagar lo que debe con el pretexto de que su acreedor íío lo necesita , ó 'de que empleará en d juego y -en los placeres^ y no en hacer limosna , lá ísunia tque se k debe? ¿Ño responde-» riamos que no toca' al deudor feljüzgár delá con-» ducta de su acreedor, sinó.eí pagar iix deuda? Pueb otro tanto delien decir dé sí los labradores, respecto á su deber <le pagar á los eclesiásticos k) que la Iglesia ^ la ley .civil 6 la costumbre tuviesen determinado. Autoridades hay encargada^ de impedir los excesos; y de deformar los abusos: pero el particular que piensa cómo debe y qiie quiere caminar con seguridad jr libre de riesgos, debe 'Cilidaf únicamente de sí mismo ^ cumplir «on-t^asiás' obligaeioneS.de Su estado, someter-^ se 'C(5W docilidad atórdeh-^abieciApV y I prescín-^ dir de 4a cófAducta'-de'Ios deinai. Hay un ©ios «eloso^y- jíisticieifo , que se hatésérvadó el' juicio
6 LA MORAX DEL LABRADOR. 87.
y la venganza sobre los grandes y sobre los pequeños, sobre los Príncipes y sobre los subditos, sobre los ministros jde su Igles¿a,y sobre los que, no pertenecen já una clase tan distinguida.
Del dia de san ^uan Bautista en que cuffipíe^
anas el Saron. .
.: . La víspeíai de est© dia. a1. íitónpo. df retirajcr, nos por la noches ,, me dijaEstiwislao r maáana soii^ los dias de mi señor padre, y hemos, dispuesto el modo de celebrarlos y el de manifestarle < cuánto' deseamos .suL felicidad./ Nos. Jevantaíénaps ante^j que Pedro- oos. avis«eL coa. la. campana,, y si: vmd*, desea acdlm|>aQarnos^;yo4e Uap[iaré.cuando^Ueg)ip! la hora, para: que nosi ayude á ' agradec<íír á Pios%> el bien que ngs dispensó su mano benéfica ,c^on-: cediéndonos, ua paudre. que nos. hace felices, y al, misma tiempp. maaifi^tarénios r á este: del mqdo, jiias) seácilltíu nuestro, agradt^iqgl^nto por lo mu-*^ cho qu^ le.diebemos.'.Gontesté.á este virtuoso j6-» vien cuanta me lisonjeaba su ofrecimiento , cuan fdKz me creia haciendo parte de una reunión tan digna de mi. aprecio. , y i que. ' aceptasQ mi volun* tad de acpmjtañarle exLtxxio^ .^ < ( ^ . l El día pues de «jsasi JuaniBautista^: me üaóió) Sstánáslaq anilea^que ^hase la campana ítótiama-' neoer r 7 ^ ^1 ^bagar al íve^íbulot edoontré reunidos en él los tres hijos del Barón, sus compañéros-de estudio , y todos los criados de la granja , todos llevaban sus mejora' vestidpsy y .en todo su porte reynaba }a Iknpi^za^ €on¥> la: alegría en sus semblantes. El.v^i^c^ estaiRa ikiBinaldo con el
S8 EL BARÓN DÉ kbfilíííKI
mejor gustó, y todo su suelo cubierto de Atores y plantas aromáticas. Colgaba^ por las paredes del oratorio hermosas guirnaldas , y adorna.do el ak lar con vasos de fiares y con copiosas luces ^ anun*^ ciaba la grande festividad y los deseos que te^ nian los hijos del Barbti de celebrarla con dignidad y pompa. Sin embargo de lo mucho que habia debido trabajarse en estos preparativos, el mayor silencio rey naba todavia^^ Cada uno sabia de antemano lo que debia ejecutar , y asi sé pu-< do hacer todo sin confusión , sin btdlicio , y sin que el Barón pudiese advertir lo que se preparaba para recibirle al salir de s¡u cuarto.
Pero el que Uamó mi atención mas particular^ mente fue Roberto el granjero ó sobrestante principal. Su porte y digiiidad anunciaban en él un hombre distinguido^ y sin que su trage dejase de ser el de un labrador en día de fiesta ; todas sus . acciones ^ la facilidad con que dirigia cuanto jse estaba disponiendo^ y un hernioso laúd que una cinta azul "holgaba de sus hombros, todo daba á: entender que estaba acostumbrado á dirigir fua^ : cienes dé esta naturales^. Tenia en sus manos un) clarinete, Estanislao una nauta, y un bajón el. hijd^ del Conde. Á una señal de Estanislao se co-^ locaron ío^ tres músicos al frente del cuarto del > Barón, y los demás fermamos dos alas^ Uevlndo; cada akno ^ni k manotunt^^utiode flores. Rompió la mtisica en qna agradat>letxastorela!^ y los dosí hijos menores del Iktro» y dé Roberto; cantaron i lo síguientei:
De gozOi y de alegiáa r 1 1
Se inunden nuestros pechos, ; ;.
Y ide nudstro^ buen -padre -^ - . . -<i
• f '
^ I^S dias ctíébreiilosi -
QUe nuestras voces subaá ' iU 'tronó del Excelso,
Y del Omnipotente : ^
Alcancen nuestros ruegos,
^ ' Que viya nuestro padre,
t . vgg Ij^ ^if^iúd tnodeto, í
XI j í : Años sietnprfe fejíéfes, * ^' * ' : - * ' v ' • '- ' jíiy^s libres de mal^^^^ ^ - ^^ J -
AAós de pied&d llenos. '
» /
'- - Al mismo, tiempo ;i5ue se cantaban cs^^ seneil!<?s i^etsc^f bompítóstós y puestos en música por Rabérft),Eédro tocaba á vuelo la campana, in-^ djéthní¿átidose de su dis^u^sto dé no asistir al re-^ ¿íbímlento del Biaron. Abrió e$te la piuerta de su cüartp , y en el momento mismo sé arrojaron sus? íríjos á sus pies, presentándole sus ramos de flores^ y pidiéndole su bendición. Coninovido el^Ba-^ tWnk ^éste tíernc^^spe¡ctát:ülo^ f sin poder apíenas
rpiósl á iMds los viríüoáos sentimientos que os iris-
' ' ' ím ^ ••■'-:' . t • •• i • I
tíbíéridí) ¿úéstrits'ífeiireíij'noS pidióle' acompaña-'
la otaclon, como lo tenia de .costiuíibWi.péró VÍtt^a¿'sü-fuj(^Éstánfel^qÜe Í4f (Mee; scf^r^ ¿á'úue ádbabá-círtecibir k tenia áffenfcóHftícJvfa d^ /""eiiageóádo^sé'deterininíi á ¿litik^-á'^sU
. •!
gO BL BARÓN DS ROBIKSI(f ; ,
dre y & tomar su vqiy dirigiendo á ^os la ora* cion siguiente:
^i O! Dios eterno, fuente y pdgende todos •f nuestros bienes , rccjibid e^ agradecimiento de »> nuestro cora^n por el virtuoso , padre que nos f>disteis. Vos sois, Señor, el que adornáis su alma wcon los dones de vuestrq espíritu : tpdo cuanto 99hay en ella es vue^rp^y todo par^ nuestro bien 9fY edificación. Recibi4 /pu^s^nu^i^^ gratitud y »>la confesión que h^x^emosi de vuestrs^ grandeza. f> Conservadnos, Señor, los preciosos <$as de núes* »> tro padre: conservadlos en vuestra grada y no sxnos privéis del modelo de sus; virtudes j Que MiHiestra buen^ madre celetre , ^ Señor ,,pn ypes- »tra compama los diás ¿(e,unespQso'q^ie,am^, 3^ 9>al cual espera reunirse enivqe^trc^ g|Qn^> y¡ gug 9^ todos por fin la consigamos po^ los oiféntc^^ 4e »^n.ues^t.ro señor Jesucristp, que con voá. y el Espi^ »rítu santo ,yiye y r^na Dios por todos los si-^ «'glos d?.:lps.i$^glq?.;/áteeí!í." / ; ; ¡j ¡. ' : .[ , ; ; "^Dulcísima Víf gen^ , rnadre y ^mpar^x nüést^ro^ t>ín(rrpeded. an^e;el tronQ de Vj^^stro J^ya por ^a wcqqservacion y feÍicid?.d,%.»u¿?tro buep^^ »Y vos san Juan Bautista, su protector, en e) diaeh »que con la iglesia celebramos vuestra natlvioad, ncpnseguid^ del que se^al^s^tej^bpo cór^e^o de, ^1^ ' 9;qMe;quita los pecaSo^ ¡áisíl fj^n^o hut
J5>sion eterna preparaste; ¿í, c^fppj 9pnsé|fuid q^e!
s.dias.^el^que se l?ppr4,;c;qn :yueM^^^^ npiptó Mrran trajiquilp^ y serenos por él ipajr oprrasco--
»;Í05
acorran
ífSOi4e,esta víd^, l^asfa ijiue^ljegueaj púfirítp déla
• . 1 Al;ai^gí%ftaflpr vjn^Sf^ntra^^ en, ^ijfffpm.m cíi^Mticpf,^ sapjiiaa^ envido Pí^..f^5g% c«ffi*ara^f^ii;J?l í^t^.rnís^r/piisí^s^^^^
6 lA MORAL BEL LABRADOR. 9I
mentos sagrados, y la dijo , asistiéndole los dos hi^ jos mayores del Barón,
Concluida la elevación del cáliz , Roberto que sé había quedado á la puerta del oratorio , hizo Sonar su laúd con una dignidad y con una deli^ cadena iriimitabíe , y con Voz patética y ^nora cantó Ib siguiente:
jó pan de los ángeles! íÓ&áor Excelso! . • Desde vuestro trono. Bendecid^ bendecid á vuestro siervo.
Bajo vúestraís alas, í Ó Dios ! protegedlo, Y de vuestra gracia, Los dones derramad sobre su pecho.
Mientras que Roberto cantaba recibió el Ba-^ ron el adorable cuerpo de Jesucristo , y acabada la misa salimos del oratorio acompañados de la música de por la mañana. Esperamos en el terraplén al Barón y al eclesiástico; y cuando estos salieron , los recibimos y acompañamos á la sala de comer, en donde se hallaba servido el desayuno. Los criados se fueron al tnismó tiempo á tomaí él suyo en la cocina, á excepción de Roberto que se sentó con nosotros ejí lá mesa. Al tomar asien^ to ^ dijo el Barcri: bien' se vé que tod6 és c^i^a dé mis Wjos, á tfuyo úmbr fflial. puede'|)érdobarse este exceso. Efectivamente 1^ solb-lá Sala de có^ nier estaT)a ádoínadá cÓní g^ulmaldaS ;^ cotí vasos de flores , isiiip qufe. el desayuno era abundante y delicado. Al dar principio ínanifestó al Barón el eclesiástico que el^^fior cura le habia encargadd prevenirle ,que pooia éxcusiEiite de ir á lá íparro<ii
192 ./ EL BARÓN DE RbBINSKl •/
^uia, puesto que había asistido álk santa misa ea el oratorio , y que concluidos íos pfícios parroquiales el señor cura vendria á visitarle. Estando eri esto oinids la voz ide Nicolás el granjero dd bos* ^ue, que parecía altercar con Pedro, quejándose 4e que no se le hubiese advertido de la misa qi;ie se decía en casa.-^ Si me lo hubieras avisado, como debías^ decía Nicolás, no me hubiera yo fa* tigado tanto. por ir á la primera misa de la parroquia, y todo esto para ser el último en dar* le al señor amo los buenos dial Sí senpr: Nicolás ha de sefc el último: Nicolás, que no cede á ningún criado en amar al señor Barón, ha de venir después de todos á darle los días de su santo. Hablando asi se presentó en la sala de comer, y el Bappn le elijo: vamos Nicolás, no te formalices; tú deseas manifestarme lo mucho que te interesas en mi felicidad j ¿ no es asi ? Pues par^ 'esto es menester que os vea á todos contentos, y satisfechos como yó lo estoy. — Sí señor , dijo Nicolás, todo eso es muy cierto j pero yo querva... en fin ya no hay remedio. En el año que viene ye le aseguro á Pedro, que no esperaré 5 qs recados de cortesía. Ahora, nuestro amo , yo quisiera de^ Ciros alguna cosa, pero soy tan torpe, y este Pedro me ha turbado de tal manera...^ Si yo hubiera corrido ^anta tierra como el señor Roberto... :V$mo?,.yo Qp sémíis. l^'uerte cosa es.no^ pqr der deqír Jorque papa por. aq^i 4?fitrol l^^ad, ei} ieste cestiliops.tráigOi um bola de mañte(:ja con ^iinyo^r, d^ parte^demlmugcr;," c|os fe:
che de catos de parte de mi hijp; mi Hosita os eh vía -estas violetas, y yo : os lo traigo^todo y 05 ^oy \oi buenos dia^s de mí parte , de la de mi rau-> ggr ,:del Epupl^cho y demi ílbsdta.^ jSien,.Ni-
V • » . I ^
jTiolás, le req>on4i<^ el Barón, dándole un abrazo, aprecio en el alma vuestra ]:nett¿>ría y. vuestro tuen afifcto^ siéntate co^ nosQtr^s. y ayúdanos! honrar el desíiyuíío ;dispuesÉopoc mh Mjos.-^ $entx5se Nicolás con desembarazo , y se de^y uñé con nosotros hasta el &i^ £1 eclesiástico paxtui.efir jtonces.para san Juan, con el objeto de asistir á Ja función de iglesia, el señor Barón volvió alora* torio, y nosotros pasamos al, jardín, en donde Ro^ berto nos hepbi?<í| con su layidi . .) . t.íi ; í
1 Á las once ^de, la m'añapíL liego de san Juaij p\ señor cura, abrazó tiernamente alBaronr^ y le dijo : vmd. ignora que hoy comemos juntos^ El señor Estanislao me lo ha pedido en su nombre y en el de sus hermafíos, y yo be debidoxondes^ Ce^i^dea: ^ovk: lo? deseos ^ tan bu'dnos hijos.rttTÍGocf* i^sXó ^y^sLíipn^agr^á^ici^ 4 la. bündad del^sefiot cura i, y; cp^tinri^amos vei^ CQnv^ísacicm ágrad^tisl^ fcasta que vino á suspéndj^rla,hJÍégiada.de unco^ íhe , que se djetuvo 4Ja puerta .4éJ ¡Barón. JSali-? mos todos á recibirle, y eLB^rOn tuvo la agrada^ ble satisfaccip}}.dej.ibí:az»rr4;si8i.aj©ig6 sefiof Be/Beln^ní^qiAe. Q9« sp.'^apOsftyifiUjfaija lá seño* rita CV^rfí ^/vgpj^n i feliejt$wrki^n,^lia.dias.-^Aigra^ jdezco á vnid, señof <:ur& , dijd el Baton^ esta^soi^ presa tan deliciosa é inesperada, porque yip no dudo que á vmd. la debo, y que vmd. ha^eci*- ¡dido á €stp5:aefiQriesv|'faVDreecrtoe ,coffi»su.^visi-- t?•"^ •f^iR^9 i^e^pondió él señor curá^iyo tuve ¿I gusto de proponerseUo,^¥yo> dl.de? aceptar,^ re-* p^U^ót el sefipí de Belpiont, ésta 'ocasión de . ver á, mi; amigo y á sus anjables hijos. ; ; Habia desaparecido Estanislao á la llegada de esi^ fipñpí??? y ípensé/ d^^eílUega que se habia %fisfi|it^^§r4i(^ -4i»p0siiáqi^es sóbrela comida^
M Ét TSXnoTf »E totnstí '
Sus hermatiM y condiscípulos con Roberto ha^ bian también salido del salón , y á las doce y me* dia sonarpci en el 'vestibialo los instrumentos que cerapóáiefon la^^ Orquesta por la mañana. A poco rato oinios la campaña ttícada por Pedro 'briosa-^ mente, y entró Esfatiislao con el anuncio tfe qué la comida nos esperaba. Ofreció su manó á la se^ ñora de Belmont , el Barón dio la suya á la seño* dta, yvtodos pasamos -á la mesa acompañados de la música. C>onclui£iá la > comida e» que réynó la Jovialidad y él mejoif humor, paáamos ún mollento, al oratoi^y en dónde el* señor cura dio gracias á Dios en una óra¿ion breve y afectuo* sa , y desde alli nos dirigimos al jardin. Durante la comida hablan preparado los criados^ por dis-» posición de £stí(tii^áo , y bajó' la dirección de Ro« berto,^uti pabeUdn ¿nía calle de los Nogales , que dGínina «1 rio y d valle i ^ y 'alli se ñ<>s ' sirvió el café por los ^hiíjcís y diséí^^ós del Barón. La se« fíorita iClara deseó que iRoberto cantase acompa*- nado, de su laúd el romance de la cabana , á lo qu^ se pcestó Roberto^ tron^ aquella gracia qué ie^ érá naturai* en cuaitto" hat^a: ; No me 'fii^^ «xpUca^^^^E6cto que «Kííbrié ioi produjo este her-« CDOSO nxnance^ y la. música tierna y pastoril con que 1^ acompañó la habilidad del que le cantaba^ Me pareció una de las mejores composiciones de eite/ género que^ había oido ^ y mi admiración acia d músico labrador creció áe punto, cbmonxrcu* riosifiad por sabei> su historia. . /Pidióse que los jóvenes- reíritiesen el canto con que hábian saludado al Barón al amanecer , y estaúdo en esto vimos llegar á varios señores y señoras de san. Juan ^ <{üe venían 4 jpa^ar la tar*¿ dfiícKxa el Barón y y á-dbfirutar de la compañía de
6 I)4!,|(0I(AZ-;I?^|( tAXRA^OR. ^
f pfli este mptiv» , ,|i^ta jn*^ y Ióq rEstaaisl^Qi |«Qt flonÍ!én49 ?.M ?eijo4g ?j,gustal?ai>.pasM á.k'ísal- ^e,d§ l|^,¡9,^i4¿yer á.l<^;cyia4Q9 qyeddftRpabjg^ y cantajb^n con y^ia^ jóvenes d^ l&s caí$a$<ie «:am-
M 4e ]¿ iñm^diapioíi, S? ¡aceptó, la pííípgsííciQíj 4* jEstanisJílO,. j no% st^pr^n^ió verd^desaipepte estíi,s^^\l^ai y;|)ü4Jliciqsaflfyífi«pii.. M^ 4^ Wsihct'jife ygnef,^e.ar?ijix;^ fexpSji-jf^idpsiiíie 4i* 4^.üe}ta< Erésígidp*: jp9.¥i fius P?i^0!<^j ff ^dí^,|y; a/topfipítfwidQf
4^. i^ifiini^i^ií^ M5tpí^},iVÁ«^$ffqft{^4jiíWiSínd§^.áisfe-
^Itiir al -^enqtr. Barón ,4^4?, «^ue. pqs viewcb, ¿y.-k oéreci^r^ lafS.ñ9r^ que.rlley^^jjti «n.la^ ^abof.
0^t^fcycfe?Á9fr«argfl¡5«w* l»Ig«í(<^ yi»{mbili-
W^i^ ^ ^^MW í§lJ^¿^f>^^ij^oñ í<^8§í?ftj4f tqm^r :p^rf.?,fin el Jfe^ijp 4^ a^e)^ ^umn§ gepr tes..jí\pena?.^sía, propo§Í9Íon fJéé a,?!eí!4i%4a- píwí Jas
y los demás jóvenes á las sefioritgs ^fií^poJuíMí^
■jj.f, .,;..y^,..
4e' or|0, y 4e íps^ antiguas. p4triad?<»s.;
. %olás riel.í?íJeR,;^io9l43t»'.9¥e^fiijC<^^4? fiar.yAielíí^ ^: ^Pf'^oAf MVW% se .JJegA^p-ípíj
tanislao y de su parej?,?,;^^^!! pp4j(|ft<^f.,.,.fj=^ fin ,,4040$. lo ,4ice|i i;yr,yp,,ftp ^y, ej^splp iqííe lo iáf^ii^ii P^9M .c^«@p ep i^Wi eli s§6oí^4«; gslwfiítt
&i€iq)egjfíp?<^ ypj sentííjftj.qu(}jifl|Sj4ftj»Wjel ssBPf Estapi?í^pj:Í)^rp jeí#ííBt>?6iJ»>jh%«acá4pi^l*esy
f»» d^t liijfeB que sé'^el áá^iíiejen; Edá'íiialos i«íeeil''b?étt'^irid''¿átó'íSeV y- ójatá' qué hi^óntí
)^aé)figá7iíiqu9 tJeae d'eblenaveñtüradó. Y&ápüé$f -tt> á-qt^'áhóraltúsiHó^'piéása'éri kquellbs bailes
i^tifdlitqdé 4Í^'4u«^^'i^t^i:t(:)3^i'^ ^líiprétristes^i tl(>'«eñ(i{i^>fó agcUdá^-iftiigfYd '^é'-ádi^'drvertatHÓií t:tlaficl<>'f>i<dti3a qiü^lftf^f %\xéfím^ jp'qae IS^^c^-i riióÉs .<J€m biieiQ fin i'/y dé %¿tna mfemete. Y á bu^ •Pedró'V q«e me- h¿4Whó- ¡treiür eí líltíñfitóí á'da4¿ los diáS de-stí kWt^i:'h¿^^46>'^d(in^f üU^yéñdi^
•Cdl&s «aánd<3¿(fójár§»ilá-Sát«í^%s iélfi^rihá^ fÚ
t*(5nS él baile ^>Ó*'alEét«So¿, y 'Estanislao 'üib sus drdetíés'-^ft'^e'sá íes sirviese un refresco en la ekll6>taislÉi«ÍP£ht:i:«fóík(yf)k^é!Mds át ^iCm; eh doa^ <fó ^'^ofl¿tíl.é«^i¿'>áVíd$--Iíilá!á<^>^^:Es6kbisláá^ y
\ <^li%£UeS$inábá'^á«iá eP'béácsd bUátf^lo Us¿ «iCtfá Ué' ádmdnt' {^ito|^s6 la nece^id^' de tomaie el coche para^ réstitüitáe'lí -su cása^d'e cátnp0 •, diis-* íénlé'lfeguáffy- fnedfe^'dé^''€ólombÍ€?ri Se- diápusp iWfes^qüi-^Kése 'd^Kfe vy^¿' ^'^ éSperaée eri «l^té»thiii¿' <ie('láí^cálté' de árboiéái^ ^t^ista- dótídé MamoS'íoáíxs'eti eeiflitíVá. '"'1 '^!:- '-' ^ -..!m : i cl 3PDrQél>2cálnirtó <ífle i&lfld «si- d *tefi<í)if- cutía í «stos- ' señorea - de -tíélhia'nt' stíi^ iiao^x:ábáHéi:jc:» lle^ lM^s^4e virli!id<: habttanijealá dudiad 'de'<}rétioiHe¿ p^^óa -ttirfajf'céi^défablWV'^'lk seitóinta.(Eaáhi teiM^D¡^~út^S2é:^<>é.<ii loi^verantís siiélett. vehir ^^piAu^4os^tii¿8el'^ suíca^ de cao^d&Qi^
ó LA MORAL DEL LABRADOR. 9?
tal, distante legua y media de aqui acia la parte da san Nazario. El señor de Belmoat ama cordialmente al Barón de Robinski : está enamora-* do de su virtud , y en una convers ación que tuvo conmigo en el año pasado m^ ma nifestó con la mayor franqueza , qué llegaría al colmo de su fe* liddad si llegaba á ver á su bija unida con el señor Estaniéilao , en el caso que ambos jóvenes se Helasen á animar de este deseo. Mi hija es úni* ca, ine decia; la riqueza que por esta^^usa fe pertenece le hace inútil el aumento de fottúna que un casamiento igual en intereses le pudiera propordionar. Lo que necesita es un hombre de biea y iiB jéven que labre su felicidad y la de los «hijos que el cielo la conceda , un 4iijo en suma dd Barón de RolHnski , un heredero de sus vir-- tilica. Ved aqai lo queme atrevo á desear p^ra fsú hija^ y loque llenaría mi ambición.— • Prometí al s^or de JBelmont que trataría de este asunto cotí el padre de Estanislao , pues aunque en el muñ^ do parecería mal que este tratado comenzase por la proposición del padre de la señorita , nosotros^ aqui en este rincón seguimos otras leyes,yobra^ mos por las máximas de la amistad ingenua , de la franqueza y de la sencillez. El primero qne forma algún deseo ^ cuya consecución puede convenirle , lo manifiesta á sus amigos , lo consulta con ellos 9 y efatre todos se trátalo mejor. Aceptó el Barón con agradecimiento los deseos de sa buen amigo : previo desde luego que senStejante enlace uniría á su hijo á una familia, llena ^e virtud y dé bienes de fortuna; peto e* menester ante todas cosas, me dijo, consultar á fonda la voluntad de la señorita y de Estanislao , y sábe'r si se' tienen inclinación , y de qué procede. És menes-
.98 BI BARÓN DS HoBINSKI
ter consultar á Dios : los padres somos por lo común el órgano de que suele servirse para hablar ¿ los ^bijos: tratemos. pues de escuchar su voz , y .de pedirle que nos alumbre.. Sepamos ante todo si *€ste. matrimonio se encuentra escrito eo los libros ^tejrnQS de la Providencia como conveniente á la salvación de, dos jóvenes , de cuyas, almas, debepíos fespondec al que nos. los. dio :. cuidemos de no . confundir: la voluntad 4e Dios, con. la. núes-, ira , ni los, intereses, tepaporajes. con Iqs, eternos.. Asi e^ «onjio, podjremos; decidirnos .i; qiie se ejecu-- te^este enlace: asi. es conqio podíemós.esperar que haga felices i nuestros hijos.. Por lo que hace al mió yo prometo,, sondear su voluntad ^ descu-^ trir sus, afectos,^ y el origen de qué proceden.. Acostumbrado, á. mirar á su p^dre^ como á su pri-. mero y mejor amigo , y á manifestarle lo. que; pasa en su. corazón, mé pondrá fácilmente en es-- tado de^ forma j: el juiciaque debe decidirme. Trataré pues.de pedir á Dios. que. me asista. con sus la*, ees, y nie descubra.su. voluntad.. Vmd. señor cura y los padres> de la señorita^ deberán encargarse de igual cuidado, en. cuanto, á ésta :. nos, comunicaremos, cuanto vayanaos adelantando , y si nuestros deseos, no. hallaren embarazo^ ejecutaremos, una unión, q^e soío^ con estas precauciones podrán prbdupir Iqs. bueii05. efectos que desearnos..
Desde: et apo. pa«ido_, nos^. heñios, ocupado en este, objeto, de, tpijita. Jpipc)rt.an,ciia, paira, todos , y í)ijen seguros y?t,^¿:Cuantft se puede, est^rip humanamente ,. de qu«¡ ambos jóvenes, desean enlazarse, y que á eUoleV llevan motivos justos y razonable^ , es de pre^mir que en el otoño próximo, ó Ip mas tj^rde á la primavera,, se llevará a. e&cto el matrioionio. / . i.
ó LA JMORAt DEL LABRADOR. 99
Di gracias al señor cura por esta confidencia ^ y pasando naturalmente á manifestarle cuanto me habían edificado los hijos del Barón en d modo ingenioso con que hablan celebrado los dias de su padre , me dijo el señóí Cura í pues vmd» señor, no lo sabe todo. Estos baeiioS hijos reciben de su padre de tiempo en tieñipd algunas pequer fias cantidades para Cotxipvú, de libros ó de algún instrumento de laii iartes que eultivaft , ú otra «cualquiera cosa que püedart desear en sü edad; para que se acostüinDfeii de esta mañera á a\l« tnimstrar con eConoíníá , y á emplear con discre^ don lo que léS pertenece^ Soii muchas las ocasior nes en que me han hecho el instrumento de sü ^raridad , ehtregáñdpfne para socorret la$ becesir dades de ]z patroqfu^ algunias turnas ^ que aunr que 'poco <:ronSídef abléS ^ manifiestan lo que áde^ lantan en la virtud, siguiendo lais huellas 'de su padre ; mas en el domin|;ó anterior mé enviaron con Pedro una caiítidad míyor que de ordinario , jsupliciñdome la repartiese entré los hijos de padres pobres que mejor cumpliesen con lo qup exige el amor filial Esta cantidad , unida á la qu^ el Bajron me eaiviós^^r pisara los pobreis , ha hecho que algunas fánutias de san Jüañ Wyan atrai^ do hoy coa sus ontciones Ik bendición de Dios «obrejel Batony «dbre sus: lujos. .,. .i . )Gq^& estd/iUegaínos al itegaír :^ñ qse debíamos /»piMráÉñí»de>teáeaoíes d^ Bfeliíibnty de;§áp Jjuan, y K^gpmtf. Íí^lQ^lwetv^'j4^ifedtó<^, #:3fluéllos scflocéSí: towaiaos el . ici^op ips^v^ .volver á :f;asa. lIslbiíéadQme .j>reg}aat;a(^ fi. *€«er , Barón, •qu$ juwio forreaba d^ kseñantádjíJflmont y 1^0 -t}iyje.)díficultad.ea resp^ñdertei. m» p.4rec% ,s€i- .ñof/BjMTfta'^iqu^ ha nftcida rpftjaoSeí, vw^ra hija,
100 BL BWLItCN DE ROWNSKI
y que Dios la tieue destinada para baeer M felicidad de Estanislao* Entre las gentes del mu&dd me hubiera yo, abstenido de publicar la con&* dencia del señor cura ; pero con el señor Barón de Robinski era menester llevar en las manos el corazón^ y mirar con horror el disimulo. Con* tinué pues, asi: el señor cura ha tenido la bojndad de participarme el estado de esta negociación., que deseo se verifique por el úateies qué me. inspira todo lo vuestro.,— Es verdad^ me respondió el Barón , que este matrimonio puede ser ventajosísimo para Estanislao. Los señores de Beláaónt son muy virtuosos , y la señorita es una copia de «ste' modelo. Sus riquezas son considerables^ y ^sta circimstandajes la úfiica que e» lo» prkici^ -piós me pareció oponerse & la felkiáad dé esta , unión. Cuando enlajamos á nuestros hijos con personas, iguales en bienes <£e fortuna podemos ^estar mas ciertos de que serán felices , por nú Éer los intereses ^i la opulencia lo que mueve su voluntad; pero cuando sucede lo contrario son líienester mayores precauciones y mayor esnaero en explorar él motivo de la inclinación. Por la misericordia de Dios toda concurre aqui para tranquilizarnos , porque tanto los padres como la /señorita se háB persuadido á que la virtud de mi Estanislao es superior 4 todos los bkinés ^e feí^- 'tuna , y qtié> sus taletkoís para la admkiiistrácion ry para el cuidado ide sus haciendas ¡co^^^íboi^^áii al'áumíentodé Imperitas de su casa iitcoti:^ráL-* bleménf e ^' tms qué^;1i¿bieraii logrado' éon otro •joven cFkH^ eb la-<^ulencia y a<:rostumbradO al Itijo de 'sbclak^^ mas que auna sabia y prudente econémtá^. En^ cuanto* áEstandsiao he podiUo-cotí- «vencerme pck^lajeñititió 4U3 me^ia'aiiitt^^srdo^
ó LA JtfOKAl. DEL LÁBRAOlOlt. ^0^
que ni es la riqueza de la señorita ni su hermo* sura lo que le ha decidido á desear sü mano , sino su juicio y virtud. Lo üníco que parecía hacerle indiCeret^ sobre. tQd4& ^stas y^ntajas^ era ^ seu^ timiento de dejarme; pero su prudencia le há b^eho. conocer qv^ el estado 4^ i^atrimonio es di estado mas natural del hombire 9 y eo el qitre. con mas facilidad puede asegurar su salvación; que por suesposa debe<dejaa: 4 $u ^padre y mar dre , y q»e el yiyir, á poc^ legu^s4e aqui nq ew dejarme vabsoíutament^,^ y . ;nií2^hQ masaos quedando toáay ia .,?us ' dos berpianos para aqQmpar fearme. mas de cjerc^. Tarde .^ten^praaojamitórr t^ debe yenír á separ^raos , ía decia yo , y aunt
que i2stoy. fienfialQ- d^-;We ik:g?ací^ d^ Dios no p$iridQS»ni®ar^rá c>\^4o ^yo^. f^ltevy . qup su bood3d> Qs eiAi^A?* .«i*íí94íísi>l^^ vuesw%.iyifcyj9e njQp/réirqn, ijaayftf . cxwteitekri.si. dejáactofp; awínííS^*4Q^ycp9KÍ50 devfemitíayJvep gye tmí^xmmm^lfP^m *PLftpPjc>:^e:meisabfiítkwy^: y me^.íeen^l^ijci /Xodo ;pue& « ehcuentqi ^j^ít^l^^^^ Á> iM^ S€t a^iinu nofivoi ineonvietI9á^^rp^9*«q9^ v^eri&caiL mboñohaúmm
- JU'egamos i iat cása^€|ell Bapoii ^^ yi^té^uei dk •¡un .rata de,comFeikicidn en .d terraptén oosreh 4inkDQ5 en e^i)rat^m|)ára. acabar el día. con las uú^nasi^idictdioa^ r^g^sa^iquedbosrdboias^d^
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102 ÍL BARÓN JDS ROBIÑSKI
'De ios deberes del h$mhre á¿ia si mismo.
Aunque el hombre sea; 'naturalmente un ser social destinado para vivir 'coa otros hombres , y áünque sin hacerle víolenciiat no se le pueda consi-- derar aislado, soló é independiente , tiene ^in em*- bargo- ^obligaciones particulares acia áí mismo. De$ea ser feliz y ^ebe serlo; pero le fuera impo-^ ■sibfe conseguir esta felicidad si olvidase los me-» dios que cfebetí 'Conducirle á su pi^esion. Si la salud ^s irn bien en cuanto al crúerpo , la paz de su alma lo tes mucho mayor \ .y ambos objetos exigeo Cuidados ¡jf' atenciones. Lá irazoñ -náturaj lios- dice <)ue líos debemos ^éoíiáér^ár, y que dé* ,bembs absicenertÉíi dé cuánto {ñidierá dañarnos y d^triiirnos ; y la relágbri ^ tj'ue t^ ex*
tiende los. deberes ¡de la ley natural-, borrada en {jarte ipor la degriidáoon ^úé et peóádo de * Adail tízo :ea la /ñatüral«^á dé'siti deSeed^ÉéÉtrs'j^'eler
ivaoik) ciuesürcii3» 9emin¿entoiiiy^li£i9Ef{a5 2d6a^V^^^ dice que el hombre fie^.és>áüydsinb'de^lHG^/qu^ ifc haj ícriádo V i^^^uÜ lejos de stírJiibre! en dlspo* ner^ d^ si como le ^ac^modé, debe íseguir constan^ temeiake la Vi)luntaddeDio5tvy^;[»restarse ácua]i>- itQ :^te «-isitiáueñó 'iefflgtódi^íéi^ ^eánibfir! pues k^ obligaciones que la ley natural y la religioattaii» ponen al hombre póí lo que hace á sí mismo; y para mayor claridad dividámoslas por los doS objetos á que ise pueden dirigir.
El cuerpo y el alma son las dos partes esen-* ciales del hombre : habrá pues deberes que llenar en cuanto a ellas. Sü conservación depende de la
6 lA MORAL DEJ. LABRADOR. i03
unión de ambas partes, y el IjQmbrej oo, tpuere sir>o. cuando la, una se. separa de 1», otra^.fEsta conservación de^si misipo/es^ eÍ,píiflj^C ^^Wi k^ ía natu^ate^^i deseo, tan en?rgicp,. qqe. «e TOí^nifi¿- ta á nuestro pe^ar , esto, es , inyqlunt;|p¡^iB^Qte y sin que. podapiQs desecbarlelTpdo aqwellQpues, que se opusiese á: esta, conservación , y^ qp^ d^^-^ orgaaiiz4»do,nuQstro. cu^ípO;:le; ii?I)^t>¡litíisp, pajai alojar el Alma; , nos s^rá, pro^ibidoi poír la, jf^if^ .j Larreligióa nos dice, ín^s:.jeU^<noS:^ns^j5a,qu%r45|í)> spmos. Rueños de. nuestros, cu^qs, y^qtie dispo*^ ner de nuestya yida.ó,de. nuestra! salud, )^ despqjgr-j. nos de: estps.preciQsos bienes, esiobrai: contrajo^ í^rechos, de,. iQios , que se há. r^ervadq, el, de; A^ vida y; el; de,:ía muerte,. IsfQ spííirjiente: pues, np¿ será prohibidQ por la^ ley nat;iaral y por ley i^cj^^ el quitar^Qs kyida,; xpatáqdonpSj'sino también el cometer excesps qué pupda^ debilitar la saluddeí cuerpo,, y adelantar su muerte. De aqui áescíén-J de la. necesidad^ en .que, estamos, de, abst»i^nos' 4e,aquellps¿ .ejercicios, que pudjkan. pónerQQs.e¿ peligro, d^. peigleÉ la, ^alud ,; y ea e^pki de josf excesos de. >> gujla y 4e la destemplanza, en lar comida ó en Ja bebida.. Si el hombre comQ ser ra-^ cjonaJ debej obrar de manera, que, sa conserve comp ser. sqciál se debe, abstener de tpda aquella que le fiwda. hacec perder U, razpn. y ^ conocí-' cuento ^ porque. redücici9, entonces á ía clase de bruto ,, Qomet.e, acfciqn^, que le, ílegrad^n á: los: opsde susasoqiadpSjy compañeros.;Por otra par-/ te, el infeliz que/se entrega. á>m se: iipposibilita antes, de tiempo para el trabajo y p^rai las demas; funciofíés- qu^^^ familia y Ja so-; ciedad eicigen; de élj, apaba con sus bienes, no inspira compasión^ m aiiq eri su pobreza, y ni sus v
1G4 Et BAKON DE ROBWSKI
hijos lé lloran cuando áiuere ; porque i c<5mo llorarán á un padre desnaturalizado , que por vivir como ksr bestias há causado la ruina de sus tii^ jo&? Pero i5i la templanza es un deber de todos los hombres , lo es mucho mas de los cristianos,* cuya ley les prescribe el uso de las cosas tempo* rales con referencia á Dios, y que quiere se con- ^dere l(t comida y 'bebida como un remedio dtí las enfermedades del hambre y de la sed, y no^ éomo ün placer sensual y desordenado. ^
Por d trastorno general que experimentó nuks^ tra naturaleza con d pecado del primer hombre,' el cuerpo que debiera estar sujeto al espíritu , se rebeló contra su señor , y sacudiendo la dependen^ cía, quiere vivir para sí solo, despreciando los cotí-^ sejos de la razón ^ y no contando con el bien det espíritu , que es un bien eterno , y de una gerar J quía ftias elevada. ¡ Infeliz ! Es un ciego , que no conoce que su felicidad va unida á la del alma , y que habrá también, para él- una resurrección de' Vida 6 de muerte. Ved aqui por qué es indispensa^ ' ble sujetarle; á la razón y reducirle ala servidunr-*' bre, ¿)aTáque camine, aunque no quiera, por lá s&nda de la virtud, que es la única que le hará feliz. En otro caso él sería el primero que. nos echaría en ' ciará nuestra condescendencia criminal, escusán--» dose con razón con su degiiedad y con su ignoranda. Es menester pues mortificarle , es menester domarle, como se hace con los animales indóciles y recalcitrantes , siempre que se resista á * la razón, y que intente seguir sus funestas inclinaciones. Estos serán piíes nuestros deberes en cuanto al cuerpo : conservarle eo estado de sa-' lüd p de fuerza y de vigor^ si fuere dócili sumiso y obediente; pero mórtifícaríe y detnlitarle
6 lU M<»xii»srij^BtAiios. ^m
cuando se vale de su fuéña para sacttaió^el yugo ide la razony dtftdebei. it * m ü i t j "> ,x * Todo k> qué púádx condribüir iia;l&U|:i4f3i^
4el alma será una ot^li^aciorijde^nuésftroip^MtQé^
<omd ' está ' felicidad 4XXíú^xe^ uiuica«n&^t}e: «iv -ffif
tseer a Dios, todos los^medios (¡uei pü^daoLcpiir
'ducir á este fin seráa- btros dantos. débeíeS. pSLti
nosotros. ¿V cuáles son <esto$r ousdiofe/dfii cnm^Qt
'guii^'á'Dios? Co^o^le^ aitiailQÍ3a>sai!yi^:]Ved
^lú para qtié vh^impsi^^T^^^^^ciuL.paraí.ifuié <&ib-
•mos «sacados de la nadatiOoaobíeada;;á' Diosí
amándole con todas nuestras; ^faerzas*, y ^coafot^
amando nuestras- acciones ásuiley,Jbgrair€tfnostSU
posesión , seremosadmitidos á m. reyno , y fa^br^
inos procurado 4 nuestras almas lai fólic^dad át
;^e son capaces.' *,.:?,' . ; i;I , :; ^: v.,v/)
\ : 'Para d3n'seguirdC4»i)oeíidi^uatd de Dios esji^^
nester que nos in^trüyamos>iCon elríesmdigf.dé>¿i
xeligion, con la leccura^^de libro&^e piedad > «y
con la asistencia á las exhorcacion^s: de sUs mmijH
tros. Es mei^ster^q¿i?en)edirem(>dJBobre9i^
quie estuditoios lá: nktbraleza ^^y que iios afiravct-
chembs pátk esto^de laifeüz^iocabi^MV/que^&arVÍdlÉi
del campo nos o6:e¿e¡ £1 ODttsQcomforaifó jde los.
astros, la vuelta de las diferentes; e^acipnes i del
añioylos movimientos del 4901 :y de¡la luaa^ hihetr-
mbsura de la bovédaí ád ^inaiüéntor^^, las ?teúi-
'pestades misnMs y Ids 'inetáoí^'itddb aoimcia su
iomnipoténoia , todbw dau testímonio dej Jsu>;glQria9
todo publica^ Áü naagostad.! ]£t jdesarfolloí ds/Tas
semillas que confiamos á la tierra para que se cot*
ipoQ^pán; laS'kyes d6-la vegetación qik.fuer¿an á
4as plantas á pro^iicir ílor^iy/pi^u^Mi; iloi senrje
cíos que' récilnmos déjk>s anünáles^ toda ooidicie
'^e Píos es oiiestcq^Padre^: que cuida^de aosbtcoB
^.que^úis ama como á h^}o& Si de e^tas réfle^^ nes que tomamos de la .naturaleza >ptasaípQs al Wudlbttd^la .religión, alU descubriremos con ma- ^dt'lUí, los jbieneaéterriosq^ nuestro Cm^i)^ m$ ^pataqp eleidflijíciiya puerta: ¿w)s ^bñó Ja san?- -gt^^sü'Hijo, y las lecciones éiostruccionies que ndsi dejó' durante fiu vida, la mías trabajosa y ^mimetrnáa^isfAeL s^vió en: el mundp.; , . , . t A'^lje' eoiiac^iaiieata dtrI>ios jCO]:«^^jCitá;;núe»> 4tík áiQiaft &: ^ú apio¿> pqrqui^ j ¿ c^mo; poémü: ^ j^r'^ie ^a^r ál ^sobérador.bie^ ? JS^mlú^jmromQs -skndpf ^ tener pr¿is«ate ^ la í priiteipalí^enfeímedad Ique contrajeron en i el .pecado delprimer hombre, park evitar» sus tristes cónseciuencias, JE^ta enfer* iheáad, llamada; íoooctapisceo^ia ó^, sensualidad, consiste en la inclinación á las . criaiiiAras , y qfi atíaarlaa désoidenadameirteén lugar de Dios ; y « indispensable combatir .sin idescansp esta, iwrliítjacion , «declararlji continua guerra:,, y ,no soltar -j^mas de nuestra mano, la^ rienda que debe con- ,t«ner este/a^Btitoirriicional. Son para el tom- 'bre> las «riato^s;, pert) el ihornbre.^:,sfío, paira Biosj^Iia'pérdida' de acjutílaLS^nQ deh^, afligirnos íhí eátristecetaaos y. porqué solo h pérdida de.Dios Íes una pérdida verdadera^ ,En una paiabya : po- -deñii^ y debeinos amar á. las. criatura?, pero por -Bi«5íyipava"Dios'¿y ii6 p0r/eíl*sr,mi$ínas* Este m iráestm déber^-<yitde^otra. nianera no <umplj- ^Yí>^estniis alnusíjQoíi labobUg^c^ctn^de: almarca ¿I)io6Í)de!laim&iierkIqi:ie 'Se, :ne(;:eslf aj^p^a^que Jie mereticai|iy posean-i. ^
./.HaWianMfc) en . la^^; lecciones ^pfQQedgntes d^l -amor defC^ó&^'dyimoa cútiKtoi Ju#n^ que el amor cix^OMsisie^ea^pblaíiras ^ 4ue na ^e^ ejsteril.y , qu^ iiaJdh^£ia^Í8oáilasi)br^» Bela^piJ^rP^^id^d de
6 tk MORAL BCt' £ABt A13lOK« lOQf
servir al amado ^ de complacer!^, Rehacer l^quQ fe. aginada, ^ y de absteoefiáos. de^ lo i{|]e>^esapf ue^ ba i tpaitíuboiise j5|iir^ií posesión , ¿y id§i JOMwigiWW'j ÍQnuestPa felicidad» Liinív ; : .íVít:.; . ,i¿ ,:; i Pero hay una cosa digna de fíjar nuestra aten* cion cua«da^hablaJXiQS/d^ÍQS,ikbecp$ áí^ nosor tros mismos 9 y es que los mismos medios que nos conducen á la «ieUcttlaü eterna /oíos procuran también la felicidad en esta vida. El que^ piense ser ñük éj[uL por otro odacaftAO; <^M i^ 1&: yiftud se engaña to^ pemelite^:NiJQ^[mv bialof «&^ £^litt 4(9p cia Juvenal ^ y con razsto j 1 porque^: {«ki :^fJ^ l^ 1 *s^. Ueva jdentro desí Un^usanDroédQir.íQite le ^vpra^ un acusador importuno que 00 le permite ^eltm^. ñor descanso V u^a oondienet^j ÓT^camoc&n^e^ti?^ jí^ si misinio, que le 'gritaiBÍh,f:feaftrt;y<c)üe'l^ecba^ cara sus^ extravíos.. íNóí isay trbnqiuUidiald ^ po^ rh^y^ contentamiento paraielidelmoudnte^ y dc^quierü que se vuelva, encuentra siempre la imagen ;de ^n crimen. PQr ^1 .contrario , elvhombre debieA e* siempre feliz , porqne.él'.soloifBJeliQ vlirít^c^ to'y satÍ9fec^<ie:sLiniísmo>}rSQ|3'j^ie^r^^ de las turbádioriessdel lácu» bü aloauLiesííái s^i|»!.^i«g| pa!z sú coracohl Al justa no fe-asilstaa m \^ pftr^ secaciones ni las caltftilnias , )>or9Jte d)juick)¡49 Dios lé indemniza del íde ilos. hombre; Jas, pr|y»n dones deilas ¿oosodidadefi jde ^ta ívid¿> s^fti j^a^ pi^ra;^ ^í pwqix^ltadGP su ÍHeniji todQa)i]íu$ *fi^a% e^iiain^'Qn I)k>sviy & X)ios posee. quieti taes»Jav|ftt tud. El destierro^na le atoriiiemft i pM^e^ mpkn tria «tá eri el cielo^ ^y* nd esi dado i-ips hc^my^ el destefratIe^deaqodlarpátrib.'La muyete mi$p9a, no «í & su^x^Qi^raia.un tiánsito 4 Ja fgUcij|^4[ un pástt |)atrb lal^rtdbi^^i^^^sdfis
ht viJa^ !ftl aln]t< t^Qoé ¡tíeinerá ^ues el honibrei jus* tú 4q 'pa^é dt 'k)s h(»nbres? (fnqué i;ie^gQs ppdiá c0Fter^^ibliGÍda^^ m^íentras tenga á m I>tos 4^q4 tro de sí, mientras la virtud ifivaeñ ai corawni
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n ..; tíhtQfia ie Roberto.
Ít" * * ' • t
> nHál^al^ol^rtO' excitado iinicuípíósidad^ desde qú« íitttÁtaÉten ¿«íia icasai kiel -Barón ^ y* está .purioaklad^ ^ había aumentados jen ú dia dle saní Juan Bautistfa, en que observé su. talemo en la música, sü d^treíza^n ^1 laúd ) su ^radablé canto, y ái^U^^^huta^'-y^ desembarazo i, que anunciaba MftbfeíJ^técibfaio Tana brñlanté edücacjion, y fre^- eWeñt^o í^las grandes KÚniónes de la sociedad^ De^^bá^fpiíes saber 8á historia} y habiéndoselo^ iK&nifé*tí»áo ál Barón en una de las tardes. en que venfianíos de nuestro paseo á la granja del Bosque^, 4ilfe~toMá;lteLe^ta. manera. ci , .
•^- Cd¿bíte'i»rcfet^^muerte Kdénáe^nDísaime de-*
7"á í vívfe- etf lev^campo' con ríuS hijos , visite lost vallé» intríediato& de los Alpte y diferentes jpror pkdade$ qúíe sé hallaban de venia. Vibe: también á Wfe idisr: sá» ^tíiá4[i pdcra'Jí£K:onoceüia$;:tielTa$){quo «©fifiq^rí áíipoco^'tiempoj i3p.sdQí.da8ifluist:.RQ^oji3q rafe^defiívfe ^ínpe- :día| pateí verlp^ .tóldo .¡xw- wí n^rf^ ^-é|!«&r4ii?me ' deiai^ c^cmnsi^cKm^; Hi^s . {>&? 4ueí|á*i yc^^ervar cuidmtos^mehte jelriCaJtwteí y é<»t¿ttibrét> íde :^s .iiabitantes'; poíKjUe debieftdo pka¿'-<ioii tíllc«d'i«$íoidfiiiniiTáda,ijerar«idÍ5^^^^ ja^%fetbcok»cinmbi VI siguiendo dbi^as^ de @2^ ^ci^^4x¿sirgáde ksrqtiq 4^;ia£fipe)p(driiUii»
ó LA MORAL I>£L LABRADOR. 10$
campo, él no precipitarse, visitarle muchas veces para conocerle bien, y observar las costumbres de los vecinos, y el grado de comodidad en que viven. £n lina de las mas bellas tardes del terano ^li al ponerse el sol á dar un paseo por las in^ mediaciones de san Juan , y me dirigí por ese xnQiv te que tenemos al frente , á la espalda de la aldea de Oriol. Llegado á su cima descubrí un vallecito bien cultivado. Algunas cabanas le poblaban , un arroyo servia para el riego de varios prados, y to; do me anunciaba el mejor cultivo , y que sus habitantes vivian con la comodidad de la medianía. Distraido en observar cuanto se presentaba á mi vista, olvidé que se hacia tarde , que la luna salia á reemplazar al sol ^*que las zamponas de los pasr tores que conducían los ganados á. las cabanas hablan ya cesado y que todo de^ansaba en la na* turaleza , y. que era la noche : mas en lugar de volver de mi distracción , me vi ocupado por la mas dulce melancolía, Solo, en medio delbosque^ en qué me senté para observar el valle ; la vista de un cielo puro y sin nubes , las estrellas que l^rmoseabaa la bóveda azul del firmamento, la plateada luna que cometizaba á subir por el ori* sonto , y el «ileacio que rey naba por todas par* tes , mé hábia enagenado en la contemplación del Ser eterno , y (k las obras ^ue anuncian su grandeza , cuando el sonido de un laúd sacó á mi alma del encanto, de las maravillas que con* templaba. Presté mi pido acia aquella parte ; me a^rrebató lá destreza del mÜ3Íco, que cantaba* al misiho tiempo con ja mayor dulzura y cual pudiera elfioejor actor, del teatro de Italia y y tór-f oioradod^. qUe ^ sonido del laúd salla:! de uña Gftbaoa . pi^xíoiai determiné acercarnuet^j coókoi
lio Bt BARÓN DE ROBIKSKI
cer al que le tocaba. Hícelo asi , y al llegar á la cabana vi sentado 4 su puerta al joven que to-^ cabá el laúd : á su lado habia una joven , que desde luego creí ser su esposar un niño de cuatro años estaba reclinado $obre la yerba á los pies dé ambos jóvenes , que tuve por sus padres : cercaí de ellos un anciano robusto ocupaba un banco de piedra , y un joven de veinte años al parecer remendaba cerca de los demás el colchado del yugo de los bueyes.
No bien me divisaron estas Sencillas gentes, cuando se levantaron para recibirme y saludarme 5 y el joven del laúd dirigiéndose á mí con ayre de dignidad y afecta, me dijo ^stas palabra$: vmd, sin duda se ha ^traviado por alguno de los muchos senderos de íeste valle , y pues que esta felÍ2 casualidad nos próporciotia la ocasión de ofrecerle con nuestro afecto la hospitalidad de nuestra cabana , le suplicamos que la acepte, seguro de que la oferta que le hacemos nace del corazón. Siéntese vmd. púas, caballero, mierítrasf mi Lucía va á prepararnos «na ligera cena%— Díle gracias por este ofrecimienta, y lé mariife^^ mis deseos de volver á san Juan para evitar él cui-^ dado en que tendría mi tardanza á los señores en cuya casa estaba hospedado.— -* Mi hijo Felix^ dijo 'el anciano entonces , les. irá á advertir del paradero de vmd, para que se tranquilicen y sal^ gaa ' de , inquietudes , y» vhid. señor , debe pasar la noche coh nosotros, porque el camino es muy quebrada,' y le fatigaría con exceso. Roberto nos divertirá cpn su laúd , cenaremos lo que nuestra pobreza pueda ofreceros ^ descansareis en un le^ cho limpio, aunqiie duro, y mañana os aconÍH pañaretQos^ásan ^lan^^-^La sencillez y buen co'^
6 lA MOKA!; DEL ZiABRADORi ítil
Tazón de estos campesinos, y la curiosidad de ^ber la historia del músicQ labrador , me determinaron á tomar el partido que se me hacia. •Tomamos pues asiento sobte la yerba , J^ : mié»- ,tras fue Lucía á preparar la cena, y Félix partió para san Juan coii mis instrucciones , tocó Roberto su laúd , y caíitó coa la mayor destreza. ; Antes de una hora tuve por Félix respuesta ^6 san Juan,, y Lucía nos.advirtió que la cena DOS esperiaba.. Al entrar en la cabana dé estos felices .labradores observé el miyor orden y la linópieza mas prolija. A pesar de la pobreza, en que .parecían vivir, todo se hallaba bien colocado, y los muebles, aunque antiguos y rústicos, esta*- ban perfectamente limpios y aseados. Habia para •cada un(> su servilleta blanca , aunque grosera», rsu vaso de vidrio y su cubierto de madera; y Lucía habia ya servido para nuestra cena un plato abundante de huevos , otro de ensalada , y manteca y queso. Un pan moreno y el. vino del pais completaban esta sencilla cena. Quibo Lucía ma* . infestarme su disgusto, por no poderme ofrecer vplatos. n^as delicados, manjares mas sabrosos; pero Roberto la explayó ^ diciendo : el señor hues* ; red , que tiene la bondad de honrar nuestra cabana , habrá conocido nuestro estado al entrar ;6li ella. y al observar nueistras personas; y ente- .i^ado.de nuestro corazón, y de que con buena r voluntad le QfrecenK>s lo qvie tenemos, s¿, dará Cp0t satisfecíio de la sinceridad, <5on(4ue le» ródbi- .mós. Siéntate pues 5, amiga mia, con mosotros, y ^haznos plácoS' como lo tienes; de costuníbm^ f>ara ¿que» lel alicorto que, »9s ofteoes nos parezca mas
;f c{; : C^tovi y jObs^j^eo.eíta Q^aña' meapah-
112 •* BL'BAROW DE R6BINSM
ciaba que la felicidad residía allí mejor que éñ los palacios y en las cortes. Mi corazón se halUba enagenado de dulzura , y al acabar la cena no pude -contener mis deseos de saber la histo* ria de Roberto. jCfe! virtuoso joven, le dije, no. me neguéis el placer de oir de vuestra boca las aventuras de vuestra vida. La noche es deliciosa ; saleamos á la puerta de la cabana , y hajcedme participante de vuestra historia. — Sí , Ró^- berto mió, añadió Lucía, complace los deseos de nuestro huésped, y no te olvides de cantar él romance de la cabana , al que después de Dios debemos nuestra dicha. — Prestóse Roberto á nues^ •tros ruegos, colgóse de los hombros el laúd, y isentados sobre la yejba , comenzó asi su histo- (ña. . . w • Peto nos bailamos ya , me dijo el Bastón y én el *érminó de nuestro paseo. Roberto puso por escrito su bistoria á ruegos mibs para la instrucción de mis hijos. La leeréis al llegar á casa , mientras estos van á la biblioteca , y después de cenar os contaré el arreglo que hice con él,, y como lé pude- decidií? á vivir conmigo, encargándose de administrar mis tierras y de velar sobiie mis' criados y jornaleros. '
Llegados á la casa del Barón, me en|:regó este el manuscrito de Roberto , que decia asi.
