El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 167 de 447
Unidad 167 · TIPSO DE MOLINA
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TIPSO DE MOLINA
por de mejor rain y talle? OsoRio. — No |)or cierto. D. Martin. ¿l'or más cuerdo?
Tú sabes cuan celebra dado
en Valladolid he sido.
¿Por más noble ó bien nacido?
Guzmana sangre h¿ heredado.
¿Por más hacienda? 0.;ho mil
ducados tengo de renta,
y en la nobleza es afrenta
amar el interés vil.
Pues si sólo es porque vino
con traje verde, yo y todo
he de andar del mismo modo. UsoBio. —Ese es gcniil desatino. D. Martín. — ¿Qué dices? OsoRio. Que el seso pierdes.
D. Martín. — Piérdale ó no, yo he de andar
como él, y me han de llam-nr
don Gil de las cakas verdes.
Vete á casa; que h;ibiar quiero
á don Pedro. OsoRi '. En ella aguardo. íFas«.)
ESCEN.A. XIV
D.^ Juana, ü." Inés, I). Martín, IX Juan, Caramanchel.
D." Inés. {A don Juan.) — Don Gil discreto y
[gallardo,
poco amáis y mucho os quiero. D. Martín. (yí/>.)— ¿Don Gil? ¡Cómo! Este es
[sin duda,
quien contradice mi amor.
¿Si es doña Juana? El temor
de que en penas anda, muda
mi valor en cobardía.
En no meterme me fundo
con cosas del o'ro mundo;
que es bárbara valentía. D.^ Inés.— Gente parece que viene. D. Juan. — Reconoceré quién es. D.^ Inés. — ¿Para qué? D. Juan. ¿No veis, mi Inés,
que nos mira y se detiene?
Diré que pase adelante:
entre tanto me esperad. —
Hidalgo... D. Martín. ¿Quién va? D.Juan. Pasad.
D. Martín. — ¿Dónde, si por ser amante,
tengo aquí prendas?
D. Juan. {Ap.) Don Gil
es éste, el aborrecido
de doña Inés; conocido
le he en la voz. Caramanchel. (Ap.) ¡Oh, qué alguacil
tan á yiropósito agora!
¡Y qué dos espadas pierde! D. Juan. — D. Gil el blanco ó el verde,
ya se ha llegado la hora
tan deseada de mi,
y tan rehjsada de vos. D. Martín, fyí^.)— Conocídome ha por Dios;
y quien rebozado ansí
sabe quien soy, no es mortal,
ni salió mi duda vana;
el alma es de doña J'iana. D. Juan. — Dad de vuestro amor .señal,
don Gil, que es de pechos viles
ser cobarde y servir dama. Caramanchel. (Ap.) — ;Don Gil estotro se 11a-
[ma?
á pares vienen los Giles.
Pues no es mi don Gil tampoco,
que hablara á lo caponil. D. Juan — Sacad la espada, don Gil. Caram.\nchel. {Ap.) — O son dos, ó yo estoy
[loco. D * Inés. — Otro don Gil ha venido. D.* lUANA. — Debe de ser don Miguel. D.^ Inés. — Bien dices, sin duda es él. D." Juana. {Ap.)—:Ya. hay tantos de mi apelli-
[do?
No conozco á este postrero. D. Juan. — Sacad el acero, pues,
ó habré de ser descortés. D. Martín. — Yo nunca saco el acero
para ofender los difuntos,
ni jamás mi esfuerzo empleo
con almas; que yo peleo
con almas y cuerpos juntos. D. Juan. — Eso es decir que estoy muerto
de asombro y miedo di vos. D. Martin.— Si estáis gozando de Dios,
que así lo tengo por cierto,
ó en carrera de salvaros,
doña Juana, ¿qué buscáis?
Si ixir dicha en pena andáis,
misas digo p.r librai-os.
Mi ingratitud os confieso,
y ¡ojalá os resucitara
mi amor, que ron el pagara
culpas de mi puco seso!