El libro de la plata · Capítulo real 20 de 25

CAPÍTULO XXII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPÍTULO XXII.

LAS MINAS DE PLATA DEL PERÚ I LAS DE MÉJICO.

El Bajo Perú. — Las minas de Hualgayoc i el español Santa Olaya. — Humbolflt i Raymoudi en Hualgayoc. — Descubrimiento casual de Cerro de Pasco en 1630 i su enorme pero diseminada riqueza. — Su producción en diversas épocas — Empresas de don Enrique Meiggs i construcción del ferrocarril de Pasco. — El mineral de Caylloma en la provincia de Arequipa.— Millones que produjo en el siglo pasado — El mineral de Huautajaya i sus papas de ¿30 quintales. — Papa que se conserva en el museo de historia natural de Madrid. — El metal Huantajayita. — Causas de la ruina de este importante mineral. — Visita del químico Ci'osnier en 1851 . — El padrón de minas del Perú, urjencia e importantancia de su adopción en Chile. — Opiniones de Pardo i de Castilla sobro el minei'al de Huantajaya; su estado actual.^El mineral de Challacollo i sus espectativas. — El injeniero don Belisario Jara. — Producción total del Perú Alto i Bajo hasta la fecha.-~Lijera idea de las minas de plata de Méjico i su enorme producción. — La Valenciana de Ouanajuato i la Deseada de Caracoles. — La producción de plata de la América del Norte supera casi en el doble a la de la América del Sur.

Las minas de plata del antes rico i floreciente país que se ha llamado propiamente Perú (el BaBajo Perú, convertido después en Bajo Imperio) una parte del cual ha comenzado a denominarse «Chile í>, fueron posteriores i mucho menos ricas

EL L. DE LA P. — 77

— 610 -

que las del Alto Perú, si bien la orgullosa Lima, a la lengua del Pacífico recibia, como éste los rios, el raudal común de todas las montañas. Lo que mas engrandeció i pervh-tió a Lima fué Potosí, que distaba al sur quinientas leguas.

Formaban en realidad los centros arjentíferos del Perú propio solo el mineral de Puno, perdido en las tradicioues i el sacrificio de don Francisco de Salcedo, sospechado de la secreta ambición de nna corona forjada con los injentes tesoros que lo perdiei'an; i junto con este, los asientos de Hnalgayoc. Cerro de Pasco, Caylloma, Huantajaya i Challacollo, que colocamos en su orden jeográfico de norte a sur.

iri.

Hnalgayoc, como todos los minerales de plata de conocida potencia, yace entre farellones calizos i agrestes gargantas en la remota i selvática provincia de Chota, colindante con el Ecuador, i debió en gran parte su fama a la visita que le hiciera a principios del presente siglo el viajero mas ilustre i previsor de cuantos hayan visitado la América española. ¡I cosa curiosa! No tenemos mas noticias de este mineral que las que en el es-

— 611 ~

pació de sesenta años nos han dejailo aquel sabio i sil último sucesor en el Perú, cstraiijero como él, porque para visitara Hualgayoc, hemos debido saltar de Humboldt a Raymondi. Hiialf^ayoc fué antes la capital de la provincia de Chota, i es la mina que Humboldt llamó Micicipampa, de la cual sacáronse a fines del último siglo no pocas riquezas, especialmente de la mina de los Negros, de la de los Muertos, de la Poderosa, la Hamholdtina i la Colorada. Raro es en la América el mineral donde no exista alguna veta del último nombre, así como no conocemos uno solo en Chile desde Agua Amarga a La Florida, en que no exista una mina que se llame «El pleito».

