El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 396 de 447
Unidad 396 · TERCERA PARTE
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TERCERA PARTE
Queriendo á las mujeres á mi modj, me muero algo de amor y no del todo.
Murió la infiel y con su acento creo que hoy encanta al infierno como Oríeo.
Nuestra conciencia tiene la ciega certidumbre de la flecha, pues, lanzada por Dios, no se detiene y al blanco, que no ve, marcha derecha.
Pensando en lo que ha amado, todo ser noble en sus entrañas halla un poco de lo que hay en el soldado mientras dura el calor de la batalla.
Al nacer de una madre encantadora Marisol, tan discreta como bella.
U anti,_;ua estrella saludó la aurora y la auiDra admiró la antigua estrella.
Sin excepción alguna, si hace aljjio la nnijer por vanagloria y el hombre por la gloria, todo lo hacen los dos por la fortuna.
¿De qué me sirve la ambición si, al cabo, •cuando llegue á ser rey, seré tu esclavo? Tiene esta niña, cuya gracia encanta, en cuerpo de mujer, alma de santa.
Ya sabes, ayer reina y hoy esclava, cómo emi)ieza el amor y cómo acaba.
l'u dicha conyugal, de amor sin celos, fué en la tierra un idilio de los cíelos.
üe tu virtud el singiilar modelo - hace del mundo una feliz morada, pues goza, castamente enamorada, de ese é.xtasis sin culpa qua es el cielo. Es muy niña y ya quiere la inocente usar trajes con cola de serpiente.
Me recuerdan tu ingenio y tu alegría la primera mujer del alma mía.
¿Te decides á amarle? Pues advierte que amor es un dilema: ó tú ó la muerte.
¡Oh, mujer admirable! porque fuese él feliz, fué ella culpable.
Dos esposos de bien que se visitan no se hacen compañía, se la quitan.
Se casó la infeliz, yá está en camino ■de saber lo que pesa un mal destino.
Nunca tembló en la guerra y ya el amor de su mujer le aterra. Esta mujer, por singular rareza, es bella en el país de la belleza. Siludo á esta divina criatura, que es la unión de la gracia y la hermosura.
Estoy desmemoriado de tal modo que, excepto á ti, ya ¡o he olvidado todo.
Añade á tus encantos tu dulzura tal bondad que hermosea tu hermosura.
Fui contigo feliz y estoy pensando que el que gana en amor pierdo ganando.
Mujer hecha y derecha, siempre vive acechando al que la acecha.
Con la fe de un poler incontrastable, en variar la mujer es invariable.
Lo que he admirado en ti con más empefio ya, en vez de darme sueños, me da sueño.
No puedes extrañar quj no te quiera, porque no eres la de antes, pues más que las estrellas verdaderas prefieres las estrellas de brillantes.
Feliz tú, que ha borrado de tu histori.i la falta que es eterna en la memoria.
Tú eres de esas mujeres que aman más que al amor á los placeres.
Feliz el que se aleja y nunca pasa del radio de la sombra de su casa.
El que habla con su propio pensamiento desesperado esta ó e^tá contento.
Una vida con celos amargada es á la vez odiosa y adorada.
Me parece la insignia de un rey chico el cetro de papel de tu abanico.
Que d-'je de soñar es vano empeño, porque yo, por soñar, sueño que sueño.
Por extraño jue sea, creemt)s todos er. >i que eres atea.
No apartando de irí ni un solo instante tu memoria querida, lograré que descanse en tu semblante la postrera mirada de mi vda.
Me dijo un e rpleado amigo mío que el cese del amor es el hastío.
Muchas veces, lectores y lectoras, la vida vale menos que unas horas.
Te juré un amor tierno que el tiempo, hermosa Rita, no ha entibiado; hoy te vuelvo á jurar lo que he jurado, siempre he de ser tu admirador eterno.
Se odian tan bien porque la sed ardiente de los dos apagó la misma fuente.
Vas siguiendo á tu madre en lo preciosa, omo un capullo que camina á rosa.
Siempre que nos hallamos, con la vista ella y yo nos abrazamos.
