El maldito, o, Un río de oro · Capítulo real 22 de 25

ESCENA VI . '

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

ESCENA VI. '

Rosa, la Niña, Campesinas.

Adiós, amigas mías... Comprad dulces á vues¬ tras hijas.

(Les da dinero.)

¡Mamá!

Manuela... desnuda á la niña, que yo iré en se¬ guida. Tal ha sido mi emoción en esa ceremonia, que necesito respirar el aire libre, sola por algu¬ nos momentos.

(El público ha de estar viendo cómo la Campesina 1.a

Sue está en el pabellón quita los adornos y las flores á la [iña.)

(*) (Sentándose en un banco rústico que habrá á la iz¬ quierda, debajo de un emparrado entre macetas de flores y una fuente con surtidor de agua natural.)

¡Hija del alma! flor pura que en capullo azotó el viento de la crüel desventura, angelical criatura, mi delicia y mi contento...

Desamparadas las dos por la infamia de tu padre, vamos de la calma en pos...

¡Ojalá que te haga Dios más dichosa que á tu madre!

— 69

C'AMP. 1.

Camp. 1.

Niña.

Niña.

Hoy en cielo despejado veo un nuevo sol lucir, porque te tengo á mi lado.

¡Adiós, penas del pasado!

¡Salve, luz del porvenir!

a La señorita espera ya á su mamá. ¿Me per¬ mite la señora Marquesa?...

Sí, vé á tu casa y tráeme después á tu hija. a Volando, señora.

(Vase.)

(Desde el pabellón.)

¡Mamá!

¿Qué, hija mía?

Te espero en el jardín... Voy á hacerte un ramo de violetas.

Voy en seguida á recibir tu regalo. ¡Quiera Dios, alma mía, que seas más dichosa que tu po¬ bre madre!

(Víctor se acerca á ella.)

¿Se habrá ya apiadado el cielo de nosotras?

ESCENA VIL

Rosa, Víctor.

En tí consiste.

(Rosa retrocede espantada. Pausa. Mímica bien estu¬ diada.)

¡Ah! ¡Horror!... ¡Él!... ¡Imposible!...

¡Qué efecto sigue haciendo mi presencia por es¬ tos barrios!...

¡Víctor!... ¡el asesino! ¡el traidor! ¡el incen¬ diario!...

¡El esposo de la condesa del Valle!

¡Jamás!

(Con voz ronca.)

¡Vivo aún!... ¡Vivo!...

(Acercándose á Rosa.)

¡Inconsolable viuda!... ¿Son estas las ausencias que te debe?

¡Atrás!... ¿Qué buscáis aquí?

Mi puesto en el hogar, mi nombre en el mundo, mis derechos en la familia, mi fortuna en la sociedad.

JL 1

¡Matador de mi padre! ¡Usurpador de títulos y nombres!... ¡Capitán de bandoleros!... ¡Judas de la patria!... ¡atrás! ¡Yo te maldigo: yo reniego de tí! ¡Huye del mundo, ó por cualquiera de tus crí¬ menes, caerán sobre tí, la justicia de los hom¬ bres y el castigo de Dios!

¡Bien te han enterado de mi historia; se co¬ noce que el fiel Raimundo ha hecho mi panegí¬ rico para conquistar tus gracias!

¿Qué os atrevéis á suponer, miserable?

¿Y serás tú quien me delate? Aun suponiendo que tuvieses pruebas de lo que dices, ¿olvidas que llevas mi nombre, que soy el padre de tu hija, y que sobre ella caería mi infamia?

¡Oh! ¡vete!... ¡huye de España; ya callaré, yo sufriré, pero líbrame de tu presencia!

¡Basta!... Yo vengo por tí.

¿Qué? ¿Por mí? ¡Jamás!...

Llama á todo el mundo, dame á reconocer por tu marido.

¡Nó; antes morir mil veces!

Elige: ciega obediencia á mis mandatos, ó so¬ ledad eterna para tí.

¿Qué quieres decir? ¡Sólo muerta me arranca¬ rías de aquí!

Sabré obligarte á seguirme; ó tú ó tu hija.

(Vá al pabellón.)

¡Jesús! ¡mi hija!... ¡mi hija!... ¡atrás!... Allí está, lo sé;

(Señalando al pabellón.)

voy por ella. ¡Entre tanto, decide! ¡No pasarás; gritaré!...

¡Grita, infeliz, y ay de tí y de ella!

(Forcejeando.)

¡Fuera obstáculos!

(La empuja y sube hasta el pabellón. Rosa cae.)