Por el año de 1860 sacábase todavía de la Golorada de Hualgayoc hasta 40 mil marcos de metal que dejaban un beneficio de 160 mil pesos; pero la mayor parte de las labores estaban inundadas, a lo que se agregó un gran incendio que asoló la villa i acabó de arruinar a los mineros en 1856. Sin embargo, desde entonces ha perseverado con la-tenacidad propia del ibero un caballero español llamado Santa Olaya, obstinado en abrir un socavón de dos o tres quilómetros, para comunicar todos los planes, i aunque el vulgo le augura todavía ruina segura por su porfía de treinta años, la ciencia préstale al contrario noble aliento, ccEs absolutamente imposible, dice Raymondi, que visitó i estudió jeolójicaraen-

6Iá —

te aquel atormentado mineral hace quince o veinte años, es absolutamente imposible que las numerosas vetas que cruzan este poderoso cerro se hayan vuelto todas estériles, v (1)

I así parece la verdad, porque no hace mucho (1880) el anciano esplorador de Hualgayoc, andaba en Lima en solicitud de elementos para proseguir su empresa, que la fortuna comenzaba a remunerar, notándose poco antes de la guerra que ha desolado al Perú gran movimiento en la producción de metales de plata de ese mineral, que atluia a los puertos de aquel litoral i especialmente al de Trujillo (Salaverry).

IV.

El Cerro de Pasco, descubierto en 1630 por un indio llamado Huari Capcha, que como el hijo del arriero Cuellar en Arqueros, hacia hervir su pobre olla de pastor sobre unas piedras, no es propiamente un mineral sino una comarca de plata. Hállase allí de tal modo repartida esta sustancia, que hasta el pavimento de las calles, el barro de las paredes i la greda de las tejas lo con-

(1) lÍAYMONDi. — El Perú, vol. I, páj. .341. — Son tan fragosos los caminos primitivos de estas comarcas, que el viajero italiano de quien hacemos esta cita habla de un desfiladero llamado el jjaso (Id credo, porque no es posible atravesarlo sino «con el credo en la boca».

— 613 --

tiene en cantidad no despreciable para el arte nietalúrjico; i esto es de tal suerte, que si Cerro de Paseo tuviese un ferrocarril o llegase hasta sus vecindades el de la Oroya (que es a lo que está principalmente destinado), aquel sombrío, estéril i quebrado lugar seria como Nevada un nuevo Potosí de baja lei.

«No hai aquí, dice el jeógrafo Paz Soldán, estratificación ninguna: todo es una masa uniforme metálica de cinco a seis marcos por cajón.» I esta fué la misma opinión científica que sobre el carácter jeneral de aquel paraje trazó en un informe pericial el malogi-ado injeniero chileno don Enrique Fonseca, cuando hace diez o doce años hizo allí una visita profesional por encargo de ciertos ricos mineros italianos de Lima.

Pero mientras este mineral tenga que luchar con la fragosidad de los caminos, que son cerca de cien leguas chilenas (59 peruanas), a través de la puna de la cordillera que allí se alza a 4,328 metros, su porvenir no quedará asegurado.

Fué esto lo que comprendió el animoso empresario norte-americano don Enrique Meiggs, al trazar el ferrocarril de la Oroya e iniciar juntamente la prosecución del socavón real de Pasco, paralizado como el de Oruro. Existen todavía al

— 614 —

pié de la cumbre, en el páramo de Chicla, las pesadas piezas de la maquinaria mas poderosa de chancar metales traida hasta hoi a América, destinada por aquel hombre atrevido a la formación de aquel túnel, i persona bien informada del comercio de Lima nos ha asegurado que el hermano sobreviviente de aquél, don Juan Meiggs, solo aguarda en Londres la conclusión de la actual guerra para proseguir las obras comenzadas con capitales de aquel país i de los mineros de Nevada. Cuando un nuevo Sutro llegue a Pasco i abra en sus cerros con puntas de diamante i aire comprimido una galería mas que un túnel de legua i media de esteiisión, perfeccionándose al propio tiempo los hoi primitivos sistemas de chanca, molienda i amalgama, conforme a los procedimientos de California i Alemania, el Perú verá lucir en el centro de sus montañas nuevos días de esplendor. Un metalurjista ha asegurado que mientras en Freiberg, por ejemplo, solo se pierde la cuarta parte de una onza en el beneficio de aquellos pobrísimos minerales de Sajonia, trabajados desde los romanos, en Cerro de Pasco se consume una libra de azogue, que vale al menos un peso, para elaborar c¿ida marco de fino.

