El poema de las mieses; cantos de amor, de esperanza y de duda; precedidos por una elegía de Leopoldo Díaz · Capítulo real 1 de 1

El poema de las mieses; cantos de amor, de esperanza y de duda; precedidos por una elegía de Leopoldo Díaz

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POEMA DE

ÍPC

EL POEMA DE LAS MlESES

Cantos de Amor, de Esperanza y de Duda

Nació ©n Chivilcoy (provincia de Buenos 4ires) el 27 de enero de 1870, donde escribió sus primeros versos en edad temprana, incorporándose más tarde a la falange literaria que en la última década del pasado siglo sintió el influjo renovador de Rubén Darío.

En 1899 editó en Buenos Aires un libro de versos, "Rosas del Qrepúsculo", y en 1902 "El Poeimia de las Miases", muy celebrado por la crítica. Otras con>pqsiciones sueltas, y muchas inéditas, han sido reunidas por su amigo José Fernández Coria en cuatro series tituladas: "El grito de los fuertes'', "El Cuerno Florido", "Mensajes líricos" y "Cantos de Amor, de Esperanza, y de Duda".

La edición completa de sus poesías, editada en 1919 por "La Cultura Argentina", consta de dos volúmenes. Comprende el uno "Rosas del Qrepúsculo", "El Grito de los Fuertes", "el Cuerno Florido" y "Mensajes líricos"; en el otro están reunidos "El Poema de las Mieses" y "Cantos de Amor, de Esperanz-a y de Duda".

Carlos Ortiz, falleció en Chivilcoy a los cuarenta años de edad, víctima de un vergonzoso asesinato político, el 2 de marzo de 1910.

"LA OUL.TURA AROENTINA

El Poema

de las Mieses

Cafltos dd Amor, ds Esperanza y de Dada

Precedidos por una elegía de LEOPOLDO DÍAZ

ADMiyiBTRAClÓN GEIÍEBAL:

CASA VACCARO, Av. de Mayo ^38 - Buenos Airea

I J

DEC 11 19B8

elegía

Al espíritu inmortal de Carlos Orti».

El artero tropel de la perfidia, los pálidos lebreles de la envidia premeditaron cómplices la insidia

oculta en la mitad de tu camino, ¡oh sonador excelso, olí peregrino que acendraba en la mente don divino!

Te mordió en el talón ne^ra serpiente, y no alcanzando a mancillar tu frente nimbada con el oro del naciente,

turba innoble, diabólica y huraña giTiñendo te siguió por la maraña en tu ascenso a la épiea montaña.

Diáfanamente bello y sin alarde tu espíritu con luz* interior arde como místico faro de la tardo ;

así la suave lámpara votiva, que el sentimiento del dolor aviva, Mge en la cripta donde esté, cautiva.

Como ignoraba el vándalo la injuria que estampara el tropel de su lujuria en los candidos mármoles de Etruria,

j ñj, no saben aquellos que han herido el sándalo del bosque antes erguido, qué espiritual aroma han esparcido!

El vampiro y el buho vendrán luego con pupilas nictálopes de fuego, hoscos heraldos del destino ciego.

No vuelvas la cabeza vacilante, y en la enorme floresta como Dante apresura tu paso resonante.

No \iielvas la cabeza, pod:adora

de incomprendidos sueños. . . La alnüladora

turba se alejará cuando la aurora

ilumine las cumbres donde brilla deslumbradora nieve, y con sencilla majestad el relámpago se humilla.

Pon en alto la fe y el sentimiento, y verás en el hondo firmamento cuál se anega de amx>r tu pensamiento.

Escuchando tus íntimas querellas piadosamente regará tus huellas el rocío de luz de las estrellas ;

y cuanto más ascieiftlas, tu alegría será cual claridad hecha harmonía en el amanecer de eterno día. . .

Con la celeste beatitud de un sueño, sin ligas con lo falso y lo pequeño cruzarás los jardines del Ensueño,

EIXOÍA

De la Suma Belleza en la inorada, la alta frente de miiio coronada olvidarás la fúnebre jomada.

Resurgirá intangible en tu cariño

la augusta anciana de la sien de armiño

que impregnó de ideal tu alma de niño,

cuando sobre las rosas que tu anhelo simbolizan, la incline el desconsuelo con afán de volar hacia tu \Taelo.

Saldrán a recibirte en los dinteles los egregios, los príncipes, los fieles de la musa ceñidos de laureles,

y al penetrar en el Supremo Arcano,

lejos ya de lo efímero y humano

las grandes sombras te dirán : ¡ hermano I

Leopoldo DÍAZ.

EL POEMA DE LAS MIESES

A mis Padres

que he visto sonreír con la sonrisa de la esperanza ante It inmensa extensión de los trigales rubios.

C. O.

PRÓLOGO

Hé aquí que nos llama la estación de las mieses Convertidas en oro por el sol y la tierra Cuyo jugo materno ha corrido seis meses Por las frágiles cañas; en las rubias espigas, Como en cofres dorados, el tesoro se encierra Con que premia la tierra las penosas fatiqras Del que traza en el suelo

Hondos surcos, y entona la canción del trabajo Cuyas notas vibrantes \'uelan rítmicas, bajo La mirada del cielo.

Los sembrados ofrecen sus doradas primicias; lié aquí que nos llama la fecunda estación En que pasan los céfiros con temblantes caricias, Perfumando sus alas en la mies en sazón.

Segador, lo^ trigales sólo esperan el filo De las ásperas hoces; en el campo tranquilo Vibrará nuevamente el rumor del combate Entre el trigo que tiembla, y entre el brazo que abate.

Y después, bajo el peso de los ricos manojos Marcharás por la alfombra de maduras gramillas, Y en la pai'va que se alza dejarás las gavillas Oí'recidas al hombre por los nobles rastrojos.

En el campo divino de la virgen Poesía El poeta ha sembrado la semilla de Ensueño Que germina a la lumbre de la eterna Armonía; Que germina y madura, y le brinda sus doneg Como un campo risueño Tc^o UeDo de espigUs y de alegres canciones.

18 CARLOS ORTIZ

Y mil flores combinan de esa mies entre el oro Sus matices diversos,

Mientras pasan zumbando en un ^nielo sonoro, Como enjambres de abejas los enjambres de versos.

Y los ágiles ritmos, mariposas sutiles, Al sol abren jsus alas,

Y se agitan fugaces, y revuelan gentiles,

Y la^ galas del verbo son sus mágicas galas.

Tu cosecha recoge ; el trabajo te llama, ¡Ob! poeta, ya cantan las alondras amigas; En tu frente sus; rayos la armonía derrama.

Y la Musa sonríe coronada de espigas.

Y el poeta recoge su cosecha armoniosa,

Y se acerca orgulloso con sus líricos haces, A la parva del arte, a la parva gloriosa

Que tú, artista, con versos y con mármoles haces.

Noviembre 1901.

INVIERNO

Al viento desplegado sii gris manto de bruma, .^11 cuyos amplios pliegues el espacio se esfuma, Dios adusto, el Invierno sobre la tierra mai'cha; A su paso la sombra de las nostalgias Hueve,

Y arrastra silencioso su túnica de escarcha Florecida de lirios, que son copos de n^'eve.

Y pasa el dios adusto; el alma de la Sombra Es su aJma, un alma llena de gélidos horrores;

Y pasa taciturno sobre una inmensa alfombra De hojas secas y hollando cadáver^ de flores. Acorta el sol su curso sobre la tierra iría,

Y un viento helado canta doliente letanía.

Vibra ^ ronco acento; la selva se efítremece,

Y brota una armonía salvaje, que parece Surgir de un arpa inmensa formada de bordonas;

Y gimen largamente los árboles escuetos

Sin sus verdes follajes, sin sus nobles coro;ias, Moviendo tristemente sus altos esqueletos.

Y los nidos vacíos; cadáveres de aves Tendidos sobre el musgo con las alas abiertas Para el eterno vuelo, y muchas voces graves Que rezan un responso sobre las pobres muertas.

Y se oye en los profundos sollozos de los vientos Los lúgubres ahullidos de los lobos hambrientos.

Y un sol que apenas brilla tras la niebla sombría, Tan triste y tan opaco que liasta su luz es fría:

Y emuelto en los crespones de un cielo de pizarra

Sólo IsLUza a la tierra sus rayos fugitivos Cuando una fría ráfaga las tinieblas desgarra, Y a su luz se iluminan los campos pensativos.

Es la sonrisa pálida que un astro moribundo Pirige a otro astro, presa de negra pesadilla, Es la sonrisa pálida con que saluda el mundo El disco mortecino de un sol que apenas brilla; Pupila melancólica que a la naturaleza Envía una mirada cargada de tristeza.

^ Y la bruma deshoja sus flores de ceniza Sobre la frente helada de un buen, dios que agonizaT)el dulce dios que puebla la selva de murmullos, Que hace en las almas nobles floiecer los amores,' Que hace rimar las plantas estrofas de capullos,'

Y hace estallar los broches en sonrisas de flores.

El buen dios muere, y queda triunfador el Inv^eimo La vida se refugia al amor de las lumbres,

Y mientras habla el viento de su martirio eterno

Y hace gemir los bosques y temblar las techumbres ' Levantan sus palacios de ensueño los poetas,

Y en las selvas dolientes sonríen las violetas!

ERVAR

En la inmensa llanura Jue el invierno tapiza

Uon sus gélidas flores de inviolada blancura, Vive Ervar el Ariano.

.Junto a un límpido lago, terso espejo del ilauo, Y a unos jóvenes sauces donde vibra el acento Con que el alma del viento Su dolor poetiza, Tiene En^ar su vivienda: Una rúática choza que se mira en el lago Cuyas aguas parece que en un cántico vago Recitíiran los versos de una dulce leyenda ; De una dulce leyenda que contara una ondina A la luz de la luua, con su voz argentina.

Y los cisnes conocen la leyenda que el lago Armoniza en un canto suave, místico y vago; Albos cisnes que cruzan como blancas barquillas Sobre el agua en que esparcen un temblor de satines,

Y dejando en la estela de sus pálidas quillas Leve espuma, cual si alguien deshojara jazmines.

Tiene Ervar su cabana En la orilla del lago cuya linfa deslíe La armonía dulcísima de una música extraña,

Y a la linfa que canta su morada sonríe.

Es Ervar fuerte y joven. La llanura cultiva, Que en su seno recibe, como virgen cautiva.

26 CARLOS ORTIZ

La caricia de hierro del tenaz labrador; Como virgen que siente la caricia lasciva, Dolorosa y sublime de su fiero señor.

En su rostro tostado Por el sol y los vientos, hay la noble belleza De los fuertes varones que la lucha ha marcado Con sn sello de gloria. Su apolínea cabeza En desorden coronan sus sombríos cabellos, En desorden soberbio, como heroica maleza Que han revuelto los vientos y que ondula la brisa; En sus ojos sonríen luminosos destellos, Ilumina sus labios una dulce sonrisa.

