El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 400 de 447
Unidad 400 · DOLOR/S Y HUMORADAS
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DOLOR/S Y HUMORADAS
Sueñe ó vele, no hay respiro para mi ardienie deseo, pues sueño cuando te miro y cuando sueño te veo.
Prometo que te lie de amar, pero me has de prometer que sólo me has de engañar si me dejas de querer.
Tu bien es mi gran contento, tu mal mi mayor sufrir, pues siento ni?s tu sentir que lo que yo mismo siento.
]Qué razón tiene mi amor cuando te jura y rejura que, aunque grande, es tu hermosura de tus gracias la menor!
¿Quién, niña, se te figura que amará con más verdad, mis sentidos tu hermosura, 6 el corazón tu bondad?
Cuantos te han tratado y tratan en tu amor aprender suelen todos, las penas que duelen, yo, los dolores que matan.
Aunque esté muerto de cierto, en nombre suyo llamadme; si no respondo, enterraduie, porque de cierto estoy muerto.
Marcho á la luz de la luna de su sombra tan en pos que no hacen más sombra que una, siendo nuestros cuerpos dos.
Me causas tanto pesar que he llegado i presumir que mucho me debe amar quien tanto me hace s':frir.
Todos pagan la traición con el odio y el puñal; yo te pagué el mismo mal con el amor y el perdón.
Si indócil í. mis consejos vas de mi cariño á huir, yo me voy mucho inds lejos, poique me voy á morir.
Nun~a, aunque estés quejumbrosa, tus quejas puedo escuchar, puts como eres tan hermosa, no te oigo, te miro hablar.
Dios, que nos crió á los dos, podrá hacer que yo roe muera; pero hacer que no te quiera. Dios podría... porque es Dios.
Un día á Richmond subí, ¡y cuan bello lo hallarla que, ijerdóname, aquel día fui feliz hasta sin til
Las malas son esas p)enas que sin matar nos maltratan;
las que de un golpe nos matan, jesas sí que son las buenasl
Ten paciencia, corazón ,
que es mejor, a lo que veo, deseo sin posesión que posesión sin deseo. Así, en inútil jjoifía, pasa esta vida traidora: yo pidiéndote que "ahora", tú diciendo que "otro día".
Aun di pocj por tu amor, aunque por el di, constante, veinte años por un instante, la dicha por un favor.
Vengo á pedirte perdón, no puedo luchar contigo, pues mi mayor enemigo es mi mismo corazón.
]Ayl ¿por qué, haciendo, perjura, dos veces fatal mi historia, me arrebatas la ventura dejándome la memoria?
Para pintarte, querida, mi existencia de una vez, lee el resumen de mi vida: "Una tarde en Aranjuez."
Absorto en li mi deseo, tan sólo en tu amor creí; pero ahora en nada creo, desde que no creo en ti.
Si en tu gracia he de creer, quiero tus gracias mirar, pues mal te podré aprender si no te pueoo estudiar.
Ir hacia Atocha la vi, la seguí, miré, miró; y no "vine, vi y vencí,, yo vine, vi y me venció.