El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 339 de 447
Unidad 339 · LA MADRE
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LA MADRE
— ¡Llorando el niño entre mi seno está! '•jld más alia!
— ¡Hermosas! solo, en extranjera tierra, prestadle dicha á quien tras ella va, pues tantas dichas vuestro a mor encierra.
LAS HERMOSAS
— ¡Triste del ser que idolatrando está! "¡Id más alia!"
— ¡Magnates! hoy vuestra piedad imploro; loco mi pecho tras la dieha va; si el oro da la dic la, pre-'tadme oro.
LOS MAG.NATES
— ¡Ved que amagándoos el puñal está! «¡Id más alia!" — ¡Ancianos! presa de infernal batalla mi pecho en pos de la ventura va. ¿Ni al borde mismo de la tumba se halla?
LOS ANCIANOS
— ¡Ni al borde mismo de la tumba está!
"¡Id más allá!"
LA OPtMÓN
A mi querida prima Jacinta IV i Me de Llano, en la mtierte de su hija.
¡Pobre Carolina mía! ^
¡Nunca la podré olvidar! Ved lo que ti mundo decía viendo el féretro ¡¡asar: Un olérigo. — Empiece el canto. El doctor. — ¡Cese el sufrir! El PADRE. — ¡Me ahoga el llanto! La madre. — ¡Quiero morir!
Un muchacho. — ¡Qué adornada!
Un joven. — i Era mu)' bella!
Una moza. — ¡Desgraciada!
Una vieja. — ¡Feliz ella!
— ¡Duerme en paz!^dicen los buenos.
— ¡Adiós! — dicen los demás.
UN FILÓSOFO. — ¡Uno meno:;!
UN poeta. — ¡Un ángel más!
¡QUIÉN SUPIERA escribir!
— Escribidme una carta, sefior cura.
— Ya sé para quién es. — ¿Sabéis quién es, porque una noche obscura
nos visteis juntos? — Pues. — Perdonad, mas... — No extraño ese tropiezo.
La noche... la ocasión... Dadme pluma y papal. Gracias. Empiezo:
"Mi querido Ramón:" — ¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto. .
— Si no queréis... — ¡St, sí! — ¡Qué triste estoy! ¿No es eso? — Por supuesto.
— ¡Qué triste estoy sin ti! "Una congoja, al em¡3ezar me viene..."
— ¿Cómo sabéis mi mal?... — Para un viejo, una niña siemijre tiene
el pecho de cristal. "¿Qué es sin ti el mundorUn valle de amargura"
"¿Y contigo? Un edén. — Haced la letra clara, señor cura,
que lo entienda eso bien. — "El beso aquél que de marchar á punto
te di..." — ¿Como sabéis?... — Cuando se va y se viene y se está junto,
siempre .. no os afrentéis. "Y si volver tu afecto no procura,
tanto me hará sufrir..." — ¿Sufrir y nada más? No, señor cura,
¡qué me voy á morir! — ¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?...
— Pues, si, señor; ¡morir! — Yo no pongo morir. — ¡Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir! — ¡Señor Rector, señor Rector! En vano
me queréis complacer, ,si no encarnan los signos de la mano,
todo el ser de mi ser. Escribidle, i)or Dios, qu¿ el alma mía
ya en mí no quiere estar, que la pena no me ahoga cada día...
porque puedo Ikrar. C^ue mis labios, las rosas ae su aliento.
no se saben abrir; que olvidan de la risa el movimiento
á 'uerza de sentir. Que mis ojos, que él tiene por tan bellos,
cargados con mi afán, como no tienen quien se mire en ellos,
cerrados siempre están. Que es, de cuantos tormentos he sufrido,
la ausencia el mas atroz; que es un perpetuo sueño de mi oído
el eco de su voz... Que siendo por su causa, ¡el alma mía
goza tanto en sufrir!... Dios mío, ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!... III. — Epilogo — Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo:
A don Ramón... En fin, que es inütil saber ¡jara esto arguyo
ni el griego ni el latín. — Amar al vuelo A la niña Asunción de Zaragoza y del Pino Así, niña encantadora, porque tus gracias no roben las huellas que el tiemix) deja, juega como niña ahora, como niña cuando joven, como joven cuando vieja.
or mis muchos desengaños, te ruego, Asunción querida, que ames mientras tengas vida como amas á los seis años. Justamente, de ese modo; amando desamorada; así, no queriendo nada; esto es, queriéndolo todo: anhelante y sin anhelo, ya resuelta, ya indecisa, pasa de la risa al duelo, •
pasa del duelo á la risa; así, de prisa, de prisa; todo al vuelo, tudo al vuelo. Sé amorosa y nunca amante; lleva á ia vejez tu infancia; sé constante en la inconstancia; ó en U inconsiancia constante; que en amor, creen kis mas duchos, contra los que son mus locos, que en vez de los ¡locos muchos valen mas los muchos pocos