El Criterio · Unidad 4 de 41
CAPÍTULO III.
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ELECCION DE CARRERA.
§ I.
Vago significado de la palabra Talento.
Cada cual ha de dedicarse á la profesion para la que se siente con mas aptitud. Juzgo de mucha importancia esta regla; y abrigo la profunda conviccion de que á su olvido se debe el que no hayan adelantado mucho mas las ciencias y las artes. La palabra _talento_ expresa para algunos, una capacidad absoluta; creyendo equivocadamente que quien está dotado de felices disposiciones para una cosa lo estará igualmente para todas. Nada mas falso; un hombre puede ser sobresaliente, extraordinario, de una capacidad monstruosa para un ramo, y ser muy mediano y hasta negado con respecto á otros. Napoleon y Descártes son dos genios; y sin embargo en nada se parecen. El genio de la guerra no hubiera comprendido al genio de la filosofía; y si hubiesen conversado un rato, es probable que ambos habrian quedado poco satisfechos, Napoleon no le habria exceptuado entre los que con aire desdeñoso apellidaba _ideólogos_.
Podria escribirse una obra de los talentos comparados, manifestando las profundas diferencias que median aun entre los mas extraordinarios. Pero la experiencia de cada dia nos manifesta esta verdad de una manera palpable. Hombres oimos que discurren y obran sobre una materia con acierto admirable; al paso que en otra se muestran muy vulgares, y hasta torpes y desatentados. Pocos serán los que alcancen una capacidad igual para todo; y tal vez pudiérase afirmar que nadie; pues la observacion enseña que hay disposiciones que se embarazan, y se dañan recíprocamente. Quien tiene el talento generalizador no es fácil que posea el de la exactitud minuciosa; el poeta que vive de inspiraciones bellas y sublimes, no se avendrá sin trabajo con la acompasada regularidad de los estudios geométricos.
§ II.
Instinto que nos indica la carrera que mejor se nos adapta.
El Criador, que distribuye á los hombres las facultades en diferentes grados, les comunica un instinto precioso que les muestra su destino: la inclinacion muy duradera y constante hácia una ocupacion, es indicio bastante seguro de que nacimos con aptitud para ella; así como el desvío y repugnancia que no puede superarse con facilidad, es señal de que el Autor de la naturaleza no nos ha dotado de felices disposiciones para aquello que nos desagrada. Los alimentos que nos convienen se adaptan bien á un paladar y olfato, no viciados por malos hábitos ó alterados por enfermedad; y el sabor y olor ingratos nos advierten cuáles son los manjares y bebidas que por su corrupcion ú otras calidades, podrian dañarmos. Dios no ha tenido ménos cuidado del alma que del cuerpo.
Los padres, los maestros, los directores de los establecimientos de educacion y enseñanza, deben fijar mucho la atencion en este punto, para precaver la pérdida de un talento, que bien empleado, podria dar los mas preciosos frutos, y evitar que no se le haga consumir en una tarea para la cual no ha nacido.
El mismo interesado ha de ocuparse tambien en este exámen; el niño de doce años tiene por lo comun reflexion bastante para notar á qué se siente inclinado, qué es lo que le cuesta ménos trabajo, cuáles son los estudios en que adelanta con mas facilidad, cuáles las faenas en que experimenta mas ingenio y destreza.
§ III.
Experimento para discernir el talento peculiar de cada niño.
Seria muy conveniente que se ofreciesen á la vista de los niños objetos muy variados, conduciéndolos á visitar establecimientos donde la disposicion particular de cada uno pudiese ser excitada con la presencia de lo que mejor se le adapta. Entónces, dejándolos abandonados á sus instintos, un observador inteligente formaria desde luego diferentes clasificaciones. Exponed la máquina de un reloj á la vista de una reunion de niños de diez á doce años, y es bien seguro que si entre ellos hay alguno de genio mecánico muy aventajado, se dará á conocer desde luego por la curiosidad de examinar, por la discrecion de las preguntas, y la facilidad en comprender la construccion que está contemplando. Leedles un trozo poético, y si hay entre ellos algun Garcilaso, Lope de Vega, Ercilla, Calderon ó Melendez, veréis chispear sus ojos, conoceréis que su corazon late, que su mente se agita, que su fantasía se inflama bajo una impresion que él mismo no comprende.
Cuidado con trocar los papeles: de dos niños extraordinarios es muy posible que formeis dos hombres muy comunes. La golondrina y el águila se distinguen por la fuerza y lijereza de sus alas; y sin embargo jamas el águila pudiera volar á la manera de la golondrina, ni esta imitar á la reina de las aves.
El _tentate diu quid ferre recusent, quid valeant humeri_, que Horacio inculca á los escritores, puede igualmente aplicarse á cuantos tratan de escoger una profesion cualquiera[3].