Apenas tenia yo dos años cuando perdí á mi . madre ; perd, mi bu&n padre suplió su falta , formando mi razori, y sembrando en mi alma las -semillas de 'Ja virtud ^i Ojalá que yo haya sabido cor respondeír á sus desvelo^ , y seguir con fidelidad sus lecciones! La cabana que habito y el cor^ to terreno ,que la rodea , cultivado por las mailos de mi buen padre , nos proporcionaba lo necesario para la vida; Dutíitit^ el dia le acompañaba
6 LA MORAL BSL LABRADOR. Ii3
yo en fel campo , y en sus brazos me dormía cuan' do la noche venia á poner término á las fatiga^ 4el cultivo. Era yo muy niño , y ya me había mostrado el cielo como mí verdadera patria ; ya sabia yo por su boca que había un Dios , presente siempre á nuestras acciones , y que no se le agradaba sino con la virtud. Pero la lección que me repetía con mas frecuencia, era la de vivir contento con los bienes que el Señor me concedía en su misericordia , y de no aspirar á otro objeto que a la conservación de mi inocenda en la cabana que me dejaría á su muerte , y á cultivar las tierras que la rodeaban , y los árboles planta^ dos por su mano. Sí , hijo mió , me solía decir, estos árboles vivirán mas que yo , y cumplirán Üelmentecon el encargo que les he>hecha de darte sus frutea en nombre de tu padre* Los^ecibircas 9 hijo mió , de mi parte , agradecerás mi cuidado y mi amor , siguiendo la virtud, y te con* s^lÜKaiis puro y sin mancha , viviendo sáempre eñ es(e retiro. X>eeme , hijo mío : en esta cabana CQas^uirás mas fíicílmente la feUcidád qne en» igedio del rúuñdoly de las ciudades populosas. £1 \ricip. reyn^iejf ellas ^. oomo en su propio centro^ QiíentrAs que se aparta de los valles ols^curos, ha-'^ bitad(QS por el/seac¿Uo'iabfador^ que come sti pan' con eLsudor decaía, rostro. Cree á tu padre: te' l>abla por experiencia, y quiere que su egemplote aproveche. :Vivl en el mundo y en el rui»-- do de las grandes ciudades, y aunque supe conservar, la inocencia i, no pude> coñseí^uir la tran-. quíii^d) y me3VÍleHóbjeto^dé pei^ecudóne^ in-^ ja$ta$U Hice eá biái quel páda, y etirlugar de^r^l tuud , eüQontré con la enemisiraKi. Guando los que creí reveses» de fortuna, me poecisái:6n'l[ trabajaír
! 1 I
114 SI' BAROK BS ROBTNSirr
en este retiro , en él encontré la felicidad , porr que en él hallé la quietud y la calma. Nada me faltó desde que fui pobre y trabajé , y todo me faltaba cuando me creía rico y vivia ocioso. Carecía de libertad cuando estaba en el mundo , y hasta el bien que hacia me atraía enemigos no pocas veces ; pero en este retiro , en este campo^ que yo mismo formé , solo he dependido de Dios y de mis brazos* No creas, hijo mió ^^ quesea tan felices como nosotros los grandes: que viven en palacios y eu medio de los placeres y del bullicio : el tedio los persigue , la ociosidad los llena de disgusto , y aun aquellos que pueden satisfacer todos sus caprichos dejan de estar conten^ tos cuando los logran , porque apenas conocieron el d^a de poseer; y la.mismía facilidad con que consiguen^ hace que. nOi' aprecien lo qitópo-^ seen. El hombre > hija mío > vive poco tiempo sobre la tierra 9 pasa como la sombra, y cuando Qi^Qos lo esperaba : tiene que dejar ^uanto poseia^^ Tengamos, pues pocos coiitenténaoni^ con lo ó*^ qe^rio^ ^ ápejQas nos será.áendble el abandotiar- 0siia tierija de destierro y :de\lágrini2tó.«Cúahtáf menor sea el numera de los. bienes que pa$e^mo^^' menos atados estaremos al mundo, cqn menos disgusto le. dejaremos y y. mientras! viviérerños én^ él tendremos menos motivos de inquietud^ y lograremos con mas fácitidaá la paz vdei nuestras '• almas , que es en lo que cónsi¿ter nuestra ve^da-! dera felicidad. Asi pucs^ hijobiio^ no abandones jamas esta cabana que construyó tu padr^^y en 1^ cual ha;yiyído feliz^r cultiva lestars tierías que* yo desyermé;^ cujtd^ de: loS] árboles qué 'ptailté . para tí ^ y.ri^emplazaios que vayan fakando, para ios. hijos queivDios. te. ^coneediecei No^ olvides ja^*
6 LA MOltAL DEL LABRADOR. IIS
mas que el que planta un árbol hace una obra agradable á Dios. Conserva la paz con tus vecinos, no les seas molesto>:no les hagas perjuicio, ayúdalos en sus necesidades , consuélalos en sus contcatiempos, usa de indulgencia si tuvieren de^ fectos , jaxnas te vengues de los que té agraviaren , porque la venganza toca á Dios solo. Sigue la virtud , aborrece el vicio , y en el rincón de tu cabana y detu campo, ejercita la caridad y la "beneficencia para agradar a Dios^, y para que ¿ tu. muerte puedas presentarte i^on confianza en el tribunal de su Justicia. t
Estas eran las xronversaciones ijue mi padre tenia conmigo tron mas frecuencia : estas eran las ideas que me inspántba, y los sentlmieiítos^ue imprimía en mi corazón. Pero *d momento «e acercaba , en que la felicidad que gozábamos iba i desaparecer , tx)mo -desaparecen todas las de este mundo , y en que las esperanzas de mi buen pa^ dre se debian desvanecer, arrojándonos al abandono mas horrible y á la pobrera mas absoluta. Se habia mi padre constituido fiador por un vecino suyo , arrendador de las tierras del señor dfe Vecor^. Los bienes «de -esté arrendador no habían bastado para pagar lo que debía por los arriendo^, y mi padre se vló citado por la justicia para satisifacer lo que restaba. Este proceso le consternó^ porque vló desde luego que su sentencia le arruinaría^ y cuando se decidió por el tribunal que se Iludiesen los bienes de mi padre para lá satisfacción de la' deuda , no pudó soportar éste golpe cruel^ y se vio atacado de una enfermedad , que dejutro de poco le debía conducir á la sepultura. * Tenia; yo diez años á la sazón, y llamándolaa mi padife por 4ar última vez, me dijo eststs
116 EX. BARÓN D£ KOVKSKt ^
palabras desde el lecho de la muerte. — Tu padre,' hijo mió, va á dejar esta vida para compareces ante su Criador : compareceré con confianza , y espero recibir la recompensa del bien que he he* cho como instrumento suyo. Los hombres me han perseguido sin razón i pero el Señor ha dicho que no olvidará un vaso de agua que se hubiere dado en nombre suyo. Dentro de poco ya no existiré, .ya habré pasado á la eternidad. Vas á encontrarte solo en el universo 9 sin padre , sin parlen-- tes y acaso sin amigos ; porque 2 qué desgraciado puede contar con la amistad del hombre! Pero confia en Dios^ hijo mió: éLes nuestro Padre, y un Padre que cuida de nosotros ¿n cualquiera situación en que nps bailemos ^ si somos fieles á su divina ley y obedientes á sus preceptos. Te dejo, hijo núo, en los brazos de sü adorable Providej> cia, mucho, ma^ poderosa para nuestro bien que todos los Reyes del universo. Jamas pues descon- £esde tu Dios, resígnate siempre á su voluntad, crece en el amor de este tierno Padre , que por jiea^^s desconocidas te hará feliz si colocas en .él t;u confianza , y si te conformas con sus dispon j^k>oe^ Recibe, hijo mió, mi éltima bendición: ¡A. Señor la va á confirmar desde lo alto del trono de su gloria , y ella te acompañará en todos los trances de la vida.
No tardó mi padre en cerrar los ojos ^ quedándome yo en el abandono mas cruel , envuelto en lágrimas, y con el corazón despedazado de amargura. Nuestro vecino Alberto, mé recogió en su cabana, y para colmo de mi dolor la vendió luego para comprar la nuestra; viéndcnne yo por estos accidentes forastero en mi propia caaa , y . desampara49 e^ nnedio de las tiejrrás qü^ dfis-
6 LX MÓRAl J>BL'LABRADOR« 11??
yermó mi padre, y de los árboles que plantó para^mL, . ^
Á pesar de mi edad tan tierna , y de que el buen Alberto me trataba como á uno de sus hi* jos, todo lo que veía: oeírca de mí me arrojaba ^ la melancolía mas ^ofunda : mi& ojos no ce^ saban de llorar , mi memoria me representaba de continuo á mi padre ^ y mi imaginación me retrataba los peligros del por venir , y los triabajos^ que me esperaban. No hubiera yo podido. sopcMN tar mucho tiempo una sicuadon tan deplorable,' si las últimas palabras de mi padre no hubiesenconfortado mi corazón. Dios me consolará, me decía yo , él me llevará de la mano , y me sostendrá para que no perezca: mi padre me lo dijo al'tiempo.de morir , y mi padre m<$ hablaba en aombre del Señor que todo lo puede.
Habi^Iíe encargado AlbertQ el cuidado: de un ganadito de veinte ovejas j y una tarde del mes de mayo,, en que las tenia pastando en el monte ^ue separa este vaUe del de san Juan , y en que entregado á la mas negra melancolía me deshaz- ^ en, lágrimas y en sollozos á Ja vista de la ca** baña y campo de mi padre, vi) venir acia tpí ttn; señor vestido de negro , de uñ rostro, vánerabiey y al parecer de cincuenta años. Sentóse junto ¿ mí, preguntóme con el mayor afecto la causa de mis ingrimas; y. habiéndole 'jrafer^o yo mi triste historia y la. de mi^paAre , se <x>titúiúVió su corazón : ya misina vi correr las* lágtimaí» de sus <xjos, y levantándose me dljq: tu padre, hijo mió, no te. ha engañado: sagradas gonlas lec^ dones de un pad|re ; y las palabras que pronun^ cia en la hora de su iKiuerte deben grabarse en d corazón de sus hijos paca.no borrarse jamás. A
ItS SL BARÓN IXE ROBÜTSKI
Dios, hijo-mio, no pierdas la esperanza en tu Criador , él te consolará , él es un Padre tierno que vela sobre ti. Dejóme' al decir ésto , y tomó el camino, de la cabana. . > .
Cuando lal dia' siguiente me <!ttsponia yx> se« gua.mi costúmbre.A: sacar al pasto las ovejas^ me dijo Alberto : por hoy estás esento de este cui* d^do : debes ir á san Juan á ver al señor Lapla-* ee^ que. estuvo, aqui ayer tatde;, me dio parte de un proyecto que ha formadcpara tu bien, y de*» sea hablarte en su casa. Ve pues , Roberto míos Qscucba.tron atención rlo^ue.aqud señor te pro* ponga, y pon en manos de Dios una determina** cion de que puede depender tu suerte y tu fof^^ tuna. í
i . Hice lo que Alberto me encargaba , y al Ue^ gar á la casa del señor Laplace, me tomó de la Qiand y me condujo á su gabinete^ en dónde me dijo estas palabras: conozco , hijo mió , tu sitúa *^ cion. Alberto me confirmó ayer tarde la verdad 4elo que me dijiste en el monte, y deseo con^ tribuir á mejorar tu suerte. No soy xioo , y de consiguiente m^ les imposible ofrecerte riqueza^ S^rOípu^o educarte, puedo darte xronocimiénN tos íquf . ite proparcioned medios dé vivir. Te teh-^ dré ea mi casa , comerás á mi mesa , y me en*^ cargaré también de tu. vestido. Si cumples con. tus d^^res ^ ^y jsL pones ia aplicación d^da ^ niada t&f^tis^áíiPieatras.ducam^m edueacioii^ y aca'^ bada esi^)^;I)iós. oíos alumbrará sobre' d rumbo que dels^^á^ seguir. ^Entretanto solo una cosa teñ^ gaque prevenari^e. .Ma apartes jamas de tu me^ morialos consejos, d^ tu buen padre, ni pierdas de vistió sUí:«ampo jr su cabana.. Tus deseos ^ ni tu ^|£abicion no debeQ'ii::ipas:]éjos. Si.al iki.d«
6 LA MORAL DEL LABRADOR. ít^
tigunos años te vieres en estado de recobrar « loa bienes de tu padre deberás tenerte por felfeí cul-l tivarás las tierras que tu padre regd con sü su¿ ddr^ Teeniplazará3 los árboles que hubiesen pe^ recido , alabarás á Dios por haberte proporcicM nado la adquisición del techo paterno, y le servirás hasta que te llame á su gloria {vara reunir* te con tu padre.
• Acepté desde luego una proposición que tante se coüformaba con mis deseos, y desde el mismo dia me qtiedé en lia. casa delsefior Laplacei Este señor habia sido rico , y aun habia té-» nido empleos considerables» Era conocido por sü Erudición y por su ciencia} pero hkbi^n'doi per^ didó cuanto tenia por una reunión de á<^cidenteí ftiiieSto$, lejos de d^rfaJliecer por laítíi^e situá^í cjou á que se vio reducido isupo vaiter^ <ie si? i^zon y de sus luces ; y haciéndose siiperior á* las preocupaciones humanas solicito se le diese; el empleo de organista, vacante en Ik pátroqüí^ de san Juan; La; musita habk sido su pasión doaliñante , la -poseía cbn jíerfcccion ,y en la óca^ sion de sus desgracias ella le ofreció medios de" atender ¿ la$ necesidades de la vida. Olvidado del mundo , escarmentado de sus vicisitudes , y • ocupado en el estudio y en la meáiucibñ^ la es-i easa renta que percibía; como organista ^ y algu^^- nas lecciones de música que daba á los-señtiritó^' de san Juan, le proporcionaban una virtuoáa tne^ diania y una vida obscura y sosegada , confor-/ me enteramente á los deseos que le inspiraba susituación. > ' ^» : . r • . , . J
* »No hubo cuidados ni atenciones que rió me prodigase este nuevo- padre que la providencia de^ mi Dios me habla 4epiEiradQ. Vestido siempre de
120 / fiL BAKOK DB BOBmSKI
labrador, auti^ue cotí el mayor aseo y limpieBty le acompañaba yo á sus paseos por el campo, y recibía sus continuas lecciones. Correspondí con mi aplicación á sus desvelos , y á los ocho añqs que estaba en su compañía ya habia yo apren^ dido el italiano , la historia y la geografía , y la música de voz y de instrumentos. Como mi voz era sobresaliente en aquella época , y mi afícioa al canto extremada , me . perfeccioné particular* meate en el laúd. Mi buen maestro me habla* inspirado también el gusto de la poesía , y siguen-* do sus sabias instrucciones ya componía yo algunas piezas en italiano y en trances, que atendida mi edad.Qolci pareciao despreciables. Al mismo tiempo que él señor Laplace se ocupaba en adot« n^r asi mi talento continuaba con el mayor ardor la educación comenzada por mi padre, y ayudaba á que brotasen y se desenvolviesen las semUlas de virtud que mi buen padre habia sem** brado en mi coraron.
Cuando llegué á laL edad de diez y ocho añosr me habló el señoc Laplace de esta maraca : has; correspondido Roberto al cuidado que he ttenídó de tí : tu educación está acabada , y la ocasión: ha llegado ya en que debes aprovect^arte de eUa para precobrar Ja cabana y el campo de tu ipadre.) Albeirto compró esta propiedad por tres mil pese^^ tas , y por esta misma cantidad está' determina-'» do á devolvértela , según me lo ha ofrecido. Si yo pudiese proporcionártela, desde luego entra* rias á poseer los bienes de tu padre ; pero tú sa« bes ía imposibilidad en que me encuentro^ y que ni mis escasas rentas , ni mi modo de obrar me han permitido economizar esta suma considera*-' ble* Pero tú puedes procurártela , Rí^berto : tú
pueden gbnárk' «dñ tu habiUdad en poco tiempo. Ccimpoi^ utí i^omátice en que manifiestes tu sitúacian , tus def^os.) y 40S ^de ta buen padre: toma tü laü4s t)»iaja'^oir Francia 3^ por Italia, áin abandonar eítrag^i de kbrador de un valle de los Al-* pesJ, y recibe lo que tedieiieti los; que oyeren tu música y tu canto. Al llegar á los pueblos canta acompañado dé fcu laúd en el lugar mas publico el romance que te encarga componer , y acude después á complacer á las personas que te llamaren á sus«casa&».l$fábi^do«cQ9 ^padecimiento lo que te ofreciere su generosidad. Sobre todo, que tus cantares relspií^en sSeitipre la iñoral mas pura; y huye con horror del que. quisiere emplear tu destreza en cantares obscenos. Que tus costumbres sean limpias, y que. kt inocencia noteaban^ done. Peligros hallarás para conservarla en las ciudades y enias réuhiosiesá^qUe fue^KS llamado ; pero Dios te acompañará por codas partes, y te sostendrá en los peligros^ si perseveras fiel á sus mandamienltos , y si le invocas en tu favor. No olvides jamas qué xii en esta* .vida recobrarás el campo y la cabana de tu buen padte, ni en la otra te reupirás á él en la gloria de Dibs , si dejas el camino de la virtud. Antes de partir debes disponerte con. una confe^on general y con la comunión del sacirosanto cuerpo de Jesucristo , y fortalecido coft este^viático nada, tieües que temer, hijo mioí el Señor sembrará 'de Abres tu camino, y te volverá con felicidad á este valle, desde el cual pasarás! tu cabana.
Sumiso enteramente á la dirección de mi maestro, me dispuse á ejecutar su proyecto : compuse el romance de la cabana; hice ocho dias de ^rcicios espirituales , y. ipa confesión general
con el señor cura ; .'recibí de; su aialio el pan da los ángeles 9 abracé á mi s€;gua4Q pAdre , oaaáodole con. lágrimas ardientes , y paxtt. ,. . * Fué Grenobie la pritoera .ciudad ;ea ^vie rae presenté i dando prindpio á mi krgo yi$ge. Era día de fiesta , y advirtien^ eon el paseo público una reunión numerosa descolgué de mjis hombros el laúd , y después de levantar mi corazón al cielo canté de esta numera : . !
- 1
LA CABANA.
.1 HOMAMCE.
' ' ' '
Entre las cimas, del Alpe * Sobresalen dos montañas^ Que coronadas de nieve Al cielo sus: frentes aUao. . Una al. grato aiediodia. : ■< Presenta la hervosa falda r Otra acia el norte se elevá^
Y del aquilón la ampara. Yace entre las dos un valler Del abril querida estancia ^
Y á/ fecundar sus /laderas Un claro arix)y uelo baja.
En lestas .sierras mi padre ' Fijó su humilde cabana, "\ ;; Guarida de la inocencia
Y de la virtud morada. . Su pajizo techo ^ expuesto Al Austro que lo r^^ala ^ .
Jamas del Noto alterado ' - . ' - Probó la indbinaable sa&U/ ' Libre dcL Soreafe ¡f Csm bi^lM' Tarde jóniúica lia. maltrataú';,
Y el JiÁúto hermoso del dia/l Can bla'hda lumbreí lá halagiEi. En Ja ifálda , <}ue visitan T Lc9 céfítoft< íCDloc(ada ^ i^ o ■ . i iPcmiíiaí'dl' b^q^e ilel. Is^ ,' i
Y dd^ Rhoa las/ nábUs {di^aS. Ofreeeá(&cdndó8up9ádoa{ o'I
^ ^^i^ke^amou^ 1^ nóáaadbs ^ : *
Y las uectkmtés ¡Estío ^
''' /'Be .docQidaft ijpi^seájcusgfk., xi
Da elcánoyéi^c^iilulceils^gujft;
Y las^ikñmqátíiQk moáte^l/f
El rosiico&asería;;. ; .. \/¡ Coronan < tendidascbayafi j^ . f
Que para: ^ohtai^ mis ^ñb9^'M ; Ohr2^aiaUof.páddréicplaatabas!; Entrd ellas íloi&anosirrecea í Cercos de pura, esipécalda' /f. Adondejel mirto y.la rosa Su aliento y color enlazan» Maft idiárboKAaib loa frutos í; X •AVíh I^e -Vertiimno;: eh la^ fUd)radas Del^monfe susjikaoda^ potQ^
' Eli^aoiénte Otonp ágaardá. \ . f , Alli nací^y y alli .^egre [ >
liAi wnple iniñsz gozaba ^ Cu^adofdestroKÓ mi j&sik> w L El rayo^de la: desgracia*, i [ i Felfe eLmid.nunbaíÍ!iai¥¡ito
•^<ui.iv A» juduvu» a^wtuuig, c^A j.
Mas^rio que el dé su patria ! ¡Y duerme' ánciaao á üa soaú)ra ^ B^ j^equdíuekt jugaba ! Del' siutor dd iuniveno . fi^decir da tnaoó sábta, ' y amar áaai padre fueron ) Los cubados de . mi iñ£iiicial Dios quisa jque mis ode^icinsi V HiQ^sen cuaí sooliltoa iraua^ «: •íf-^e desdei mñon^ c¿Uzíj r De la adverstdadifJüfDbara^r^ ) Mi padre , ñadoÉ de iia p^e y Sintió la justicia avaca c.A Y Del.apreedor^iiTi ái otras! maiios Pasó ira iüikseLJcahiaña. . ídf ¿ iEii;dk' murí^(llDrAiidoi:) siCl Mi túñét desaiÁpasadaí, . ^ < 'i
Y entre laflsfaayasndbl hüértcí Mas feliz que ya descansa. í ; ün gdcipnb^vírtuo^ n Mis<]ágrifois enjugaibaj ,«
T de^mi pí&adad^brigo ^ í Fué' su lio ^opialeiita casa. . Dio á^ mi juveutud consejos;; Dio á mis penas esperanza i
Y en él un sdg^undo padre La Providencía^ use giiárda« 'í ■f • Mm f.ayf J paraímíjnos^ají dicha ¿liéjos! de^^agudlki cébaoai, : .{v A^iieLv^lle, aquella fuentó^^^^ QueJnipresos; %y^ «» ¿11 alma. i Qué ímeirapomii Jas cáuddáes , La oiKdenciajniilasfgalas^ijrj J)e fchíolos cdra3Íoaies< ; > ¡7^. Jbiquietiades adoradas^ :. ;
Mas quiero el tranquHo ambiente Que en mi niñez respiraba , Que los ambares del Ganges^ Ni los perfumes de Arabia. Mas quiero el grato silencio -De la repuesta enramada ^ Solamente interrumpido Por las fuentes y las auras ^ Que de las soberbias cortes >Las bulliciosas estaiicias^, ' Donde todo es impostura ^ ' Todo 9 hasta el placer y estaña. Mas quiero el humilde techó ^ D6 fácil el sueño halaga , -Que velar medroso y triste Entre ropas de oto y grana;
En la dulce medianía ' Mi edad.dichosa go^axá^ De envilecida miseria Libre, y <}é opulencia vana. Baijí9t ^ paterna; choza ^ i Alegres niedesíp^rtaiian^,' ^ ' .Ckmoáü despUieitar la i Aurora Los. triDOS; de Ja álfaoirada; ' Entonces la tarda yuñtá - Siguiera 9 d si; junio :álza - ^ Ya de maduras espigas . Sur. rubia tsieó coronada j: • i £1 dulce teaqiíii]j|3íio déCeres t.Ál^s campiñas; robará*, > O al favor? del ^fresco, viento ' Hiciera crecer la parva. Ya bsgai lósipiés el néctar ; >¿í>pJBáco se ídesürara;; Ya eLtetraübte de sus £DUtoé
S26 II "BARoK^iyB TussasKi '
Me cediera la guirnalda. Cuando .abre su puerta al .año ^La primavera rosada , , Y. en el seno de las flores .. Moja; él zéfiro sus alasj . ^ Cuando todo es vida , todo' Placer ; cuando brilla ufana La bella naturaleza Con su más pomposa gala ; Del -Dios que anima los ¡orbes La grandeva éontdmplara , ^ ' . Comándalos beneficios . De^ su diestra soberana. Cuando á mi adorado padre Tierna llanto consagrara ^ Fuera su tumba mi tetilla j¡i Y su vida mi enseflania.: ' En eltrabsyo y descanso í - Imitándole , ks hayas , - Qu^ plantó j su fresca abrigo Pbr la sjiestá ms btífldairaq. - Asi <;uialitími(fciffi»nfev;< di\ Que tei&rei adéifó^ yh, iósiÜtxaQ ^ Nq conocidos det' hoinbre >j (^ Mis dulces años vedaran ; Hasta que élr^olpé £>rzoso '^ Diese Ja fatal <guadafia , *- Y eald tumba de i mi padrea AEs 1 cenizas reposaran; i ? !: 1 1
2 Cpindo ilmioh tan) am^e y eré ;en reaHdád , trpcada j^ ^ . > Oquetída choza mia,," i DuIqc i objeto dé imis ansias?^ Diceri que á^ cobrar «li heieácia Gotta caoddádiíastaxa ' <^ ■* í
i u.
6 LA JMORAíL' DOEL XAURADO»* . «^27
Tte ese metal peligroso . /
Que losiciudadanos aman. • -: Almas tíernas jgue mis mal^ . ' Escuchasteis lastimada^ , '
.Vuestra piedad generosa Un desgraciado reclama. Pueda una vez la opulencia Hacer un feliz ^ de tantas Como oprime 'al desvalido ,
Y sus lágrimas ultraja.
Y* pues hay quien mas estinia El oro quei mi cabana ,
Y á J)recÍQ_de un vAl metal La felicidad se alcanza ; Dadme para conseguirla j
Que en ^siendo *mia , de entrambas ; Indias las riqí^zas todas Hollaré con firme pIaflta-¡ Asi el Hacedor supremo Os corone de sus gracias ,
Y de prole virtuosa ^ Padres dichosoís os haga : ^
Y en, v^iestrá vejez postrera ^ '
. A la paternal morada, •» •
Para besaros las manos Numerosos nietos vayan. Favoreced ;niis desesos, . • - Alentad mis espera^as^ ^ ' ^ ' • Que én brazos de la ¡virtud >' i^ La felicidad me aguárdia. .h- :»j <'í
Y el Dios que protege al pobre, ' /
Y que la intocencia ampara ,
Mis {íiadosos bienhechores - : / > ♦ t q ' Premiará ¿on mahof largad * ; ? ^ i
128 . . ÍI* BARÓN -DE IWBINSlcr
Al acabar este romance tuve el dulce placer de observar.el efecto favorable que jirodujo en las muchas ¡personas qve se lacercaroa para oir-^ me, y que me.gratifícaroncopiosameáte; y Ua* mado por la tarde á casa del prefecto, en la cual había una numerosa reunión , por lo que allí pude recoger, formé las esperanzas mas hala«
Sienas sobre el buen éxito de mi viage. Pasé de renoble á Chambery , de alli á Ginebra, y desde Ginebra me dirigí á Turin. Entré en la Italia, recorrí sus principales ciudades hasta Roma , y de^de Roma pasé á Ñapóles , cuyos Soberanos me oyeron con bondad , y me gratificaron copiosa-* mente. Volviendo por Milán quisieron los magis* trados que cantase con el laúd delante de perso* nas ^p^ida$, que se reunieron en el teatro des<- pues de acabada la opera acostumbrada , y con las cantidades que me entregaron encontré que mí caudal era ya superior á lo que necesitaba para recobra;:, el campo y la cabana de mi padre. Determiné pues mi retirada,. sin dejar por esto de cantar en los pueblos principales de mi camino, para no disminuir el capital que habia reunido. ?
Al llegar al valle de san Juan , año y medio después de mi salida.,, me es imposible expli^ car lo que pasó ^po£<mí. íLa vista de mi patria^ la de los montes^que recorría .*en lc»*\paseos del señor Lapl^t;:e > .el .tíanr^sanario de mi parroquia: todo me sacaba fuera de nú , y me hacia experiment^€ Jim. enKxrion dulpé é inexplicable. Mi corazón latía con mayor fuerza ; y absorto en un placer nuevo y desconocido, llegué á las pri-> meras casas d^ san Juan. De los primeros jóve^ nes que me descubrieron^ unos se apresuraron á
6 lA MORAL DBL LABXADOlt. 129
abrazarme ^ y otros corrieron acia el pueblo, ditriendo á grandes voces: Roberto viene. El señor Laplaceyá quien llegaron luego, salió á mi encuen* tro fuera de sí. ¿Y bien, Rol:^rto mió, me dijo ad abrazarme, i has cumplido fielmente- con tus de^ beres i i has adquirido con que recobrar el cam? po y la cabana? — Sí, mi buen maestro, le respon? díi y á vos es á quien debo tanta felicidad y to^- dos los bienes de mi vida. —-A Dios , hijo mió , lo debemos todo, 4i3e replicó; vamos á darle gracia^ á la parroquia , y después entraremos i desean*- sar.-*— Asi lo Jiicimos, seguidos de un concurso numeroso , y^ volví feUz á mi cuarto pequeño ea ^ue había recibido mi educación. • £1 día siguiente paáé con el señor Laplace i 3viátar la cabana de mi padre , i abrazar á AlberV ta, y i darle parte de mi posibilidad de reinte^ gi'árle elprecio del campo y, la ¿abaña. Si la vi»- ta del valle de san Juan había producido en iní una senisácion tan agradable , la vista de mi ca« ^ña y de mi campo me acabaron de c^agenac -Al^i está mi felicidad, medecia yo :, ese- humi]id($ ^echo construido por mi padre ,^ encierra lo que desea mi corazón. }Ó patdai ¡O lugares en que crecimos y en que corríamos en la infancia ! Vo^ sotros tendréis siempre pararel hombre^^ á quien el vicio no ha corrompido y un atractivo j^^^pli* cable. Al llegar üla puerta Ue la cabana ,fno$iSftr lió' á recibk una jóvera de dÍ8r:y seis años , cuyíi vista acaM de tííastornac mi cotazoa; £$Qa ígnito dije yo , debe ser la hij&rde Alberto; est^ .es L)»- cía sin duda alguna, aqueU^i mñaiide (Cor(a edad que ya me preguntadla con^: interés ipox ja c^in» de mi tristeza cuando cuidaba yo d^ ^s^ i0^fi99f 'ovejas dft «urpadre^ Dio8.mao4.4aeria.pQ9Íbl^ q^
iá hubieseis destinado para ser mi compañera én
la cabana? Apenas la iiabiamos. saludado cuaur
do^ikgó tó padtQ y me estrechó énsus^. brazos^
Él mismo tuvo la generosidad, de repetirme su
prbmeaa , y aceptada por mí me restituí é san Juan
cOn nii maestro, para tratar del modo de verifi*
üíap el traspaso. ^ <
Era domingo el dia siguiente , y algunos se-»
fibreá de san Jüán solicitároa del señor Laplaci»
í^ue-me hiciese cantar en la plaza ddlaj parroquia
déSpu^s de los oficios. Concluidos estps^^, cae senté
Üet^jtí del olmo de SuUy, dignó ministro, die
íitiestro buen Enrique i y ccmienzandq por el ro^
manee de la cabana , continuaren complacer á jtnis
^ai^anos reunidos en la plaza en, tornofdeliárból.
Habiá Venido Alberto con Lucia áí; la misa: dé ilu
parroquia, y el señor Láplace los habift toiechQ sea-
tar á nufestro lado en las gradas que rodeaisi.^lolr
mo. Cada vez que miraba yo á esta ti^na jóH/^en,
antigua compañera de mi niñez desamparada^
<?recia mi ítóbresalto y mi turbación y y i una voz
skrreta pa recia decirme que estaba destinada pa:-
i:á ^ hacerme felíz-i Concluida la funcjbon 4í parte
íat señor Lapláde* de lo que pasaba, ^en mi corgzún
•én órdén á Lucía. Si , me dijo entonces mi buen
ímaQstro , Lucía réune tpdas las circunstancias de
4a' ittiu|;er '(jae debe; seri tu lesposa^ . Suüalmí^ está
ifeñá'de*-^irt:ttd y:^ye;inoe¥ntíiá,.y: el génejro de
iiridá á qÜ6 esta ^costumbrada>eüel qu^ conviene
'^titu feíibidad< HablarálK)sr^á Alberto, jr le partid
•tí;^ai'emOsñti^$tras^id¿aSé,i'i ; ! .^ • S , • . ;
^'*- Ktcitífá Alberto nuestra, proposídád i con una
^gÉÍ2t iiíé^plldable; Nox)s. debo pcultari»^ qjg^s re»- '
í^í&naSÓ/l^^í >mí; ^ígia> eLtenerxi^ej $i»Jidoíiéf
^á|a-cabaha^¡coQia 16 'heüñéra tbisd^jOLpQiliCKQ^^
51 '
ó XA Ttó (BtÁt DEI» LABRADOR. 104
Tfti pfdtliesá*, pero nuestro buen Dios nos tonsuek siempre si permanecemos fieles á su ley. o Si Lucíaí^ conio lo esmero, no poneembaxazoá nuestro proyecto la mitad de la cantidad que debíais ^rmepOT' la cabana sérviici para comprar la de -i^átiicio ; que está de venta, y que destinaré paca tni Félix; y entonces el dote de Lucia se encon«> trará en la mitad del precio que os perdono ^^ que po iréis reservar para aumentar vuestra.fom tiina. Viviré yo contigo y con Luda , y FelÜ vi- '^irá también con nósotros-lüastía que . tome' una compañera, jí^ entonces le dapémos la? tiernas iy la cablaña de Patricio. Aceptamos ]a razonable determinación del buen Alberto , y habiendo Lu4- ciá recibido con^tigrado la proposición qpe.fai jüoqü^ bre nuestro le hizo su padre, la Ikrvamosá'efeQ^ to hace tres años^, y desde ¿entonces disfrutamos de la felicidad mas pura. El Señor bendice núes* tros trabajos : hemos aumentado nuestras tierras con el caudal que me quedó después de compran ^ la cabana que tni de ser f^ra Fdix, y he planta> do en eUa& árboles para ágradarráDiosy á mi* buen padrea tenemos cuanto podemos desear en nuestra estado : nuestra tranquilidad es inalterable , y la; paz reyna aqui como en su morada. Empleamos los dias en el trabajo de la tierra , y por las no-* ches canto con d laúd , despules de haber hecho nuestra Oración al Ser eterno, que veló ..sobre mé cuapdo todo parecía haberme abandonado. U» año después de- mi estabkcimidito en la cabana^ tuve el desconsuelo de perder al sefior Laplace^ y en el lugar en que le vi por le primera vez, cuando yo lloraba al lado de las ovejas del buen Eraesto, hem3S construido un sepulcro rustico con c$ta. imcripdons á mt segundo Pudre. i dcmoa
1% ' XL BARÓN DS KOBINSXT'
jdantado un bosquecito de C4>reses, y ensu cédr tto hemos colocado una cruz. AUí vamos alguna "vez á rogar á Dk)& por el bienhechor que me deparó su Providencia.
*- ' 'Este era el manuscrito de Roberto: esta era su historia, y solo me foltaba saber por qué cir«- -cunstancias habia' venido á habitar en la casa del Barón , sobre lo cual me instruyó este , hablando^' me 1 asi en el terraplén ^ después de la cena. 3 -> ' Roberto- me acompañó a san Juan en el dia siguiente, á aquella noche en que le vi por la pri^ mera vez, y en que me contó toda su historia» Sus consejos y lo que me dijo en orden á las tier^* fas de Colombier, me decidieron á comprarlas y desde lu^o conocí cuaa ventajoso me sería el dé* tertninar á este joven ' á ponerse al frente de mi joueva administración rural ; pero no faltaron dificultades que vencer. Lucía no se atrevía á re^ solverse á dejar á su padre Alberto , y Roberto creia que abandonando su c^aña faltarla al encargo del suyo. Por lo que hace a Luda, le hice comprender que ao era separarse de $u padre el vii£ir á un cuarto de legua de distancia, y en ab< soluca libertad de verle con frecuencia y 4e euir^ dar de todo lo que pudiese ser necesario; y en cuanto á Roberto traté de persuadirle que la vor kmtad de su padre consistia principaimente en que no abandonase la vida campesina , y en que ao diese entrada á la ambición, que podría arre* batarle la inocencia y llenarle de inquietudes que se opusiesen á la paz de su alma; pero que jamas, file su irrtencion el prohibirle que mejorase su suerte y la de sus hijos. dentro de la esfera de su. estado por los medios permitidos y honestos que la Providencia le deparase* No os aconsejaré yo^ .
^le -dijí i^jqm abandonéis; el csLtnpo para tmladardft ,á la ciudad 9 ni que entréis en especulaciones dé jeom^rcio^ ni en otras jque 6s 4istra%an de^ ^^viíésh -tro estado de labrador ; pero os diré que eh i^e ^estítdo mismo debéis mejorar vuestra sitüacioii y Ja de vuestros hijos. Vos erais único, y ék cortd terreno que cultivaba vuestro padre podía bastar ^ara sustentaros ; pero vos , Roberto , podéis tener una sucesión mas numerosa, y aun ahora mismo jcon difiqultad «os proporciona el campo de que dependéis ocupación continua para todos. Si por accidentes imprevistos y por desgracias harto comunes os faltase dos años la cosecha, no podéis dudar que os hallaríais embarazados para man* teneros las <inco personas deque ya se compone vuestra familU, Advertid también que el hombre es deuidor a la sotíedad de todo^ los bienes qiie puede procurarla en su propio estado y que lá actividad es una virtud contraria á la pereza. JLa sociedad se compone de muchos miembros, que ocupados en otras funciones nKésarias para el bien de la misma, no pueden destinarse ai cultivo de la tierra- De .aqjii desciende la obligación en . <iue están los labradores de perfeccionar el cuhivo, para que los frutos estén en abundancia^ y fiiedán bastar al mantenimiento de todas las clases. Aceptando el empleo de granjero mayor 4jue os propongo, podréis emplear las utilidades ^ue os resulten en extender el campa de . vuestro padre, y en mejorarle todo con un cultivo mas vigoroso y productivo } y aunque habitéis en mi casa con vuestra muger y vuestro hijo, podréis dirigir los trabajos y las mejoras que Alberto y P^lm. podrán ejecutar. Vuestro hijo recibirá en> 9Ü;ca» la educación que conyifini.á/sui estado^
154 ^^^ •^Ét'B'AkdK'M Kovimtr
«prónderi la aritmética', la agricultura y la mo* ;ral, y si vuestra familia se aumentare os podía ^lísrkr. ayudándoos k mantenerla, ó bien quedáftídoje coutnig'o^ en vuestía lugán, 6 pasaiick) á' vi* viren vuestra cabana para éuidár dé vuéátro campo f cuando Alberto síe imposibilite por str anciah nidad y Félix contraiga matrimonio y se trasladé á la Cabana que comprasteis de Patricio. Por úllimo, Roberto, yo quisiera que aceptarais mi pro^- posieion por lo ' menos por alguñ tiempo.' Este^ en^ sayo os hariá conocer si oses conveniente^ y nie 4irijiriais con los Conocimientos ^qiíe teneis^ del pais y de sus habitantes en los 'principios de mi administración, en que necesitó de vuestras luces. 'Rindióse Robcírto á mis razones, vino á habitar €n mi franja con su mbger «éhijo, y habiendo después aumentado yo «na criada paira álivia^r á Luda) han coñtkiuadó todos en el desempeño de las funciones respectivas que conocéis, sirviéndome con el mayor ^elt), y aumentando al mismo tiempo sus intereséis^ i - » í ^ • ^
De los deberes -del hombre ácía los otros hombres.
El hombre «e determinó á vivir en sociedad política, y á reunirse con otros de su especie cout lá intención de ser mas ^ feliz, participando del bien qué sus compañeros pudieran proporcionarle , y sirviéndose de su ^yuda para evitar los maules que le amenazaban en el estado de soledad^ <|e desunión ^ y de desamparo en que vivían antes 4eTreumrse. Si hubiese pues algua individuo que
4(2" propusiese hacerse serviirde lop íie|iías,5ift; serjvirles é}t y que losfotíps qpnjKibuyesj^jp já: ^>l^Í€i«i ^.stfip , m .que élhÍQÍe$e. cosfi ^Igwn*. pw ^UOsl,, ior lea^aria ijna CQsa i^iíjiifi^^t^mieixte; injiisft^ty y s^ p:poadda al abarr^cim^eipto 4e sus consoeiOfi. X^ deseos que los < IrLombres tíeoen <Íe ;cotiseg;uir su propio bien son absolutaniente los niisnios: todos d^an ser- amadqs, todpsqmeren sfu'í^oeorridi;^ y ^yudadoise» sii$ ft«<;e?i¿&^^,.y-iyinguaQ.báy que quiera qup^se l^pefl^g^^y 8bwrezc4..§iiípuesr ía putísrque losrd$^Q§ 4e todos :§pn to^rixt^^mo^, |>o,r nuestra prppio deseo pod|;4mos> qioaocer Iqs 4ema5,y para conseguirlo qi^e dgse^ínos se^á inr dispensa^üe que nQs.d^diquenips í.s^tisi^i^cer Iqs deseQs/d« ,Í<3^ sarjes de. i?n^5tr^'e5pecÍQiC<:«í qpieqes •viyimoSí ]p.?ta e» -aquella rfglai t^ap ^pg]i^, eomp ¿\ hamtj^p^aDterior dft cpi^síguij^nté a Jas Jnsfimcioqes qijie^ forflnó después, yr de la cu^l ni elpue;- .Blo, ni el Senado, ni los Príncipes > íii los Tribu- ,nal€;s nos pueden dispensar : hacer pgr los deraas Íq gVí dese^mps.qiíebjci^sen porj.nqsoíros^y.^^^- j^ne^QQ^ ,die, todp aqu€¡Uo que no qwpigr^mqs ¡sp 40S J^ci^sp. Éata es .la-^un?^- y el comp^n^ip de 'fljií.estra§ obligaciones ápia Jos ot^ps bpmbres, y j?)^ .observapgia es al mismo tiempo el principio y ^1 ;^ijt?dajSisnto . d^ nuesjtrí^ felicidad. Si abandona-
.otr^rj^ *-*ij tes :hap€iipfíQ5:;maI ^ Jio,,.espíreíP9s. fla^ :4ji^,,5al^i]QÍ^adfft!yodesdÍ9ha¡s,^ po^^ue los,4emas J^owbj^e^ nos negarán 5u .sc^orrc?. y asistencia : las
í^yjesy; los tribunales nos; perseguirán paracastiigftEnps, y la voz;, interior de nuestra conciencia ^noáfpy^ri^p^a^tfanqwilid^^..^^
Ha caln3^,svn.ía;:e«aJííPite;f?í^^
haber contento»
Este sistema, de moral , estas razones funda* das en la naturaleza misma del hombre y de la sociedad que formó para su bien; estas razdtles que han servido de guia á los moralista^ para Ue^ gar al conocimiento de los deberes del ser social; han adquirido una nueva luz coa la doctrina ddí Evangelio , doctrina la mas pura y la mas conforr me al bien del hombre y de 'lá sociedad en que viveí Según 'sus regtó todos los hombres deben considerarse como héüirianos, hijos ^ todos d¿ un fmiimo padre ' que ^está en él cielo -^ con iguales derechos á su gloria; débén asistirse tnutuaníente, deben amarse como los amó Jesucristo, qué no se detuvo en derramar su sangre por salvar^ los, y deben no tener más que un coraron y una misma almá^ en lugaií de abrigar- disensiones y • enemistades , y de permitir entrada á la discor-»- dia. Deben ser pacíficos é indulgentes, sufridos y modestos ; deben compadecerse de los ágenos maules , llorar con los que lloran , sufrir con los qué sufren , spctirrfer ái los necesitaos I desear á todois el bien ^y prócütórsele po!r cuantos medios estu^ vietén-á su alcaficle ; y tqdó esto no solamente fwi- ■ra ser felices tfaientras Vivamos ^ y'pat-á recibit los mismos consuelos que dispensamos á los dornas , sino para conseguir una gloria eterhá y una ^felicidad sin Hmkésni término, ofrecida por Dios, (que: todo lo puede j itiénos fakar á sus pro^niesas), é los qúe^ejerjíári acia sus prógimos obras de ca^ ridad y de misericordia. Por esto, hijos mios, de^ bemos no separarnos del Evangelio , si queremos conocer nuestras obligaciones de un modo segurd y provechosid; y siguiendo esta doctrina celestial ilaDleaiés en particular de estos debéte&
ó lA MORAL DSt IABRADOR« 13?
Del amor del prógimo.
^ No hay ningún deseo tan natural al hombre
\p el de ser amado de los demás y el atraer- ^ estimación; y este deseo se halla fundado
: necesidad en que vive de ser socorrido y
> , y de que no se le maltrate ni se le haga ^o de persecución y de ojeriza; porque si es amado, seguro podrá estar de ser consolado en sus desgracias 9 y asistido en las .necesidades que experimente : libre estará de ser perseguido ni atacado en su persona ni propiedades, i Y podrá exigir de los otros el amor , si él no los ama? ¿Ten^ drá algún privilegio para no amar al mismo tiempo que se cree con derecho á ser amado ? Pensar-» lo asi fuera el colmo de la sin razón y de la in^ justicia; fuera pensar contra unas nociones grabadas en el corazón del hombre mas grosero , co* mo €n el del sabio mas piíofundó.
Sin embargo de esto , esta ley de amor, esta ky tan sentílla ' y confornié ¡ á las necesidades del hombre, pues sin su cumplimiento no puede ' ^r feliz, se habia borrado. de su corazón, y sus pasiones y sü malicia hafadian .reducido al silencio la voz que iá'dictabacomio norma de ks acciones y como fundamento de la>ruoral. A la veni-. da de Jesucristo era^^^Lhbmbre/por todas partes cruel y sanguinario , y el que mas hacia conté* nia su amor en limites muy estrechos , emplean-» dolé únicamentcí en^ sus parientes ó en sus amig05..La.mUma Roma de^jaba de la libertad á
138 El BARÓN DE ROBINSKI
los vencidos, y concedía á los señores el monstruoso derecho de quitar la vida á sus esclavos. Lacedemonia aprobaba el hurto, y conservando el amor á sus ciudadanos , miraba á los demás hombres como enemigos. Reservado estaba al Evangelio el sacar á los hombres de la ignorancia de la ley , y el rectificar su corazón, el suavizar sus costumbres, el plantar el imperio del amor , y od establecer el rey no de la caridad. En el precepto de amar á Dios sobre todas las cosas, y al prógimo como á nosotros mismos, consisten pues la ley y los Profetas, según la doctrina de aquel Dios que se dignó humanarse para abrasar la tierra con el fuego del amor, y para dar la vida por los que amaba. Este Dios fuá el que nos intimó la necesidad de amar i nuestros hermanos, como el único medio de ser amados de nuestro padre, y el que nos hizo ver en todas sus acciones y palabras que la caridad es el alma de su divina ley , y el verdadero distintivo de sus discípulos. ' La caridad , según los precqjtos de nuestra re^ ligion , se extiende, á todo$ y tiene por objeto á tordos los hombres-^ porque detodoS; somos hermanos^ ^br .ser todos hijos de un mismo; Padre. En la Cíiina ^ en lá Tartaria ó en la Tuf quíá , desearíamos qué^se nos recibiese con boada4, y que se nos protegiese y amparase fi por igi ojisma razón deberemos amar aL.extraageró si vioiesé. al .país: en que JiabkafaiosiíNQ nOs e$> permitido^ decía Homero, el despreciar íftlj<folra(s.tQro. ni al jLnd^^ente^. porque Dios es el que ftoS; envía ál desconocido^ y al pobre. Honra al extrangero como áí tu comí-: patriota!, deciab otro filósofo.^ porque todos sortíos» peregrinos! y viagerbs sohte la tierra j y pseigim^
ó lA MORAL DEL lABRADOR. 13^
tando por su pais el Emperador Marco Aurelio, solía responder : soy de Roma como Antonino, pero como hombre el mundo es mi patria. Esta doctrina no era general sin embargo, y los mismos judíos , pueblo tan privilegiado sobre los demás, como que habia si(k> instruido por el mismo Dios , creian que podían aborrecer á sus enemigos y dejar dé amar á los cxtrangeros j error del cual los desengañó Jesucristo diciéndolesr Se os ha dicho amad á vuestros prógimos y abarrece4 á vuestros enemigos ; pero yo os digo : amad Á vuestros mismos enemigos , haced bien á los que os aborrecen^ y rogad por ¡os que os persiguen y ca^^ Itímñian. Según esta ley tan terminante í quién espiará exceptuado de nuestro amor, si debemos amar aun á los que nos persiguen y nos calumnian ? ^ Pero esta ley general de amar á todos no excluye la diferencia con que debemos ejercer acia ellos los actos exteriores de este amor í porque aunque á todos debemos amar con igualdad , no á todos debettios socorrer igualmente ni al mismo tiempo. Hay un ordenen la;caridad que debemos seguir, porque hay personas que tienen mayor derecho á nuestros servicios. Nuestros padres, nuestros hijos, nuestros parientes, amigos y paisanos, tienen la preferencia sobre otros hombres con quienes no nos unen lazos, tan estrechos , y las personas cuya necesidad es mas urgente é imperiosa deben ser socorridas con preferencia j mas por lo que respecta á nuestro amor , todos dc^ben ser iguales á nuestros ojos. Por esta razón decía san rabio que el amor es^ deuda que siempre existe aun cuando se pagan todas las otras , porque 9un después de haberse satisfecho todos los deberes exteriores, todavía debemos amar como ama*
S2 ^
140 Bt BAROTT DE ROBWSKI
bamos antes , y hallarnos animados del mismo deseo y de la misma voluntad de hacer el bien. £n una palabra , en los socorros que dispensamos hay cierto orden establecido, hay personas que tienen mas derecho sobre nosotros; pero en cuanto al amor no hay preferencia , todos somos iguales, porque á todos debemos amar como á nosotros mismos,, que es la regla dada por Dios para que entendamos que debemos amar con igualdad, y que debemos tener para los otros el mismo amor que quisiéramos los animase en favor nuestro. Es*- ta regla es tan sencilla como luminosa , y siguiéndola no podemos errar, porque al preguntarnos á nosotros ñusnaos cual quisiéramos que fuese la conducta de nuestros prógimos acia nosotros, encontráremos cual debe ser la miestra.
> .
Ve la obíigaclon de desear el bien á nuestras
prógimos. :
El que ama como debe, el que ama de veras, el que ama á los otros como á sí mismo , no sabe contentarse con no dañar, se interesa en el bien de la persona que ama y se lo desea con eficacia, manifestándole eSte deseo en cuantas ocasiones se le presentan. La verdadera caridad rio es estéril, no puede estaí ociosa, ruega por sus prógimos y dirige sus suplicas á Dios para que los haga felices : toma parte en su bien como ^n su mal , se alegra por el bien que'reciben, y llpra por el mal que los atribula: isufré sus defectos con paciencia, los honra y los saluda, los recibe, con agrado, y
6 LA MORAL DEL LABRADOR. 141
los trata siempre con dulzura, huyendo de exasperarlos y de hacerles perder la paz y el conten* to. Asi se desea el bien de los prógimos, si se ama de ver^s , si se ama como se debe amar.
De la obligación de hacer bien al prógimo.
Con solo el deseo no se puede labrar la felicidad de nuestro prógimo, ó por mejor depir, el que no hace el bien cuando puede,, en vano dirá que lo desea, i De qué aprovecharía al necesitado que sus prógimos le deseasen el bien si no se acercaban á socorrerle en su miseria? ¿De qiié al encarcelado que sus amigos se abstuviesen de calumniarle y de declarar contra él, si no se determinasen á manifestar su inocencia , y si no hiciesen frente á los viles calumniadores ? La relir gion pura delante de Dios padre consiste en socorrer al huérfano y á la viuda, esto es, en hacer bien á nuestros prógimos y en socorrerlos ea sus necesidades. De aquí la obligación de consolar al triste , de visitar al enfermo y al encarcelado , de vestir al desnudo , de alimentar al pobre ; y de aquí la necesidad de hacer limosna. Todos deseamos nuestra conservación y que los demas concurran á ella; todos debemos piles con*- tribuir á la de otros. Aquellos infelices que se ven imposibilitados para ^trabajar y sustentarse, sea por razón de su edad, como los niños y los ancianos, ó de su misma constitución, como los enfermos é impedidos, ó por no estar habituados á la fatiga ni enseñados á trabajar, como los que decayeron de un estado qias prospero ^ p^ppr fal?
142 EL BARÓN DE ROBINSKI
ta de ocupación , como los artistas y jornaleros en las épocas de miseria pública; todos éstos deben ser mantenidos por sus hermanos , y uno solo de tales infelices que llegase á perecer de miseria, sería un borrón para la sociedad y una afrenta para sus individuos.
El Ser eterno , que viste las flores y sustenta i los pajarillos , no ha podido olvidar al pobre hecho á su imagen y semejanza, recomido con la san-* gre de Jesucristo y llamado á la felicidad eterna. Su Providencia sería defectuosa si no hubiese provisto á la necesidad del indigente. ¿ Y en dónde encontraremos asegurado su sustento sino en el sobrante de los que no lo son? De Dios es la tierra y todo cuanto encierra en sus entrañas y cuan-> to crece en su superficie í ¿y quién íe estorbará repartir estos bienes con igualdad y hacer desaparecer las clases de ricos y de pobres ? Ha querido sin embargo obrar de otra manera ; ha dispuesto que los unos estubiesen en dependencia de los otros ; ha determinado que hubiese ricos y que hubiese pobres-, para que aquellos como administradores suyos cuidasen de estos y les repartiesen lo necesario ; y asi como seria digno de las ma^ yores penas el administrador que dejase perecer á los siervos de su señor , y que consumiese en sí y en sus hijos las rentas destinadas para aquellos y del mismo modo será destinado al fuego eterno el desgraciado que pudiéndolo hacer nó socorriese á los indigentes.
Para conocer nuestro sobrante, que es uno de los puntos de la moral mas dificultoso en la prác* tica, debemos seguir no las leyes dd mpndo, siemr pre defectuosas é imperfectas , sino las reglas de k caridad y la doctrina de la religión. Darás
6 LA MORAL DEL LABRADOR. '14S
mucho si tuvieres mucho , y poco , pei^o con buena voluntad, si tuvieres poco, decia Tobías á su hijo. Preguntado san Juan Bautista qué se debia hacer para evitar las penas eternas, les respondió: el que tuviere dos vestidos debe dar el uno al que se hallare en la desnudez, y el que tiene con que alimentarse debe partir con el que nd lo tiene.
No es decir por lesto que todos los hombres Se deban sustentar del mismo modo y vivir abso* lutamente en el mismo estada Hay diferencias establecidas por el hábito, por la necesidad , por el decoro público, y por la diversa clasificación de los hombres; y estas diferencias, necesarias por otra parte al bien del Estado, al respeto y subordinación de sus individuos, y i la tranquilidad interior , exigen que los hombres vivan de un modo diferente. La religión ha perfeccionado la so* ciedad , ha santificado sus diferentes clases , y con-» serva las graduaciones y la diferencia de estados, de la cual resulta la harmonía social, y la felicir dad de todos* De aquí desciende el diferente mo^ do de graduarse lo necesario según las clases, lá profesión y la cualidad de cada uno ; pero si se ¿gue como se debe el egemplo de Jesucristo , no se llevará demasiado lejos esta diferencia. El Señor se hizo pobre para que nosotros fuésemos ricos , dio la vida para librarnos de la muerte, y se entregó á Ips tormentos mas crueles , para que nosotros evitásemos los ete;rnos: i cómo podrá pensar que se conforma con este egemplo él que no quiere privarse de la menor comodidad para socorrer ál necesitado; él que ni en las épocas extraordinaláas ide I4 miseria pública y puede determinarse á JaixiieQor privación? £1 que. eniienipo de carestía^
144 tZ BARÓN DE ROBmSKI
ocasionada por la epidemia , por la falta de las cosechas ordinarias, por la guerra, ó por otras causas se limita á destinar para el socorro de los pobres la misma cantidad con que les asistía en tiempos mas prósperos, libertándose así de las privaciones que añigen á los otros , y haciendo que la miseria general no le comprenda; ¿podrá decir que sigue el modelo de Jesucristo?
Pero si debemos socorrer las necesidades corporales de nuestros prógimos, ¿con cuánta mayoir razón estaremos obHgados á procurarles el biea espiritual? El bien del alma se debe solicitar coa absoluta preferencia al del cuerpo; y nuestra caridad debe resplandecer basta tal punto, que aun los socorros temporales se deben dirigir al bien espiritual, serle subordinados, y procurarnos para llevar á nuestros prógimo? á la virtud , y apartarlos del vicio, aquel ascendiente, que siempre tiene sobre el miserable y el indigente, el rico, que le socorre y que le consuela. Y i cómo procuraremos el bien espiritual de nuestros hermanos ^ Ii>stru* yéndolos en sus deberes, para que desterrada la ignorancia , sean sus acciones conformes á lá ley; edificándolos con nuestro buen egemplo , y corrigiéndolos cuando se separan de la Unea de sus obligaciones.
