El conde Lucanor · Unidad 7 de 26

PRÓLOGO — parte 6

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--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, en los grandes fechos et muy dubdosos son muy periglosos los consejos, ca en los más de los consejos non puede homne fablar ciertamente, ca non es homne seguro a que pueden recodir las cosas, ca muchas veces veemos que cuida homne una cosa et recude despues otra, ca lo que cuida homne que es mal recude a las vegadas a bien, et lo que cuida homne que es bien recude a las vegadas a mal et por ende el que ha a dar consejo, si es homne leal et de buena entención, es en muy grant queja cuando ha de consejar, ca si el consejo que dá recude a bien non ha otras gracias sinón que dicen que fizo su debdo en dar buen consejo; et si el consejo a bien non recude, siempre finca el consejero con daño et con vergüenza. Et por ende este consejo en que hay muchas dubdas et muchos periglos placerme hía de corazón si pudiese escusar de non lo dar, mas pues queredes que vos conseje, et non lo puedo escusar, dígovos que querría muy mucho que sopiésedes cómo contesció a un gallo con un raposo.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, un homne bueno había una casa en la montaña, et entre las otras cosas que criaba en su casa criaba siempre muchas gallinas et muchos gallos. Et acaesció que uno de aquellos gallos andaba un día alongado de la casa por un campo et andando él muy sin recelo, viólo el raposo et vino muy ascondidamente cuidándolo tomar. Et el gallo sintiolo et subió en un arbol que estaba ya cuanto alongado de los otros. Et cuando el raposo entendió que el gallo estaba ya en salvo, pesol mucho porque nol pudiera tomar et pensó en cual manera podría guisar quel tomase. Et entonce enderezó al arbol et comenzol a rogar et a falagar et asegurar que descendiese a andar por el campo como solía; et el gallo non lo quiso facer. Et desque el raposo entendió que por ningún falago non le podía engañar, comenzol a menazar diciendol que pues del non fiaba que él guisaría como se fallase ende mal. Et el gallo entendiendo que estaba en salvo non daba nada por sus amenazas nin por sus seguranzas.

Et des que el raposo entendió que por todas estas maneras non le podía engañar, enderezó al arbol et comenzó a roer en él con los dientes et dar en él muy grandes colpes con la cola. Et el cativo del gallo tomó miedo sin razón, non parando mientes en como aquel miedo que el raposo le ponía non le podía empecer, et espantose de valde et quiso foir a los otros árboles en que coidaba estar más seguro, que non pudo llegar al monte, mas llegó a otro arbol. Et de que el raposo entendió que tomaba miedo sin razón, fué en pos él et así lo llevó de arbol en arbol fasta que lo sacó et lo tomó, et lo comió.

Et vos, señor conde Lucanor, ha menester que pues tan grandes fechos habedes a pasar et vos habedes de parar a ello, que nunca tomedes miedo sin razón, nin vos espantedes de valde por amenazas, nin por dichos de ningunos, nin fiedes en cosa de que vos pueda venir grant daño, nin grand periglo, et pugnad siempre en defender et en amparar los lugares más postrimeros de la vuestra tierra et non creades que tal homne como vos teniendo gentes et vianda, que por non seer el lugar muy fuerte, podriedes tomar peligro ninguno. Et si con miedo o con recelo valdío dejardes los lugares de cabo de vuestra tierra, seguro sed que así vos irán llevando de logar en logar fasta que vos saquen de todo; ca cuanto vos et los vuestros mayor miedo et mayor desmayo mostrásedes en dejando los vuestros logares, tanto más se esforzarán vuestros contrarios para vos tomar lo vuestro. Et cuanto vos et los vuestros viéredes a los vuestros contrarios más esforzados, tanto desmayaredes más, et asi irá yendo el pleito fasta que non vos finque cosa en el mundo; mas, si bien porfiáredes sobre lo primero, sodes seguro, como fuera el gallo si estudiera en el primero arbol, et aun tengo que cumpliría a todos los que tienen fortalezas, si sopiesen este ejiemplo ca non se espantarían sin razón, cuando les metiesen miedo con engaños, o con cavas, o con castiellos de madera, o con otras tales cosas que nunca las farían sinón para espantar a los cercados. Et mayor cosa vos diré porque veades que vos digo verdat. Nunca logar se puede tomar sinón subiendo por el muro con escaleras o cavando el muro: pero si el muro es alto non podrán llegar allá las escaleras. Et para cavarlo bien cred que han mester grand vagar los que lo han de cavar. Et asi todos los lugares que se toman o es con miedo o por alguna mengua que han los cercados, et lo demás es por miedo sin razón. Et ciertamente, señor conde, los tales como vos et aún los otros que non son de tan grand estado como vos ante que comencedes la cosa, la debedes catar et ir a ella con grand acuerdo, et non lo pudiendo nin debiendo escusar. Mas, desque en el pleito fuéredes, non ha mester que por cosa del mundo tomedes espanto nin miedo sin razón; siquier debédeslo facer, porque es cierto que de los que son en los periglos, que muchos más escapan de los que se defienden, que non de los que fuyen. Siquier parat mientes, que si un periello quel quiera matar un grand alano, está quedo et regaña los dientes, que muchas veces escapa, et por grant perro que sea si fuye, luego es tomado et muerto.

