El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 49 de 447
Unidad 49 · DON BAMÓM DE LA CHLZ
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DON BAMÓM DE LA CHLZ
PoTAJERA. IJe esposo.
Manolo. Pues en vano esperas,
que tengo aborrecidas las esposas
dempués que conocí lo que sujetan. Potajera.— Tü me dtbes... Manolo. ¿Al cabo de diez años
quieres que yo me acuerde de mis deudas? Potajera.— Mira que de paz vengo, no resistas,
ó apelaré al despique de la guerra;
pues á este fin mi ejército acampado
dejo ya en la vecina callejuela. Tío.— ¡Hola! ¿Qué es esto? Potajera. Es as'.mto de honra.
Tío.— ¡Cielos, qué escucho! Aquí de mi pru-
[dencia.
Haced vosotros gestos entretanto
que yo me pongo asi como el que piensa.
(Pausa.) Manolo. — ¡Qué bella escena muda! Tío. Ya he resuelto,
y voy á declararme. Chiripa. Pues revienta.
'r,'o. — Aquí hay cuatro intereses: el de mi hija;
el de Manolo, que á casarse llega;
el nuestro, que cargamos con hijastros,
y finalmente el de la Potajer.x,
que pretende que pague el que la debe,
y es justicia con costas etcétera. {Pausa.)
Manolo ha de casarse con mi hija.
{Resuelta.)
Este es mi gusto. Remilgada. ¡Cielos, qué sentencia!
Tío. — Con que es preciso hallar entre tu honra
y mi decreto alguna conveniencia. Potajera. — Mi honor valía más de cien du-
[cados. Tío. — Ya te contentarás con dos pesetas.
(A la Potajera.) Potajera. — No lo esperes. Tío. Pues busca quien lo tase.
Potajera. — Lo lasarán las uñas y las piedras.
Mediodiente j' los iiiisiiios.
-Mediodiente. — Yo te vengo á servir de aven- [tiircro, (A la Potajera )
pues hoy quiere el dts.iao que depenJa
tu suerte de la mía. Potajera. Yo te estimo
la generosa, Mediodiente, oferta,
porque mientras yo emi)isto cara á cara,
tü por la retaguarúia me defiendas.
Manolo. — ¡Amigo Mediodiente!...
Mediodiente. No es mi amigo
quien del honor las leyes no respeta; y sabré.. .
Manolo. ¿Qué sabrás? ;Cómo á la vista de este feroz ej'^rcito no tiemblas?
{Señala d los pillos.)
Mediodiente. — Nunca el pájaro grande retroce de por ver los espantajos en la higuera.
Potajera. — Haz que toquen á marcha.
Sebastián. Si nos vamos
todos á un tiempo, se acabó la fiesta.
Mediodiente. — Yo le ofrezco á tus pies rendido
[ó muerto.
Remilgada. — ¡.Ay de mi!
Tío. ¿Qué es aquesto?
Re.milgada. Ya que llega
á este extremo mi mal, no se malogre mi gusto por un poco de vergüenza, que sólo es aprensión; y sepan cuantos aquí se hallan, que por ti estoy muerta, y que te he de matar ó he de matarme si vuelves á mirar á Potajera.
Mediodiente. — No lo creas, mi bien... mas mi
[palabra empeñada está ya por defenderla. Aquí me llama amor, aquí mi gloria: ¿donde está mi valor?.. ¿Mas mi fineza adonde está también? ¡Oh, injustos hados, que de efectos contrarios me rodean!
Manolo. —¡Como e.xorime el cornudo las pa-
[sionesl
Mediodiente. — Pero al fin de este modo se re
[suelva: lidiare por la una, y á la otra s:itisfaré después. ¡ \l arma!
Guerra!
Potajera. — .\vanza, infantería, á las cast.iñas.
Manolo. — Amigos, asaltemos la taberna, y á tal.a de clarines y tambores hagan el son con la gaita gallega.
Los ííir/ios; y al z>erso A\anza intanteria, salen unos iiiuchackos que á pedradas derriban el puesto de castañas, y andan á la rebatiña. Manolo y los tunos entran en la taberna, y suena ruido de vasos rotos. La Chiripa aiui'- á patadas con los muchachos, y luego se agarra con la Potajeicv. El Tío tiene á la Remilgada desmayada en sus
/irilíog. Sabastián ivíti bailando al son </<■ la gaita, y hifgo salen tlándjse de cachetes Manolo y MiíDiODiENTE/v á Sil tieiiipo. cuando le da la nai'ajada, se levanlan las tres verduleras, y van saliendo tunos y nrichaclios, y forman un semicírculo, haciendo que lloran con sendos paíiiiclos, etc.
Manolo. — ¡Ay de in(! Muerto soy.
Mediodien TE. Me alegro mucho.
Remilgada. — Va respirar podemos.
Chiripa. ¿Quién s; queja?
Tío. — No te asuste ; no es más de que á tu hijo le atravesaron la tetilla izquierda.
Manolo. — Yo muero... no iiay remedio. ¡Ah,
[madre mía! Aquesto fué mi sino... Las estrellas... Vo debía morir en alto puesto, segiin la heroicidí de mis empresas; ¿pero qué hemos de hacer: No quiso el cielo: me moriré v después tendré p. ciencia. Va no veo los bultos., aunque veo las horribles visiones que me cercan. ¡Ah, tiranol ¡Ah, perjura! ¡.-Vy, madre mía! Ya caigo... ya. me tengo. . vaya de esta.
(Cae.)
Chiripa. — ¡Ay, hijo de mi vida! ¿Para esto tantos años lloré tu triste ausencia! ¡Ujalá que murieses en la plaza, que al fm era mejor que en la plazuela! Pero aguarda, que voy á acompañarte ¡¡ara servirte en cuanto te se ofrezca. ¡Oh, Manolo, el mejor de los mortales! ¿Cómo sin ti es posible que viviera tu triste madre? ¡Ay! allá va eso. (^Cae.)
'río.— Aguar Jate, ma er, y no te muera-... Va murió, y yo también quiero morirme por no hacer duelo ni pagar exequias. {Cae.)
Remilgada. — ]Ay, padre mío!
Medioüiente. Esciichame
Remilgada. No puedo,
que me voy á morir á toda priesa. 'Cae.)
PoTAJERA. — V yo también, pues se murió Manolo, a llamar al doctor me voy derecha, y á meterme en la cama bien mullida, que me quiero morir con conveniencia.