Se diría al mirarlo que es un rey que ha trocado Sus armiños y púrpuras por un rústico traje ; Es un rey; tiene un cetro: el timón del arado; Tiene un reino que ama : la llanura salvaje ; La llanura salvaje que se extiende vencida Al sentir el arado que abre el surco profundo. Como un rústico Apolo canta el himno a la vida En la lira gigante del trabajo fecundo.

Vive solo en su choza que ha formado de leños; Labra el campo, y su alma toda llena de ensueños Tiende a veces el vuelo de sus alas ligeras' A las bellas regiones de los sueños risueños, Los rosados delirio^, y las vagas quimeras.

Misterioso dualismo de materia y poesía; Armoniosa materia, material armonía.

Dualidad misteriosa de dos fuerzas rivales, La potencia y el músculo que la tierra conquista, Y el espíritu, el cóndoi* de las alas triunfales ; Misterioso connubio de dos fuerzas rivales : La energía de atleta y el enjsueño de artista.

EL POEMA DE LAS MI ESES 37

Cuando canta la reja sn canción en el prado,

Y los surcos Ízales con vigor se diseñan, Le parece que un himno va rimando el arado,

Y que su alma es un lago donde hay cisnes que sueñan.

EL ARADO

Es la hora del trabajo. En la llanura De una lívida blancura, Tiende el alba su luz pálida de ensueño. Como un velo vaporoso. Suavemente luminoso Extendido en las artísticas va<niedades de un diseño.

y ya Ervar sueña y trabaja vigoroso Empuñando el timón fuerte del arado. Que aiTastrado Por la yunta de robus-tos Bueyes maroba ;

Y Ervar sigue con su paso acompasado ^lientras cnijen sus pisadas en la escarcha ; En la escarcha que refleja palideces invernales. Cuyos límpidos crist<nles

Se asemejan, suspendidos

De las ramas taciturnas

De los frágiles arbustos.

A caireles desprendidos

Por el vuelo de las horas en la fiesta de la sombra,

A callóles desprendidos de las lámparas nocturnas.

Ervar marcha por la alfombra Blanca y fría que el invierno desplegó para su danza.

— ¡ Cómo ríe la esperanza,

Cómo canta la existencia sius canciones

Cuando entona su romanza

Con su acento todo lleno de promesas el trabajo;

Y la vida pasa entonces en un vuelo prodigioso,

32 CARLOS ORTIZ

Como uu ave cuyas alas son dos alas de ilusiones;

Y la vida entonces vuela

Con el ritmo de uu poema musicalmente armonioso -Que un artífice cincela ! —

Se abre el surco como un tajo Sobre el rostro de la pálida llanura, Que escarchada, se asemeja A una página m\iy grande de poética blancura;

Y parece que la reja Con sus surcos paralelos, Paralelamente iguales,

Escribiera allí el poema de sus férvidos anhelos, Esculpiera allí un poema en estrofas inmortales.

Cada surco es como un verso, Como un verso en el que vibra la canción del universo, El poema Germinal; Se abre un surco, Cjue es un verso, y se entierra una armonía,

Y la tierra la fecunda, la convierte en poesía,

Y alimenta con el jugo de su seno maternal.

Ervar sueña, y nuevos surcos van rasgando la pradera,

Y trabaja, y el ensueño su trabajo poetiza,

Y la tierra se desliza

Fresca y suave por la limpia vertedera;

Y él ve cómo se ai4noniza

El trabajo y el ensueño, como dos extrañas notas Que se besan y confunden en un mágico concierto. En^ar marcha, y le acompañan dando gritos las gaviotas Que revuelan y &e posan sobre el fresco surco abierto.

— i Oh ! también tu alma es uü campo misterioso ; Labra Ervar eon noble empeño, Que también tu alma es un campo misterioso Donde traza grandes surcos un arado luminoso: El arado del Enseño:

Kl.. FOH.MA DE LAS MIESES 33

Y un labrador silencioso Siembra puras ilusiones, Que retoñan y que tienen primaverasBreves, breves, pero llenas de canciones, Breves, breves, pero llenas de quimeras.

Ei-var canta :

-Noble arado, tú eres fuerte ; '*Sí, más fuerte que la espada fratricida; **Esta mata, tú redimes;

''Tus conquistas son más grandes, más sublimes; "Las cosechas de la espada son cosechas de la ^lueite, "Tus cosechas son las mieses opulentas de la Vida

"Si fulguran las espadas es que el odio las inflama; "Y cuando odian se enrojecen "En los trágicos encuentros de la guerra; ' Y tú brillas, noble arado, y tus rejas resplandecen "Como espejos que ha bruñido la caricia de la tierra; "De esa tierra que feeundas ' " Con tu beso ; "De esa tierra que te ama

"Porque sabe que en tus líneas paralelas y profmidaá "Vas trazando la leyenda del progreso.

"Diis impulso a las pacíficas empresas, "Y a tu paso, el virgen seno "De los campes se abre lleno "De promesas. -^

"¿Ves loe cisnes en el lago, "Pensativo, "Como un alma aprisionada por cruel inelaneoiíir/

^Ves los cisnes cómo al vago

Resplandor astral naveganlf Son arados de poesía "Sobre im campo de cultivo.

34 CARLOS ORTIZ

''Van abriendo leves gurcos, y en sus rastros

''Los fulgores de los astros

"Siembran t^eniies, siderales armonías;

"¿Oyes cómo canta el lago sus querellas?

"Esas dulces elegías

' ' Son las lánguidas canciones que han sembrado las estrellas.

"Es el campo como un lago, cuyas ondas "Se durmieron con el sueño de la muerte, "Y que esperan la audaz quilla "Que las surque y las despierte; "Y tú pasas, se abre el surco que recibe la semilla, "Y la tierra síe diespierta de' sus hondas "Somnolencias; su armonía se levanta "Y el poema de las blondas ' ' jMieses canta . ' '

Ervar sueña, y su trabajo la llanura fertiliza; Ervar canta, y nuevos surcos van rasgando la pradera,

Y la tierra se desliza

Fresca y suave por la limpia vertedera ;

Y revuelan en bandadas sobre el surco las gaviotas Dando al aire el eco alegre de sus' notas.

EL CANTO DE LA TIERKA

Como un egregio artista Que contempla en el ánfora labrada «m confínista. La conquista gloriasa de sn cincel artístico Que a los impulsos francos Del martillo sonoro, ha esculpido en los flancos ^íagiiíficos del ánfora, en un símbolo místico Las fuerzas de la vida o el triunfo de lo bello, Al pálido destello,

Do la aurora, que surge en soberbio «n t luclie Dt? i-osas, fulgurante como divina hoguera Donde hace el ^crificio de sus monstruos la Xoche, Contempla Ei-v-ar su obra : su vasta sementera, Cual contempla un artista Sus creaciones de arte por el cincel imDrov-as En los flancos de un ánfora.

Su campo de labranza Se diría cubieiio de un manto de esperanza ;

Y al vcíi' cómo la tien*a da forma a las promesas Que le cantó el trabajo, en su alma sin pesares Oye una voz muy dulce que canta una romanza, La alondra de la dicha que entona srus cantares.

Con sus pupilas llenas de hondo misterio, mira El campo, y le parece que es una inm.ensa lira Con millares de surcos por cuerdas, donde duermen Armonías ignotas; Pero de pronto vibran : es que despierta el germen,

Y un himno sin palabra;?, gigante himno sin notas Entonces se levanta.

— ;Ervar, cómo sonríen las puras ilusiones,

38 CARLOS ORTIZ

Cómo se llena el alma de mágicas visiones

Cuando la tierra canta

El canto de la vida; cuando la Madre Tierra

Rima el himno que dice los amores fecundos, ^

El que en su ritmo encierra

Explosiones de gérmenes^ navidades de mundos! —

EiTar contempla la obra que fecundó los campos.

Y cruza por las vagas penumbras de ,su ensueño, La visión deslumbrante de un Porvenir risueño, Como un sol que en su ^áda vertiera vivos lampos.

Y su alma, blanca virgen, se adorna con las galas De luz de la alegría;

Y la esperanza agita dulcemente sus alas Como un divino pájaro que ensaya una armonía Al ver en el oriente los albores del día.

Y su^alma, blanca virgen, se viste con la veste Tejida' por los Sueños con el hilo celeste

De la niágicíi meca que hila los reflejos De un astro misterioso;

Y su alma, blanca virgen, se viste de fulgores Para esperar de gala al Por^^enir radioso,

Que se vislumbra lejos, muy lejos, siempre lejos,

— Esperanza de vida y promesa de amores, —

Dorado caballero de traje luminoso

Que cruelmente tarda

En llegar a la virgen que espera al bello esposo.

En llegar a la esposa que impaciente lo aguarda.

Ervar contempla su obra, y en el trigo naciente Qae al soplo de la brisa Ondula suavemente, Ve la primer sonrisa, El primer balbuceo que lanzan sus rastrojos;

EL POEMA DE LAS MIESES 39

Ve esa dulce sonrisa con el mismo cariño Do nn padre a la primera mirada de los ojos Angélicos de un niño.

Es tu sublime ensueño, ¡oh! Ervar, dormido bajo La tieiTa, que despierta como un canto sonoro Del arpa de la vida; promesa de trabajo Que tí)ma forma y carne, que toma forma y crece A ese sol que en las brumas lejanas aparece Vertiendo efluvios de oro, ^[ientra-s la aurora en láprrimas de luz se desvanece.

PRBIAVERA

Un día se alejaron las nubes cual rebaño Llevadas por el soplo del viento del Oeste,

Y floreeió en las eanipos la alearía del año,

Y desplegó el espacio su pnVx^llóü (clo^te.

De nuevo se escucharon arrullos do palomaji,

Y canciones aladas llenaron de rumores

Las selvas y los bosciues; y en divinos aromaos Exhalaron su aliento las bocas de Uis floi*e:^.

Y fué así que las nubes huyeron como reses Cuyos flancos el látiji^o de los vientos azota:

Y así fué cómo al pn,so triunfante de los meses Huyó el lúgubre invierno, como un rey en deiTota;

Y así fué cómo un día llegó la Primavera, VA hada evocadora de las galantes citas,

Y fué así, cómo un día vio Enar en la pradera Abrirse como estrellas las blancas margaritas.

Vio las flexibles ramag cubrirse de botones, Estuches donde guardan los árboles sus galas, Brotar de los botones las hojas, como alas De verdes mariposas;

Así vio En-ar las plantas cubiertas de botones Hinchados como senos de vírgenes; las r<' Desplegar sus fragantes capullos vohiptU(.>, .^.

