El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 235 de 447
Unidad 235 · ESCENA .\
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
ESCENA .\
Basilio, Estrella y Aco.mpañamiento Segismindo, .\stolfo, Clotaldo
Basilio, \ ¿Pues aquí espadas?
Estrella. (Ap.) — ¡Astolfo es, ay de mí, jienas
[airadas! Basilio. — ¿Pues qué es lo que ha pasado? Astolfo. — Nada, señor, habiendo tü llegado.
(Envainan.)
DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARdA
Segismundo. — Mucho, señor, aunque hayas tú
[venido:
Yo á ese viejo malar he pretendido. Basilio. — ¿Respeto no tenías
á estas canas? Clot.^ldo. Señor, ved que son mías:
que no importa veréis. Segismundo. Acciones vanas,
querer que tenga yo respeto á canas;
pues aun esas podría {Al rey.)
ser que viese á mis plantas algún día.
Porque aún no estoy vengado
del modo injusto con que me has criado.
I y ase. ) Basilio. — Pues antes que lo veas,
volverás á dormir adonde creas
que cuanto te ha pasado,
como fué bien del mundo, fué soñado. (Vanse el Rey, Clotaldo y el acontpañninieuio.)
ESTRKLLA, ASTOLFO.
AsTOLKO. — ¡Qué pocas veces el hado,
que dice desdichas, miente,
pues es tan cierto en los males,
cuanto dudoso en los bienes!
¡Qué buen astrólogo fuera,
si siempre casos crueles
anunciara; pues no hay duda
que ellos fueran verdad siempre!
Conocerse esta experiencia ' en mí y Segismundo puede,
Estrella, pues en los dos
hace muestras diferentes.
En él previno rigores,
soberbias, desdichas, muertes,
y en todo dijo verdad,
jxirque todo, al fin, sucede;
pero en mi, que al ver, señora,
esos rayos excelentes,
de quien el sol fué una sombra
y el ciel ) un amago breve,
que me previno venturas,
trofeos, aplausos, bienes,
dijo m^l, y dijo bien;
pues sólo es justo que acierte
cuando amaga con favores
y ejecuta con desdenes. Estrella. — No dudo que esas finezas
son verdades evidentes;
mas serán jior otra dama, cuyo retrato pendiente al cuello trajisteis cuando llegasteis, .\stolfo, á verme; y siendo así, esos requiebroella sola los merece. Acudid á que ella os pague, que no son buenos jjapeles en el consejo de amor las finezas ni las fees que se hicieron en servicio de otras damas y otros re)-e,s.
Rosaura, que se queda al paño. — Estrella,
AsTOLFO.
Rosaura. (Ap) — ¡Gracias á Diss que llegaron
ya mis desdichas crueles
al término suyo, pues
quien esto ve nada teme! AsTOLFO. — Yo haré que el retrato salga
del pecho, para . ¡ue entre
la imagen de tu hermosura.
Donde entra Estrella no tiene
lugar la sombra, ni estrella
donde el sol; voy á traerle. —
(Ap.) Perdona, Rosaura hermosa,
este agravio, porque ausentes,
no se guardan más fe que ésta
los hombres y la? mujeres. ( l'ase.)
(Adelántase Rosaura.). Rosauka. (Ap.) — Nada he podido escuchar.^
temerosa que rae viese. Estrella. — ¡Astrea! _
Rosaura. Señora mía.
Estrella. — Heme holgado que tú fueses
la quellegaste hasta aquí;
porque de ti solamente
fiara un, secreto. RoSAiiRA. Hdtiras,
señora, á quien te obedece. Estrella. — Ea en el poco tienip.), Astrea,.
que ha que te conozco, tienes
de mi voluntad las llaves;
por esto, y por ser quien eres,
me atrevo a fiar de ti
lo que aun de mí muchas veres
recaté. Rosaura. Tu esclava soy. Estrella. — Pues para decirlo eji breve,