El mineral de Cerro de Pasco producía todavía

— 615 -

en líi época del cambio de dominación nacional (1820), renta sobrada para la guerra de la independencia i para las guerras civiles que enjendró aquella cual la tenia. Su producción en ese año fué de 312,931 marcos, i en 1824, el año de Ayacucho, de 320,508 marcos. El año de menor producción que el mineral alcauzó en esa borrascosa época fué el de 1817, en que solo rindió 45,209

Contaba el Cerro de Pasco hace 20 años (1864) con no menos de 114 pequeñas haciendas de labranza i muías i 300 injenios o trapiches, valorizados en dos millones i medio de pesos; i es seguro que cuando la paz se enseñoree otra vez de aquellos sitios, sangriento piílenque hoi de montoneros i degüellos, la vena cerrada del raudal antiguo reventará con mas poderosa corriente que en la edad de la fácil abundancia. Hoi mismo, en medio de la guerra, no cesan de llegar a Lima por la via del Chillón recuas de muías cargad;is de barras de plata. De estas entraron a Lima en 1860, 739, i dos años antes (1858) habíanse fundido en la callana de esa ciudad procedentes de aquel inagotable asiento, 819 barras con 205,363 marcos, que vallan mas de doce millones de pesos. Tal ha sido el Perú antes i después del huano, del salitre i de sus insensatas guerras! (1)

(1) Las 739 barras de plata fundidas eu Lima eti 18d0 ¡ler-

— 616 —

Cabe el tercer lugar entre los minerales de fama del Bajo Perú, al ya por completo olvidado i hasta repudiado asiento de Caylloma, en la provincia de Arequipa i no lejos de esta ciudad. I sin embargo, de los metales estraidos de ese páramo sacáronse en los cincuenta años trascurridos desde 1731 a 1781, no menos de cincuenta millones de marcos de plata, o sea cien mil marcos, que vallan mas de un millón de pesos, en cada año. Pero sobrevinieron «riñas i cuestiones graves, dice un historiador del Perú, i los operarios abandonaron el lugar».

Probablemente esas «cuestiones graves» no fueron sino el broceo, la mas grave cuestión que puede afectar a una mina. Al presente, empero, no habrá de faltar quienes intenten poner pleito a la soledad i al esterilizamiento secular de aquel remoto sitio; i precisamente al estallar la guerra, un grupo de animosos jóvenes chilenos, residentes en Arequipa, se preparaba para lanzarse en ese campo cuando la espada se interpuso entre el combo i el filón.

tenecian a los diferentes minerales del Perú en la proporción siguen te, según Paz Soldán: A Pasco 716, a Hualgayoc 10, a Huari 1 i 12 a distintas localidades.

017 —

El último de los minerales de plata descubierto i esplotado en el Bajo Perú fué el de Huantajaya, tres leguas al nordeste de Iquique i que en la medianía del siglo pasado hizo la fortuna de las antes humildes familias de Tarapacá, los Loaiza, los Lafuente, los Castilla, los Bernal, etc.

Lo que caracteriza mas este mineral, son estas dos circunstancias: que es el asiento arjentífero mas cercano al mar de cuantos nosotros conocemos, i que sus jugos metálicos, no encontrando caja ni grietas sólidas en el suelo poroso i arenisco sobre que los precipitó la acción volcánica del suelo, encuéntranse no en la forma de vetas ni de guias sino de grandes bolones de plata maciza llamados ^rtprts, porque aparecen, a semejanza de estos bulbos, enterrados en la arena. Algunas de estas grandes masas, como la que se descubrió en 1738 en la mina del Coronel pesaba 32 arrobas (8 quintales), i es fama que fué rodada a pulsos hasta la cuesta de Iquique para su embarque. Paz Soldán menciona otra papa estraida de la mina de los Loaizas en 1789 que pesaba dos quintales.