Si la instrucción pública ha sido reservada con razón á los ministros de la Iglesia , la instrucción doméstica y fapiiliar les toca á todos los que tienen bajo su cuidado á otras personas* Los gefes de familia son como los obispos de su casa, decía san Águstin, y si aquel que no cuida de sus súbdi« tos es comparado por san Pablo al infiel; el que I» )lps instruye en sus deberes , y en los principios de jla religiQn^ £í}tará á este cuidado en uno d^-
6 lA MORAL DEL LABRADOR. Í45
los plintos mas importantes; porque la ignorancia es la madre del vicio , y si entramos en el cora* zon de los vicioso» veremos que se entregan á los desórdenes 9 y que se hacen desgraciados á sí mis-^* mos , pojr un cálculo errado ; por colocar la íe* lícidad en donde no existe , ó porque eligen para conseguirla los medios que los conducen á la desgracia. La falta de hices en las materias de retigion es tan funesta como ei) las de moral, y la causa de los defectos que se advierten en la creen* cia y en ía práctica die lo que se debe conforme al espíritu de la ley. Por la ignorancia del Evan-^ gelio se faka al cristianimio , cuando el que no cumple con sus deberes , ni con el amor que de* be á;su prógimo, piensa haber satisfecho á su obligación con solo entregarse á las ' prácticas ex^ terioresi, querde nada aprovechan si no nacen del corazonJ El que no se abstiene de dañar á su prógimo con las manos ó con la lengua , y faaoe ua grande escrúpulo de fakar al rosario ó á la.misia., es un ignorainte qUe- desconoce la ley de Dios. 'El t;que abatídona- fós' obligaciones d$ su estado, el cuidado de- sü fai^lk, y la buena crianza dé sus hijos, por asistir al templo ó pot hacer rcxnerías y visitar santuarios, es un necio, que piensa agradar á Dios desobedeciéndole á ca« ca desdiibieiítaJ Ei qéé pifensia asegurar su salva* cion solo con llevar éscápularips' y medallas ,' siii moderar al mismo tiempo sus [rasiones, sin ejerckar iá caridad^ ignora que á Dios solo se le sirve con obras de esta virtud. Destiérrese pues de los hombres la funesta ignorancia en que están sumidos {traten los padres de familia de enseñar áleerá'ísjis hijos y depeiidiéntiésv^^hgan en sus manos libros de itioral y^de i^Hgion , -y propof*
dónenles la instrucción oportuna, ó por si mis^ nios, ó por medio de maestros zelosos 9 ó haciendo que asistan á las pláticas y sermones i y asi conseguirán el bien espiritual de las personas .en*^ cargadas á su cuidado. En las mismas conversa*^ ciones familiares que la sociedad nos proporciona tener con los otros hombres , aprovechemos cuan-* tas ocasiones se nos presenten para inspirarles él amor de 1^ virtud y. el horror del i vicio j sin tomar sin embargo el tono de naaéstros y de doo tor^s, sino de modo que nuestras advertencias y reflexiones parezcan nacidas naturalmente del asunto mismo d^ que se trata ; porque ninguna ocasión debe perderse para hacer adoptar i nuestros prógivios la$^ máximas de . la religión ,^ y las rpglas de la mora^L .5. ' , : v>
£1 buen egen^lo es iíubíI} mañera de.ins«ruc^ cion ; y á la verdad qu^ no es por lo común la menos . provechosív. Amamos la virtud natural-* niente ; somos inclinados á imitar lo que vemos; Y aun cuando gsi) j^ ñi^e, la i pr^sei^cia de xm hombre , virtupsopps coftti^Jlfi en^kílíheadfel de^ ber 5 y nos impide: pntregartips al- virio <y al des*- prden. Qué í^rille vinestra luz delante de los.hom* bres , decija a sus disqípulos el Señor , para que siendo testigos de vuestras buenas obras y den glo^» fia á^vupstfo Padre.que esjá ett fel?ciela:Es/^er+ id^dque^e^temisinp^eñor/i^os mandaren otra par^ te ocultar vde los hpiphres nuestras buenas obras^ que nuQStrd mano izquieirda igtíoneila caridad que hiciere la derecha , y que nos encerremos para orar ; pero, este precepto se dirige á que dester-» remos de nosp^ros . el orguj^a , yui que no abriguemos , sent;imientos ; de vanid¿¿d^ La pureza de nue^i^a i^eligion exige de OjQSOtros que ¡miremos
ó LA MORAL DIEZ LABRADOR. 147
á Dios coiDo principio y fin de nue^ras acciones»
y reprueba; que nos propoi^amos como fin é*
agrs^dar á l0s .hombres y el atraernos, su estíma-^
cion. Cuando obranios con este solo objetoi,. elSe^*
ñor no se encarga, de recompeosarnos el bien que
hacemos , porque no le practicamos por su amor.
Debemos pues ocultar de los hombres nuestras
buenas obras , síepipre que su manifestación hu*^
bie^e de dar pábulo a nuestro orgullo, y excitáis
nuestra vanidad y. nuestifo amor pjDopío; perq
¿lera de e$t^ peUgpra.ddbeaios! hacerlas púbUcaSy
para edificar á nuestros hermanos , y excitarlos:
al bien , y para que glorifiquen á Dios ^ único
pr wcípio dé todo lo qqe es. bueno.
- , Si alguno de auestqos hermainos fuere defec-^
tuóso , debemos :huscark con&ixne al precepta
de Jeaucrisko ^ y > reprenderle á solas ^ para ans-
truirle por este medió sobre su error, y excitarle
á que se enmiende y se coírrija. Esté, es el origen
de; la corrección fraterna;, tam dificiliy espinosa
en la práctica: >por la dificultad i ooni(^6;^| amoD
pr(4)io sude si^rir tales; advertencias. iFon esto ^b
indispénsal^ observar Jen ella las reg^a^ que presn
cribe la moral. «-
Es necesario ante todas cosas conducirnos ea la corrección de nuestros her nnianos ooiiy tal pour dencia ,i Qoa tal dulzura y conj taníiafs pi:ec^ucio4 nes ^ que no arriesguedK>s^u .salud , que nxie^eítéf mos.^.amor lurapió , ni enceddkamos su orgullo^ siempre dÍ5|)ue5t0í;á exasperarle cuando sé le ret prende. Ss menester no proponernos; otro objeto que la caridad y el bieuide nuestro beripano ; y ^s. menester pedir ante» á Dib^ que ?ias>asísta en Ja corrección paira que4»DDduaca eljd^ quQ.m 4esea. !Mas:Gtok3^<^es :tan>4íficii el^^^ 14
Í48 EL BABOK DE ROBTKSKt '
dulzura y la prudencia que exige una gestión tan delicada; por esto son muy pocas las f^ersonas á quienes puede tocar tí corregir vetbalmeate ó de palabra. ^
No diremos k) tnismo de la cori^ccion^ tácita, que consiste en desaprobar con el silencio las acciones y las palabras criminales. £1 viento de aqui* Ion disipa la lluvia , y el' semblante triste hace callar la lengua maldiciente. En cualquiera casó pues que en presencia nuestra se maldijese 6 9)urmurase, ó se hiciereh accioines que no fué-- sen conformes á la ley, debemos retirarnos ó. guardar el silencio , si las circunstancias no nos permitiesen alzarla voz {.porque > haciéndolo asi^ corregimos sin riesgo y reprendemos sin e:xasperar , y nols lit)ertamos dé ser ' cómplices; -
Hay también ocasiohes'Bn qu^^ 4ebemó$ corregir por tercera persona, dándole parte al superior de k)s defectos de alguno de sus subditos, para que emipled; su autoridad en * corregidlos ; y esta re^la idebeobiervarse^^rincipalniente i cuando ese trata de revelar: á'iliQS ^padres , cu»rás y aoro^ Jos deberos de siisi:faiio¿v '^^ sus^ feligreses y de sus criados ; porque semejantes autoridades paeden y deben corregii: \3on dulzura y prudencia,, y .aptrno- corresponde i k' corrección del Evangelio^ Mas; cuando, se trata de superiores civiles, ^de magistrados' y de tribunales, la' reli-« gion po nes' manda acusar pid^jocrnciar al prógi-^ mo , í ni las - autoridades püfalieas i^e ' limitarían i Uña prudente corrección , sinoiá imponer la pena ije la ley. Otra 'cosa sería si :se tratase de conjuraciones y de- pláiles contca la* seguridad del misíi^o 'estado j porque* :eo|tonces debemos revelarlos i al jqiiei xieae poder para. iii:^)ediidos^>y ^ú^soctí^
11.
Ó lA MOBAt. BKL LABRADOR. Í4^
certarlosj aunque siempre sin olvidar la caridad, que debe ser el alma de nuestras obras , endul-* zando la suerte de nuestros prógimos , y disminuyendo en cuanto dependiere de nosotros el mal que de nuestra revelaciou les pudiere sobrevenir.
Del modo cm que en san Juan se socorría á los necesitados por dirección del Barón:
Una tarde , que por las ocupaciones del Barón hice compañía al señor cura , le supliqué me manifestase los medios adoptados en su parroquia para el socorro de los indigentes. He observado^ le dije ,= que en esta parroquia nadie mendiga ; y esto debe consistir necesariamente en las dispo-^ liciones que se han tomado para impedirlo , porque aqui^ como en todas partes, debe haber pof* bre&. '^— Tenéis razón, me respondió él señor cu^ ra ; la bondad del terreno , la prosperidad de lia industria y la afición de los habitantes al tr;a!bjajo pueden disminuir considerablemente el hüifeéro de pobres, asi como la escasez de medios'para vivir , la falta de ocupación y de que hacer ^ y la ociosidad y holgazanería .suelen aumentarla Pero es imposible, como decís ,quti hayn páif alguno qu^ carezca absoliatafnehíe de pobres , por<- que siempre hay jornaleros y aitlítas (¿nfctnJbs ó ioipedidos, huérfanos, desamparados ^-^ vitídas sin apoyo , y víctimas de una mala <30$echa ^ dé un incendio casual, de una epidemia en los^an^c&Mi y de otras causas demasiado fr¿<f uentes- por ^á^^ gracia. Algunos teníamos tamhi^ea tina: parxw*
150 EL BARÓN DB ROBfNSKI
quia cuando se domicilió en Colombier el señor Barón ; pero en varias conversaciones que tuvo conmigo me manifestó sus ideas sobré el modo de socorrer á los verdaderos necesitados , cerraadQ^ la puerta á la mendiguez y á la vagancia. Co-< municado por mí á las principales personas de san Juan el plan que me propuso el señor Baron^ fué aprobado por todos , se puso en planta 9 y es el que seguimos y os voy á explicar.
Comenzamos por dividir el pueblo en sieis cuár«. teles 9 cuatro en lo interior y dos afuera, por lo respectivo al territorio y á las casas de campo. Para cada cuartel se nombraron por el ayunta^ miento y por mí dos diputados varones y dos se- ^ñpras. Se encargaron aquellos de recoger las li-r mosoas de su cus^rtel 9 y a este fin hacen \m^ Jllega ó cuestuacion : todos los domingos después de los oficios de la parroquia ^ y al tiempo dé cada cosecha hacen una llega particular. Las señoras t^Qmaron: á su Q^vgp, el pedir á la puerta de la iglesia ea jlos dias festivos. Ya habréis, observado fjue den^rp del templq^ y mucho menos durante el s^rpsapiQ sacrificio, nadie se presenta. ápen dir iii 4 distx^^r á k>s fieles de la atención con que deben .asistir i los santos misterios. Un teso* refQ, npmferíido. por, la junta de los señores dipijLta49$y)rgcibe:er producto délas limosnas^ las ^Q^qga.qoo ilibcamientos de los^ mismos ^ y pre- ^f^a ;^ . $a ;dé cada .mes la cuenta de lo recibido
í^;^ Tanto lp8 señores diputados.como las señoras ^e; infPtní}an;pQr sí mismos de las necesidades de su;cuart^l^ iyv\dtspoñen :los socorros que se les d^bti^ dar.5 ila^ndó libramientos contra el tesor&t CO9 ó|CQntra«l|>dfuulero ó el carnicero , y los; li-*
6 lA AÍOHAL DEL LABRADOR. íSí
bramientos satisfechos por estos se pagan por el tesorero cuando se le presentan. Desde el* momento en que hay algún enfermo , que <?arec^ de medios para mantenerse , pero que puede ser* euidado en su {Propia casa por los individuos dé' M familia , los diputados ó las señoras del cuar* tel pasan á visitarle 9 y á informarse de lo que necesitan ^ y por medio también de libramientos que dejan en la casa , le proporcionan el pan , la carne , las medicinas , el alumbrado , en suma, cuanto puede necesitar. Si carece de cama se le entrega también por el tesorero, en cuya casa se conservan las que para este fin se ha propor^ Clonado la diputación. Si el enfermo* carece déf personas que se encarguen de su cuidado ^ lo que apenas sucede , se le conduce á un pequeix) hoi^ pital ^ en donde se le asiste del mismo modo.
Por lo que respecta á los pobres no enfermos, los OHsmos diputados y las señoras del cuartel se informan ante todas cosas de su verdadera ne* eesidad , y de que se halla imposibilitado para el trabajo; y siendo asi le entregan un libramiento cada ocho dias , para que el panadero le submi-^ nistre la cantidaa diaria de pan que en él se detalla. Procúrasele también un saco de patatas , ó cierta medida de judias ó de maiz,>ó cosa equi* valente , según su robustez , pues; en los casos tñ que lo necesita, como suc^e á los ancianos y á tos convalecientes, se les contribuye también con un poco de vino ó con una ración de carne cada dos dias. Siempre se cuida de socorrerlos con las mismas cosas que deben consumir , por haberse advertido que si se les socorre con dinero, no «stan mantenidos con la misma abundancia , ni con el arreglo que les conviene.
152 EL BAROK BB ROBTNSCt
Es inexplicable el influjo que ha tenido este establecimiento sobre las costumbres de la clase del pueblo á quien socorre ; porque temerosa de desagradar á los diputados que ]a observan, vive con mayor honradez que se advertía en otro tiempo, y los mismos señores diputados y las. señoras tienen un ascendiente poderoso sobre esta cla^í , y if)ueden reprenderla sin riesgo , y excitarla^ i; que mejore su conducta.
CuandKsytr atamos de poner este plan en eje-* cttcion* qí)s^'t>2^rec¡ó superior á nuestras fuerzas. •y creímos imposible el poder socorrer en sus mismas casas á todos los indigentes sanos y enfer^ mos; pero: el señor Barón nos aseguraba, qut eran vanos nuestros temores, y que laexperienicia nos lo demostraría. Por de contado , nos der cia él , se ahorrarán los gastos de. una administración mercenaria , y se evitarán empleados y malversaciones , siempre temibles cuando no es la caridad, sino el interés, el resorte de los agentes.. Por otra parte ^ cuando los socorrqs se ád-r ministran por los mismos que :los dispensan , la^r necesidades voluntarias desaparecen, y solo se presentan á solicitar el socorro los que verdaderamente lo necesitan , en lugar de que cualquier ra, ajun sin el título de verdadera necesidad, acude á un establecimiento público , como 3Í á él solo le pertenecieran sus fondos: ¿y cuántas veces se figuran los pobres, qué si no consumen los del establecimiento quedarán á beneficio de los administradores y empleados? Siguiéndose er plan que he sujetado á vuestra prudencia , continuaba el Barón , solo se tratará de buscar medios , y de aplicarlos á las necesidades conocidas : sin hacer injuria á la Providencia, sin cerrar los
6ZA MORAL 1)EL LABRADOR. 453
ojos á lo que vemos todos los días, no podríamos dudar de la posibilidad de encontrar medios con que aliviarlas , porque las necesidades se bailan en todas partes en proporción con sus remedios^ y fuera sacrilego pensar que nuestro buen Padre hiciese nacer pobres en donde debiesen perecer por falta de socorros. Si en los paises en donde se permiten los pobres voluntarios , todos hallan con que vivir, ¿con cuánta mayor razón podremos esperar que los nuestros sean socorridos, cuando no admitiremos mendigos voluntarlos? Confieso que en una población numerosa , en una ciudad grande por egemplo , este plan , aunque no imposible, chocaría con obstáculos invencibles; no porque no hubiese medios de ejecutarlo^ y suficientes fondos en el sobrante de los ricos, sino porque en los pueblos de aquella naturaleza el lujo y los placeres gastan mas , y aislados los habitantes , por decirlo asi , se hacen mas insensibles á las necesidades de unas personas que no conocen , y solo la itnportunidad puede sacarles una limosna; En semejantes pueblos , repito , sería peligroso y acaso injusto el impedir la mendiguez , porque ésta solo se puede desterrar cuando los medios de mantener á los pobres son ciertos y seguros; pero en un pueblo de tan corta población como el nuestro, cuyos habitantes , penetrados de su propio interés y del de los pobres, contribuirán sin dificultad con lo que puedan según sus fuerzas , no puede haber el menor peligro en que se adopte el plan que os propongo.
La misma caridad , anadia el Barón , nos impone el deber de asistir á nuestros hermanos del modo mas digno y eficaz ^ y de hacer en su alivio cuanto esjté & nueétxd alcance. ¿Por qué pues
1514 Bt B ARO 17 DE ROBINSKI
no los asistiremos en sus mismas casas , cuando este medio lleva tantas ventajas al de los hospitales ? Un enfermo no necesita solamente de sirvientes , de profesores y de medicinas ; ha menester que se le trate con cariño y con interés , y que se le asista con ternura y con caridad : debe verse rodeado de las personas que le aman , y para las cuales su vida no sea indiferente ; y el separarle de su esposa y de sus tiernos hijos suele ser un tormento, mas vivo muchas veces que la enfermedad que le aqueja. Comparemos por un momento la situación de un pobre enfermo , colocado en un hospital , con la de aquel á quien se le asiste en su propia casa. Rodeado el primero de otros enfermos , cuyos agudos ayes y quejidos le privan del descanso 9 y le Uenan de amargura su corazón , se ve servido por personas de semblante impenetrable á la compasión,' cuyas almas de hierro se hallan endurecidas por el hábito contra toda sensibilidad , y que no pocas ríen y juegan al lado del qué sufre agudos dolores , y aun del agonizante y moribundo. EL que se ve cuidado por los suyos , consolado por la amistad , y asistido por su familia , mantenida por la misma mano que le socorre á él': que ve en torno de su lecho las personas, que mas ama , y que mayor interés tienen en su vida ; este enfermo padecerá infinitainente menos que el otro , sanará con mayor probabilidad y prontitud , y si llegare su última hora , morirá con mayor resignación , y encargará á la gratitud de sus hijos las personas que ninguna cosa omitieron para •a.liviar sus males en los últimos momentos de su existencia.
Estas predicciones del Barón se han verificado: nuestros pobres' son socftriridos en sus .casa%
6 I A MORAL DEL LABRADOR. 155
y téjós de habernos faltado cosa algUna , todavía hay fondos sobrantes en el .tesoro,^ que podrán servir pata las épocas desgraciadas , en qu^e pue* da aumentarse el núniero ordin^ario de pobrts.» ^ ^ Ya~ debéis suponer, continuó el señor cura^ que los diputados de cuartel se conducen con el mayor zelo para no socorrer sino á los pobresf verdaderos , y para impedir la mendiguez ; pues, áólo de este mtído pudiéramos habernos encarga-* do de socorrer las verdaderas nieccsidíidés* Si se abre la puerta á la mendiguez ^ 3e abre también á la holga2anería , á'lá Ociosidad y.fá todo^ lo^ vicios j y se perjudica á los pobres verdaderos; £1 que hace consistir la candad en, dar limosna á cuántos la piden , aunque sean jóvenes robustos, á hombres y-mugeres-que pudieran mante-* liérse con el trabajo y se equivoca groseramente; porque perjudica á la sociedad , privándola de unos brazos que le fueran útiles , y fomenta los vicios de que suelen abundar los mendigos voluntarios. Observad á esos hombres groseros , que con sus mugeres é hijos emplean su vida en correr los pueblóá y en asistir á todas las ferias, y reuniones, y los veréis en lamas inonstruosa corrupción de costumbres. De nada hacen escrúpulo , á nada se creen obligados : jamas ó rara vez asisten á la iglesia, son altivos, orgullosos y faltos de respeto ; y si entramos á observar su conducta , cuando se reúnen personas de ambos sexos , encontraretoos motivos de horrorizar-i nos. Sus hijos crecen en el libértinage y en eí des-^ órdén, y no pocas veces son vktimas aLnacer de la crueldad de sus padres. Hace pocos años que en Grenoble ise castigó á uno de esos mendigos^ que estropeaba al nacer é todos sus hijos
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para excitar la compasión, y conseguir mayores limosnas. Por estas causas hemos desterrado de este valle la mendiguez , y esperamos con el favor de Dios, que por este medio podremos socor-. rer con abundancia á los verdaderos^ecesitados. Por lo que hace á los mendigos forasteros , ya ha mucho tiempo que nos favorecen con su ausencia. Siempre temamos algunos de estos pobres vagabundos antes de adoptar el plan que os he explicado , pero á poco tiempo desaparecieron enteramente. Cuando en los principios se presentaba alguno de ellos , los vecinos instruidos de antemano en lo que debían practicar , se negaban á socorrerle , y le acompañaban ó conduelan al hospital. Alli se averiguaba si el motivo de su peregrinación era justo i y en este caso se le daba buen alimento y cama decente , y al otro dia se le acompañaba por un alguacil hasta el término del pueblo , según la ruta que debia llevar conforme al objeto de su viage ; pero si el motivo de e$t^ no era otro que la vagancia , se le encerraba bajo llave en un cuarto del hospital , se le daba el alimento preciso , y una cama de paja , y en el dia siguiente se le acompañaba en la misma dirección que habia traído haciéndole retroceder aunque no quisiese. Esta clase de pobres se comunica con exactitud las noticias favorables ó adversas; y asi como se instruyen mutuamente de todas las fiestas y reunioneis , y de los pueblos y casas en que son mejor recibidos; del mis-* mo modo se comunican el estado del país, la miseria de los habitantes , y la falta de limosnas. Asi fue que á poco3 mendigos que tratamos , como os he dicho ^ desaparecieron entei;amente , y nos virno^ Ubtes de su imjprmd^9¡i^ No faltó quien
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desaprobase nuestra conducta, y quien la tachase de crueldad y de dureza; pero haciéndonos cargo de que no hay abuso que no tenga patronos , ni vicio á quien falte quien abogue por él, ni pensamiento, útü sin contradicción , seguimos adelante en nuestro camino, sin embarazarnos por la resistencia que inútilmente nos quisieron oponer la ignorancia y el fanatismo.
Para ayudar á la diputación á vestir los po-* bres y asistirles con los lienzos necesarios en el caso de enfermedad, la caridad ingeniosa del 3a* ron me sugirió una idea que desde luego pude poner en planta , y cuya ejecución nos es muy útil. Se ha formado una asociación ó hermandad .voluntaria de señoras que se reúnen todos los jueves por la tarde en casa de la señora de Bezier con el objeto de trabajar para los pobries. Todas las ropas viejas, todos los vestidos inservü)les sé entregan por los vecinos á esta asociación en lugar de darse á los mismos pobresj y comenzando por hacerlos lavar y ponerlos limpios, se remiendan por las señoras , ó se deshacen para sacar de fiUos el partido posible. Todo se utiliza por este medio , y colocándose las cosas trabajadas en un cuarto destinado á este objeto , se va distribuyendo por las señoras á los pobres de su cuartel. También se cosen por esta asociación las sábanas y las camisa^ nuevas de las telas que 4a diputación proporciona ; y .todos los lienzos destinados para los pobres se hacen lavar , y se cuidan y conservan por las mismas señoras. Contribuyen . las mismas con el hilo , agujas y demás necesajia gara el. trabajo de que se han encargado, y cátodo se cpnducen con tanto zelo, que su asor criación prQpprciona á los pobres las mayo^^iveu-
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tajas. Estas señoras , que son la mayor parte lloaradas labradoras y excelentes madtes de famiiiáí ^e reúnen tos jueves á las dos de la tardé : cada una al llegar toma su labor ; léese por álg^n^ dé ellas en un libro instructivo durante meíifia hora," y en lo demás de la tarde se entretienen fin coh-^ Versacidn inocente, qué recae por lo común sobre el objeto'dé su iristít.uto. Haciaiiós-oBsertar el selior Barón qué ^tos; pobres suelen ponerse los vestidos viejos que se íes dan , sin reihendarlós ni acomodarlos á su estatura , ni a su corpulen^ ciay de que Se sigue que duran y les abrigan menos ; mas con el auxilio de esta asociación todos los vestidos que se distribuyen á los pobres están perfectamente limpios y remendados , y haciéndose como se haceti de diferentes tallas , se dá á cada ürto el que le vá bien. Hace pocos días , que hallándome en la casa del señor Bezier le llevó una vecina á la señora un trozo de basquina dé indiana , lleno de agujeros , y unos calzones de paño pardo, que en cualquiera otra parte se hubieran arrojado al basurero, ¿Y qué partido sa* carán vnids. de estos andrajos , dije yo á la séño^* ra ? Mire vmd. señor cura , me respondió ; dé este trozó de indiana todavía podrán hacerse doá pañuelitds para el cudlo,'que cubrirán y abriga-- rán á dos niñas pobres ; y de estos calzonea, que á vmd. le parecen del todo inútiles, no dejare-^ mós dé hader un '^górro , que abrigará del frío á un pobre anciano. Y cuanta verdad es , amigo mió, me añadió el señor cura, que la caridad es ingeniosa , y que el socorro de los necesitados i!s mas fáéil y mas sencillo cuando ^e quiere tra^» bajar Cótt ¿dó'y con ardor para ptt)éüfarle¿ • ' - 'libáoslos años en él nies de setiembre celé<^
6 LA MORAL DEL LABRADOR. íSg
bramos una misa solemne con sermón , para per dir á Dios que proteja á los señores diputados y á cuantps contribuyen con sus lipaospas , y. par a darle gracias por la protección qué dispensará este caritativo establecimiento. : función . qup ^.cpstea- .mos los eclesiásticos , parque; nos parecería del todo impropio el recibir por ella el mjenor estipendio , siendo como es dirigida al bien d^ los .pobres. . .
Esta fue ía conversación que tuvo, conmigo el señor- cur^ , sobre los medios ingeniosos y • sencillos que á solicitud del Barón se habian» adoptado para socorrer á los menesterosos de san Juanj medios de fácil imitación , si se quiere con sinceridaci conseguir este objeto del modo mas digno y mas útil al estado y á las buenas costumbr^es.
De la humanidad y y del perdón de los agravios.
Con solp observar la forma exterior del hombre , decia el Barón á sus discípulos , se conocerá que no ha sido criado para ofender, sino para obrar el bien , y para desarmar á sus contrarios con la virtud. No^ solamente le privó Dios de las atmas ofensivas de que dotó á muchos animales, como los dientes , las uñas , las astas y el veneno 5 sino que tampoco le concedió la^ defensivas, de las cuales como de escudos y de corazas se .sirven Qtros paica parar los golpes de sus contrarios. .H^ista del poder de huir se halla despojado, .pues .SU' ligereza no puede compararse con la.dp áq^dykoá auia»ie$ quft ei&aa; ¿a. eUa, su séguri^
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dad. Si la malicia del hombre, si sus pasiones de odio y de venganza no le hubiesen hecho in« ventar tantos y tan terribles medios de destruir^ se : si se hubiera contenido siempre en los límites que le señaló la naturaleza , y si jamas hubiera empleado otras armas que las que Dios le dio; fácil le hubiera sido conocer que no fue criado para dañar , si^o para ser humano y benéfico i fácil le hubiera sido conocer que en lu-* gar de portarse como los animales dañinos , vengativos y crueles , no debiera usar de otras armas que las de la virtud , con la cual hubiera mas] bien asegurado su existencia, ó desarmado con ella á sus contrarios , ó proporcionádose aliados y auxiliares , que nunca faltan al hombre de bien.
Para convencernos mejor de esta verdad, comparemos el hombre virtuoso, por débil y por imposibilitado que se vea para defenderse , con el malvado robusto, con el animoso foragido, que dotado de fuerzas, superiores las emplea en dañar á sus semejantes. Mientras el primero duer-* me tranquilo en brazos de su virtud , escudado por su inocencia , y defendido con la estimación de los otros y con sus auxilios y su ayuda ; el segundo , entregado á sus propias fuerzas , teme en todas partes la persecución de los otros hombres ; una spmbra le asusta , y lejos de poder disfrutar del fruto de sus crímenes , perece por lo . común en la miseria , en la execración ó en el patíbulo.
La humanidad debe ser pues el arma del hom^* bre. Esta virtud suya, como lo manifiesta su nombre mismo , debe hacer su fuerza y su se* guridad; y si se buscase al hombre mas feliz de;
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k especie humana , el más libre de males 9 y el dotado de mayores auxilios y socorros, se en^ contraria seguramente en el individuo mas humano, es decir, en el mas benéfico , porque am-« bas voces significan lo mismo. Podrá alguna vez ser perseguido por la envidia, atropellado por la calumnia , y maltratado por la injusticia ; pero tarde ó temprano triunfiírá su inocencia, y aun mientras duraren sus sufrimientos poseerá la paz interior, que es en lo que consiste la verda^ dera felicidad en esta vida.
Bienaventurados los que lloran , decia Jesucristo; y estas palabras solas encierran un curso de moral: porque si los que padecen persecuciones injustas y calumniosas son bienaventurados, ¿cuánto mas lo serán los que ejerciendo la virtud en la calma y en la bonanza ) gozan de la paz interior, y del amor de sus compañeros? 2 Y en qué tiempo pronunció Jesucristo esta lección su-- blime de moral y de consuelo para los hombres? Cuando Tiberio, aquel monstruo de iniquidad , sentado sobre el trono de Roma , descargaba su cetro de hierro sobre las provincias y sobre su misma capital ; cuando el cruel Herodes ejercía sobre la desgraciada Judea el mas aboH minable despotismo; cuando el firmamento parecia hundirse sobré los hombres ; y cuando la tierra no presentaba otra imagen que la del llanto^ del infortunio y la desolación : entonces fue cuando el Hijo de Dios llamó bienaventurados á los que gemian bajo el peso de la injusticia de un gobierno feroz y sanguinario , como si ]es dixese: ese Emperador que se apresura á Henar todas las medidas de sus crímenes , y que hace la desgram de untos hombres ; ese Rey , cuya tiranía
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se ha cebado hasta en la sangre de los niños de pecho j sus consejeros y sua satélites ; cuantos tienen parte en sus crímenes , y en su ferocidad; todos , en suma ^ los: que se han apartado de las leyes de mi. justicia eterna, por ma& felices y tranquilos que parezcan á vuestros ojos , son desgraciados i los mios i porque na lo es el que Uóra y sufre las. injustlqias ,, sína el. que las comete y el que hace derramar lágrimas a sus hermanos. Ese Tiberio que os parece feliz^ porque nada resiste 4 su voluntad , y porque tiene ea su: mana el destina de tantos, hombres , que doblan la cerviz 4 su yuga cruel, Ueva dentro de sí una legión de espantosos, remordimientos , que llenan de amargura todos, los instantes: de su existencia*. En vana buscará la tranquilidad fuera de Roma; los gritos importunos, de su conciencia le seguirán á la isla de Caprea ;. desde alli verá: Los esfuerzos de Seyano ,. su hechura misma ,. para arrebatarle d imperio;, y si todavía le permita salir de este terrible riesgo ,, no sera para, que sea mas, feliz , sino para qiue me: ^va de instrumenta conques tomar venganza de los crímenes, de sa consejero Seya* no.. Su suerte está, decretada, le despojará Cayo del imperio ,. y él vomitará su negro espíritu á manos del Prefecto Macron : ni aun su cadáver 5e verá libre de los insultos de a<}uet puebla que le tributaba viles adoraciones,. Ese. Herodes que parece: poderla todo ,. porque los romanos le prot^en á fin de que su despotismo y crueldad dome y esclavice 4 la Judea ,, se, creerá perseguida por sus mismos hijos,, los hará morir en su rabia devoradora, le abrasar! un fUega interior, se verá atormentado de un hambre que no podrá aplacar ^ sus intestinos se cubrirán de llagas , se^
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llenará su cuerpo de gusanos , su apestado alien* to alejará de él á todos sus sirvientes , y morirá desesperado entre tormentos insoportables. Desgraciados pues los hombres crueles que hacen derramar lágrimas á los otros hombres ; y bienaventurados los humanos y los benéficos, aun cuando se ven perseguidos por la injusticia.
En efecto , hijos mios , la virtud sola puede hacernos felices , y soló el vicio puede arrojarnos á la desgracia. El que es humano , benéfico y compasivo , contribuye á la felicidad de sus prógimos y cumple con la ley de su /Criador, y el que está bien con Dios y con los hombres , ha llegado al colmo de la felicidad. Ni los hombres ni las naciones pueden adquirirla sino con la virtud; i y en dónde se hallará la virtud sino en los corazones humanos y benéficos ? El que ve á su prógimo en la miseria y en la adversidad ^ y no hace cuanto puede para socorrerle, es un bárbaro que no debe vivir en la sociedad^ sino ron las fieras de los bosques : el que no sufre con los que sufren, el que no se compadece de los males agenos tiene un rorazon^de tigre y no de hambre, y merece el abandono de los demás cuando llegue á probar la misma suerte.
Fecunda es en desgracias y en infortunios esta vida^ nadie mientras vive está seguro de su felicidad ni de los bienes deque disfrutan el menor contratiempo puede despojarle de todo: todo es vanidad, todo es humo, y nada hay sólida y subsistente. El Ser supremo que nos crió para la vida eterna nos quiso disgustarle la presente , haciéndonos testigos de los males que la acompañan. ¿Y será posible que el hombre mismo aumente con su ferocidad y con el libre curso de sus pasiones esta
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suma de males y de desdichas? {Será posible que' la mayor parte de las que affigen á la humanidad venga del hombre mismo , y de sus calumnias y persecuciones ? Es indudable que el que hace el. bien recibirá el bien, y el que persigue será perseguido. La razón natural asi lo dicta , y la historia nos lo enseña constantemente, i Por qué pues el hombre no hace el bien ? ¿ Por qué no es benéfico y humano? {Es posible que aun cuando sea indiferente á los bienes que la virtud le pro-* cura en esta vida, cierre también los ojos para no ver las recompensas que su Padre celestial le reserva en la otra ?
Aquellas tan magnificas promesas de la Escritura santa en favor de los humanos y compasi^^ vos; aquella sentencia consoladora, aquella ben« dicion que los unirá á Dios para siempre , son otros tantos motivos xle un orden superior que deberian abrasar nuestras almas en el hermoso fuego de la caridad. El que da á ios pobres, se da ¿ sí mismo ; y por un vaso de agua nn reyno sia fin. ; Qué cambio hijos mios ! ; qué usura tan bella para los avaros ! De todas las riquezas que posee* inos solo conservaremos las que hubiéremos dado. De todas nuestras acciones, de todos nuestros planes y proyectos , solo nos serán provechosos los que se dirijan á la virtud. ¿ Cómo pues se re^ unen grandes riquezas en un lugar que se debe abandonar cuando se piensa menos , para jamas volver á él , mientras que se podrían enviar adonde se poseerán eternamente ? Asi es como la religión oue profesamos eleva y santifica las vii^ tudes sociales , estimulando á los hombres á que las practiquen por su propio interés , por un in^- teres de eterna duración.
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Pero la beneficencia que se limita á abrir el bolsillo es una benefícencia perezosa. Para que sea cual debe ser en un discípulo de Jesucristo es menester que consuele al triste y al afligido , que aconseje al que necesita de dirección , que visite al enfermo , que proteja al inocente oprimido y atropellado 9 y al débil que no puede hacer oir su voz : es menester que en cuanto fuésemos ca*- paces nos haga semejantes á nuestro Dios , haciendo bien á todos y de todas maneras ; y es menester que á semejanza suya perdonemos los defectos de nuestros prógimos, y usemos con ellos de indulgencia.
Esta virtud es una de las mas necesarias á la vida social ; porque siendo tantos \of defectos del hombre i cómo será feliz sino se le perdona? 2 Y con qué derecho podremos enügir que los otros usen de la indulgencia en cuanto á nuestras faltas , si nosotros no les perdonamos las suyas? Es necesario no perder de vista esta verdad : la sociedad humana es un contrato , en cuya virtud se obliga el hombre á dar , si quiere recibir. ¿De dónde nace sin embargo que los hombres son tan poco indulgentes con los demás, mientras que no pueden sufrir que sus propios defectos no se les perdonen? Hay verdaderamente ciertas contradicciones en el hombre , que la moral no puede explicar , por mas que las descubra y las cor nozca. Lo cierto es que los hombres mas defectuosos son por lo común los menos indulgentes; .y por el contrario , los mas humanos y benéficos, ios que por seguir la virtud se han despojado de mas imperfecciones: aquellos son los que mas perdonan , los que mas sufren , y aun los que disculpan en cuanto pueden los. defectos ágenos.
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La Indulgencia va siempre acompañada de la virtud ) y es compañera fiel de la grandeza de alma , mientras que la intolerancia de los defec-* tos de los otros es siempre un indicio de la perversidad del corazón. No sería asi si se observase la religión de Jesucristo, porque entonces las disensiones y los odios desaparecerían de la tierra^ y la paz que proclamaron los ángeles en Belén reynaria en ella , haciendo mas soportable este destierro. El honibre que perdonare hallará el perdón de qae necesita , mientras que el que desconoce la indulgencia para los otros ^ seguro puede estar de que no la encontrará en el dltima juicio , de que depende su suerte eterna.
La venganza , este infame vicio opuesto á la indulgeiacia y á la manseduml^re cristiana , jamas encuentra entrada en un alma grande , ni en un corazón en que tomó asiento la humanidad. No hay hombre alguno que no tribute elogios al que perdona los agravios que ha recibido, y que no reconozca en esta, acdon la magnanimidad y el heroísmo. Por esto los cobardes , como dice un moderno , pueden pelear , pueden vencer alguna vez , pero no pueden perdonar , porque su alma es pequeña para esta grande acción. La venganza como la crueldad son hijas , y proceden de la ignorancia; asi sucede que los salvages, los niños y las clases menos instruidas suelen ser las mas vengativas y crueles, porque ignoran que la venganza no resarce el mal recibido , como lo hace el perdón , y que la crueldad suele producir un efecto contrario al que se desea.
La misma luz natural nos debe persuadir que la venganza es prohibida , porque lo está el ser uno juez en su propia causa. | Y qué hace el ven^
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gativo sino establecerse juez de su injuria, y castigar al que le agravió ? Pero la religión adorable que nos vino del cielo para hacer la felicidad de los hombres, ha tratado este punto como. uno> de los capitales que se propuso ensenarnos: su di^ vino autor. No solamente nos: mandd ert los términos maa enérgicos, amar 4 los enemijgo$ ,, hacer bien á los que nos aborrecen , y rogar por los; que nos persiguen y calumnian i no. solamente nos aseguró que no hay perdón para, eí que no perdona, y nos instruya en una die: sus parábolas del castigo irremedmble que espera al que ha-^ biendo sido perdonada por su señor ,, no quiere perdonar á sus deudores > ni esperarles á que le paguen j sina que clavado en el madero de la cru2> entregado á los tormentos mas crueles, hecho eloprobrib de loshombres,^ cubierto de heridas y de llagas desde la planta del pie hasta lo mas alto, de su cabeza ,. próxima ya á entregar su espíritu ea manos: de su Padre„ recoge el breve alienta que le queda para pedir el perdón de sus mismos: verdugos. Olvida los agravios que recibe , pierde el sentimiento de sus dolores , y solo piensa en reconciliar á su Padre con sus crueles; enemigos. ¡ O lección sublime de misericordia y de caridad 1 i Qué puedo yo añadir, hijos mios, á. este egemplo , que nos ofrece al morir el Hijo de Dios, para inspiraros el horror de la venganza , y la necesidad de amar y de hacer bien á los qve nos agravian y persiguen i
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Paseo á la grafía del Bosque.
La granja del Bosque era uno de los paseos mas preferidos del Barón. £1 camino era placentero , y al llegar al valle en que estaba situada, se recibía la sorpresa de verse trasladado á un nuevo pais , cuya fragosidad y retiro^contrasta-* ba tanto con la amenidad y población del valle 4e san Juan. Tenia el Barón en esta granja sus ganados en el estío , para que con mas comodi-- dad disfrutasen del pasto de los montes , y este pasto, un poco de centeno, el combustible y la madera de construcción eran los productos que le daba esta propiedad. Junto á la misma granja habiá construido el Barón un pavelloncito , desde el cual se descubrían los pastos y el pinar , y alli es donde descansábamos de la mitad del pa« seo , en donde nos divertía Nicolás con su senci* lléz, y nos ofrecía un vaso de leche, un plato de cuajada ó fresas del monte.
£1 Barón amaba á Nicolás , y se interesaba en su bien y en el de su familia , y Nicolás correspondía al amor de su amo con el mas puro agradecimiento. En. el principio de la revolución de Francia, Nicolás cultivaba una porción de tierras del seño^ de Fronsac , y habiéndose retirado á ellas para libertarse de la perscrcucion de los revolucionarios , y de la espantosa anarquía que extendía su velo fúnebre sobre este desgraciado pais, Nicolás le ocultó de todas las pesquisas, le salvó la vida no pocas veces, y le conse^-
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v6 con fidelidad los caudales y alhajas que depo* sitó en su poder. Cuando se determinó á dejar la Francia el sefior de Fronsac, y á trasladarse alPiamonte, le acompañó Nicolás en este viage, le libertó de cuantos riesgos le amenazaron 9 y le sacó con felicidad hasta la frontera. Hizo después diferentes viages para llevarle lo que habia dejado en su poder; y mientras el gobierno le mantuvo en la posesión de las tierras que cultivaba^ á pesar, del peligro á que se exponia el que favolecia á lois emigrados, continuó Nicolás en hacer participante á su amo del producto de sus haciendas. Esta conducta , que al fin ocasionó á Nicolás, las .mayores persecuciones de parte de un gobierno revolucionario é injusto , á cuyos ojos eran delitos las virtudes morales , y que te redujo á la miseria^ movió al Barón á colocarle en la granja del Bosque , y á tomarle bajo su protección. - El agradecimiento , decia el Barón hablando del honrado Nicolás , es iina de las mas hermosas virtudes del alma 9 y de las mas útiles á la sociedad. El mismo Dios , que se vale del hombre , como de un instrumento , para hacer el bien, quiere recibir por el conducto del instrumento mismo de que se sirvió , el agradecimiento de aquellos á quienes favoreció en su misericordia; y el ingrato con los demás hombres que le fíie* ron benéficos es criminal á los ojos de Dios; No debemos hacer el bien por recibir de los hombres la recompensa , pero es dulce y agradable el encontrar corazones agradecidos; y como no todos los hombres saben sufrir con serenidad los golpes de la negra ingratitud , lo cierto es que por ella se ve privada la sociedad de muchos beneficios ^ue recibiera, porque el mal pagador llega por
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Último ¿ no encontrar ninguno que le preste , y al ingrato se le cierra la puerta cuando solicita algún favor. £1 justo no deja de hacer bien aun á los ingratos, porque asi se lo manda su Pa* dre celestial , que hace salir el sol sobre los buenos como sobre los malos ; p^ro generalmente piensan los hombres de otra manera , y desean cuando hacen bien encontrar agradecimiento en lugar del desprecio y del olvido. Sin embargo de esto es la ingratitud un vicio muy frecuente , y los que escriben en la arena los beneficio^ no son en menor número , que los que esculpen en el bronce los agravios. £1 que hizo mayores bienes suele ser no pocas veces el mas perseguido y ul«- trajado ; y esta conducta de los hombres , mons^ truosa á la verdad y apenas comprensible , solo puede explicarse atendiendo al orgullo que le domina. £1 hombre que ha recibido un beneficio se cree inferior á su bienhechor, y reconoce que debe estarle subordinado; esta es la causa de su ingratitud y del ódio;;que concibe contra el que le hizo bien, cuya superioridad no puede sufrir; por esto se aparta de su presencia y huye de en« contraríe , como suelen hacer los malos pagadores i por esto le desprecia ó le insulta cuando le ve caido y expuesto á los golpes de la desgracia; conducta la mas contraria al bien de la socie* dad , y la mas reprobada por la moral y por la religión.
Éste trastorno de ideas , esta corrupción de costumbres exige de nosotros que tributemos alabanzas, y que dispensemos nuestra protección al hombre agradecido , para hacer pública su virtud , y para empeñar á los otros á que imiten su egemplo i egemplo que nos da la naturaleza , y
6 LA MORAL DiEL LABRADOR. 17l
que los labradores en especial pueden recibir de cuantx) les rodea i porque la tierra corresponde fielmente al que ledí^l^ensa abonos y cultivo: \o% árboles ofrecen sus frutos al que los desembara* za de la« ramas inútiles y proporciona alimen* to á sus raices ; y hasta los animales de que el hombre se sirve , son siempre dóciles á la voz del que los Jtrata con dulzura^ los aUinenta y no los £itiga coa exceso.
Con esta conversación nos acercábamos i la granja, y apenas nos liubo divisado Nicolás cuan<« do vino á encontramos ^ y preguntó al Barón si hablamos visto por el camino i un hombre á quien él habia dado de comer. M oir nuestra respuesta negativa ^ contiQuó Nicolás i ] qué co^ mida tan mal empleada , i^ñor Barón ! Un hom^ hre como el mejor pino" de nuestro bosque , que después de llenar la panza me dice frescamente, que ni sabe trabajar de ^labrador ^ ni servirse de sus brazos para cosa alguna. . . . ¿ Con que noso^ tros, los pobres labradores, hemos de cargar con estos gandules^ ;y aumentar á los bolgaranesS Justo es que trabajemos para los que trabajan de una ó de otra manei^a ^ pero el ^que no trabaja que no coma.— Lo mismo dijo san Pablo ^ añadió el Barón; pero truénmnos tu aventura, y las circunstancias de este íhuésped , de quien no parece que has quedado contento.— Volvía yo del bosque al mediodía, respoindió Nicolás^ y me acababa de sentar lia puerta de la granja, cuan* do se me ha presentado un fórastero de treinta años de edad al parecer, y tan robusto cchbo uñ roble , y después de saludarme con mucha co]j« tesia , me ha suplicado ie diese dé comer. Sentaos, le he dicho ; mi muger ^tá, preparando la cooii^
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da , nos la servirá sobre la yerba , y • satisfareb vuestra necesidad. A poco rato nos ha traido Juana una sopa con patatas, huevos, frescos y man* teca de esta mañana , con pan que cocimos antes de ayer. Gracias áDios y á nii «mo, no le fiaka á Nicolás un buen mantenimiento. Mi forastero se ha dado tanta maña en despachar sus platos^ y «n volver á llenarlos, que por poco no nos ha dejado sin comer. Hubierais dicho que no hábia comido en quitice dias. En íin^ cuando ha satisfecho su hambre devoradbra^ me ha dado las gracias buenamente , y. me ha dicho que no 4)0- dia ofrecerme ninguna paga ; porque aunque fue rico en otro tiempo , se encontraba ahora en la mayor miseria, y mo sabia que hacer ^para vivir. — En cuanto á la paga , le he respondido, aunque fuerais rico no la recibiría , porque también nosotros los pobres labradores queramos ha»- trer obras de misericordia , y la que consiste en dar de comer al hambriento es una de las qué onejor que otros solemos: practicar ; pero lo qué me admira es' que no sepáis como manteneros. i Estáis estropeado por ventura ? ^^ No , gracias a Dios. — • Pues' , amigo mió , cuando somos pequeños , nuestros padres son los que nos mantienen ; cuando somos ancianos, nuestros hijos nos cuidan ; pero cuando ni somos niños ni viejos , á nuestros brazos toca el alimentarnos. Si os falta que hacer , aqui lo encontrareis: venid conmigo •al bosque á cortar madera, y os dará de cenar el que acaba de daros de comer. —^ Desgraciado • de mí que nací en la abundancia , y que creyen- *^do que la riqueza no mé abandonaría,^ dejé de aprender* á trabajar. — ^No me admiro, 4e he dicho, que- tengaiyi tniedo de morir de hambre. ¿V
6 LÜ- MORAL DSt/MABaiADOE. i?3
pof qiié no aprendisteis un oíicio cuando erais jó^ ven? ¿No sabíais que la fortuna es una^rueday y que. ninguno está obligado .á. n)a,nt eneros ^pOf vuestra tbuena cara? Pero aun estáis. ¿ tíempet aprended á trabajar , y tendréis dereáhQ á viviri Yo qué trabajo todo el dia le tengo á alihién^* tarnie con mis fruíofi; pero los ociosos no debeil esperan sino la misQriaMy la deshonra. Estei sér^ BQÓn nó le ha sentado bien alholgazan*^ y tdmándo stt »palo, se to de3pedidQ-xie noMti?ois, y selfe dirigido por el!xaminodd san Ju?^. : i.\\
' En: el fondo de tu disculrso has teñidb razorf, le dijo el Barón á Nicolás i p^¿ro tus e3¿prtóioüés han sido demasiado duras , y con ellásí'hás atimeiitado la añicoióiv de este miserable. Tu ignoras que en. el muiidoie&iia«o frdcueiite el' nó^ensémx á trabajar ¿ losi jóvenes ridos^ loa eífá^s liiíi -adpa suya ^ y.solo í)Oi? culpa 4e sus padi^s 5' y |)or un defecto común de lá educación, se bailan desprovistos de medios con que hacer frente á la desgracia , cuando les Ue^n á faltkr tas riquezas con que contaroEL Por esto en semejantes ocasiones se debe socorrer ü estos desgraciados , como tó lo has hecho > pero se les debe excitkr al mismo tiempo á que se apliquen y trabajen ; ení- . picando para esto , no el tono duro que los humilla y exaspera , sino el Jfénguage ^ la caridad, .que es siempre dulce y cómpasivi^ *^ « . ^ Ved aqui , hijos mios , continuó el Barón ,, volviéndose á los jóvenes de su escuela ^ los peligros •4 que está expuesto el hombre ocioso ^ qué ó por falta de educación , ó por ódioi al trába^ quiere vivir á expensas dé los otros* En unas partes ¿e le humilla, en otrias séle xiespiiáe con dureza y en todas: se le mira . coqK/ utti miembro podrido.
174 . BT BARCK J>E ROBINSKT :
capaz de apestar lá sociedad con los vicios y desórdenes á que su ociosidad suele conducirle. £1 Señor nos Impuso á todos la obligación de trabajar cuando arrojó del paraíso á nuestro primer padre : el Eclesiástico nos dice que el que tiene sus manos en el seno , esto es 5 el que las tiene ociosas ) no debe poder llevarlas á su boca ; y saa Pablo condena á no comer al que no trabaja. Lp^ hombres viven en sociedad |mra ayudarse los unos á Ijds otros ^ y el <^ no trabaja ^ falta á este deber. Él Soberano vela sobre todos ; sus Hiinis^ tros le ayudan en el cuidado de la administra-- cion y del gobierno^ los magistrados aplican la disposipion dé la iey á los casos particulares ; los ¿militares ^^ñendeu ^el ^estado ; los ministros de la .religión, dis^man los $oeorros espirituales ; los sá-»- ^bíos cocqumcun sus luces ¿ los demás , y aun á Jos mismos que gobiernan ; los artesanos propor^ clonan diferentes obras necesarias para la vida; los labradores procuran á todos la ^subsistencia; todos en suma deben trabajar en utilidad común de los asociados $ si quieren tener parte en las ventajas que la vida ^ocialiesiisegura. Séneca compara la sociedad á una grande l^veda , compuesr ta de piedras diferentes , de tuya presión común resulta su solid&c y seguridad. Una sola piedra que se separe de las otras ^ y que no. trabaje en comprimir á las Inmediatas , expone la seguridad de la, bóveda, y pone i todas en. peligro de caer. Si el verdadero honor consiste en ser útil; si la verdadera gloria procede siempre de las acciones brillantes 9 hechas en fiívor de la sociedad; sob elocioso.es vil ) y solo el holgazán pierde el derecho á la estimación d& k>s otros hombres. £1 que trabaja , y conitribuye en, uno ú otro modo
6 ¿A MOKAZ DEL LABRADOR. 175
al bien de sus consocios , es un hombre de honor j digno del aprecio de la sociedad en que vive.
Si el ocioso no hiciese otro daño á los demás hombres que el vivir á sus expensas, sin proporcionarles ventajas ni servicios , podria limitarse la sociedad á hacerle objeto de su desprecio y y á negarle su estimación; pero como la ociosidad, va siempre.acompañada de una disposición pr<Jxima al crimen y al desorden i y como elhol^a^ím es sieñipre .vicioso , todos fos gobiernos se han declarado contra los que pasan su vida $n la ocio* sidad. Cuando las manos no trabajan , la imaginación se halla mas libre , y se ocupa en inven* tar medios in&mes ^on c^ix^ satisfacer á sus pa-^ siones. Las nmnos del ocioso , decia un filósofo antiguo, están siempre dispuestas para robar. Ved aqui por qué la holgazanería es siempre el objeto de la persecución del gobierno y del desprecio de la sociedad , y ved aqui por qué todos sus individuos ^ deben abstener áfi fomentarla, procurando por todos los medios que están á su alcance, que los ociosos se apliquen á un género de vida que les proporcione la subsistencia con el trabajo.
Sin embargo de esto, jamas nos debemos permitir el maltratar á los indivi4uos que por des* gracia son defectuosos, ni el humillarlos ni aborrecerlos. Nuestro Dios nos prohibe otros sentimientos que los de caridad , y se ha reservado para sí solo el juicio y la venganza. Podemos y debemos aborrecer al vicio j pero no .debemos aborrecer al individuo que se entrega á él , porque es hermana nuestro , es un ser racional , y üu hijo d^ nuestro Padre que está en el cielo«
175 > . SL BAIOK BS: irOBTKSlCI
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, »
De las acciones freihibidas por la moral.