Y levantar al cielo sus copas de alabastro

Los lirios, cual si fueran a ofixícer silenciosos El néctar del olvido al dolor de algún astro.

44 CARLOS ORTIZ

Oyó rumor tie alas, y zumbidos de abejas,

Y escuchó en la arboleda musicales gorjeos,

Y trinos como besos cuajados de deseos,

Y vio ardientes parejas

De aves, entre andullos y suaves aleteos CelebraJT en las ramas stug dulces himeneos.

— ^Así también del alma en la fronda simlDÓlicá Poblada de murnmllos por el hada Poesía, Canta el divino Verbo como una lira eólica,

Y celebran sus nupcias el Ritmo y la Armonía. —

Vio la tierra despierta de su sueño profundo, Del fúnebre mutismo de su invernal silencio,

Y palpitar de amores' y juventud el mundo Como un viejo decrépito, como un viejo infecundo Que transfonnara en joven la fuente de Juveneio,

Al beso luminoso del hada Primavera Que en plegaria y en ruego Convierte el formidable rugido de la fiera, Sintió vibrar el alma de las cosas, doa'mida En infecundo sueño; las fuentes de la vida Correr llenas de fuego, De efluvios, de deseos, de amor y de delirio,

Y palpitar la carne y latir la materia Desde la torpe bestia hasta el fragante lirio;

E imperatr sobre el m_undo, como divina Imperia, La. diosa de la vida y orgullo de las diosas. Rodeada la esplendente cabeza por guirnaldas De flores, y golpeando las cóncavas espaldas Del mundo adorm.ecido, con un tirso de rosas.

GOLONDRINAS

Regresaban las obscuras golondrinas Con el dulce despertar de lo« retoños ; Peregi'inas

Que volvían de países Invadidos por los grises Melancólicos otoños.

—Como pájaros de luz, las alegrías Así vienen a las almas y laí? pueblan áe armonías.

Fugitivas de las brumas y del frío, De otras tierras regresaban los heraldos del estío.

— Mensajeras De las rientes primaveras, Dadle al alma \^iestras alas Para huir de las tristezas y el hastío, De la enorme lobreguez de los pesares ; Dadle al alma vuestras alas Que ligeras

Atra^-iesan los desiertos y los mares, Para huir de los inviernos y alcanzar las verdes galas De perdidas primaveras; Para oir de nnevo el coro De las aves melodiosas Del amor y la fortuna, Y embria^ai-se en las caricias luminosas De un sol de oro.

48 CARLOS ORTIZ

Pero el alma queda sola, sola en una Larga noche, cuando el cruel dolor la inmola; Queda sola Como un pájaro sin alas refugiado en unas ruinas.—

Bajo el ala del alero de su rústica morada, En eróticos concilios Ervar ve dos golondrinas Reanudando los idilios Que el otoño interrumpió. En su mirada Se refleja

La penumbra de una angustia dolorosa; El contempla la pareja Que aletea rumorosa, y murmura:

—''¡Todo ama! ''Sólo mi alma no conjoce tus delicias, "Sacro Amor, vida de vidas, sombra y llama j "En la misa misteriosa que tú oñcias, "¿Por qué, excelso sacerdote, no me inicias? ' ' i Todo ama ! ¡ Todo ama !

"En el lago van los cisnes desojando sus caricias, "Blancos, suaves; "En el monte aman las aves, "En el prado aman las flores;

' ' Veo amar las golondrinas, y mi voz en vano llama : ' ' ¿ Dónde estás, ¡ oh ! golondrina ideal de mis amores ?

"Yo no tengo más cariño que el cariño de la tierra; "Ella encierra "Mi esperanza, mis anhelos; "Es mi amor la gleba impura, "Y con ella yo celebro mis connubios "Cuando rasgo con el hierro de mi reja la llanura,

EL Pit^\fV DE LAS MIESES 49

**Coino quien rasga los velos

**Que cobijan un tesoro;

''Ella bebe mis sudores y yo aspiro sus efluvios,

*'Y amorasa me de^^iiolve fiiitos de oro.

''Pero el alma en vano espera ' ' La divina golondrina que le anuncie primavera . ' '

FLOR DE TRIC40 Y FLOR DE ARMONÍA

El escudo del sol brilla prendido En la coraza azul de la mañana, Walkyria vencedora De la noche, que llega soberana Empuñando su^ lanzas triunfales Forjadas con el fuego de la aurora. En el aire suspensa), Como un enorme espíritu vencido, Rítmica \T.bra la sonora verba D3 los pájaros que hablan de nupciales Éxtasis. El perfume de la yerba Flota cual grato incienso Quemado por el sol en el inmenso Sagrado cáliz de un floral turíbulo. Parece que una estrofa de Albio Tíbiilo Cantara en la llanura florecida. Las alondras alegres, siempre inquietas. Cual vibrantes poetas Entonan sus canciones a la vida.

Una bi-uma sutil se desvanece Allá, en la lejanía; En su caverna se ha doinnido el viento,

Y la tierra parece Embriagada de luz y de armonía Bajo la gloria azul del firmamento.

Entre los cantos de los pechi-rojos Recorre Ervar su vasta sementera,

Y el orgullo de un dios brilla en sus ojos.

54 CARLOS ORTIZ

Al ver en la pradera^

— Promeéa florecida del futuro —

Sus trigales en flor, de un verde obscuro,

Como una bendición de primavera.

Las mariposas ágiles, en coro Se agitan soure el trigo; las amigas De las floríes y el sol. El polen de oro Vuela impalpable fecundando espigas.

Y las plantas iguales Le parece que tienen ya la altura Para ungir de perfumes la cintum De una virgen que cruce los tirigales.

De una virgen que pase como un sueño La larga cabellera suelta al hombro . . . De pronto, su trigueño Rastro vela la sombra de un asombro; Es que ha oído un rumor de alegres risas; ¿Son acaso los céfiros, testigos de las nupcias florales, o las brisas Que peinan con sus dedos invisibles La verdee cabellera de los trigos?

Ansioso mira, y ve surgir un busto De ese mar de esmeralda. El torso augusto De un cuerpo semi -oculto en la es]Desura Del trigo que se inclina Para ungir de perfumes su cintura. ¿Es sólo una mujer o es una diosa? Su risa cristalina

Es un himno. Se acerca luminosa, Tal la verde visión de la esperanza, Su cabellera sobre el tidgo juega,

EL POEMA DE LAs MIESES l>3

Corta una flor, y sonriente avanza, Corta otra flor y sonriendo llega.

Y a Ervar se aproxima. ¿Es acaso el espíritu de Ceres Que llega como el ritmo de una rima? Ervar murmura con pasión: — ''¿Quién eres? ''Ave, perfume o flor, yo te esperaba; "Yo no sé por qué vienes, quien te guía, "Pero en mis breves sueños te veía, "Y en mis largos insomnios te llamaba . ' '

" — Guiada por las locas golondrinas, "Me alejo de las lúgubres neblina^s, "Y marcho con las rientes primavera.s; "Atravieso los valles, las colinas, "Los montes y praderas; "Yo recorro los trigos palmo a palmo, "En busca de una fior, cuyo perfume "Dicen que hace vibrar el dulce salmo "Del amor, en las almas que consume ''La cruel melancolía;

De lejanos confines ' • Vengo, y cruzo vergeles y jardines "En busca de esa flor, flor de armonía.

" — No la busques ya más.

" — ¿Tú la conoces? " — Sí, conozco esa flor, flor de embeleso, "De éxtasis y de goces, "Flor de armonía y luz: se llama be^iO; 'No la busques ya más, porque no crece • • En trigos ni vergeles ; ¡ oh ! tus locas

Quimeras! lEsa flor sólo florece "En los valles rosados de las bocas.

56 CARLOS ORTIZ

'*Es suave como el roce de dos plumas, ''Hace brotar el fuego y el delirio, *'Ella convierte en resplandor las brumas, ''y transforma en sonrisas el martirio."

*' — Házmela conocer, que una vez sola "Me embriague en sus perfumes.

'' — Sí, bien mío; ''Cuatro pétalos forman su corola, ' ' Como el mágico trébol de la suerte . " (Cuatro hojas: la Tristeza, el Hastío, El Dolor y la Muerte) .

" — Oh, yo quiero aspirar su extraño aroma." " — Dame tu boca, virginal capullo. " Luego un b^so vibró como un arrullo, Como un lánguido arrullo de paloma.

Y habló en ella la voz de los amores : " — Breve es un beso, es flor que se evapora, "Más ha llenado mi alma de fulgores'. "

" — Nada hay que a un beso en armonía iguale, "Y tu boca, mi bien, es una aurora "Y un beso es eomo un sol que de ella sale. "

Dijo Brvar, y escuchó vagos murmurios Entre las mi eses de su amor testigo, Y un alado immor lleno de augurios Pasó como un sollozo sobre el trigo.

JUNTO AL LAGO

El cielo se cubría de estrellas. Junto al lago Soñaban las dos almas unidas por un beso; Los cisnes navegaban en-viieltos en el vago Resplandor del crepúsculo. En el follaje espeso Se dormían los últimos rumores en la cuna Hecha por el Misterio con pétalos de sombra. Di\ána soberana del Ensueño, la luna Majestuosa ascendía el espacio. En la alfombra Del trébol se arrullaban dos seres : Ervar v Ella, Ella que parecía también divina estrella Formada con blancuras de estrellas:

— '*¡01i! delicias, * ' i Oh ! éxtasis sublimes de tus blandas caricias ! . . . \Q\ié gratos son tus besos! La miel de los panales No tiene su dulzura. — ¡Qué cálida es tu boca! No son, no, más ardientes los rayos estivales.

— Qué bellos son tus ojos; tu mirada provoca A las nobles empresas y a los grandes martirios; En ellos resplandecen los asti*ales destellos; Tus senos son dos copas formadas con dos lirios, Y el oro de las mieses fulgura en tus cabellos.

— Ternezas inefables, dulzura de tus brazos Que ciñen mi cintura como divinen lazos. — Bebo en tu voz la música de todos los cantares. — Y en tus labios el néctar de las delicias todas. — Deshojan las estrellas sutiles azahares, ¡Oh! Amada, en el misterio de nuestras dulces bodas, — Los astros envidiosos nos miran desde el cielo.

60 CARLOS ORTIZ

— ha, noche nos protege con su impaipaMe velo. La noche es buena amiga. Hay un secreto halago

Y una extraña poesía en su infinita calma, — ^Los cisnes nos escuchan.

— ^Los cisnes sobre el lago Se agitan como amores en la sombra de un alma. Asómate a mi alma, y en sus aguas tranquilas Verás pasar amores', cual cisnes del de^o, Bañados en la lumbre de tus hondas pupilas.. — Me asomo a tus miradas; sólo la noche veo.