Entendemos que es esta la celebrada bola de plata que se conserva en el Museo de historia natural de Madrid, donde nosotros le vimos en 1859,

EL L. DE LA P. — 78

— 618 —

cuando hacia poco habían robado de allí la lámpara de oro virjeu de Sonora que pesaba IG^ onzas.

Según un viajero inglés, la papa de Madrid pesa hoi 250 libras, sin contar las mermas de la navaja i aun de la uña de los curiosos i de los Rojelio que de paso acaso la visitan. (1)

Fuera de estas curiosas formaciones, el mineral de San Agustín de Huantajaya i el antiguo de Santa Rosa, no han producido sino metales mui ricos, siendo los mas cloruros de 2 a 5,000 mil marcos. Raymondi que visitó a Huantajaya en 1854, con Mr. Bollaert, clasifica los metales de este mineral como de primera calidad i dice que, aun el cochizo (que es el mas inferior) es una no despreciable Stromeyerina, o cloro bromo de plata que se presta a una remuneradora elaboración. Su lei mas rica le produce el famoso lechador o Imantcijayita de los químicos, que es un cloruro de sodinm arjentífero de mui subida lei.

IX.

Tuvo Huantajaya, en razón de su estructura particular, solo una bonanza pasajera, porque siendo blando el lecho de las vetas, la mayor parte de las antiguas labores se aterraron por falta de enmaderación. La carencia de agua, que es total en

fl) Ford Guide oj Spain, páj 413.

— 619 —

Iquique, (como en Gtialgayoc sn abundancia fué causa de ruina), hacia por otra parte imposibles los beneficios, a lo que se agregaba que los pleitos, que para crecer no necesitan riego como la cicuta, acabaron por coronar la obra de la incuria i de su émulo, la codicia.

Según un plano jeométrico que en 1766 levantó el injeniero don Antonio O'Brien, este jeógríifo de Tarapacá i sus quebradas, i del cual tenemos a la vista una copia exacta, no existia en esa época sino una diseminada aldea de ranchos cerca de la mina de los jentiles llamada el Hundimiento i no lejos de otra de cristianos que lleva todavía el nombre de el Purgatorio: tal es el horror natural de aquellos sitios.

XI.

Aunque, según pareceres, fué este mineral trabajado desde el tiempo de los Incas, la estaca descubridora pertenecía en el <iño recientemente recordado a don José Basilio de la Fuente i Aro, que por su mujer doña María Josefa Loaiza la habia heredado del descubridor castellano don Bartolomé de Loaiza. — En toda la corrida desde el Hundimiento al Purgatorio i al alto cerro de

— 620 -

Saa Simón, enorme páramo, qne domina aquellos páramos, no existían sino ocho o doce faenas, pertenecientes todas, mas o menos, a nna sola familia tarapaqneña, la de los Loaiza i sus ramificaciones eu las quebradas. El distinguido químico i profesor de nuestra universidad don León Orosnier visitó en 1851, de regreso a Europa, aquel desierto, aterrado i casi aterrador mineral, i entre sus deformes tajos, hundimientos i purgatorios no encontró sino cinco hombres i otras tantas mujeres que buscaban papas....

Pero desde que Tarapacá ha comenzado a ser chileno, la industria libre se ha precipitado sobre aquel lugar desierto i hoi no existen menos de cincuenta pertenencias amparadas conforme a la escelente lei minera del Perú, que otorga la posesión i la propiedad conjunta (el amparo) a todo minero (o no minero) qne pagne 15 pesos por mina i por semestre. (1)

(1) Tenemos a la vista el padrón de minas del Perú, correspondiente a 1878 i en un infolio impreso a columnas, i en 30 o 40 pajinas, está rejistrada toda la propiedad minera del país, con espresión de las pertenencias qne se hallan amparadas en cada distrito i aquellas que por no haber pagado la contribución semestral caen en despueble i son dennnciables por el primero que se adelante a pagar. Este sitema simplifica admirablemente el complicado réjimen minero, t\\\ oiioriiso com ) disparatado de Chile, snprimieu'io pleitos i rediii'ieii li todo el meoaiiisin) a una módica contribución i a un rejistro oficial. En renlidad esta contribución no es sino un equivalente de la licencia (Ucence)

— 621 —

XTI.

