El conde Lucanor · Unidad 13 de 26
PRÓLOGO — parte 12
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--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--para que vos fagades en esto lo que yo cuido que vos más cumple, plaserme hía que sopiésedes lo que acaesció a don Lorenzo Suarez Gallinato.
Et el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--don Lorenzo Suarez Gallinato vivía con el rey de Granada; et vivió con él allá en su reino grant tiempo.
Et despues que plogo a Dios que vino a la merced del Rey don Fernando, preguntole el rey un día que, pues él tanto deservicio había fecho a Dios con los moros ayudándolos contra los cristianos, si cuidaba que le habría Dios merced porque non perdiese el alma.
E don Lorenzo Suares le respondió: que nunca fisiera cosa porque cuidaba que le habría Dios merced sinón que matara una ves un clérigo de misa.
E esto tovo el Rey don Fernando por mucho extraño. E el rey le preguntó: cómo podía ser esto.
E él le respondió: que viviendo él con el rey de Granada, que aquel rey que fiaba mucho dél, e que era guarda mayor del su cuerpo. E yendo un día con el rey cabalgando por la villa, oyó ruido de homnes que daban voces, e porque él era guarda del rey dió de las espuelas al caballo e llegó a donde fasían el ruido e falló un clérigo que estaba revestido.
E debedes saber que este mal clérigo fuera cristiano e tornárase moro:
E acaesció un día, que por facer placer a los moros, díjoles: que si ellos quisiesen, que él les daría aquel Dios en que los cristianos creían, e fiaban, e tenían por Dios. E los moros le rogaron que gelo diese. E entonces el clérigo traidor e malo, fizo facer unas vestimentas, e mandó facer un altar, e dijo la misa, e consagró una hostia. E desque fué consagrada diola a los moros. E andábanla arrastrando por el lodo e faciendo della muchos escarnios.
E cuando don Lorenzo Suares esto vido, comoquier que él vivía con los moros, membrándose como él era cristiano e creyendo verdaderamente que aquel era el cuerpo de Dios e pues que Jesu-Cristo muriera por redemir los pecadores que sería él de muy buena ventura si muriese por le vengar et por le sacar de aquella deshonra, que aquella falsa gente le facía. E desque esto hobo pensado, con el grant dolor e pesar que hobo, enderezó contra el traidor clérigo renegado que aquella tan grant traición ficiera e cortole la cabeza.
E descendió del caballo e fincó los hinojos en tierra e adoró el cuerpo de Dios que los moros traían por el lodo arrastrando. E luego que fincó los hinojos, la hostia que estaba dél alongada, dió un salto del lodo e saltó en la falda de don Lorenzo Suares Gallinato.
E cuando los moros esto vieron, hobieron ende muy grant pesar, e metieron mano a las espadas; et con espadas, et con palos, e con piedras vinieron todos contra don Lorenzo Suarez para lo matar. E él metió mano a su espada con que descabezara el mal clérigo, e comenzose a defender.
E cuando el rey moro oyó esto ruido, e vió que querían matar a don Lorenzo Suarez, mandó que ninguno non le ficiese ningunt mal, e preguntó por que cosa fuera aquello. E los moros que estaban con grant queja e braveza, dijeron al rey cómo pasara aquel fecho.
E el rey se quejó e le pesó mucho desto, e preguntó muy sañudamente a don Lorenzo Suares, que porqué ficiera aquello sin su mandado. E don Lorenzo Suarez le dijo: que bien sabía que él, que non era de su ley, e que era cristiano; e que, maguer que él esto conoscía, que sabía bien que fiaba dél el su cuerpo pensando que era leal e que por miedo de la muerte non dejaría de lo guardar, e pues si él por tan leal le tenía, que cuidaba que faría esto por él que era moro, que parase mientes, si él leal era, qué debía facer, pues que era cristiano, por guardar el cuerpo de Dios que es rey de los reyes e señor de los señores, e que si por esto lo mandase matar, que nunca él vería mejor día.
