El poema de las mieses: cantos de amor, esperanza y duda · Capítulo real 1 de 2
El poema de las mieses: cantos de amor, esperanza y duda
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 26 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
EL POEMA DE LAS MIESES
A mis Padres
que he visto sonreír con la sonrisa de la esperanza ante la inmensa extensión de los trigales rubios.
C. O.
PROLOGO
He aquí que nos llama la estación de las mieses Convertidas en oro por el sol y la tierra Cuyo jugo materno ha corrido seis meses Por las frágiles cañas; en las rubias eápiga-i, Como en cofres dorados, el tesoro se encierra Con que premia la tierra las penosas fatigas Del que traza en el suelo
Hondos surcos, y entona la canción del trabajo Cuyas notas vibrantes vuelan rítmicas, bajo La mirada del cielo.
Los sembrados ofrecen sus doradas primicias; He aquí que nos llama la fecunda estación En que pasan los céfiros con temblantes caricias, Perfumando sus alas en la mies en sazón.
16 — CARLOS ORTIZ
Segador, los trigales solo esperan el filo De las ásperas hoces; en el campo tranquilo Vibrará nuevamente el rumor del combate Entre el trigo que tiembla, y entre el brazo que abate.
Y después, bajo el peso de los ricos manojos Marcharás por la alfombra de maduras gramillas,
Y en la parva que se alza dejarás las gavillas Ofrecidas al hombre por los nobles rastrojos.
En el campo divino de la virgen Poesía El poeta ha sembrado la semilla de Ensueño Que germina a la lumbre de la eterna Armonía; Que germina y madura, y le brinda sus dones Como un campo risueño Todo lleno de espigas y de alegres canciones.
Y mil flores combinan de esa mies entre el oro Sus matices diversos,
Mientras pasan zumbando en un vuelo sonoro, Como enjambres de abejas los enjambres de ver jos.
Y los ágiles ritmos, mariposas sutiles, Al sol abren sus alas,
Y se agitan fugaces, y revuelan gentiles,
Y las galas del vej*bo son sus mágicas galas.
ELPOEMADELASMTESES 17
Tu cosecha recoge; el trabajo te llama, ¡Oh! poeta, ya cantan las alondras amigas; En tu frente sus rayos la armonía derrama,
Y la Musa sonríe coronada de espigas.
Y el poeta recoge su cosecha armoniosa,
Y se acerca orgulloso con sus líricos haces, A la parva del arte, a la parva gloriosa
Que tú, artista, con versos y con mármoles haces.
m Noviembre 1901.
INVIERNO
Al viento desplegado su gris manto de bruma, En cuyos amplios pliegues el espacio se esfuma, Dios adusto, el Invierno sobre la tierra marcha; A su paso la sombra de las nostalgias llueve, Y arrastra silencioso su túnica de escarcha Florecida de lirios, que son copos de nieve.
Y pasa el dios adusto; el alma de la Sombra Es su alma, un alma llena de gélidos horrores;
Y pasa taciturno sobre una inmensa alfombra De hojas secas y hollando cadáveres de flores. Acorta el sol su curso sobre la tierra fría,
Y un viento helado canta doliente letanía.
22 — CARLOS ORTIZ
Vibra su ronco acento; la selva se estremece,
Y brota una armonía salvaje, que parece Surgir de un arpa inmensa formada de bordonas;
Y gimen largamente los árboles escuetos-
Sin sus verdes follajes sin sus nobles coronas, Moviendo tristemente sus altos esqueletos.
Y los nidos vacíos; cadáveres de aves Tendidos sobre el musgo con las alas abiertas Para el eterno vuelo, y muchas voces graves Que rezan un responso sobre las pobres muertas.
Y se oye en los profundos sollozos de los vientos Los lúgubres ahullidos de los lobos hambrientos.
Y un sol que apenas brilla tras la niebla sombría, Tan triste y tan opaco que hasta su luz es fría;
Y envuelto en los crespones de un cielo de pizarra Sólo lanza a la tierra sus rayos fugitivos Cuando una fría ráfaga las tinieblas desgarra,
Y a su luz se iluminan los campos pensativos.
Es la sonrisa pálida que un astro moribundo Dirige a otro astro, presa de negra pesadilla, Es la sonrisa pálida con que saluda el mundo El disco mortecino de un sol que apenas brilla; Pupila melancólica que a la naturaleza Envía una mirada cargada de tristeza.