— ¿No ves allá, en el lago, la larga cabellera De un sauce que se inclina con languidez sombría? También mi alma es un lago, y en su negra ribera Lloraba el triste sauce de la melancolía. Pero entonces llegaste, divina primavera,

Y surcaron mi alma, cuál cisnes, los amores,

Y el sauce que lloraba sombrío en la ribera Se pobló de murmullos y alegres ruiseñores.

— ^La luna, virgen tímida, ha desplegado un velo Sobre su faz de nieve. — Que tus ojos azules Se vuelvan a los míos; no mires más el cielo. Con ''hilos de la virgen" te haré pálidos' tules.

— La luna se ha ceñido la aureola de tristeza Que se ciñen los astros. — Vuelve a mí. Tu cabeza Reclina en el regazo de mi pecho robusto,

Y sostendrán tu cuerpo como lui frágil arbusto, j\Iis brazos que conocen las más grandes fatigas. — rLa luna se ha ceñido, como blanca Madona, Una corona mística. — Con dorada,s espigas Haré para tus sienes una regia corona, Diadema de oro pálido que envidiarán los reyes, Formada con espigas y con "lazos de amor",

Y cuando marehe al paso tranquilo de mis bueyes Serás la blanca reina que ría al labrador.

estío

Raudos pasaron para Ervar los días Como un sueño poblado de visiones Ra>ada«, entre amores y ale^-ías, — Los momentos de amor pasan fugaces — Así llegó el verano,

Y estuvieron de fiesta los gorriones. Ellos que esperan, ávidos rapace«». Ver madurar el suculento grano.

Así lle^fó Diciembre, el primer paje De su di^-ina majestad Estío. Rubio dios que se en\aielve en el ropaje Tejido en el vacío

Con los rayos de fuego de sus soles; Así vino en el hombro de los meses. Adornado de grandes girasoles, Para esparcir topacios en las parras.

Y escuchar en la gloria de las miese« El canto de los giillos y cigarral.

Es amable el buen dios ; va por el mundo Grave a veces, a veces, iracundo. Sembrando a manos llenas polvo de oro, Polvo de un rubio pálido. Átomos de destellos Que Se deshacen en el aire cálido,

Y caen, mágica lluvia de un tesoro Luminoso, en los llanos y en los valles; Con él empolva el trigo sus cabellos Cnmn niin duquesita de Vei'salles.

64 CARLOS ORTIZ

Es amable el buen dios; pero las flores Le temen, porque saben que .sediento Bebe ansioso las fuentes de frescura,

Y conocen sus bárbaros amores,

Y saben que su aliento

Pronto agosta la poética hermosura, Aja pronto los pétalos sedeños De las bellas corolas".

La llanura Cuando esparce la siesta sus beleños, Siente el sopor de las regiones áridas; Pero madura el trigo en sus casillas,

Y las frutas encienden sus mejillas, ]\Tientras pasan enjambres de cantáridas.

Y teme y ama el labrador sus flechas De fuego, cuando ordena las gavillas Para formar las parvas, Anchas de base y en la cima estrechas,

Y que se extienden como inmensas lanas De donde han de surgir ricas cosechas.

LA CORONA

El carnpo desarrolla su vasto panorama Donde cálidas brisas perezosas circulan; Ervar y Ella, caminan envueltos en la llama Del Sol, por los trigales que lentamente ondulan.

El mira los sembrados que cantan su conquista,

Y contempla su amada, que es su ensueño de artista.

— " ¡ Olí ! i Amada ! que la estrella del labi*ador nos guío. .Mira ya las espigas doblegadas al poso De los maduros granas." (A su lado sonríe La boca que en su boca hizo temblar el beso.")

*'/,No ves cómo la tierra me cumple sus promesas?

Y tú cumples lajt vuyas euanJo mis labios l)t'sas. Los trigales se extienden como un miraje de oro,

Y a mi lado te yergues como una flor divina ; Los trigos, ya maduros, me brindan su tesoro,

Y til boca me ofrece su música argentina.

Y así mi vida canta:

Estrellada de amores tu alma se ilumina,

Y cargada de finitos se inclina cada planta.

*'Y los trigos se miran en tus pupilas hondas,

Y tú estampas en ellos tus luminosos rastros,

Y cuando tus pupilas copian las mieses blondas Parece que en tus ojos se deshicieran astros.

''Que siempre se reflejen en tus dulces miradas Mis dichas.*'

68 CARLOS ORTIZ

— Poco duran las visiones doradas: El oro de las tardes muere en la noche fría. — Y el oro de la aurora muere en la luz del día. Amor al tierno amante le ha brindado sus goces,

Y al labrador los suyos la tierra y el estío. Maíáana sobre el trigo fulgurarán las hoces Cuando la luz primera boba el fresco rocío.

*' Mañana., desde un trono que te haré con gavilla?, Como una blanca reina que presencia un combate, Verás el noble esfuerzo del segador que abate Los trigos, mientras vuelan sns canciones sencillas.

''Mañana es nuestra fiesta; verás cómo abandona En nuestras fuertes manos la tierra su tesoro;

Y tú serás la reina, y te haré una corona Para que imperes bella sobre tu trono de oro."

• — Yo no soy una reina; yo soy sólo un misterio. — Tú imperas en las almas y mi vida es tu imperio. ¡ Oh ! ven y en el ra^rojo que canta mis fatigas, Buscaré las espigas más grandes, las espigas Más rubias, y con ellas tejeré la diadema Que realzará en tu frente tu belleza suprema.

Teje Ervar la corona, y teje sus canciones El pájaro que pasa en busca de su nido ; Así teje la vida guirnaldas de ilusiones,

Y así teje la muerte sus guirnaldas de olvido.

— ^Mira, ya toma forma; lentamente se enarca: Es el anillo de oro de nuestros esponsales." (Para la frente augusta del altivo monarca Aj3Í tejen los héroes las diadem'as reales.)

EL POEMA DK LAS MÍESE8 69

— ¡Ya se unen los extremas! (La YÍda así eslabona Las penas, y fabrica sus nimbos de tris-teza Sobre las frentes pálidas.) — Inclina tu cabeza.

Y en las amadas sienes coloca ta corona

Como un soberbio símbolo de orgullo y de grandeza.

— Te asemejas a un astro con su luciente aureola. ¿Recuerdas la diadema que se ciñó la luna Cuando nuestras dos abnas eran un alma Fola ? — Borróse la diadema, y se extendió una bruna Nube, como un sudario sobre una virgen muerta. Un sudario formado con tenebrosos velos,

Y la luna velada bajó a la tumba abierta

Allá donde los campos se juntan con lo.> cielos.

— No pienses en las tum.bas donde caen las estrellas.

— ¡Oh] no; pienso en las dichas que se alejan con ellas.

Callaron. Del espacio la^s anchas soledades Una nube cruzaba, con un vuelo sombrío, Cual la vela arrancada por recias tempestades A jirones del mástil crujiente de un navio.

LA BORRASCA

Ervar reposa En su pobre cabana,

Y siiente el tibio cuerpo de su espora Que a su lado palpita

Como una flor extraña

Caída de los fúlgidos jardines

Que oonst^lan la bóveda infinita.

Ervar duerme, y no ha visto en los confines Lejanos, alpro informe que se a.irita ; Algo grande que avanza Al iTido empuje de una fuerza ciega. Algo siniestro y lóbrego que llega ^ual la traición que mata una esperanza.

Cual la ti-aición que así cernía su vuelo Sobre la frente pálida de Cristo.

Duerme tranquilo En^ar; e.s que no ha visto Crecer la blanca nube, y ser inmensa Cortina desplegada bajo el cielo;

Y después la tiniebla ser más densa,

Y cual sombrío pabellón de duelo Flotar las nubes sobre el negro dombo Del templo de la Noche ; es que no ha oído El cóncavo rimbombo

De los truenos que anuncian la bravia Tempestad, y no ha visto el aire ardiente En solemne reposo, bajo el combo Firmamento, incubando una sombría

74 CARLOS ORTIZ

Borrasca, y allá lejos, Los relámpagos ígneos, de reflejos Lívidos, como espadas de querubes, Abrir anchas heridas luminosas En las frías entrañas de las nubes.

Es el hondo desastre que fennenta. Se agita el aire, el huracán revienta, Raudas pasan las nubes tempestuosas Por alfanjes de fuego perseguidas,

Y en la tierra sedienta

Cae la sangre que vierten sus heridas.

Habla el trueno ; su voz en el ambiente Se dilata, y higubre retumba, Como si alguien golpeara largamente Las puertas de una tumba.

Abulia el huracán ; la selva cruje ; Los árboles recibeai el ultraje Del viento, y se doblegan a su empuje. Cual si quisieran, pobres penitent^es, Besar el polvo con sus altas frentes Para calmar la tempestad salvaje.

Ervar despierta, y oye cómo ruge La voz de los airados elementos;

Y siente cómo tiembla su cabana Construida sobre débiles cimientos;

Y oye el repiqueteo formidable Del granizo que asóla la campaña.

Así, sobre la frente del impío, En su sagrado enojo, inexorable Debe rugir la cólera suprema.

EL POEMA DE LAS MIESES 75

Ervar mira; un relámpago sombrío Ilmnina su lecho, ya vacío;

Y sobre él, ve en pedazos la diadema Que hizo con la.s primicias del estío.

Y llama ; el nombre de su amada nombra ; Escinitan sus miradas El seno de la sombra. Sólo mira el relámpago sangriento, Sólo escucha burlonas carcajadas En el fragor del viento.

¿Quién canta las mentiras de los goces? *'1jos besos son ligeras maripof^as; "Vuelan de los capullos ' * De las bocas que se abren como rosas ; "Cuatro alas tienen, hechas con la seda "Armoniosa de todos los arrullos, "Pero, ¡ay! huyen veloces "Y el po'lvo de sus alas sólo queda".

Oye Ervar en el \'iento extrañas voces Que cantan las mentiras de los goces.

Hunde en la noche del terror sus ojos,

Y mira en lontananza Deshechos sus rastrojos.

" — Es la obra de mi fe que se derrumba, "Es la obra de mi amor y mi esperanza "Que cae en los abismos de una tumba.

"Y ella, la blanca ílor de la pradera, "Que vino con la verde primavera "Se ha ido en la borrasca del estío ;

76 CARLOS ORTIZ

''Sólo dejó su aroma entre mis brazos, '*Y allí, donde bebió el aliento mío, ''Una frágil <x>rona hedha pedazos,

"Y es la sola verdad de esta mentira ''

La tempestad rugiendo se retira ; El huracán detiene fatigadas Sus grandes alas por el ancbo vuelo;

Y Ervar clava en las nubes sus mitradas

Y queda inmóvil desafiando el cielo.

