El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 249 de 447

Unidad 249 · DOS PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA

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DOS PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA

esta nieve de mis canas. Pisa mi cerviü, y huella mi corona: postra, arrastra mi decoro y mi respeto; toma de mi honor venganza, sírvete de mí cautivo; y tras prevenciones tantas, cumpla el hado su homenaje, cumpla el cielo su palabra. Segis.ml NDO. — Corte ilustre de Polonia, que de admiraciones tantas sois testigos, atended, que vuestro príncipe os habla. Lo que está determinado del cielo, y en azul tabla Dios con el dedo escribió, de quien son cifras y estampas tantos papeles azules que adornan letras doradas, nunca engañu, nunca miente; porque quien miente y engaña es quien, para usar mal dellas, las penetra y las alcanza. Mi padre que está presente, por excusarse á la saña de mi condición, me hizo un bruto, una fiera humana: de suerte, que cuando yo por mi nobleza gallarda, por mi sangre generosa, por mi condición bizarra hubiera nacido dócil y humilde, sólo bastara tal género de vivir, tal linaje de crianza, á hacer fieras mis costumbres: jqué buen modo de estorbarlas! si á cualquier liombre dijesen: "alguna fiera inhumana te dará muerte": ¿escogiera buen remedio en despertalla cuando estuviera durmiendo? si dijeran: "Esta espada que traes ceñida, ha de ser quien te dé la muerte"; vana diligencia de evitarlo fuera entonces desnudarla y ponérsela á los pechos. Si dijesen: "golfos de agua han de ser tu sepultura en monumentos de plota"; mal hiciera en darse al mar,

cuando soberbio levanta

rizados montes de nieve,

de cristal crespas montañas.

Lo mismo le ha sucedido

que á quien, porque le amenaii

una fiera, la despierta;

que á quien, temiendo una espadj,.

la desnuda; y que á quien muevj

las ondas de una borrasca:

y cuando fuera 'escuchadme

dormida fiera mi saña,

templada espada mi furia,

mi rigor quieta bonanza,

la fortuna no se vence

con injusticia y venganza,

l)orque antes se incita más;

y así, quien vencer aguarda

á su fortuna, ha de ser

con cordura y con templanza.

No antes de venir el daño

se reserva ni se guarda

quien le ])reviene; que aunque

puede humilde (cosa es clara)

reservarse del, no es

sino después que se halla

en la ocasión, porque aquesta

no hay camino de estorbarla.

Sirva de ejemplo este raro

espectáculo, esta extraña

admiración, este horror,

este pro'iigio; pues nada

es más, que llegar á ver

con prevenciones tan varias,

rendido á mis pies á un padr..'

y atropellado á un monarca.

Sentencia del cielo fué;

por más que quiso estorbarla

él, no pudo; y podré yo,

que soy menor en las canas,

en el valor y en la ciencia,

vencerla? — Señor, levanta, Al rev.

dame tu mano; que ya

que el cielo te desengaña

de que has errado en el modo

de vencerla, humilde aguarda

mi cuello á que tü te vengue^:

rendido estoy á tus plantas. Basilio. — Hijo, que tan noble acciót:.

otra vez en mis entrañas

te engendra, príncipe eres.

A ti el laurel y la palma

se te deben; tú vene iste;