El emiiionte peruano don Manuel Pardo, eminente aun habiendo sido secreto enemigo de Chile, abrigaba fe incontrastable en la futura riqueza de este mineral, en el cual poseia algunos derechos, i de esta misma opinión fué el tarapaqueño Castilla, que después de su separación del mando en 1862, se trasladó a trabajar las vetas que en

que se otorga en Australia i los Estados Unidos para el trabajo libre del minero i es lo que nosotros hei)\os solicitado para el oro en el Congreso. En 1838 había en Huantajaya 60 minas en trabajo i 38 denunciables, habiendo rendido la contribución minera para la provincia de Tarapacá 2,145 pesos i 28,335 ea todo el país. Antes de la giierra actual trabajáronla coa mucha mayor fe que elementos de esplotación en aquellas minas algunos chilenos como don Manuel Eyzaguirre i don David Mac Iver, pero hoi todo el mineral, así como el vecino de Santa Rosa, se halla mas o menos denunciado por chilenos.

El Padrón de minas del Pen'i, que ansiamos ver implantado en Chile, se imprime anualmente como nuestros presupuestos i sus pajinas en folio -están repartidas eu once columnas que contienen todo lo que el niimero i el Estado necesitan saber, esto es, 1.° la procedencia del titulo, 2.° el distrito mineral, 3.° el número de orden de la mina, 4." el nombre especial de cada una de éstas, 5." la calidad de la mina (plata, cobre, etc.), 6.° el nombre del propietario, 7." el número de pertenencias de que el último es dueño, 8." las dimensiones do ésta, 9." la ubicación de cada pertt'iienci i i 10.° el monto de la cnntrüjución pagada. La última columna, (¡ue es la mas esi)aciüsa, está destinada a las anotaciones especiales.

— 622 —

SU niñez oyó ponderar en la nativa aldea. I esa o semejante creencia en una futura bonanza es mas o menos jeueral entre los animosos chilenos que allí llegan. «La minería, dice una carta datada en Huantajaya a principios de julio último, sigue su pesado camino; no parece sino que lánguidamente se arrastrara esta industria que en las virjenes sierras que se estienden desde el Loa a Camarones está llamada a ocasionar una revolución minera. La formación jeolójica de los panizos de sus montañas es la misma de GhaTiar cilio, a decir de mineros de este lugar, pero están casi inesploradas. (1)

)) Huantajaya i Santa Rosa, dos minerales de fama, trabajan poco; Huantaca i el Carmen pronto principiarán su fixena, i Challacollo, el fabuloso i sonado Challacollo, tiene en trabajo actual a la mina Buena Esperanza, antigua i buena mina que nunca ha dejado de dar utilidad a sus dueños, i'

(1) El señor Crosnier reconoció ciertas analojías entre Chañarcillü i Huantajaya, pero solo en la formación de las vetas, si bien podria haberla encontrado también en las papas. Pero ya las papas de los Bolados como las de los Loaiza habían sido echadas a la olla i no quedaban sino las cascaras i la ceniza. El trabajo de M. Crosnier sobre Haautajaj-a se dio a luz en los Anales de la Universidad de 1852, en la forma de una carta dirijida al señor Djmeyko. Nosotros hemos publicavl i uu análisis de ese trabajo en el Veintiuno de Mayo, diarin de Iquique, en octubre del presente año.

— 623 —

la San Francisco, que se nos asegura es una esperanza.»

