El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 381 de 447
Unidad 381 · LOQUE HACEN PENSAR LAS CUNAS
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LOQUE HACEN PENSAR LAS CUNAS
Des|)ués que sobre la losa recé con amor ardiente por la que, por fin dichosa, descansa perpetuamente,
pude á 'a salida ver que á una niña, con encanto, daba besos la mujer del guardián del campo santo.
Y estremecido al mirar á la pobre criatura, á quien faltaba apurar el cáliz de la amargura,
en medio de mi tristeza, — "casi es mas triste — pensaba — mirar la vida que empieza que ver la vida que acaba."
Por eso al atravesar esta vida de dolor, si los sepulcros pesar, las cunas me dan horror.
POR SI ACASO
"El día de la Justicia, hasta los mismos objetos revelaran los secretos que hoy esconde la malacia." Al oir esta noticia del párroco de un lugar, por si podrían contar los secretos que alumbraron, todas las niñas echaron
sus lamparillas al mar.
LA voz DE LA CONCIENCIA
Amó á Andrés la bella Inés con tan ciega idolatría, que hasta un loro que tenía le enseñó á llamar á Andrés.
Pasó el tiempo y se olvidó de su Andrés Inés la bella, y un Teodoro, infiel como ella, á celos la asesinó.
Y cuando, al morir, Inés llamó gimiendo á Teodoro, más constante que ella, el loro repetía: — ¡Andrés.' ¡Andrés.'
HASTA LAS-TUMBAS E.VGAÑAN
Dos soldados se hallaron en el último trance de una guerra
cuerpo á cuerpo lucharon y cayeron los dos muertos en tierra.
Vio el dueño de una granja en olvido é insepultos los soldados,
y enterró en una zanja á los dos enemigos abrazados.
Si se unen de este modo dos odios en la sima de la nad i,
puede ser, como todo, la tumba engañadora y engañada.
Por eso, aunque se miran con invencible horror las sepu huras,
á mi sólo me inspiran las risas que destilan amargur: s.
EL AMOR NO PERDONA
Murió Julia, maldecida por un hombre á quien vcndií^, y en el punto en que dejó el presidio de la vida,
la dijo Dios: —¡Inconstante! ve al purgatorio á sufrir y reza hasta conseguir que te perdone tu amante.
— ¡Oh, cuan grande es mi alegría — dijo ella — en sufrir per él! ¡Quien no perdona á una infiel, es que la ama tcdavíal —
Y al purgatorio bajó contenta, aunque condenada, pensando en que aún era amada del hombre á quien ofendió.
Y cuando al fin, con pesar, le dio su amante el perdón, se le oprimió el corazón hasta romi)er i llorar.
DOLOPAS Y HUMORADAS
Y Julia, )a absuelta, es tama que, llena de desconsuelo, üecla entrando en el cielo:
— ¡Me perdonal... ¡Ya no me ama!.