ROMANZA DE LA ESTRELLA

La estrella de las tardes fulgura entre las rosas Deshojadas al paso de seda de la Nodie Por dedos invisibles, por manos misteriosas; La estrella de las tardes florece como el broche De un Iotas sobre un lago de linfas Inminosar..

Velada de (misterio la tierra se adoimece : Es el titán que afloja sus fatigados músculos;

Y mientra^ allá arriba la luz se desvanece Solloza sus tristezas la voz de los crepúsculos.

Ervar, mustio, sombrío- vaga por sus rastrojos Donde tan sólo quedan; inútiles deopojos De todos sus afanes, de toda su esperanza; Donde hizo su cosecha de negros desengaños ; Encorvado, maldito, penosamente avanza Como un viejo que inclina la nieve de cien años.

Vio el templo de sus dichas convertirse en escombros,

Y lleva, como llevan los míseros proscritos,

Un mundo de pesares gravitando en sus hombros.

Así llevan vencidas las pálidas Histerias Su carga de nastalgias y de amores marchitas ; Así llevan los parias su carga de miserias; Desterrados del cielo de los dulces amores Asi van en las noches los ángeles malditos Jadeantes bajo el peso de todos los dolores.

80 CARLOS ORTIZ

Allá, sobre el ocaso, la blanca Yenus arde Envuelta por la púrpura gloriosa de la larde ; Parece la enigmática mirada de una esfinge Sentada en los umbrales del espacio inünito Custodiando el secreto del más allá.

— Mi grito, Dice Ervar, oye Vesper; la candidez que finge Tu dis'co, encierra burlas, crueles ironías; ¡ Qué plácida sonries sobre las penas mías !

"Tú que vertiste otrora tus dulces resplandores Sobre dos tiernos seres que amaban los amores,

Y los viste embriagados en sus caricias locas,

Y oiste las promesas brotadas de dos bocas, Hoy alumbras tan sólo las tenebrosas laiinaa De mis sueños, y el largo camino solitario Por donde desgarrada por siangr lentas espinas Va mi alma moribunda subiendo a su calvario.

' ' i Qué bella resplandeces ! — ^te veo en las penumbras Como un rudo sarcasmo reir en mi tristeza; ¡Apaga tus fulgores si solamente alumbra ÜJI pálido cadáver de un sueño de Belleza!

Y sobre ese cadáver, como una burla brillas,

Y cae coono un sudario, la noche de mi duelo." — ' ' Soy un faro prendido en un mar sin orillas Para guiar las videis que naufragan, al cielo. Yo recojo el perfume de las flores que mueren,

Y el alma de las vírgenes que los otoños hieren. Cuando la noche vela los campos de batalla Me clavan los heridos sus ojos entreabiertos;

Un beso hay en sus ojos, y cuando el mundo calla Yo devuelvo a las novias el beso de sus muertos. "

EL POEMA DE LAS MIESES 81

"Tu amada fué un espíritu y flota en mis fulgores,

Y cuando yo ilumino tu triste soledad

Te envía ella en mis rayos sus sonrisas y amores,

Y sus hondas miradas de luz y eternidad". . .

Se hundió la blanca Venus en la tumba del día ; El velo de la bruma borró sus vagos rastros; Ervar siguió en la sombra, y la noche gemía Como un divino mártir herido por los astros.

CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA

EL AHCO IRIS

una tarde, en Ostende, en la ribera. Vagábamos soñando yo y Lucía, Mi amada de una breve primavera], De ojos claros y rubia cabellera Que una flor hecha carne parecía .

El sol, ya cerca del ocaso, enviaba Entre dos nubes sus dorados rayos; El mar en la ribera sollozaba,

Y era un viejo titán que suspiraba Junto a mi dulce amada sus desmayos.

— Oye, Lucía : el mar vencido extiende Junto a tus pies, su espuma y sus rumores. Alzó al cielo los ojos. — Hacia Ostende, Mira, me dijo, el arco iris tiende Su magnífica faja de colores. —

Sumergidos los dos en el mutismo De dos almas que piensan en lo mismo, Que piensan en sus dichas o en su duelo, ]\Iirábamos el arco sobre el cielo Como un puente de luz sobre un abismo .

De pronto ella miróme. Silencioso Yo vi en sus ojos plácidos, serenos. Flotar como un ensueño misterioso;

Y me dijo : — En las almas de los buenos El amor tiende su arco luminoso.

88 CARLOS ORTIZ

— Con tu amor mi existencia tii iluminas,

Y tu amor en mi alma, mundo en ruinas, Forma un iris de mágicos reflejos.

— Mira el arco, parece serpentinas Que se enviaran dos almas desde lejos.

''Sus fajas, cual las cuerdas de las liras. Son siete. — Contemplándolo semejas Mi ilusión atraída por mentiras. Son más bellas las curvas de tus cejas Que la curva del arco que así miras.

"Y la ourva gentil de tus caderas,

Y el arco palpitante de tus senos,

Y tus grandes ojeras, tus ojeras,

Dos valles donde duennen mis quim-eras Bajo dos soles de poesía llenos;

''Tus ojeras, dos arcos de delicias Tendidos sobre cielos de poetas; Tus divinas ojeras, nobleis vetas Que el amor ha formado con caricias

Y teñido con jugo de violetas;

"Dos valles voluptuosos donde crecen Flores azules de in^dsibles broches,

Y que son tus pecados que florecen

Y cantan los secretos de esas noches

En que todas tus fibras se estremecen."

— ^Mira el arco; se borran sus colores. — Es que el sol ya le niega sus fulgores. ¿No ves cómo desciende las laderas La noche, que da vida a los amores, La sombra que da luz a tus ojeras ? —

CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA 89

El sol con la tristeza de un vencido, Hundió en el mar su cabellera rubia: La noche se acercaba, — ¡oh! noche ¡olvido! — Solemne y negra como virgen nubia. Constelado de estrellas su. vestido.

LA PRINCESITA

(Catulle Mendés)

La Princesita de tez de nieve Como los lirios, blondos cabellos

De oro y de luz; Frente de mármol y boca breve, y gandes ojos, grandes y bellos,

Y el alma azul;

La Princesita, gentil y apuesta, Habla y al viento la melodía

Da de su voz; Ella pregunta y le contenta Vestido de oro y de pedrería

Joven Sefior;

Joven y esbelto: lleva en la espalda Carcaj v flecha, como flii fuera

Real cazador: Ca vendo en bucles, forma guirnalda De oro. en su frente, su cabellera :

Suave es su voz.

La Princesita pregunta: — El Sueño. ¿Decinne puedes en donde habita.

Joven Señor? Y él le responde: — Sí, dulce dueño De ojos azules, sí Princesita: En mi m-ansión.

Ella sonríe, sus manos junta.

Sus blancas manos y hacia él avanza

Con suavidad; — ¿Y la esperanza? — Luego pregunta. El le responde: — ¿Y la Esperanza?

También allá.

— Cuánto celebro, Dios de Justicia, Esta dichosa, feliz y extrema

Casualidad. — ¿Y la morada de la Delicia? ' — También mi casa. Y la Suprema

Felicidad,

Ella ponríe. Vf^^o él 5m"='T)ira. La Princesita dice asombrada:

— Joven Señor: í Cuánto me asombra, cuánto me admira ! Será sin duda vuActra morada

Regia mansión.

Desmiéfi wA^ triste, mirando al í?u«*lo. Dice: — La Alarma, Señor, do habita

Quiero saber. — /.Sólo la Alarm.a? — ^Y el hondo Duelo, — ^Pues es muy fácih joh! Princesita :

Allí también.

— ¿Y la Nostalgia tríate y somhría Que compañera es inseparable

Del cruel Dolor? ¿Y la profunda Melancolía? — Allí y con ellag la irremediable Desolación.

CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA

La Princesita callada y miL^tia Qi''^^la un imtantc : de.ípnés agrega:

— Señor, deeid: ¿También en ella mora la Angustia? — Sí, blanca niña ; la Rabia ciega

También allí.

— ¿ Quién soi¿ ? — pregunta ; sus grandes ojos, Grandes y aziile?. muestran que es honda

Su admiración. ¿Quién soy. Princesa de labios rojos? Nada os admire. Pi'incesa blonda:

¡ Soy el Amor !

1895.

EXCELSA

Pasa la bella donna 6 par che sogna.

Con majestad olímpica de diosa Pasa la i^eina, la del bu3to regio; La que lleva en su frente esplendorosa La palidez mannórea de los nardos,

Y en su voz argentina el suave ai-pegio Que surge de las arpas de las bardos.

Pasa ondulante, sideral, esbelta.

Y todo anta su paso se perfuma ; Ella es la Venus Afixxlita, envuelta

No en el niveo ropaje

•De la pálida espuma,

Sino en la seda de crujiente traje.

No ''el flamenco nadando en la laguna": Es el cisne que cruza por el lago A los tenues fulgores de la luna; Es la visión que en el ensueño vago, En los ensueños de la mente, flota; Es ende<íha, es arrullo, es melodía,

Es la trémula nota,

Es la suave armonía Que do las cuerdas de la lira brota; Es música, es efluvio y es destello, Rayo de luz, perfume de las flores, Es ci'eación de lo artístico y lo bello, Ee el ritmo triunfal de los amores I

lOO Carlos orti2

Ella es la reina blonda, inspiradora De los líricos cantos del poeta; Es la niaga que hecliiza y que fulgura, La maga seductora Que las almas sujeta Al supremo poder de su hermosura.

Subjniga a su poder los corazones; Hace soñar, oomo la rubia Amira De las "Hojas al viento". Hace el'evar el alma a otras regiones, i Excelsa] ¡Excelsa! Su hermosura inspira Hace brotar en mágicas canciones ¡Trovas de amor de la vibrante lira!

CROMO

El semblante de diofia; la mirada Profunda, i>enetrant€, Con más luz y más fuego que en el airtro Que arriba, entre las sombras, centellea

Atravesando errante De los cielos la bóveda azulada: Ojos rasgados, frente de alabastro Donde parece fulgurar la idea.

Sus mejillas colora Ese tinte sutil de la eglantina Cuando en ^i seno virgen languidece; Esc rosado suave de la aurora Que al ñilgor de un incendio se parece ; Cual las alas de parda golondrina

Las pestañas se extienden,

Y las miradas velan De sus ojos magníficos que rielan Como luceros que en la noche esplenden

Surge como una mágica armonía, Como sublime canto, Su palabra, celeste melodía Que sale de su boca muy pequeña; Arroba los sentidos con su encanto,

Y al verla se diría Que con cosas del cielo sólo sueña.