Aunque no al nivel de los minerales que antes hemos nombrado, comienza a levantar tímida frente en el centro de la Pumpa del Tamarugal de Tarapacá i en dirección hacia Pica i hacia el Loa, el cerro aislado de Challacollo, que para pocos es una esperanza, pero para muchos ha sido i continúa siendo un ensueño de marcos de plata i pliegos de papel sellado. Existen allí solo dos o tres minas en esplotación, ptu'o se asegura que una de estas, la Buena Esperanza, propiedad del injeniero chileno don Belisario Jara, de antiguo avecindado en Pica, de cuyo distrito era hasta hace poco gobernador, contiene en sus desmontes no menos de 300 mil pesos en metales de lei de plata de 25 marcos. Ostenta su veta real la estraordinaria potencia de 1.55 metros; i si el cono de Challacollo no ocupara posición tan aislada i de difícil socorro en el desierto, con eso solo se habría hecho un tesoro para su dueño i la comarca. (1)

(1) Nosotros hemos hecho también un corto estudio de este mineral (Veintiunu de Mayo de Tquique de mayo de 1882), considerándolo como uuo de los anillos jeolójicos de la gran corrien-

— 024 —

Tomando en cuenta todo lo que llevamos dicho en el presente i el anterior capítulo sobre la producción total de la plata en el Perú Alto i Bajo, resultarla, según los cálculos un poco aventurados de Chevalier, que hasta el 1." de enero de 1810 su valor alcanzaba a 2,197.803,000 francos i el 1.° de enero de IS-tG, fecha hasta que el economista francés llevó su aritmética, a 2,608.700,000 francos, con lo cual bien podria

te arjentífera que comienza en Arqueros i termina en Huantajaya, i a este propósito el intelijente propietario e injeniero de la mina descubridora de aquel miueral ya citado, escribía a ua amigo suyo en Santiago, con fecha de 15 del pasado junio, estas palabras que serian lisonjeras para un mineralojista, pero que respecto del favorecido en el presente caso corresponden solo a la casualidad:

«Parece que el señor Vicuña Mackenna, dice en efecto la citada carta, tieue el don de leer en el por reñir. Esto lo digo por su acertada comparación de los minerales i sus poros metalíferos. Hoi el señor Vicuña Mackenua puede probar lo que escribió ayer, por la razón siguiente: alcance en planes de la Buena Esperarla i a mas que a una hondura de 4.5 metros verticales en todo el grueso del cerro se han encontrado en abundancia los famosos kchadores de Huantajaya, que son una conmbinación de cloruro de sodio con cloruro de plata o plomo; así es que Challacollo hoi se conoce que sus criaderos son los mismos de Huantajaya, lo que sí que son mas antiguos i Huantajaya mas moderna».

— 635 —

cerrarse la cuenta el 1." de enero de 1883, con tres mil millones de francos, que no seria difícil convertir en pesos. Desde 1828 a 1846 se introdujeron en efecto en la moneda de Lima no menos de 20,506 barras con 4.649,152 marcos que valían 60 millones de pesos. 1 tan solo el año de 1833 que fué en Lima de mediana paz, se sellaron en su casa de moneda 333,430 marcos, cuyo valor era de 2.834,155 pesos.

XV.

Con ocasión de pasar en revista tan abultados tesoros estraidos de la América española, serian este el momento i la pajina adecuados para recorrer de lijera, como lo hiciéramos respecto de las minas de la República Arjentiua, al final del capítulo precedente, las de Méjico, mas ricas en realidad que la de los dos Perú.

Mas, fuera de que ese procedimiento nos arrastraría muí lejos de nuestro carril i de nuestro propósito, sobre estar aquellos en zonas tan remotas de las nuestras, no ha dejado nada que decir sobre su opulencia, su trabajo i su influencia en la riqueza universal, el admirable libro de Alejandro de Humboldt sobre la Nueva España, ensayo que mas que ningún otro libro estranjero hemos encontrado invariablemente en las bibliotecas i armarios de la capital, i cuyo tercer volu-

EL L. DE LA P. 79

— 626 —

nieii se halla esclusivamente consagrado a esta materia.

