El libro de la plata · Capítulo real 3 de 25

CAPITULO IV

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO IV

LOS INGLESES EN CHILE,

(1820-1825).

El papal de plata de Rungue en 1812, ¡ noticias que de este fenómeno avjentífero nos ha conservado la Aurora i!e Chile. — Oda al progreso de Camilo Henríquez motivada por este descubrimiento, el de Agua Amarga i las minas de hierro de Pelvin. — Establecimiento de un banco de rescate en el Huasco en 1812. — Descubrimiento del mineral de plata de IRomero hecho en Copiapó por don Vicente Subercaseaux en 1820. — Loco entusiasmo que las riquezas de la América Española despiertan en Europa, especialmente en Inglaterra i en Londres. — Compañías que se forman i emisarios enviados a Chile i a Potosí. — El capitán Head i los mineralojístas Schmithmeyer, i Oaldcleugh. — Teme este que con la plata de Chile baje este metal a un precio ínfimo en los mercados de Europa. — Su profecía cumplida respecto del carbón de piedra de Chile. — Juan Miers, su industria i sus trabajos sobre la raineralojía de Chile. —Sus opiniones i la de David Barr}' sobre las Compañías inglesas. — El capitán Andrews en Potosí i Mr. Cameronen Santiago. — Privilejios que éste obtiene del gobierno. — Leyenda de los dos millones de la isla de Agrigan i el capitán Robertson. — La Compañía inglesa se establece en Copiapó.— Don Carlos Lambert.

Después del descubrimiento de Agua Amarga, cuya mayor potencia duró ocho o diez años, uo ha

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quedado constancia en nuestros anales de grandes hallazgos arjentíferos antes de la era maravillosa que comenzó en Arqueros (1825). Solo se sabe que en 1812 un pobre labriego llamado Martín Vega arando un rulo en la hacienda de Rungue, que hoi los rieles del ferrocarril del norte parten entre Tiltil i Montenegro, hahia sacado a flor de tierra lo que entonces se llamó el papal de plata de Rungue, hallazgo que despobló a Santiago al punto de hacerse preciso enviar una escolta de dragones para contener los desmanes de la codicia en el terreno. Martín Vega se hizo rico i edificó capilla, pero a causa de una disputa que sobre la propiedad de una papa de plata de dos arrobas de peso que tuvo con la vírjen de Mercedes, es decir, con su capellán quien la exijia para el culto cuyo hábito vestía, el irritado fraile maldijo, según la tradición popular, la boca de la mina, i esta por encanto se derrumbó, no quedando mas vestijio de la mina maldita, que el rico servicio de mesa que la familia Rojas, feudataria de Polpaico, hizo labrar a los plateros de Santiago, i que cuarenta años mas tarde vendió a la c¿isa de moneda de Santiago, como chafixlonía i por motivos de partición de bienes, don Miguel Honorato.

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II.

Pero si la escondida riqueza del cerro di.; Rungue no tuvo consistencia o si maldita por un fraile quedó estéril, otro fniile sublime, prevalido de su hallazgo, dio soltura a las alas de su jenio, i cantó aquel descubrimiento saludándolo como el advenimiento de una edad feliz para su patria.

Después de referir en efecto en la Aurora del 4 de junio de 1812 el descubrimiento i explotación industrial del riquísimo fierro de Pelvín, mineral situado ocho leguas al sudoeste de Santiago, i de describir a la lijcra la faena arjentífera de Rungue, situada, casi a igual distancia por el rumbo opuesto, Camilo Henríquez esclama con la entonación i el metro de la oda.

....«Ya todo se reúne A engrandecer la patria, A sostener su esfuerzo. Su vuelo i miras altas. Copiapó, Huasco i Rungue Le presentan la plata I en Pelvín halla el hierro Para forjar sus armas. Hai juventud valiente, Hai patriótica llama, Hai honor, hai injenio, Hai deseo de fama.