Si sola la virtud puede hacernos felices, solo éí vicio puede' arr(>jarno$ á la desgracia* Si aquelia nos procura laiestímacion y el anK)r de losr otros hombresl , erte por el conitatio atrae sobre nosotros su <Jdio y áu aversipa. Si id verdadero^ honor consiste en la» virtud, la ignominia y la^ afrenta deben ser sfentpre compaiieras del vicio.^ El hombre que desea naturalmente ser feliz , y que cbñoce que no lo puede ser si> los otros no se abstienen de hacerle daño , debe conocer por la misma razón, que pafra conseguir que $U8com« pañeros respeten su persona 3^ sus propiedades, y le socorran y le asistan en las ocasicxies en que lo necesite , es indispensable que ^1 por su parte se conduzca del mismo modo respecto á los de-* mas. Aun cuando la ley nátúntl no 1¿ obligase á pensar asi , las leyes de la Sociedad en que vive le precisarían á ello , y le harían desventurado si no se conformase con ellas ; pero la religión de Jesucristo, que amenaza con castigos eternos á los viciosos , á los que dañan y perjudican á sus hermanos, y álos que desprecian cualquiera de los preceptos de la ley , es un motivo mas poderoso que todos los demás , para que los hombres abracen la virtud , y se abstengan de toda acción viciosa y criminal. La ley de la razón nos enseña que si somos malos tendremos la desgracia de que los otros nos harán mal; y la ley civil nos señala la pena temporal en que incurrí^
rem0i^..si :nos a:trfevemos i quebrantarla ,• i pero qué son estos* frenos. eQ.icon^p^ir^pion. del que la religión i*» .prpitoueí? iJ^glÍQSí serpued^^eludiri pocque Qcaaoaes luy tm • que .el horpbre haijfl mal aih ser descubierto., y .Ptrafe m que\la prevarica<^ jaon de losnMgi^iíiclos.ríó Maa mal' eqtíaidida compasión le eximei^ deja pem; ¡pero la ley de! Dios no puede eli44ii:3^c todo^ip^nosella, puede pasar^ yesta.sujeto i vicisitudes, y. Pios.itpdp lo. vé , sin que pueda ocultársele el pliegue qij^^ ^^^ creto del corazón, Av^a cua^dp^ el crimiQal pueda libertarse de U . vengaBf?a 4ip loa bowbire?^ m.»^ podrá librar de, la justicia deiSér sppremOy^>Wb. desgracia es . inevitable;. Tratemos ,pwes 4§ co«; úooerlo.quftfsejnoaprphibe^ ya que hasta aquí; QQB bonos io^trujido df^ )p que ^e no^ ipanda^ . : ;
í . ;, De hs p€fanndenios:fn$¡hiÍbi4ogn
(>aljw<|MBiritnHenl!Qa; QQult(>^^ 1^ die^eps ncima-' iuFest:;doi ;) i]p Ikníadas á tfjjeiiuctfl^i 9{.<k>ipgi jK» si : sofoi) opoctiusai^ dcañb£^ilo6idfei8a^)bpmb£tó#.ln^^ han\4cloi]9t>|bGD (de tl^ Ifig^^ícipQes j:í$í1^{3!í«W^ ^o^ lamentp poo^ue» jd Ss^áÁ i^Sí ^ »el a&t^urar la feiiqida^r temporal. deidbiQnsbre^^ ;el .ponerle al afacígo de kid dañoi reab^;y>9ej:d4dfjE0&ique. pjft? > diere sufcir ^i.'6ino(po¿quei éendo l€is ji^smuíetl?^ tes ociüto&iinyisibtesv^ fwssailel a^^tifie^y, to* nocimi^nto de los demw^ tfi puedan pcobs^ eill> juicioi pr de consiguiente «er m««ria. de, él Í4» . leyesipne^^DQ ^saiian el coim^ 4^.horabre^ le dejan tal cual ós^^.se Ua^tí i i^astigai?) cuao- > do^.lps déseos tieneQ.efeci^^ y quai^o^pi^^
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obras ó palabras que cai^á^ üD dañid^verdaidero. Las falsas reügbíles^ y U moral delos^^antiguos fílósofios ,' ^aáetiaíti^eate n^moi vickyirftdkarU por esto ló^ desordena «rátl^ más Creciáefitei^, y^ \ac sm^\
5 te' corría ^bbtó^ lái- tí&tra*/]Peí?<> Icti íe^icm dé ésucristó tía llegado mas^ ad^aJIt^isiia^ desvelos para. hacer alihómbíie^ felfea y^hO'precabidpil^^^ deséí^denesí^ resüañaado I& fUeñi^que losprodoce^i y aniqidláiidayel geroieii del mal, y la W^dui^a^
déívicfó^Vi:^*'^ ^ '''' ' '^•'' — *^a ■ /^ ^-^ "'■ fifi fefectoV^si ningíM'ftttíábrtt^s malóide^r^
«eos y ^ktíláí'las paáonesi eii tértiuiíóá: dé' ser iii3K
poíSbleiel coíitefterlas en los límites del deberá si
la sensaalklád nace y procede de la l{iéá que eli
hombrt^'&é^forma dtel plácéí?" y de^k^ fimxí^i^ c¡m
le presenta su misma imajg^acíoni si el origen
del hurto se encuentra siempre' en la idea de las
comodidades que se esperan disfrutar por medio
de los bienes' ageílQs; si la tinsnganáa Jb llega á
obrar ^ sino pormie se revuelve en el corazón la
id£a ' del • agrmd^ agtávicp iptamtjxitís^q^mi. no
ti^a€^0U4»tv£íp&^m4ittk ^fuéaisüáL qu^ ia^xpie/lsi
cfó I21 ^íifiagitíádoa d¡e]t«)in£acm¿i ^xxástíoaa de^
ef hd^brig^ 'á^ ^£m; relígjesial ^ Haw^^guárcaí jail
mismo erigen de la maldadyrjf ijufiUaianiquilaiy i
la sofoca 4n su jrásmetÁ íedoá ^nfaesüque-hayiD ipdrr ¿
drdd; sa<!$iñ6ai?>á^t:>pasií<3r»I%oe la^nrbckHb&Ia ti^iatn;
qtflUd»d^y^^/faoií<krMle feiákOtxps:>^nibn3SÍ t^.^íu
^ol^ ^tlisakfs d4)dt&r¿k 4e<^lá(iifáy • tatmláQSi jia<r*i
dl^ hsaiíláwiraláb em; ¿t eiwr^orórd dsr pensar r
que sok) ^^mhihiwlas. accionés^jcrímináles^ y tiá '
lo(s peñsafüiíeritds ni io^deseosi^Bar-esto Jsm^rístp i
sertt él iqm ]« irtUtáite: PffntfíU M .^^P^.* ^ E| tribunal del juicio, que se comppnU de vela*^ te y .tares, jaexres i> f;toa(^k ^ jlp^, ;i$iiat9^ f r^mi* ©ales, 3^/|Hidüaí;jia4|¥mm:k|^ jEj
^U0ó8e: CDfcddtífcé^iii*^
que/ahrigtie easia)rflipOQc»cíi3fftó?at<Mtj^^ 4§
íencor:} liste tal Je5^tfíc>liéd«Éak!4^ íPPif<J»swsi;q» tówQ si ¿Asta unífitati»do^ir^ .^luera uq^cii^^ oáinal^ suljeto i la:5etittoi:|ai4^1vtríbiQdl <del Jui^ CIO. :£foiufaiilQS'je$mft! pQrrivaes^d^ lie^ 9 >Í^.<e^^ 4 mbmoíi^mar 4miQtra ^liir^Q|tlf^ipl^(^r^c^|:^e$ yidtshQDe8faM;>lpfcTO yQ>jot.<l}^P< ^BPj ,?1 g«$í i^iiir^
que:)Sriaa' á' : estaUecei^i f illXQ>40SihcKQ%«Sx1^iMi^r inosó arf^o^e^iaicaládbtd^ ^
coas6 iiiffliiiai1o8¡9f .Hjob tp^oá(4e.^nÍ;P9drg|^ <|í#q está ittL el tíslo^ y.^queijea ;»^Q:fKHi9£ 7. eapidad j Sor ventura ¿wabng^i.est^ 4ón. precioso eok tm corasoa t]ueidesea idiai^al, y ^ue cof)siente en
fedy; rencoi^Jy ^bodétae áoÉidafel jd9SM^;4«^:)Yds4 ganzai .9i;ios^£in{ms ^xamxon im^kki^^f!9^^i 7ados ,1 lá^íaij^ ^en.iafi^iees dtís 5}Me admiten peüsamientos cíb6cencfi^^ y los ^ut s^.compiaced con la idea del vidoif y con ti, cuadro jcjue su tmsma iimgkiádoa ktS)i)£N{re honestos? SÍ. éál A^ísosapniádiHom Ju^.e^tá la ley Hla 1^05(,(|dcgttcácdelaM if\jmtO y^cripúnal dique (pti^ifili«sojKíuJtjlft S«y 4^ l^ea^^^ As^
is cómo í^ ^etfitia^ di^'n«ie$tm tefigion alio^los
náfes* cn^ su Fáte ^ y íoprnebá li(»s ^deseos ^ vieíasois^
jr los jütótós^<?CHitratíd^ á l/i 4ey(, como ioi que se
fbrpiati ^ófítrá el^^^r^i^imo'iiii pruebas evidentes y secutes. ^ '^ ^ ' '1'^/' ^í';-'- M ::'i :.]."..' í '!'. 5
;! Lá cáridád,t}ú^nasmaiflida^8QUsatáittuestroi |iermátíó^ /'y- ser indulgentes ;¿idia sus^ faifas*^ nos
ér S?mí2LT^á&*tíAói'^'t<ytH3^ ws hiriiíereíl
metíecid^J.Si'^ii logátdte^jussgaii^x^oa^inisaricor^ <£a;á nuestros^ pi^óg^rnd^lósihubie^e^^ ^zgado teníerariámente y ^n^|áédad, ta^faipocojhalyrá mi^ ¿éritordía para nosotfrOs^^ por^eíDiós nos^apli- ¿ar 8 ' la misíhá ^édidft^^ ^de ^e ^macmós ^hosr liif^ bieféiíK>$ servido^ ^r^^jutgar^á'las^desnDQ^ ipúc qíí¿'jut:'gai*nos ios^üilc)^ Í:loSúOtrQ^?í;'Por(qué nos ocuparemos de la' conducta agena,>cuand(> éoda ttó<^t^2É át^nciania^)¿t3isibasta pawcoHqcernos ét nosótíüs 'nii$mo&? I Por vebiura'nofténeQiqs títi' Dl^^y <^¿ M há i:e$¿i?MbdorjelFJuz^aflrit^ hom* htes éú sU jywiéia, 'yí^^f^iáek'iin gulosa dé sus ^áccioiies^ y dei süs^atafairi^y^ijr faasta de ¡ós ; desiedfi^ tpeSotmztot^^ ei^ loinoisi heñido de su corazcAí? Vendrá el S^or con tadasumageá^ f ad , y con «éidat' la pompa -y ^ ^el * aparirto.' de ^su g^áíndeíra^ delante de ;sú ttemendboiribDnal icopi-* pflPécferdnc^ tóck^ Ids'lic^ '«¿Nonoft ade4
látíféáUifii pddfi^4 su vefiidal) «ló [intbntéiiíi)á fusur^ pát Sik^ défr^éhós: sagiljnios^j^ porque es celoso, y fió^ ^ú&é que se* Ij^ dosputa^'^sor ecef ñas ^atribuf tfones; nú ahtíeipemos ?ú temblé é iirrexroca^ ble sénítencjia^'ho 'uos^ócupeimosi'deilp qué no:hos ^ertenibcií. £itd Udchw^(^i¡mi^fá)J^ la pet^dni de sqíri Piedré', icaád4Ptle^ difoL .; ^sl />
6'^ tk MOR A t i>Ét i A Bi Ador. 'igll
éste por la suerte futura del apóstol san Juan, es una de-ks^ mas importantes de la-mom^tnfistiana, una de las que tienen relación mas intima con el bien de la- sbciedadé 3i Hingútio sé ociipase de los otros, sino para hacerles el bien; y si se acordase el hombre de que no se le ha establecido juez de ]o8 demás hombres , ¿cuántas desavenencias se evi^ tariatí, y cuánto mejor reynaria la p^z en este mundo? La paz: ^este don que nos Vino del éieló «con Jesucristo, y que nos legó en su miserí<iordiá al tiempo de dejarnos para subir al troiio desú -Padreí
£1 deseo de adquirir por medios injustos Ic^ l>ienes de nuestros hermanos; el deseo de que leis muenga" el nial i y el disgusto <ld bien que les si¿- icede; todo está prohibido por una Ijey, que nó fjuede sufrir ^el menor desvio del coraron , poi^ 'que quiere que sea feliz , y no desventurado. ¿Y •quién lo será mas que el envidioso? Es un maíl ípara. él todo el bien dé los otros; y atormentado de los elogios que se tribuían á los demias , irrita* ^ por^e sus pró^énos soil feliées, lleva én su joorazon envenenado 'ún fmido de tristeza , que lé ^¿evctárj y \m deseo dfe ^abtíficario todo á su vfl f)asipn, y á su negra malicia. Asi es, que el enf« ívidioso deápues de hacer su propia desventura, :«oíittibuye en cúáhto puede a la de los otros. Lk ienvidia es» la madre dé Ik venganza , déla ínáltdí- 'jcen^y^y ^de' te- itóayoB «parte d¿' los vicios, qub tatitos estragos causan en d cuerpfe» social r fes- íá rabia del alma , porque el envidioso no puede vivir sino muerde á los otros, si no los priva de los bienes, ó de la reputación, que le atormentan*
n BAKOV DE XOBm^KI
^ jDe las palabras frohibidas.
Todo es reciptoco cti la vi Ja social ; todo' en ella es un camino de servicios que se hacen , y dé socorros c^e se recil>en. iSi deseamos que Ja len^ gua (ie? nuestros prógimúS suva para iqüe nos co»^ muniquen sus luces y sus conoclq[¿entos, instruí yéndoaos jen la verdad, para que n^s comüelén en nuestras aflicciones, para qiie afiancen miestra reputación , y defiendan nu^tra justicia ; | cómo fuefa posible «el imaginar, que; sin faltar i ^juestrw deberes sociales , pucÚesemosi empkac nuestras lenguas «U; eOjajañar al prógimo coa }m .mentira y qpn la, a4'ul4Cioo^/eñ quitarle la hoiury ^on la maledicencia y conla calumnia, y en des^ pojarle de sus derechos , de^iarandortH^fntra la ver* dad en los tribunales?; í^i debe pues^l honxbrp ser avaro de la verdad, contenien^. ^U lengua para que no con^uniq^ue las verda<}esjútUes que hubiere descubierto» ni delje ser por medio, de Ja mentira, del engaño y de la seducción un faln^ cante y. extendedor de moneda £i]sa^ ni tampocp emplear en calumniar y en maldecir un órgano ^de qu? le dotó su Orlador para alabar $m$ obras y las maraYillas de sus manos, y para ser ücil á los dem^ hombres; pe^roi bablen^s ^ particular dC; todos estc^ vicios. ,:
1 1
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6 tÁ ÜIORAI BEt LABRADOR* Í8^
ta mentifa.
i El^ hombre e¿ deudor de la verdad, primero fi Dios , que es la irerdad misma , la verdad por esencia; y después á sus prógímos, 9: quienes perjudica con el engañó. Natüralrnejnte tenemos horrcfr de la liientira , y aborrecemos 'al mentiroso, Éniirándóle como un hombre vil y de^teciableí y inaturalméhte honramos y apretíamds al hombre verídico, que con ningún motivo deja de manifestar lo que piensa* en su corazón. Ved aquí una prueba de la fealdad de la mentira^ y del horror que idebe inspirarnos. EUá es , decía üíi sabio, utt yicÍQ bien monstruoso;, pbrqué /? qué c<>sa tíaiy tíiáí' extraordinaria é incomprensible, que el ser cobarde resjpecto de los hombres, y osado y atrevido respecto á Dk)s? Tal es sin embargo el hombre mentiroso, que temé descubrir á lo4 hombres fci verdad , y no. teme insultar i Di08' con \z, mentira; á píos^ que ha aségurádd ^ué peéderá á loa que la hablaren , y que ha rpahdádo qu¿ Sé renuncié á eUa, y que siempre, sieml^re se hablé la verdad. . t ií se' ípbdrá mentir al mentiroso, y engaña t íú iengalfedóír?^ De ninguna - manera. Fofi^üé eí hombfé' eS' 'déüttor de la verdad indepeñdient;etttónite ^de lá conducta agena; y la obligación de ser Verfdic& , f de no engañar con palabras , no xiace de pactos condicionales , ni de promesas he-»^ chas en éste ü otro caso : es una obligación absoluta , una obligación , que no puede modificarse. Si tuviere el hombre la facultad de interpretar Íqs
184 EL BARÓN BS ROBÍK^Kt
casos en que debe cumplirla , y de eximirse de ella, según fuere la conducta de los otros hom-* bres, ¿qué puerta no se abriera á este vicio, uno de los mas funestos al estado social?
Pero ¿será lícito el uso de palabras equívocas y de restricciones mentales? Tampoco lo. será; porque también semejantes medios son medios; de engañar, y ninguna manera de engaño es perini'* tic£i. El que usa de palabras equívocas, es decir, de palabras que tienen dos sentidos, con la uiteacion de que el que las oye las entienda en sentido diferente del de la verdad, es un mentiroso , pQr* que engaña por este medio. £1 que usa de restric-^ cion mental, esto es, el que profiere una mentira ^n alta voz, y dentro de sí iQÍsmo restringe lo que dice, para librarse de mentir, es un mentí*
roso, porque ha engañado con sus palabra&t¿ Qué idea forman del juicio y del saber de Dios los que: piensan eludir su ley por medios tan mezquinos y miserables? £1 engaño es lo que Dios nos man*- da desterrar d^ nuestras bocas^, y el fraudé es el que está prohibido á la lengua.; en vano pues busca subterfugios el que engaña con cpOQcimien* to: seguro puede estar de ser mentiroso á los ojos de Dios, y vil y despreciable á los de los hombres. En efecto, él que miente, ó intenta causar^ á los demás im verda4erp. daño ^ eagañándolos,* ó és un cobarde qué los teme, ó, un vapidQSQqm^r quiere pa^ar por lo que no es, ó un malvado qjue: roba la capá de la virtud. La mentira pp yieae: jamás de mejores fuentes : mirémosla pues : ú&sk** pre con el mayor hprror.
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ó lA MORAL DBL XASKAOOR. ÍSS
De la lisonja. ^^
2 Y qué ^Grémos de la iisonjai Diremos de este vicio lo que decía Diógenes : el mas peligroso de los animales salvages es el maldiciente, y el peor de los animales dooiésticos es etlisongero. £1 hombre que engaña con la adulación es un pérfido, de?i4 Un Sabio , qué clava eíi el coraeon.lihk espada con miel Se propone engañar á aquel i quien inciensa , supQniéndole virtudes que no tie« ne , ó exagerando sus buenas cualidades ; y lo peoc es, que el efecto de semejante vicio es. el de corromper el corazón, haciéndole incapaz de mejorarse , y el de cerrar los ojos del desgracia-^ do á quien ataca , para que no pueda ver sus propios defectos*
La religión nos dice , que es el orgullo una de las enfermedades mas funestas del lmnbre> y como la lisonja fomenta el orgullo, exalta lava> nidad, y da mayores fuerzas al amor propio i It caridad nos obliga á mirar con horror un vicia^ cuyas consecuencias son tan funestad ,: y aun i ser pradeate$ y moderados en las lalabanzfis pei> xnitidaís: y justas , no empleándolafr>8Íno con vepr dadexa utilidad i porque hay. ocamoes en qu6 pudieran engreír y ensoberbecer á laqucl i qui^ ^ dirigen, por mas que las bubiesb> mer^ldi. 4 X>ios es , hijos míos , á quien debemos alabar dé 4ia y de noche , por las perfecciones, y yirtudés con que adorna á nuestros hermanos.. £1 ^M fuente 4e. todo bien ; todo lo.ique. merece .ouar
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186 « BL BAltON Pt: ROBIN^Kf
tras alabanzas es obra suya ; y el hombre nada tiene que no lo haya recibido de su bondad. Si prescindimos de la liberalidad dé nuestro Dios, I qué quedará en el hombre , sino el pecado y la mentira?
<i. De td murmuración.
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' £1 honor, la estimación del publicó,' el bue» nombre son los biene&que ataca- el murmurador^ y estos bienes- no sotí: bieaes. imaginarios , sott bienes rea4es y vetdaderos^, sin los cuales la eicis*^ tencia /es amarga.. Un bomlN'e sin hooot es mat récibidp;. de los otros , pierde su confíanza, sui9. socorros,: en lasi necesidades., y hasta csu compa^ sion en la di^gracia. ¿Qué daño, pues: mayor se puede hacer al prógirno, que el que- se le ocasio-» na cuándo se dtvu^an. susi Mías ciertas, ó fingidas I Esta es sin efmfbargo fil <}ue ejteuta el mur^ muradto: cuai^.bablimaldelprégima. Denadg ié servirá\para>escusarse el alegar que- lóir qué dic^ es; diérto : solOv consi^púirá que: se le llame maldi*^ cien te ,, en^ lugar de flamarselé calumniador. De^ -caise que no« se: tuvo intención de vdftñar , cuando . « dijo.mal:¡del?progiixto^'y que* sedó se habló de* lante de- pefseyKaas (i^ confíjéinza , no serán fózones para escusar un vieib tan^ funesto y abominaba* El hablar mal' es: maloipor sí mismo , es un delito que produce fatales, consecuencias i independientemente dé la intesicáón , y aun cuando fel* tare» el ániaiO': de dañar ,' siempre será una im^ -pvudencia pecaminosa^ que not puede avenirse
ó lA MOHAL D£L LABRAIMR. 187
Gcm lá ^caridad , la \ cUal nunca íes temeraria lii precipitada. La coaBanza que se tiene eb las pe r^ sQuas. delante de lafi^ cuales, se dijo tnai deLpró-^ gimo 9 tampoco podrá escusar al murmarador^Él hizo por su parte cuanto pudo para desconcep^ tuarle., pues reveló. sus faltas; y si este efecto tan desgraciado no se verificó , no tendrá cierta-^ xAente de <5[ue gloriarse, i Qué látrevimiento el quejar cubrir sus propios vicios con la -virtud agenai ¿Y quién puede estar cierto de quedos qüe^oyca decir mal íio darán asenso á lo que se- les dijo, y de que cotHiervaráin la misma estimación acia aquel á quien desacreditó la 'maledicencia ? :.¡ Ahí poco conoce el Toa-azon del^omlnre rék que aisi piensa* £1 placer con que. se escucha tal murmui-^ j^adór es una prueba demasiado :i:ies:ta de ^la:idi54 4ymcion ique se tiene ^ara daorle 'CiiédicO'^ rjsíi asi no fuese , íio sele óiña xon tanto rgusix>« :
. ¿y coma ise con^ne éste placer con ^él de^^ precio ; con qtíe He :mir4 uíAn^jífmmañdt^hz^iyé áójüld^j há de :^i^!emri siiK)' de la coifiiipcWrf^^^^^ Iiatwál«a? Seme|aa£es centradjcdcsiás^smu dé^ lii^^i^do /{¡recuentes ren la ri^ ¡^ntxquatsu tora* gen sernos oculte* Era bnaiadvhomtreícviahd© üalió de la^manos'de «i^Crkdor^ y vedisiquipot qm. átmsfáu'al md^ñick^tóv^o ^désízfá de aqueta ikk nQbkeBa¿y:y.l8Si»^^^^ ^ÍOties ^:v€|(i^{u|m not
4ÁQtlj, á fps»3¡r de ui;^in£ui^ ^e iacobíipiiña: : sien> pjre aloqué la ejercicSí. '
Si quérfi]3[K>s tin^b^^ ^¿1' origen de iesl)e vicio
lan.d^tfsiiatíe^. ki'j»^ Hjs^\víí3&o^
/€»i.;sl ,ódia 9 r¿t edl ría loc^ádad. Estas k)a :líí&
, fuente de qUe ^dimaáaw Éí envidiosa ideasaí do-
prioiir ikiíA útkos ^ ly taxreÉÍed ^peDáenl^ jaÉia^ ^
^M2
188 . BL BARÓN D£ ROBIKSKI
timocion de que gozan. £1 rencoroso y el ven-« gativo , demasiado cobarde para da&ar ccm he»^ chos y desata contra el prógimo su lengua enve-- nenada, y si no le causa otro mal mayor; es so* lamente porque no puede. Por esto decía Quinti* liano que el maldiciente ño se diferencia del mal* hechor sino en faltarle la proporción de serlo. La ociosidad es no pocas veces la causa de «ste vi« eio. £1 que carece de una ocupación útil , suele correr de una en otra parte , alimentando su con-^ versación con el mal ageno. No teniendo ver^ dades útiles que comunicar ; no pudiendo ha« blar de las cosas , habla de las personas ^ y el di&¿ &vor con que iás trata , le asegura la atencioii de los que le escuchan. Vicio detestable^ quelft razón natural nos hace huir como funesto al bieil ide nuestros prógimos , y que la religión nos pi^ senta como uno de los que mas ofenden á núes* trp'Dios, Seis cosas hay ^ dice' el Sibio, que el Sfeifior aborrece 9 yila' séptlnoaia detesta ^ucoi'af ton ^ y esta ^séptima cdsa< es el sembrar ül dibcoif^ SsL entfe<kD8 lKxmanoSw.2Yque otra coia^haceel «lurmufaflor sino, romper la concordia -^nié loi dnia 9 cuando vfene á hablar mal y á indispor Herios^ despojándolos mutuamente de laí confian^ «a en i^c vivian i Losrque murmuran son 1¿' cau« «i de lamayor parte adelas 4isensio!i;ies?^e^ se obl* •senran enlre los hombiies; pcoü^ue según el Sábi¿i^ <uaado no ' haya leña se apagará el fuego[, y cuan* do falten los chismosos desaparecerán las di^saver diehcias. No hay pues que esperar que los maldicientes. Ueguea á poseer el reynod& Dios Japorque <Z)io» detesta , y ha prometido tomar venganza de kisi^e rompen y quid>rantan la frateii^dad «^e>iiaL(^eiido que seyne Qitre ios honibres*^ i
6 VA MORAL DEt LABRADOR. ÍS^
Veto si la caridad debe ser. el alma del cris-* tianó i si debamos obrar en £»vor del prégima' como deseamos que obren^ los otros en el nuestro ^ no solamente nos deberemos abstener de un viéio tan funesto y abominable, sino qué estaremos obligados á combatirle con todas nuestras fuerzas. Si tenemos autoridad sobre los que mur-« muran , debereníos imponerles silencio , y recordarles &a . deber ; y si no la tefilemos , débe« xeraos jdefeóder al pró^mo á quien se ataca en miestra: presencia , y pcitílíiear $us buenas accio* nes y ó por lo meno^ apañar la conversación , y manifestar con nuestro semblante y nuestro si« lencio cuanto. nos desagrada Ist- murníuiracion , y cuan profundamente desaprobamos los discursos que ella fomgmfeJ^Ud^tQ^^dfta^quilQn , dice el Sabio, disipa las nubes, y el semblante triste anuda la lengua maldiciente.
2 Y no habrá, casos eñ que se pueda ^ y aun se deban decir las faltas del prógimo ? Los hay éíí iiuáa atguaar^ .perai iSofa muy rarosr^ i yl sdLb podsÁxx hacéis Jboceatse tesmrte^rekdbn .dos condt^ «iones indispensables :: la^de ser cierto ' k> que st dice, y la de 'exigirlo asi la necesidad , ó la utili^ dad V de nuestros hermanos. £1 que tuviere cono^ cimiento.de, algún proyecto que se hubiere fbr^ ^xiadoroontraia persoáa., contra eLhonor ó con^ tra los bienes de otro ^ deberá darle parte: de lo 4ue sqia , para* que. se .p<mga á culñerto del msá ^que le amenaza ; pero con esta sola inteiiciQh , y Ao exagerancio , sino suavizando en cuanto pudiere, lo que revelase, de la conducta agena. £1 ^ue viere ¿ su prégidioen peligro de ser seducid do por BU malvado ,.p9r jun hipócrita , que para conseguir ans fiirfis< )SÍj;üi»tco& se^cubre, con lamas»-
I9O St BAKON DE ROBlKSn
cara de la virtud , y afecta interesarse en la feli^ cidad de aiguel á quien va á perder ; debe animo-* sámente levantar la máscara del seductor, pata) que su plan quede.frusfirado. Fuera de tales ó se-f majantes .ca^os , $eria :abominable el publicar la9 faltas del^^tigimb i y »el que la- hubiere hecho quedará .cÁ>Iigado á la reparación del mal que huso su lengua , i^tr^tá^dose ide laque dijo der^ lante de las 4nismas pessbaa^^ que ie oyeron , si las falta? que foibücó ^ ihiibieren :aido ciertas;; ó hablando bieq ^ publicando 1^ buenas accio^ nes del ofendido, para, indemmzade:del. mal que le causón si loiqu^idijosobre}Su^Qttdacta,hubie« se sido cierto y ,^'Qnda4wa . ; *:
Dei testiimnio fdko.
Decl^r^.¿en^'aÍGÍo iarcmeni;i]^ ^es lór que se Ká^ ma falso testacómiia* ^H^dilaadb .(^ 4kst oU^ai^ici^ síes del hombté para {fon SDiosi, adv^rtínabs cuan desagradable ie es el Jaiiamento ifalsb^ y ^uántb le ofende -que sit rUOG^re :adorái>le rse traiga pdr testigo de la mentira ; ^pero i mas de * esta circíms*^ taneia que itan /digno^da horror hace3^>est¿ peé> cbdo, hay otra que . tambiea lÁeiece conside^ xarse ^ y consiste -eoi los: ^zí^n ;que i se; ')cai|san al prógimo ciiíando se hw:&f&a juicio ^xxk declara^ cion falsacontra él , y ;por este medio tan detes^ table se le :pefjudica 'en su persona y en sus de»» rechos. Deaquil^iiecesudiid tendel f^¡Bú testigo de xeparar todos k)s daños ) q^cáiisó 'Oon 3U' < ^pó^ lición , porque i al pudíéndékí SiAcec no^ld ejeeüt^^
ó LA MORAt DBL XABRADOR. igl
SU delito se quedará ^in indulgencia, nü perdón.
2 Pero se podrá declarar bajo? jumixiento la memir»^ por favorecer á miestrobptógimo, y porcpie^ de esto le lesutoe: álgun bien 1: De áingu*-: na maneras lo primero.^, porque siempre se agrar ▼ia á Dios , haciéndole- testigos dé lo> que no es verdad j y lo segundo^ porque- si la mentira es favorable á alg^ma:; de: lasu partes. que- litigan , de^ be por necesidadvdiEiñar á la otra^; y aun duanda se trata de asuntos criminales ^ la. parte pública, elí buem orden: dé* lai socfedad y la; seguridad ? de los demasrfion^restienen un notorio interés en que los: delitos se: castiguen, y en que no haya juramentos; felsos ; que. les , proporcionen la. imr punidadL
^ De Jas palabras injuriosas.^
Insultar coh palabras á^ nuestros- prógimos , di- ^girles expresiones injuriosas^ y ecHades^ en cara defectos verdaderos ó^fingidí)s i, es -un delito contra la caridad-, que nósrmandáí amarlos como á nosotros mismos , y un crimen- que por sus consecuencias, puede; perjudicar á los derechos, por cuya conservación. se reunid el hombre con otros, seres de su misma especié.. Las enemistades mas arraigadas , los asesinatos y otros crímenes proceden muchas, veces; de no haberse moderado la lengua,, ni contenido el ímpetu?dé la ira. El hombre dél¿ servirse dé su razón. para distinguir aquellos, movimiéutosc de su: naturaleza, á los; cuáles no puede.' entregarse: sin: crimen , y que debe re-
I92 . ' EL BARÓN ÜB BOBTNSKI
sistir por esta causa: debe arralar todas sus aécio* nes en la fonna mas conveniente al bkn de la sociedad ; y* debe abstenerse por consiguiente de proferir contra su próximo palabras <^ensivas que le pueden hacer perder la moderación , excitando su cólera, su rencor y su resentimienjto : pa« siones funestas al bien público , que solo puede hallarse en la buena inteligencia y armonía de todos los individuos del estado.
Tal es la gravedad de las injurias que se cometen con la lengua 9 que el mismo Jesucristo nuestro Maestro, 'las comparó á las que se cometen contra la religión. Era el Sanedrín el consejo de los Judios ,^ que entendía en los asuntos dé religión y castigaba los crímenes que se. dirijiaq contra ella ; y Jesucristo dijo que sería reo de este consejo, esto. es , que sería castigada^por él, como si atacase la religión , el que dijese á su hermano raca , es decir , el que profiriese contra él palabras dr desprecio^ Si ¿ e$to añadimos , que este mismo Señor condena ¿ ías penas interminables del inlierno al que llamare fotuo i su pro* gimo , podremos comprender cuin grave es , y cuánto merece nuestro horror el insiStar con pa?> labras injuriosas á los otros hombres. j
ó tA MORAI* DBL I.ABRA1)0R. 1^3
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DE LAS ACCIOKBS PROHISIOAS*
27^/ homicidio y demás crímenes que atacan á ¡a^
persona del prógimo.
Si la vida es el inayor bien de todos los bie« nes temporales 9 y si todas sus acciones deben subordinarse á su conservación, ¡ cuan grande será el crimen, de losque atentan contra ella I Preciosa es sin duda la libertad , dulce es. vivir cerca) del rio de la patria ; pero cuando d hombre tie-* ne que elegir eíkre la pérdida de estos bienes y Ib, de su vida , no duda en someterse á la servidumbre , y en tomar el camino del destierro para conservar la existencia. El que se cortare el cue*^ Ho para desasirse der ía cadena que le ^esclaviza;^^ el que se arrcyire^' fl^ lo. mas alto de una torré por huir de la p!<:iñQn y dd enciertoy será'.siem^ pre un loco á los^x>jos de la moral ^ sea cual fuere la opinión del Qiundo, que no pocas veces tributa dogios- á las acciones mas crimioalés. ¡iCoa qué hoi^ror pues no deberá mirarse, al que' que-^ brahta la sagjradaley de la conservación $ y.^qué sentimientos tan désuaturalizados y feroceano deben suponerse en el hombre brutal , que se atreve á manchar sus manos en la sangre de su se^ ciejante , de un hermano, que Dios le dio parar que le amase como a si misma? 'De aqui el horror con que todas las isociedades han mirada
Ig^ SI BAROV DF KOBIKSKT
siempre á los homicidas ; el rigor con que las le* yes los persiguen , y los terribles anatemas pronunciados por Dios contra los hombres crueles y sanguinarios. Toleraba el Señor en su paciencia las impiedades de Achab y de Jezabel ; pero des* de el momento en que vio derramada por sus crueles maqos la sangre de Naboth , les envia su Profeta para decirles : habéis derramado la san^ gre de Naboth ¡y los ferros beberán vuestra san^ gre en el mis^o Itsgar en que bebieron la de aquel inocente^ Ta arruinaré toda vuestra casa^ sin fue' quede de ella un solo individuo j y el cuer^ po de jezabel será del misma modo comido de los perros.
To mataré , dice el Señor ^ y yo haré vivirt dándonos á entender con estas palabras , que él solo puede disponer de la vida del hombre. £1 que atentare pues contra su propia vida, habrá atentado contra los derechos de I)ios, habrá des* amparado cobardemente el puesto en que le colocó su Providencia ^ y ^or huir de los males de está vida, que solamente soñ intolerables cuan* do la dese^racjon los áconq^a , se habrá con*? denado á males eternos* Solo por orden de Dios podemos dejar de vivir, y esta voluntad suya nos será manifiesta ó cuando nos envia una en* fermedad ü otra especie de muerte ni elegida ai buscada por nosotros misnx)6 , ó cuanda noa vemos colorados en la alternativa de morir ó de ofenderie. En ambos casos debemos restamos á la muerte^ y hacer á Dios el sacrificio denues-^ tra vida , puesto que es suya y que nos la pide«
£1 que voluntariamente se expone ai peligro de perecer , ó al riesgo de quitar la vida á sus prógimos^ fidta gravemente al precepto de m
ó LA MORAL DEL LABRADOR. ígS
matar; porque con voluntad determinada se arro* ja á la ocasión , que puede producir este eíf ctó terrible. Por esto son tan criminales los que sin motivo justo y razonable , y sin verdadera necesidad salen de noche de sus casas, á llevan consigo armas, cuyo uso puede ocasionarla muerte del prógimo 9 y de las cuales pueden abusar en un momento de acaloramiento y de ira.
La misma ley que prohibe matar , obliga i conservar la vida del prógimo í y el que lo pudiere , y no lo ejecuta , es reo de homicidio ; es tan criminal como si matase con sus manos san^ grientas. i Á cuántos ricos se les hará cargo en el tremendo tribunal del juicio de X>ios, de no haber conservado con jsus socorros la vida del huérfano y de la viuda ?
Si consideramos la extensión que dio Jesucristo al precepto que prohibe el matar , impor niendo tan severos castigos á los que abrigan sentimientos de rencor y de odio 9 aun cuando na los lleven 1 «fecto ^ y á los que injurian con palabras á sus liermanos ; i podremos dudar que la religión exige de nosotros la dulzura , la moderación y la mansedunibre ^ y que -solo los mansos y psKuficos serán bienaventurados en el juicio de Dios?
IVIas para que mejor :se tx)nciba la necesidad de ^er dulces y moderados con nuestros prógimos, y de abstenernos de todo lo que les pudiere dañar, meditemos sobre la doctrina de los moralistas cristianos, acerc^ de sí es lícito matar al que intenta despojamos de la vida. Los unos con san Agustín y otros Padres nos prohiben atn solutamente matar , aunque sea en nuestra pro^; pia defensa^, aunque este fuese el ünico medio;
Bb2
196 ít ITARON BE HOBINSKI
de conservar la vida ; y los otros , en cuyo núme-í ro se cuentarx también Padres recomendables por su virtud y "por su ciencia , si bien permiten matar al que intenta matarnos , es con tales y taui. difíciles condiciones , que será muy dificultoso, y acaso imposible, el que se pueda hacer sin quér» brantar la ley del Señor. Es menester, nos dicen,, que no baya otro medio de conservar la vida;, que falt« en nosotros todo deseo de venganza; que no tengamos voluntad de matar , y que nos hallemos libres y exentos de todo movimiento de ira. Ya veis , hijos mios , cuan difícil es el matar sin pecado al que viene i matarnos: porque 2 cómo matará el que no quiere matar ? ¿Cómo dejará' de abrigar en su corazón algún movimiento de ira y de venganza , el que viendo á su enemigo arrojarse sobre él , sé (fetermiha á atravesarle con su espada? Estas son sin embar-» go las conciiciones indispensables en que según ^tos moralistas s$ puede quitar la vida sin pecado al que intenta despojarnos de la nuestra, i Qué diremos pues de los que.se creen autorizados. para matar , porque se les insulta de palabra , ó por^ que se les quiere despojar de algunos de sus bienes ? 2 Tan poco pesará para un cristiano la vida, de su prógimo, y lo que es mas el alma de sU' hermano,' que sé atreverá á sacrificarla por desahogar su resentimiento, por lavar una injuria de • palabra^ 'ó por defender unos bienes perecederos ? El que por tan iflaco» motivos i mata á . su pró'gimo ,' cuando estt infdáz se hialla^ en el de-, plorabfe ¿staxSo/dé pecado mortal , f g se dirá dis- . cípul© de' aqueLDios Hombre qué vino á/ dar la vida* por* sus^ovegas;: que en n^e(fio de k» tormén-: tos mas eriiéles se hizo abogado de ^us miamoS;
ó LA" MORAL DEL lABRAEOR. íg?
verdugos; q«e nos mandó no resistir al mal^ presentar la mejilla izquierda al que nos hirió en la derecha, entregar la túnica al que solicita despojarnos de la capa , y hacer . bien á los que nos aborrecen y calumnian ? ^
Pero hay otro homicidio, hijos mios, no menos criminal á los ojos de Dios , no menos prohibido á los de la fé/ ni menos reprobado por la moral , que consiste en quitat la vida del alma á nuestros prógimos, haciéndoles pecar con la seducción , ó con el egemplo. Este es el crímert del escándalo ; este es aquel crimen sobre el cual , se lamentaba Jesucristo cuando decia : ¡ y^ del mundo ])or ¡os escándalos ! ¡ /íy del que e s cendal ¡^ za ! Porque mejor le fuera haber sido arrojado al profundo del mar con una piedra de wolirto á su cuello. Se hace menos caso de este homicidio^ porque sus efectos no están sujetos á nuestra vis* ta 5 y porque no se ve sangre derramada ; pero sus consecuencias son tanto mas funestas, cuanto es mayor la distancia que hay entre el alma y el cuerpo , entre el tiempo y la eternidad.
• D^ las acciones que perjudican á los intereses ' del progimo*
- Por la misma razón que él hombre no pudo s^r feliz en- el estado de independencia , y tuvo <Jüe sujetarse á un gobierno ,* renunciando una parte de sil libertad para conservar et re^tb; pdr* -esta- rázbn niisma tuv<J qué contentarse 'iron' una' j^opiedadj: articular^ prenunciará la'cóhiünidá^^
I98 St BARÓN DE ROBINSKf
de bienes de que gozaba , como todavía sucede hoy en los países habitados por los salvages , doa-> de todo es común , y donde el derecho de pro-* piedad es desconocido. ¿ Qué sería del hombre si este derecho no se hubiese adoptado ? Su existen-i cia fuera precaria , y al mismo tiempo de coger los frutos del árbol que regó su sudor, ve^ndria ptro individuo mas fuerte* que él , y le despojarla impunemente de los medios de subsistir. Sin el derecho sagrado de propiedad el hombre laborioso hubiera trabajado para el malvado fe^ roz , y la cosecha del hombre de bien hubiera, servido para alimentar al holgazán.
La misma multiplicación del género humano hizo indispensable esta medida ; porque si en los primeros años del mundo pudo la familia de lia patriarca conducir sus ganados por regiones desiertas, y disfrutar siempre de nuevos pastos, sin encontrar quien se opusiese á sus viages continuos ; llegó una época en que no pudo veriñCarlos sin dañar á otros hombres que hallaba establecidos en lasf reglones adonde se dirigía; y; le fue preciso respetar la barrera que no podía romper sino con la fuerza , y ceñirse á un terreno determinado.
Multiplicadas todavía mas las sociedades , la necesidad de atender á su subsistencia fue una nueva razón que vino á confirmar este derecho; porque á medida que los hombres se aumentaban en número , era necesario ceñirlos mas, y señalarles terreno de menor extensión ; y estos terre-^ nos debieron cultivarse con mas esmero, y redarse con sudor mas copioso. Solo el buen cultivo podia hacer que un fterreno corto bastase á la ma^^ i^iutenclon de upa familia numerosa , ¿y cómo
ó LA MORAL DEL LABftAfiOR. J99
podía ser perfecto el cultivo, si el derecho de propiedad no se aseguraba?
Lasi nuevas necesidades que contrajeron los hombres á medida que su civilización subia de punto 9 dieron ocasión al nacimiento de las artes , y de tantas otras profesiones y estados que necesitaba la sociedad , y todas se debieron proteger por las mismas causas , respetando su propiedad como se respetaba la de las tierras.
Aunque el interés general de los mismos pueblos exigiese que se mirase como sagrada la propiedad de sus individuos, fíie necesario sin embargo de esto que las leyes civiles impusiesen castigos á los que no la respetasen ; y fue tal la necesidad que conocieron de hactrla inviolable, que hasta los paganos hicieron un crimen contra la religión del hecho de atacar la propiedad agena , y los romanos reconocieron al dios término ó límite de las propiedades , entre las falsas divinidades que adoraban.
Kuestra religión , única verdadera , que tan-* te afianza y asegura los derechos sociales , prohibe todo daño que se pudiere hacer á la propiedad y á los derechos de nuestro prógimo; quiere que cada uno viva con lo suyo , y que en nada perjudique á los intereses, de los demás , y nos asegura que ^i el hurto ni los demás delitos de esta naturaleza se perdonarán por nuestro Dios, si á mas del arrepentimiento del delincuente no se verifica el resarcimiento de todos los perjuicios á que dio causa. ^
No será pues licito el hurtar ; ni con violencia, como los ladrones y salteadores; ni por sor-^ presa y por ardid ^ como 1^ individuos de la misma fanoilia , los que viven en la misma casa^
200 ♦ BL BARÓN UEROBINSKI
Ó tienen .entrada en ella con otros motivos; tii por fraude , como los que emplean falsas medicas y falsos pesos; los que engañan en la natuxaleza y calidad de las cosas que venden , ó en .el precio de ellas ; los que introducen pleitos injustos ; los que se hacen pagar precios exhorbitantes poí* el trabajo de sus manos ; los que no trabajan lo que deben cuando se les llama al jornal ; y los que exigen interés del dinero que prestan 5 fuera de los casos en que lo permite la ley, que son ó cuando por el préstamo pierden una iitilidad justa, que se hubieran proporcionado con jei mismo dinero , ó cuando por :prestar han sufrido verdadero perjuicio en sus intereses. ^. Todas estas acciones^ y todas las demás que se dirijan á despojar al prógimo de sus bienes, serán contrarias á la ley, y de consiguiente pro- ¡bibidas , no siéndolo menos las que consisten en retener injustamente los bienes ó intereses agenos. Et que retiene el salario de sus criados y el jornal de sus jornaleros es reo de hurto. .Cuando hubiere alguno trabajado para tí,. págale al punto , decia Tobías á 3u hijo ; y la paga del jornalero nosie detenga jamas en tu casa. Elqiie priva al jornalero de su recompensa, es hermano 4e aquel que derrama la sangre de su prógimo, dice el s4bÍQ. ¿Quién podrá calcular los imales que se causan á la^ degradada familia del po^ bre artesano ó jornalero cuando se. difiere la paga de su trabajó, y: se le priva de los medios de subsistir ? El que por malicia deja de pagar lo que deb^ , es culpable también; y no solo se deberá decir que deja de .pagar por malicia el que pudiéndolo, no lo hace ^ sino también aquel que ]^pr h^3pfif;^tim^pm?káo ró gastos superfluos, por
ó LA MOBAt IXEL LABRAÜOR. 20t
haber vivido ain el órdea y la econoínía- que exigía su estado, por no haber arreglado su casa , sé hubiere colocado en U impíosibilidad de pagar Isus; deudas. Los que difieren la presentación. de cnenn tas á que están obligados., como por egemplo , los administradores y mayordomos, fakan gravé-* mente á su deber, porque imposibilitan á su prín-( ^ipal para que recobre sus derecfeíos. Los que retienen alguna cosa contra la voluntad de su dner^ no 9 bajo el pretexto; de c^npensarse )de Ib. qu6 CTf^en que se lea debe^ son reos también de retenw cion injusta, dd, mismo modo que los qué toma» Ip agéno con este mismo'fin; porque en «ste casa son jueces y son parte á un mismo tiempo , y estos dos títulos no se pueden reunir en la misma per-^ sonit mt injufticia. Ni el ctriado pues qi eLjoirst Qiafero, ni ningún otro qué crea. ^queiBus servido^ no s^ le$ pagan suBcientemente , podrá satisfacerse á^ si mismo, aprovechándose jdíe lo ageno sin vo^ kintad expresa del propietario. £1 que encontrare cosas pierdidas las debe restituir al que las perdió^ ó por { fe) menos, practicar, cuantas i difig^icias esf tuviesen á ;su aloancp para déscul»:ir a quién; per-^ téneceor, y devolvérselas. No haciéndolo así>, será, reo dé injusta retención, porque ¿ésta es' injusta siempre que .el . dueño no la consiente^ y el que periüó la cosa, conserva siempre el ánimo de poseerla y la intención de hallarla ^ y no tiene vot luntadide cederla á quiíen lal en¿ontró, y iaret tiene sin su conocimiento. ' . • De cualquiera manera qué sé cause perjuicio á los bienes é intereses del prógimo , se faltará contra la ley, y se quebrantará ¿i precepto que prohibe el hurtar , siendo cómplices de esta espeje :de. faltan, xrqmolde ^ódas.ks dbmas,.que:coii«*
202 ' XL BAAOTf DS RÓBIKSKI
sisten en quebrantar semejantes preceptos, loí que ayudan al daño,,los< que lo mandan, los que pudien4p. no ló. impiden^ los que dan ocasión á él, jr los. que k) encubren y consienten j porque todos. éstos:contribuyen.ai hecho, de defraudar al dueño^. y á privarte de su acción , á solicitar el remtegro.de loque se le hurtó. No. es. fácil, ni necesario señalar los . casos particulares , en que se hacej perjuicio, á. los intereses, del ptógimo, aun cuando nos;bontrajésem(9sá. las propiedades territoriales y á. sus product(3s i' poique por una parte, semejantes casosáon ¡numerables, y tan cíalos, por otra y ficiles de conocer, que ningún bombre de buena. fe puede equivocarse, si con* $ulta.á su. propia comriénciá , y si se pone en lugarj del prégimo á qmen. a^tavia* ' i Podrá dudar, por egemplo,. de su jfBlta.,:'ét que introduce sus ganados, y sw.caballeríás exi el. campo del progimo;, el que forma pofr él, y sin derecho una senda ó -camino; perjudicial;, el que. con malicia aparta . la^ , aguas de su curso, natural , ó, las emplea/en(Su^béneficio;fiaera.delKirno que la ley ó ia^ ordeñg^nza \ fe señala; el que contra 4o5 . regla-* íiientos; del; gobiépiío/Se introduce 4 cortar lefia ea.]q$[ bosQues. y pianitos ;xfe agena propiedad^ scai particular V ^ sea. común ,. Sur. ¿tcl
No, se perdona. el.delito.de.hurto^ si una completa; restitución, nb se vterifica, y sino.se Reparan y, . refcaro^ai todos, los . idaños : que se causaron; y; esta.restitucion.se debe hacer á la persona misma: á: qnien:se dañó, ó. en falta. suya. á sus> herederos. Cuando, se ignora i la? persona, á; quien se causó el perjuició,;y. no se. pudiese. salir de esta ignorancia, después; de haberse, praaicado para 4escubi;itla ÍpcIas : lasrdiligencias ; que estuviert^a al
6 T^A MORAL D£V XABK A]]tOR. 201
alcance del deudor; en este caso la testitucioa debe . híicerse á . Xqs pobjces ; porque éstos soa los depositarios : pop k Provi^Micia >de todo lo que sobra después de satisfechas nuestras necejsidaoes* Dios es el Señor supremo de todo , . y en virtud de este dominio superior, á éíy no á otro, debemos pagar lo que debemos, cuando el acreedor nos es desconocido^ £i Señor ha dicho , que. re- ?opocerá lo que se entregare por su :ámor al necesitado, como, si él mismo 1q hubiese r$i3Íbi4o; pada hay, mas Justo pues que el restituir I0. q\xt debemos en semejantes ca:sos , entregándolo al pobre, que es el único depositario que el Señor no^ ha dado á .teconocer.
De ¡as acciones deshonestas^ i
. Todas las acciooes que por sí mismas: ó por' sus consecuencias puedeuidañar al mi^o que ks ha,ce ,. ió>á los individuos déla socie^jad en^i]ae vir ve , deben reputarse ii>rin}iiii&ais y edoiim No necesita de explicación ;ei^ ^sriñéipio, poc ser evidente que el hombcedebe obrar para ser felíz^ y para hacer ieüdes á loa otros«.¿ Qué. diremos pues d^ I06 placerla deshpaestos ^ de Jas. acciones impura^, que. !ta0 degradada hstctn al que « )Qatreg¿ á '^bb^ y » que taiBttojtbátcifaiüyjen á ;t virbar €i\ bien de k sooieí^l? •]^f'((fdtrto^^^^ diso-
cia el Baroa á sus disc|pcdo&; el hombre dwshoiwstQ es infelb, poix^ae dominado por sus ver^ gonzosai paaione&^ineD^-'eiiteu^ la aBcion
al trabajo> vfmrde el rátmt de la ^upaciin^ y la actividad ooa qtte ¿bbiaJQeoar susr oblisaciuñeí
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^04 • EL BARÓN DE ROBJKSl^r *
descuida de«U9 ma!3 s&tgrados deberes , olvida tos interesen de sa^Cása^ sé vé priVákló de la estimación de los OtToshombires, debilita su' etierpo con los excesos-, (^t sietnpre acompañan á una vida iridd^ t¡f * eltra^da 5 embrüt^nse sus 'potencias^ y 'después de haber acabado con su sáiod y con BUS caudales, suele parar eh el hospital^ átn el patíbulo^
' { ' SI consideramos las tristes consecuencias que esté vicio: oca&ioha á 4a sociedad ^ todavía le mi^ f aremos con líias h(^tror. Uh hombre deshonesto es un seductor, qué Uen^ de luto y de tristeza á las familias, y que cubre de ignominia y de kn famia las desgraciadas • víctimas de sus brutales apetitos. Él es causa de que se rompan los víncu*
los sagrado&iii^ Mf^lidsid» iqutí iwidia-aLesposo con la esposa; él destierra el placer y el gozo que reynaban en las fianlilías , ^apTiga* en el pecho de los padres el amor que abrigaban acia sus hijos, sien:d>ra'el tedio y el aborrecimiento eácre las personas que: te unieron para; amarse con arábr y constumcia^, consume esn ¡áliiitentaar los¿ óbitos de' suimípurcEa laqiieídel^a'Seinrir panifiel>siís^ tenta de sus hijos;; ;et menor desvío de ^ €ótn* plice 1^ despoja . de Ja^ irazoti', la menor sospecha le ciega ,^ y como una bestia ferÓ2 se entrega á (los mayoi:e6 crímenes^ y sé^ expone á los p6ligro$ mas horrorosos^ Bíescunjade su ifamtlia ^y ^d^ sti trasa , olvida los .deberes de su estaddviy^af acá las -propiedades de* su¿.pn%intost, cuando>!e ^Itan medios de contentar su .pasión infame: Si seave*- riguase el origen de la mayorparte de los críme* SíQS que turban el sosiego de la sociedad^ se encontrarla seguramente ea la deshonestidad y^en ia impureza: éstas^son las fui^ntes envenenadas *de
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la desolación y empobrecimiento dé las familias, y del» abandono y desgracia de los hijos. De aquí la necesidad de no dar entrada al menor moviTniento de ioípureza, porque su fuego es tan vo-' ráz, que apenas se advierte , cuando ya suele ser imposible el atajarle.
i Los estragos de la deshonestidad son tan evidentes, qtie todas las legislaciones han combatido estaí -pasión , para precaver á la sociedad de los malesf á que se viera expuesta; todas, arunque con dife- ^rencias muy notables, han autorizado y honrado el matrimonio , para que sin los riesgos de una •vida extragada y viciosa , pudiese el hombre amar, y la sociedad perpetuarse- Pero la santa religión t]ue pTof(?samos es la que mas detesta la impureza, y la que ma^ st ha declarado contra losp(á^ ceres sensuales , condenando como criminal el-níenor deseo, y reprobando hasta los pensamientos impuros. Es la voluntad de Dios , dice san Pablo^ ^ue seáis todos puros y santos, y que os ábsteñf^^s de toda impureza , para poseer el vaso áé vue^ros^ cuerpos santa y honestamente , y no seguir los movimientos de la concupiscencia , como hacen ' los paganos que no conocen á Dios , por-^ que Dios no nos ha llamado para ser impuros^ sino para ser santos. Los deshonestos no heredarán el, rey no de Dios, diee en otra parte, y para ^x&rtarnos á la pureza , nos enseña en varios lugares, que. nuestros. cuerpos soaunos vasos en que habita el Espíritu Santo, y ^quse no son nuestros; sino de Jesucristo , que los compró á precio de su sangre , y que no nos ha permitido su uso , sino para glorificar á Dios , y llevarle en ellos.
Esta misma religión, tan fecunda en Jos medios de instruir al hombre y de hacerle evitar los
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vicios que le hicieran desventurado, nos descubre las causas de la impureza, para que huyéndolas nos libertemos de este vicio. Lo que ha hecho á Sodoma criminal ,. dice Ezequiél^ esto es, lo que la ha hecho impara y deshonesta ^ ha sldosu orgullo, su gula, su abundancia, su ociosidad y el haber cerrado sus manos; al pobre .y negádose á socorrerle. Por esto ha coraatido abominaciones contra el Señor, y por esto el Señor ia ha jdesr truido. Aprendamos hijos niios esta lección; temblemos ai pensar que el orgulloso , el soberbio , ei Ifombre destemplado que se entrega á excesos de comida ó de bebida, el que abusa de sus bien^ entregándose á la ociosidad y negándose al alivia del necesitado 7 están en<péligro de caer en el vicio de 1^ impureza, qué Dios castiga de un mo-» do tan terrible. Seamos paes humildes de corazón^ deponiendo la vanidad y el deseo de distinguirnos; seamos sobrios y moderados en la comida y en vía bebida; usemos santamente de las bienes que nos concediere la Providencia ; vivamos ocupados , amemos él trabajo , y seamos comr pasivos acia los pobres , consolándolos en sus añic* clones^ y isocorriéodolos^n su indigencia* De esta manera podremos esperar que seremos puros , y que no tendrá entrada en nuestro corazón el in^ fame vicio de la deshonestidad, que tanto des-^ agrada á nuestix) Dios 5 y que tantos estragos» caur sa en el infeliz que ise «entrega á él, y en la S07 cied^ de los hombres.
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ó LA MORAL BEL LABRADOR. 20?
Historia de la Condesa de f^erville. .
La íntima unión en: que vivían en casa del-' Barón , el hijo del conde. de Verville^ y Luisito, el hijo, de su grangero j el uso-del! mismo trage, y la circunstancia/ de que recibiesen la. misma educación , á pesar de la diferentiá. de su rango, eran uu: enigma^ para mi. . Aunque, la^ naturaleza haya hechor iguales á los hombres j el orden civil, las instituciones de la sociedad, y la desproporción de bienes y de fortuna,, como. también las diversas profesiones y estados a que pertenecen, ha*establecido la. desigualdad; de las rilases, necesaria para, laarmonia social. La igualdad perfecta causaría, el desorden y desterraría la subordinación, sin. la. cuaL ni habría paz ni tranquilidad* iCómo pues ;,, roe deciaa yo, ha podido el; conde de Vervillé. abandonar lois- principips^de buen pa-* recer, de. que su clase suele ser tan zelósa , y condescender , ó por mejor decir , disponer él mismo que uno de los. hijos, de su gfajogem, reciba la misma educación que su propio hijo, y viva con éste en. la mas perfecta 1 hermandad? Es preciso que para. obrar asi tenga algún motivo poderoso, y este motivo, debe ser justo y razonable, pues que también- merece la aprobación del que los ins* truye..Un:diá.pues en que el. Baronhabia pasado á; Valencia ,. capital del. Departamento, por asun* tos del: Valle, y en:que yo acompañaba á Esta^^^ nislao á. la: granja del bosque, le manifesté mi ad^ nüracion por la. igualdad en que vivían el hijo
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del Conde y el de su grangero. — Cuando sepáis, me dijo Estanislao, la historia de la condesa de Verville, y la virtud de los padres y abuelos de Luisito, cesará del todo vuestra admiración. Voy pues á hablaros de esttf , ya que lü ida y vuelta de la granja nos proporciona tiempo suficiente.
El señor Demaret , continuó Estanislao , empleado en la embajada de Francia, cerca de la corte de Rusia , era el padre de la condesa actual de Verville, madre del joven que vive con nosotros, y por la temprana muerte de su esposa, confió la crianza y educación de su hija única á la señora Baronesa de Clermoilt, con quien le unia la atnistad y los vínculos de un lejano pa-* rentesco. La Baronesa de Clermoht habitaba en su casa de campo del cantón de Caux, cuando recibió á esta tierna niña de la edad de dos meses ^ y la entregó para que la criara á Susana, muger de uno de los grangeros de sus tierras. Criaba Susana al mismo tiempo á Suseta, su hija única, y repartía su cariño con tal igualdad entre éstár y Leonor (asi se llamaba la actual Condesa) que jamás se pudo conocer á quien de las dos nüraba con mayor ternura. Leonor y Suseta, hermanas de leche , crecieron juntas , mirándose como verdaderas hermanas, y amándose con el amor mas tierno , hasta que llegando la primera á la edad de diez años, fué conducida á París por la Baronesa de Ciermont , en donde se le dieron cuantos maestros pudo necesitar para qué su educación fuese brillante. Este nuevo género de vida, tan diferente del que había llevado en el cantón de Caux durante Sti3 primeros años , el bullicio d^ mundo, las concurrencias , la necesidad de adornarse , y todas '
6 lA MORAL DEI, LABRADOR. 20^
his clistracciones que la residencia en Ja capital lleva consigo , hicieron que Leonor olvidase casi del todo á su hermana de leche, y á la honrada Susana, y en una ocasión, en que pasaron éstas i París, solo por tener el gusto de abrazarla , fueron recibidas con tanta frialdad por Leonor , que se volvieron á la aldea, llenas de disgusto y de sentimiento, y resueltas á no exponerse jamiás á ún desaire tan poco merecido. ^ Era- hermosa Leonor cuándo llegó á la edad de quince años, y hábia aprovechado en su educación, adquiriendo todas las gracias que hacen el mérito de una señorita á los ojos del mundo.' Habla hecho tantos progresos en la pintura, que k)s retratos que sallan de su pincel eran de la seniejanza mas perfecta.
Murió á poco tiempo la Baronesa de Clermont,' 5" stó bienes sobre manera considerables se dividieron entre sus parientes fnaspixiximps,. habiéndole tocado en esta herencia ál Conde de Ver vi lie la casa' de campo, y las haciendas del país de CauX;' Por la muerte de esta señora se vio Leonor privada de su segunda madre; pero la Providencia, ^Éie^ la qüej^ia en la adversidad, la preparaba un l^lpe mas acervo. Su padre el señor Demaret , cuya salud se habia debilitado con el trabajo del gabinete , ^y con los viages' continuos que habia hecho durante sus líltimos diez años , murió de la tárde^ á 4a mañana ; y como toda su riqueza coñuda 'eüllíi'per»íónefe y rentas del gobierno, que ^abaron tún él, no deló otra herencia á su hija j que sú haíbiíidad en la pintura, arte que cultivaba con el mejor sücésó. / ^ ' ' *
No tardó ' Leónot' en ' experimentar •, qué ÍU ^rdida de los bienes ,^y del -rangííy que se tenisí
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en la sociedad, aparta de nosotros á los adulado-» res , y aun á los que parecían mas amigos ^ y sq encontró en la soledad mas espantosa. Si^hermo^ $ura no sirvió entonces sino para rodearla de pe-* ligrosj pero recokgiendo en su corazoo los princi-* pios de la virtud, que habla recibido en su in« fancia , se retiró del bullicio del mundo, y se estableció en un cuarto pequeño en uno de los cuarteles más retirados de París, ^n donde vivió por. tiempo de un año, manteniéndose con el precio de los retratos que se le encargaban.
