El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 188 de 447

Unidad 188 · TIRSO DE MOMNA

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TIRSO DE MOMNA

por Leonora después se desvanece.

Despertaste en su luio

difuntos pensamientos que sin fruto

permitieron escalas,

con que tu culpa a tu mudanza igualas.

Cogióte mi cuidado

asaltando su honor, y habiendo estado

tan justamente preso,

me confesaste tu liviano exceso.

Yo entonces deseoso

de soldar este daño, hacerte esposo

prometí de Leonora,

y afirmasme que quiere á Enrique agora,

creí que reducido

al amor de Isabela, habías ungida

contra ella aquese engaño;

düii-e á Isabela, y para mayor daño

de su fama injuriada,

me dices que con oiro está casada.

¿Qué es esto, Ludovico?

Mil cosas en du daño verifico.

Midntras no me dijeres

el autor deste insulto, creeré que eres

tii solo el que desdora

la fama de Isabela y de Leonora:

y vuelta en aspereza

mi piedad, no aseguro tu cabeza

mientras no me revela

quien es quien aie agravió con Isabela.

El ci_lo etemj vive,

que el agravio y deshonra que recibe

Leonora despreciada

por ti, después de fe y palabra dada

de casarte con ella,

y la que en Isabela se querella

del agravio que la haces,

si dándjine el amur, no satisfaces

á lo que na es creíble,

que en Cleves has de ser ejemplo horrible

de ingratos y de aleves,

porqui escarmiente con tu muerte Cléves. Ludovico. — Señor, ya es el secreto

dañjjQ en mí, lUrJone su respeto;

y advierte que el que puso

en tu palacio escalas, y dispuso

profanar atrevido

el real honor que tnnto has ofendido,

no lie sido yo. Duque. Ü^ro engaño.

Ludovico. — Isabela fué causa dése daño.

Ella al amor ren lida

de un hombre desigual en sangre y vida

á su augusta nobleza,

escalas permitió que tu grandeza abatiesen, no en vano, pues de esposa le dio palabra y mano. Este llevó tu espada

la noche ''ara nil tan desdichada,

víspera de aquel día

en que cayendo yo, quebré la mía.

Pedísela, ignórame

que sucediese caso semejante;

pues si yo te ofendiera,

c aro está que con ella no viniera

á provocar tu furia,

y hacerme delincuente de tu injuria.

FrendLsteine por ella,

formando mi prisión de ti querella:

contóme temeroso

todo este caso el encubierto esposo

de Isabela, engendrando

celos nñ amor en que me esté abrasando.

Conjuróme, en efeto,

á que guardase contra mí el secreto

de tan ciego accidente,

haciéndome, cual viste, delincuente

del insulto que digo.

Soy bien nacido, en fin, y él es mi amigo;

y así contra mis ceios,

á costa de desvelos,

culpado me c^nlleso,

y á Leonora atriouyo este suceso,

porque n udando en ella

el amor de su hermana ingrita y bjUa,

mejor te dispusiese

á que de esposa mano y le me diese.

Mas viendo que ama á Enrique,

puesto que es bien que celos multiplique,

no i]uerrá Dios que tuerza

su gusto, y que casándose por fueiza,

sus lágrimas permita.

Leonora á Enrique en su favor admita,

porque yo desde agora

á Isabela renuncio y á Leonora. Duque. — ]Qué de engaños os ha hecho

el amigo que ocultáis!

Mal de Isabela pensáis;

mal de Leonora sojiiecho;

no debéis callar quién es

el que os na sido traidor. Ludovico.— Di mi palabra, señor,

de no decirlo. Duque. Marqués,

no ocasionéis más mi enojo.