En sus ojos hay fuego, En su palabra arpegios ignorados;

104 CARLOS ORTIZ

Toda la perfección del a.rte griego Se encuentra en su escultórica ^ca.beza Llena de luz, de sombras, y poesía;

Sus cabellos ondeados Son negros cual la noche de mi duelo,

Y es tanta su belleza Que el pintor de las vírgenes no habría Titubeado en tomarla de modelo,

Y al ver en su semblante. De infantil inocencia rebozante. Tanto candor angélico pintado ;

Al mirar fascinado La belleza reír en sus mejillas. Se piensa ante su espléndida hermosura Arrojarse a sus plantas de rodillas

Diciendo embelesado : "¡Salve, llena de gracia, virgen pura!"

NOCTURNO

En alta noche yo medito. El viento Solloza una canción. El firmamento Florecido do esti-ellas se dilata; Tiende su ^'uelo audaz el pensamiento

Y el raudal del ensueño 5?e desata.

La Pampa se adormece. En el cielo cada a^tro se estremece

Y tiembla en las tinieblas infinitas; Vierte su luz la luna y me parece

Que al^ien deshoja blancas mar^ritas.

En su azul palidez las nebulosas Se dirían praderas luminosas De lirios y jazmines, Donde revuelan niveas maripoí^as, Donde juegan aleares serafines.

Y me brinda la noche sus hala^ros. Las flores de la pampa sus fragancias,

Y tus pupilas de destellos vaíros

Guían mi alma al través de la^ distancias Como la estrella de los reyes magos.

HAZ DE FLORES

Suzón, cantan las aves; ¡despierta! ya su brocho Abre la Aurora, rosa de ensueño y poesía; Como un inmenso párpado de tiniebla, la Noche Se aleja, y resplandece la pupila del día.

Despierta, y que tus párpados se replieguen vencidos Por la luz bajo ei arco somurio üe tus cejao; iLny ñinmos en ios bosques, gorjeos en los nidos í. en torno de la¿ llores revuelan ias abejas.

Despierta, hoy es tu día; mi ié])ii homenaje ie iruigo, y e6 pur t^ü que a tu vcxic<tiia ihijj^o ; bon iiuies que en ei grato niLsíeriu Ael loiiaje i>u;>que para uejaiie ñus beous en un ramu.

Suzón, dicen que dejas que todo amor sucumba. ¿Por qué viven tan poco las rosas de tus huertos? buzón, ¿es cierto/, aicen que es tu pecuo una tumba Que guarda los despojos de tus amores muertos.

Recibe este haz de flores, que suave aroma exhala; Son jazmines tan blancos como tii blanca sien; Son pálidos miosotis y rosas do Bengala, Y lirios, albos príncipes del lírico Ivubén.

Y junto a una azucena, virgen de los vergeles, Una grácil gardenia se estremece conftisa ; Y en medio de estas ñores revientan los claveles. Como lo8 rojos versos de una sangrienta musa.

112 CARLOS ORTiZ

Hallé en lo inás ooulto de las selvas secretas, Baja las ¡frescas sombras de un sanee, este mngnet, Y flota en sus perfumes rival de las violetas Un ensueño de Guido y el alma de Musset.

La aurora entre armonías derrama sus fulgores; El lúgubre palacio de sombras se derrumba; Despierta, hoy es tu día : Suzón, toma estas ñores, Ponías sobre tu pecho como sobre una tuníba.

LAGREVIAS

(de albert samain)

Lágrimas de las flores suspendidas, Lágrimas de las fuentes escondidas Entre rocas y musgos temblorosos;

Lágrimas del Otoño desprendidas. Lágrimas de los ruemos, esparcidas En los inmensos bosques dolorosos;

Lágrimas de las campanas latinas. Hermanáis Carmelitas, Fnldensinas. . Acento de las torres en fervor:

rOh! lágrimas. caJiciones argentinas De las dolientes fuentes florentinas Que en los jardines cantan su dolor:

Lágrimas de las noches: desmayantes Lágrimas de las flautas sollozante^í En el azul del parque sin rumores ;

Lágrimas de los párpados temblantes, ¡Oh! lágrimas de amor de ojos amantes Que con lágrimas riegan sus amores;

Gotas de éxtasis, llanto delicioso, ¡Caed de las noches! ¡Caed de los ojos! ¡Caed de\

las flores!

116 CARLOS ORTIZ

Y tú, corazón mío, bajo el río armonioso,

Y rico con el vano

Y agotado tesoro de las vacías urnas,

Lleva un gran sueño triste, un gran sueño al Océano De las lánguidas tardes taciturnas.

TARDE

(dk albert samain)

El ángel de Iíls tardes acaricia la.s ñores. . . La Dama de los Sueños su canción armoniza,

Y el cielo, donde A día ya ;i.l íiii se vsatiii¿.u. Prolonga una agonía di\'ina de colores.

El ángel de las tardes sonríe dulcemente. . . Las vírgenes aspiran ^1 amor de las brisas,

Y en las flores, y sobre las frentes indecisas Palideces serenas nieva lentamente.

En el jardín las rosas se inclinan. Sollozante

La tris-te voz de Schuman por el espacio errante,

Traduce la honda queja de un dolor sin consuelo.

El alma de alprún niño muy dulce sube al cielo.. . Alma mía, i)ou una señal al libro de horas, Va a recoger el ángel el sueño que tú lloras.

GEORGES KODENEACH

(de LEOPOLDO dLvz)

Tuvo la tembloros'a, sollozante arniouía Oculta en lo más hondo del ser y de las cosas; Flotaban los perfumes, en su alma, de las rasas, De rosas-té, soñando en su lenta agK>nía.

Como lejana música de flautas, sii poesía Venía a acariciarnos con rimas misteriosas : Diadema de suspiros sobre labios de rosas. Perfume que en el aire deslíe su ambrosía.

La luna, entre sus lágrimas, dulce y blanca Julieta Con sus azules ojos buscará su Poeta Allá, en el agua triste, sobre el canal desierto: ¡En vano!. . . al ver que nadie responde a su martirio Y que en silencio pasan los cisnes, como un lirio Deshojará su llanto sobre el querido muerto!

LA FLECHA, EL ALA, Y EL CORAZÓN (Cattlle Mendés)

Tuvo una apuesta mi hechicera amiga,

La de gentil belleza;

Es una apuesta extraña Que la ingi-ata ganó. Nada mitiga Desde entonces la fúnebre tristeza Que tenaz por doquiera me acompaña.

Un arquero decía : — En est« mundo Nada existe más raudo que mi flecha :

En menos de un segundo Atraviesa el espacio velozmente

Y al blanco llega rápida, derecha.

¿ Hay algo, por ventura más ligero ? — Así dijo el arquero

Y mi. amiga soni*ióse alegremente.

Dijo una golondrina: — Bajo el cielo, Bajo ese cielo de un azul profundo

Donde el astro fulgura Brillante, en\'nelto en luminosas galas,

Nada iguala a mi vuelo, A? vuelo raudo de mis negras alas Que atra^^e5:an en menos de nn segundo De un extremo hasta otro la llanura. —

Así repuso el ave,

Y alzó los hombros desdeñosa, grave, Mi amiga,, la de espléndida hermosura.

— Pues qué ! dijo el arquero, ¿Algo a mi flecha en rapidez se iguala? ¿Qué existe que mi flecha más ligero?

128 ' CARLOS ORTIZ

— Pues qué! También la golondrina agrega, ¿Algo existe más rápido que el ala Que con el viento a su destino llega? — Sí, respondió mi amiga sonriente, Mi dulce ajiiiga — ^^eño del poeta — Hay algo más veloz que la saeta. Más rápido que el ala en el ambiente. Apostaron. Partió rauda la flecha,

Partió rápida el ala,

Veloz como la bala, Veloz eomo los vientos silbadores Que en las ramas entonan triste endecha; Pero antes que la flecha vibradora

El blanco hubiese herido

Gon lúgubre silbido, Y mucho antes que el ala voladora Rozara sin esfuerzo ni fatiga De la pradera las fragantes flores. El corazón de mi hechicera amiga Volado había en pos de otros amores.

QUISIERA

Quisiera con mis vei'sos tejerte ima diadema Que corone armoniosa tus iiiáorícos hechizos.

Y así con las estrofas temblantes de un píjcma Sujetar en tus sienes el oro de tus rizos.

Sueño con vei-sos vagos, sueño con versos suaves. Con vej'sos otoñales, con vei^sos misteriosos Como el rumor del a^a y el canto de las aves, C/on versos en que el alma se deshoje exi sollozos.

Con versos impalpables cojno el son y la nube. Con versos dolorosos como el alma de Ofelia, Tenues, como el incienso que en los altares sube, Que tengan el mi^rio de tu sonrisa, Amelia.

Sueño con versos tristes, de rimas silenciosas: Sueño con versos dulces, de lánguida armonía. Con versos moribundos, como marchitas rosas Que ^'iel'ten su perfume en su lenta agonía

Y así, con esos versos tejerte una diadema Que corone armoniosa tus mágicos heehizos:

Y aáí con esos versos dolientes de un poema Sujetar en tus sienes el oro de tus rizos ...

Sueño con versos tristes, con \'ersos silenciosos. Con versos en que el alma ^ deshoje en sollozos.

LOS CLAV^ELES ROJOS

Es como una obsesión. Aun me persi^e La púrpura saní^nenta de esa.s flores Que enmjecían tu eoi-piño blanco. Allá en aquella fiesta, aquella noche. Es cx>mo una obsesión !— Esos claveles^ En guirnalda prendidos, en tu noble Peeho, — claveles rojos cual la saníryc Que brota de una herida en cuerpo .ioven.- Cóuio florecen, ay! en mis recuerdos: Cómo entreabren sus purpúreos broches En mis noches, más tristes que mis penas, En mis penas, máü negras que mis noches!

Es como una obsesión !— En mis delirios Dejo que el río del recuerdo brote,

Y corra fecundando el alma estéril.— Qué es un limo el recuerdo si es de goce,

Y coiTa fecundando el alma enferma: — Oh. recuerdo!— Ya el alma, ya la pobre TTija de las nostalgia-s te .saluda!

La enfenna de tristezas, te conoce! Oh! alma que sabes de placeres tnstes, AAma que sabes del dolor de un goce!

Ks como una obsesión !— Esos claveles, Rojas ascuas caídas de los orbes. Hieren la bruma intensa del pa-sado Con el rojo puñal do sus colores:^ ^ Y los veo manchando el puro armiño De tu traje, muy juntos a tu escote. En el tibio regazo de tu pecho,

136 CARLOS ORTIZ

Sobre tu corazón de virgen, sobre Tu virgen corazón que ardiente late En sil nido de ensueños e ilusiones;

Y así, sobi^e tu pecho, esos capullos Se diría que fuesen tus amores,

Que mancharon de pronto tu corpino Con la roja explosión de sus colores!