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1 sangre antigua i limpia . Que será derramada, Si la patria lo exije I su junta lo manda.» (1)

Data también de esta época, cuna de la revolución de la independencia, mecida en su infancia por el jenio de don José iMiguel Carrera, el primer Banco de rescate de plata planteado en Chile, a nsanza de los de Potosí i los de Méjico, el cual fué mandado crear por la junta de gobierno

(1) ^4i/;wa, número citado. — Hé aquí cómo ese mismo periódico se espresaba sobre la plata de Ruugue i el hierro de Pelvín.

«Se han hallado en él nuevamente varias mazas de plata maciza, cubiertos de una película negra, de peso unos de cinquenta i otros de sesenta marcos. Trabajan en él mas de 100 personas que descubren mazas de diferentes magnitudes. Se han dado 22 estacas.

»Este mineral, o sea placer, esta en medio de un llano; hasta ahora las porciones de plata de que se ha hablado se han encontrado en la superficie, cuando mas a una vara de profundidad.»

I con relación a Pelvín lo siguiente:

dEn el Carrizal, a distancia de ocho leguas de esta ciudad se halla ya corriente la ferreria de la ?nina abundantísima de hierro del cerro de Pelvín i ya produce 3 quintales diarios i está en adelantamiento progresivo siguiendo el do la destreza de los operarios.»

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que los malignos de aquel tiempo solían decir se componía de tres miembros, que eran «don José, don Miguel, i Carrera)^. (2)

(2) Con fecha 13 de julio de 1812 se espidió un decreto firmado aPradó— Carrera —Vial, secretario», por el qne se dispone se establezca un «Banco de rescate de piistas de plata» en la villa del Huasco, «señalándose [lor ahora la suma de 25000 pesos que se tomará del fondo de la casa ile moneda por laanalojia que tiene esta negociación con el instituto i reglas do amouedacióa i compras de los metales de oro i plata, según sus i>ecnliares ordenanzas i a ejemplo de iguales negociaciones entabladas en las casas de Moneda de Potosí i México.»

Fué nombrado administrador del banco don Manuel Antonio Luxán, dando 0,000 pesos de fianza.

En el reglamento se dispone:

Todas las platas que compre el administrador serán pagadag a dinero efectivo de contado, sobre tabla, al prec¡o]de siete pesos marco, después de refogada la pina a su satisfacción.

No podrá empeñar al minero ni verificar el cambio con efectos anticipados, ni comprar con otra especie que no sea numerario corriente, ni disminuir per sí mismo el precio estipulado.

Verificará las remesas por tercios de año o antes si lo tuviere por conveniente, corriendo <!e su cuenta el costo i riesgo, como así mismo el retorno del numerario que produzcan al precio de 7 pesos 3 reales marco en peso bruto,

Preséntala las ]ilatas en la casa de moneda en barras de a 150 marcos fundidos i ensayados, siendo de su cuenta los gastos necesarios i las mermas de fundición.

Le será prohibido comprar o vender pastas de su cuenta por sí ni por interpósitas personas, ni al ])retesto de introducirlas en la casado moneda, bajo la pena de perdimiento de empleo i mil pesos de multa aplicados por mitad la una :il deunnciaiite,

El. ;.. DE i,\ p. — 13

IV.

Existe también memoria de haberse trabajado por esa época o algo mas tarde minas de plata de alofuna cuenta en la estancia de las Condes, cuya industria hoi revive a impulso del capital inglés (lo que en su lugar recordaremos), mientras que por el año de 1820 don Vicente Subercaseaux, hijo del gran minero de plata de que hemos dado antes noticia, descubrió on el Romero, serranía de Copiapó, ])rometedora vena de plata, que vendió también algo mas tarde al buen inglés, buen pa-

gador.

Pero si los panizos de las sierras chilenas se mostraban sordos a los golpes de la cuña de acero del cateador indíjena, junto con la independencia i la fama de Agua Amarga comenzó a surjir en todos los cerros del territorio, al norte del Aconcagua, una serie infinita de fantásticas minas arjentíferas, cuyo laboreo comenzaba en Petorca o

sieiiipre que compruebe el denuncio, i la otra al fisco.

Siempre que el minero pida un certificado do las platas vendidas, se lo dará el administrador con declaración de la fecha en que l¡is compró, especificando el número de marcos, onzas i ochavos, con el fin de que así hagan constar en bastante forma el correspondido de mareos al tiempo de solicitar azogues.