E cuando el rey lo oyó, plógole mucho de lo que don Lorenzo Suares ficiera, e amole e preciole mucho más de aquella hora en adelante.
Et vos, señor conde Lucanor, si sabedes que aquel homne que con vusco quiere guarecer es buen homne en si e podedes dél bién fiar, cuanto por lo que vos dicen que fizo algunas cosas sin razón, non lo debedes por eso partir de vuestra compañía; ca por aventura aquello que los homnes cuidan que fué sin razón non lo vieron nin fué ansí, como cuidó el rey don Fernando de lo de don Lorenzo Suarez Gallinato que ficiera desaguisado en matar un clérigo fasta que supo la razón dello. E asi podemos decir que don Lorenzo Suares fizo el mejor fecho del mundo. Mas si vos sopiésedes que lo que él fizo es tan mal fecho, faredes bien de lo non querer en vuestra compañía.
E al conde plogo mucho de lo que Patronio le dijo e fízolo ansí et fallose ende bien.
E entendió don Juan que este enjemplo, que era muy bueno e fízolo escribir en este libro e fizo estos viesos que dicen así:
Muchas cosas parescen sin razón, Et qui las sabe, en si buenas son[32].
[32] Falta de este apólogo una hoja en el códice S-34; algún escrupuloso no quiso se conservase memoria del sacrílego clérigo de Granada muerto por don Lorenzo Suárez Gallinato. (Vid. _Revista Española de Ambos Mundos_, 1854, t. II, pág. 402, por P. Gayangos.)
EJEMPLO XXIX
De lo que contesció a un raposo que se echó en la calle et se fizo muerto.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio su consejero et díjole así:
--Patronio, un mio pariente vive en una tierra do non ha tanto poder que pueda estrañar cuantas escatimas le facen, et los que han poder en la tierra querrían muy de grado que ficiese él alguna cosa por que hobiesen achaque para seer contra él. Et aquel mio pariente tiene que le es muy grave cosa de sofrir aquellas terrerías quel facen, et querría aventurarlo todo ante que sofrir tanto pesar de cada día. Et porque yo querie que él acertase en lo mejor, ruégovos que me digades en que manera le conseje por que pase lo mejor que pudiere en aquella tierra.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio, para que vos le podades consejar en esto, placerme hía que sopiésedes lo que contesció una vez a un raposo que se fizo muerto.
El conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--un raposo entró una noche en un corral do había gallinas; et andando en ruido con las gallinas, cuando él cuidó que se podría ir, era ya de día et las gentes andaban ya todos por las calles. E desque él vió que non se podía asconder, salió escondidamente a la calle, et tendiose así como si fuese muerto.
E cuando las gentes lo vieron, cuidaron que era muerto, et non cató ninguno por él.
E a cabo de una pieza pasó por y un homne, e dijo: que los cabellos de la fruente del raposo, que eran buenos para poner en la fruente de los mozos pequeños por que non les aojen. Et trasquiló con unas tijeras los cabellos de la fruente del raposo.
E después vino otro, et dijo eso mismo de los cabellos del lomo; e otro, de las hijadas. Et tantos dijeron esto fasta que lo trasquilaron todo. Et por todo, nunca se movió el raposo porque entendía que aquellos cabellos non le facían daño en los perder.
E después vino otro et dijo: que la uña del pulgar del raposo era buena para guarescer de los panarizos; et sacógela. Et el raposo non se movió.
E después vino otro que dijo: que el diente del raposo era bueno para el dolor de los dientes; et sacógelo. Et el raposo non se movió.
E después a cabo de otra pieza, vino otro que dijo: que el corazón del raposo era bueno paral dolor del corazón, et metió mano a un cochiello para sacarle el corazón. Et el raposo vió quel querían sacar el corazón et que si gelo sacasen, non era cosa que se pudiese cobrar, et que la vida era perdida, et tovo que era mejor de se aventurar a quequier quel pudiese venir que sofrir cosa porque se perdiese todo. Et aventurose et puñó en guarescer et escapó muy bien.
