El poema de las mieses; cantos de amor, de esperanza y de duda; precedidos por una elegía de Leopoldo Díaz · Unidad 22 de 28

Unidad 22 · 140 CARLOS ORTIZ

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140 CARLOS ORTIZ

Entre los mudo^ árboles lloraba una Elegía. Pasaban ... y se unían en líricos excesos Los cantos de mi lira y el rumor de sus besos.

Los árboles vibraban pulsados por la brisa . . . Tres vírgenes envueltas en la penumbra de oro Cruzaban la alameda como un divino coro, Como un coro di\áno de vírgenes poetisas. Cruzaban la arboleda por las sendas desiertas Y sus rizos sentían caer las hojas muertas!

EL ULTIMO PExNSAMIENTO DE WEBER (de B.vnville)

Noches de estrella.^,

Tibí as y bellas, Bajo tus limpias cielof? abierto,

Mi triste lira

Que hondo suspira, Sueña en los pobres amores muertos.

Ya la serena melancolía Vive en mi pecho con los dolore??, Y yo oigo tu alma, oh ! amada mía ! Que pasa trémula sobre las flores.

Noches de estrellas,

Tibias y bellas, Bajo tus limpios cielos abiertoB,

I^Ii triste lira

Que hondo suspira, Llora los pobres amores muertos.

Cuando en las sombras de la arboleda Sueño mis sueños de solitario, Se acerca tu alma que arrastra, queda. La blanca seda de su sudario.

Noches de estrellas,

Tibias y bellas. Bajo tus limpios cielus abiei-tos,

Mi triste lira

Que hondo su»spira. Sueña en los pobi-es amores muertos.

144 CARLOS ORT12

Veo en la fuente tos grandes ojos

Y tus miradas dulces, tranquilas; Son estaá rosas tus labios rojos,

Y esas esti^Uas son tus pupilas.

Noches de estrellas,

Tibias y bellas, Bajo tus grandes cielos abiertos,

]\Ii triste lira

Que hondo siLspira, Sueña en los pobres amores muertos . .

¿Dónde te encuentras Ligeia triste, Pálida musa- de los dolores? ¿Por qué a mi labio sediento diste El filtro mágico de los amores?

Fúnebre llanto la nube espesa Llora en el mustio cielo sombrío: Oh! noche, inúndame con tu tristeza! Abrid en mi alma, flores de hastío!

EL VINO DE LOS AMANTES (Baudelaibb)

El espacio está espléndido y sereno! Sin espuelas, sin látigo, sin freno, Partamos a caballo sobre el vino Para un cielo de luz, puro y divino.

Cual dos ángeles blancos que tortura Una ardiente, implacable calentura. Entre el azul cristal de la mañana Raudos sigamos la visión lejana.

Mecidos sobre el ala, muellemente,

Del veloz torbellino inteligente,

En un delirio igual, delirio hermoso.

Flotando juntos de la dicha dueños. Huiremos, alma mía, sin reposo Al azrul paraíso de mis supñoR!