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en Elqui, en el Huasco o en Copiapó, pero cuyos inagotables planes puestos en eterno i rico beneficio, hallábanse en las calles de Londres i bajo el en'..arimado de hierro de las casas fuertes de aquella ciudad, enloquecida otra vez, como cu los tiem • pos de Juan Law, con la ponderada adquisición de los tesoros del nuevo mundo, quitados ahora al sórdido monopolio de España por las armas i las victorias de la independencia.

VI.

Cuenta el inglés Barry (que anduvo también en Chile i el Perú por esa época) en su prefacio i anotaciones a la célebre edición que de la Memoria secreta de Juan i de Ulloa hiciera en Londres por los años de 1824-25, que en el espacio de doce meses se orijinaron en aquella opulentísima ciudad, con capital de innumerables millones de libras esterlinas, no menos de veinte i cuatro sociedades mineras, de las cuales por sus denominaciones correspondieron a Chile, las llamadas la Chilena, la Chilena unida, la Peruano -CJiilelena, la de Famatina i otras de menor vuelo. I hubo entonces de observarse, como en todos los períodos de fiebre en que el amor al oro del poeta hierve en el crisol corno la escoria, que se pagaron precios i primas fabulosas, no solo por lo que no tenia valor estimable sino por lo desconocido

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i aún por lo fantástico. Así cuenta B iriy que las acciones del Real del Monte, de Méjico, subieron en el mercado de Londres de 70 pesos a 1,470 pesos, i las del miner¿il un poco niitolójico (como su nombre al paladar inglés) de Tlalpixahua, de 20 pesos a 319 pesos.

I mientras esto acontecía con los tesoros mas o menosciertos i afamados del norte de Chile, vendíanse acciones de minas de Buenos Aires (donde nunca lia habido mas minas que el vientre de las vacas ni mas vetas que su grasa) por precios que variaron de o a 85 pesos por acción.... — «Si no fuera, esclama a este propósito el escritor británico ya citado, i que talvez fué uno de los chasqueados de su época, si no fuera por la reputación que gozan en la clase mercantil los nombres que se hallan insertados en los varios prospectos, como directores de las empresas, caerla uno en la tentación de sospechar todos estos proyectos como otros tantos engaños artificiosos hechos con apariencia de utilidad para defraudar a los incautos.» (1)

(1) Me mo>-ia secreta de los ii\miva,ntes Jorje Juan i Antonio de Ulloa ya citada, i nota de Barry en la pájiua 60-t. Comparando este autor las riquezas del nuevo mundo con la sana, laboriosa i mucho menos deslumbradora industria del carbón de piedra de la Gran Bretaña, aseguraba en esa época que ésta Sobrepujaba en 182.5 a todo el oro producido por el nuevo mundo, que según Humboldt no pasaba en esa época de 43 millones de

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La crisis del deseiigaao, que no es la convalescencia sino la postración de la fiebre, no tardó en sobrevenir, i fué preciso que el rei de la Gran Bretaña Guillermo tV hiciera oir su voz en el parlamento para llamar a la cordura a sus alucinados subditos que perdieron en hoyos en la América los injentes millones que hablan traido en las bodegas de sus buques de las cuatro partes del mundo donde tenían plantada su bandera.

Pero la manía minera de los ingleses no fué del todo infructuosa para Chile. Visitáronla entonces intelijentes viajeros que dieron a conocer su verdadera riqueza, su agricultura, su industria i su admirable clima a los capitalistas europeos, quienes desde entonces comenzaron a afluir en gran número a Valparaiso i a todas las ciudades del interior i de la costa. I fué de esa manera como los europeos, que no eran españoles, nos trasmitieron con el ejemplo, las primeras gotas de la sangre propulsiva del sajón que debia necesariamente modi-

libras esterliuas, mientras el carbón de piedra valia 47 millones i con el tráfico este valor se du[)licaba, ocupando cien veces mas bfazos que el beneficio del oro.

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ficar nuestra recia pero lenta vitalidad céltica i vizcaína.

