El consejero de la juventud · Capítulo real 8 de 28
CAPÍTULO XI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
CAPÍTULO XI
La intolerancia
No todos los hombres tienen idénti¬ cas ideas, por la sencilla razón de que no son iguales ni sus cerebros ni sus co¬ razones. Los unos difieren de los otros, y de aquí el choque trecuente de los pensamientos.
Si quieres que brote la luz del anta¬ gonismo de las ideas, procura que la tolerancia presida toda discusión.
Si quieres «fue toda discusión dege¬ nere en insultos, en provocaciones y en
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persecuciones, déjate inspirar por el demonio de la intolerancia.
Tú tienes el inalienable derecho de pensar y de sentir; pero ese derecho no está circunscrito á tu persona, porque los demás también lo tienen igual al tuyo, sagrado como el tuyo. A todos nos viene de Dios, lo recibimos al abrir los ojos á la luz: lo llevamos á todas partes y nos acompaña durante la vida, porque eso es lo que se llama la inde¬ pendencia de la razón y la libertad del pensamiento.
No trates jamás de imponerte sino por las fuerzas del raciocinio, por la au¬ toridad de la justicia ó por la influencia del convencimiento.
Si crees á los demás en el camino del error, trata de apartarlos de él, pero por medio de la persuasiva palabra.
No te impongas de otro modo, por¬ que siempre son deplorables las con¬ quistas de la fuerza.
La intolerancia es un grave pecado. Es atacar la libertad ajena, rendir cuito á la tiranía, esclavizar el espíritu.
Todos somos libres y¡» tenemos per¬ fecto derecho para serlo.
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La facultad de pensar y de sentir es inherente á nuestra humana existencia.
Pero no creas que esa libertad es absoluta, pues tiene sus límites traza¬ dos por la moral, por la religión y por la ley.
Tolerar á los demás en todo aquello que tengan justo derecho no es una cualidad de que podamos hacer alarde, sino un deber que en todo tiempo es¬ tamos en la imprescindible obligación de cumplir.
Tolerar no es permitir á las demás que hagan esto ó aquello: tolerar es in¬ clinarse ante el incuestionable derecho ajeno.
Con mucha frecuencia entrarás tú, niño, en discusiones can tus compañe¬ ros de escuela: no te exaltes jamás: to¬ lera y respeta sus opiniones, para que tengas derecho á exigir para las tuyas tolerancia y respeto: Discute con mo¬ deración, arguye con calma, razona y trata de convencer.
Tú no concces todavía el mundo político: vas á entrar muy pronto en él y es preciso qu'e sepas desde ahora, que existe una lepra moral que corroe los
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partidos y despopulaidza los gobiernos. Esta lepra es la intolerancia.