El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 195 de 447

Unidad 195 · EL ALCALDE DE ZAl.AMKA

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EL ALCALDE DE ZAl.AMKA

XfSo. — ¿Vor qué, si de Isabel eres tan firme y rendido amante, á. su padre no la pides? l'ues con eso tú y su padre remediaréis de una vez entrambas necesidades: tü cernerás, y él hará hidalgos sus nietos. il). Mk.ndo. Xo hables

más, Ñuño, en eso. ¿Dineros tanto habían de postrarme, que a un honinre llano por suegro liabía de admitir? ZN'uSo Pues antes

pensé que ser hombre llano para suegro, era importante; pues de otros dicen que son tropezones, en que caen los yernos. V si no has de casarte, ¿por qué haces tantos extremoí de amor? -D. Me.>jdo. — ¿Pues no hay sin que yo me case, huelgas en Burgos, adonde llevarla cuando me enfade? Mira si acaso la ves. Ñuño. — Temo, si acierta á mirarme

Pedro Crespo... D. Mendo. ¿Qué ha de hacerte,

siendo mi criado, nadie? Has lo que manda tu amo. N>iÑo. — Si haré, aunque no he de sentarme

con él á la mesa. U. Mendo. Es propio

de los que sirven, refranes. Nl'.ño. — Albricias, que con su prima

Inés á la reja sale. D. Mendo. — Di 'jue por el l)ello Oriente, coronado de diamantes, hoy, repitiéndose el sol. Amanece por la tarde.

ESCENA \ Isabel t Inés d una ventana. — Dichos.

Inés. — Asómate á esa ventana, prima, asi el cielo te guarde: Verás los soldados que entran en el lugar.

Isabel. No me mandes

que á la ventana me iwnga, estando este hombre en la calle,

Inés, pues ya cuanto el verle en ella me ofende sabes. Inés. — En notable tema ha dado

de servirte y festejarte. Isabel — No soy más dichosa yo. Inés. — A mi parecer, mal haces

de hacer sentimiento desto. Isabel. — ¿Pues qué habla de hacer? Inés. Donaire.

Isabel. — ^Donaire de los disgustos? D. Mendo. [Llegando <i la ventana).

Hasta aqueste mismo instante,

jurara yo á fe de hidalgo

(que es juramenio inviolable)

que no habla amanecido;

mas, ¿qué muclio que lo extrañe,

hasta que á vuestras auroras

segundo día les sale? Isabel. — Ya os he dicho muchas veces,

señor Mendo, cuan en balde

gastáis ñnezas de amor,

locos extremos de amante

haciendo todos los días

en mi casa y en mi calle. D. Mendo. — Si las mujeres hermosas

supieran cuánto las hace

más hermosas el enojo,

el rigor, desdén y ultraje,

en su vida gastarían

más afeite que enojarse.

Hermosa estáis, por vida mía.

Decid, decid más pesares. Isabel. — Cuando no baste el decirlos,

don Mendo, el hacerlos baste

de aquesta manera. — Inés,

éntrate acá dentro, y dale

con la ventana en los ojos. ( yase.) Inés. — Señor caballero andante,

que de aventurero entráis

siempre en lides semejantes,

lX)rque de mantenedor

no era para vos tan fácil,

amor os provea. ( Vase.) D. Mendo. Inés,

las hermosuras se salen

con cuanto ellas quieren. — Ñuño. NuÑo.— ¡Oh, qué desairados nacen

todos los {X)bresl