Et vos, señor conde, consejad a aquel vuestro pariente que si Dios le echó en tierra do non pueda estrañar lo quel facen como él querría o como le cumpliría; que en cuanto las cosas quel ficiere, fueren atales que se puedan sofrir sin grand daño et sin grand mengua, que dé a entender que se non siente dello et que les dé pasada; ca en cuanto dá homne a entender que se non tiene por maltrecho de lo que contra él han fecho, non está tan envergonzado, mas desque da a entender que se tiene por maltrecho de lo que ha recebido, si dende adelante non face todo lo que debe por non fincar menguado, non está tan bien como ante. Et por ende a las cosas pasaderas, pues non se puede estrañar como deben, es mejor de les dar pasada, mas, si llegare el fecho a alguna cosa que sea gran daño o gran mengua, estonce se aventure e non lo sufra, ca mejor es la pérdida o la muerte, defendiendo homne su derecho e su honra et su estado, que vevir pasando en estas cosas mal e deshonradamente.
El conde tovo esto por buen consejo.
Et don Johan, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Sufre las cosas en cuanto debieres, Estraña las otras en cuanto pudieres[33].
[33] El ejemplo del raposo que se hizo el muerto lo cuenta el Arcipreste de Hita: _Exiemplo de la raposa que come las gallinas en la aldea_.
Hizo de él una bella adaptación glosada _Azorín_, en _Los valores literarios_, pág. 159: _La raposa mortecina_.
EJEMPLO XXX
De lo que contesció al Rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía su mujer.
Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera.
--Patronio, a mi contesce con un homne así: que muchas veces me ruega et me pide quel ayude et le dé algo de lo mio. Et comoquier que cuando fago aquello que él me ruega, da a entender que me lo gradesce, luego que otra vez me pide alguna cosa, si lo non fago así como él quiere, luego se ensaña et da a entender que me lo non gradesce et que ha olvidado todo lo que fiz por él. Et por el buen entendimiento que habedes, ruégovos que me consejedes en que manera pase con este homne.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--a mi paresce que vos contesce con este homne segund contesció al rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía, su mujer.
El conde preguntó como fuera aquello.
--Señor conde, dijo Patronio--el rey Abenabet era casado con Ramaiquía et amábala más que cosa del mundo. Et ella era muy buena mujer et los moros han della muchos buenos ejiemplos; pero había una manera que non era muy buena, esto era que a las veces tomara algunos antojos a su voluntad.
Et acaesció, que un día, estando en Córdoba en el mes de febrero cayó una nieve. Et cuando Ramaiquía la vió, comenzó a llorar. Et preguntole el rey por que lloraba. Et ella dijol: que porque nunca le dejaba en tierra que viese nieve.
Et el rey por le facer placer, fizo poner almendrales por toda la sierra de Córdoba; porque pues Córdoba es tierra caliente et non nieva y cada año, que en febrero paresciesen los almendrales floridos, que semejan nieve, por le facer perder el deseo de la nieve.
E otra vez estando Ramayquía en una cámara sobre el río, vió una mujer descalza volviendo lodo cerca el río para facer adobes: et cuando Ramayquía lo vió, comenzó a llorar; et el rey preguntol, por qué lloraba. Et ella dijol: porque nunca podía estar a su guisa, siquier faciendo lo que facía aquella mujer.
E entonce, por le facer placer, mandó el rey fenchir de agua rosada aquella grand albuhera de Córdoba en logar de agua, et en lugar de lodo fízola fenchir de azucar, et de canela, et de espie, et clavos, et musgo, et ambra, et algalina, et de todas buenas especies, et buenos olores que pudían seer: et en lugar de paja fizo poner cañas de azucar. Et desque destas cosas fué llena el albuhera de tal lodo cual entendedes que podría seer, dijo el rey a Ramayquía que se descalzase et que follase aquel lodo et que ficiese adobes dél cuantos quisiese.