Cómo sollozan todos los recuerdos Cuando canta el pasado sus canciones! — Aun veo palpitantes en tu pecho Como ascuas encendidas, esos broches ;

Y tu rostro más blanco que los lirios Junto al mío, tostado eomo el bronce; Tostado por los vientos de la pampa

Y los rayos: de fuego de cien soles; Toda tu dulce timidez de margen Junto a mi ruda fortaleza de hombre, — Tal he visto ^ñar las azucenas

Bajo la augusta majestad de un roble, —

Evoco aquellas horas y el momento

En que alguien pronunció tu dulce nombre,

Mientras brotaba de tu breve boca

Una sonrisa como un blando acorde.

Cuando "váste en mis ojos algo extraño:

Una mirada llena de iieproches.

En que todos mis celos florecían

Como claveles de sangrientos broches'

EL OTOS O Y LAS VIRGExVES

Velada de misterio lai tarde de.scendía,

Las prímeras estrellas se abrían misteriosas,

Y como un lotus de oro, Venus resplandecía, Como un lotus de onsueño sobre un la^o do ronas. El alma del Otoño «cernía en la alamioda.

Y hus hojas e-aían con un loimor de seda.

Tx)s arbolas temblaban besados por las brisas; Tres vírgenes envueltas en la penumbra de oro Cruzaban la alameda cual vírgenes poetisas Busxiando los secretos de alíJrún ritmo sonoro. Tres vírgenes pasaban: — Susana, Esther. Zulema,—

Y al nimor de sils pasos sollozaba un poema.

Susania, alba azucena: sus flexibles cabellos Son hebras de oro pálido como la mies madura : Les ojos de Zulema son de ardientes destellos,

Y Esther tiene del cisiie la olímpica blancura,

Y en gu cabeza artística, que Dios ha mode'lado, Le forman sus cabellos un casco perfumado.

Cruzaban bajo el arco sombrío del follaje, Herido por las flechas traidoras del Otoño. Viajero melancólico que va en eterno viaje Cantando la agonía del último retoño. Las vírgencíí pasaban como un giTipo de Diosas Mezclando con sus besos sus risas harmorniosas.

Sus risas y sus besos! Rimas del himno mácrico Que en estrofas ardientes nos canta la Alecrvía. . . Sus besos y sus risas ! . . . Pero el Otoño t rágico

140 CARLOS ORTIZ

Entre los mudo^ árboles lloraba una Elegía. Pasaban ... y se unían en líricos excesos Los cantos de mi lira y el rumor de sus besos.

Los árboles vibraban pulsados por la brisa . . . Tres vírgenes envueltas en la penumbra de oro Cruzaban la alameda como un divino coro, Como un coro di\áno de vírgenes poetisas. Cruzaban la arboleda por las sendas desiertas Y sus rizos sentían caer las hojas muertas!

EL ULTIMO PExNSAMIENTO DE WEBER (de B.vnville)

Noches de estrella.^,

Tibí as y bellas, Bajo tus limpias cielof? abierto,

Mi triste lira

Que hondo suspira, Sueña en los pobres amores muertos.

Ya la serena melancolía Vive en mi pecho con los dolore??, Y yo oigo tu alma, oh ! amada mía ! Que pasa trémula sobre las flores.

Noches de estrellas,

Tibias y bellas, Bajo tus limpios cielos abiertoB,

I^Ii triste lira

Que hondo suspira, Llora los pobres amores muertos.

Cuando en las sombras de la arboleda Sueño mis sueños de solitario, Se acerca tu alma que arrastra, queda. La blanca seda de su sudario.

Noches de estrellas,

Tibias y bellas. Bajo tus limpios cielus abiei-tos,

Mi triste lira

Que hondo su»spira. Sueña en los pobi-es amores muertos.

144 CARLOS ORT12

Veo en la fuente tos grandes ojos

Y tus miradas dulces, tranquilas; Son estaá rosas tus labios rojos,

Y esas esti^Uas son tus pupilas.

Noches de estrellas,

Tibias y bellas, Bajo tus grandes cielos abiertos,

]\Ii triste lira

Que hondo siLspira, Sueña en los pobres amores muertos . .

¿Dónde te encuentras Ligeia triste, Pálida musa- de los dolores? ¿Por qué a mi labio sediento diste El filtro mágico de los amores?

Fúnebre llanto la nube espesa Llora en el mustio cielo sombrío: Oh! noche, inúndame con tu tristeza! Abrid en mi alma, flores de hastío!

EL VINO DE LOS AMANTES (Baudelaibb)

El espacio está espléndido y sereno! Sin espuelas, sin látigo, sin freno, Partamos a caballo sobre el vino Para un cielo de luz, puro y divino.

Cual dos ángeles blancos que tortura Una ardiente, implacable calentura. Entre el azul cristal de la mañana Raudos sigamos la visión lejana.

Mecidos sobre el ala, muellemente,

Del veloz torbellino inteligente,

En un delirio igual, delirio hermoso.

Flotando juntos de la dicha dueños. Huiremos, alma mía, sin reposo Al azrul paraíso de mis supñoR!

CANCIÓN DEL RAYO

Relámpago ipnco, rayo que en un zi^^-za^ violento Fustigas los hipóf^rifos en que cabaljni el viento; Relámpago igneo, eorvo vengador de íjiierul>es Que abrej? lierida.s rojas en las rolxldcs nubes; Tú, qu-e de las tinieblas rasgando los eendales, Traza.s en el espaeio mortíferas señales, Señales fulgurantes de los genios malignos, Que hacen entre las sombras kUís luminosos signos.

Y brillan con sdniestTO fulgor, mientras Las pampas Parece que soñaran cuando ese signo estampas. . . Rayo Ígneo, cuando avanzan los negros escuadrones De las tormentas y huyen las trágicas legiones, Parece8 el rebenque de algún di-agón en guerra Que azota las l)orra<?ca.s para aplastar la tierra!

Sí, lívido reláni])ago: yo amo tu luz intensa Fax esíLs noches ne^^^ras, cuando la pampa piensa, Huérfana de alegrías y huérfana de flores, — Que sueña en bUs tristezas y piensa en sus dolores ;- Amo tu luz flODibría, amo tu luz intensa Cuando hieres lus flancos de la noche suspensa, Pues se diría al verte rasgar la bruma enonue Que son los pensamientos del alma de lo informe.

Yo amo el fi-agor hondo y horrísono del trueno. Que es voz de ix^belión, que es un aoento lleno De trágica amenaza. — ¡ Uh, voz de iras eternas, Que nace en las montafuis y muere en las caveniasl —

Y que al traer el eco de los negros abismos. Parece que anunciara los grandes cataclismos

152 CARLOS ORTIZ

Y esa es tu voz, oh, myo ! La amo porque una noche Mientras ella dormía como un divino broche,

Su hermasa cabecita muy lejos de mi pecho, Vibró tu voz robusta que hizo temblar el techo; El débil y ligero techo de mi cabana Crujió al impuko ciego de alguna fuerza extraña!. . .

Muy lejos de má pecho su espléndida cabeza Reclinada en los brazos soñaba en su tristeza . . . ¿Por qué estaba enojada? — Oh! mi dulce tesoro! Creyó ella en mis mentiras, dio crédito a mis bromas Sus senos se agitaban como blancas palomas Que mueven mis alitas para emprender el vuelo. Dormía así. De pronto vibró la voz del cielo. Voz de las grandes cóleras, voz de las iras santas, Que nace en las alturas y muere a nuestras plantas. . El trueaio proseguía, perdiéndose a lo lejos ; La estancia se llenaba de lívidos rene jos.

Ella agitó su cuerpo, abrió sus grandes ojos : Es que la despertaban los celestes enojos. —Qué ruido, qué fulgores, qué horrible pesadilla! — Es el trueno que ruge y es el rayo que brilla. — Tengo teiTor al trueno, protégeme a tu lado! — Aquí, sobre mi pecho descansa, bien aniado 1

Se aproximó a mi cuerpo, sonriéronme sus labias, Miráronme sus ojos, huyeron sus agravian, Se aproximó a mi cueipo con mohin de coqueta, Tal como los ensueñosi al alma del poeta;

Y entonces estallaron en mágicos; excesos KelánipagOf^ de amores con músicas de besos!

LAS FLORES DE MUGUBTTE

— ^fngiiette: pM>r tus flores te cambio mis amores. — j, Acaso tas amores valen más que mis flores? — I No .sabes que en un día la flor se descolora ? — ¿Y acaso el amor puede vivir más de una hora? — Tienes razón: -mi alma es un jardín, bien mío, Lleno de amores — ^rosas de pétalos muy rojoÉí — \ así como a tus flores las mata el sol de estío, ^lucren al sol de fuego de tus ardientes ojos: í^os matan tus miradas. — Pues bien, toma^ mis flores. — Ponías sobre la tumba, ^.íufruette, de mis amores.

EVOCACIÓN

Es la hora en que florecen las rosas de la tarde, Hora de los ensueños y las evocaciones, En que la noble estrella de los recuerdos arde Mientras brotan dolientes las trémulas canciones.

Bajo la augusta sombra que desciende del cielo, IVIi corazón, cansado, te evoca en su tristeza. Vestida, como mi alma, con tu traje de duelo,

Y soñadora en medio de tu oriental belleza.

Te vi mientras cruzabas por las sendas tranquilas, Llenando de armonías las vag-as soledades,

Y a la luz de tus negras y mágicas pupilas Sentí todas mis penas disolverse en bondades.

Y guardo de ese instante, guardo de ese minuto. Del cielo y de tus ojos, de tu voz, de la bri.^a, Del roce de tus labios, de tu ti'aje de luto.

El inefable encanto de una dulce sonrisa.

Ob! sí: guardo de entonces un eco Bileaicioso, Algo como misterio de una visión supreiíia : Surgió de esa sonrisa nacida de un sollozo Oh ! Amada, este sollozo que expira en un poema I

EL RUISEÑOR (Vijilaixe)

Cual bulliciosa banda de tordos soi*prendidos, Hoy sobre mí se abaten mis recuerdos queridos;

Y llegan y se abaten entre el seco follaje Del corazón que mira su láng^uido ramaje En el violeta espejo del agua de las Penas,

Del agua que a su lado solloza y corre apenas ;

Se abaten, y el murmullo que de entre el árbol vuela

Y que una débil brisa que va creciendo, vela,

Se extingue gradualmente; calla la tropa alada

Y al cabo de un instante ya no se escucha nada, Nada más que la voz celebrando la Ausente,

Nada más que la voz — j tan lánguida y doliente ! — Del pájaro que ha sido mi Amor primero un día,

Y que canta lo mismo que entonces, t-xlavía,

Y en el esplendor triste de una solemne luna, Alzándose velada de palideces, una

^Melancólica noche, negra noche de estío Llena de obscuridades y silencio sombrío. Mece sobre el azur, que una brisa desflora, Al árbol que se agita y al pájaro que llora.

MARGARITA

Mon ame est une fleur effeuillée par la vie.