E al conde, plogo mucho de todo esto que Patronio le dijo, et fízolo así, et fallose dello muy bien.

Et porque don Johan tovo este por buen ejiemplo, fízolo poner en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:

Non te espantes por cosa sin razón Mas defiéndete bien como varón[18].

[18] Está la misma fábula en La Fontaine, fábula XVIII del Libro XII.

EJEMPLO XIII

De lo que contesció a un homne que tomaba perdices.

Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijole:

--Patronio, algunos homes de grand guisa et otros que lo non son tanto me facen a las vegadas enojos et daños en mi facienda et en mis gentes, et cuando son ante mi, dan a entender que les pesa mucho porque lo hobieron a facer, et que lo non ficieron sinón con muy grand mester et con muy grant cuita et non lo pudiendo escusar. Et porque yo querría saber lo que debo facer cuando tales cosas me ficieren, ruégovos que me digades lo que entendedes en ello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, esto que vos decides, que a vos contesce, sobre que me demandades consejo, paresce mucho a lo que contesció a un homne que tomaba perdices.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, un homne paró sus redes a las perdices; et desque las perdices fueron caidas en la red, aquel que las cazaba llegó a la ret en que yacían las perdices: et, así como las iba tomando, matábalas et sacábalas de la red; et en matando las perdices, dabal viento en los ojos tan recio quel facía llorar. Et una de las perdices que estaba viva en la red comenzó a decir a las otras:

--Vet, amigas, lo que face este homne! como quiera que nos mata, sabet que ha grand duelo de nos, et por ende está llorando!

Et otra perdiz que estaba y, más sabidora que ella, et que con su sabiduría se guardara de caer en la red, respondiol así:

--Amiga, mucho gradesco a Dios porque me guardó, et ruego a Dios que guarde a mi et a todas mis amigas del que me quiere matar et facer mal, et me da a entender quel pesa del mio daño.

Et vos, señor conde Lucanor, siempre vos guardat del que vierdes que vos face enojo et da a entender quel pesa por ello porque lo face; pero si alguno vos ficier enojo, non por vos facer daño nin deshonra, et el enojo non fuere cosa que vos mucho empesca, et el homne fuer tal de que hayades tomado servicio o ayuda, et lo ficiere con queja o con mester, en tales logares, conséjovos yo que cerredes el ojo en ello, pero en guisa que lo non faga tantas veces, dende se vos siga daño nin vergüenza; mas, si de otra manera lo ficiese contra vos, estrañadle en tal manera porque vuestra facienda et vuestra honra siempre finque guardada.

E el conde tovo por buen consejo este que Patronio le daba et fízolo así et fallose ende bien.

Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, mandolo poner en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Quien te mal faz mostrando grand pesar, Guisa como te puedas dél guardar[19].

[19] Figura en el _Libro de los Gatos_, Rivadeneyra, tomo LI, pág. 544; dice la moraleja, de los prelados y señores que con dolor hipócrita tiranizan a sus súbditos. Origen oriental.

EJEMPLO XIV

Del miraglo que fizo Sancto Domingo cuando predicó sobre el logrero.

Un día fablaba el conde Lucanor con su consejero Patronio, en su facienda, et díjole:

--Patronio, algunos homnes me consejan que ayunte el mayor tesoro que pudiere et que esto me cumple más que otra cosa para que quier que me contesca. Et ruégovos que me digades lo que vos paresce en ello.

--Señor conde--dijo Patronio--, como quier que a los grandes señores vos cumple de haber algún tesoro para muchas cosas et señaladamente porque non dejedes por mengua de haber, de facer lo que vos cumplier; pero non entendades que este tesoro debedes ayuntar en guisa que pongades tanto el talante en ayuntar grant tesoro por que dejedes de facer lo que debedes a vuestras gentes et para guarda de vuestra honra, et de vuestro estado, ca si lo ficiésedes podervos hía acaescer lo que contesció a un lombardo en Bolonia.