Habla Susana experimentado tanta prosperidad como Leonor reveses y desgracias. Propieta^ ria de unas tierras considerables , acababa de ca-« $ar á Suseta con el mas bello y mas hoapirado mozo del Cantón, hijo único deun.labrac(or,quevivia en la opulencia. Esta aldeana CiOQservaba e|i su corazón todas las virtudes i( y cuando todi)8 loa amigos de Leonor la habían abandonado en la desgracia , instruida Susana de la penosa situación en que viyia , se determinó <i socorrerla con abundancia. Valióse para ^Sto d^. i)ña amiga suya , ri^ ca frutera de París, y p0Jce§t€^ conducto la,; en-^ viaba cuanto podia n^rcegitar: una^ y^ces uncest<]i con frutas y con legumbres secas^ otras <con caza^ ó con aves de. las de $» corral , y otras una provisión abundante de azúcar y de café^, C^uidaba Ja frutera de entregar al pQrteío 4f U\ casa en que Leoi^or vivi^t^.^l cestpque coqffipia eftas pro-r visiones con un spbreescrito para LeQnftn, y.coipa bada sus entregas antes que ésta se leyantase , y ¿1 mismo tiempo que el porterp abria la puerta^ estaba Leonor en la ignorapqia dp la persona 4 filien debía tantp favor^ Sin que jamás tuyiese la sospecha de^ que su buena madre de lech^ podi^
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ser el autor de una liberalidad tan desinteresada, jpensaba en los amigos de su padre , y en las personas que habia conocido en las reuniones de Pa^ rís, ignorando que en las cortes se encuentran con mas dificultad semejantes rasgos de beneficencia acia los infelices, y que en las aldeas, y en medio de los inocentes campesinos , es en donde mora la compasión 9 y en donde arde el hermoso fuego de la caridad.
Un bolsillo cotí veinte luises que encontró un dia en medio de las frutas del cestillo, la deter«- minó á descubrir la mano generosa que la cuidaba en su horfandad. Pasó para esto la noche en^ tera en la ventana de su cuarto, y al rayar el dia vio que una muger con un cestillo se sentó frente á la puerta de su casa , tn iiptitud de es« perar á que se abriese. Leonor lentónces baja como un relámpago, llama al portero, hácde abrir la puerta 9 y se arroja en los brazos de la desco'^ nocida. Pero j cuánta fué su sorpresa cuando reconoció á la frutera del mercado, i quien habia^ visto acompañando á Susana y á Suseta , cuando la vini^on á ver desde el CJanton de Caux, en aquella ocasión^ en que las habia recibido con tanta frialdad! La frutera ía reveló al instante todo el secreto, añadiéndola? mientras fuisteis rica y t>rgüQoSa, os supimos abandonar; esto eraju^to , |»eto ahora qoe os Vednos úeíre^tadá , Su«' sana y yo hemosr tomado el presto úé vuestros padres. ^-^ La 'amable huéffkna escrech¿A)fá en sus brazos á la frutera, y regaba 'SU rosttx) con las lágrimas de la gratitud sin poder articular una palabra , cuancfo la frutera continuó asi : *^De »»esta manera queremos que seáis agradecida y fásin orgullo. ¡ Cómo la desgracia nos cambia en
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rpoco tiempo! Pero atended: me debéis el dereMclio de estos encargos, y la paga de tantas idas wy venidas con los cestillos, y para satisfacerme ^>de todo es menester que. todas las mañana) .'avenga is vos misma á mi tienda á buscar vuestra ^provisión. Barata os la daré: no tengáis cuida-? ^>doí porque mi buena amiga Susana me ha de-i fijado ca^ütal para mucho tiempo. Venid pues á wverme , y beberemos á su salud." Al decir esto se desprendió de los brazos de Leonor , quedando ésta oprimida del dulce peso de la gratitud.
Pocos dias después tuvo Leonor Otra aventu ra j que no hizo menor efecto en su corazón. Una ma-¿ nana que estaba trabajando en su obrador vio ^ntrar un aldeano que por su trage , su natura-^ lidad, su alegría, y su robustez, anunciaba seic lino de aquellos ricos labradores que ocultan su opulencia cofi el exterior de la bondad, y de la sencillez. Hallábase en la flor de su edad, y si|i: otro preámbulo le dixo: ¿sois vos la señorita De-r maret?— La misma , le respondió Leonor. — ¡Ahí vos sois , le replicó el desconocido , la señorita d^ quien he oido hablar tantas veces. En .este caso,' espero que me haréis un favor. Yo os le pagaré: bien, no tengáis cuidado: se trata pues de quer ¿le pintéis un cuadro de familia. Así como me; vpis, tengo por muger Ja ipejor moza de todQnlii Cantón j y yo quisiera que me pintarais sentado* sobre la ejteva de imi arado, como quien toma i aliento cop alegría, y.cpmo. quien dicQ:jj4i hemos acabado la sementeraé Gerca de mí se habria de tentar á mi muger, como vos de grande, ni mas ni menos., tr^yéndome la merienda del labrador, y mirándome^ como si me dijera : ¡ qué dichosa soy d£ ser tuj^lA un lado quisicora yo á la madre (^t
ó tA MOR Al iXEB^LABHASaDR. 3í3!
mPmuger , á quieo aikioi tanto como ^iiá uriacj todíwía frasca y^ bien 'CKansersrada, timándonos ]áusu> hyai.;^. loií^^ soariéddos&^yjcomQ'siTies'jssruvi^^ dieÍQndojt:bie.ni, h^os miosi^ ^maas ntueho<y'tíP¡ab}cC'í jí$éi,^e¡;efta\ manera \en\^vdD\oí húhmh:, kps^th^ vuestra (idea V le respondió íLeqnor / admirada de[ la expresioa yjviveza;del iacdgnitojjpény me per* dtSi ua tuadno de familia:^ ly yo.tenoo que no baSM jpi( iiabiUd^^^iObhquejsí'^lxeiÑi^ eülibiadort: yo ^pieíaso qn0!3Q harék niejor^erningim: otrosí yt para .piol^acáa: a¿ oonfíaaza'^oyi á adedantaras* veibte • lusses :: si v.c^nda la |)intünií éstéJacabadal yaliejrei in^s; iié tendréis ; nías qUedi^Gar lo: nano» á la obray^elDorítal/^At decir e§to tomón ujaa si-^ Ua^k sirata;enjsUá ccimpilo*hicieta>^8obrelaje$tttva,: su semblante se amma^ ^ quiereia.b€oIxitamente qúeI;.éQm)F(Ccmicn<celk<ffll3ra^e^ insfónté mismo* ¡ -No pudd JxxMxoé contener su risa , y sorprén-í dida de la ^generosidad del incógnito sé negó á; recibir, los v^einté luísesy diciéhdole qiie pstepré-. ció era supcsricir al valox de la obra que se jie ¿nK> oftfgaba. Cuando, la i^^r acabado., lé añadió y mepdgaréis. tbde lo ^ue valga; peto one es im^^sible comenzarla aiibra^ porque: es imenesten que ante& prepare la tela y los colores. «^ Pues bien, repuso el'labciáídor dévantándose de su sHla ^ mientras dis«* poneis^o iq^e:deqÍ39 yo voy áiibuscar. ámi suegra> ^ á\inijmuger-^ qu^ me.espenaoi en la. posada^ y veréis que «meretíea el bonoridepque se las xetrate.» Salió del cuarta al d^ic esto^ dejamdoi^obre unamesi los: veinte lui^s , y Leonor sorprendida de esm aventura tan singular, ixupenzó á preparar la tela y la paleta, prometiéndose hacer un cua^i dro que le adquidese faom , y t que pudiese: llevaí? . ee^e. nombre:^ ig^jfeimdmi dei^iabraáor. ;. ij
214. . SZr BARÓN BB ROMWSn
Apéúts ha1ria.acabado.sus dísposicioaes, cuancT^ ^ oydique por la escalera «ubian varias gentes , entre' cuyas voces icreyó reconocer la déla buena Sasa^- na...£calo en efecco^ y acompañada da Suseta ve<» aia (para abtazar á su ^querida Leoaoe, á qúíen\ por medio de §u yernc^ habla preparado, para' qu^ su. visita no la sobrecogiese. La buena frutera era también de la. comitiva. Apenas vid Leonor 4:Sjl neiitítá ^ .cuandp^arrojániasie ^x¿ sás< birazos,' i la regifes^ léon.s^'iardieníésrligiíimafi Suseiiaj, v4: quien na habiav>isto. hacia siete años ;\sa9 tenia á; Leodor desfalkcnda y trémala^.y estas tises csiba* zas reunidas prodigándose nul «caricias^ sin poder articular una sola voz, formaban él grupo mas hermaisa:y. nlos digno dd líiioél ide Leouocysi (lo. ¿ubíeae rúi» ¡parte de la escena. :
Por fin.Susaiüa rompió él siieoeio >y exclama:^ i ya puedo estrecharte en mis brazos , libonor mia ! ¡ya puedo estrecharte en el pecho que té crió t-^ 2 Y yo 9 buena Susana , puedo ya recóbiar ' el lugar que tuve en el CiM'azón de xni segunda ^ madres -^Hunca has salido 'deL>£l)yiúja.fdla.-^' Ni del mío tampoco, añadió Suseta.^^Bero ¿cd^^ mo estás tan hermosa? preguntaba Leonor. *¿-^> Porque es muy feUz, respondía Susana i ya vés' á su marido : ya vés que no ha tenido mala elec* cion: ¡oh! sin vanidad^ no hay mej^ par ^de; mozos en el Canom. Vamos Saat^a^^ abrácala ^ también ) pues es.de nuestra &miiía. {Y na^ da hay para mit repuso: la Irueera. ¿No me*'' rezco también mi parte en los abrazos I *^ Con todo el corazon> dijo Le(^r. Gentes honradas, dignos amigos , coirazones virtuosos , {cómo podré t jamás reparar mis faltas? 2 Cómo podré hianifes-^ tar mi gratitud 4 vuestroé favores? ¿Cómo? dijo
ó LA MORAK X>1L lAáRA^OR. 2iS
^usaoa: yo voy á dectrtelo: yéa con nosotros á miestra granja ; esio te hará bien^ y á nosotros raa^¿ til salud se haUa débil:, necesitas de des* t cjifíso y. recobrar tus feíerza^rpecdidas. La vista ékl f>ai$ en que te criaste, lai db:la ca$a de cam-< pO. de la señora Baroilesa, ^ue pertenece ahora á' un sobrino suyo» un buen alimento, algo de c^rcácÍQ y nuestras cadciaa y ú cuidado que ten^-i daémo», de tí í . todo , todo^ te volverá, bien presta t 1^ salud 9 y aq^ueUos coiotes^tan hei too^ te estaban tan bien . cuíuid<^ vivias cún Museta. Co^ meráa tortas de madteca y queso: dejiata, que te gustaba tanto, y ü teí importunan a^una ves i nuestras instancias ^ sí te cansa nuestra; deinasia*v da: conversacian,(tfend«ás, k^ja« mia^ uo^cuadrttí ^ p ti isolá ^y atU po4¥ásL divíemcte.con )A pin^uca*.--^: Y^yo^ drfo Suset»^ |^a.te:^Qi{ipañtséit<HÍ^^ dias i pasearemos juntasi y te llevaré px todos [ los sitios donde .^gábamos quanda niñas, y $1» gracias á Dios^ de aquí á algunos mese$< /« tu ^erásimadrina de lo que Dios me dé. Vamos ji va^> mos^ lm:i»aoa tmia* --^ Vanóos pues señorita , repe* tia- Saotiago : venid con tiosotrosii veréis comot QS baUais; bienen nuestra casa , y en ella haréis^ mejor el cuadro de £amiliai~- Vén pues, bija mia. Implicaba Susana ; mimando te espera , y en cuan* to á mí, solo me faltas tú para ser feliz. 4. • Leot ñor, cuy^a emocliw era ineiíplicabki estresdbando QU su coraron, á toda esta familia, tandi^a^de su gratitud y de ^amor, aceptó desde luego sus ofertas sinceras, y se puso á preparar conayu-* da de Susana y de Suseta todo lo necesario para su viage, mientras, que fué Santiago á buscar su carro cubierto y sus tres hermosos caballos. Pü-* sose en él todp lo que I^npr habia prevenido.
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y Susana propuso 'que ^éparti^se d^de luegfO. De^ ningún . modo , dijo la frutera: no $e me dej^ á mí tan facilmente;..:To quiero y exijo que mi; eo<- ^ madre Susana y y ^ps tres hijos^ vendará mi casa, ' y-comerémos ^w cottípsLñÜLi¿l mgdr pavo qtté hay ^ en París* A mí me toca la primera reunión de fkni^I lia. Y vos^ Leonor ^ no tengáis cuidador yo tendré*^ limpio vues4?ro cuarto ^cuidaré >deél durante vuesi>> tra ausencia, y pag2rré^l<»s alquilares. Vamos,' v¿^> ntd todos ., y :d(sspues4e^'Cdn3fór'ffle podíéis^dej^^ ^ y osf ii?éte oonfila' madre dé Diú^.' íh : » )
: HízQ^e como lo^deíeába^^laí frutera, ^ en la¿ misma tai^de ^^ilieron de París para llegar > al dia-. siguienteal Cantón d6 €aUx. Enmarido de "Susana^ tfKittió i^ iJsonQtti^^itraiispbiítadt). de gmú y^ dé" ategría>jny| Ijil amnbkitiuétlfaiía^^en med^Q^e^a-^ ftdicidááimas pu/ay^^-ecdfa^ó. eíi^poco tiebdpo <;on la ^trafnquüidad dé espíritu toda lá hérmosutá y^ lai^'ovialidad de que. elr infortuna la habla despo^ jado. 'St propuso comentar el éuadrb de iamilia; que ^ntiago deseaba c¿n leficaciaj perd como ia'- habitacifon 'db estos labradores íM le ^dpórcio^ naba la comodidad y la \\it ique^ata'dstíiiinec6«^ sitaba^ pareció- deseai? uno d^ los ' cuartos dé )&> casa^de campo de la Baronesa, habitad^^entón-^ ees por su sobrino y heredero el Conde de^^ Verville. ^ í ^^ r- '• • •
í Hacia algún tiempo qu¿ este seftor X^iviaen-aq^J lia casa de campo. Había perdido á su esposa UAí^ año hacia, j:^ sé- ocupaba entérantómíe eh 'láedü-; cacipn de sus dos hijos {fruto de la uaion mas' fdíz) y en socorrer á los indigentes de la aldea,) que le miraban como padre. JóV^én todavía , amaba y protegia las artes j y asi fiíé' que recibió» QQHL el «maypr agrado la'prop(^icion^que«se le-hiío •
de ceder ua cuarto ál4eotK>r, para hacerle obra^ ^r de Sü'pintara^'^-* Escoged y le dijof H^tioiquo os : parezca días favof^able s disponed ccia : Ufaiertad dé toda nii xrasa ,> y creedlqüe rhirarél cocno uda felicidad ét verla odosoadá bon vuestra .»^^;sej>» da y vuestros talentos. ' ' .
• Prefirió Leonor el mismo - cuarto en que ha^ bia vivido cuando niña,? y pasado el primer n}0« menta de su emoción ial vólveri áí ver el, lugar de su infancia , contenidas las ligrilnási «que if^r-. tieron sus ojos delante del retrato de ia'.difunta; Baronesa 9 se puso á trabajar en el cuadró de» fa^t milla. R^resentó primero á Santiago, sentado sobre la esteva , como él lo deseaba , con rostro gozoso y satisfecho : Susana y Susetá' tenían las mismas aptitudes , imaginadas por Santiago. £1 conde de Verville pasalxi en la admiración horas enteras , enamcurado de la habilidad de Leonor; pero su sorpresa llegó á lo. sumo cuando al retí gresar de un viage de bteves dias , se .vio reprcrt sentado en el cuadro al otro kdo del grupo de Santiago,' en aptitud de^mostrar estas buenas gentes 4 sus dos niños ^ ¡oomo si les dijesen ¡ ved tomo son dichosósl Ankd el trabajo y vivid siempre\ en la unión was intima , procurad bastaros á. vosO'* tros mismos^ y jamas conoceréis el infortunio.
Para reunir en este jcuadro ^o(k)s los senti-* mientos <}ue ocupaban su. corazón ,' puso Leo^ ñor en el tercer plan el sepulcro de la Baronesa,^ delante del cual se veían / arrodillados y en ora« clon algunos habitantes de la aldea , mientras que algunas jóvenes cubrían de flores el sepulcro, delante del cual se leía también esta inscrip* don: á mi segunda madre. .-.'?,
; . Cuando reqibid el cuadra toda su ;perfeccion9:
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el C!onde de Vendlle se opuso á que saliese de su casa. En vano sostenía^ Santiago , con sus veinte lulses tíi la mano, que le pertenecía. Vale mut cho mas , le decía el Conde ,. ni todo lo que üé^ nes ,' Santiago , podria, ser un precio suficientes No , jamas consentiré en separarme de este cua? dro. Y vos, abna sensible, continuó el Conde di* rigiendo sus palabras á Leonor: vos que reunís á tanta destreza un alma, tierna y acrisolada con la advepsidad, dignaos, ayudarme ¿/conservar y á perfeccionar el precioso . depósito que me de^*^ al m(xir mi amaMe esposa; Estos tiernos niños^ cuya dulce fisonomía habéis copiado, con tal fi? delidad, necesitan de una segunda madre. -r—Sí^ riespondiéron ellos ^ tomando al mismo tiempo las manos de Leonor y besándola^ coa ternura ; sed nuestra manm, que nosotros ^os amaremos . mu«? cho. — Sorprendida y conmovida Leonor-, apenas pudo en el primee momento de su. sorpresa articular uñar sola voz^ pero estrechando después entre sus brazos 4 los. hermosos nanos {del Conde^ les dijo con el acentamas expresivo: sí; el cielo os ha vuelp vuestraimadi:e.*^Apenaaoyerociesr tas\palabras Susana 7 sus do& hijos, cuai^do car yendo enagenados á los pies de Leonor , exciar marón unánimes: también seréis la madre de nuestra aldea. — Leonor j. cuya alma sensible no pudo soportar tan dulces emociones, Jiubieracai* do desfiiUecida, si los brazos del Conde no hubieran estaiio prontos á sostenerla. En esta apt¿* tud anunció el Conde á los asistentes, que dentro de tres días se celebrarían las bodas en su casa*
Extendido este anuncio en toda la aldea, causó en sus habitantes un gozo universal j y el dia señalado^ al despertarle Leonor por la mañana^
6 I;A ItORAt DSt LABRABOK. ^f^
vid que la ventana de su cuarto estaba adornada con guirnaldas de flores , y qué todos los aldea** nos reunidos* delante ' de su casa al tuido de la música del páis la manifestat>ai> en sencillos, caúr tares los Votids <|ue formaban por su felicidad. San?- tiagopt'esidiaá los jóvenes ) I Susana á las madres de familia , y Suseta , aunque adelantada en su embarazo , estaba á la cabeza de las doncellas^ tomoTiburcio, eVfíaarido deSulsana^ á la de los pedrés de familia. En medio de este cuadro tan * interesaiite y festivo, se prés^tó con sus dos ni^ nos y triádo^^dCsnae de Viírvillé, paí*a condu-» cír á su hueva esposa á la iglesia parroquial de !a aldea \ y desde alli á su casa de campo , en donde se -celebró tan feliz unión sin fau^o i^ magnificencia, pero al ruido de las mas'cordi^* fe^ acla:tnacioñés d^ láSrS^ncillos aldesMiosL i Leonor en la mesa colocó á au lado á;Susana^ y la hoüró como Á hubiera sido su verdadera madre: trató á Süfóta como á su propia herma* na ; y para coíisolar á Sanriagío de Ja pérdida del cuadvq de familia^ leipvometió^copiar'::el'.gy:upD del mddio^ que le tepreseniába sobceola esteva^. y dé poner en los brazQ^ de Suseta , en lugar del cestillo dé la merienda del labrador ^ el hermoso niño de que dentro de poco iba á ser. padre.
Hizo Leonor disfrutar al Conde de la mas completa felicidad, ya sus hijos de la. ternura de vérdadei^a madre. 3u$aiia> fué nombrada eco-» i^ma' general de sü ^casa de campo , y Santiago su grangero mayor. Fue madrina 'del niño que Suseta cUó á luz á pocos meses , y se encargó de su educación ; y este niño esLuisito, el joven que vive coa nosotiK)s. Antes de un año tuvo Leonor la dicha de ser jnadKe, y el hijo xnie jii^ liuz es
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(220 •' Él FAKOW »B ltOBT«S|llT S
el que conocen bajo el Q0m|>re 4e. Eugémo^ hijo del coode <ie Yervüle. i
Esta es láhisioria.que deseab^i^ oin d^;la Conr? •dea. Coma estos señores posteo; á; tres legvias d? -aquisobire el Iser uaa hermosa; ca^ de pampo,- <y confK> desde que nú señor padre se .estableció aquí le han dispensado m amistad 9 y le visitan pon frecuencia en las temporadas en que habitan aquellas tierras 9 le ^pUcaron (|ue: adniptie9$ entre nosotros i estos dos jóvenes ,• y les hicie^.parti-^ ciparde sus ÍQStrwciones¿ Ya Veis^pu^^ xjue todo es natural en lo que^ hiibei^ visto , y os pareci2( extraordinario 9 y que nada hay mas justo que el amor de k Condesa 4cia Luisito, eo jus(a recom** pensaide haber debida /su felicidad a sus padres yabuelo&i. ■ - . : *^ < .* . . -r
Nada loay en efecta^ h respQndí;^ tan ju^q pam&tisé amor. acia una fiunilia que consoló á la Condesa en. el tiempo de su ádver)s¡dad y desam^ paaro. Los padres deLuisito y su& resp6$:|LblQ(S abue* los* ejéjtritsMcon la virtud , y füejpon bienéfícos acia ui|a personal pecsc^uida por el ii:%íortunio^ y aban^ (iosada de Jos honjbres; ¿y eónio era |K¿ible que ha encpritrasen la recompensa de tan bellas ac-« cicaies? ¡Oh, Estanislao,, contiíiqó^ y ccian inte-^ resanteá son á. los ojos de la. religión y de Ja vecr dadecá filoseda esos sencillos aldeani^s , quejem* plean en el alivio de 4a.h«iipamda4^>fíÁgida los díones. conque Dios cecompénsa sus sudores y^s^is a^nesl Cuaado sin oiira.ambícioA que la de ha* cer lá&k i sus . semejantes 9 y sin otra esperanza que la de complacer al Sadré cel^t^l, ejercen; la hospitalidad con los peregrinos y abren su cq-^ razón ál: jornáleme, y consuelan 4I buérfanp y ¿ lo viuda {..cierros pü^m .ettur quí^svisgranerc^
ó LA WORAI;' mSX I^ABlTADaR. 22 ^
lebosarán de frutos , que sus ganados se multi^
Ílicaráu en a^ndajicia , y . que la bendición del todopoderoso se derramará sobre sus campos , y sobre los individuos de su familia.
De las ohligaciones del hombre acia los individuos . de^ su e^peiie y con quienes tiene relaciones
particulares.
Las obMgaciones del hombre en general, esto es , sus obl^aciones como hombre , que son las que debe cumplir con todos los seres de su mis* ma especie, han sido el objeto de nuestras lee-» ciones anteriores > pero hay otros deberes particulares^ que nacen de sus relaciones y de los vínculos que le unen con ciertas y determinadas personas, y del mismo estado en que vive. Cuando explicamos el amor del prógimo dijimos con san Pablo, que el amor se debe á todos los hombres ; pero añadimos^ al mismo tiempo , que las acciones exteriores que nacen de este amor , y loS servicios que debemos hacer , son diferentes se-^ gun las personas á quienes se dirigen. Asi es, qué un ,hi30 debe servir y socorrer á su padre antea ^oe : á^ otira. perscma que . se. encuentre en la misma necesidad; y esto pot una razón la mas sencilla. Creemos tener mayor derecho á la e^timacioa de ciertas personas,! y precisamente ison éstas mismas las que neceskamos mas *. es pues Indispensable que contribuyamos por nuestra parte á su felicidad^ mas particulatmen te. que 1 la dé aqtse-^ Has de .quxeni^ no jexigifioos ni necesitámQs tanto.
222 ' fil' BARÓN DS ROBINSKf
ÍDe los deberes pues acia estas personas es de lo que vamos á tratar , comenzando por los de los casados.
De las obligaciones de los casados.
De los buenos matrimoniosi depende la feli^ cidad del estado , el cual no es otra cosa que la reunión de varias familias bajo cierto y determinado gobierno. £1 que no es buen marido , no puede ser buen padre ; y sin buenos padres no hay buenos ¿yos , ni de consiguiente ^buenos ciu^ dadanos. La educación es otra naturaleza para el hombre; y si no produce sino cardos y es<» pinas de vicios y de crímenes , cuando se abandona al hijo á sí mismo , cultivado por una educación moral y religiosa producirá virtudes sociales , como^ el cam{k> que regaron nuestros sudores produce plantas útiles y provechosas. Mas esta educación no puede conseguirse si sus pa«^ drés no cumplen con los. deberes de su estado, y si no le ofrecen el egemplode la virtud; de aquí la necesidad de conocer estos jdeberes para cum-^ . plirlos. £1 fin de un estado , sea el que fuere, es el que indica sus deberes ^ que son otros tantos medios para llegar á éL \ Quál es pues el fia que s^ proponen los que se imponen el vínculo con^ yiigal? £í ser felices, poseyéndose el uno al otro^ ayudándose mutuamente en todas las necesida^ dgs.de la vida, y proporcionando á la especie hunnaná otros individuos quería perpetúen. . .1 ¿ Y podrán* ser ifelices los esposos si se apar*
6 tA MORAL DEL LABRADOR. 223
taa de la equidad , y si el mas fuerte abusa de su fuerza para esclavizar y maltratar al débil ? De ninguna manera. . £1 hombre es superior á la muger : es su cabeza ségun el plan del Criador, y por ia misma razón de que es mas fuerte ; pero esta fuerza y esta autoridad , que la misma naturaleza le ha concedido , debe servirle para pro-* teger y amparar á su compañera , no para Henar-* la de amargura., ni hacerla esclava de sus caprichos. No Jhay en este mundo autoridad alguna que tenga otro objeto que la protección dé los débiles; y desde que la autoridad llega á ser opresora , es ilegítima , como contraria al fin de su institución. Si el hombre se casó para ser feliz, la muger se propuso el mismo objeto i deben pues obrar el uno y el otro de manera que se procuren la feUcidad recíproca á que aspiran : felicidad que no puede lograrse si el uno es un tirano , y Ja otra una esclava de sus caprichos. Asi pues como el esposo es la cabeza que debe proteger. y amparar á la mugér, que es su cuerpo, ésta debe ser obediente y sumisa, porque siíi subordinación á la autoridad no se tiene derecho á la protección.
Estas reglas que prescribe la razón natural, h^n adquirido mayor realce con la doctrina de «uestra religión , según la cual la unión de dos esposos es una imagen de la de Jesucristo con la Iglesia : el esposo debe amar á su esposa como Jesucristo amó á la suya , y la muger debe someterse á la autoridad de su marido como lo está la Iglesia á la de Jesucristo.
Hemos dicho que la posesión reciproca de dos espotos es uno de los medios que les proporciona para su feUcidad al matrimonio; pero esta pose*
[224 ."-^ ÍE BARÓN DE ROBINSRI '
úon , lejos de ser brutal y sin óttó objetó qiie el '{>lacer del sentido, debe ser de manera que el <uao posea al otro por el afecto , por el vivo. y tierao interés que toma en su felicidad, y. por el mas siacero deseo de procurarle el bseai^iy (^ -excitarle el mal. Esta especie de posesión, esta uíúoa intima y duradera, debe ser hija. de la.vir^ tud, y no del amor inspirado por la hermosura; 4)orque la belleza se di^pa , es de duración f rá^ gil y perecedera , y las esposos se proponen ser •siempre felices , y no solamente en los primeros años de su unión* Sí la hermosura.se suele conir parar á una flor pasagera , y el amor que nacié ,de ella á la mariposa , si la belleza es una tiranía que se destruye pronto, y un aroma, cuya fuer^ ZBL se exhala en breves momentos ; el que se pro»- pone adquirir en el matrimonio una felicidad -Constante y duradera , debe afianzarla sobre ba^ sas mas sólidas; debe pensar, que solo el rey no de la virtud es el reyoo que dura , y que las cos^ tumbres sin mancha , un juicio sano , un carác* ter dócil , y un corazón recto y sensible soa her- 4nosuras siempre nuevas , que no están sujetas i envejecer, , . r
Debiendo consistir la posesión recíproca de dos esposos en amarse con ternura , en no vivir sino para hacerse mutuamente felices , y; en en»- itregarse sin reserva todos los afectos del cora«- i2on, ¿cómo podrá llegarse á este estado de amor y de conformidad de sentimientos , si^ el marido .trata á su muger como á una esclava, y si la muger mira á su marido como á uñ tirano ? £1 que quiere ser amado debe amar ; y los trata-» cientos duros y crueles jamas producirán sino desvío , exasperación y aborrédmiento : estad9
6 lA MORAL DEL LABRADOR. 225;
terrible que suele producir la mayor parte délas infidelidades que manchan el lecho conyugal* Si la muger es el primero y principal objeto de las complacencias y de la confíanza del marido^ dificultoso será que se extravie ; y si el marido es fiel á las obligaciones que contrajo al casarse^ con dificultad abandonará las suyas la muger. Pero como si no fuese recíproca la obligación de Ja fidelidad ; como si el hombre tuviese el privilegio de quebrantarla, suele no hacer alto sobre sus propios extravíos , y set inexorable para los de su compañera , á los que acaso dio ocasión con su propio egemplo : contradicción monstruo* SSL 9 que no puede explióarse sino por la propensión que tienen los hombres á ser injustos, abusando de su autoridad y de su fuerza. Cualquie-* ra pues que sea el que falte á la fidelidad conyu-. gal, habrá quebrantado sus deberes morales y religiosas , y habrá contribuido á desterrar del matrimonio la felicidad que se propuso al contraerle. Es también necesario para conseguir esta feli- ^daá, que los esposos se ayuden mutuamente en las necesidades de la vida , y que trabajen ^r su prosperidad y la de sus hijos. El hombre como mas fuerte y mas robusto , debe cargar sobre sí las ocupaciones mas duras y penosas, dejando para los débiles hombros de la muger la. carga mas ligera. Este es el orden: indicado por la naturaleza; y solo los salvages, solo4os laom-^ bres embrutecidos, que desconocen el imperio de la razón , han podido imponer á sus esposas; los trabajos mas fuertes y pesados , y hs^cerlaisi trabajar en medio dé las ^intemperies masi pguk rosas, mientras ellos sé entregan al descaiifio y^ & la (Úsipacion : solo los feroces b^abitante^ de ¿i
226 El BAROWr DE ROBIKSKt
Guyana y de las orillas del Orinoco han podida inventar la monstruosa costumbre de ponerse en el lecho cuando sus mugeres han par^o , y de hacerse servir por estas infelices en un momento en que se hallan abandonadas de sus fuerzas^ Por esto aquellas madres desesperadas quitan la vida á sus propias hijas , por no verlas expuestas á la ferocidad de los verdugos de su sexo. La debilidad de.la^ muger, su sujeción á taütas enfermedades que el hombre no conoce, la misma dulzura de su carácter , y la poca fuerza de sus miembros , son otras tantas lecciones que nos da la naturaleza, para tratarlas con miramiento, para eximirlas de los trabajos mas penosos, para procurarlas niayor comodidad , y para hacerlas objeto de mayor atención y de un tratamiento mas delicado , sobre todo en el tiempo de su preñez , en que su debilidad e$ mas notoria , y en que el menor exceso puede comprometer su vida^ y poner en peligro la del nuevo individuo que prepara á la especie humana.
Los dos esposos deben ccMitribulr á su bien recíproco y á que ¡nrospete la sociedad que formaron én el matrimonio , pero cada uno por los medios particulares que la naturaleza puso en su mano. Si el hombre, debe encargarse del trabajo mas duro del cultivo , del gobierno de jios ani« males mayores, de las especulacípneá en grande, y* de todo lo que necesita de su presencia fuera de casa , porque es la cabeza dé la sociedad^ y debe representarla en todos los negocios exteláores;; la muger^debe velar sobre el orden interior , debe estiablecer lá mas exacta economía de puertas adentro, debe distribuir y pr^pairar , ó hacer preparar, el mantenimiento dé la famiUa;
d LA ItORAL DBL LABRADOR. 22?
debe en una palabra , conservar los frutos y las rentas destinadas para las necesidades de sus in-- dividuos , empleándolas sabiamente en este solo objeto. La misma naturaleza parece haber dotado á la muger de un espíritu de economía , que ha negado al hombre , en el cual pareciera pequenez y miserable mezquindad , lo que en la mu^^ ger es digno de ejogios. Este sistema de econo* mía en las cosas pequeñas , que son las del uso mas común y frecuente , es sin embargo tan ne-*- cesario á la felicidad de las familias , que cuando falta no suelen éstas prosperar ; y por esto apef ñas se vera una famiua bien arreglada , y una casa que aumente sus haberes , sin una muger económica y laboriosa. Estas circunstancias de* ben pesarse bien por el hombre que corioce sus propios intereses , para conceder á su compañera la justa confianza que merezca su probidad y" su desvelo por el bien de la casa, y para no tra^ tarla con una avaricia que no merece , y que es perjudicial al interés común, i Por ventura no es la muger tan interesada por . lo menos como el marido en que nada le falte á su faniilia , y aun en aumentar los bienes de su casa ? Dije por lo menos , porque estoy persuadido de que su interés es mucho mayor. Ella teme mas la falta de lo necesario para sí y para sus tiernos y adora* dos hijos y porque se ve mas imposibilitada á man^f» tenerse con sus brazos , y expuesta á mayor nu*- mero de enfermedades , lo que naturalmente la obliga á conducirse con mas prudencia , y á temer mas los riesgos del porvenir. £1 amor de los hijos es también en ella mas tierno y mas activo que el del padre , y esto solo la hace mas económica , y la obliga á Uevar su previsión
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228 . Bt BAROíTBE'ROBINSKI N
mas allá que lá del nia];ido. ¡Cuánto se engañati pues , y cuan lejos están del verdadero medio de procurar la prosperidad de sus familias los que miran á sus esposas como á enemigos , de quier aies deben desconfiar , y á quiexies privan hasta -de aquello que se las debe , en lugar de desean*» 5ar sobre su espíritu de orden , de economía y de interés ! Obrando asi cometen otro yerro , y van contra sus mismos intereses, porque una mu«- ger á quien se agravia, despojándola de una administración , para la cuál se conoce destinada por la naturaleza , deja de tomar interés en una prosperidad que no se le atribuirla*
. Por lo que respecta á los demás cuidados que los esposos se deben mutuamente en las diversas ocasiones de la vida , poco puede añadirse á lo que dijo el primer hombre , inspirado de Dios, en el momento ^n que vio á su compañera. Ved nqui un hueso de mis huesos , y la carne de mi car-^ ne. Por esto dejará el hombre á su padre y á su madre , y y ivirá unido á su muger. Esta unión explica todos los deberes de los esposos i porique toda su vida debe ser unión: unioa en los pía* ceres y en la felicidad , unión en las desgracias y en las enfermedades. Todo en ellos ilebe ser común 5 y en todas las circunstancias prósperas ó adversas de' la vida debe ser común el consuelo, común el gozo y común la pena. En el des?- tierro como en la patria, en la robustez como eh'la enfermedad:, en la opulencia como en la pcfcreza , los e^osos deben estar unidos y procurarse mutuamente el alivio y el consuelo. Si el carácter del marido fuere violento y fácil de irrí-- tarse, la mugerle desarmará con su dulzura, y las lágrimas de su paciencia le harán nías impre-
- 6 LA MORAL DEL LABRADOR. VS¿^
sion , que las reprensiones y que las qiiéjas inmo^ deradas. Esta misma conducta en la muger apartará al esposo dé sus extravíos, y le hará ctmo^ cer él abismo á que le condujera su mala vida^ y que fuera del cuidado de su casa y de los bracos de su esposa , no hay para él verdadera felicidad. El marido por su parte , si su muger se alejase de los deberes de su estado , deberá servirse de la persuasión y del lenguage de la dulzura , para hacerla conocer su desvío , antes de emplear los demás medios que la calidad de gafe de la familia puso en sus manos ; sin olvidar no obstante , que su esposa es parte del mismo 9 es una compañera que Dios le ha dado , y que las correcciones deniasiado duras suelen producir un efecto contrario al que se desea. Fifera de los casos en que la prudencia dictare ser necíesaria la corrección , el amor que debe reynar entre dos esposos los hará sufridos é indulgentes acia sus defectos recíprocos ; defectos que por desgracia acompañan siempre á la humanidad Hay defectos en el carácter , defectos en el cuerpo, defectos en las facultades de nuestras a^lEnás ^ y BO siendo posible el hacer que desaparezcan , es menester que los suframos , y que na por ellos neguemos nuestro amor al que los padece. Si debemos amar á los hombres tales cuales son , sin pretender que sean conformes á nuestro deseo, ri con cuánta mayor razón deben amarse los esposos , á pesar de la falta de conformidad que pueda hallarse en su carácter é inclinaciones?
Esta indulgencia es necesaria para la unión y la armonía que debe reynar en los matrimonios j y ^ola esta unión puede hacerlos prósperos y felices. ¿Y qué felicidad hay comparable á la de dos es-
230 / ' CL BARÓN DE ROBIKSKI
posos perfectamente unidos, que nunca se separan sin disgusto, ni se vuelven á encontrar sin nuevo placer; que trabajan para procurarse un bien reci^ proco 9 y que en todas las ocasiones de la vida se prestan consuelos y socorros , haciendo de este modo que los placeres sean mas vivos , y las adversidades menos amargas ? ¡ Ah ! gloríense cuanto quieran los ceiibat(>s de la libertad de qu^ dis« frutan , y de no tener que cuidar sino de sus personas. Un tiempo llegará , en <]ue se amorti* guará la fogosidad de sus pasiones, en que el ruido del mundo y el bullicb de los placeres les será incómodo , y en que suspirarán por la felicidad doméstica , única verdadera y natural al hombre , por el cariño de una esposa , y por el placer de verse rodeados de sus hijos. Vendrá la, época en que colocados en el lecho del dolot y de la muerte , solo verán al rededor de sí sem^ blantes frios é insensibles á sus dolores , por no decir avaros de su sucesión , y deseosos de ver el fin de su existencia ; y entonces conocerán cuanto se desviaron del camino de su felicidad. ¡ Qué diferencia la de estos seres abandonados y la de un esposo cuidado por su esposa , y asis* tidopor la ternura de sus hijos! £1 buen egem* pío de su compañera , su dulzura y su espíritu de religión le facilitarán el arreglo de su vida conforme al espíritu de la ley: tendrá, míen** tras viviere , quieií le consuele en la desgracia, y quien tome en sus acciones y en sus proyectos el interés mas tierno : su trabajo será placen^ tero con la idea del bien que va^ procurar á sus amados hijos : el cariño de estos será el alivio de su v^jez , y al sonar su última hora , se verá en los brazos de la que amó, y objeta de la as¡s«
ó lA MORAL DET. LASRAftOR.
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tencia de aquellos seres á quienes dio la vida y que quisieran detener la suya , repitiendo el dulce nombre de padre. No quiera Dios , sin embargo de esto , que condenemos aquellas almas privilegiadas , que hacen á Dios el sacrifícío de sus cuerpos , y que se obligan con el voto de la virginidad , para vivir mas desembarazadas de los cuidados temporales , y para ocuparse todas en obras de mortificación y de piedad. Semejantes almas son dignas de nuestra admiración y de nuestra alabanza ; pero nuestro horror no debe ser menos para con aquellos individuos que si no se colocan bajo el yugo del matrimonio es por correr con mas libertad por las sendas del vicio, y á fin de no poder freno á sus pasiones , ó por bacérse el centro de toda su atención y de su egoismo , sin tenerse qiie distraer en el cuidado de una esposa, y en la educación de sus faijosi que es otro de los fines del matrimonio. >
La procreación de otros seres semejantes ai hoiBbre podría ser.éo/él un deseo ibspifódó por la naturaleza, comovlo es en los brutos^ que soIq se reúnen para satisfacerla ^ pero el deseo de una criatura racional debe ir Haas lejos: no debe con»- tentarse con tener hijos , que perpetúen su propia especie , y que pasen su nombre á la posteri- 4a.d * debe tratar de hacerlos felice^ 9 y de que cirtitribuyan á la felicidad de los deroas hombrea d^be. ser el dar siervos ár Dios, educándolos como Coiivieneí' pero estamáteria pertenece á la de los deberes de los padres y de que os hablaré en la lección siguiente.
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EL BARÓN DE ROSINSKI
De ¡as obligaciones de los padres acia sus hijos.
Deben los padres procurar por todos los me- 4io9 la felicidad de sus hijos ; es decir , deben ocuparse de su felicidad temporal , é inspirarles sentimientos de virtud para que practicándola^ lleguen algún dia á conseguir la eterna. Ved aqui pues los dos principios que deben seguir los padres en la educación de sus hijos, y lafuen* te de sus obligaciones acia ellos.
De la educación temporal. Por lo que respecr ta á la educación temporal, el bien primero en orden, es la salud y la robustez. Apenas hay ani-> mal alguno que tanto necesite como el hombre del cuidado y de la asistencia de sus padres, jcusindo viene á.laluc. Perecería indudablemente $i se le abandonase á sos propias fuerzas , y sisas padres no k alimentasen , y le pudiesen ^l abrigo de la intemperie:^: manteniéndole al mismo tiempo en el estados de limpieza que de necesita para su salud.. Desde que el niño nace, próvida la naturaleza, proporciona en los pechos de la que' le dio el ser, el alimento de que necesita: admi^ rabie lección para que -las madres crien á: sus hi-^ jos, y. para que cumplan con un deber, que la misma naturaleza, les indica. l!a razón natural dicta también á los padres el cuidado de librar á sus hijos de todas las ocasiones y riesgos de perecer , ó de debilitar su salud ; porque no pudiendo ellos mismos gobernarse , este cuidado no puede residir en otros que ea sus padres* De aqui
6 LA MORAL DtC LABftAliOR. 233
ia necesidad de velar de continuo sobre la vida de un ser tan frágil, que* pudiei^ perderla tan fócilmente. { Guante» han^ perecido pwqüe la cubierta de üáa cama les impidió la respiración? { Cuántos ^fueron víctimas de un incendid^^qire co*- menzó por una ligera chispa, que prendió en sus vestidos? ¿Y cuántos lo fueron de la voracidad de uaaidmal doméstico? Son tan tiéÉhós loa miembros de los niños y que la méntír legadura puede comprotneter su salud^^ é ¿m()edir la dila-^ tacion de sus óuganos; y no pocas edfermedades,^ no pocos vicios de conformación , que tiacen el, martirio del hombre mientras vivé , debieron sii origen al uso detestable deiligkdurasyde garrotes^ Otro tanto diremos de la necia costumbre de acu«* dir con vanos remedios á^atormeñtar á los niños desde que nacen, ccm el pretekto de fortalecerlos» y de procurarles mayor robustez. Lánaturalezasa* be mas que semejantes recetistás: dejémosla obrar» y confíenlos: en que el que ^cuida de las mas pequefias avecillas del cielo en' lo& primeros momentos de su existencia» no abandona-al hombreadla ignoran» eia de^lósiqueie rodean» Poc lo que respecta al alimento ocm que se les debe Cóñtrfi^r ^ la mis« ma nátu(^eza*dbbe ser nuestra ^^filia: la leche de la madre, es la que les conviene mientras su boca carece de instrumentos cc»);;qü(ii{3tepardf ^oti'o^ mas sólidos? y desde qu^ sus^diéii^s' les pfenen en estado de pooer ma$ti<}ar^ se les debeJU dá^ mati^ jares sencillos dé fácil digettión ^ y sin prepararlos con excitantes, deque no necesita' fel hombre en su estado natural» por mais ique los desee él hombre' corrorWpido. -^ - -¿i »
' Es meneíster acostumbrar á los'niñoá al frió' y4d^ calor, y al tigor de las intemperies : es me-^
neister>acostiLwnbi:4dos al jaso de.a^ giose* -
ros; y ,pQy fPQííioid^l ^cicia que fuere compatible. ,CQal5US/f^ieJ:^;?S^^ procurarles «Ifes^^ rol)USté?.<íW.nQ^e0<;ooti:^riárt mielítuddado exceso
vo, y»mJa.deMtade?ft. J^ <:ÍQi\,es,el :que disminuye las. oebesidades del hom-. bre en;:lugar,de^autn^marlas; porqued que las : tm^m}mmQv,ffÁai^JíO ^ 4?uede ser ^felíz á menos . <;QSta,^;.es .mftl^libfe J ind^^hdiéoke^:. y en cuál* • quiera,,c«ádOt.ep:qpfeile;ColocárejiaiPnwideñek^ . vivirá .CQu A>«PpS:S»fdwieatOí pocquenadie sufre sinocqando , seje-priva :;de lo -qué. ^^ necesario • verdaderamente, ó por .cosmrbbfc;:El hábito es ; una sqgundavagtuíal^zsa ; y la3iiCOsas ^ á cuyo uso ^ nos hemos acQSjüí^feca^ necesarias, .
PQ(na^^quelliteii^Jo.K>n:poc,jM j^ padre
queese ?pf jr?íi*(i¿ívque-su Jhijq.ostaírá¿al abrigó dfe privaciones , y .á ciAierto.deJa:necesidad, hierra :
groseramente^ :No hay fQrtuna:constantev^í> hay opulencia; qq^no seit^ueda^esvaaecer ;¿ taídoics v^^ *
flidad d^ Ií^m*báj0itft!i3^
será ^mañaií^j l0;.qué.Lesf hc^.i jEÜtt ,
jHjosj ep .k*ení^tefc ?#<f o&twmbi^DleJ^
co , yi>:deiií5tft ; m^era .áerárt ¿ f díciej ^.mm icjwando ■> .
d«Qa4gan d^l;est^Qdi^!í3am^ida4i^'nf^^ .
%\kwkt^t^?f^^\4^9k^ á /ganar, el
pan r,5;<íp-;í}l >ií^ ;fpé©lte,;El mbajjo.es: ci i
maywaíi^q:flai§»w^ji4í^nft6i^ -
innn no. s^ajt^.á l9s^mferési0tr& tóedio" demanteír - nerse: losdemas modos deyivirispn^stab^^ :
q^e lo§*ombreí,naismA^,há«íirij^ están tan expuestos á mutaciones , en lugáOide qije> el que 5abe trabajar y sierapí^esíéji^ia^^ no ^ perecer. Cuando s« vlabondonti4a.de susíjriqi»^-
OLA MORAL DEí <IABBrA D0« . 235
'2as^ sus hmzQs k sigueo por toda§p9«es,y em-
• picándolos ^n ej ,trab^Ot 4 qye sus buenos {>adres Je acoHurobiatt» , rntAf^i; ^V.^bjjgo^ d^i la miseria.
^omo. ^^ QCi&sjd^dí-í^^ín^dr^^íVicio i. y M se bus-
rca }ft (ViWjiadj^ja->f¿ligid^4^eítí:jrQ los Jx>mbres^ se
encpotmrá sií^duSa^tóeAlQs ricos ociosos, ago-
viados del tedió; y * del ^disgusto ,' sino en aquellos
.q\i^ pc}ipanc^?i:« fw^rjíasi^i^V'U^^^^ des-
5taiwlas.cons«iw«f«í^^^^ /. ..
- i ;N(fe ?ftTí»eno$voiioímí^eflseirgTiá'b^ íeep. y 4-escri]?ic^''jynas Kgía^^ de laia^it-
inética. Estos^senciUos conocimientos son la llave ííe todos los demás que; puede adquirir el hombre .«íi.el civirso desi^w^da ;;y: aíun cu^iído no se tMyp^f jre Ij^íiptencipn d^áh^ícífi^güir al ñií^^ de íasr c;arreras í liteacaiíai; auav caaad« no : deba - ser jn^s que un; jorn^ef Qj^^íí. §«pi€^^ escribir y
contar, sus recursoSípara vivir' serání incomparablemente^ mayores, ^mayor«ía: utilidad que podrá propoyqiopar i^:3Usvs€5i59^ani:6s,>y)él mismo será nmcho m?i?.f¿|Í2¿ppcjMeVfiW razón; será, mas clara y. expedit;a,i£¿ígeíieí al le?; ^\ y ic¡9 'i)}}o de jl^ips^ jancia i^yc cuanto mas se jabr^gpíe el comícimiéií.to del hombr^í.tendra i4é2^inas ciarás destís^ciébéres, y de los: riesgos áj.;^ue se :j?)£pone^si'los:qtiébranta. por otra i parte. pJi:iflueí sabe;' leerí ama ?la ^leétura, ¡f] ^imo^ndí^ilA^a^^ pa-
'§?^:>k!%;^?Mft<Í6^ iSií?:^^ desearáüeer en
¿1 retjro i4e suj ^^^a. ^EoAJag^ veladasíd^ - l^anoches de invie|?qp^'^^ííiílfiP;|aiides^de los^^ias de^^fi^^ y cuando elíms^ltiemppxno le peirnite* trabajar, un libro ;SiBrá,siempreí\inrgrande recurso para el la- , bra^(¿ j^.y , p^;;a jla; ij^ptf Utcipq.y aprovechamiento
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' escuchartn con atentión: El que sabe «cribír y
• las reglas comunes. de la aritmética , puede tener .mas órdén en su cdSa^ porque náída tiene que con- (ifiar 4 su frágil raétí&otiáí y ^n solóanotar eñ el - libro de' Sus asientos ló qtte págd ; ót lo que récí- ' bió, eátá ya'tr^ftqtoaoí y-cóiidce ci^tzdú ák sus
negocios sin oece^idad de fetigar sü imagina-
* En general 'esF^na pblígacfoh étí ló$ piídres el enseñar á sus hijos su -misma pWfésioiy , por s^
¿este el media mas sencillo de cdntribuíí i su fe- -licidad. Fl hombre ama y prefieit*e aquel géiiero de vida, al cual se ha acostumbrado desde la infancia; y el que ha visto que su padre és félü en este ó e» aquel estado , se semita inclinadb naturalmeníé á seguir sus huélMs. Le séréalmií. mo tie«apo mucfeo- m&s fócil él prosperar en' íát profesión r de sU- padre, que^ otra nüef^^ jfior^ que para aqíiélla todo se encuentra hecho , mientras que para está todo ésta ^^por fa^cer ^ y todo presenta nuevas dificúteá^s. ©esáe -qtie-Díos nos hace na<íer hijos dé üh'fefeWáófy^^d^^^ -sumir que este es el estíadé* quédaos señala,- á rií) . ^^ser que de otra manera * ñoí maniiBesfté áuvolun^ tad, inclinando lá nuestra ácia^ otra' profesión, y dándonos alguna disposición jparticular párades^ empeñarla. Pero deben lospafdrés tener mucho cuidado en no equivocaíse en este piiiito*, jr efi no tomar por rq>ttgiraáiciá natural áuántestadie^to que solo es efecto de ía educaóióh ,' ó |Ípí amor de Ja ociosidad, ái ñn padre es cruel con sus híjois, ái los maltrata y castiga con exceso por ks faltas mas ligeras, y aún por las que nacen dé su corta edad: si al mismo tiempo se muestra descontento de su propio estado, y ponderadlas ventajas^ dfeotf a
profeisíbn ; en tales circunstancias y en otras setnejantes, no deberá extrañar que sus hijos miren con disgusto su fñodo de vivir , y que deseen el ageno. En otro caso y por réjala general, los hijos que ven que su padre es feliz; y que íos ama, desearán imitarle en todas las cosas ^^jsfcguir su mismo género de vida, sin suspirar por otro, cuyas ventajas no conocen. Un falso raiónámientó seduce muchas veces á los padres en k elección del estado de sus hijos. Han visto algunos egetnj)los de elevaciones extraordinarias , y de íorf u* nás colosales á que han^ llegado algunos hombres qué nacieron en la obscuridad y en la indigencia y creen que sus hijos serán iguálrtieñte favorecidos de la forturiíii ¡ Insensatos ! ¿ No ven que serhe^ |ahtes elevaciones son ^úilás veces hijas de taleíjtos extraordinairios, que la naturaleza rio r^par^> sirio
5 imiy pocos ; que otras pr océdeh de unía Conducta intrigante^ y viciosa j^ y casi siempre' de una retiñiori de circunstanciad extraoirdinarias V casuaW jcoh las cuales no se puede contar sin "imprudeiitía?' Si mirasen ¡semejantes j[)adres el i^evés de la inedallarsi supieran cuántos son infelices por haber corrido en busca de ascensos, y por haber aspirado á elevarse sobre el estado en que nacieron ; si conocieran que semejantes jóvenes des- |>ues de haber perdido inútilmente los mas preciosos años de su vida, contrayendo vicios, que no hubieran conocido en el paterno albergue, y disipando una buena parte del patrimonio de su familia, se ven reducidos dfespues de un desengaño fatal
6 toda ella, á retirarse bajo el humilde techo eá que nacieron, y á vivir en él como plantad 'i^iótíles á expensas. de suslaboriosps hermanos, ó del Sudor de aua aflciaños padjfesí> á ííúen secuto ^úS
239 ,n,BAR(»V DB KOBXlfSKI
nq pensaran en s^c^ar á sus hijos de la obscuri^íad en que Dios los crió, y en Ja cual pueden ser tan felices c;omo en la prosperidad mas encumbrada. En efecto p hijos mjo^, ¿en dói>de. habita la feli^ cidad en ^^t^ muqdo^sinabajo el techo de paja^ en que mora la tranquilidad. de corazón, hija de, la virtud?. \in labrador , . que k con el trabajo de sus brazos tienex con que satisfacer sus cortas ne-^ cesidades , que se vé .ve?tido y alimentado en medio de 'lina familia:honrada,!y satisfecha de: sti suerte , sin otra : ambición ■. que , la . que .tiene poc objeto la .felicidadi.de sus .cosechas ^ es incompa^ rablemente.mas.felíz que el; empleado publico, y que el opulenta ciudadano , á quienes á pesar del oro de sus techos, y de, la, magnificencia de sué muebles , persiguen y ^atprmentan Jos cuidados^ la ambición;. y ttó^^ j,^/
^ Él paclr^, que^¿i^re:consegúÍr. el amc^ dft siW iiljoSj debe en <:uanto pueda. contribuir á' su felicidad. El amor filial, y. la, ternura^ paterna, spa afectos recíprocos , y . en vano .espe^arái ?§r. amadq del hijo el padr^ qi^e ile-hace d^i:;9fda[doi £{ hombre no ama naturalmente- sino ios objetos, qu^ V contribuyen á si; felicidad ,c quetes ,el: fin 4 que U naturaleza dirige.^sus, afectos yrsus; inclinaciones, De aquí :1o , reprensible ;de: aquellos . padres. que reservan sus .caricias ?para .uno^de sus hijos , y la crueldad y .. el . desprecio , ó^ por lo . menos 1^^ tií ,bieza> para. los. otros: cáe.aquí.lovabominabíe,d|? :'aqüéÚ.ds . seres. .desnaturalizados , .:que . á preÉeptto de corisepy:ar í el justre ^deíSiíifaaiiíia,^ condena^ una parte de : sus \ hí|6s. a \ la indigencia. , . al celiba*» to,.ó á otros ekados yiprQfesíoaes^iáslos cuales piáníHestan , un^ resistencia /dec^ilíidfU ^El r'padredebe :aj^a^' a>ij^^ m^^^ f porqu^^/ííJr
6 LA lldltAI ©Et LABRADOR. 239
dos tienen los mismos derechos á su amor ; y si se le permite el conceder alguna; preferencia v fea para que premie la virtud, El-hijb mayor en bue- - ños sentimientos^ > debe ser el que su padre recompense j no el mayor en años j sino4o'estainT-^ bien en el mérito de sucondiicta.- ■ ; ',
De ia edwacmn'fnoral y religiosa. 1¿\ grande * objeto de la «diicacion^es lá-íelicidad del hoñibre^* » como hemos dÍGliory„ esta felkrldad no. piíedeá quirirse sirio Jpor ?^mé(dió-de íátvirtud.'^ La moral ^ pues y la religión ^^ fuente* fecundas dé la virtud^ y enemigas irreconciliabfcs del vicioV deberán Ua-^ - mar la atención j de' los padres, para plantarlas en ^ él corazón de'süs'hijos desde los mas tiernos añoaf de su vida V iNo hay yqué ecjui vocaráe sobre el es^
tado enrque-vpuso' al í hombre la ^^deÍKíbédi^nd^^ - AdánjLás pasiones se' ene'Uéntcaa^;en^sü*tóraz^^^ ^ desde ¿que aviene al i mundo ; y si hó* Se" cuida de - desarraigarlas Guandó son tiernas y/fléxibles, mas • adelántennos opondrán uña mvéhcifile ítísístélicia.' I Tenéis, hijos % tnos -'cHce - fa ^Escritura 2 tMbdjád^ pues .: en y u ¿educación ', y:üCQMúfié^éilQ^alyugé desde Id Inf^ncid. Con solo obséívár-al^ hiñólesde que : comienza á ^ ver la 4uz ; nos Convenceré-' mos^ de que y a es esclavo de' las |>9Sic)hes. Ya es vengativo^» pues se» cdm|jl^ce en '^quéí castiguemos^ á -la -piedra : en r que - tropezó V ó al ániníal cuya '. presencia «le incomoda : antes desconocer la razón*,' tiene'^ ya 'caprichos ; y lo peor es <jue^ aborrece al que se* oppne^ á cellos ^ y , ama al que condesciende con su voluntad : es eruel y desea ensayar sus débilestfuerzas envíos seres mas débiles que caen en sus matiosr^sé fc vémaltrátar^iiipiedadalpajari-iMlOí aunqute dc^pues^ de haberle muer-to, sdéle- llorar * pcu^jue teM£ikk-U ^diversion-^ue^'W ^t(í<:mzlkiX
240 . Xt BAROK DB ROBIirSlCI
pesea pues que. cuanto le rodea le sirva ^ pero siíi pensar que debe tener los mismos sentimientos^ y ser útil á los demás ^ si quiere que lo sean para él. Es menester acostumbrarle al yugo desde U infancia , contradecir sus funestas inclinaciones^- y fomentar el amor de la virtud.
