El doctor Lañuela · Unidad 78 de 80

Unidad 78 · iU EL DOCTOR LANUELA.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

iU EL DOCTOR LANUELA.

mundo ; que yo bien conozco que Sepúlveda y la casa de un cura cazador no son para tí.

Me dió lo mió en público, y en secreto me añadió cien duros ; no sé si de soborno para que me marchase pronto , ó si fué aquella dádiva señal de gratitud por haberle oido con paciencia la lectura de todo su manuscrito que pesaba tres libras corridas.

Cierto que yo deseaba ausentarme de la casa; mas no por eso queria despedirme para siempre de mi único pariente sobre la tierra.

Corre tal vez por mis venas sangre semita: desde mi soledad amo la tribu ; y aislado en medio de mi patria , la patria para mi corazón es la familia , sea cualquiera el suelo en que vegete.

Amo los hijos que no tengo ; los padres , los hermanos , los parientes que he perdido : y las trébedes del hogar en que nací están presentes á mi memoria , y me son queridas como dioses Penates que me fuéron robados.

Mas ya puesto en el trance necesario de au-

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sentarme, tomé la vuelta de Madrid en menos tiempo que llevé la ida.

A pocos kilómetros de la puerta llamada de Segovia volcó la diligencia en unos barrancos, que pasado el portazgo pasan por el camino; y aunque no recibí daño , hubieron de estampar en los periódicos mi oscuro nombre, añadiendo el gacetillero de su cosecha de calamidades, que casi estaba mi cuerpo partido en dos pedazos.

Al entrar en casa vi que se hallaban mis muebles en aquel desordenado consorcio que los dejé.

Especialmente en mi querida butaca, parecia que durante la ausencia de su dueño se había sentado en ella la vejez; y que al sentirme llegar se levantaba dejándola cubierta con parte de su polvo y de sus arrugas.

La limpié con amor , y me senté para desde ella medir el tiempo esta mirada retrospectiva alcanzó un abismo.

¡ Allá , del otro lado , la fronda de la primáis

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vera con sus flores ¡Acá! en el borde á que yo

estaba, el otoño de la vida y sus despojos

¡ Allá! mi Luz riente de hermosura ; en el fondo, ¡oh dolor! su fétido cadáver..... Y ¡acá mi soledad !

Medir el tiempo era sondar el abismo que mediaba entre Luz inspirada y aquella podredumbre que y acia inerte ; era medir sin la ley constante del espacio , la sensación sin la existencia; el sér y la muerte.

¿ Y si yo habia pasado con tanta rapidez al Otoño de la vida , cuánto no habría sentido Luz para morir antes?

La noche me arropó con sus cendales ,

Y entumeció mis ojos con beleño ;

Y así olvidado de mis ciertos males Caí en brazos del tranquilo sueño. Dos eternas corrientes vide iguales En encontrado curso y mutuo empeño : Una que viene, otra que va empujada, Ambas la humanidad que nada y... nada...

Dije al despertar:

Nuestras vidas son los ríos Que van á dar á la mar Que es el morir.

El mundo es tránsito; y somos viandantes camino de la muerte.

Pues entonces , ¿para qué la ambición? ¿Para qué la esperanza misma más acá del objeto de la vida ?

— Para nada , para nada , me respondió Camila que en aquel instante mismo llegaba , solícita de conocer mi estado ; y me abrazó como si fuese mi propia madre.

Ella habia nacido para la maternidad , para todas las grandes pasiones terrenales ; y no tenia hijos para refugiar su corazón en ellos.

El traje que vestia, su aspecto resignado, su cabello con algunas canas , el tono de su voz, la piedad que la traia en pos de los agravios recibidos ; todo me dió señal de que en Camila