Vinieron en efecto por entonces a Chile (de 1818 a 1825 principalmente), además del citado David Barrj, de Proctor, de Brandt, de Haigli i de don Juan Begg, que fué mas tarde opulento minero de Puno, el raineralojista Sir Francis Head, que admiró en Santiago la ociosa gordura de nuestros frailes i en Petorca la pujanza inponderable de nuestros barreteros i apires, quienes en su presencia avergonzaban en las canchas o en el fondo de las labores a los mas robustos mineros de Cornwall.

A la par con el último, vino también, como ájente de minas el químico Pedro Schmidtmeyer, que recorrió todas nuestras montañas desde los baños de Cauquenes al Huasco, dejándonos un libro útil en que está sabiamente descrita nuestra industria en mantillas, especialmente la minera, con relación al cobre i a la plata.

IX.

En pos de aquellos esploradores surjieron el cáustico inglés John Miers, que trajo a Concón una maquinaria poderosa para laminar el cobre, i el caballero i entusiasta minero don Alejandro Caldcleugli, (llamado por algunos Cal de Cleo) quien se hizo vecino de Santiago i llegó a sospe-

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char que, dada la abundancia de plata depositada en las gargantas i bajos fondos de los Andes, dejenevaria aquel metal al precio de materia vulgar en el curso de los tiempos. (1)

(1) «If Chile wero to beconis so settled ia its güvernment as to afford períect socurity of property, tho applicatiou of capital to the iniuea would retara a lar^re proíit. The quantity of metal still remaiuing ia the Aadea mast be stucpendous; but there is this to be consired, that if all the minea were properly worked, it is more thati prol>able that silver wjuIcI J'all i¡i Eiirupe to a very loiv p rices. (Calddeiujh, Tratéis iii Chile, vol. I, páj. 254).

Pero si los preseutimieutos del entusiasta inglés no han resultado todavía completamente exactos respecto de la plata i sa prodijiosa abundancia, no ha sacedidií así con relación al carbón de piedra cuya prosperidad futura i actual anunciaba desde época tan remota (1821) con las siguientes palabras, afirmando que el carbón fósil de Chile era de escelente calidad (páj. 355), very excellent qualitt/ and will, before 7)Vímj years have passed away, be looked upon as ene of tlie chicf sources of cccalth i/i the coiintrj/».

De todos los viajeros de aquel tiempo el que mas prolijamente estudió la minería de Chile i la ilustró coa numerosas láminas fué Schmidtraeyer. John Miers, que tanto se esforzó por empequeñecer a Chile, eutra también en muchos detalles sobre las compañías inglesas i sus locuras, así como sobre la esplotación i beneficio do las. minas de plata, cobre i oro de Chile, i publicó varias curiosas láminas sobre esa industria. (Véase Joiín Miers, Traoels in Chile aad L% Plata. Londres 1826, vol. II. cap. XXII i XXIIÍ). Lafond de Imrcy (vol. III) trae tambie'n algunos datos sobre la fiebre minera de 1824-25, i de cómo ésta comenzó a coutajiar a los franceses. — Vé:ise también la Memoria histórica de don Melchor Concha Toro (1824-1828) cap. VI.

Por esta misma época se publicó en Londres el folleto sobro

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Dos o tres años mas tarde, i mientras el famoso capitán Andews llegaba al Alto Perú para comprar al gobierno de Bolivia en un solo lote el cerro de Potosí, por cuantos millones de libras esterlinas, el Libertador (que a esa ciudad habia llegado i subido a su cerro poco después de Ayacucho) tuviese la fantasía de pedir a la inagotable Albión, los chilenos, mas circunspectos que el semidiós venezolano, se limitaban a brindar al primer ájente autorizado de la compañía inglesa de Chile, Mr. Cameron, las promesas i garantías que constan del siguiente documento publicado en el Boletín de las leyes del país:

«Ministerio del Interior.

T) Santiago, junio 6 de 1825.

» Considerando el director supremo de la república de Chile que la petición i solicitud que se ha presentado por parte de don E. S. Camerón, comisionado por la asociación inglesa de minería,

las minas de Chile, que hemos citado al tratar de las minas de Huspallata, el cual aunque trabajado sobre los datos de Molina, no deja de contener algunas exajeraciones tendentes a inducir a los especuladores ingleses a invertir sus haberes en empresas mineras.