Si se desea plantar en su corazón el amor de la justicia y. fuente de todas las. virtudes, es me^ nester que sea justo cuanto se hace con él. Las reprensipnes injustas , que tienen su origen en el capricho» y el mal humor de los que las dan, son mas propias para hacerle perder el amor de la virtud, que para inspirársele. Nada exaspera tanto en todas las edades, del hombre, como un castiga injusto; y nunca se aborrece al que reprende y castiga con razón. Es menester ser inflexible coa los niños cuando se trata de hacerles obedecer & lo que se les manda con justicia ; y es iddispensable que la idea del castigo vaya siempre unida en su imaginación á la de la. falta. Cómo esta en« tonces le causa siempre disgusto y aflicción, se acos«. tumbra á convencérsele de que el vicio acarrea siempre un mal al que se entrega á él. £1 niño no debe creer que su padre es débil , ni conocer el as* cendiente que el amor paternal tiene en su corazfm^pqtqaQ abusa ent9nces de la disposición de su
gidre,ys^ aprovecha de ella deponiendo el temor, ebe pues ponerse el mayor cuidado en hacer qiue los niños se penetren de que el padre los castigará sin remedio, siempre que desobedecieren á sus preceptos, y de que no tienen otro camina para merecer su estimación y sus recom«: pexisas, sino el de la obediencia y la. virtud^ ,íí : A pesar d^ estas máximas , que. deben so^. 23)ir$e 99 la educagioot es imposible d^^ d^n.^..
ó XA MOJtA?. ML EAÍRADOR, 041^
probar la: conducta deaimellos padres ^^e tratan, ái sus Jiijos oixi den^iada'fJu^ziaf y $" «oonvni ri-t goE ^3CGeMWD',:y qup «e^afcetieoenTdjertn^ les' sbi amoiri^ Já.pa]Jtdi que¿tQa)mi ea «sut. f^ti^I-;} dad; SecmjayoÉe^comdRACtai^^ con^ma
á)lá'^uckcÍDn-qu£']a:indidgeacia: demasiad^* Elí hiJD! que (ve siempre ,e^ su {jadr^^ua sexnbJaate de. hiieiTO! 7 uQ>itt£cmi^M$dip£(í;yté9ít '4e i^uiucit^ díoe^i éj«J€Ktutja y:}^nsd. qüe-yáeiiabOrí^ce el .^fe Ifiifíiál d s£r v' ly ^ podixm^.dfei^O: f aat!UQali<Ueg9.>taQnibíep ré> &barróderle ,i.á atestar. ^ryügo>'j^(jou4$lnCMMi xsive^ y. á deséar.acása;yeiigir$e!ddrque mir¿ po^,^ md .eiaemigol . Laí j inenfáca cyi e;^ dSaimí^ $u^nf jforrreat el(o¿áiactieri dectáldb li^.jpQrque iu iijr^ fBiés&piJiaRri[)alaes> jelíiooihat hXpiSiÁr.^vt^ p^'i> dre , de cuyo corazón se halla desterr^^^iJii ^m^j dxügenciái^Est^'edUicaadiaa M^-mtfl^opés^'iido para hacérloá estúpidos , üoomo los; esclavos i^que^ tiemblan, á la voz de sus dueños , ü hfi»sbf eS( fe^^ roces 9 que abrigan* k tengaiiz^;,en.si:v cQxu^zpny y. que' sem^antes ' al i f útegd } dejp|í n Vplqanl ^t i^a.^ajadi por adentro hasta qüo'lieg^ fil;tíén^Q;de[ ^líirwpT?. cioa.' La' solidez deiaiaUt^ftidaiá.de lU) padfé, qulsr la establece sobre»*eLterror,eaiíi. solidez, d^.uar rio helado : subsiste mientras. du^4 el frió excesivo i pero cuando éste llega á ces^ir > el yelo se quiebra y; sepulta á les que descansaban sobx;e éL: Llega el mohiento -jen . que el hij9 ^s. B;kas ,fbef te/ qae su'^acfre > y feltattdOj^eritQtícpsdEjtemor Vúnir> co' fréna:qüép le^irotitehia); ^úM ílebtr ,, de^apftre*^ ció la autoridad^ y n^.queiia que le detenga;. Si' por el contrarÍQi:un paáj» prudente no enlpfea^ shio cástígos jüsbofe; y casgónaJUes.9 ;f en, Itis ,Qca:«: ^ioáes en ?qub saélmof in(k:k> jdesmeréce y le itialnírr fiesta laamofi^^Aebiliui^^ Y; «h:^
xonamlento y de¡ la Dersaaw)n le hace conocer las réñtajái 4&. la obeaieticia y de la virtud, coa«^ cediéndole las recompensas que mereciere y en«^ tobces el' aMDr ocupa ^imnbiea et corazón del hi« jó; ly á (Jüiéti' t)udiüra con mas motilo faaber objeto de esta pasión tkn natural alfombre , sino al mismo que k áió el ser , y. que tanto contri* lAiye á fitt 'fefitídadl<¿a educación; no ;3eri pueft l6 qu^ débe'sery si eliemor.df> disgusfaf á su pa-^ <i&e^ y 'de >o<ra$ioríarléi4ina. pesadumbre, no tiene rilai^po^r <-i6bre*]í^l ii$o ^ que il temoh delicai» tigo 4 qlde au 'falta I9 icxpusiera. i Hn. rigor pxé9 justo y razonable ir up rigor que fcolq se emplea porque éé^úmtí^ s^ et tínico peonutido á los pan d^es f para que la. Hedndacion corresponda' já: susr espei^nfeás^--''-' ::• >:Ilí:d u. '. -. •: o/ír; -.í ^- . ' ' Peik)' W'sSin^re se necesitan los castigos para enseñar i los- jóveties<rel canínio de la i virtud: las recompensas y los preimios suelen pioducir coa mayores ventajas^ ^este' efecto^ El amor propio, d deseo ^ la glork' y de la alabanza ^: es. una pa«- sioii que bien dirigida y tenieDdopior: objeto la virtud ,-^ede excitar poderosamente á* los jóvenes). Peito las recompensas deben presentar en sí mismas la idea del bien' moral , y rio servir de manera alguna á inspirar el vicio. £1 que premia á sus hijos c<(!yn un vestido dé mayor ^apariencia, con dinero ,^coií un manjar diücado ó ieon Un día • de vacación ^ les inspira el amor.; del ' jiujo , de la avaricia ^ dé la |gfula y de la ociosidad. £1 pa« dre ilustrado y prudente, sabrá. encontrar con fkciUdád medios de reconqpensar á sus hijos , que les 4ns|^ii:en- al mlsji^tieoapo.elfjslmprcfjlé^la. xwh tísá.Elj^tM^'ú^^ al:pa5ea deiiiií^padre,
é ^ d«r¿cfao d^ s^rvifte^ tíiki üe (cercsu ^' «sari . imai
.1^
6 ha; iHBunrrim itMUiA3i>oii. vd^
distinícfioff que le lionraiá & los ojos de tos' otros Hermands, y quq le kispirárl^d deseo 4e ser ijtil' al qtte ht^áió^tsét^ y< .de-rcoi^agrark syji sejv vicios; éi-privüiegto de Uevac itl pobif la iUl^osn» del (itadref y:desef imtcüme&tojide su beneficent tria^ W^Ueiiairi dé;^oria y te harávconocer el mév rito^d^'lks^ lmeQas>aodojies..£lf suizo Kliyogg^ 'Simple labrador ^ coáoddo px^ su virtud :€on el nombre del¡ Sócratest rústico!^ hace comee en tiei¡7 ^aiá si}S Mj^áitíAvasmiim^ jar ; pero desde el mprn^to jífxé. fie acota^oaa en;i<$ eainpo^ y^uese;^pfeBni^,eircultw^ se? gun sus fuer4tasi^iiÓ5:adrniürá sumesa^ cosQO in-* oividttoS'^d^ su familiaj, cbasiguiendo de esta manera, que mirssn^^l trab^jp como honroso , y el dcrecm^iidje-totaefeicoñ wi jpadre como una
• < i El bueá ejemplo 3t¿ otco: de loa medios indis^ |)ensabl¿s>para la educadóm £1 hijo imita nattír Talmente k> quei veenia cc^nlucta desús padres^ y antes lo malo que lo buenb^ De aqui la liece* sídad m>el 'padce de iser.el modelo de! las?acciq^ ncsde siis hijos. £n v^no; les ; predicará : con' sjus palabras y exhortadode^L siioo los instruye jc<m ¿1' egemplo^ ;sus'/s^iB0iie6\serán\stñ fruto; y el liijo hará lo que vea hacetf^ f^cométerá las faltas de sus padrea, ó acato. caerá :eii d extremo jopubsto 9 no nsncB vtc^o^:y.ei¿]mbaL Áú 9e sudie.vér qifie; áena padre avaite salecunl livgQ pród¿f ^ ,:y de un. padrer^pródígooy: fj^^ipaidtor' Uji hijo «varói Ei quépoi: la avadcift^e;5U) padre se viíí privadp üe las cosas Mas neossaria^^ 6Sí xmiy na« <tttrál; que cuando Uega á\2fer dueño de. aus bienes Js^ indemnice' de ^sus;.pasadaSiprístad^ que
-entregado; «t>d€9eé degazaitv ¿oiisuma y disipe
Hh2
mas de la just(^ IW A ccHUrania^ el quefue teis« tigfo de ta ptodígalidail de sú padre y, der la rui^ lia de *sú<casa'V «escabmei^tadd^cte los efjpctos¡;de este ^^i<fi6^ tjroteiiibfoscydé 'lioWí^if^se .áivei^>expúe&^ toÁ lar misefríaqueiiooasioflá^ es^muy^ q^ucal ()ue sb entregue al' lextrchió ^^Adrineá aüserable peo» nomía 9 y <lüe ¡irive de lo necesaria 4, los. que Je i*odean , y á' los pobres de lo qpe les.correspon* de coma sobranteJ Deben pues los: p^t^s^ coor venc^r8¿'de duejitxa&eceniá^susiJiijoi^íel egemplo deli 'Vicfio. y -flei desóndexr^'r;ó I ^e:. verane ^o^^iados «xactaiiiíidntb,'d hiarán que^^m/^jp^s^i^ttc^uea ai otro extreiW)'Bo méndS^fcxdAi^naLt C: cr-:
Pero en lo ;queios ^ padcesi deben jpoaer - toda sji atención es en grabar > profiindan^ente en el coraron de sus f^ijos htsuickasjde JÍeiigi^avy d conocimiento de las verdades eternasíiSn leste auxilio los -ttiejof'es tratados (tfe / m^a'al. isetáíS infructuosos I ipcxqük scdaaL hí.iélgionipu^&^.mejor' rar las costumbres del hombre y bacede.útil.á sí mismo y: i la sociedad eii que orive : verdad: de quecos suponga bien ipei]fitcadQsJ¿I)e.;qiiié apicó* ivecha al ^nombre ^ gfanar itL niündo ^ si . peidiere
^a la péédidaque el hoaabre/experiodente tu sü ealud, eñr sa honor ^uá eis si¿is^intéres|es;y'Sk!mpre "«rá ^sraná y^4¿spÍDeci^ble^ 4i' eo/nKdiai.d^tDdo:|ia ^sñnd^ ^^^lárdarsüt atmui^ p¿£a¡ enrrc^aida al qué 4|lí¿rió^ Yi^kaóiipo^a^ifá^ vi»-
tfar pasa'i¿4}tQOJUi¿6UM:&iiv y ^ hiqnbiie ^ ássamüece. como Ja.ison]lrá..»$Be<^quó seiviti i^ueá i^ haber nadado en las^delics^^ y^el iiiáher, \íivido sit)' desgrattdádSMxcontratieipp^ ¿ uoáiedeinKJad úi¿ misóla y^dt^íúíx^Ksigúé' í'jQú.(SKtxi «interva»*
ó tA 'MOBArriEBE XABR AftOR. '^46
lo deplaeer? La'iiripóifanda ái tá^álVacíon détfe ¡excitttr . á Iqs i^adres áí comenzar la éducációii ré^ ligiosa de sus hijos desde su misüi2í ití^t\ ¡msh pifándoles el temor de Dios y el aborrecirnieato del pecado- La ex¡steí3LQÍ^.ig,uaI)ios, que habita en el cielo, y que observa desde alli todas nujesatrasf^ccionesipara' premiarlas ó círs^igairlas, es una verdad fácil de imprimir en el corazón de los niños para que; se acostumbren á estar siempre *eala|sresebeia de Dios , y altemor de desagradarle, No: es cnenos necesario persuadirles , que Dios /es un Señor de quien dependemos y dé qúüéñ Viejaen todos los bienes de que gozamos ^^^ |3ara que se acostumbren á serle agradecidos , y á dirigirle á>él en sus necesidades. Estas y otrá^ vérdá*- 4es no menos importantes pueden irse grabando en el tierno 1 corazón de los náños de ütí moüb ^sencillo y que fto exceda 'su itíteÜgencia , hasta .<Jue á medida qué -su raé¿n se «désienvuelva , sean susceptibles de otras verdades mas complicadas, -que se les harán aprender por i^edio del estudio :y»coá' laiayidaidáJtos^tóinistrós del altar, y ¿fe 'bitienpsl nia«st¿€^v^^*^'^í^d^;l^ 'pa^^ iilí> púcEé-
pfarte^oómo ^eni'loqü^ atiene Wlaéion'ctííi'á^^^ íuas' costumbres / ¿ada^debe ótnitirsé^ d'e'cüáfití) -p»e"dai contribuir ráaWaigai? en^ los bíjfos la treeir- 'cbdelás v«r4Íadesí^vélada* y^l amor d^ ía^ vii«- tad y él hornor 4¿tel^'^itio.' ÍPíenséií lá¿ ^¿áres
sangtQ dé stt' Hijo r<jtie sote sé-'lfes- há'liécMb'a^
ÍM6 . BL »AMVm ItOBIKSÍ
citará á que les procuren la educación moál y religiosa de que depende la felicidad , para la cual fueroQ criadÍM* i.^i i
• « . /
J)e hs deberes de JoíS\hiJ9s acia sus padres.- ^
Honrareis á vuestros padres y á vuestras nia« dres y p^rA que viváis largo tifempo sobre la tier^ r^^que os dará el Señor /Dios. Este^ precepto, qub fu^ uno de los diez* que él Señor dio á Moyses^ coQtiet}e los deberes de loa hijos acia susi padre'^ porque la obligación de honrar lleva consigo la de amar y obedecer y respetar* Dios es nuestro iP^dre y de Dios es nuestra vida y cuanto tene^ mos; pero las personas á quienes llamamos pa*- dre y madre, han sidd los instrumentos detsa poder. Dios se ha valido de ellas piara darnos la vida y para cuidarnos en^ nuestra infancia , para formar nuestras costumbres, y para contener las pasión^ de nuestra jiwantud : las ha t asociado .á ^u paternidad, la$ h», establecido. sus lugartenientes en. la ^erra. Ppirrfest^i quiera queJQSihon-o ;|qei|iQs^ «conip .eiPnujcipíquieireíque Jos gobeiinajdpres que énvl^ á ;las provincias sean honrados por sus vasallos. Por esto se ha manifestado tan zejoso del honor de los padi^^ que en. la ley ai^ ligua' ma^dó secsistiga^e jcon U pena dei niuerte ^al|hjjp desol3e4ienj:e.é iosubordmado. Si un furntr' br^ttefifi[mi hij0^ rebelde é insolente y dice el Sb- |ñor en)f;)I^euterono{nio,'$u^ iio obedece; á su pah Jre nf 4^^u madre y ¿ pesar de habérsele reprerf i^Ío^%^^? \Sií \h prenda j^ se Je conduzmá ki
ó lA UÓHAL SSt LAtnAtólt, 24?
tasta qu$^ muera ^ para qtée 4$pafteis el maldeíek^ tre lvúsúi»or\ y papia que tíemhle Isrtíel cóH eíté ^mpl(HPot'<m>^mfárkii:o stsQjetÁ ñosold á la Virgien Mária, savoiadtie i^^ádtera e]> cuanfó i SQ sacfátí^Jna humanidad ^siúb tat&bien: á su pa* dre putativo san Josef ; y por esto 9 próximo ya 4 espirar en el madero de la Cruz , no pudo re*^ solverse k pasar á su Padre ^ sin rigcoix^hdar ati^ tés á su piadosa'Madre al cuidado^ del discípulo que mas amaba.
Los padres nos han dado la existencia , y nos han educado en la virtud ^ han sufrido con bon* dad las incomodidades de nuestra infancia , nos han cuidado con la mayor ternura, nos han amado con él: nlayor extremo en una edad , en que nada podiamos por nosotros^ y en que sin el amor con que nos trataban , hubiéramos perecido irremediablemente. ¡Qué motivos tan poderosos para que les consagremos nuestro amor, paraque Jos «sirvamos y respetemos, y para que acudamos á su socorro cxm todas nuestras fuerzas y facultades! Con palabras pues y con obras, es decir , de todas maneras debemos manifestarles nuestro amor y nuestro respeto, para que nos bendigan, y para que su bendición permanezca con nosotros hasta el ñn. Consuela á tu padre en su vejez, dicen los santos libros, y no les des pesadumbre durante su vida. Sufre con paciencia si su espíritu se debilita con la edad, y nó lé ^fesprecies cuando llagues á ser mals fuerte que ' él , porque la caridad que hubieres ejercido con tu padre no será olvidada.
Deben los jóvenes respetar la inflexibilidad de tuB |xi(^tes cif^pdo contraddceii sus inclinaciones cir ün» edadr'eh ^[ue kf ^paáofiket fogCttas^ y fi'mo*
iueronf 9Ult':^pg^!;s^sbfibtettro&lea lá (itt^ 1^ jdeben Ser isu^ tgi^^s ^y su^ conductores" en la ju-» jfentudL Su. autorícUci . em aecesaría p^r^ ndl bien 4e> si4S^ . h¡ja»-)C5»arid9 «iñtfl ^ . y : «ft r lí^ és . wmm iüuaiiido soa j^V$QdSij.i|Hirt|ue la itQpetuo9Ídad de las pasiones produce la- ignorancia en aquella .«edad , como k debilidad de la infancia la.prodi»- cia en la niñez. !
En la elección de estado deben contar los hi* jos coQ: el.conísentírmento de sus padoes^ para nd faltar 9} respeto de que;les son deudores ^ y! paos no exponerse al peligro de: ercar en el negooip mas itñportantev No: obres i^ hijo mío :^ sin^conse'* jo, dice el Eclesiástico ;. porque si te aconsejas, íio te. arrepentirás de tu resolución^ La experieii'- cia del mundo, el) conocimiento.' del loarácter de los higos , y ü .interés que i tienen* los. padres en procurarles la mayor felicidad posible, son otros tantos motivos que les aseguran él acierto, y qite }iacen indispensable su consejo en los que desean proceder con cordura en un asunto de tanta tras? cendencia* Las pasiones impetuosas de la juven^ íud, la inexperiencia de la vida ^ y la ignoran^ cia de las obligaciones que cada estado* lleva con? sig% popen á los hijos en. peligro* del errar, y d« no conocer la: voluntad de Dios; pero lospadres^ }íb?e§ de i estos, defectos, suelen- ser los conduc-^ tos de que el Señor se vale para dirigir á los jóf ??i^nes.$egan sus cámkios.) "\, ^ ■ 1
;; r ; S[i^ffift>bárgo. de^esta doctrina general , cfmo^ h,Q\ii^^a»\;^k mi&^o^ :padres débis ser 45UiM?^
Ó'tA MORAL Dlt XABRAJDOR. 249
diñack á k de .'Dios , si fios mandaren cosas contrarias i su.ky ^ entonce^^ y «c^lo entonces esta* Temos autorizados á dt^sobedeperlps , sin £altai: por esto al res|)etQ y á la moderación , y sí» ckr jar de serles obedientes en todo lo demás <}ue no fuere contrario á la ley de Dio& Para ser disctpulo de Jesucrista es menester aborrecer al pa-- 4te y 4 la madre ^ esto es , es tnenester amarlos menos que á Dios^ y saber désobedocerjps con fírr ixatzíí ^ si intecttarén hacemos' faltar 4 los debefi^ >que el :Señor, ños; impone, X' ; > ,
W naturaleza: há señalado idbs époo^s eü la •vida 9 en las cuales el hombre no piuedeí subsistir por si mismo , y necesita del socorro y de la asís* téncta d^ los demás , iye^tas. épocas ; $0a la in- .£aticía y> la, Tejéz..Por eisto: deda uo. )SÍbío ttiodeii- -no: en la. vejez de. vuestros* padne^ i temad pre^ ' senté 'Vuestra Jnfancsa i y este: precepto, de^ Rioctl : contiene todos nuestros deberes por lo que respecta al amor y á la asistencia que del)emos á -nuestros padoes. Sk cüaddo recamos. tiiríps tuví* mos neceádad dd su: amor <y :dQ' i»U.x^iila.^ <;a : contribuirnos con cuanto pudiísiós neo^ait^r p jusfto . €s que cuando nuestros padrea ae b^lan coostit^ui* : dos en la ancianidad , y necesitan , de nuestro • amor y de huestro cuidado , se los prodiguemos ■ con el nuismo. c^rifíojxon' ijue^nos. tri^tarom ^
- iuiestra niaez^j En !áq»el estado d€ impotesda,
- de ea&rxnedádí v: : de; falta . de f uersa^ , «n ^ue la iv^t. puede coletear :A miestros^ padrcís , acorde^
monos de nuestra niñez ^ y>tdngamos á gmnde \dicha el poderles manifestar auestra gratitud, haciendo por ellc^ lo que con tanto, ^amor bmíron por nosotros. Nuestros padres nos alimentaron , poniéndonos el alimentó en nuestra misma
boca : nos líbéitaf Oii de -todas las hiteraperiés, cuando no podiaitióS servirnos d<e oüestros miemr bros: cniditotírM nuemo sueño; no se desde^- •ñárott en: maniefifeeODs eft Ja lin^pjefca y en el aseo; sufrieron totx amor tódks las incomódidar dé$ que les causabamosVy curanto roas agudos eran nuestros gritos, cuanto más porfiados eran nuestros gemidos, con mayor ternura nos §stre*- chaban entre 5iis braaos^r' Xrabájaíban» pin ^des¿- •canso por nuestro bien, se prívatem de toda co^ modidad, solo por ocuparse ¡de tev nuestra; ¿y
Sodriamosrperdbr la methoríafidetaáto amor ¿uan* o los vie'remos en la necesidad ó en lai impotencia de la v^jez? Sala rasoade nue^ros^ padres s^ •llegase 4' cÁsowt«cer pon:.lar andainiéad , fó fjbrks ^miserias denuestiia ^fragy:>natUrakiza: y ácprd^mtí^ -nos que^ en nuescta'<mfiear* tambieri noáotros ca* 'íeciamós de raionv y (sipiíefnbargo detesto eramos el objeto de* su ternura; Si el disgusto de una vida penosa, llena de enfermedades y dolch -res ^ tos hickse^com0^iiffieiisilftes'áíinuesti?a:^4^n^ cion , ié-íñdiíeFd»t€s"t»l.amor cori^qUe losítrata- * inos ^ y «ür- dwigffeseni pí^hrasudmas y ;ei!í lugar -depSih^tm^úé mxímsLq jacoisdiemonds que esta era nueséra^ conducta en li riiñezj, y qde lejos de ' conocer la'gfíititud,, nos dfegustahamoi de la limpieza que- ^e ^jaos procuraba fj p det ^ñoísmo ibien e i^e» se v^ biciat íNq plvidi^nnpáí pnesinuestra^ni- ' fie2eií*fti|igtttiaié^>oéa íde la* Vida W nuestros padres ,'y^ siendo! «m- ellos lo'i^p^ TOtobces fueron para nosotros: ^ habremos cumpUdo exactamente con el precepto de' honrados ^ ¡de 'ob^decerios y ' defamarlos. ' ' ¡-^ * '> '■"': '^i í:--'^ •^i^í < • • \: \
6 LA' MOKAL peí. I^AfiBAPOK. 251
* 4
-i! J}e^ií^ deherfs 4^ los piff:kivi^s entre si. i
' Lá proximidad del pareotesco establece una €specíe¿deiíjmktadjnat«J»lj),fi^nd4da eQ el orír jgen común jde todosuaqwiíUQS pop ¡cuyas vpnas;wrfe^la^ násma sa^re¡.£a los^prJ^rps tiempos jy 4mundó¿c8uip fadülia cc»níx)rüá;ua ^tado, puy» -cabera e^Bl paicríái^^ü^jdgenccimun d0 todos süi individuos:; y á ta:íí$ituráleza y ia razón íios ámpcMien debere&mas estredios ida los miembro^ <le:niiesiiamistnasookdad política^ es idedr^áciá nuestros^ paisanos ó compatriotas^ itrooMCuanta mayor 'jusiiciá Qo^créDOiiocefemosobligadosjn^^ •porticúlarmenti; áela< las^ personas que pertenecen Á nuestra misma famiUa ^ y á las cuáles nos ühe iel vinculo de la sangre? ^Nuestros parientes se r^ igocijan en «luestra ¿prosperidad ^>iios acompañan y consuelan en las a^ersidades, nos socorren -81 kr peee^ambs^ y: Jiós defíetaídon cüafido sé atasca á nuestro honor; Lesr confiamos nuestros seerd* "tos 9 segaros de que se interesan en^ nuestro bien; y acc)st4mbrad<>s. ái tratarlos con confianza é imi* <imda4 f' ¿%'titaprMiGÍ cón^üs auxilios yj consejos de otra manlbKa:>y j)PtK>n^ otira>ség^uidad que con los iéktráíkis^ -Estas* rdlacione$ ctienen «ieáiastadá im* 'portaiida ij^ra 4itd^^ no>produ¿can óbligacúráes ■ particulaíes ;> y aá es que. en: el! orden de la cattidáDd i y beneficencia nu0St|t)s : parientes entran antes que los Iquelio lo son> Siialgun individuo «pues^de nuestra ífahiilia se viere ten fo necesidad, 'ataremos, mas esoTfcl^mknte obligados á::socor-
Ii2
rerle , y dd mismo moda le deberemos asistir con nuestro concejo y jqegtya protección , en los casos en que: Ja hubiere menester.
£n general sucede , que el pariente que es mas iStit i su fkiñiifía^ i^erce sobre 'todbSiSljs individuos cierta autoridad , que se debe recono^ ter' , y respetar por todos los que disfrutan de sus ventajas. £1 que profóg& es siempre superior i Sus protegidos , y eV interés der iestqsi exige J9 subordinación y la deferencia. ¡ Cuántos recuxr ^s tiene una &milia bien> uñida 4 qiie. faltan i aquellas, en las cuales se. iia ihtirodücido la^es^ unión y la discordia ! ¡:Qué ooijsuelos no se dis* ))ensan mutuamente dos hermanos qu^. se aman xk>mp>.tales! ]U)sihijoi deljiÜK>.!norqiiedArán huérv- 4^nos'por U muectedqsuipaldm^ji por191e.su úo 4ds tomará bajo su protección > )y los 'cuidará jco^ fflo á sus propios hijos.- Solo las pasiones han p^ :dida introducir la desunioa entre to& paneoi^es, -y .sembrar la discordia- entrie unc^ séres.^ que la oísturalraa y ila^ raíto unep. d» «ui» rmQck) ta,a jtstreche. »; * , .-i/.i/ ' - v.- <..! i.j : :/ .1:1 ■,-) ^^ ~: £1 orguUoiyk vanidad de- los. mas jopulenr -tos y faKVoreoidos de la fertáina ( suele : jasiw arles ; el deprecio de aquellos parientes !suyos 9 i quie- -óes la desgracia condena álámisería ;:y en es^ :¿aso ó'k»: t7atahixx>n altivez^ fiasopoctable^^ Óiles ;>niegan los sckcorrosá^^eestao obligados r^ ir > - ; £1 .' sórdido tnterás ^ el amóx desordenado ; di^l •dinero excita^ muchas veces jriekos ifóust0s,i.sieni- -bra la enemistad entre los miembros de la fatnilia , y arraiga el espíritu de óáio y de, rtncoj, ■: que mas de . uba vez: se hace hereditario. < . ^
La demaskda JamiUaíridad con que^suelen -tratarse Jos ^jjentes hacei qu^ iaiprwiieaciaii^o
refrene los defectos del car4cter j á d^ l^^educ^r cionj y de aqui las disputas y las desayepciicia^ que comepzandQ acaso por motivp? de; ik^m^not; importajiGia 5 acaloran Aqs ániíjios v producen movimientos de cólera , ii;iconipatÍDles , «qoxi 1% ainistad. . . ... ,,
^ X.O? que no tienen hijos suelen mirar cóp.<5dÍQ á sus lierederos , á quienes suponen sin agra^lf;-?
cimjiento,, y ?^,^^ ^Í^WP^ 4^ ^¥^ ^ fe^í^A^.W Ni corresponde dej[usticia« Pe aqui, se sigue, quecoor
¿ucídps pqr ^steerrqTj, Ips aborrecen y desprer gian, hacién<%)le5 <;omprar coiQ el.^ufrimfeptofaf ventajas de 1^ : sucesión ; y como no es dado á todos er contener su resentimiento^ cuando >e^ perimentan tratamientos injustos', suele quebrarse para siempre aquella unión de afectos y voluntades , tan necesaria para la prosperidad de las familias.
Semejantes defectos se debet^^vitar, si sedesea la paz de la familia y' el amor de nuestros parientes. El ip^s opulento,, en^lugar. de.^scoioqcér al miserablp , debe einjjlejar sús.;biéne^^5i sc^prrerle ,.y 5Üs luc^s. en dirigiríev5|V0n7w 4e,§r joixíenado 4? l^s, i^q^éza^* n^ Ide manera ,' que empreu^^^^ pléytos, ínjust<p¡j; .contra nuestros prógimos^ 5^ muí^ha ineqos con^ :^a ¿Mejtrps pari^%s^j c^
líatenos. La lamíliaridad y confianza con que lojs tratamos, jaipas nos pue4e autori2?ir á que* les faftemos á las debidas átencíon^s^ y el proverbio ,con hs de casa siempre se queda bUn^ po débp servir de regla á nuestra conducta, Su doctrina es falsa y perjudicial , porgue lejos d^ ^^tar di¿. ^jpensados d[^ la urbariic(ad y cortesía acia nu?^
ÚS4 ÍL BAROW DE ROBTNSKI
tros parientes i debemos distinguirioís y contar con dioisen las reuniones , en las fiestas y en los convites' y sin olvidarlos pata preferir á los extraños. Sus defectos deben sufrirse cuando no pue-^ den réínédiarse j ' y nuestra indulgencia debe ser mayor para unos individuos con quienes nos* unen lazos mas estrechos. El temor de que no nos serán agradecidos aquellos á qüiénjes dejemos núestrit herencia, ó favorezcáiüos pot ottos tWedios, tíódütíé' autorizarnos párá ftíftár á íói^déhkrti de la jusü.cía; jorque esta Virtud,' y 'uh óbrazoñ huetid di^tiériíahr todo cálculo de mterés i y nó es alma grande la que solo hace el bien para qué iselé agradezca y reconozca^
— 17 ' ^t') . ' » '):»
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Entierro de Lucas.
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í!ta feúcas 'üri resbetiabie anciano. \ qpe eh la •cdatl de noventa . vi dos años 'rri anejaba ' tjidaVí á el á^ádbh. Tuve Váms v¿cés ocákiotf deadblrarfé; ^u¿nd6''d3i^igúmóS';'nuéátfO paá^éo áda ía Maídfe de La vaí y. y ^1 Bá ron no dejaba jamiá de ' acercarse á hablarle j'eüandó páááfea'moí; cerca de sti ^cabana. patáirtfi/MkkéWáÜ iáatóA, fmmtíí- •carie' sus broyédtós'^'tem^^ i^'^'tófetórsü'fttó-
•' .^ Sutótütó dte'tóá'de áels^p|ég^ és^jaldas, su tostado róátrOjSiem^fejovíaí y placentero , la calma qué reynába eri sU frente , su tabéÜó^bíahcoL lá limpieza : de su porte , Sus brá- '2ds nerviosos ; 'todo le dabi uñ ayre patriarcal, •todo' ihfepirábáí^eí respete* y la veneración dé sii
ó lA MORAL DEL LABRADOR. ^S ^
ípersona. Murió este anciano á resulta de mna enfermedad de .4q9 semanas , y. babiend.Q, r$ci|3)4o .<il aviso, de su muerte por el señpf cura de san /Juíin , dfterniinó el ¡Barón 3si§tir g sv ?iití,erj;o .con.todíi su familiat _., , ,.. ,./;
*&1 cadáver ael; anciano habia. sido conducido á la iglesia parroquial por lo^ hijos y nietos que Jloraban 5U;pérdid?ii, desdeJa ,caba|íft f|:^qvie murrio. ^ y por disppf kipó ^r^ñqr^cvr^ se vl^abia .colocado 4etr^s de la Qabe^era del féretro,, sob^e . un t^bladiío ,r^. hecho ;4c¡ propósito., los séncilíqs, .pero interesantes trofeos del difunto. Él arado y el azadón ^ la pala y la segur, que manejaron sus .^uras nianp3 jara híícer pro4lJctiyo^urí terreno erial, desaloJ8n4Qd(ei sil superficie jos, árboles iplítiles y las plaric^s jestériles.que le cubria^ti; y la 1 guadaña lenof ni^ ^e que se. ^xy\^\ para, cortar l^is .ínieses y los prados, ofrecían el «ímbolo de Ja 4tnuerte , y el titulo de gloria de. su laboripsidi^d ■ y de su cpnstapcjft. Diez hijos, y rijas de tr^itjfa . nietpp , lloraban. en tojnp ^el féretro, y todos Ips ,. Jabrawpes de san Juan habíari concurrido á ' §u .^pbsequio fún^bí^t ;> . . .:'. ;.\ /.! , , Concluidos» los oficios con que la Iglesia mívlitai^te encomierida sus hijos ala xiilsencQpdia, del ,, Criador 5, recordándole la fé con quei^r^yf rptj en jesuwstpy lar.esperániía: «pe. í^yj^rpíi; §n,.?íis -pí;9ín??as >,,np$: íJirijin)Q5:,.$p<;|gí§. ^J penjiept^rio, y acompañ^ndp «l^fupef^l^ Sejs Ijilya^^pf ép,^^ padjes .j^e fswiliay Heya^^ el ga4áy^r/,.;y cinco jóvenes 19 Segui^9 ^on,lo&.tS9feos.,I4íg%djps.al lü en qiieilas c}ase$:.dq5íEareqei)f^^y;jff?, que los cuerr -fWS. fioij^; éfttreg^JÍf?^ 4. M.¡tififf ft a^^Pír^i^er^r. Ja l:^^rreccion^í^ sg^^olpc^ fil gp^vjeí sob;;§..upa,íne- . »a4fii)4?d{a^j4^1^ijftg de:4^, ¡cruai^, yj- rp^^^. á
2S6 " BL BAROÑ ]>E ROBm<;Kf
él todos los asistentes, puesto en pie el señor cum ' al lado del féretro , pronunció este discurso :
^ Estos son , mis amados hermanos , los re9« ' 9>tos de un mortal , que según la exactitud coa
»>que llenó todos sus deberes , piadosamente <te-- ^ 9>bcmo^ esperar que ha recibido ya de su Cria^
t>dor la recompensa de sus buenas acciones. El •^fWfecáno de nuestra parroquia; el virtuoso , el faon- ^ Mtado Lucas y es el (^ue ya falta de entre noso^ '^ wtros y á cuyo cadáver vamos á dar honrada sevf^pultura. Pero permitidme , antes de entregarle
.wá la tierra , que yo le proponga á vuestra iml-
9>tacion ; permitidme repetir lo que y« sabéis , y ^ «^deciros lo que ocultó á los hombres por su mo« " »»destia , y tne fué rebelado por su piedad. ' ^
• . »> Apenas llegó Lucas á la edad de veinte afioi^ ^ »cuando perdió i sus padres , pobres, perohpil- ' forados jornaleros del cátepo. Su herencia consis-
• >>tió en algunos instrumentos de agricultura , y ^ f >bn los acasos, muebles de que se servían. Hada •' #í ya ocho años' que servia Lucas en casa del la- - wbrador Ernesto, y había economizado la ftra-
>fyor parte de sus salarios*. Su fuerza fué «iemplt^e f>superior á su edad, y i la edad'de catorce años
• iwse hacia obedecer de dos enormes bueyes en todos ^'wlos trabajos del campó , y gobernaba el carro ' 9»qUe cóndütíah.'Sü inteligencia hada dejaba que
• ♦>deséar,'y;Su aplicación hácta inútiles tas órdé-
• t^nes del arwórttr quieta servia. Aunque -én él salto y en la lucha vencía á todos los Jóvenes del vá-
ffUe, prefería -emplear los días de fiesta én asistir
' fíí todos los oficios dé la parroquia,; y ett hacer
-fíéompáñía i 'saá* áiibianoá ^jiadres. Alá rtiuefte
-fíde estos conScíbió la/ñoWé' idea de íadquirir uáa
¿ fJptc>pxedád'{>or el medió áii^ Justo y^na^ural 1al
--V
6 tk MÓRAr DEt' LAKR Al>(«. 2S?
^Thórtíibire , que es el del trabajo. Consultó á Er-^ ^nésto ^ y este lo aprobó. Al eaorr^mo^de Gües^ >>tro térmico, y ádia la paim^idelLaval habia »>ün bosque inmeDSo , qiie i^iofrecer ya sus ár*!' fiboles antiguos , cortados de antemano poriiues* »tros padres , estaba ocupado de plantas sin va-? vlor, de maleza y de abrojos, y su terreno dea* »'igual no presentaba sino peñas y guijarros es^ ntédles é ingratos* Este «urcaio fiíe $in embargo Hei que deseó Lucas ^ y el ^<pie consiguid que 1« »>municipalidad 1^: cediese sin remigáancia , por-» yVque todos los vecinos le estímabaii, todos ala^ yybaban su fuerza y su honradez. Colocóse en ^1 con los instrumentos' qü€^ heredó de 3u padre^ >>cón el (Cotilo caudál^^qiie iiabia ecoiooaiizado de >>!su salarió, y ^cbh>aíljfttnsod(irro (que:le düspensó ' f^el buen S^i^estiPieá'^fraátcfikiiénraide sus bue^ t?nos servicios, y en prueba^delanior que lepro^ »>fesába. Una pobre cabana , construida con las 99 ramas del bosque, y cubierta despaja decente*^ t>no i fue su prímiera halbita^ion , y* desde alli sa«- 9>lia atites que el sai dorase las cimas ; de los Al* 9>pes, para trabajar en su propiedad, y. para áb* wponer al eultivo aquel tprreno ^ tuya dureza é »9Íngratitud; solo se podía vencer por los robustos wbrazps de Lucas. . <
y» A pesar de su constancia y de sus esfñenos f>tuvo q^ae * conocer* la^ n^residad 4e una; compa^^ f>ñera. Si estoy solo, decia; el cuidado de txú ca-» nbaña y de tíii alitniedto me distraen muchas ve* 9>ces de mi trabajo, y me ocupan mas de lo que f>quisiera , y si consigo una muger honrada , que fffanite mi laboriosidad , estaré mejor Cuida<&i.ef» f>mi cabafia , y adelantaré mas en mi proyecto^ pSt resolvió pues ^á pedir, la nlano de la honradsi
2£»3 « St HAROír OB-RÓBINSn
njusdna : diéronsda sus padres ; y una vaca d^ 9>cria con algunas provisiones de £rutos fueroa t9tl dote que le llevó-. No iñe empeñaré , parfpr y^quianos niios , en seguir paso á pasío á este hon* 9>rado joven en el trabajo inmenso que tomó so» 9>bre sí para reducir el bosque en terreno ütil^ y^hasta que los. hijos que la Providencia concedió ffk tan buen padre, pudieron ayudarleren la fk^ atiga* Vosotros conocéis las dificultades que def»bió hallar en supobreza , y en la ingratitud y ^'desigualdad de aquel suelo; ¿peto qué no pue* 99d& el hombre cuándo se enipeña e{i centrares^* t'tar los obstáculos que sé opoi^ea á sus ideas? ^> Ved. es tatf. manos (alr decir estq. presentó. el se* t'ñor^.cura^al auditdrio ufba; 4&i Ai^^^pció^s. ma« »mos d¿ Lucas) yedbs:en0;|^QÍ4as^c9aieí itraba^ »>jo^ y cubiertas! dé'jilQa<:|ifteltiiQpe)ie^K:abl^ 4 los ^abrojos y acias: és|>ia^¿ estas. tbaposí ríanlas <]ue '^rindieron ia^ dureza dé los péñas^qs ^ , las que ♦ídesterrarqn^las plantas infructíferas f hs que ^^desysráiaronr cien joril^adas d^ itierora ^ jas iqu^ f 'hicieron productivo jeste grian terreno^, tqye di- ^vididoefjtre/susbífos^ les asegyira lioqradasub- «isistenda , y la^^que yo presentó á vuestra adr t^míracion. (Al pronunciar el s^ñor cura estas pa- «labras los hijos del anciana np pudieron- conté-? fí-nersu ternuira^^y pac un ^oviajiea^o injirolunMjtario SQ arrojárto á besar; : la$. ma^Qs 4jf . sii pa«% ffdré.) ■.•;.• '--v \ \h., ^ ,?■' ,. .y , '; .^ ^ ,
: ; j^Pérafiíerza.^i qae^o» iiiable;d^ su pipralU »dad. Fiel siempre á su Diosf^usantificó -^eon e^ «descanso y con la piedad los diaSiest^vps, y las^ «^cuatro estaciones delañp con $l.4yÍi|Ki3^ ^ íIuíS Mtéraporasiyí con: los santo* 4dcranjeiitps*:Aft^ «de salir ¿í sol ya. babia ' álabadQ con^ . is^x fainilia
ó LA MORAt XHBL tABRADOR. f^
i>al Padre 3e lá luz , y. antes de entregar al des^ ^'Canso sus &tigado^ miembros , ya habia, ex^mi* tmado su conciencia y pedido al Señor el perdoa ^de sus faltáis. Santiécába el trabajo ^ ofreciéndole 9»á Dios^ cómo unapenámerécida por el honibre, 9>y jamas tomaba .«& álimesnto sin agradecerle los »>dQnes que con&saba recibir de su mano« Una ^mube desbladorá era' mirada por él como un t^efectx) de . la Providencia ^ : que quiere probar i^nuescra conformidad, á la yoluntad suprema del f>que todo lo pi^ede.;. y cuidamlo siempire de no txdesagradadé 9 encontraba en el fondo de su cont^cijencia lá paz interior , aquella dulce paz que >mos hace felices en medio dé las adversidades ^>,de la vida*
i «>£dacó a sus h\)os en el temor d^ Dios , les •»éQ^eñáiá.trabájar,*yén esta parte era inexora* »>ble , y Jps. 'pioporcj¿tt3Ó enlacen convenientes, y^díi^doles el terreno que podía bastar para man* ^'tenerlos, sin reservarse para sí mas que las dos ^^^suertes próximas á lia cabana, en que vivió con nsu hijo Matías^ después de habéi: acotnodadoá tAtodos los demás; ' ? ' ... ? • .
yiRartió con los^ necesitados el sobrante de sus Mcosechas , y jamáis llegó un pobre á su cabana f>que nó fuese socorrido con un trozo de pan. í>Nunca tuvo disputas -con sus vecinos ^ cuyas 9'propiedades respetó siemptQ. conoo sagradas: su- 99po que habia uno que no le amaba , porque el «^terreno desyermado por Lucas, absorvia las naguas , que antes bajaban á su campo cargadas nde los despojos de los vegetales del bosque ; pero 9>este vecino vivió siempre en la persuasión de fique Lucas ignoraba su desafecto : tal era su tógualdad para coa todos[9:y tan profundamente
Kk2
>»olvi<iábá los agravios que redhiá. En |¡>iiíit6 >»obedecer á las autoridades , vosotros sabéis que ^el anciano Lucas era siempre el {«rimero en la v^obediencia y y que > él mismo, acomp^aba á sus fiiüjds cuando los llamaba . \^ cooscripcion para t>9ervir bajo las banderas /'de k patria. r * . •: 7>Cuando el Señor quiso llamarle para si, y le s»e(ii^ió su ultima enfermedad , la recibió con en-« í9«eni* sumisión i sus órdenes. Agradeció la visita nque le hizo Dios en su nlisericordia , puso los v^ojos en Jesucristo crucificado , y le pidió que t'pues le concedía la girada de asociádeá sus pe^ 9>nas 9 y á los dolores de su muerte , ie asociase ^^támbien al espíritu de sumisión, de pacienda 9>y de dulzura con que sufrió en el madero de la '>Cruz. Sin ' dejar de temer , ' esperó con firmeza >»en la misericordia de Dios;^y él inismo sufdieó t^ya en los primeros diás dé su mal , ^qüe se, lehi«- »^ciese partidpante de los sacramentos con que la '^religión de Jesucristo dispone á los mortales de 99SU gremio para el tránsito á la ^eternidad. No fyhabia esperado á su> enfemkedad^ ultima para »»arreglar sus asuntos temporales , y de ésta ma^** «mera pudo ocuparse todo en> la áalud dé su alma. oLlanKS á sus hijos y á sus nietos pocos momen-^ »>tos antes de morir, les dio su bendición, y les »^dirigió estas palabras, breves á la verdad, pero ^'dignas de un discípulo de Jesucristo: f^ivid siem* fypre , les dijo, en ¡a im^or unión , y que el amor ny ¡a paz reynen entre vosofrosi trabajad y seréis fy felices , y jamas olvidéis que^ todos los hombres fyson hermanos ^vuestros , porque todos somos hijos hde Dios.
> »7£ste era Lúeas:, hermanos miosijél era la ifgloria de nuestro valle ^ y «1 adorno, de la par*
6 EA mOSd^TXEt rAKRABOR. fí6Í
^íroqüía ccmfíada í( mis débiles fuerzas. Lloremos ^pues su pérdida , pero consolémonos al mismo -^tiempo con la dulce esperanza de que Dios , que :f >premia las virtudes ocultas , y i^e perdona con -f>liberalidad las faltas de nuestra miserable natu« :9>raleza , habrá perdonado abundantemente las nque pudo cometer Lucas por la fragilidad de su .^sér, y premiado con un descanso eterno i este ^hombre laborioso y que tanto nos deja que imi-- ^tar. ^si sea. ''
Concluido este discurso, se procedió al entier-* 4ro de Lucas en medió de los sollozos, y de las iágrimas de los asistentes , y fuializada toda la ceremonia fueron conducidos sus hijo& en medio del acompañamiento á la casa del hijo de aquel £r^ cesto, á quien Lucas había servido en su primexa juventud, en donde se les excitó á que tomaren una frugal comida , ofrecida por la amistad. AI regresar á Colombier continuamos la conversación sobre Lucas. ¿Qué le ha parecido á vmd. me preguntó el Barón , del respetable anciano que acabamos de entregar á la tierra? —Me ha llenado de envidia y de ternura , le respondí , lo que nos ha referido el señor cura en su elogio íiinebre. £1 cadáver del mas isobeifbió conquista dor , el del potentado mas absoluto , estajrian muy lejos de excitar en mí los sentimientos que la presencia del: de Lucas ha hecho nace^ en IXH: cúrazon. ¡Ah! señor Barco, ootttinué: ¿y por qué no son cotíio Lucas todos los ^hombres ? ^Por qué ño aseguran súí -felicidad por unbs me^ 4ios tan sencillos y naturales? ¿Por qué ño sé ^ma el trabajo como fuente de la virtud?-^ Jüs« 4ifa$ son vuestras reñexiones-, me respondió el B^ f9nk Ciiando meditamos solnre la tratíquilidád en
t562 . EL BAKOír DE RÜBWSICI N
^ue viven- estos honrados labradores : sobre la facilidad con que en sus corazones crece la vir- 'tud : sobre el contento de que disfrutan á la vísn ta del campo que sembraron, y de los árboles que plantaron: la salud 4e que gozan, la serení^ dad que acompaña á su sueño, su exención de cuidados y de disgustos, y lo que es mas que todo , de ocasiones de ser viciosos , y que todo es efecto del trabajo y de la laboriosidad, nos es im-> posible dejar de tener envidia á tan feliz destina, .que los conduce ^1 puerto de la otra vida , sin haberse visto expuestos. á los peligros que el temí- 4)estL]oso mar dé este mundo ofrece á cada pasó á los que navegan por rumbos diferentes. No pocemos dudarlo : esta jes la profesión , este es d ^estado en que con nías faciUdad es dichoso d Jüombre : los vicios no se acercan á tentar por la noche al que trabajó durante el día , y las oca* piones de quebrantar la ley le faltan siemjpre al hombre laborioso.
. De ¡0^ deberes de Jps. amos acia sus criados.
En cualquiera estado. en que veamos al homíbre, le di^bemos.oonsiderar como hermano nuestro 4 por ptíocip» dé religión. Seat pobre ó rico, sea criado >ó i hombre sin depenidencia, debemos tratarle copboi*ia4,Jdisimúlar los defectos inseparables de .3U naturaleza , usar de indulgenxia con él, y observar con fidelidad los empeños y obligaciones que en su favor hubiéremos con* jtraido. Lqs criados, son hombres como nosotros
6 lA MORAL MI LASRAJbO». 263
son unos amigos desgraciados^ decia Séneca , son los medios que la Providencia.de Dios nos. ha {^t>orcioñadQ para hacer muchas cosas, que aun^ gue indispensables 9 no '• podríamos íAc^r por -np^ sDtFos mismos. Su auxiUo nos es útil , y^ muchas veces necesario , y á mas de todo esto son unos individuos de nuestra especie^ desgraciados por SVL condición , y pürque han perdido Ik libertad y la independencia, que son unos bienes del mayor precio, j Cuántos motivos tenemos, hijos mios, decia el Barón á sus discípulos, para tratarlos bien, para qye los amemos, y para que nos interesemos en su felicidad!
El orgullo , la altivez y la soberbia no deben ^ener entrada en el corazón de un amo quexor noce sus iütereses ,. y que se precia de ser discítpulo de. Jesucristo. Un criado á quien se trata con dureza , no puede amar al hombre que le humiJla , lío pu^di^ interesarse, en su bien,^, aborrecerá á su amo, le servirá con disgusto, y ej; miiy de tetner, que no oteerve , la fidelidad .que debiera; $i no hay hombre ?i;lguno libre 'de defeeíos^i ¿^pcar qué 1q9 amos no serán indulgentes con -^usc/ia^ dos? ¿Y en qué fundarán stt, orgullo f pariar con ellos, cuando la misma dependencia en que se hallan dejsus servicios , los debe, humillar y con- £«ndic?;0 los criados nos son ii}dÍ3pensaW«Sj;dicé ira iiicíraüsta del sigíof pWiado, ó «oló los.tenctíios ggmó mut'fcks de Jujo><í tausa, d^, nuestras» ri-^ Quetas. Si los tien^mw por necesitarl<ísj,jí€rt qué f Mudaremos nuestro orgullo cjiíando wmos dep<^iidientes de sus servidos? Y si es nuestra ri-^ queza Ja fcausá lie tieherlíG)S ^Netítonces no s6n nues«. i^as; perdonas y sirio el din^o quien se podría enf l^^rl^síceíí/ppr^sta Vetíit^a*. !^«,un exior preer
"264 ' ít BARÓN M ROBWfíM '>
que el que sirve se degrada' y envilece , y qti* por esta^ raizon se lé puede tratar sia miramieút^^ y con aspeieza. Solo el crimen y la ociosidad der gradan al. hombre; las, buenas costumbres^ y ú ;trabajo le ennoblecen^ elevan sobre los qtíe vi^ ven en la ociosidad y en el vicio, sea cual fuere la clase á (que pertenezcan; £1 misnao Jesucristo con ser Rey del cielo y de la tierra^ no vino á ser servido y vivii: ocioso , sino á servir y á trat bajan ' *
De esta razón misma , y de la obligackm en que está el hombre de trabajar , desciende !á que tienen los amos de no admitir sino los cria^^ dos á quienes puedan ocupar utilmente en las cosas que ao puedan hacer por si. Mantener criados para que vivan eti lá ociosidad, es tohat al Estado una porción de brazos útiles , es hacer viciosos y hombres sin costumbres, es degtadar** los y envilecerlos. Para que los amos cumplan con la ley del trabajo que les impuso su Criador^ no es menester siempre que cultiven por sí mis^ mos. la tierra, ó que ejerzan un arte ó un oficio;' paro es preciso , es indispensable que se ocupea cuando menos en el gobierno de sus casas, y en el empleo de sus rentas , y que velen sobre todos ios ramos de la administración doméstica , y so^ bne la conducta de todos los individuos de su fa^ milia. £1 vivir én ociosidad absoluta , el descaía dar de todo , y el hacerlo todo por medio ^de criados y de subalternos , puede ser un resto de la nobleza de los antiguos bárbaros , que no sabían mas que pelear y dormir; pero siempre ser& impropio de unos hombres bien educados , siem« pre será opuesto al espíritu de la religión ,/ siemprt será perjudicial al Ujim ócden y i lA
6 lA MOKAL BBL lABRADOR. 26£^
abundancia , que jamas reynari en las casas cuyo gobierno se halla eateramente confiado á manos subalternas y mercenarias.
Si debe evitarse la odosidad de los criados, no debe ponerse menor cuidado en que su trabajo no sea excesivo y superior i sus fuerzan; porque semejante conducta sería un tratamiento duro y cruel ^ condenado por la razón. £1 hombre no obedece, sino porque la obediencia le procura ^« gunas veatajaf ^ y el que íejos de faroporcionarlas á sus criados los maltrata y ^oprime, es ün monstruo y no un hombre. J^ indispensable satisfacer con puntualidad el salario que se les debe, y no retenérsele bajo pretexto alguno, como di^ jimos hablando del hurto) procurarles alimento abundante y sano , vestidos limpios y acornó^ dados á su estado, y al género de-trabajo que deben hacer, y una habitación que no. pueda da -> ñar á.su salud. £n el estado de enfermedad se les debe asistir con cuanto necesiten, y si llegaren á envejecer ó á imposibilitarse para ganar él pan con su sudor, lejos de abandonarlos, se klebe hacer por ellos cuanto permitan las facultades del amo, iiaciéndolos objeto de su catídad y de su estimación, como inválidos, que han sei^ido bien mientras han podido.
Por lo que respecta al cuidado de loS amos respecto al bien espiritual de sus triados , hay obUgaciones no menos estrechas que Ueñai*. Debe velarse sobre sus costumbres ;, sin permitírseles el menor desvío ni rela^ádom EV padre dé familias es responsable á Dias de todos los individuos que componen la suya , .y de consiguiente debe estudiar sus inclinaciones , excitarlos á la virtud , y di^rles el .mejo; ^mplo en sus acciones y pala.^*
266 El. BARÓN DE ROBINSKf
bras. {Desgraciado el hombre que en logar dé portarse ashcoa sus criados, los induce al mal y los, hace instrumentos ó compañeros de sus vicios! Se les debe instruir en la religión y en la mor^ ral, y. precisarlos 4 que asistan á la oración, que debe hacerse en común en todas . las familias bien arregladas, y 1 las demás funciones eclesiásticas y prácticas religiosas, mandadas por la ley del Señor ó por la» Iglesia* No apartemos^ jamas de. nuestra memoria- aquella terrible sentencia de saní^ Pablo; el que no mida de ¡os $i¡yos^ y ^H tipecial de los 4e su casa y hé^remntíado ú láfiy es peorque un infiei ;, 1/1 núxica olvidemos^ que si nosa»' tros.somqs^amos de nuestros criados en la tierra, teiK^os también un amo éa el cielo , qiie nos pediri ciienta de njüiesei:as>a0ci0nes.-Si obiíamos' cpnforme; 4 las. reglaáb .que acabale éx|)lkar6s,^, entpiíéea , y no de otra maneíííipodreritós espe--^ rar que nuestros xrriados cumplan con sus debe** res ácia^nosotros; porque todos son vínculos en la> moral ^ todos los deberá son recíprocos , y el que no cumple, cpíi los suyos i por. alta y elevada que sea su clase y, su gerarquía^ ao tendrábderecha^ para exigU: que cumplan iQs. demás con lor^Uei^ Ifid^befi*.:
.pei las:^ okligaeiúms dé h^ créadési -
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Considerando > tos criados: i> sus amos como/ superiores^ en cuya dependencia los^ haf colocado d orden: de la divina Providencia , conocerán la: obligación en que: se: encuentran r de hotírarlós, esto es, de respetarlos y obedecerli^^ j^détrabá*
ó LA MORAL D£L XABRABOR. 267
jar para meréceriMí estímacion. E 1 que «itfbc coa paciencia los defectos del aaio á quien sirve, 9& atraerá' la iisdulgeiicia : sobre , los suyos ^ se hará* amar y estimar^ sif condición será mas 4ulce yllevadera. El que .recibe su salario con exactitud, y cuanto se estipuló en el contrato^ debe llenar con fídeUdad los deberes á que se obligó; debe trabajar <£Osi buena ?(roluntad, y mirar como pro-> píos los intereses delacasa^ £1. criado es un miembro de la familia^ un asociado á ella ^ y como tal debe tomar parte en su^. felicidad , y procurarla por los medios quei estuvieren en su poder. En lugar de defraudar á su amo, debe conten* társe con lo que se pactó cuando entró en su servicio y trabajar cuando ^éTáihoe^ ausente del mismo modo que si estuviere en su presencia, y oponerse á la infidelidad \de ^us á>cnpañeros , y aun de los mismos, hijos de la casa , corrigiéndolos fraternalmente para que se enmienden, y avi- $ando4 su amo, sí sus cbrreccionesstno hubie^ rea impedido los abusos. Debe obedecer d3)iexac^ tlmd , y ejecutar cuanto se le mande , á no ser ^ue fuere! opuesto á la ley de Diosi^ porque Dios es á quien el hombre debe siempre servir, sin que jamas le sea permitido el ofenderle por agradar álos fiemas hombres , sean los que fueren. ^
:S| un arriado v^iére maíos egemplos en ia casa de ^soí amo^ y cAsservaré desarreglo en la conducta , inmoralidad en l;%s acciones^ y (xalabras , no por esto debe publicar lo que ^hubiere visto , ni revelar semejantes ddFectos, ni contribuir á la deshonra de sus ^mos , líi de sus prógimos; pero debe abandonar un lugar COTrompido , en que sü salud espicítiud puede perderse y peligrar su re^ putadon^^
L12
268 BL BARÓN DB ROBINSKI
La doctrina de ^m Pabk> respecto á los criados encierra en po^as palabras todos sus deberes; por esto será muy oportuno que^ la tengan pre« senté , y qi» la mediten paría, arjreglar á ella su& acciones. ** Obedeced, dtice este Apóstol, á vues- »9tros amos.con temor y respeto , y en la senciUez- »>del corazón, como el mismo Jesucristo. No les >isrrvais solamente cuando 09 observan , como sino npensárei^ sino en agradar á los hombres; ;: pero »>haced de buen corazón la ToluntadL de IDios, vcomo.siervqs4e Jesucristo, y servidlos con afeeMto> laomsi^Q oa 41osu A J>ÍQS y no ilos bombres*?