E otro día, por otra cosa que se le antojó, comenzó a llorar. Et el rey preguntol por que lo facía.
Et ella dijol: que cómo non lloraría, que nunca ficiera el rey cosa por le facer placer. Et el rey veyendo que, pues tanto había fecho por le facer placer et complir su talante, que ya non sabía que pudiese facer más, dijol una palabra que se dice en el algarabía desta guisa «Vâ la mahar el-tin» que quiere decir: «et non el día del lodo» como diciendo que pues las otras cosas olvidaba, que non debía olvidar el lodo que ficiera por le facer placer.
Et vos señor conde, si veedes que por cosa que por aquel homne fagades, que si non le facedes todo lo al que vos dice, que luego olvida e desgradesce todo lo que por él habedes fecho, conséjovos que non fagades por él, tanto que se vos torne en grand daño de vuestra facienda. Et a vos otrosí conséjovos que, si alguno ficiese por vos alguna cosa que vos cumpla et después non ficiere todo lo que vos querríades, que por eso nunca le desconozcades el bien que vos vino de lo que por vos fizo. E el conde tovo este por buen consejo et fizolo así et fallose ende bien.
Et teniendo don Johán este por buen ejiemplo, fizolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Qui te desconosce tu bien fecho, Non dejes por él tu grand provecho[34].
[34] El Abenabet de Sevilla no es otro que el rey poeta Motamid, y Romaiquía, aquella muchacha que una mañana en el Guadalquivir respondió en verso una improvisación suya; pertenecía Motamid a la dinastía de los Beni-Abbad; de aquí el nombre que le da D. Juan Manuel. Relátase la poética anécdota en _Abbad_, t. II, pág. 153; Dozy, en su _Historia de los musulmanes españoles_, t. IV, páginas 169 y 55 (edición castellana, Sevilla, 1877).
Contado también por _Azorín_, _Los valores literarios_, pág. 147.
EJEMPLO XXXI
Del juicio que dió un cardenal entre los clérigos de París et los fraires menores.
Otro día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:
--Patronio, un mio amigo et yo querríamos facer una cosa que es pro et honra de amos: et yo podría facer aquella cosa et no me atrevo a la facer fasta que él llegue. Et por el buen entendimiento que Dios vos dió, ruégovos que me consejedes en esto.
--Señor conde--dijo Patronio--para que fagades en esto, lo que me paresce más a vuestra pro, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a los de la eglesia catedral et a los fraires menores de París.
El conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--los de la eglesia dician que, pues ellos eran cabeza de la eglesia que ellos debian tañer primero a las horas; et los fraires dicían que ellos habían de estudiar et de levantarse a matines et a las horas en guisa que non perdiesen su estudio, et demás eran exentos et que non habían por que esperar a ninguno.
Et sobresto, fué muy grande la contienda et costó muy grand haber a los abogados en el pleito a entramas las partes.
E a cabo de muy grant tiempo, un Papa que vino acomendó este fecho a un Cardenal et mandó que lo librase de una guisa o de otra.
E el Cardenal fizo traer ante si el proceso, et era tan grande que todo homne se espantaría solamente de la vista. Et desque el Cardenal tovo todos los escriptos ante si, púsoles plazo para que viniesen otro día a oir sentencia.
Et cuando fueron antél, fizo quemar todos los procesos et díjoles así:
--Amigos, este pleito ha mucho durado, et habedes todos tomado grand costa et grand daño, et yo non vos quiero traer en pleito, mas dovos por sentencia: que el que ante despertare, ante tanga.
Et vos señor conde, si el pleito es provechoso para vos amos et vos lo podedes facer, conséjovos yo que lo fagades et non le dedes vagar, ca muchas veces se pierden las cosas que se podrian acabar por les dar vagar et después cuando homne querría, o se pueden facer o non.