ELPOEMADELASMIESES — 23
Y la bruma deshoja sus flores de ceniza Sobre la frente helada de un buen dios que agoniza; Del dulce dios que puebla la selva de murmullos, Que hace en las almas nobles florecer los amores, Que hace rimar las plantas estrofas de capullos,
Y hace estallar los broches en sonrisas de flores.
El buen dios muere, y queda triunfador el Invierno; La vida se refugia al amor de las lumbres,
Y mientras habla el viento de su martirio eterno,
Y hace gemir los bosques y temblar las techumbres, Levantan sus palacios de ensueño los poetas,
Y en las selvas dolientes sonríen las violetas.
E R V A R
En la inmensa llanura Que el invierno tapiza
Con sus gélidas flores de inviolada blancura, Vive Ervar el Ariano.
Junto a un límpido lago, terso espejo del llano, Y a unos jóvenes sauces donde vibra el acento Con que el alma del viento Su dolor poetiza, Tiene Ervar su vivienda: Una rústica choza que se mira en el lago Cuyas aguas parece que en un cántico vago Recitaran los versos de una dulce leyenda; De una dulce leyenda que contara una ondina A la luz de la luna, con su voz argentina.
28— CARLOS O RTIZ
Y los cisnes conocen la leyenda que el lago Armoniza en un canto suave, místico y vago; Albos cisnes que cruzan como blancas barquillas Sobre el agua en que esparcen un temblor de satines,
Y dejando en la estela de sus pálidas quillas Leve espuma, cual si alguien deshojara jazmines.
Tiene Ervar su cabana En la orilla del lago cuya linfa deslíe La armonía dulcísima de una música extraña,
Y a la linfa que canta su morada sonríe.
Es Ervar fuerte y joven. La llanura cultiva, Que en su seno recibe, como virgen cautiva, La caricia de hierro del tenaz labrador; Como virgen que siente la caricia lasciva, Dolorosa y sublime de su fiero señor.
En su rostro tostado Por el sol y los vientos, hay la noble belleza De los fuertes varones que la lucha ha marcado Con su sello de gloria. Su apolínea cabeza En desorden coronan sus sombríos cabellos, En desorden soberbio, como heroica maleza Que han revuelto los vientos y que ondula la brisa; En sus ojos sonríen luminosos destellos, Ilumina sus labios una dulce sonrisa.
EL ÍOEMA DE LAS ÍIIESE.S — 29
Se diría aj mirarlo que es un rey que ha trocado Sus armiños y púrpuras por un rustico traje; Es un rey; tiene un cetro: el timón del arado; Tiene un reino que ama: la llanura salvaje; La llanura salvaje que se extiende vencida Al sentir el arado que abre el surco profundo. Como un rústico Apolo canta el himno a la vida En la lira gigante del trabajo fecundo.
Vive solo en su choza que ha formado de leños; Labra el campo, y su alma toda llena de ensueños Tiende a veces el vuelo de sus alas ligeras A las bellas regiones de lo¿ sueños risueños, Los rosados delirios y las yagas quimeras.
Misterioso dualismo de materia y poesía; Armon;osa materia, material armonía.
Dualidad misteriosa de dos fuerzas rivales, La potencia y el músculo que la tierra conquista,
Y el espíritu, el cóndor de las alas triunfales; Misterioso connubio de dos fuerzas rivales: La energía de atleta y el ensueño de artista.
Cuando canta la reja su canción en el prado,
Y los surcos iguales con vigor se diseñan,
Le parece que un himno va rimando el arado,
Y <jue su alma es un lago donde hay cisnes que sueñan,
EL ARADO
Es la hora del trabajo. En la llanura De una lívida blancura, Tiende el alba su luz pálida de ensueño, Como un velo vaporoso, Suavemente luminoso Extendido en las artísticas vaguedades de un diseño.
Y ya Ervar sueña y trabaja vigoroso Empuñando el timón fuerte del arado, Que arrastrado Por la yunta de robustos Bueyes marcha;
Y Ervar sigue con su paso acompasado Mientras crujen sus pisadas en la escarcha; En la escarcha que refleja palideces invernales,
34— CARLOS O R T I Z
Cuyos límpidos cristales
Se asemejan, suspendidos
De las ramas taciturnas
De los frágiles arbustos,
A caireles desprendidos
Por el vuelo de las horas en la fiesta de la sombra,
A caireles desprendidos de las lámparas nocturnas.
