El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 104 de 447

Unidad 104 · DOÑA MARIQUITA.

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DOÑA MARIQUITA.

UNA NIÑA, su hija.

DOÑA PAULA, mujer de

D. COSME.

D. SIMEÓN, tío de Mariquita.

D. FADRIQUE, americano, su amigo.

DOÑA ELENA, madre de

DOÑA PEPITA, y

UN NIÑO.

DOÑA MARTA, amiga de

DON JACINTO, capitán.

D. LINDO, abate.

D. CLEOFÁS, abogado.

D. AQUILINO y D. CLETO, petimetres.

D. DIEGO, músico.

GERTRUDIS, MANUELA y LAMBERTA,

criadas.

LOPITO y CORNELIO, pajes.

PEDRO, lacayo.

Varios criailos que no hablan.

Empieza en la fachada con una puerta como de calle, y salen por el tablado Cornelio, de capote, trayendo debajo un bulto, y D. Blas, de paisano, por la puerta, poniéndose el espadín, sin abotonar la casaca, furioso, y se tropiezan al entrar tino, y salir otro, cuando se indica.

Cornelio. — ¡Sólo le faltaba á un pobre

paje, celoso y hambriento,

que después de tantas faltas,

como todo el aüo entero

suple á su ama, le hiciera

suplir al esportillero!

La culpa tiene de todo

mi tío el fraile, que me ha puesto

á servir en una casa

de titiritaina, y aun esto

como me quisiera más

Lamberta, fuera lo menos;

pero esta comedia á todos

el juicio le ha revuelto. D. Blas. — Aunqv.e me vista en la calle

tengo de salir huyendo

de mi casa. Cornelio. ¿Usted no ve

{D. Blas tropieza con Cornelia.)

cómo sale? D. Blas. Majadero,

¿no miras cómo entras? Cornelio — Perdone usted, caballero,

que con el llanto no sé dónde vo3', ni lo que veo. D. Blas. — ¿Cornelio?

CoRMELio. ¿Señor don Bla^?

D. Blas.— ¿Qué es eso? Cornelio. ¿Qué ha de ser euo-

ser paje de mi ama, y ser lacayo de sus cortejos. D. Blas. — ¿Pues, qué carga es esa? Cornelio. üsta

es la capa de don (."leto. D. Blas. — ¿Cual era de aquellos cinco

de la otra noche? Cornelio. El más viejo,

y al que mas quiere mi ama. D. Blas. — |No es la niña boba en eso! Cornelio. — ¿Por qué?

I). Bl.vs. Porque en los muchachos

es la inclinación un viento, que hoy es solano, y mañana, ó está al poniente, ó es cierzo; pero los viejos son tierra firme, que el mal tratamiento de la mano que los hiere lo cultiva más, y el dueño asegura en tiempo el fruto, y le coge antes de tiempo. Cornelio. — ¿Señor don Blas, de qué libro

ha sr.cado usted ese le.xto? D. Blas. — Del teatro de la vida humana, que es donde leo. Cornelio. — Pues muchos dicen que usted

no entiende los libros. 1). Blas. Necio,

la mala voluntad nunca