El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 24 de 447
Unidad 24 · INESILLA LA riK PINTO
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INESILLA LA riK PINTO
que soy la propia inocencia? Alcalde.— ¿Mi criada? Alcaldesa. 'l'u criada.
Inés. — ¿Señora, (X)n qué conciencia
me levanta tal calumnia? Hermenegildo. — Vamos Claros, Incs bella,
yo te quiero, yo te quiero
á pesar de cien Quiterias. Alcalde. — ¿Muchacha, será posible
que ha<ías la marmota muerta?
delante de mí, y detrás
ande la marimorena? Inés. — ¿Yo, señor? .A.LCALDE. ¡Yo te aseguro
que te acuerdes de la fiesta! Her.menegildo. — Inés no tiene la culpa:
descargad toda la pena
sobre mi. Alcalde. Calla, Vinagre,
y pues cumplir aquí es fuerza
como padre y como alcalde,
á ti te nombro alcaldesa
de la malhechora, ve,
y en la cocina la encierra
con tres llaves, entretanto
que tocando la cencerra
de concejo, se resuelve
con toda forma y manera.
¿Hola, alguaciles?
Sa/c el Alguacil Alguacil. ¿Señor?
Alcalde. — A concejo, y que la audiencia
es en mi casa, y al punto. Algiacil. — Sea muy enhorabuena. (Vase.) Inés. — ¡Ay de mí, infeliz! Her.menegildo. Inés,
mientras yo viva, no temas;
ahora, en muriéndome yo,
si te acogotan, paciencia. Inés. — ¡Ah! no será, que aunque alcalde,
mi amo es m padre, ai>ela. Alcalde. — No hay apelación, de dos
la una: si te moderas,
si renuncias los derechos
que contra este ni:'o puedas
tener, y quieres casarte,
siend'j el dote do mi cuenta,
con Chamorro el alguacil,
que es hábil, y hombre de buena
pasta, te perdonare;
pero si haces resistencia,
te hago emparedar en el
cañón de la chimenea:
llévatela, y que allá piense,
siendo breve, la respuesta. Alcaldesa. — Ven.
Inés. Adiós, Hermenegildo, i Vase.)
Hermenegildo. — Adiós, mi dueño, y esjiera,
que en tu fav^ r armaré
toda Castilla la nueva. Alcalde. — ¡Hola! Tenadlo encerrado
[Dirigiéndose al alguacil.).
á mi hijo en la bodega
también: mas, ¡ay, hijo mío, (Lo lleva.)
yo contra li! ¡Oh, vara recta!
Entre padre y entre alcalde,
¿qué obligación es primera? Sale el Alguacil Alguacil. — Ya están aquí todos los
grandes de Pinto, y esperan
para entrar á este consejo
de estado, que hagáis la seña. Alcalde. — Pites acercad esos bancos,
arrimad acá la mesa,
mientras tocando el cencerro
se vienen á la querencia.
[Tocan, y salen ¡os payos y se sientan }
Padres conscriptos, yo estoy
en la mayor afligencia
que se habrá visto un alcalde;
pero abreviando la arenga,
deudos, paisanos y amigos
aquí 03 convoca mi jjena,
para que me aconsejéis
qué castigo se le deba
hoy imponer á mi hijo,
ó si es justo se le absuelva
y case con mi criada:
vos, maestro de la escuela,
hablad en primer 1 ugar,
como en Im hombre de letras. Maestro. — Con todo el <-onocimiento
que tener debo en materias
de muchachos, digo que á éste
se le casquen dos docenas
de azotes, y si no basta,
que se le destierre á... Uno. Esa
es pie Jad mucha. Otro. Es rigor.
Otro. — Que le corten la cabeza. Otro. — Que no la corten. Alcalde. ¿Quedamos
en alguna cosa cierta?