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ha sido consultadií con lo.s tribiinale.s del consuUl* do i minería, i habiendo sido examinada por \oé ospresados tribunales, resalta que dicha solicitud no contiene nada que sea contrario a las leyes i ordenanzas que en materia de minería rijen en esta república: en virtud de las facultades que nos pertenecen durante la ausencia del cuerpo Icjislativo, hemos venido en decretar i decretamos lo siguiente:

5)1.° Lo espresado en los quince artículos que comprende la petición del comisionado, es concedido a la compañía inglesa de minería.

»2.° Lo que corresponde al artículo décimo en que se tríita, no solamente de que no sean recargados, sino también que se minoren los derechos actuales sobre la estracción de los metales de orO; plata i cobre; se declara que las pastas de oro i plata o deben acuñarse en la casa de moneda de esta república, pagando los derechos acostumbrados de amonedación; o tienen que satisfticerse los mismos derechos si las predichas pastas se manufacturaren en el pais, i por lo que toca a los dc^ i'echos sobre la estracción del cobre, no solamente promete el supremo gobierno de no aumentarlos, sino que los minorará cuanto mas pronto sea conveniente al Estado.

»3." En cualquier estado de cosas promete que los miembros i dependientes de la presente liona-' rabie compañia de minería, como de las demás

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que puedan formarse en lo sucesivo, serán tratados del mismo modo que los hijos del país; que gozarán los mismos derechos, escepciones i privilejios; que sus propiedades serán inviolablemente ]-espetadas en todo evento, aun en caso de guerra (que no es de esperarse) con la nación británica, a quien consideramos como nuestra mejor amüja, i que por tanto los i-ecomendamos al afecto hosliitalario de los chilenos como útiles i benéficos a la nación,

))4." El presente decreto, juntamente con la petición del comisionado don E. S. Cameron, S'.'rá ]>ul)licado en un periódico para satisfacción de los interesados.

1» Freiré.

» Vicuña.'»

XI.

Pero la verdadera fortuna de la industria minera en esa época consistió en la adquisición de un mineralojista tan sagaz como entendido en su arte i que, junto con el inglés Esby, llegó por esos años a Copiapó destinado a echar las verdaderas bases de la industria minera, ajusfándola a los principios de la ciencia en nuestro suelo. Era aquél el joven químico don Carlos Lambert, natural de Estrasburgo i uno de los alumnos mas distinguidos de la escuela politécnica de París, cuyos libros i cri-

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soles habla trocado por la lejítima ambición do la fortuna buscada por ol saber en apartadas tierras. 1 a la verdad fué cosa no poco singular que con la llegada de estos ajentes i especialmente con las concesiones heclias al delegado Cameroii ])or el gobierno del jeneral Freiré en junio de 1825, coincidiese uno de los descubrimientos arjentíferos mas importantes del norte, i aquel precisamente que debería servir de punto de partida i de brújula segura a líis mas grandes empresas mineras en esta parte del nuevo mundo.

Hacemos referencia al famoso mineriil de Arqueros, descubierto por una rara aventura dos meses después de firmada la carta de ciudadanía otorgada en junio de 1825 a la mineralojía inglesa en el pliego que liemos copiado, hallazgo oportuno i casi salvador, del cual nosotros habremos de dar cuenta en este libro por pliego separado. (1)

(1) Mas o menos por esta niismu época tuvo lugar la célebre aventura del ca¡>itá!i Iljberfcsoii a quien se acusó de haberse robado eu el Callao uu bergantín (el PeruDian) cargado con dos millones do pesos, que aquel aventurer.) fué a ocultar en una do las islas Marianas (la de Agrigán) donde todavía existe (?) l'ero este suceso histórico (como muchos otros de Potosí, Pasco, Gualgayoc, Huautajaya, Pampa Larga, el Cerro de los candeleros, etc.,) pertenecen a lo que podría llamarse el romance de la industria; i por esto el episodio del capitán Robertsou ha sido coiitado por muchos escritores fantásticos desde Lafond de Lurcy ul ameno Pácardo Palma (1840 — 1878).