El lindo don Diego: Comedia · Capítulo real 12 de 46
ESCENA XI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
Salen criadas, Leonor e Inés, tocada de boda.
DOÑA INÉS
(_Aparte, a doña Leonor_). ¡Muerta salgo!
DOÑA LEONOR
Tus dudas son forzosas.
DON TELLO
¡Bien prevenidas salen! ¡Son curiosas!
DON JUAN
(_Aparte_). Esfuércese el corazón a este tormento también.— En tan dichosa ocasión es precisa obligación, señoras, mi parabién. Logréis el feliz estado a medida del deseo. (_Aparte_). Y a costa de un desdichado.—
DOÑA INÉS
No sé a qué va encaminado el parabién ni el empleo.
DON TELLO
El parabién da don Juan de los casamientos hechos con vuestros primos.
DOÑA INÉS
Y ¿están en estado que podrán admitirle nuestros pechos?
DON TELLO
¿Pues no, si ellos han venido de mi palabra fiados?
DOÑA INÉS
No habiéndolos admitido nosotras, en vano ha sido darlos por efetuados.
DON TELLO
Pues ¿podéis las dos hacer a mi gusto resistencia?
DOÑA LEONOR
Yo, señor, no sé tener voluntad, y si ha de ser alguna, esa es mi obediencia.
DOÑA INÉS
Contigo también, señor, es mi voluntad ajena, solo tu gusto es mi amor; mas este mismo primor tu resolución condena. Porque cuando yo he de estar pronta siempre a obedecer, no me debieras mandar cosa en que puedo tener licencia de replicar. Y si me da esta licencia el cielo, y tu autoridad me la quita con violencia, casarase mi obediencia, pero no mi voluntad. Siendo este estado, señor, de tantos riesgos cercado, ¿no pudiera algún error dar asunto a mi dolor y empeños a tu cuidado? Luego, aunque yo me concluyo, debieras a mi albedrío proponerlo, no por suyo, sino porque, aunque él es tuyo, tiene el título de mío.
DON TELLO
Aunque es la queja tan vana, por queja de amor la he oído, Inés, callando tu hermana, que no eres tú tan liviana que tuviera otro sentido; ni yo tan poco mirado que a todo vuestro deseo no le exceda mi cuidado, habiendo ya examinado los peligros de este empleo. En gusto, quietud y honor, lográis toda la ventura que pudiera vuestro amor y el mío, que es el mayor, que vuestro bien asegura; y mi palabra empeñada ya, Inés, no tiene lugar tu queja, aunque bien fundada, pues, sobre que estás casada, no tienes que replicar.
DON JUAN
(_Aparte, a Doña Inés_). ¡Cielos! Yo de mi tormento he venido a ser testigo.
DOÑA INÉS
(_Aparte_). Y yo del dolor que siento.— Pues si ya mi casamiento das por hecho, solo digo que, aunque tan llano lo ves, falta una duda por ti no fácil.
DON TELLO
Y esa ¿cuál es?