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De Jas cbligacimes dehtiomlfreJkia sus superior
resieclesiÁstms.
» En kt obligación de honrar á nuestcos padres se comprende también la. de honrar a nuestros superiores 9 sean eclesiásticos, ó^ civiles. La alta dignidad de quc^ gozan los' primeros: , las sagra^ das funciones de que están encargados , el cuidado paternal que nos dispensan^ ya instruyéndonos en las verdades necearlas á nuestra salva-^ ^ion „ ya administrándoaos. los' consuelos y los socorros espirituales,^ los hace acreedores á núes*" tro respeto y obediencia , ^y : á que les contribuí yamos con lo que pueden; necesitar. Será pues justo y lo primero que con acciones y palabras les manifestemos el respeto de que estamos penetrados acia sus personas^ cediéndoles eL pasó, cuando los encontramos, saludándolos «cm% veneración j dándoles un lugar distinguido en las re^;
6 LA MORAL DEL tABKADCÍR. 269
uniones públicas ó particulares , hablándolés con sumisión y con decoro , y tratándolos de manera , que manifestemos el alto aprecio que nos merecen sus personas. - ' ■ (^ Deberemos en segundo lugar obedecer sus edenes en todo «lo que concierne á los objetos espirituales , que son el blanco de su autoridad, teniendo sien^re muy presente, que representan 4 Jesucristo, cabeza de la Iglesia, de la cual somos miembros f que son sus enviados y sus ofí« ciales Isubalternos,. ;^ que el mismo Señor lies dijo en su Evangídia lel que os oye á vosotros , á mi me oye^y el que os desprecia y á mé me desprecia. Pero como i está autoridad: dada por Jesucristo i los ministros de su Iglesia^, que fundó con su san* gre, deba ejercerle conforme á la doctrina déla' misma Iglesia, y no separarse de ella en un sola punto ;. nuestra obediencia á los superiores eclesiásticos no debe pasar mas allá, que adonde llega la ley de Dios ^ y si algún superior edlesiástieo en particular quisiere hacernos creét é' pracr ticar cosas contrarias á la fe de la Iglesia , no estaríamos obligados ¿obedecerle y porqufe carecía* de ifácultades para obrar asi , y porque entonce* nbse conduce como ministro de Jesucristo nrde su santa i infalible iglesia. El mismo san Pablo «scrlbia^ á los iieles :de Cralacia : ^^ cuando nosotroir »»mismos, ó cuando un ángel del cielo os vinie-J »se á anunciar otra cosa que k> que os hemos pre^ Indicado , que sea anatema*" Y en^ otra part^ confiesa el mismo Apóstol , que ningún poÜer tenia contra la verdad^ sino solo por laveraad. ,
Estaremos obligados lo tercero, á contribuía & nuestros superiores» eclesiásticos^^ con lo necesario i 3U manutención , conforme á las leyes ó ala, cosh,
270 » BAROUr DE-ROBmSKl
tumbre que rigiere en el país en que vivamój^. pero como de e&te punto tratamos largamente ha- . blando de los; mandamientos de la iglesia ^ nos debemos referir á lo que alQ dijimos. . . ;
Aunque, á todos los nüni^ros de Jesucristo debemos respetar y obedecer , faay sin embargo algunos en la gerarquía ecle»ásfíca á quienes laaas particularmente debemos manifestar nuestra sumisión y deferencia , por hallarse mas especial-r mente encargados de nuestra salud ^ y por bailarnos bajo su inmediata depesidenpia. Nuestto propia obispo es nuestro |ucopio pastor^ y el queconces-i pectó á nosotros es di enviado de Jesucristo : es ol príncipe que nos gobierna eftpiritualmenté , y e$ de consiguiente 4 quien primero debe dirigirle nuestra, sumisión después de la dél^umo Pontífice^ cabeza visible de la Iglesia, á que pertenecemos.. Nuestro propio cura viene después en el orden de la obediencia ; y si meditamos^ sobre el cuidado, que tiene de nosotros, sobre los consuelos que^nos prodiga, y el interés que toma en núes-* tro bien, ¡cts^n: agradecidos no debemos mos4 tr^rnos k su tierna solicitud^ á sus desvelos y & ws afanes I Un cura pobre , que reducido por ^ estado, por su vocación, ó por la disposición de su$ superiores á vivir enmua triste: aldea, enme-i dÍQ de sps indigeiitefi parréqitiianost, que. pasados di^s.y latS noches eri la :íniserable cabana deláfU*^ g^do ^ endtülzando sus penas^ consolándok en su afliccipn , y sosteniéndole ; contra la miseria y la ^liifermedad , con la dulce esperanza de un reyno eterno , y que no pocas veces se priva de lo 9e<?Q$ario i pana socorrer la indigencia; debe ser par^ nosotros id varón de Dios , el ángel de la 1^^. y * ^ i^ caridad , el verdadero representante
ó LÁ MORAl imt LABRADOR.
27f
áe aquel Señor que vino á la tierra para ser pobre y para consolar á los afligidos, y para endulr zar las amarguras de una dase, privada hasta^ entonces de todo auxilio, y entregada al de^preCIO de los hombres. Cuando la filosofía del siglo,. á pesar de sus declamaciones- y de su aparente humanidad , sería estéril é impotente para llevar la calma y el consuelo á los pobres, derramados^ por las aldeas; cuando fuer^ imposible que el. gobierno tomase sobre si el ■ suavizar sus males^, aliviar su indigencia,, y confortarlos contra kt miseria que se ha apoderado de sus^cabañas; ujit cura pobre vijire con ellos en la^obscuridad, y en el retiro , los: sostiene con la esperanza de una fe^ licidad interminable , les habla^^ con dulzura eltenguage de la: religión ^, único: consuelo de los desgraciados, parte cen eltos^ su escasa subsisten* ciá, no los desampara en la enfermedad ni en el contagio,, y hasta el momento en que fallecen, se mantiene á su lado mostrándoles él cielo que los espera, y los tesoros que les prepara su Padre celestial en píemio de su paciencia y dé silS esperanza. {Qué funciones, hijos miós^ tan ele-.!, liadas! | Qué ministerio tan augusto , y cúáír dig¿o¿ de nuestira gratitud y de nuestro resgeto I
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272 EL BARÓN ]>E ROBTKSKf
De las obligaciones del hombre acia sus superior
res civiles^
Si el hombre hubiera sabido conservar los do-> nes de que le dotó su Criador ; si la justicia y la inocencia hubieraa siempre adornado su alma; si las pasiones no hubieran obscurecido su razón; entonces ni hubiera necesitado de leyes humanas^ ni de legisladores , ni de magistrados-, encargados de ejecutarlas y de mantenerlas en vigor y observancia. £1 Ser supremo hubiera sido suúní-^. co Rey , y la razón su único código. Pero descendió de aquel estado de felicidad , se degradó su naturaleza , escuchó la funesta voz de sus pa-> siones, y haciéndose desgraciado á sí mismo, contribuyó á la desgracia de los demás. Fue menester una autoridad publica que i^ipusiese; silencio 4 los díscolos y perturbadores, y que á todos prjj-- fe^iese en el uso de sus derechas contra, los que> intentaren despojarlos de ^llos. Este ^s el orígeA de la autoridad de nuesttos superiores civiles, y este es el motivo de que dimana nuestra obediencia , porque sin obediencia no hay subordinación , sin subordinación no hay orden , y sin orden no hay protección ni felicidad.^ Debemos pues honrar al Rey , como á la primera autoridad del estado , y á los magistrados y demás gefes , como á los subalternos de esta autoridad.
La religión de Jesucristo contiene en esta parte lecciones é instrucciones de la mas sana política y imponiéndonos la obligai:ion expresa de so-
ó BA HOKÁL SEI XA)»tA»OK. ^(73C
méteráds á las autoridades establecidas etrtd pai$> en que ^vivauü^s ^ no solamente iportecnor^risiai^ también: por ohíi^k^iá&cmcistú^a religión nos lenseaa qu^ toda potestad. vSeoe^ del IMos 9 linico poder ' por esencia > del cual dima^i nan todos los otros, y que sea cuaí fuere el órn. gen humano de las potestades establecidas , s^ . cual fuere su conducta , justa ó injusta ^ mode- ^ rádaí ó tiránica , nosotros debemos; si^mpí^ con* » siderarlas como que Dios nos las ha dado en süb bondad ó en su justicia , y que como' á tales las debemos honlrar y respetar. >
' Cuando Jesucristo vino al muiído hablan ya desaparecido los Reyes legítimos de Judá : los lUDmanos se habían. hecho dueños. de la Ju«-í deb ^ haciéndola provincia ; dis su imperio por. la^'ñiebza de las arinas^ ypor las disensiones de loi últimos Prínc^p^ ijié la.&miüa (Real de. Hero/*- des^ César Augusto reynaba allí como en las definas partes del imporib. Durantei la vida de Jesucristo rsubió Tiberio^aV trono ijditjRotna^ y^&tkt mbnístruaíidei crueldad, /'filé ÁTíquidn.;d Señoxi^áe*^ sometió, y á quien j?eoéao¿i5* como Eqiperaddrt y gefe supremo de isú paSs., cuando i ^eQlaQró.qiie ^^ se le'd^la el tributo:, y cuándo r^conócid^ cornos venida del cielo k aistoridacl'de Pilatos, Goben-'^ nador por los i romanos d|eolE Jüdeac. Bbles Íoit dÍK^ulos del Señort al eg^nplojde sU Maestnry^ ja^< mas SÉ^ apartaron di&l camino: de ¡la sumisión ydec lar obécfiencia^ yios'crisiáafaos:de los primieik^ sis^t glos siguieron estas huellas con' li mayor fideli4>.s dad. La historia de aquel tiempo ho nos presen** ta sino Emperadores qué subieron al trono poba la fuena 6 por lasi intrigas , contra la isoluntad ; libre ád Seos^ y y ^ contra ^Ids. deseos itel. pUeblo^i
de Roma 9 de Emperadores entregados i k tira» ntaiimas execrable ; y sia embargo de estx) los obedecían los* icristianos póríf^rincijpios dei rdigionj loa servían conifidelidad, oraban por ellos , y ja* mas se pudo' probar que tuviesen parte ena]^« na de tantas conjuraciones, como se verificaron en aquel tiempo. Jamas se ha descubierto , dice Ter« tuliaüo 9 que un solo cristiano haya tenido parte en las revoluciones de^ Casio, de Niger y de Al^ vino. Y no porque fuesen inferiores en número á los vasallos que continuaban en la idolatría, y que todavía no hablan recibido el Evangelio; sino porque su religión les prohibía el menor acto de revolución y desobediencia á las potestades establecidas;, cualquiera que fuese el origen de su establecimienta' ^ Si quisiéramos nosotros lOs ciris''. yytianos haceros guerra abierta y vengarnos de vo^ 99SOtros, decia Tertuliano i los Emjperadores ; de* ftRoma , ¿pensáis que nos faltarían numerosos «tegércitos? Ni los mords, ni los marcomanos , ni' yrlos. partos^. os podrían o(x>ner tropas tan formi*^ 99dables como las nuestras*. Es verdad que somos fsfÓQ ayer i pero también lo es que UenanK» . las 9>ciudades , ^jel> palacio ^ las islas, las ciudadel^s, ; sf'los egércitofir,, y el Senado : solamente os deja*- 9Hno¿ nuestros templos. Y iiuní cuando* fuésemos/ »toliferi<3ü(]jes en nübiero , fi>rtalecido& co»^a losi f>h^rfows di la miieh6v.sol6.nuesti'0jlQak¿, inoj ^dos/hariá tecrMes eiv Jos coii¿>ai!esi ^ : isi nuestra < ^HÍeligian np n¿s;hianda$e dar nues^dtvida^ímr i í>€es 'que* matar í'": j ''.* . .r:.--> ^ 7/ :/ '^ r \ ' La iegplon de Thd)ak compuesta dé l seis líiü «ddados cristianos, qiiel^d^ximiano hizo r degollar^ pórqae s€r negó érsagrifícár á los ído|os , ¿cuáaotos niales no hubiera podido causar i los satélitts del v
ó LA irORAt DIL LABRADOIU 2?¿
tirano, si como dice su historiador^ nó se hu^ biese acordado que > aquel á quien tenían Ja di^ :cha de confesar , se había dejado conducir al su^» piído y sin abrir su boca y como la oveja que se conduce mI maiaderol Animo y 6 jueces ^ defcia én otra parte Tertuliano ^ d:aos priesa á arrancar Á ese cristiano un alma que hace votvs por el Emperador.
Convengamos pues , hijos mios , en que nliesn tra religión nos impone la obligación de honrar á nuestros gcifes y ^pejriores en el orden civil; y en que este honor consiste en respetarlos en nuestras acciones y palabras, en obedecer sus ór-« deii^s con exactitud , y en pagarles los tributos y las contribuciones con igualdad, i De esta obediencia 4ebemos sin embargo de?«
dr ló nüsnK): (^6 d<^la4iíie:debemos.4 n^^ ^periores eclesiásticos: Solo se debe á Dios una. obediencia ciega : á los demás les debemos obedecer por ^ Dios y para Dios; esto e^ , solamente ^ ún aqadlas' cosas que no fueren contrarias á la justicia y á la ley delrSeñor. juzgad voiotraif^ fHismoSy r^poTÉákrtoñ los Apóstoles san Juan y san P^dró á Ids jueces que les prohibían predicar^ si es justo qife os obedezcamos antes que á DiosJ El gefe de la legión de Thebas , saa Mauricio,; decia en ¿bmbre de sa tropa al Emperador Ma- 3tlmiaii!0: *^sómos soldados vuestros, pero sbmos* fTfómbien ^ryos de -Dios: os debemqs el servicia^ t^militar , pero á Dk» le debemos k inocencia, f»y nos es impteible obedecer á vuestras órdenes ^cuando son contrarias á las suyas, y renunciar ffal que es nuestro Criador y suestro Maestro.*^
Mm2
276 BL BAKOH DB ROSiKSXI
De ¡ai obligaciwfes del lahtador . por razón
de suestada.
Al hablaros, hijos mios, de las obligaciones ¿el labrador 9 no repetiré lo que ha sido materia de las lecciones precedentes en drden á los deberes del hombre en general, y á los que le incum* ben acia los individuos con quienes tiene relacio* nes particulares , como son los individuos de su ¿imilla , y sus superiores eclesiásticos y civiles; porque á mas . de estas oUigacioües , que lo son de todos los hombres, tiene otras particulares el labrador, que nacen del estado ó género de vidist en que la Providencia le ha colocado. Son por fortuna limitadas y sencillas estas obligaciones, y esto es lo que hace su principal felicid^ , por-, que cuanto menores aon lost debeles d^li^^tado qh. que el hombre se encüentifa establecido ^ más fá« cil es^cun^lirias, y á menoi costa se conque l^^^ felicidad, qi^ ni en esta ni en la otra, vida puede^ lograrse sino ipot medio del cumplimiento dei deber. ' /
- £n cualquiera estado en <^e se.haÚe lel boro^) hre, le será £ácil ccmocer las obl)gacÍQtíea qve\iSt»: estado le impone y hendiendo • ál obj^ti^ de ^H |wch fisión : >todos losmediosi qué ;candiizcao iáH6$te« dbjeto serán otros tantos deberes dé su parte#' Besde que Adán por su desobediencia, perdió ei deneciu) que tenia. á:^r aUífieot^dQj/fiíi.tfabajtiib afanosamente á desde que la tierra le negó por orden de Dios los frutos con que en otro caso ie
> ♦
hubiera contribuido,, y desde cpe enllügár de productos i agradables y sanos .^prese^tó al (hombre ocioso cardos :y espinas , ^ fué mecesatip r trabajar para forzarla: l>prodúcirilas qosas de qóe la'MÍdft dd hombre necesita^ [Quiso pws lÚos^quei huh biera labradores que . cc^ ^el siidor de su frente la regaran, y solo con esta condick)n permitió á €Sta madre común el ofreces* al hombre medias de vivir. £1 trabajo xle laitieíxa.'^ el i trabajo que lexig^a las diferentes. opíerationesjdeL cultivo, será pues Ja primera obligación del ^hfllxibreconstítuU* do en este estado. ' ^ ■ , ' »> : . i • *. ^ Pero* si no vive el hombre de^«flo)pan; si necesita de. otras q)sas, igualineÁte <índispeásabtes para* la vi^a; si la^^ociedad norsubsisiíára 'slmotms claseij y condicione» y i y! isi estas ¿clase»iiloi pueden deificarse: al icultivb.pcDCt halkarse^^fKrupadasieh otras objetos db igual ndasidikd:^* €s áhdifipénsable que el labrador se encargüside inanfienerlas.: Jiosto es que se gloríe el labrador tde «la^gatigoedad d^ su profi^on y detsu necesidad :^ima ila^consérva^ cion del estado : hónrese eabuesBi hcra^i^niia ideáb de que isus brazos daní de conoei^' lo6 iS0bera¿íos ^ y á los ..grandes;]; pero no olvkle>quei este es uii deber s^iyo , que :nace del est&dé que abrazó,' y ^e • estableció la Providencia para el^bien^de: la 90rtwdád;>;Si odi$d»afanoxj|e faiB^ ais ámé^
apfica uenésmífasoor ^ta» iHBpomaidii^4^ goisxí^aáziGÚírtitmts^ rtsísteufiDiiixitt
pécba ide> (bronceiialr iextfai^erDv (|ú¿r.9iiiidtaí^ d¿uastac el irampoi que^c^i va ^tít^hí ministrot det €UÍto%7(stii w]fiprsipHpEaiá;cjíi^d^¿Hrieik)i:tttQib siie|cuí¡de:.la JDeUgimiJ({s¡; elicDmQfeiBcntsJli^tf acsa^ go9jla; q(|fe^aita^
»■«..
salida á 1m frutos tolMantes que se perdiemnirifúúltmtxtti y Á mros. kidividiios.de la;80ciedad trabajan también en procuradle lo ^ue necesita .-paira vivir y' paca paoursé á cubierto de la intem^ •perie ; áásé pensar que \in deber recíproco, que un deber de justicia, le obliga á trabajar para los otros, y á ño contentarse con lo que pudiera abastar i su& precias necesidades. De aquí la obligacjoa de iperfeccioiiar y .extender el cultivo en cuafuto/ísüsifuersas klcanisaren^ y de aumentar *lbs. productos de^la tierra ^pasiti' proporcionar :á I4 sociedad la abundancia de que necesita;
Para:coiisagu¡r este fin iiebe perfeccionar sus conodmjeiklx» ^ )ddae leer siar preocQpaott>n des^. £iv3oraUe ^lás^BScritos del; los s&bios : a^riciskoiües^ é imimrv \os fistetaas^ vént^yosos. (que > otros labran doreatide.mayop experiencia é /instrucción hubíeM reh adoptado kxmí bueír éxito; y debe soUre todo deponer toda xesistóncia á k) que ^cree nuevo, precisamente porque érnoloiconoce. A excepción die. algunos, desjrajbümientos que no scm á la ver* dad en grandd .número ,- nuestros antepasados cidtivatxxi 'latserra con: mayor perfeocion que la^mayor parte de nirastros labradores actuales; La agricultura dé los romanos fué incomparablemente mejor que la actual 1 y el que lea las obnsits jde agricultura quemosiSfl^ison un Caton^ imiPalad¡p^.ufi(!?(^itgilÍ0,<^r en esencial él espa^^ &á<^ulnid&^ytifaís coQ&oi^ ticaftagrariari ^toufaninncei^ <n! b dencía snas^attecsaria al hombre. Perdié^^ tODse^' és. verdad^, aqnettos conocimiehtos en l¿ dettraccion idék infria romano ^ y en te invasíois de / los ^bájtbaros* idei 'norte ^iVpeso si el ebtddiai la^ observación, y 'la:expecien6ii 'ños iuutea recubra^
6 &A MoauLímst'tJAWiiAhoii. ^Y^
lo ^ue perdimos, y lo qa$. sin agüellas causas extraordinarias hubierafnos heredado -de nuestros tnayor€^ ^ en lugar de « despreciar come cnievos tales descubi^i&i^tds y abemos abra^lcís comd tm paitrimóAio que nos pertenece, 'i . •
£1 miémiD gobkrnb ^ sitento siemf^ré al bieii de la sociedad 9 suísle iió pocas veces eírcitar á lo^ labradores á que Cultiven esta ó^ aquella planta, y á qué ademen Mgun sistema de' utilidad cono-^ ddá^ y aünqlie ^ata «»ío tí6'»bél&-v^^^ d^ sit autoridad, 'mfaacier ótta^ cosa quié f^éí-suádír,' se debe sih énfibargo cooperar á íqué sus btinéficás intenciones se realicen', teniéndose presente qué por d conocimiento que tienen los que gobiernan del estado interior , y aun -del de las naciones vecinas, pueden dirigir con mayor utilidad los bra^ xe6 deilabrsíddr y ipana que se dedijqüen ál ^cukivo de ^ las 'plantan mas üecesarias' «n otra^ provincias,^ ó de mayor producto ^^^el pais extrarigeío.
* Cuando hay establecidas sociedades patrióticas y cuerpos zelosos, en qúe^reunidos los sabios tratan >de perfeccionar el^cultiVo , y dé oomünicgi" su$ ideasi álos latiíradores, ^ebeñéistos hoh^ rartosy res|^ári06, agradeciéndoles desasté mbdd d' biea^ue fes ifiítentiaá proporciomar) y éü d^cásó' de que sus propias observaciones sean coñtrai'iás 4 4a doctrina que se les c<»nunka, deben expoxSéráelas <!on i modestia.^ "*^' i / » '^ 'i- ^ *
: f Será también üa4éber ¿(e los má& ^g^ádos eí ijd' perder de tista lá Iposteíidad, y-él feo fterjudicaí al iñtews d¿ nuestros venideros ct>n uií ¿ul-' tiyo- ruinoso' y descuidado, J-Nó sohios agradecidos á^ rtuestrost padres,. cuando cogemos los fríitos & ' ttoí «¿ntamoá^ á 4a «ombra -de los árboles que piaOidtfOü^r i^ot qué ^^es seréis
d8Q r (BL ;BA10ir BE BOBOrSKIi S
la. gratitud de nutetros hiUm? Nos ^ejamoft , ^
con ra2^n , . de los excesos que se han cometicío
ea noestiK») . bosques yh piauítícMi , ; dp h ;CAlta d«
CQmbusUlíte^ d^;lp.miA!ti¿> que ha; perdido la agrit
cultura, por falMrle «i a^noij^u^Q al^ceader
las agua$^4e lo^ /inpaiae^ le ptoporcioq^tbaí^ con
los restos de los veget^Jbss que conducían: nos que*
janiQs^ de que; fa»lt»<i las Uuvi£^ que los bosques
atraiga sobrft nuesisw. ft*i»P9S,> y de que sobian
los. vientos. ímpetwsQ* ^i^jAlitjes^.^Aeaiaa m
las^ arboledas? eleiíad#S:.;f:y.$i% )«gar,4?T§mídiw:
^tos nia[l^ , ¿JMS pb$tÍQa^4u)Of #n seguif:jen untk
conducta tan desastrosa , y ^^raiicarémps sie.Q3preí
sin reemplazar las árboksquqúutilizanios? ¿Nosi
empeñaremos «tn b^c^x de Iji tierpa un^desierto^i
inhabitable i?; t;^ -. ■ . rn -.t,, :*.,... ;h .^í/jrr; j..;,^.^^
, Las ocasioaís que d ejerciqio dóJaag^ictil^^.
ra y l^a vida del campo. ipr»eataa al labradi^r^
para reconocer la grandeva de las obraadei Díqs^.
y para agradecer los favores que nos difusa ea
el curso unifQCone de }»& e^tacioiaés , y en ^ exacto
cmnpJimíeAto^ det4as leyfes-de la.vég^t?.QÍOn^.g«a:r
otros ^a.f^$qs .hiQtiy<>s vpj4ni»sml»i$9 pajca q^ st§,^
agi:a4eqt49 -4 < so ; Cri^cbi? y y: parí? que ;se ^pleeen SUS alabanzas. £1 qjue presencia todos los dia^^ el magmíicb espectáculo de la salida del sol ^ é^, ese opceafiQ de fuego, que^se levanta á la vos. delque le crió, para dar v|daá la naturaleza y ^ ^ la^ plantas fep^n^lld:,,¿l:que.obseJ:rva en la prin^avera ^a^rria^fls .los cain^s^c^) su nupcial} vesüdo, f^a el ést&c> )a elabor^ci^n^ de los frutos», su madurez en el otQño y y en el invierno el des«« canso de la tierra ^ para repetir, el prodigio de la reprpduc?Í9iw y^d iq^ ve J^ .adeudad .gon que^ tpdo se; sucedeysiu; ^M^^repaaqüí, ^obedoqmdo t«h^
6 lA MOsRAi :dbl xabuador. 281:
do á la vos del Autor de todos los sérés, 2 dejará de estar mas estrechamente obliga do á cancar su grandeza y la magnificencfa de sus obras , á ofrecerle su corazón agradecido ^ y á seguir el egpemplo de sumisión que lé dan los seres inanimados I £1 que oye e^ las tempestades el sonido, del trueno, el que ve el furor irresistible del rayo, los estragos del huracán, y el ímpetu delibrrentjs, cuando rompe la% márgenes que le conte^ nian , ¿podrá dejar de estremecerse^ .pensjt^a que la voz del Eterno, agraviado por eLbombre^ es mucha mas terrible, quei estos feixkaenos , :qu¿ parecen anunciar la disolución y el trastorno del universo? jY podrá dejál: de aterigar en su corazón el temor de desagradar á un Ser tan grande en sus ^astigps como en sos re(;:^t|ipenS{is ^ tan infinito en su justicia como en su rjiisericoirdia ? Así es, h^os Rups,^<romo el labrador debe Henar las obligaciones de su estado, trabajando para que la . tierra^ produzca frutos en abundancia, agradeciendo los bienes que le dispensa su Criador, cantaxido su graqdeza , y temiei^do desagra* * darle con la menor in^^Udad.
Ha Fiesta dei las. ^imiciafi
Vi 1- - '•'
Era el ^a^tb'y acababa d« TQ:%»g^scla cosecha de granos. Ya las doradas* /mie$es. i habiaa sido cortadas por: loa criados yi jornaleros del Barón; y trasladadas á la ecaifoji^aban' e^e^a dos montonesi, que ii^tentabaq la e^ranza del labradon Entonces es cuauldo todos hd» a^^lesti-
282 • EL BARÓN Dfi RÓBIKSKt
naba un día el Barón para dar gracias al eterno , por los. dones, que su mano liberal le ha«- bia concedido., ofreciéndole las Pricnicia^ de su cosecha, y proporcionando. un día de descansoy de regocijóla los .individuos, de su familia; y este dia era llamado la Fiesta de las Primicias\
Aun. no. había subido, el. sol á. dorar la cima de los. montes, que rodean el valle , cuando Roberfto.nos; anunció. con su; laúd elprincipio de tan alegre dia. G>locado. en. el terraplén: enmédio de ]ps« criados y jornakros,. aQtes que el Barón y sus bijos saliesen de sus;cuartos^^ cantó de esta manera..
RbmpélánieMa/d; sonrosado (tóai " : Delapacibkoritaíév. - i . ' ^í- ^ í ' *
Renace el«^ ardiéntle.. ' Por loa: inmensos, orbes; se derratna:!!
La natura adormida -^ -
-': Siente ebcalór: dé la celeste llama,; * r ^ ^
Y ser recobrar y -vi^. v;r;v>í; .,» ,/ j ji ./;
Que si robó ^ el color, al triste suelo ^ La. noche silenciosa. Cuando tóósfró sobre, el Cénit del cielo . SUí frente pavorosa,. Qra,; laheáda. al\)iélago/ dé: atlante, . . Eli reyno> de; las , horas ; - ( iTé oiléVr'astkMdelf diai rutilante, t '\ n ; Que-la'tíerrai-eQámoras. * í > ^
'i Ya el pajarillOypor la selva umbrili
: iSaltaveHifligíero.ivueio: ' , . :
-TÁ 1 l^^gtálio^ roáipe^de la nieve fria^ fi^timidó «árroyuélow
*'ncv«,£4^miiiiio ¿arrovueiu. , r v. .j ,. . .
>v .'i*
ó LA ICORAL BEL LABRADOR. 293
Abren su cáliz las nacientes flores;
Y cefirillo * osada
Les roba en milbalsámicos olores El beso regalado.
Todo es beldad. Hasta el breñal tiscoso \ Verdura y flores mana: Hasta el pantano estéril de oloroso •
Junqiiillo se engalana»
i Por qué engañado en pos de su tormeoíto Anhela el honibre insano, Cuando naturaleza 1 su contento Brinda con laí|fa>'maúo1
i Quién ítcostado al pié de los laurel^i Que agita ¿Inmnso^vieato, Env^ídm los rmaghífícos dostles,^ - "^ Del pérsico aposiento?' ' ''
iQuiéá 'el it^rii{:Skdo 'ambiétfte lespiránda
Y d anibar de la Végá,
Sueña en las glonas del ñinesto mando, ^
;^Y ala ^ambición Seeiítrega? ' -'
Jamas en débil leño oya el btatnido
Del piélago inclentónte^
.Qui.en setfdurmió una vez al blando ruido
Déla emboscada fdeñte. Otros se ciñan éUlaurel 'sangriento
Del bárbaro *GradivO:
Y i bajo techo mástico ¿1 contento Me halague 4'Trii festivo. ^ 1 v . !
' Abre , tiatura , 'á un alttia. *que inspiraste, Tus l>razos^^bon(áaáosos. ^ Soy hombre;; i yer dichoto me formaste»
Y á hacer antros dichosos»
Mientras Roberto trantaba así el t^rincipi&dcl dia y nOs^reunimos todos en el tei^ráplen v y d^
Nn2
. EL BARÓN DE ROBINSKI
de alli pasamoA al, oratorio , en donde ya el Barón nos esperaba. Al rededor de la mesa del altar se habían colocado varios canastos de pan nuevo, adornados con las. mas bellas flores del jardín , y congregados todos los criados , pascores y jornaleros, dyo el Barón la oración siguiente: t
*f Eterno Dios , criador y conservador de to- «>da& las cosas , Vos sois la fuente de todo bien, f>y el dispensador de todos los dones que reciben 9> vuestras criaturas. Vos dais á la tierra la virtud »>de producir , y á los animales la fecundidad. »>I^Q es vueslüo. Señor ^ y si nos cerraseis vues- »>tra mano benéfípa, ni el sol nacería para noso^ »>tros, ni* el qampo correspondería á nuestro sur »dor. Vos , que vestís de^ púrjpura á las flores, f;y de pintadas plumas .á- las avecillas del cielo; y>Vos que cuidáis del insectíUo. menos perceptible »>á puestra vista , no olvidáis al hombre á quien »>formasteis á vuestra irña^en. Recibid pues , Se-* 99ñor ^ el agradecimiento de vuestras criaturas, 9'que confiesan deberlo todo á vuestra mano li- <?;fceral-. Obediente la tierra á vuestriis leyes, y á f Vuestra voluntad ,. acaba de ofrecemos sus pre- »>ciosQ$ frutos y y, estos frutos , Seík>r, que necet'sitamos para nuestrp sustento , han sido cria- »dos y cQQservadps por vuestra Procidencia. f> Aceptad pues las primicia,s que os presentamos ^ffde lo mkmp qvie os dignáis concedernos. £1 hom- »>bre nada tiene de suyo sino defectos y flaquewzas ,,y par a. reconocer vuestro dominio y Su def> pendencia , tiepe que recurrir i vuestros mís- ^mios dones. Continuadnos, Señor , vuestras mir^isericprdias, y asistidnos siempre con vuestra If'gjracía^ para que no nos d^yieioos :de vi^estra
é tA MOIAL DEL LAHRADOR. 285
9S8anta ley; y sin negarnos el pan de cada día,
9; mientra^ permariezcainos en «1 destierro ^^dmi^
>mdn(b!síen lá patria á la. mesa de Vuestr<^ án^«.
wles , para que cantemos con ellos vuestras éter-
ymaS' alabanzas. Hacedlo asi ^ Señor , por los me-
ff ritos de vuestro Hijo y Sefior nuestro, que con
9pVos y el .Espíritu Santo vive y reyna Dios por
9ilos siglos de los siglos.. Amen. . ' - ;
• /»Y. Vo&, Madre; nueistra , Santísima Víígen,
naceptád tambiea nuestra gratitud ,por la intér-
Mcesion que nos dispensáis delahte del trono de
fivüestro Hijo ; y continuad en protegernos* hast^
»K)ue llegue el cüchoso dia , en que unamos núes-
wtras voces á las vuestras , para cantar eterna*n
tímente sus alabanzas/
99S^ntos protectores de esta £E(milia , vosotros nnos habéis; protegido con vue^trús ruegos para f^conseguir la fertilidad de nuestros campos, y npara inclinar á nuestro favor las^ piedades del ^Todopoderoso i recibid pues también nuestra acüfcion de . gracias , y .solicitad del Señor ^ de cuya »^vl^a disñriitais, que acepte las iPrimiciasqUex;oá i^umildad le ofrectemQSi'' ' ' .; 1 1 <
Dijéronse en ahá vbz' las oracidnes ácóistúm* bradas , y salimos del oratorio.
Cuatro criados , acompañados de los dos hijos mayores del £aron^, partieron en seguida para san Juan , conduciendo cuatro canastos grandes de pan, que debian presentar al señor <rúía,para que después de recibir para sí los que tuviere por conveniente , repartiese los demás entre los pobres de la parroquia.
Vdvió el sefior cura , con los hijos del Barón, para decir la santa misa en el oratorio, á la cual asistimos todos ^ y después del desayuno acbs^
286: st BAROír os ntnmsKt
tua9Í>rad0, ipasamos á la ralle de los Nogales , qtie^ es iQti.donde debía celebrarse el festín; princip^l^: y la cemÜDO de todos *los criados j xlependientesd^ia casa* . '•. . •.'•:{!;.
ApudJbó tradaiitio con los aaimales que esta^* bian á su cai^go :al pradb iqw ^forma la vertiente desde la calle 4e los Nogales :faa3taieLrio, y cuan*- do estaba ya ireQoido ^odo. ifórmába cel prado uaodfí ,l0t3 fsp^táculos ípia&rint^esaiateá que pudiera ofr^qme 9^1 gUe^sabe rapi^ciar^la >fellicidai!d. ^e lav}^a>a^l jcampo. lx>s «cnados, ^íia^oces y jornale^ i^ps ) vestidos c^mo: eá :eliilia ^mas ^Isofemue ; los buey^&y los :cáballos de labor «perfectameaté lini* pips,, :y e» el^e^ado 4e í mayor ifuerza y robus-* tez ; el ganado :laaár ^y Jas .vacas xié :cria con sur jc^ocerros Á;:)toip'astoreS;bon sus zamponas » y el gozo que se |i)aiufi^taliaenJ^^ de es^*
tos inocentes campesinos y /eu iespecial cuando se alababa por nQSOtros>.la «hermosura^, ^limpieza y robustez de .1q$ janímales , .encargadas jl su cui*' ^ado pa^^i^liar.;t5;hl<í»ie$to[5'jnepátp^^a^^ unsr je^cena n^>fá(}ilHd^/,$^t^rse q^e «ile'oeatpIScárseJ Me creí ttfansportado al tiétupoiderlos :atdi^ós Pa^* Ui^Bí^i ;y ,4a)'gwi5de¿a ide las cortes , «él 'bullicio de las duáaáes populosas, aqU£^lais;|^íranáesii^ en que el tico se arruina ^/empd&ándoseien gas- ^ps .sijfjeriores á; sus hab«rf2Svjigr;^ii que el i pobre conoce su .tniseraa^y la traite desígaaldadi cot^ que la for^uqs^ caparte sus favores, ¡cuan pi^queñas y mezquinas me parecieroú i en comparación de esta sencilla festividad , celebrada por la. inocencia y la virtud , y dirigida á, publicar \sls gracias del Eterno y la gratitud dé sus. criaturas 1
Habia venido ; Nicolás en icomgañia de sus do^ hijps, conduciendo también sus. bueyes de labor
ó VA MOHAL BSX. LÁBRAODíOR. 28?
y SUS dos vacas , cada una con» su becerro ; y de^ seoso de .hacerme conocer el buen estado d^ suS: animales 9 y de que yo alabase jsu buen .pdrte; seí acercó á iñt paira ccuúducírme al sitioen tque seí lmllai»n. Vengai vmd^ me dij6 ,• séñpr español, y verá vmd. elgaáadoi'de Nicolás.. Mis bueyes no tienen, que envidiar á ios demás, del prada; y aunque na son. ociosos ni vagabundos , como aquel gandul,, que; no sabia en qué emplear sus> brazos, »ó dejan, de estar goírdos y lucidos.. Mi hijo es un tesoro para cuidados^ y mí muchacha, empleó' todo el dia dé ayer en. acreglacr los. collares dé. cintas que llevan los. becerros;. Sobre que ningu* no há de ganiará:los> animales; de Nicolás: — Lle^ gamos al decir, esta ali sitia en: que se. hallabany^
y. antes deaceiícarsei: QOtneoxd ái llámárlbaV; y se pusO:á. hablarles V cdnio; sp tüvieseni inteligencia^ y ^á explicaarles. et niotiva de.' nuestrai visita; Le alabé como, era justo/la hermosura: y robustez de su ganado ,. y le fdígraciásrpof. haberme procu4 sadó «ste placer.; Mé.détermmaba.á ceudircon ei Barón. enúú:ca3¡&í(át. ios: Nogales, cuando, me di^ jo :" afaoira: quisiera, qiier conociéirar vmé,: al futu^ to suegra de mi. Rosita : I es eli iiombte mejor de todo élvaUe^/y/voy;íá. coñÉárleáívmd. un hecho suyo? qu^ se loy probará. Hace. diéz' años que tu-» VQ/Una^di^utai sobre un: t)rádaiCon: tin vecino su- ;^0).llatDadb/FraDtz^.Cómo..éste'se 'negaba iá ló que se. lé' Inedia] ^ insistiendo 6Í¿mpre.enl que el prado era suyo ,iinil consuegro.. Gabriel acudió al tríbu-^ bumiá'délí juez!^Paz, y este señaló el dia en que debiáuicompaiieceri los: dos; litigantes, y presentar cada, uno sub; razones: Avisó Gabriel á su cootrariq Fraútz >: pero: este no podia asistir en el dia seáalado, pqt no poder desamparar d he^
288: . EL 1BAR01Í BE KOBTITSU '
no que $e acababa de cortar ^ y que como vmd sabe 9 es menester revolver^ por la mañana y por la. tarde ^ para :que se seqqe y; no se cor rom*! pa. '—. Pues t cómo hemos de hacer. , te dijo mi consuegro^ si el dia esta sieñalado por el juez, y este nos espera ? •— * { Gomo? le dijo Frantz : de^ la manera mas fácil del mundo. Acude tú sola al tribunal y alega tus razones , y las mías tú las sabes tan bien como yo : diselas pues al juez , y que sentencie. Si no valen las mias tendré pa« ciencia , y si valen me quedo con el prado. ~* Aceptó mi consuegro esta idea de Frantz ^ y fue al tribunal el dia señalado. Propuso sus razones y las de Frantz , 'pero las de este le parecieron al juez mejor fimdadas, y sentenció contra mí consuegro. Fue este en seguida - al campo en que . ^bajaba su contrario i y le dijo : que sea enho-* cabuená mi anúgo Frantz t el prado es^tuyo, se* gun el juez acaba de sentenciar. —-! ¿No tengo razón para decir á vmdi qué mi consuegro Ga-» briel es el hombre mas. honrado del valle { — ^Mu* eha virtud se necesita^ lé reipbndi , pana ser abo« gado de su añsmo contraria Acompañóme Ni-, cblás adonde^ estaba "su: cónsi^gro, y tuve et gusto de que: me refiriese las circunstandias de un litigio tan singular* ...
Vuelto á la calle de }os Nobles , conté 'al Ba^ ron lo que acababa de sabet, y la admii^acioit que me meirecia •el tf^oro ^ virtud que abriga-^ ba el corazón de ün i hombre tMt obsc^ro: á los ^'os del mundo. Asi es \ me respondió, el 'Barón, Gabriel es un modesto propietario , vecino mió, y mi concepto es en todo conforme al que habéis formado de.su virtud. En las ocasiones^ en que poiü b escasez- de sus* m^sdiosi^ 9i$ié. lá^c^tar de
ó LA UOHAZl^WU ]lABllitd)01t. 209
algíiQ socorro 9 tengo ún.vivo placer en procu<^ rarsele 9 y en las principales reuniones de mí fa« tnilia procuro que asista con la suya i porque la sociedad de' un hooahré tan honrado cqoi^'. Gabriel es un medio de atraer sobiíe^ nosotros la ben'^ dicion de Dios , como la comfeiDÍSL} de^ ^$: malos puede envolvemos en su castigo.
A lo largo deia.calle jdb los Nogales y y á.visn ta del prado y de los. ganados que le poblaban^ se había cubierto coa manteles el espacio que se creia necesario patáila comida; de toda la reunioif; y llegada la hora , que se anuack^ con la catiipaT nk.3 luego que lel señor cuta sobó lá bendicÍQn ds la mesa 9, ocuipamos cada unp auestro lugaü. £1 señor cura y el fiaron, estaban á la cabeza , ser guian después conmigo algunos señoi-es convida^ dos de' sáa Juan ^ y ilos hijds: y discípulos delBa* tixL JDbspues de es^osv: venían eiLel criden» Gabriel^
Roberto y Nico^á^ v T^^ ;demiS':crlad¿^ 9 pastor res y jornalesos^ la casa; y.fiedray las muge-* res embijas. de; Ips 'familiares sermn á la mesa^ y comi^ronidiesptujs en; easa d£d:!Bar(Hif,i. -: ( ] ( >!^La! coixiiaa iue abundante ^ob^o^awier a t y jsl cego6ijáy^ ía%oafiaQiwn^ynlkr<DQ ehilos^s^oibl^tns d^ítddois ios coiividadds/ lacj&iíd^ur^ i^idl l^^son empleaba síe£Bpre<can>si|s icnádpsy el modo pa^ ternal qon juy» los. tratá^K^, thacia que .quando estaban eniú^í^ofáuii^iás^^ toBlial^iypctoniáaQaaÜ .1043^ dependa ii:J!ia verse 'soAfZíktkio^fm mtenta^íian ciomuQest^ittrQÍM;&paíl^2ya^de^ Uop vrico&qufi'jamas 'hablan ft stts cariados si^ ha^ cerles sentk\su;idkpeJidietncia y que lujnca ksi báten'ctínocer*elintbr^ r^ii^rtonsaa^ e^ ^ci* dafl Í9^ >pn»jtosideL9^f(Q }9;f»f9^baQ <;q0q pa^
2^0 "Kt tAHon OrKOBIKS^I .
dre, y lejos de desear huirle sa vista , ansiaban por estar en sii presencia , y por verle de cerca y admirairle.
Al fin de la comida llegaron las hijas die Ro^ bérto y de Nicolás y acompañadas de la mósicá pastorU^^ y pi^semaron al 'Baroi^ dos» canastillos de pan de leche que el señor cura habia bende* cido por la mañana. Estas sabrosas. tortas^ fabri* cadas por las manos de Lucia y fueron distribuí^ dasr por el misino «señoriBaroín^ quien :C0iiieiazani^ do por el s^fior cárá^ii^paitió/ifná.á cada cost^ vidiádo, manteniéodose todc» ^eao.^ie ibi^ntras duiró la distribución^ Acabada- esta -^ . >y . teniendo ¿ada uno en su mamo este precioso pao,, promín^. ció el señor cura con la unción mas tierna la oración siguiente í'-' , < j^ ' :
' ^ Dios , codo bopdad para vq^trd; h^os , acep^ Ilutad la gra^itcid de nuestros ccMrazones. üDtebaJQ svde la bóveda dei tirhianiento y ka presencia del «>sol que por orden ; vuestra nos alumbra i, y ^en remedio de los^»mposqueiirecibierónvue^tiiabea*t f^dicion para' praduíúr estos preciosqs firutos: ^iodust^ »>feiamOs vuésará^grandezoi^; vuestá^a gloria» Solo mVos' sois grahde ySeño]^.9isQloj^Vi!)sa60is*^ fiadcQ lidd hómbtre , cdadoM á vuéstiba innág^ ^ ^semcb njan¿a 9 y destinado á: poseeros.; <, de Vo^'soii to^ wdosf'los bienes ^ue=^ri?ci6iínos, y que espetamos yyc^OntínUareis eú idispansa^noKttílaqedlD iasii^:fteH^ »&on ^ y ^ tío blvid^^rá üstoeisktufiak) qvié^ ósi Mof vt^tk ; -aslitidia&'kbfii vnésttacf ggwciaííirytkfssí vsties^^ y^iíí'c^ítysá l>éadicidnP'ctúga yiae<«¿rra nel ro¿ió WWe 1^ fenillia'ídevuQstrQ) siervo^. y ^>sbbre sias gaúadós y propiedades*^ Asi os lo su^ 'aplicamos poi* los^ méritos de : vuestror.H^ y^&i M^t- nuestro Jesotíristo^ que mmVm y eli£^i&
(/;
6 LA MORAL DEL LABRADOR* 29^
»ritu Santo Vive y reyna Dios |>or todos los ;5Í-> wglos de los siglos.** i ; ; '
^Eliehtusiasmo conque todos ^h^^ofi asi sea: esta ^oz de deseo '^ qíike : salieado: del i^arjazon ;d6 todos, debió penetrar liasta el'ti!Oiio:del Exceln so; la devota aptitud con que estos Si^ncillos a^; déanos tenían jBjá'ki'hiiQiildevastal.s^ mVñ nstto^que liraiiüaciaba lk oracioíli i y ia^x^apidéjS) iñvotAiBAatm cox^ ^qüe ,se;:vQhdéro]| ácia.^^l Barita» ti gri tae el ^j^ztéúcóvasi i sea , feomo pare jn^mftsní, títr.iel objeto l'cúyo favdrlacdirágiao^^l >g92:o:y> la temuira qué vi briUar. en todos, 1í>s, seniblaa* tes , mientras á 'lindes gritps repetían, kii palar bf£(>4e (beodicioa;c la. honailda;} dél< Baron^» iqiie üjá^etEi tierra stiSi ojasreátetlnecidos para ocultaírso dd homenagé que ref^i^ia y todo pródigo eii mi corazón una impresión profunda ; todo me sacó de*mí mismo^ y.toe tuvo por largo rato fuera de mí. i Oh hombres! (éstas fuer6n las primeras ideas que ^ se ^c^cieron á mi imagkiaeiao) ¡ oh grandes de la tierra! roh vosotros ló$ qufe corréis en pos ' de ios iplauá)s. y: del • placar I Venid; yo os mostraré en donde reside ila ivei?ii}ader ra felicidad* Entrad ^en^l camino de la virtud: que los sentimientos de religión llamen vuestras almas, y que la beneficencia yla humanidad habiten en vuestros tocazones,: Huid idei. las reuniones peligrosas^'; preferid :liir;$odbdad dedos síldeanos , y emplead vuestras) riquezas y vuestras luces en hacerles^ bieoi:^ La envidia Jdo. desfigurará vuestras acciones , ni osaírá contta la virtud que resplandezca 6n eUasi la ingratitud tampoco nacerá de vuestros beneficios laUiisei^eis.fdUc^ alli os éipeütaei ta^titenbo.qü&en.váno.buscai^i en otra parte: alli encontrare^ ctírazooes.agradecidosy
Oo2
íg^ 'JBt BARbN DB HÓBIKSICI '
qiie atr^ráA eon sus votos :nuevas fdicidades sobre los vuestros.
: "^MieiitráB yq esiaba absorto «coBtémfdandó la felicidad del Baroh en medio de los sencillos aU déailos y' 4ue tañí sincemmenie:k amaban ^ s&har* bia este retirado con el señor ciira , :y levantadas las mesas v el aparató que habi^. servido! para lá coMda:,^to4a iaésegosSijo :^v algazara;/ .tíaciaíar simar'tunos susrústicds Tampo&iasycan^bauí^otrQs mis 'tonítdáis sencillas, disputaban algitnos.éó ¿1 salto, y-otíros cohio Gabriel gr{ Nicolás, se baja-í ron al pirado , y sb /entretenían observando los anioii&tes. Vimos á poco rato regresar el £ai;on9 attoimpa&andoiá alj^háfiseñoiiás de san Jitaa, que ^fiúani á disfrútate idetlO'ifestivaGeunioa;. Tenipld ¿monees íRbberta sa la^d>i y cantó b> siguieiite :
' • • . • - ' • - i • . i ^ i, .i ;. í I . . . : . . : i • I - [ {
Despren^óse Aquibn del pedo umbrío: Yk lento el arroyuelo '
Kw- Cdrreapenas, quajado el:.cauce.irio.:' > •' 'En! pintones de liielo; :. n .• í \ /.L.í; ; ' . / j Yla flor quede périasr: salpicada :. . ,\
• - i A ^ü oríUa crecoa^ - - < , ;
Marchita entre ia, nieve sepultada^ .; !
&i belleza yacía. ^ ; / ^
Yá el labrador en reja brilladtftta . > ^
• Trueéa élpértígo a£XÍiail3B^o'ii?^^.ir; " n. /•
- ' ¥ tras la • carda y UDtii de^ia Aucora ! ..
- í ^Mira la Í4ií:Bacidnte¿'iJ''>rr'J.;/>L c;.; 7 * m-
^ Al»)e en teusdklosdD[co£lialo1(K>setíO:-'
' A la fecunda ciecraK: t ^ \ ^ - f. >
Y entre la i)aeve;,ikle! esperanzas!. Uedo^ '
' ' Préd%o el^^niiía Qiidéfi»ií -oj.í'jíjv u :>- «í
i ; T espera el frutx>;ása.tadustrioaOia|ÁeÍQí
< ''^'£á'S]«ie6e8ta]BlIndosas«/Ji.:J.,'.^^'J ÜL; :l. • «
ó tA MORAL DEL LABRADOR, 293
Cuando mayó gentil al fértil suelo ' >
Vierta encendidas: rosas.
Mas antes 9 ¡ay! que en Ja vernal morada I>el Aries nazca el dia, . )
Tal vez su vida , y su esperanza amada - 1 Segará parca impía.; !
Último invierno ^ Tirsi , el hado triste ' Dará á tu vida acaiso^ £1 que ora en tempestad sañuda embiste . , Xos piélagos de Ocasa
Saber el fin que decretó el destino. No es dado á los mortales. * »
i Qué vale, Tirsi, con temor mezquino ? i , Aumentar nuestros . males ?
Reyne en tu pecho d plácido alborozo, > Y d necio afán alanza: , - '
Ni pierdan , caro amigo , el cierta gozo, r Por dudosa esperanza. - '.
La edad traducá por fatal sendero , Vuelai á Ja tumba cobscura» •..;>.; / j Gozáíel tiímppiiq^e es'tuyp.' El lyrenidero^ J
I Quién, Tirsi, io asegura?: n ,. ; >
Fipalizado eX canto de Roberto^, feohtínuó la música pastoril y los inocentes juegos dejos aldea^ nos, basta que poco antes de ponerse el sol' se sir-í» Vió'.á todos una merienda en la misma calle dé* los Nogales^ y. despues.de ella se dirigieron al prado, toábalos criados y. pastores parla recoger cada uno su ^ganado , y condiicide .á su establo respectivo; Entretanto acompañamos nosotros á las señoras de saü^juan hasta los limites de la calle de Arboles del caimiQO dtrl pueblo, y ¡vueltos á casa, nos, reunimos fiO^óft eh eíoiatorio para, la oración ideóla, tárdcir - <t
Asi se celebró u rencilla,., pero .intereisante
294 Bt 3AR0K Ds ROBmsn
fiesta de las Primicias ; la última á que yo debía asistir en la casa del Barón. Le habia yo manifestado al{2;unos días antes la necesidad de restituirme á Romans ^ en donde todo estaba en la mayor calma ^ y mi presencia era indispensable. Sois libre , me dijo , y nada tengo qué añadiros sobre la. sinceridad de mi afecto ^ ni sobre el placer que tenemos en disñutar de vuestra compañía. Coiiozco la justicia de vuestra determinación^ y debo aprobar los motivos en que se funda. Sin embargo de esto, deseara yo que asistierais á nuestra fiesta de las Primicias , que celebraremos dentro de poco 9 y que unierais á los nuestros vuestro corazón para agradecer á Dios los favores que nos dispensa. Patsado aquel dia, podréis partir j dejándome sin embargo la esperanza de que volvereis á pasar con nosotros algún tienipo ^ cuan* do vuestras ocupaciones se hubieren terminado^ y de que contareis con este asilo y con mi amistad en cuantas ocasiones pudiereis necesitarla. Contadicon ella, amigo mió , y contad también con la de mis hijos: todosos aman, como yo,y todos quisieran deteneros. Dejadnos pues con la seguridad de que Volvereis á nuestra vista, ypa« sada la festividad ^ que deseo celebréis con noso^ tros , os podréis ocupar de vuestro viage. — Agradecí como era justo los sentimientos de amistad de éste hombi-e incomparable, acepté sus instan** cias para asistir á la fiesta de jas Primicias , y le prometí volver desde Romans en el momento que mis ocupaciones me lo permitiesen , conservando siempre en mi corazón la memoria de tantos be» nefícios , y la imagen de un hombre j cuya i w-^ tud habia. tan poderosamente contribuido & re» ccmciJiaiune con los demás.
6 LA MORAL DIL LABRADOR. 2gS
Pero la imagen de la íie^a á que acababa de asistir en éste dia , era demasiado viva y penetrante, para que la idea de separarme de este asilo de la felicidad y de la inocencia , no vinie* « á afligirme durante aquella noche. Imposible fhe fue el menor descanso; no pudieron mis ojos cerrarse al sueño ^ y solo el que conozca al hombre incomparable , cuya separación me era forzosa 9 y la situación en que yo me encontraba en «quella época, podrá formar idea de mi aflicción. ? Aunque mi espíritu desde entonces dejó dé gozar de la tranquilidad y de la calma , de que gozaba antes que mé hubiese visto precisado á re- 6olver mi viage ; no dejaré de trasladar aqui las cuatro lecciones, que antes de mi partida, dirigió á sus discípulos el Baroñ. Son ciertamente de la mas grande importancia para el hombre que desea conservar la paz interior , que es el grande objeto de la moral. ¡Ojalá que mi turbación lio me haya impedido trasladarlas con la digni-» dad que merecen !
