El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 142 de 447

Unidad 142 · EL MAJO DE REPENTE

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EL MAJO DE REPENTE

sin alborotar el barrio, muchachas!

Cirila. Se siente menos

de esta manera el trabajo. ,

Pedro. — Y también de esta manera se trabaja mas, nuestro amo.

Pablo. — ¡Qué buena alhaja eres tú!

Pedro. — Pues aquf con esos tra|)os que usted me ve, y esta peca figura que Dios me ha dado, scy hombrecito de bien; y los cuarticos que gano ks gasto con esplendor, ó díganlo más de cuatro mo/.as, que si llevan tren, es porque yo se lo he dado.

Paulo. — ¿Tú?

Pedro. ¿Sabe usted quién soy )-o, y que tengo un primo hermano que en dando una voz le oyen de la otra parte del charco, y á la mano se le vienen los |)esos duros volando? ¿Sabe usted que es hombre que de una mirada á lo z¡.ino, ó de un resoplido, mata diez hombres sClo de espanto? jSabe usted...

Pablo.

¡Qué he saber!

Mira q^e se para el macho;

ves á arrearle, embustero,

ó te arreo con un palo

yo á !i. Pedro. Porque usted lo crea

voy al instante á buscarlo,

que quiero que usted y el ama

vean en el el retrato

de un hombre galán, valiente,

discreto y enamorado. Pablo. -Mira... Pedro. No puedo, que soy

montañés, y me he picado. Pablo. — Aguarda, picaro.

Sale Gero.ma. Gero.ma. Padre,

¿con quién estáis regañando? Pablo. — Con l'eriquiüo.

Geroma.

¡Qué I

que tengo yo de ajjlastarlo de una puñada, u enviarle de un puntillón al tejado! Pablo. — ¿Y por qué?

Geroma. Por ciertas co-sas

que no es razón ijue sepamos las doncellas, á hurtadillas, por boca de los criados.

Pablo. — ;Esus ti^ne?

NlCOLASA.

Tiene tantas!

¡Siempre que me encuentra al |iaso,

me pellizca á mí! Calista. y a mí

él fue quien me rompió el plato

el otro día, por ver

lo que llevaba debajo. Cirila. — A esa la ha dicho que es viudo,

á esli otra que es casado,

y á mí que es solterito. GaROMA. — ¿Y'^ eso qué tiene de malo? Todas. — Mucho. PXblo Así tuviera uña;;,

que regularme]- 1-^ el gato

goloso se queaa hambriento,

y el hocico chamuscado. Geroma. — La que no quiere borrasca,

que no se meta en el barco. Todas. — Es que... Geroma. Niñas, á otra parte

con chismes y con Irab.^jc s,

que yo soy sorda y no gusto

de las criadas al rabo. ( Vanselas mujeres.) Pablo. — ¡Qué genio tienes! Gero.ma.' Si usted

quiere que le tenga blando;

y que me deje amansar

de todos... Pablo. No pido tanto:

pero te pido que pienses

en elegir entre varios

que te pretenden, alguno

para marido.

Geroma.

Y nué honrados

son todos! El mejor de ellos

aspira á pillar los cuartos ( Vase.) para darme después po' o

que comer, )' verse él harto. Pablo. — Eso no. Geroma. Pues si eso no,

déjelo usted á mi cargo,

ha~ta ver .si encuentro un hombre

conforme le voy buscando;

que á fe á f e que tengo yo

más ganas que usted de hallarlo. Salen de majos crudos SiMÓN_y Coronado. Simón. — Muy buenos días, señora