E el conde le preguntó cómo fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, en Bolonia había un lombardo que ayuntó muy grand tesoro et non cataba si era de buena parte o non, sinón ayuntarlo en cualquier manera que pudiese. E el lombardo adoleció de dolencia mortal, et un su amigo que había, desque lo vió en la muerte, consejol que se confesase con Sancto Domingo, que era estonce en Bolonia. Et el lombardo quísolo facer.

Et cuando fueron por Sancto Domingo, entendió Sancto Domingo que non era voluntad de Dios que aquel mal homne non sufriese la pena por el mal que había fecho, et non quiso ir allá, mas mandó a un fraire que fuese allá. E cuando los fijos del lombardo sopieron que había enviado por Sancto Domingo, pesoles ende mucho, teniendo que Sancto Domingo faría a su padre que diese lo que había por su alma, et que non fincaría nada a ellos. Et cuando el fraire vino, dijiéronle que sudaba su padre, mas cuando cumpliese, que ellos enviarían por él.

E a poco rato perdió el lombardo la fabla, et murió en guisa que non fizo nada de lo que había mester para su alma. E otro día, cuando lo llevaron a enterrar, rogaron a Sancto Domingo que predigase sobre aquel lombardo. Et Sancto Domingo fízolo. Et cuando en la predigación hobo de fablar daquel homne, dijo una palabra que dise el Evangelio, que dise así: _Ubi est tesaurus tuus ibi est cor tuum._ Que quier decir: _Do es el tu tesoro, y es el tu corazón._ Et cuando esto dijo, tornose a las gentes et díjoles:

--Amigos, porque veades que la palabra del Evangelio es verdadera, facet catar el corazón a este homne et yo vos digo que non lo fallarán en el cuerpo suyo et fallarlo han en el arca que tenía el su tesoro.

E estonce fueron catar el corazón en el cuerpo et non lo fallaron y, et falláronlo en el arca como Sancto Domingo dijo. Et estaba lleno de gusanos et olía peor que ninguna cosa por mala nin por podrida que fuese.

Et vos, señor conde Lucanor, como quier que el tesoro, como desuso es dicho, es bueno, guardad dos cosas: la una, es que el tesoro que ayuntáredes, que sea de buena parte; la otra, que non pongades tanto el corazón en el tesoro, porque non fagades ninguna cosa que vos non caiga de facer, nin dejedes nada de vuestra honra, nin de lo que debedes facer, por ayuntar grand tesoro de buenas obras, por que hayades la gracia de Dios et buena fama de las gentes.

E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así, et fallose ende bien.

Et teniendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Gana el tesoro verdadero Et guárdate del fallecedero[20].

[20] Tomado quizá del _Libro de los Milagros_, de San Gregorio de Tours. Oído, tal vez, por Don Juan Manuel a uno de _sus fraires predicadores_ de Peñafiel; generalmente se cuenta sin que en él intervenga Santo Domingo, por ejemplo, en el cap. VII de los _Castigos o documentos del Rey Don Sancho_, Riv., LI, pág. 99, con muchas variantes.

ENJEMPLO XV

De lo que contesció a don Lorenzo Suarez sobre la cerca de Sevilla.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

--Patronio, a mi acaesció que hobe un rey muy poderoso por enemigo: et desque mucho duró la contienda entre nos, fallamos entramos por nuestra pro de nos avenir. Et como quiera que agora estamos por avenidos et non hayamos guerra, siempre estamos a sospecha el uno del otro. Et algunos también de los suyos como de los míos métenme muchos miedos, et dícenme que quiere buscar achaque para ser contra mí; et por el buen entendimiento que habedes, ruégovos que me consejedes lo que faga en esta razón.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, este es muy grave consejo de dar por muchas razones; lo primero, que todo homne que vos quiera meter en contienda ha menester muy grant aparejamiento para lo facer, ca dando a entender que quiere vuestro servicio et vos desengaña, et vos apercibe, et se duele de vuestro daño, vos dirá siempre cosas para vos meter en sospecha; et por la sospecha habredes a facer tales apercibimientos que serán comienzo de contienda, et homne del mundo non podrá decir contra ellos; ca el que dijiere que non guardedes vuestro cuerpo, davos a entender que non quiere vuestra vida, et el que dijiere que non labredes, et guardedes, et bastescades vuestras fortalezas, da a entender, que non quiere guardar vuestra heredat, et el que dijiere que non hayades muchos amigos et vasallos et les dedes mucho por los haber et los guardar, da a entender, que non quiere vuestra honra, nin vuestro defendimiento: et todas estas cosas non se faciendo, seríades en grand periglo, et puédese facer en guisa que sería comienzo de roido; pero pues queredes que vos conseje lo que entiendo en esto, dígovos, que querría que sopiésedes lo que contesció a un buen caballero.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, el sancto et bienaventurado rey don Ferrando tenía cercada a Sevilla; et entre muchos buenos que eran y con él, había y tres caballeros que tenían por los mejores tres caballeros d’armas que entonce había en el mundo: et decían al uno don Lorenzo Suarez Gallinato, et al otro don García Periz de Vargas, et del otro non me acuerdo del nombre. Et estos tres caballeros hobieron un día porfía entre sí cual era el mejor caballero d’armas. Et porque non se pudieron avenir en otra manera acordaron todos tres que se armasen muy bien, et que llegasen fasta las puertas de Sevilla, en guisa que diesen con las lanzas a la puerta.