¿Va pronto el otro y tu marido tarda?... Ya el tngel de la guarda no te guarda.
¿Ardiente ayer y hoy fría? Me hago cargo, ya gustas del ¡jlacer el dejo amargo.
Las amamos por bellas, pero no iwr constantes; nos gustan las mujeres como estrellas y, en maici'a de estrellas, las errantes.
Como su sracia es tanta, se deja ver, nace pecar y es santa.
Ten, por arle y respeto, tus pasiones á raya; muere el amor al conseguir su objeto como mueren las olas en la playa
Yo no sé lo que tiene, mas, si ella se santigua, el diablo viene.
Mirándose en tus ojos pasa el día; así vivía yo, cuando vivía.
Miss Delia, no digáis que hay nada cierto; sólo nos dice la verdad ua muerto.
Es mucha tu virtud, grande tu encanto, mas se embota á tu lado mi deseo; lo mismo que fray Luis, que, siendo un santo, me suele hacer dormir cuando lo leo.
El esposo dormido á quien no se ama ya es un muerto enterrado en una cama.
Ibas con él y, al verte, sentí el frío primero de la muerte.
Después que el diablo se escapó contigo, donde quiera que voy, va Dios conmigo.
Piensa si ei mundo lu persona aclama, que hay algo infame en la mujer con fama.
En mengu* del amor y del decoro, la lucha por la vida es por el oro.
La niña más hermosa de la aldea me amó una vez como si fuese fea.
Se batió y fué vencida, mas, con cierta lección que yo la he dado, tiene un juego de esgrima muy cerrado con el cual sabe herir sin ser herida.
¿Quién podrá descubrir las embos--adas de tus viles intentos, si van en espiral tus pensamientos lo mismo que culebras enroscadas?
Ella es feliz con su ilusión soñada, mientras que él con lo real no halla reposo; y es que, ó no cuesta nada, ó cuesta un gran trabajo el ser dichoso.
Mucho he soñado en esta vida, pero no hay sueño más hermoso que el primero.
Ya con la fe perdida voy siguiendo del mundo el derrotero, al ver que son iguales al primero los últimos errores de la vida.
No te amé conio un loco, mi ternura se encuentra más allá de la locura.
Te amé diez veces más, ix)rque sé que eres diez veces más mujer que las mujeres.
El hombre que domina su destino, sin complacencia alguna, si la encuentra dormida en su camino,, despierta á puntapiés á la fortuna.
Se juraron casarse y se han cacado, mas después de cumplido el juramento, pensando cada uno por su lado, no tienen de común ni un pensamientc
Cometí una locura verdadera volviendo loca á una mujer que lo era.
Aunque estoy decidido á olvidarte del todo, no te olvido.
¿Lo ves? Ya es tu marido; y tu grande hermosura la mira con ti aire distraído con que mira un patán una pintura.
Para pintar tu singular belleza con colores risueños, ya están mi corazón y mi cabeza desiertos de esperanzas y de sueños.
Recuerdo aquel momento en que al cambiar tus penas y la? mías: "tú escribes lo que piensas — me decías — yo hago más, porque callo lo que siento".
La joven inocente que hará un año aún creía en mis votos, hoy es mujer que, sin hacerse daño, sabe marchar sobre los vidrios rotos.
Disculpa su desdicha el miserab'.e llamando al que hizo el mundo el gran culpable^
Liquidas y, de todo lo debido, pagas deudas de amor con el olvido.
¿Cómo quieres que vaya ¿ que en la orilla de la mar te vea, si borró nuestros nombres la marea escritos en la arena de la playa?
De la vida en el áspero camino, á cada nuevo amor, nuevo destino.
Aunque eres la peor de las mujeres, no se dice en un mes lo buena que eres.
[Cuánto pesa esta vida pasajera! La losa de la tumba es más ligera.
Como está sin cercado, el mundo ent ro es, más que un campo santo, un pudridero.
Ama el dolor, seguro de que á fuerza de dicha y de reposo, trocarla á Catón en Epicuro la costumbre fatal de ser dichoso.