:. V . . De ¡a urbatUdady cortesétíé
ton P»fiai qtie el hohibbe íeá f¿li^ debe, como hetÚM dichb'iin varias' leodones, contribuit á la feHttdád deilos btrojrJpeMI'Conio no siempre se QÁecéíi (ocasiones de serles iitil ^ está obligado por k> menos á manifestarles' en su conducta y en su |»dtt^'e:^teric)]^ la disposición éti que se háfla de servittoá ^Ewe eSC el' origen de la tótttútk y dt tes «usos kctóáuddós eü la iSOtfiédad para ^Itrá-
to buttiano ; usos á que nos debettios conformar, si no queremos incurrir en la desgracia de nués« tv6& semejantes* El hombre está lleno de defeca» tos , y el prguUo y la vanidad son acaso los que mas le dominan. Estas pasiones . se suelen ofeii^ ,d^¡: y si nos negamos á las atenciones : estableció .das por el uso, y de aqui es que no pocas veces la falta de urbanidad ocasiona la enemistad y lá discordia. Debemos ten^r acia los demás la dis?^ posicion.de benevolencia y de respeto que desean mos tengan ¿cia i nosotros ; y «I nadie desea que se le üalte á la at^nxiion de Jft. cortesía , taqipocp debe faltarles á los otrok. £1 publico es una res^ petable autoridad, y jamas se le ofende impune* mente. Es pues indispensable acomodarse á las reglas que tiene establecida^ para el trato social¿ Si los buenos merecen que les manifestemos nues« tro afecto con señales exteriores , también exige nuestro deber y nuestro interés propio , que no faltemos á los malos en la cortesía y urbanidad: nuestro deber , porque no debemos d^c de.amar-f los, de interesarnos en su bien y de desear la mejora de su conducta ; y nuestro interés , por-« que estQs d^graiCÍado$.so]xjK)C lo coisun^lm me« nos indulgentes, y los que perdonan con mas dificultad los agravios^ que se les hacen. Hasta los extrangeros y desconocidos deben ser trata** dos cortesni^nte^ la ley de la 'hi^s|Ma¿i4ad ' nos obliga á ello , y no pocas nuesibra utilidad^ tu»* ma, porque el desconocido: puede ¿3ér. uní. hom* bre de mérito y de disitincion, de quien podemos necesitar tjñ alguna de las diferentes: circunstan-^ I9l^&.4e la^vida^ ]lips desgraciados tienen mayor d^r^hpá pues^ra urbaniéad, y>si nos interesa^
ó XA M"OFAt DBJL lABlCArO». 29?
tar su aflic cion ^ debemos aliviarla con la dulzu-* ra de nuestro trato, aun cuando no podamos proporcionarles otro consuelo. £1 hombre , á quien persigue el infortunio , suele, ser mas sensible á la menor falta de urbanidad , y esta observación Qos debe excitáis al mayor cuidado de no faltar^ le , y aun á ser mas urbanos con él , que con el que vive en la prosperidad. Ni aun la amistad nos autoriza para faltar á la cortesía ; porque la 4emi^iada, familiaridad engendra el desprecio, y este produce la frialdad y. la indiferencia. Se si«* gue necesariamente de estos principios que con ningunflr debemos faltar á la cortesía , la cual sin embargo , según los usos establecidos en el publi«> co, se debe manifestar diferentemente conforme á las circuastancias de las personas á quienes se 4inge. Con los superiores debe ser respetuosa, franca 9 tierna con los iguales, y afable con núes* tros inferiores.
Todas nuestras acciones y palabras deben manifestar nuestro respeto acia los superiores en el trato que tengamos con ellos, absteniéndonos d^ cualquiera falta que pudiera irritar su vanidad , ó hacerles pensar que les negamos el respeto que nos merecen. A excepción de los superiores conquie^ nes nos iinen lazos particulares , por lo que hace á los grandes,! las personas constituidas en-^gerar^ quía mas elevada que la nuestra , nos debemos ^ ceñir á no faltarles á k> que les debemos según los usos; pero sin. fatigarlos con la. frecuencia de^ nuestras visitas 9 y ^in aspirar á su intimidad. Los I grandes, decia Diógenes, son como el fuego, del cual ni debemos apartarnos del todo, ni acercarnos mucho. En frecuentar á los opulentos no s^ gi^ña sino el deseo de enriquecerse, el gusto
298 . BL BARÓN BS HOBIKSICT
del lujo 9 Ó el sentimiento dé lo que nos falta pará^^ Igualarlos ; y ni lo uno ni lo otro puede convenir á nuestro bien. La medianía es el estado mas feliz para el hombre; pero ^para \ esto ts menester . que no se roce oon la. opulencia.; ^ ^
Para . no disgustar á nuestros iguates debém^^: cumplir con . las , leyes de convención y con los usos; y. aunque la igualdad nos dé otros dere-^ chos 9 , será ; obligación > nuestra . el lio- manifestar que deseamos ; serles . superiores. . Es .menestet* ño irritar su ;amor. propio j . ni ; exigir, otras Wténciónes ni respetos que los mismos que les<dispensa-!> mós. Debemos ceder en las disputas , y ño irri-»-' tarnos cuando^ se contradice á nuestra opinión. Debemos ;seri modestos : en , el . hablar , , porque tV que : habla • mucho ^ y ttige ^ que se * le ^ oi¿a con atención , .se hace .^incómodo 'y,>despre(?líible. Ños^ podemos arrepentir.dé baín^r hablidó, .pero ttun^ ca de haber callado. Guardad el silenció , decia Pjtágoras ^ á no ser. que tengáis que decir cosas que. valgan. mas que ^1 callar. En las reuniones y concurrencias no se' debe aspirar, al puesto de hóaonSi.te.colócas.ea. el último .asiento de los convidados y . decía . nuestro : maestro ^ Jesucristo, Cuando te oteerve el . dueño vdeí I festiri , te hará pasar mas adelante, y te verás honrado cpn esta distinción ; pero si te colocas el primero , ig hará que abandones aquel : lugar , y ^ que le cedas , y entonces ^sufrirás funa afrenta. £1 que es humilde agrada aliSenor^ y, se hace amar y distinguir de los demás Jbombres. ...
Con '■> los inferiores debe el hombre ser dulce, y la ' afabilidad no debe desaparecer de su semblante. Si saludamos con agrado al inferior, ál pobre , al nüsera ble , le damos á conocer nuestra
6 LA MQRAL DEl; tABRADOR. 29^
hfín3íipi4^d3k.y le inspiratt<^? la\dulce We» deique AQ ,;1?. ,á§spr,QCÍ9tm0» ^ >y» ^dá *^:quQ ¡h deseamos : el ¿i¿h,íip§^ft 1^ fofniii^ridftdy la llaneza deben desterrarse de nuestro trato, si tjUeremos que se ñosmire con . decoro , *y que; jamas se falte al respeto que nos deben los inferiores/ Un padre, por egempió ,. debe siempre ofrecerse ala vista- de sus hijas ^e un modo * decente ;y ^ deccfíoso , evitando la, meqor ; acción que; pudier^^ Gompifeimater el res-? I)íto»qi«í ^se 'le debe.
Él. rpiíblico ¡merece siempre, la mayor atención : es una autoridad que debemos • reconocer, en todas nuestras acciones , sujetándonos siem^ pre á las leyes del decoro ' que él mismo • ha estaolvido. El que no las respeta^ el: que se conduce; ^n el público como ¿i se hallase eii:la spfedad, es un orgulloso que se tiene por superior á los demas , ó un insen$ato que se quiere hacer aborrecer y perseguir. El hombre prudente y experimentado ha podido observar , que ; hasta los pue* blo$/potrompido$ aman el decoro en las ptíbli* cas reuniones , y que las personas mas corrom^ pidas suelen ofenderse en el público de las accio* nes indecentes, Deaqui la necesidad de * sujetarnos á lo que el bien parecer ;y la costumbre exigen de nosotros , sin faltar por ningún pretexto á este deber, sino en el solo caso de que conformándonos xon él , tuviésemos qué ^faltar á los deberes de la justicia y de la moral. Dío3 debe ser antes quetodo',:y no hay usos, costumbres, ni establecimientos humanos, que no se deban hollar y posponer , siempre que se opongan * á su voluntad. Se han dado elogios á Gaton, porque se salió de un espectáculo , en que se iba á presentar una muger desnuda á los ojos de un
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300 BL BAROV JOE ROBIl^ltl
pueblo corrompido. ¿Con cuánto mayor horror deberemos nosotros alejarlos de todo uso en'qué la virtud pueda hallar \m escollo, y naufragar las buenas costumbres?
La humildad y la* modestia son en genera) las prendas mas estimadas en el trato humano, y el orgullo y la vanidad las mas aborrecidas. Dios es el que nos dijo que los humildes y mansos de corazón s(m bienaventurados ; y si la eterna fe«- licidad no puede comprarse sino á precio de la humildad, fundamento de las demás virtudes, la felicidad temporal tampoco se adquiere con tí orgullo ni la soberbia. El hombre humilde es siempre indulgente , perdona los defectos ágenos^ y los disimula; áifre con paciencia que se k contradiga , y se abstiene de proferir la menor expresión que pudiera exasperar á los otros. ¿Cjómo será posible que no se le ame ? ¿ Y este amor áé los otros no es por ventura indispensable para la felicidad de un ser naturalmente social y cria-» do para vivir con ellos ? Asi es como la virtud de que nuestra religión nos hace un precepto , es el fundamento también del bien estar de la sociedad y de los individuos que la componen.
ó lA' HÓÍikl DlL'tAfeíkAI^K. ^i
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Ve la necesidad dé conservar la paz con los áe-¿ " was hombres ; y de los medios de conseguir ^
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* La paz ¿íott los otros es él primer bien, á que debe aspirar el hombre que conoce sü interésjpropio i y que se propone ser feliz. Las persécihciones y las contradicciones que sufrimos , y que turban nuestra tranquilidad interior, provienen Se que no ños hallamos en aquel estado -de paz con los demás que nos propórcionária áüs servía cios- y su amor, Lejtís de que- el deseo de kt pá¿ sea contrario á la religión , ella misma nos io in& pira en todas sus páginas. Jesucristo fué tan amante déla paz que hizo de ella dos biehaven-^ tutahzas : bienaventurados los mansos i^^jKÍrqtíé élltíá^' poseerán la tierra: bíenavéníurados los pa-^ cificos, porque ellos serán llamados hijós'dé Diosf En efecto : toda su doctrina parece tener por su? principal objeto lá caridad, que es la unión de los hombres í jy qué es la paz sino la unión \ Es verdad que el mismo Señor ha ]prepaí ádo á sus discípulos con los malos tratamientos ^ y con las persecLKriones que les > esperan dé parte délos malos i pero también lo es, que estáá persecuciones »o han de ser motivadas por la conducta de sus discípulos , i quienes siempre encarga que practiquen el bien , y que brille ía caridad en sus acciones , que son los medios que producen la paz. En suma , no siempre está en nosotros el tener
la paz ; pero siempre debemos procurárnosla y proponérnosla , como objeto de nuestra conducta. Por esto picvefíili san^PaWi^'ljUí; se^debe vivir en paz con todos en cuanto nos > fuere posible. Para conseguir este precioso fin ' debemos ftvitar, las causas. que producen ^la^desunion , y para evitarlas debenios conocerlas. Si reflexiona** mos cóii aten^ippirspbre élprip.cipíp de todas las desuniones , conoceremos fácilmente que siempre |)roc^efi ój de que nosotros hemos agfavi^ck) á los 4^íña^, ó. de que nps sentimos agraviados poi; ¿Jos, Supuesto esto i será necesario para conserva? la paz^abstenernos de agraviar á Jos otros, y d^ darnos por agrayiajdosde su conducta: mas esta^ regla al psjrec^r; SQttfill^^, es de; ; l^s ipa^ diftcile;* ¿n la práctica, jX^ pues íigy/de. sj^ prinier,.
];a paf te , esto; es ^ v de^l^:a(;c^$id4d de no agravia? 4 los Quinas honi^res, \ ! .; i •
, .No.es mi intención hablar ahora de las accíor O^^pxp^bidas pqr;lí^,ley-, cuya ejecuc^;i ,agr^- ^a^y^rperji^ca ,á ,\qs ^trps^; j^f qij^i^e: esí?^ ;. y 5^ h^mo^í.p:atadO;.ante^ÍQjgm.eiPíe,^. '^\no^ d^. ouq»» coB[dp[Ct^/9Ív;il con .los, i^oinj^s^y del ti:íM:o' social^ n el <?ual . podamos ¡^gfayiíijrlos ^lonjtraícñciéndpes; y esta coatradíccion puede recíer:^ spbre SU6 opiniones , í5; sobre sus pasipn^s. . , \- [ .E^unefec^^ 4?liQrguU9^,3eJ[;iípn3bre¡,el píQ sufrir , que, ^y cpfttradAgji á, &u . ppinipi) i de?f?aip06 eí fontr %r/o , <^ej preiyf*,lezcív, . porque . desea ; dominar , y también se domina ;sobre I05 espíritus^ cuando se consigue que adopten sin examen , ni resistencia las opiniones del que les habla. El amor propio sufre también cuando se contradice, porque no se quiere pasar ppr inferior á los ojos de los demás ^í y un hombre que acaso se
4 '
6 zAlí6%At MiVAMATübn. é6$-
desettgafiaria por sí misnio de sü propio 'etrot^^l suele obstinarse- mas en sostenerte, cuandó-^^se^ entra ett disputa, y^ $e4e -quiera coñvenoef dé^^ opinión^ errada/ ¿Pera será^p^bk', jy* aun^periñíí^ tldo^éb ' bu^taia fl&or^l el- düjar'n&S; d^e- o^óáfeb ^ab error' t^ todaS flbestrás ftóférzía^ ^rsé^
guir hasta sütdestVucciéln!» al eneftíaig[ó de fó'vef^' dad ? Nor nos e^üi'vróquéitioá , hijos miós : él ' iefo
ittisrfta^ y ^ > Viho^ á* eéte-itítóíidó 'p&ra^^ álumbí-aif -íp Itó qué vivian> eü 4á3' tinieblas dd errdr? - Y i péí> sar de esta misáoh ¿divina ^ Hbtnó á sü cargó tohibatir todos los errores ? :¿ Desengañó á íes honi-» bies sobre ¿US 'OpíñSÓnés «rradásíéií'puttto^ á * las ciéndás'^tkttíráíteí^i :iMóv!tóüéííto détos asf«ís^ 6rf^
IcS^Ué^^^ dé^lá tégétáeíóftV yítahtttsJ^Oft«s-l8d*á3í/> sobré las ^cuáles y eifrin los í^mhtéíydá^úutíi^ De^ iliñgühft riia4ieraJ ^Dí^utií c¿nr^Htóg>,^sr!Mb!5^ desengañó isobuf)^ <^qu6líú!^^éPifdre^T (^i ttfiflák í^é^^ lákrtiMiíiaOnisU'fcondÜttk 3S»ml9'ír;ébtí'^ iiéligi^a»5'?pefdíífeil5^^c»aMb^Aí^Jo&
prudentemente pt)dértios esjperár ^llé húe^tta' coñ^- ^ tradiGcionserá provechosa' al bien-iáes"nüestjwi^ pr^iiniosv y que? m pfro*icirt ün ^toíáí iltóydr V'y'' mas^ füitóáfe que Jo^ Tuérá élyeí £61: -.y : í jí djíinkm'^- mtó icíonibátimos J fófi^üe si'estfe;^inál';^é>liübiétó^ dé Seguir^' deberettlos abstenernos dé Ik ctóntra- • dicción y de la disputa ^' que desüitíéndénos^^iíós' robaria la paz sin producir ebbieñde la tbñfvió-* cioni El^hoídbre prudente ^ dice' el Etlééiástiéoi ' contendrá sus palabras iiastá qtie llegue -^I-tiem-'
904 .' B£ t^dU^'BtltOSfHflri
po 9 y los labios de muchos publicarán su pru*^ denci^ Por esta, regla tan racional y justa ^ evitacemos la costumbre de disputar ^ y de contra^ ^ decir las opiniones de los otros ; costumbre á que e|,in|prudent$,,susie eptregarse, y que es causa: poje la común, de la niayor parte de las desunió-*, nes que se ven en la sociedad. Platón decía, que ^ en las repúblicas no conviene intentar otras refornaas que las que se cree serán aprobadas por ^s mi^mbrps i y san A^ujtiij no. duda enseñar.^ míe el verdadero pacíílop es el que rse opone á los clMórdenes ^ue puede corrpgir , y que, íufre^ con ; firmeza , aunque sin aprobarlos, los que no puede remediar.
^ , Por Jio que respf%ct;Aá las pasiones de los otros^. para copocer Qi^estros .deberes acerca del modo . con qijieiqQi} e^ pqfi^cIdp.Qpotbatirlasó sufricla^ dfeiagán?e^la¿»jite}t9d[M<í^^ m pasiones iftiy^: tas , indiferentes y^ justas y pprque lasíiay de estgs[tres clases. L^ pasiotiés injustas , que spíi 1^ qu^ tl^i^pt^ PQr ) íÍq un vei^Mero foai^ no debea agrpl^rse jíijiaíí ,fptfym siempre se.:deben con-? tfadecw.. ; Aqjffi.de. $nip«R*fse jeoí lauontraáiscion ser'delje €»«s¡íjer,*r .si,(ie:.lacrepfensi(Wii íesultará» i^^.ijQ^ que biea ; y én este caso debemos ^*^; tenernos de. contradecir , compadecer en silencio e^ extravío de nuestro próximo ^ y gemir ppr él : delante de í)ios. Esta r$gl^;e$. también de^i^añ. Agustiql Sj hay motivo de temer , dice estg Santo, . , ^q irfita^kdo.á Jos o,tros coa la reprensión ;pode- . iQÓs.ser cjausa de que cometan un mal mayor i que el bien que nos proponemos , en este caso el . Ao reprender es un consejo de la caridad. En e%cto,,esta virtud preciosa, quiere qi^ obcenios síeipj)re eí bieq^ y jama^ p\ míd.. , . ;. _ . y
ó lA MOItAL DBL LABRADOR. 30^
Las pasiones indiferentes son aquellas que tie<- nen por objeto las cosas ó acciones., ,rr .-^ son malas ni buenas por sí mism?** ..v por el gra-* do de intención con ^- ^^ apetecen : tal es la ;'"íion de la w' ^ xa de la caza , y otras de la misLiio. Jll^.uiaieza. £n cuanto i estas debemos ser incomparablemente mas circunspectos ^ respecto á, contradecirlas;. lo cual únicamente nos será permitido cuando estemos bien; convenciódos de que son perjudiciales y> dañosas por su demasiaoa intensión , y. de que combatiéndolas hemos de conseguir ¿dgun bien , sin riesgo de un mal. En otro caso, ésto es, cuando no estamos persuadidos de que tales pasiones son dañosas, podemos aprobarlas , y ao habrá razón que nos* autorice á contradecirás.
, Hay pasiones justas , y son aquellas que tie-> nen por olijeto conseguir un bien real y verdadero , un bien al cual se tiene derecho de aspirar. £1 hombre que obra -bten, y que nos dispensa liin beneficio 9 tiene . derecho á nuestra gratitud, y todos los hombres le tienen á nuestra urbanidad. Justó será pues que no nos neguemos á contentar , y á satisfacer estas pasiones , si queremos vivir ea unioix con eUos y conservar la
paz#
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306. St BARÓN DE ROBINSU
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Los agravios que recibimos; no deben hacernos:
perder la paz: interior. .
: No> basta. deja t'de agraviar á los otros para.^ tener .pa^^ :: es inene$ter; tambktí . que ¿ef>ámos. su* * fnr los ; agravios. (|ue se. nos. hagaii, y conservar la paz ái pesar: de ellos. Esta, materia es uña de las. mas;,iiii{:ortantes de la moral: pues si los ^ravios. que recibamos: nos han de hacer perder I9: ta?anquiUdHd:'^^ diBcultoso sttk que' podamos ^ oofiBeguirla> }^ porqde éstrmuy difícil , ó; por^ mejor decir, imposible, que falta quieta nos/agravie , yquien ataqueV nuestra; reputaíHOta 9 por niasrAmdada que se. encuentre en. la. bondad de nuestra, conducta.. ( •.^•. i ' . • j í.-' -'
* £U;;priaQeritgasp.>quejJdebémosi^d^ los;
agrei^ios . ci^JkgueQ(á>t;titbapnudstrai'pá2 imerk)r, ,: es acostumbrarnos' á¡ sufríptok eoá/j^ciiehcla ^' cdnr^ teniendo las(.quqas v; ^ renijinciandO; áj ,toda -de-** fensa. £1. que^pi^nsaf que quéjándidse dellque le agravió , .conseguiráljáismíhuic su pena: y>el/agra*- vio , y corregir, al que le. ofendió ,, se engaña torpemente ; porque lo. que: sucede, es que. semejantes quejas le exasperan é irritan , aumentando su aversión acia. el que. se queja, y precisándole 4, que se defienda, y 1 que. insista. en que lo que dixo fué justo y conforme en, todo á la. verdad; de lo cual resulta ordihariamentei que. en lugar de corregirle, le hemos hecha peor , y en vez de conseguir un desagravio, hemos salido mas ofendidos de la insensata lucha que promovió nuestra
r*.
ó lA MORAL DEL LABRAÜOR. 30t
Vanidad. Siendo pues quimérico el designio de corregir a los demás, ¿por qué no procuramos establecer nuestra paz interior sobre nuestra pro*- pia reforma 5 moderando 'nuestras pasiones ? Ni podemos disponer del esf)íritu ni de la lengua de los otros, 'rii tenemos que dar'trüentá de Sus acciones; pero podemos y debemos disponer de nuestro espíritu y de nuestra lengua, y estaremos obligados á responder de 'nuestras obras. Traternos pues de corregir nuestros íd^fetrtos , y entonces ninguna cosa exterior.. y forastera á nosotros podrá turbar fa paz de muestras almas. Es, ^ del todo incierto , que quejándonos éonsegulrémos 1* paz de nuestro :corazon, y la corredcioü de los otros; pero es seguro que reTormándonos •, y cultivando la virtud de la pátiencia ,' seremos indiferentes á losagravioSyry^cáso lograremos des-^ armar i' nuestro "énefifiigo. También és cierto qufe obrando* asi conseguiremos la compasión y el amor de los otros, y que nuestra Virtud ,.una vez conocida , será recompensada con la buena bpiriion de los* demás* z Por qué pues abandonaremos el ;medÍ9 seguro de reformárftios á nosotros ttíismos , por éP'medíóTincie'rto de entregarnos á las qiiejás , y dé matiifestair nuestro resentimierito? Gon el silencio :y con él olvido del agravió 'habremos perdohíido una deufdá de nuestro '|>ró»imo , y adquirido el ^derecho dé que l)ios nos ^ráptit ías TÍdesíras, nos !trkte coh misericordia, •y nó entre *eñ Juicio con - 'nosotros : habremos ejercitado lá ^aiádad'^ácik'^órsbtrbs'mismQ^, procurándonos una virtud másv <^sto ^^ > ^^ paciencia ; y también la liabremos ejercitado acia nuestros próximos , perdonándoles^ ;privándoles de la ocasión de agraviarnos mas, y haciéndoles aíré^
Qq2
308 CL BARÓN DE ROBINSKI
pentir de su falta con el buen ejemplo que les damos. No es tan difícil^ como á primera vista parece , el adquirir la virtud de la paciencia : co* menzando á ejercitarla en las cosas pequeñas^ y á sufrir los agravios de poca consideracion^se llega á ser sufrido en los grandes.
Pero no basta callar para conseguir la paz interior y cuando recibimos un agravio ; es me* hestec combatir y sofocar interiormente el disgusto que sentimos: es menester hacernos insensibles é indiferentes al agravio 9 y para esto oid con atención las reflexiones que voy á haceros.
La aversión ^ue nos tienen los otros hombres, los empeña en juicios temerarios Contra nosotros, y en murmurar de nuesitras acciones : nos tratan otras veces cotí indiferencia? faltan á la confianza que hemos, procurado inspirarles,, y á la gratitud y urbanidad , y en varias, ocasiones nos maltratan por desahogar su mal humor, y por su carácter duro y violento. Será dificultoso que nuestras quejas no se funden en alguno de estos capítulos : recorrámoslos pues para conocer si son fundadas.
Sino es que se ciegue el hombre sobre sí misr roo, deberá conocer que sus defectos^soa mayores que sus buenas cualidades , y que de conr siguiente es mas justo que se le aborrezca que no que se le amé. I>ebe pensar también que el amor es libre , y que la fuerza nada puede spbiie ét I Por qué pues no dejará á I0& otros esta libertad, y por qué se empeñará en que se le ame por fuerza? Kinguno aborrece á los otros, sino porque ve en ellos defectos que le desagradan , ó porque cree verlos^ aunque no existan. £1 avaro, jel orgulloso, el murmurador, son siempre ahorre*-
6 LA MORAL DBL LABRADOR. 30g
cidos. Si nosotros tenemos estos vicios somos aborrecidos con razón j y sise cree que los teneD)os 9 aunque no sea asi , la aversión que experimentamos procederá del error en que se está, respecto á nosotros; y en este caso no nos debemos agraviar, porque no es á nosotros á quienes se aborrece, sino los defectos que se ñas suponen. Supongamos por ultimo que somos nosotros el objeto de la aversión, j Y por qué nos agraviaremos aun en este caso, cuando sabemos que la aversión de todas las criaturas juntas no es capaz de hacernos el menor mal, ni su amor el menor bien ? Hablo de los bienes sólidos y verdaderos, de los bienes del alma, de los bienes que no dependen de los demás, ni de nada de lo que e& exterior á nosotros mismos. Solo es un mal lo que nos hace malos, y Solo és un bien lo que Xkos hace buenos : la aversión de los otros hombres pos deja cerno est-ábamos, y no nos hace ni peores , ni mejores. Digámoslo mejor : es mas propia para mejorarnos , porque nos bace entrar en nosotros mismos, y doma nuestro orgullo y nues^ tra presunción , asi como el amor de los demás hombres poidria lisonjear nuestra vanidad y hacernos peores. ¿Por qué pues la aversión de los otros nos hará perder el contento interior ? £1 que sepa sobreponerse á los sentimientos que la aversión suele producir , e^ e\ mas libre de los bonoibres , porque sin sujetarse al deseo de agradarles, Bi al temor de que le aborrezcan, sin Qtxo objeto que el de cumplir con su deber, y el de complacer á su Criador , hace siempre el bien , y jamas el mal , sin que pierda su tranquilidad interior por la injusticia de los hombres que mira con total indiferencia., Pero lo que
310 St BARÓN BE ROBIKSKÍ
debemos observar para nuestro consuelo es que el que obra bien sin buscar la aprobación de los hombres, suele lograrla siempre^ y que él que se abstiene del mal, sin proponerse^el ^objeto de que no le aborrezcan^ es precisamente ¿\ meno s abór-« recido*
Si se me dijese c|úe con esta doctrina 'el hombre se 'conducirá mal con los otros hombres , si su aversión le es indiferente , responderé que no se me ha entendido ; porque si se conduce mal , aun cuando sea insensible á la aversión agena, será desventurado , por faltarle para contrapesarla la tranquilidad anterior , que solo es fruto de una conciencia sana.
Pero los falsos testimonios que se nos- levantan, y las ^murmuraciones de que somos objeto, (podrán dejar de íherírnos de un :modo sensiblel Asi seria , si por tales medios se nos hiciera un mal verdadero , «ó se nos despojase de algún bien; pero nada de «sto sucede ; porque semejantes agravios nos dejan los mismos que eramos sin ha** bernos hecho peores m mejores. Por otra parte j ó lo que se dice contra nosotros es cierto ó eá falso. Si es verdadero , | cómo es qué no podemos sufrir que nuestros defectos iseañ tronoddos dé los hombres , cuando estamos tranquilos y no nos inquietamos al saber que Dios ios conoce? jEs posible que hagamos caso del jaicio dé los hbm« bres^ y que despreciemos d de Diüs? ¿Hay cosa mas injusta que el no temer las penas eternas , y el ser tan sensibles á la ligera confusión que expe*- rimentamos de parte de los hombres? Er juicio de estos sobre nuestros defectos verdaderos puede ocasionarnos un verdadero fclcn , haciéndotlois entrar dentro de nosotros , y domando nuestro
6 LA MORAL DEL LABRADOR. 3^11
orgullo y nuestra vanidad , en lugar de que el juicio de Dios irritado nos hace aborrecibles á sus ojos , y nos expome á los mayores males. Si los defectos que se nos atribuyen son falsos, ¿el juicio! de Dios: nó nos servirá de compensación del de los hombres?. Cuando uno se ve expuesto á los ultrages de un hombre despreciable y ¿no se tranquiliza: con la buena, opinión que mercGe á- sus amigoSyáL las. personas, demérito, y á las^ que ocupan la: clase, mas (Jistinguidá. en la sociedad? ¿Porque pues eh tal casa no nos tranquiliza, el: juicio de Dios , infinitamente mas apreciarble que el. de los hombres?: t
Pero semejantes testinaonios: falsos* y; maledi^
cenciás.itos hacen: despreciables ¿1 los ojo& del
Biundo;; ¿ y ;qué merecemos sino. eXi desprecio I
Epitecto dio gracias, á un. enemiga suyo, que ha^
bia. hablado, mal de él, porque no. habia? revelado
todas sus. faltas; Si supieras, le dijo „ lo que yo
soy , :no te hubieras quedado, taa atrás en vitu-«
perarmie.. Si conociésemos^ lajq£ie.somosjy nuestro
amoT: propib> noj nos;cegára',.{cuán. convencidos
estaríamos de que lo que ser dice! contra: nosotros
es siempre inferior á lo que merecemos ! ¿Y por
qué monstruosa: injusticia, no^ somos agradecidos
por. lo que se calla^y nos agraviamos por lo que se
^cé 2 Compénsese lio. uno. coa >lai otro , debiera-»
mosn decir r y. supuesto que se iios! disimulen : tanf>
tas faltas, verdaderas , suframos con padencia.que
se nos, atribuyan las que no tenemos.: Por otra
' parte ,. ¿ no es la murmuración . un mal general
que ataca á. todas.la$. reputaciones buenas y mg^
Usl^ ^Hay.{»ersojDa¿.alg|una posTítlta.]^ olex&dajqíiiie
sea que .esté! á'^ cubierto íde sus ^iros * envensnakios}
^£o)^ i que « pues; nos creeremos üexeatos :iie sm étsuf
312 ^ BL > 4R0Wr DE ROBIN«I
oues? El que con ^. los vicios de *la sociedad debe estar cierto de 4 ^e murmura de él , aunque no lleguen á sus ok. h% expresiones r: que se le deprime , y debe pensar quc ow ^1 Je. de tíi mucho mas mal qu^ el que se le cuenta. Si está pues en esta persuasión ^ como debe estarlo, ¿por qué no se pone en un estado de disgusto habi-* tual? Y si este partido ao le acomoda ; ¿ por qué se resiente cuando llegan i sus oídos algunas expresiones que le hieren, y de cuya certeza estaba seguro aun antes de saberlas?
Menos racional es todavía el sentimiento de que los otros nos traten con indiferencia > porque si se dejase i nuestra elección la disposición de los ooros hombres respecto á nosotros, deberíamos? desear que nos tratasen de esta suerte. Este esudo de indiferencia es el mas cómodo para nosotros , el que nos deja en mayor libertad , el que nos impone menos obligaciones, y el que tiene menos peligro de hacernos amar á las criaturas mas de lo justo. No deseamos que se nos trate; con aversión ; pero si se nos ama , se nos obliga á mayores atenciones, se nos deja con menos ti^ bertad, y se nos expone á poner nuestro corazón en d que pone d suyo en nosotros. ¡Cuántas ventajas lleva la indiferencia^ y cuánto es mas fácil el acostumbrarnos entohces á hacer el bien^ solo por complacer á Dios > y ao por agradar á las criaturas !
Nos ofendemos muchas veces si se nos trata con reserva^ y si no se nos confían los secretos ágenos , y los asuntos importantes de los otros, sin conocer que ^ nitesftra queja es injusjta y contraria á nuestro propio incerést injusta porque eada suio es libre en revelar ó en ocultar sus se*.
ó LÁ MORAL 9Et LABRAllíblt. $43
¿retos ; y quejrer que los manifieste el que quiere ocultarlos , es querer que obre contra la libertad de que goza; y es contraria esta queja á nuestro interés , no solamente porque si alguno nos da (>arte de sus secretos ^ quedamos obUgados á descubrirle los nuestros^ lo que no pocas veces lleva consigo grandes inconvenientes , sinp también, porque al que nos manifiesta su interior debenjos darle nuestro^ didtáltaen para su gobierno ^ lo que Ueva sobre sí •responsábttida4>demasiado grave ; y debemos al mismtí tiempo conservar con fidelt'^ dad su secreto , lo que tampoco carece de dificul^ tades y de riesgos , entre los cuales no es el me*? iior el de que se sospeche contra nosotros , cuan^ do el asunto llega i sabeíse por otro medio. : Es menester carecer de^fó 'para ser sensible h la ingratitud. Promete Dios un reyho sin fin £ los qué obren bien; pero quiere que se contenten* con esta r^ompensa , sin espetar otra de parte de los hombres. ¿ Qué es pues lo que pedimos cuando deseamos que nos paguen esto» tos servicios que les hacemos ? ¿No renunciamos con escd &:^la recompensa que Dios nos ha o&pcida I Pod Miraparfe,' ¿somos otra cosa que los instrumentos de que Dios se sirve para obrar el bien ? ¿ Y qüiéá tiene derecho á la gratitud, él instrumento ó^ieL titíSkéfSihij algún mérito sin embargo en las búhaos acciones , debeftiosr estar^ contSentos y say ti^fechosldé faal¿fle cohtraidó i y aun . debemosl s^rádecer ;á; aquellos ^cuyo étvor so ¡úzáá> bien, la ocasión que nos proporcionaron de icaa^ traerle. : ;
^ ¿Y^por qué perderemos nuéstra^ipasdaterk» cuando se úos £alta á ría* «urbanidad? .{Ignoraiños acaso que lai mas aveces; ncr- es'la ^oniitesiiL lotór
314 ' IL BAROK nC ROBINSKI
que una máscara con que se cubre la aversión ó la indiferencia i i Qué nos importa pues que pase por nuestro lado sin saludarnos el que nos abo|S rece ^ d el que nos mira con indiferencia y frial-- dadi?. Se. observa con frecuencia que los bMsynbre» mas^ francos 9 los de mejor cora^n , los que se bailan siem re dispuestos á hacer ^1. bien ^ seguros de su interior , y de sus buenos s^atimkntc^ ^ soa los ma& «descuidados len U^nari lo$ deberes dó^ la urbanidad. U Por quéipu^ Hp; pensaremos. quilos
aue nos faltan cu :1a cQrt^sí^ qos e^tiinaa verdan erámente ^ y tienen su corazón pronto y di^ puesto para serVirüos? Si pensamos jtanibiea que la conestí es hija de nuestra misma debilidad» que ha sido inventada .para sostenerla, jy! qué cada; uno de sus actos.se dirige A inspirarme la sdea de que los. otros iiosiestin^en, aunque aaíino sea , nos acostumbraremos á mirarla con indifie-»' rencia, y á no ser sensibles á 5U falta. Searnos fuertes de corazón 9 pongamos en Dios nucistca confianza, y no contemos:con los servicios de ríos liombres^ ¡que suelen- faijtarpQs cuando misia l^s joá^ oc&amos ^ y . asi i secenios ¡superiores a la^ vpeqtieif fieces.que taÉta impresión suelen hacer/SobrejÍM débiles que carecen de fé, y que no frdckxMXxsuj^ solare la injusticia de ,sajis agravios* ; : ^At
<it CuaiKio nos agraviamos del ca^ieteír. tiolfititor yjeolérkróíide los ; otros, 2habemcKS> t^fl^sáofoí^ bastante^ sobre ^% imperfecciones! d4 ia bumaHár» dad, y' cuan generarles son, y cuan pocos hay exentos de ellasl Todos los hombrds son una n^>- cía de buenas y de malas cualidíades : de las buenDsnosirestfjlta utilidad; luegt> debemos sufrir las aijdas''.pori)na justa compensación. DebembS; .vi« KÍECicoii^ eibs^ tales cuales son ; ^nuestra uitoleran*
ó tA IIORAL DSI lABRABOR. 3í^
Cía de nada servirá sino de exasperarlos y de ha-- cerlos peores : debeniM pues sufrirlos con. paciencia , supuesto que ¿e no hacerlo ningún bien se nos puede seguir, y antes bien puede resultaranos mayor mal. Estas cualidades que nos dísguá- 'tan son unos defectos que existen en los otros , y que no nos hacen buenos , ni malos, i Por qué pues perderemos nuestra* paz interior? ¿La per*- demos por ventura por las enfermedades age-» nás^ ó fxirqife^el tiempo ^s^maís frió ó itiás ca^ 1ieñt& de lo que deseáramos ? Tampoco {»ies'd^ bembs perderla porque haya hombres coléricos y violentos ; y aun con menos razón , ú bien lo bieditamos, porque nuestro ^sgusto ni: agrávala ¿íiferítkieüad ageña, ni* hace que reí tiempo sea 'peot'i eh lugar de que nuestras quejas contara el colérico aumentarán su mal humor, y le harán mas incómodo á los demás.
De cualquiera manera pues que miremos la conducta de los demás respecto á nosotros , de^ tíenic^ conocer que jamas debe destruir liar tranquilidad de nuestras almas, con tal deque arre^ Írlemos nuestra conducta á la lu% de la fé y de a raion, y de que amemos la ley de Dios. Gran^ fie paz hüfy para hs que aman vuestra Jey ^ d^ciz David ^ j^ estos nunca se escMdai izan. £1 que 09 ñúk ^tk ley 3e abstieiié de ing^yiar ¿ los otros/ y iíiiíra 'Con ihdiféteticía lós'jukios de los hooH hrks^ su akrérsion , su desprecio, su frialdad y sú fiilta de agradecinüéüto , de confianza y de urha^ nidad, y sufre todos estos agravios, manteniendo por tales medios la tranquilidad de su cora^ zoo* Lkvdd ios^ nmS'éi'peSo' de Iw otros ^ ificÁ^ naa PáblQj'jf de esta manera ^etvareU. la ¡ej deCrhOo.' ^^ ^■'*- - • .: .^ « ^ , ->.■:..' . •.. •
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3t6 W. BJIKOX OB BOBIKSn
^Z>ela neiesidad de conformarnos, con la voluntaé
éc Dios en todas las situaciones de nuestra vidist
medio seguro de conservar la paz
intjsrfor.i
Si los agravios qoe .nos haoen Jos.hombres son •tan poderosos para robarnos esta paz; las adversidades que experiaiemamos en el curso de esta vida, ^suelen Ikhar nuestro corazQn de pena y de amar* gara , y . sacarnos del estado de tranquilidad ;y de contento que tan necesario, e^ i nuestra feik^iad» Estas, adversidades son por desgracia tan /recuentes; es tan grande la cosecha de cruces y. de con* tradícciones , que sino nos preparamos á sufrifr las de una manera digna de un cristiano , bien podemos ikcir que la felicidad no es hecha para el hombre. Tratemos pues de fortalecernos contra el infortunio, y asi le venceremos cuando nos declare la guerra«
£1 que confiese la existencia de Dios, (^y qy^ criatura podrá negarla? )e$ indispensable que rcr* conozca también su Providencia, y que^sin s0 voluntad ó su ;perxmso nada sucede sobre . la jt¡0|u fa. Él es el autor del día y- de la noche^ l^mio de la £;licidad, y de la desgracia de los mortal les; y un solo cabello no caerá de nuestra caber za, si para esto no ha precedido una orden suya. Kbda podrían contra nosotros nuestros enemigos^ sí. 4e ¿> alto no se les hubiese dado I9 potestad^ yv^;¿¿cíttcia de .est^s^Píos^ que todo. Ío pMedé , y t<Mo lo diispone , ni Job se hubiera vistq .4«9pQJt^
6 ZA UCiñAlMXi X.ABIIABOX. 8l7.
dóáe su opulencia 9 y cubierto de llagas sobre un montón de, estiércol, ni David hubiera subido lal trono de Isr iael desde ekest9t4obuqíiilde depa^ tor. Y. sitkido a$i^ {podreQ;ips prpijru^p^r ?n amarr gas quejas confía la adi^er^dad , sin. ^que ftfendgp á aquel Señor que la^ dispone ^ la permite?:
una ' de las cosas > luas loiportantes i p^ra el hombre es el andar .ptir el canjíoo quj^ §u Dios Je señala^ rorque solaasis^r^ S0(!09ri4Q^^i se separa á :1a derecli^a. Q i laiüzquier^at)^: sigui^do el impulso de su voluüitatl| ^ yerác^^iitr^ga^P it ,^us propias fuerzas, y e^^nces . es cierta su ];uir)a, ;y segura su perdición*!^! truáindo ppdrá el hom- -brp estar tan seguro de hallarse $n el camino -que Dios quierib ^que áiga. , y. de ocppacel pue$tP iseñalado por él ^^tonio jcuátído ipArcba acomp^-* •liado del infortunio, .y enm^^o de ]?kfíiUiíÍs^ :CÍon;y de Ja desgraicüsi ? Cierto es que él no eligiera por su voluntad.ptojpia. ni los tormentos, qí * *er Calvario, sino las delicias y él Tab(^« I>ios ^s pues, y nb 6tro,7el qufe.le h^ ef9UegadQ..ep manos del infortuoio, y^yit se/mjjceab^^QOado.de sus amigos, perseguii^ de mueote por $^us cgn» / trarios, y objetó d^ la;trUusticia^ deJc@ h<^ ya se vea despojada de sus bienes, privado de las cosechas que parecían deberse á su sudoc^jó
Jostrado, en el lecho delsuíriipientOj la matio de ^ )ÍQS és;la que ¿Ui le puso, ^ }fí qu^le señ^ este hágar para su bien i pugs el mal d^l hombise iHinca es obra.dis Dios. ¡Qué reflexiqn .tanj)odé« rosa , hijos míos , para hacernos hallar en el in« fortunio motivos de contento y de alegría i Porque al fin, ¿qué puede el hombre desear tanto ^cmo ei hacer la.volutltad.de Diop|? '/ ^ , ^ . Quisó, un ApósíxÁ disuadir i J^us. et que ha^
Sid * :i]^ WkíibTi irte iroTünüsitr > •
bfeáe d' cáliz dt síi pásioñ. ] Cómóí lé dijo : 'mi Pá- ^ré me le envia. ¿y'mé Angaria yo4 bebería hasta las héce^'?' (Ahora nías ^q^ae-áunca debo ínanifesmt c'áañto'lé^a^bv^tótnietiéhdomé á'^u voluntad ^ih ^téj^ügtMind^. Nl-habk dé^'Judaís^ cuya perfidia le iba á^éilitregai' á^ siiis>^liétTiigos'9^ ni de' la etívi* dia' dC' los' fariseos '^ que^ táato habiati* trabajado para perderle'éh'sus ilmlditps^ coaeiliibulost, til dé 4ie Mgí^tud db4o6 ^ jadíds^v -<qi»$' etp p^gfd/ de>: los !muigtt<i$^tés^eitado5^d^4oí d^s con vista y (^ lo^ ^nietjmi ton salad ^ ^pedían» á gritosusii< ccáciñxioti^ y ^'iu 'muerta! j'^pMque, conoce' iqaci pstqs desgraciados eran lod instrumentos de la voluntad de su Padrtsj y que lo i^e elÍo$ hacían por eovi* día y pot^^dio, el^eternotiPadre lo. tenia dilpuc^- ta pAtíL^ik iíisdenciOfiJ^eli!g^e¿o hu^mana No considera' pues, !fti parece y^r otra cdsai eh su' craH pasión ^ ^íúQlá: vduntad^ del que k envia , ; y esto solo le basta. Ved aquiy hijos míos, nuestro modelo ^ cuando el infortunio nos asalte. Confoi>- tnándonos con sm ege(ttplo,< yj viendo la ypluntajl de DÍG^S'^n las ^¿ágmda;^ ^^e nos aflijan , lejos -*de pérdeíque^tíra pci^V veremos que >se; aumenta een nilestro éotazcb; porque ^quién turls^ari la que nos procaremos eii la unión coq Dios , y en nue$« ' tra^ conformidad con sus altas disposiciones ?
£1 orgullo y ei descorde dominar) , . el attiútr id^rdenaído de $í mismp, yielde.lasúcmtutas^ :^stá£Psob 4ás grkndesienfermedades ;dei hombre -desvie' qué la desobediencia dé Adán le biza pei^ • der ^u antigua hermosura. Levantadas sus ^pasio^ ncá contra su raíon^^üédo en él es desorden, todo <<onfusion-y todo¿t*astonib. S? ::ppi« el primero, cuando debfetd'iei?bel>?dttiifaor,j.y caldca en las - Cflíiavqrajb^ tiOdoUut at¿id0^ üuiuido.toda debi^ser
parA ^í que le crió. Por ^s^i^m xm^^ta e^e desvío iSLiele .^mar ai«b€»t^^ tolii |n:^ •^ Si pstuyierd^;todíiYÍa:(e«i^e«á«lo,^dk dwf,^ ttculosi ai F^^blQ 4e BtoftaiAiifid^ia <san jAgmtin Ai nsu acnigo ^OiBancianoijí 8i b^bkases^aiaiiíQsiip^^l »4acios rnagtiífícos-; si; tu^i^se» um • mes» Uen» »de n]ai:\)ajres cxquisitciS'iy M^d&cados ;;jsi toldos^ ncomo antes <>Kte^ii^icasQa a>mo rá ;mí ^votectoi^^ »)!dctada.«ías(iStf«utái9|^'% á^pprQSfmm
9>dad y de^}4i|(|ytAi^;i}j^UÉajtísáfft.(l^^ ^dti^ otf a.>\{iáai^ v;iqeL^ sp)^ ebt«l.l«qs{ti$^e4it ser nfeKí ^'ffiemdft' alv^fóiáaiá :.tefib» láadiQfcjWl^r'Jecr ^cioa^jqife tos hombre» íte tobfer^WJ^^eiíjílt^ fj^sabea jahor* pQiL:eíq[»íí^ia;q^e, ¿j^lj^ncieífsf^ >dos bienes 4^:esíft)m«R4,*^ yLg3ie(e$»a;«ujB^
»r«y vicisitudes^ "yEJUÍQ $siífÍQW>Y; í?ÍÍP9i#»io*>yíqi*^
todQ.:eil'l;éi fjpospeíidad Jdei$gfí 4ÍU«»l^SíJfó^Ut%rt
cipnes Qorrotnpidá$ ; tpdo^ cpptribuy e á Jh^^erní)S olvidar el fin/ para el cuaí fuimos c4Mdos> todo liQ3 híice amir iM^ 9n#tw^¡qi^ fiwtdhuyoftáu auestf» dicha í; todo '«(o%fJleví?.y^ df sf yjifcii^ . ifel ttégogiQ de. iiiiestía rfalud^-jf 7 4 qVfi: WlPí |«íí»eii)0a en gw^n i>Pei;o <Hí^n ¿dif(e|:?oft9áíP<» del" infonunio ? Mi ^^n^nn\i^rQ^<:otAxwíii^iM criatujcás, que splo pareoíW existir pafafi»!^^ táraoí? nos hace:mír^d,5Bi«<i4fl ejJfc qué^wííiwílft «Oafó U3 lugar.!d^>Ugi^cídi|^(i^t|erc»^Ofri^ pirar i)oj:.l»í|>9tria j|li^UQie)»'^ii»9oj|««$£ftr mfii
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vuelven de wn..mfi(í&..p«fi^gio?&i;lil^>.|^^.i^^ irer la mano de,.Pips i qwftlít«b> flfl di^oe ; .M espeiaxiza rno») IkoA LdQueiMMii^ 93el íU^6¿bÍ£Qes eternos. qufe ae.í»^ep5^ra«fepfti»;wc«fl9^?3ároBycíT txo$ufiDÍmksu9[;j?lfi 2CáfidaéokiQs^^emi4r2>i^)oá[
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quien hacemos el sacrificio^ generoso de nuestras pmásy <díitrafyéndonas db las criaturas nos ins^^ pira ^ ^mor «e\l>k>s^ ^dmó él ünico que pué-' de • coil9<4amos i la • -humüdád nos iabr^ los ojos* para que cono2cliíÍK)s iiuestra mlsefriá^y y lajus-- ficiacon que se^nos^ áflije í y la pácienda , ejercitada y fiátateciáa pot nwMro sufrimiento , abo* g9í los úiQtvrimientos de la ux , y nosliace adorar iá itnaticriquíe ^^ios faterei iQüíkí-^pb^ de^ubiir ]M:iKntaj^ie6|)iritualés,)áeUiifoltttni :
:i/<: De aqi^'^piidcede qtítreivi^QP^otísntlo mh^ advisitiidadesía cünvic¿i&tf de que3!)iosnosamay' pues noS'4i0ige'{'y de <|u& nos tiene destinados para su gl0tia ,^ pues «^ > hace participantes de la tfrdas de SU^Híto; Éai'a nsyfiar^'Con^él es" líienester padecer; c^ii 4O ,^ y iid- s^rá pákiñcipinike de su vic'<^ tdria el que ho lo bullere «ido de sus combates; ^La corona del délo , Üioe Tertuliano , no se apondrá sobre la frente de losiUieesMáe la tierra^* Nque «Viven -en tosplacetes^ coronados de flores; i»sino sbbre la á*ellte^^de tos ^iristianós á ^enes: frilA' cftlUTDiiiisl'haya precisado á^scoAíder sé de \ la f>ti8tá^¿b ^los honibres ,*y'^<5pe en síis cuerpois^ f^éruéiftCádc^ yü por la péñit¿ncKi ^ Uéven cb¿ <4iuitíiidad y resignación un .corazón herido por ffUi^^éatáoi' éte' la ingraitud ^ de la iníusticia. '^ I%teiíOst Ai^l^g^ri^&bi&títeUaicruz^^'qUé 4ú $bii& pííá'im4ílt4:A^»ii!ftCr<jcílOtl^*«íi^«i Caftvurib ^. y «en-K «£í6<»^háiat^nt)slá s^^sidíki;^^queibs*el tiento; tÉfásAi^ri^^[p^SL ll^c-^^^ déí1a<paltria¿
^ ' La prospetttdbd €Q¿*qUéi301emos ver !& los huv lnk; es para k>s Oidiñbré^ de poca £6 un motiva dei^dáñdáloo^ d^'í»iWlntttadO^(d«Mitra ta^Pro^ yidg0cltt;f $p^M^:isaá«ít&; sS' tftígAXñianr^ lujos mios^
ó LA MORAL SEL LABRADOR. 321 %
mündo^) debemos convehcernos de la justicia y\ de la providencia de Dios, y amar mas y. mas el: infortunio. ^ He visto , decia Salomón , algunos.; »^bombres> que fueron afortunados durante su vi^ *. ''da , y que eran alabados en la ciudad como si? '^hubiesen hecho buenas obras; pero también esto * Mes vanidad. Hay quien sin temor se entrega a,V »Hnal , porque la sentencia se dilata contra los ' témalos i pero yo por lo mismo que veo al peca- 9>dor hacer el mal, y x}ue se le sufre, pienso que; »es mas feliz el que temer á Dios." Justa* cónse-i cuencia y propia de la sabiduría de aquel gran;; Rey, porque si los malos son sufridos aqui, es. para ser castigados en la otra vida v y si la pros^ » peridad parece unida á todos sus pasos, necesa**» Ho es que cuando, bajen al sepulcro encuéntrete, con. el castigo que merecen. Son como los>reos'. qué se conducen al cadahalso por un camino Uemv de flores; como los cerdos que se engordan para lai matanza , ó como aquellos enfermos desespera-* dos, á quienes nada niegan sus. médicos^ piar .sed imposible )su' cür^ion. "He visto la in^iedad; 9»tn los tribunales, y la iniquidad ocupando el' ^asiento de la Justicia , y dije en mr corazón: eL 9iSeñor juzgará al justo y al impío, y entóncesr Msérá el tiempo de todo. Si vieres pues que los; unoosérables son- calumniados , que >l9s decisiones» nde ks' jueces t son violentas é injustas ^ y que la< 9»jasticia ha desaparecido cb las provincias ^^ no te nádmires por esto; porque sobre los grandeshay^ »otro más alto.*' Asi hablaba el mas sabio, de ios mortales, y asi debemos pensar én la tribulación» para consolarnos. En lugar^ de envidiar vá Iosüih tices dei s^o ^ y dis murmurar de la Protideit^ cia cuaúdo creamos á^los peryecsos colmados íÍqt
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favores , conipadezcimoslos , y amepóngamos la adversidad. Dentro de poco vecemos desvanecense como el humo, y pasar como la sombra esos seres , al parecer privilegiados ; i y cuál será su suerte? ¿Podrá por ventura ^ser la misma que la de aquellos que vinieron de la tribulación; que la del desventurado á quien caliunniaron y pers^uieron , y qué suftsi& con valor, los iuiieistos golpes del in£3rtunio, firme. como u la roca, y apoyado én la esperanza de un Dios justo, que premia y que castiga : sin acepción de personas, y que pesa Jas. obras de los hombres en la balau'- za ^érna dé sú justicia? Un día vendrá en que desapfireciendo lais clases y condiciones , recibirá cada uno su merecido ; y entonces ¿qué consuelos no esperan al que supo resignarse én la adversidad? ¿Con qué abundancia será recompensado su sufrimiento por aquél Dios, que le observaba desde, la cumbre de su ¿[loria , para escribirle en el libro de la vida, y pgra premiarle según su liberalidad y su^andeza?
. Esta lección moral era la! última^ que debía yo oir de la boca del Barón, de Robinski , : concuyo permiso trataba de ausentarme en él siguiente dia ; y como si todos hubiesen conspirado á aumentar mi pena , al separarme de una sociedadh, tai^ digna de m amor, éa ouyo seno había pasado tan deliciosos dias; apenas hubo finalizado el señor. Barón , cuando se ofreció .Roberto á* cantamos , acoúipaiñado de su Jaud , juna oda de la composición dé su aútiguQ.ixiáféstra £1 punta de moral qué se nos ha .explicado^ nos dijo, era WD^de io& que daban : maá matena á :1a meditación de mi segundo, padre* iSablábama kriuchas veces en.áoestros. pas^s^pot el campo del peU<»
ó LA MOKAL DEL LABRADOk. $23
gro de lá opulencia 9 de Itís riesgos tlé 1á prospe-* rídad y de las ventajas dd infortumo. Había él mismo sin duda alguna, experimentado ambos estados , y lejos de envidiar á los que siguiendo la (^rera del vkrio , pasft su vida prósperos y felices , eran objeto de su mas tierna compasión. Acaso para despertarlos de su fuíiesto sueño , compuso la oda que vais 4 oir» Salitnos pues todos al terranlen . v Roberto cantó de esta manera:
De'la miseria en el profundo seno ' El infeli2 deda: ;
No hay Dios ; en vano su esplendor sereno 1^1 Padre de la luz al orbe envia.
En vatio sometida á ley constante Gira la inmensa esfera^
Y en curso igual el Orion radiante Sobre el mar del ocaso Reverbera.
I Qué es el lazo eternal con que natura Los seres encadena, §i un Dios injusto su mejor hechura A delinquir y á padecer condena?
Yo vi , yo vi i las nubes sublimado,
Y triunfante, al implo, ...
Y d^ placer .y. gloria circundado,
Por la tierra extender sui señorío. . .
Y mientras goza ^ el inocente gime En la prisión obscura; ^ \
Y al son delá cadena que le íc^ríme. Llora infeliz áu indigna desventura.
El pan de la afliccioa es su alimentó,
Y el Uoro su bebida;
Y ansiando por el ultimo momento. Arrastra el peso de su: amarga vida. *
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- Nó hay IMos donde hay maldad í la «-
i ;. pada impía • . * ^
Es el Dios del humano : ¿ • Su trono la sañuda tiranía, • r
: í Y' la triste virtud uiAiombre vano. .
Dijo : y del cielo al muro diamantino Lanza gemido ardiente, i Y el proer blasfemando del destino ,
Cubre entre el ^polvo jv'ú. su faz dolienteé t
Mas la verdad sus rayos brilládores Desde el Empíreo envia,
Y el velo disipó de los errores;, -: ' Que la oñiscada mente obscurecía.
( . Vio entonces derrocarse en el averno £1 solio del malvado^
Y eterna maldición y llanto eterno Exhalar de su pecho atormentado. '
Y al justo en las mansiones de la vida^, Unido ai Dios que implora, . . Bendecir la inocencia perseguida, ^ De las pruebas del hado triunfadora; '
Mortal , necio mortal , que un solo instante Para morir animas, i\
¿Presumes tú dar leyes al tonante. Que hace temblar las celestiales cimas?
Deja que á la virtud , hermosa y pura. La adversidad persiga , ^
Y:qüe al malvado la fortuna impura De rosa y de laurel corone amiga.
J>eja al desorden qué dbmine al mundo: Vendrá el terrible dia , ,Que arranque 4 la maldad el cetro inmundo^
Y grite el cielo: la> vengakzabs hiA; £1 ahna es inmortal : *puede una hora
Labrar :ta,.etenia¿ Jiierte.^ : : A
V» C^J
ó lA MORAL DEL LABRADOR. 325
í • Ejerce la virtud : á Dios adora 9 .
< Y lo demás te enseñará> la^ imierte; . ^ i:)
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Cantó Roberto ; ^ silexicioso y triste me retiiré á mi cuarto^ Era lá ultima noche. que«babia dt pasar eñ esta morada de la virtud. En el día si« •guíente pe»; la mañana >debia yo partir. pa^ra Rq> niians , y. separarme:. del. Barcia de fiobinski ^ < j de sus amables hijos y discípulos. No cabia mi corazón dentro del pecho : tantos y tan pesados eran los afectos que le oprimían. ¿Como era posible separarme sin dolor de unas personas , que hablan endulzado todas mis amarguras , calmado mis inquietudes , y derramado el bálsamo de la amistad más pura idbréí todas las llagas de mi espíritu ? £1 momento fatal de la separación era para mí de un peso insoportable : mi lengua no podia articular una spla voz para manifestar mi agradecimiento, y desahpgar la pena que me oprimía.
Amaneció por fin el dia en que debia dejar aquella morada, en que fui feliz, y aquellas personas , que me hablan dispensado una hospitalidad tan tierna y oficiosa. Todos estaban levantados , cuando bajé al salón : todos me esperaban, y todos me dejaron leer en sus semblantes, que no eran indiferentes á mi partida , y que mi separación les era sensible. Tomándome de la mano me condujo el Barón al oratorio , y colocados todos allí, después de las oraciones acostumbradas, pronunció el Barón una suplica particular al Ser eterno , solicitando sobre mi su bendición , y la asistencia de su gracia : oración , que* el estado de abatimiento en que me hallaba ^ me hizo impo^
EL BAROVr DE ROBIKSiCI
sible retener. Al salir del oratorio nos esperaba el desayuno, y. vi que mi tristeza ^ y mi silencio aumentaron la sensibilidad de los ^amables jóve*" nes y la parte que tomaban en ipi pena. Abracé al Barón, á sus hijos > 4: Ais discípulos y ¿ Ro** berto; manifesté mi gratitud ti los criadoá, y monté i caballo, acompaüado del buen Nicolás^ que no quiso dejarme hasta La aldea de san Na^ «ario 9 que es el término del valle de san Juan*