Et otro día de mañana, armáronse todos tres et enderezaron a la villa; et los moros que estaban por el muro et por las torres, desque vieron que non eran más de tres caballeros cuidaron que vinían por mandaderos, et non salió ninguno a ellos, et los tres caballeros pasaron la cava, et la barbacana, e llegaron a la puerta de la villa, et dieron de los cuentos de las lanzas en ella; et desque hobieron fecho esto volvieron las riendas a los caballos et tornáronse para la hueste.

Et desque los moros vieron que non les dicían ninguna cosa, toviéronse por escarnidos et comenzaron a ir en pos dellos; et cuando ellos hobieron abierto la puerta de la villa, los tres caballeros que se tornaban su paso, eran ya cuanto alongados; et salieron en pos dellos más de mil et quinientos homes a caballo, et más de veinte mil a pié. Et desque los tres caballeros vieron que vinían cerca dellos, volvieron las riendas de los caballos contra ellos et asperáronlos. Et cuando los moros fueron cerca dellos, aquel caballero de que olvidé el nombre, enderezó a ellos et fuelos a ferir. Et don Lorenzo Suarez et don García Periz estudieron quedos; et desque los moros fueron más cerca don García Periz de Vargas fuelos ferir; et don Lorenzo Suarez estudo quedo, et nunca fué a ellos fasta que los moros le fueron ferir; et desque lo comenzaron a ferir, metiose entrellos et comenzó a facer cosas maravillosas d’armas.

Et cuando los del real vieron aquellos caballeros entre los moros, fuéronles acorrer. Et como quier que ellos estaban en muy grand priesa et ellos fueron feridos, fué la merced de Dios que non murió ninguno dellos. Et la pelea fué tan grande entre los cristianos et los moros, que hobo de llegar y el rey don Ferrando: et fueron los cristianos ese día muy bien andantes. Et desque el rey se fué para su tienda, mandolos prender diciendo que merescían muerte, pues que se aventuraran a facer tan grant locura, lo uno en meter la hueste en rebato sin mandado del rey, et lo al, en facer perder tan buenos tres caballeros. Et desque los grandes homnes de la hueste pidieron merced al rey por ellos, mandolos soltar.

Et desque el rey sopo que por la contienda que entrellos hobiera fueron a facer aquel fecho, mandó llamar cuantos buenos homnes eran con él, para judgar cual dellos lo ficiera mejor. Et desque fueron ayuntados, hobo entrellos grand contienda, ca los unos dicían que fisiera mayor esfuerzo el que primero los fuera ferir, et los otros que el segundo, e los otros que el tercero. Et cada uno desía tantas buenas razones que parescía que desía razón derecha: et en verdad tan bueno era el fecho en sí, que cualquier podría haber muchas buenas razones para lo alabar; pero, a la fin del pleito el acuerdo fué este: que, si los moros que vinían a ellos fueran tantos que se pudiesen vencer por esfuerzo o por bondad que en aquellos caballeros hobiese, que el primero que los fuese a ferir, era el mejor caballero, pues comenzaba cosa que se podía acabar; mas, pues los moros eran tantos que por ninguna guisa non los podrían vencer, que el que iba a ellos non lo facía por vencerlos, mas la vergüenza le facía que non fuyese; et pues non había de foir, la queja del corazón, porque non podía sofrir el miedo, le fizo que les fuese ferir. Et el segundo que les fué ferir et esperó más que el primero, tovieron por mejor, porque pudo sofrir más el miedo. Mas, don Lorenzo Suarez que sufrió todo el miedo et que esperó fasta que los moros le ferieron, aquel judgaron que fuera mejor caballero.