E el conde se tovo desto por bien aconsejado et fizolo así et fallose en ello muy bien.
Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Si muy grand tu pro puedes facer, Nol des vagar que se pueda perder[35].
[35] No anota Knust referencia alguna de esta graciosa anécdota.
EJEMPLO XXXII
De lo que contesció a un Rey con los burladores que ficieron el paño.
Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dicíale:
--Patronio, un homne vino a mi et díjome un muy grand fecho et dame a entender que sería muy grand mi pro, pero díceme que lo non sepa homne del mundo por mucho que yo en él fie, et tanto me encaresce que guarde esta poridat fasta que dice que, si a homne del mundo lo digo, que toda mi facienda et aun la mi vida es en grand periglo. Et porque yo sé, que homne non vos podría decir cosa que vos non entendades, si se dice por bien o por algún engaño, ruégovos que que me digades lo que vos paresce en esto.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio para que vos entendades, al mío cuidar, lo que vos más cumple de facer en esto, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un Rey con tres homnes burladores que vinieron a él.
El conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--tres homnes burladores vinieron a un rey et dijiéronle que eran muy buenos maestros de facer paños, et señaladamente que facían un paño que todo homne que fuese fijo de aquel padre que todos dicían que vería el paño, mas el que non fuese fijo de aquel padre que él tenía et que las gentes dicían, que non podría ver el paño.
E al Rey plogo desto mucho, teniendo que por aquel paño podría saber cuales homnes de su regno eran fijos de aquellos que debían seer sus padres o cuales non, et que por esta manera podría acrescentar mucho lo suyo; ca los moros non heredan cosa de su padre sin non son verdaderamente sus fijos. Et para esto mandoles dar un Palacio en que ficiesen aquel paño.
Et ellos dijiéronle, que porque viese que non lo querían engañar, que los mandase encerrar en aquel Palacio fasta que el paño fuese fecho. E desto plogo mucho al Rey. Et desque hobieron tomado para facer el paño mucho oro, et plata, et seda, et muy grand haber, para que lo ficiesen, entraron en aquel Palacio et encerráronlos y.
Et ellos pusieron sus talleres et daban a entender que todo el día tejían en el paño. E a cabo de algunos días fué el uno dellos decir al Rey que el paño era comenzado et que era la más fermosa cosa del mundo; et dijol a que figuras et a que labores lo comenzaban de facer et que, si fuese la su mercet, que lo fuese ver et que non entrase con él homne del mundo. E desto plogo al Rey mucho.
Et el Rey queriendo probar aquello ante en otro, envió un su camarero que lo viese, pero non le apercivió quel desengañase.
Et desque el camarero vió los maestros et lo que dicían, non se atrevió a decir que non lo viera. E cuando tornó al Rey, dijo, que viera el paño. Et después envió otro et dijol eso mismo. Et desque todos los que el Rey envió, le dijieron que vieran el paño fué el rey a lo ver.
Et cuando entró en el Palacio vió a los maestros que estaban tejiendo et dicían: «Esto es tal labor, et esto es tal historia, et esto es tal figura, et esto es tal color.» Et concertaban todos en una cosa et ellos non tejían ninguna cosa. E cuando el Rey vió que ellos non tejían et dicían de que manera era el paño, et él que non lo veía et que lo habían visto los otros, tóvose por muerto, ca tovo que porque non era fijo del rey que él tenía por su padre que por eso non podía ver el paño, et receló que si dijiese que lo non veía que perdería el regno. Et por ende comenzó a loar mucho el paño et aprendió muy bien la manera como dicían aquellos maestros que el paño era fecho.
Et desque fué en su casa con las gentes comenzó a decir maravillas de cuanto bueno et cuanto maravilloso era aquel paño, et dicia las figuras et las cosas que había en el paño, pero et estaba con muy mala sospecha.