Mi alma florecía como una margarita. Sus hojas eran todas ilusiones en flor; ¿Quién arrancó sus pétalos? ¿Quién la dejó marchita? ¿Quién preínintó a mi alma si la quería o noí

Al viento del olvido voló su última hojita, Con un murmullo triste, más triste que un ''adiós''; Más triste que el suspiro que brota en la infinita Nostalgia de una virgen por un perdido amor.

La vida, la implacable, tus pétalos arranca, ¡Oh! alma, ¡oh! margarita divinamente blanca Que abrías tus hojitas como una estrella en flor;

Para saber si la amas la vida te deshoja: —¿Me quieres? — ¿No me quieres?

Al caer tu postrer hoja Con un rumor sombrío dijo a la vida: *'no".

A LA ELECTA

Al rayo de la luna entre las frondas, Que da un beso de luz a los capullos, ¡Oh! blanca electa de pupilas hondas, Te canta tu poeta sus arrullos.

Yer^uen sus copas candidas los lirios, Príncipes albos del floral imperio. Ven excelsa visión de mis delirios, A las frondas pobladas de mi^tovín

Como senos de vírgenes, sus broches Erig-en las gallardas azucenas. Ven, mi pálida, círtrella de mis nocJicí;, De las noches profundas de mis penas.

Tu regia planta besarán las ñores Para alfombrar con pétalos tus rastros ; Y un nimbo sideral, con sus fulgores Para tus sienes tejerán los astros.

Y erguida ante las trémulas magnolias, Más blanca que sus vírgenes capullos, Oirás cómo te cantan en las folias Las brisas con cólicos murmullos.

I Oh ! cómo envidiarán esas tranquilas Flores del cielo, fúlgidas esferas. El fulgor de tus mágicas pupilas Donde vagan, ensueños y quimeras!

172 CARLOS ORTIZ

Hay rumores de besos en los álamos: Ven, haremos con rosas blanda cuna; ¡ Oh ! el sagrado misterio de los tálamos i A la luz sugestiva de la luna !

Hay en todo un acento que te nombra Con la armonía de una voz secreta; Y me parece ver en cada sombra Deslizarse tu pálida silueta.

Hay suspiros florales: las corolas Parece que palpitan con mis cantos ; Tal vez mis rimas, huérfanas y solas, Les revelan, ¡ oh ! virgen, tus encantos .

Les dirán que má.s fresca que la rosa Que acarician los céfiros traviesos, Es tu pequeña boca voluptuosa, Tibio nido de arrullos y de besos;

Que hay en tu cuerpo de atractivos raros La virgen palidez de la avalancha ; i Oh ! envidia de los mármoles de , Paros, De los divinos mármoles sin mancha;

Que pareces tan pálida y tan mística En^oielta en la corola de algún lirio ; ¡Oh! mi celeste lámpara eucarística ] Encendida en mis noches de martirio!

LA FLOR DE MI ESPERANZA

"¡Adiós!", me dijo, sollozante, mustia Clavando sus pupilas en mis ojos. **¡ Adiós!" le repetí con honda an.^^ustia Y ante sus plantas me postré de hinojos.

Yo quise modular, tierno, a su oído Esa plegaria que el amor levanta ; Solo "¡adiós!" — repetí desfallecido. Me anudaba el sollozo la garganta.

Presto partí: de la gentil doncella Sólo guardo ima dulce remembranza. Presto partí, pero quedó con ella j La- flor de mi ilusión y mi esperanza I

EL OTOÑO Y LOS SÁTIROS (Jeau Moréas)

Ayer hallé en un bosque, donde por las serenas Tardes, suelo ir a veces a soñar con mis penas, Tres sátiros amigos: el uno conducía Saltando, un odre lleno; el se^indo blandía Como imitando a Hércules, fuerte bastón de olivo. Sobre los tristes árboles, sin su verde ropaje, Pues Otoño ha esparcido por tierra su follaje, El lánguido crepúsculo caía pensativo. El sátiro tercero, sentado en una cima Su caramillo rústico a la boca aproxima,

Y surge bajo el roce de sus dedos un son Frenético y suave, voluptuoso y ligero;

Y entonces los dos sátiros, librándose el primero Del odre, y el segundo del pesado bastón. Danzaron y sus patas por las sendas desiertas Una tras otra hacían volar las hojas muertas.

DIJO EL SILFO...

Cuando la noche enciende sus lámparas astrales, Y adorna sus cabellos con rosas siderales, En la hora en que cada alma solloza su poema. Un silfo entre unas flores, me habló de ti, Zulema. — *'Yo la he visto, — así el silfo me dijo misterioso, ''Contemplando el espacio, 3- un suspiro armonioso "Pasó como una música por sus labios risueños: "Tal vez oj'ó la dulce canción de sus ensueños; "Tal vez vibró en su almita la voz de siis quimeras, 'Habiándole de flores, de luz, de primaveras; í^uizá veía muy bellos brillando en lontananza, La estrella de sus dichas y el sol de su esperanza. "Yo penetré en su alma, y su alma bondadosa "Era como una aurora con su ropaje rosa. "¡Oh I su alma es el estuche de todas las ternezas.'

Huyó el silfo, y yo solo seguí con mis tristezas

AGÓN

Agón y Antagon — El canto de Agón y Vitas

¡Ya nada espero!... De mi pecho herido Tíuyo por siempre la apacible calma; \'a nada espero! Mi esperanza ha huido: Huérfana y sola desfallece el alma.

Gimo incesante sin hallar consuelo, Sin tener ya ni dichas, ni ilusiones; . como un himno de gigante duelo Brotan, ¡ay! de mi lira las canciones.

¿Qué se hicieron mis horas de venturas, Mis ensueños de amor y de esperanza? Huyeron, cual ante la noche obscura Banda de luz se aleja en lon,tananza.

Mi existencia es un árido desierto : Sólo abrojos alfombran mi cajnino; Triste es la vida cuando todo ha muerto 1 es el hombre juguete del destino!

¡ No me importa morir ! Harto he luchado Sufriendo de la vida los reveses; Xo me importa morir I Ya he saboreado lU cáliz del dolor hasta las heces!

La tempestad de la existencia agita El alma enferma que morir se siente; V se doblega pálida y marchita Al rudo peso del dolor, la frente !

188 CARLOS ORTIZ

Es mi vida un erial: sombras, enojos; Triste como las lápidas desiertas: ¡Ni aun lágrimas ya quedan a mis ojos Para llorar las ilusiones muertas!

Mas no me rindo en la batalla dura, Mis armas de combate yo no quiebro, Mientras exista, esplendorosa y pura, Una chispa de luz en mi cerebro .

— Y yo mis p,rmas de combate quiebro ¿Por qué si todo me abandona, lidio? Cruza como un fantasma mi cerebro La idea redentora del suicidio.

VIBRACIONES

Ya vierten las estrellas sus fulgores Cintilando del cielo en el confín; Se extinguieron del mundo los rumores, Sólo hablan de esperanzas y de amores Las cuerdas vibradoras de un violín.

Solloza Schubert ; triste melodía Arranca al instrumento un serafín: Con dulce y sin igual melancolía Derraman esa lánguida armonía Las cuerdar, vibradoras de un violín.

Gime Bériot : la ment-e alza su vuelo A la reqrión sin Jímites. sin fin. Escuchando esa música del cielo Que forman, armoniosas, con anhelo, Las cuerdas vibradoras de un violín.

En armonía magistral, excelsa. Dice Wagncr las nupcias de Lohengrin,

Y ora traducen los amores de Elsa,

O cantan las hazañas de algún Welsa Las cuerdas vibradoras de un violín.

¡Cómo pasan las hondas amarguras Que surgen de la vida en el festín,

Y se olvidan las negras desventuras, Cuando vierten sus notas tiernas, puras. Las cuerdas vibradoras de un violín!

Derraman las estrellas sus fulgores Cintilando del cielo en el confín ; Se extinguieron los mágicos rumores: Ya no hablan de esperaaizaia ni de amores Las cuerdas vibradoras de un violín

BALADA DE OTOÑO

Fué en el lago: las corolas Se teñían de arrebol ; Junto n mi amiga, las olas Entonaban barcarolas Bajo los beso'^ fl»»! sol.

Una noche, mientras pisa LtLü violetas del jardín, Me da su alma en su sonrisa Que recogía la brisa Perfumada de JHzmín.

\1]\ ia akoba: el blanco nido, Suspiros, frases de miel : Alcruien murmura a mi oído: **Mira que pasa el olvido Bajo el rosado dosel".

Después la desgarradora, La triste separa<MÓn ; Llegó del adiós la hoi*a, Mientras surp:ía la aurora Sobre una muerta ilusión.

La ausencia, las uo olvidadas Promesas, la duda cruel; Y así las horas pausadas Llegaban como enlutadas Trayendo traeros de hie) .

196 CARLOS ORTIZ

Volví a verla, pero inerte, Ya fría su blanca sien. **No esperes que se despierte, Mira que llegó la Muerte Para besarla también".

¡ Ob 1 Pálida que deshojas, Las margaritas en flor. Triste Otoño, cómo arrojas Las amarillentas hojas Sobre tu tumba y mi amor!

índice

índice

Elegía, por Leopoldo Díaz

Cantos de amor, de esperanza y de duda

El arco Iris

La princealta (Catulle Mendé«)

Excelsa

Cromo Nocturno Haz de flor.

Pács.

El poema de las mleses Prólogo ^^

I — Invlcruü II — Ervar

III — El arado

IV — El canto de la tlerru V — Primavera .«

VI — Golondrinas .

VII — Flor de trigo y flor de armonía ^^ VIII " Junto al lago .

IX — Estío . . X — La corona XI — La borrasca XII- Romanza de la estrella

200 ÍNDICE

Págs.

Lágrimas (De Albert Samain) 113

Tarde (De Albert Samain) 117

Georges Rodenbach (De Leopoldo Díaz) 121

La flecha, el alma y el corazón (CatuUe Mendos) .... 125

Quisiera . . . (Samain) 129

Los claveles rojos 133

El otoño y las vírgenes 137

El último pensamiento de Weber (De BanviUe) 141

El vino de los amantes (Baudelaire) 145

Canción del rayo 149

Las flores de Muguetle 153

Evocación 157

El iniiseñor (Veriaiue) 161

Margarita 165

A la electa 169

La flor de mi esperanza 173

El otoño y los sátiros (Jean Moréas) 177

Dijo el sUfo • • • 181

AgOn (AgOn y Antagóa^-El canto de AgOn y Vitas) , 185

Vibraciones 189

Balada de otoño .... ' . - ^ 193

Talleres Gráficos Argentinos de L. J. Rosso y Cía.-— Belgrano 475

PQ Ortiz, Carlos

7797 El poema de las mloses

07P6

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