El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 306 de 447
Unidad 306 · LEANDRO F. MORATIX
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LEANDRO F. MORATIX
Leandro. — Como usted mande, señor doctor. Vamos, señorita.
D."* Paula. — Vamos enhorabuena.
D. Jebónlmo. — Id vosotros también. {A Lucas y Ginés, los cuales, con doña Paula,
Leandro y Andrea, se van por la puerta del foro.)
Don Jebónlmo, Uartolo.
D. Jerónimo. — ¡Vaya, vaya, que no he visto semejante insolencial
Bartolo. — Esa es resulta necesaria del maj que ha estado padeciendo hasta ahora. La última idea que ella tenía cuando enmudeció, fué sin duda la de su casamiento con ese tunante de Alejandro, ó Leandro, ó como se llama. Cogióla el accidente, quedáronse trasconejadas una gran porción de palabras, )• hasta que todas las vacie, ó se desahogue, no hay que esperar que se tranquilice ni hable con juicio.
D. Jerónimo. — ¿Qué dice usted? Pues me convence esa refle.\ión. (Saca la caja don Jerónimo, y él y Bartolo toman
tabaco.)
Bartolo. —]0h! y si usted supiera un poco de numismática, lo entendería un poco mejor. Venga un polvo.
D. Jerónimo. — ¿Con que luego que haya desocupado...
Bartolo. — No lo dude usted... Es una evacuación que nosotros llamamos tricólos tetrastro f os.
Lucas, Andrea, Ginés {van saliendo todos tres por la puerta de! foro), Don Jerónimo, Bartolo.
Ginés. — ¡Señor amo!
Lucas. — Señor don Jerónimo!... ¡Ay qué desdicha!
Andrea. — ¡Ay, amo mío de mi alma! que se la llevan.
D. Jerónimo. — Pero ¿qué se llevan?
Lucas. — El boticario no es boticario.
Ginés. — Ni se llama don Casimiro.
Andrea. — El boticario es Leandro, en propia persona, y se lleva robada á la señorita.
D. Jerónimo. — ¿Que dices? ¡Pobre de mí! V vosotros, brutos, ;habéis dejado que un hombre solo os burle de esa manera?
Lucas. — No, no estaba solo; que estaba con. una pistola. El demonio que se acerca.se.
D. Jeróni.mo. — ¿Y este picaro de médico?...
Bartolo {aparte lleno de miedo.) — Me parece que ya no puede tardar la tercera paliza.
D. Jerónimo. — Este bribón, que ha sido svi alcahuete... Al instante buscadme una cuerda.
Andrea. — Ahí hay una larga de tender ropa.
Lucas. — Sí, sí, ya sé dónde está. Voy por ella. I Vase por la izquierda, y i'iicive al instante con unasoga muy larga.
D.Jerónimo — Me las ha de pagar... Pero ¿hacia dónde se fueron? ¡Válgame Dios'
Andrea. — Yo creo que se habrán ido por la. puerta del jardín que sale al campo.
Lucas. — Aquí está la soga.
D. Jeróni.mo. — Pues inmediatamente atadme bien de pies y manos al doctor aquí en esta silla. {Bartolo quiere huir, y Lucas y Giitex le detienen) Pero me lo habéis de ensogar bien fuerte.
Ginés. — Pierda usted cuiaado... Vamos, señor don Bartolo. Le hacen sentar en la silla poltrona, y le atan ó.
ella, dando muchas vueltas á la soga.
D. Jerónimo. — Voy á buscar aquella bribona... Voy á hacer que avisen á la justicia, y mañana sin falta ninguna este picaro médico ha d.i morir ahorcado... .\ndreT., corre, hija, asómate á la ventana del comedor, y rrira si los descubres por el campo. Yo veré si los del molino me. dan alguna razón. Y vosotros no perdáis de vista á ese perro. (Se va don Jerónimo por la derecha, y Andrea fior
la izquierda. Lucas y Ginés siguen atando (i
Bartolo.)
Bai'tolo, Lucas, Ginés, Martina
Ginés. — Echa otra vuelta por aquí.
Lucas. — ¿Y no sabes que el amiguito este habla dado en la gracia de decir chicoleos X mi
Ginés. — Anda, que ya las vas á pagar todas juntas.
Bartolo. — ¿Estoy ya bien asi?
Ginés. — Perfectamente.