El doctor Lañuela · Unidad 30 de 80

Unidad 30 · EL DOCTOR LAÑUELA. 107

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EL DOCTOR LAÑUELA. 107

Dans chaqué pied... ¿ Vous comprenez? Et personne ne peut le voir : Vous surtout , car j'ai mémoire Que vous étes un vieux troupier.

— Jaro á fe Que pedí quedara gafa... La dejé , me fui á la mora

Y díjela: pues ahora Quítate tú la almalafa

— Jifi-jafa. Janifud... gritó la infiel;

Y como yo no entendía , Le pregunté á la judía Qué guirigai era aquel.

— Sepa él , Repuso al punto la hebrea , Que diz Lel-la-Lindaraja Que no se descascaraja Para que el Doctor la vea.

— Será fea , Repliqué ; y la israelita

Me dijo: — ¡Señor, preciosa!

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Pero no enseña más cosa Al Doctor , que una patita.

— [Quita! ¡quita! Dije, marchóme; y después Le cayó la lengua á Lel-la ,

Y quedó la Damisela Con lengua pero sin piés.

En un mes Las perdió el pudor : y ahora Digo yo , ¿qué cosa es esa Que anda en piés de la francesa

Y da en el rostro á la mora? Ese pájaro escondido Sube, baja, viene y va... Como en mí no tiene nido , Ignoro lo que será ;

Pero la catástrofe Pasó en Tetuan , Sépanla y apártense Los que males han.

— Pues ni por esas, Doctor insoportable.

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Esta frase la pronunció el Embozado en tono tan afirmativo, que Lañuela, no queriendo aventurarse á perder tal parroquiano , cambió discretamente , no de propósito sino de medio ; y le rogó al efecto que no se ocupara más de lo pasado, pero sí le pedia que fijase la vista en la Estática, parpadeando lo menos que pudiese.

Avínose á ello el Embozado por ser hermoso el objeto (según su propia expresión) , y esto dicho, puso los ojos en ella como sediento en el agua ; tanto que á mí me entraron celos

¡ Pero ella ! ella que se sintió mirada y como si fuese requerida al desenvolvimiento hipostático de- todo su sér , fué relevando insensiblemente la flojedad inánime en que sus miembros habían yacido largo espacio por una energía sobrenatural é imponentemente divina, hasta que puso también sus luminosas pupilas en las mismas pupilas del incógnito.

En aquellos momentos se nublaba el sol, como si el astro que nos despierta á sentir , á trabajar y á padecer, quisiera adormecerse re-

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clinado entre cendales y sobre almohadas de nubes.

La Estática levantaba serenamente los brazos con las manos en actitud acogente, cual si amparara el embeleso de aquel hombre desconocido.

Lañuela colocado en pié movia la cabeza , volviéndola de la Estática al Embozado , del Embozado á la Estática; y marcaba ceremoniosamente con la diestra un compás de tres por cuatro , ni más ni menos que si dirigiera una orquesta invisible en la mudez del Limbo.

El zumbido de las moscas que danzaban en círculos concéntricos en el aire en torno á la claridad del tragaluz , era el único rumor que se percibia: yo era el solo testigo desenlazado de aquella cadena mágica que acaso algún dia se vindicará de los sarcasmos de la ignorancia humana ; yo era el mundo, y ellos eran la vida privada ; cada uno de ellos una subjetividad dada al exterior, y para mí los tres juntos un