Bastará por tanto dejar recordado, con relación a la prodijiosa potencia arjentífera de las minas de (iuanajnato, Zacatecas i San Luis de Potosí, que estas sobrepujaron en cerca del doble de lo que en dos siglos i medio rindiera el Potosí del sur. (1)

(1) Según ya lo dejamos espuestu bajo el testimonio de IlninlifiliJt, lii producción totul de Potosí desde ló4o (año de su dcsculJi'iniiento) a 1780, (244 años) fué en números redondos de 92 millones de marcos que vaüaii 788 millones de pesos. Ahora liien, i según el mismo autor, las minas de Guanajuato produjeron cerca del doble, porque desile 17G6 a 1803, es^o es, nn período ile 38 años, rindieron 18.723,537 marcos de plata q\ie a razón de 8 pesos i medio, vallan cerca de 200 millones de ])eso3, sin contar 43,030 marcos de oro computados a 13G pesos marco.

Tan solóla famosa mina /« Vale»c¡aiia, del conde de Valencia, ((]UÍL'n regaló, como quien obsequia un juguete, un navio de guerra al rei de España), produjo desde 1.° de enero de 1787 al 11 de junio de 1791, es decir, en el espacio de cuatro años, 1.737,052 marcos de plata, que valían cerca de 15 millones de pesos, mas o uienos, 4 millones por año. Solo la Deseada de Caracoles ha estado a la altura de esta mina en todo el mundo.

Según el mismo línmboldt, las minas de América produjeron en los dos primeros siglos de su descubrimiento, a razón de 11 millones de pesos por año.

En el segundo períoJo, es decir, en el siglo XVII, a razón de 1() millones por año.

Desde el año de 1700 al de 1750,-22.500,000 ]iesos por año i desde 1750 a 1803, en que el sabio alemán cerraba su cuenta,

6-27 —

XV I.

Las minas de Guanajuato desciibicftis 13 años después del cono de Potosí (1558) producían todavía a principios del siglo XVIEÍ cinco i medio millones de pesos por año, i su crecimiento sucesivo está marcado en el nivel de su fenomenal riquc/.a con estas cifras que parecen verdaderamente fabulosas.— En 1750 produjeron'catorce i medio millones de pesos; en 1775, que fué la época del gran em-

a razón de 35.300,000 pesos.

En esta útima época figuraba ya Chile, e.scaso en Inciiniento; i la proporción de los tres p:iísí;.s proiluctoro.-í de plata, erii en ese afín la siguiente:

Méjico 2.'?.r)0,000

Perú 513,000

Chile :¿9,700

Era esto mas o menos la misma proporción que en 1775 apuntaba Campomanes. para toda la América española, 35 millones al año.

La manera cómo los diversos continentes di! orbe coiuribuian en esa época al mercado universal de los metales preciosos era, según el mismo ilustre autor, la siguiente:

Quilogramos.

Europa 52,670

Asia 21,709

América. 795,581

Según elviajero Helms, compañero del baróu de Nordeníiicht,

— 628 —

puje de la Valenciana, diez i siete i medio millones; en 1788, veinte i un ¡nillones i en 1795, cuando

Potosí agonizaba i comenzaba la agonía misma

de la España en todos sus dominios, veinte i seis

millones de pesos.

Según en varias ocasiones precedentes lo hemos hecho presente, la sección setentrional del Nuevo Mundo ha sido en realidad mucho mas prolí tica en plata qne las rejiones situadas al sur del istmo de Panamá, i los que todavía pudieran dudar de esta aserción harian bien en leer el próximo i penúltimo capítulo de este libro, destinado

en su viaje a Potosí i a Lima, la amonedación de las casas principales en América fué la siguiente el año de 1791:

Méjico $ 18.073,e

Lima 5.162,239

Potosí 4.283,022

Santiago 867,886

Total $ 28.376,835

Conforme a una cuenta orí jinal del visitador don Jorje Escobedo, datada en Potosí el 1.5 do abril de 1780, la cantidad de plata ciim [irada por esa casa de moneda desde el I." de enero de ese año, fué solo de oOS,-t-lr() marcos; ¡tanta era la decadencia del famoso mineral en las postrimerías del siglo!

— 629 —

a contar los prodijios naturales i mecánicos de la Guanajuato sajona do la América del Norte, es decir, del asiento mineral de Nevada i de algunos de sus mas renombrados satélites, en las montañas de su nombre i en las Rocallosas.