Ervar marcha por la alfombra Blanca y fría que el invierno desplegó para su danza.
— ¡Cómo ríe la esperanza,
Cómo canta la existencia sus canciones
Cuando entona su romanza
Con su acento todo lleno de promesas el trabajo;
Y la vida pasa entonces en un vuelo prodigioso, Como un ave cuyas alas son dos alas de ilusiones;
Y la vida entonces vueía
Con el ritmo de un poema musicalmente armonioso Que un artífice cincela' —
Se abre el surco como un tajo Sobre el rostro de la pálida llanura, Que escarchada, se asemeja A una página muy grande de poética blancura;
Y parece que la reja Con sus surcos paralelos, Paralelamente iguales,
EL POEMA DE LAS MIESES — 35
Escribiera allí el poema de sus férvidos anhelos, Esculpiera ajlí un poema en estrofafe inmortales.
Cada surco es como un verso, Como un verso en el que vibra la canción del universo, El poema Germinal; Se abre un surco, que es un verso, y se entierra una armonía,
Y la tierra la fecunda* la convierte en poesía*,
Y alimenta con el jugo de su seno maternal.
Ervar sueña, y nuevos surcos van rasgando la pradera,
Y trabaja, y el ensueño su trabajo poetiza,
Y la tierra se desliza
Fresca y suave por la limpia vertedera;
Y él ve cómo se armoniza
El trabajo y el ensueño, como dos extrañas notas Que se besan y confunden en un mágico concierto. Ervar marcha, y le acompañan dando gritos las gaviotas Que revuelan y se posan sobre el fresco surco abierto.
— ¡Oh! también tu alma es un campo misterioso; Labra Ervar con noble empeño, Que también tu alma es un campo misterioso Donde traza grandes surcos un arado luminoso: El arado del Ensueño;
Y un labrador silencioso Siembra puras ilusiones, Que retoñan y que tienen primaveras
36 — CARLOS ORTIZ
Breves, breves, pero llenas de canciones, Breves, breves, pero llenas de quimeras.
Ervar canta: " — Noble arado, tú eres fuerte; " Sí, más fuerte que la espada fratricida; " Esta mata, tú redimes;
" Tus conquistas son más grandes, más sublimes; " Las cosechas de la espada son cosechas de la Muerte, " Tus cosechas son las mieses opulentas de la Vida.
" Si fulguran las espadas es que el odio las inflama; " Y cuando odian se enrojecen " En los trágicos encuentros de la guerra; " Y tú brillas, noble arado, y tus rejas resplandecen " Como espejos que ha bruñido la caricia de la tierra; "De esa tierra que fecundas " Con tu beso; " De esa tierra que te ama,
" Porque sabe que en tus líneas paralelas y profundas " Vas trazando la leyenda del progreso.
"Das impulso a las pacíficas empresas, "Y a tu paso, el virgen seno "De lo =5 campos se abre lleno " De promesas.
" ¿Ves los cisnes en el lago, " Pensativo,
EL ÍOEMADE las mieses — 37
" Como un alma aprisionada por cruel melancolía?
" ó Ves los cisnes cómo al vago
" Resplandor astral navegan? Son arados de poesía
" Sobre un campo de cultivo.
" Van abriendo leves surcos, y en sus rastros
" Los fulgores de los astros
" Siembran tenues, siderales armonías;
" ¿Oyes cómo canta el lago sus querellas?
" Esas dulces elegías
" Son lais lánguidas canciones que han sembrado las estrellas
" Es el campo como un lago, cuyas ondas "Se durmieron con el sueño de la muerte, " Y que esperan la audaz quilla " Que las surque y las despierte; "Y tu pasas, se abre el surco que recibe la semilla, " Y la tierra se despierta de sus hondas " Somnolencias; su armonía se levanta " Y el poema de las blondas " Mieles canta."
Ervar sueña, y su trabajo la llanura fertiliza; Ervar canta, y nuevos surcos van rasgando la pradera,
Y la tierra se desliza
Fresca y suave por la limpia vertedera;
Y revuelan en bandadas sobre el surco las gaviotas Dando al aire el eco alegre de sus notas.
EL CANTO DE LA TIERRA
Como un egregio artista Que contempla en él ánfora labrada su conquista, La conquista gloriosa de su cincel artístico Que a los impulsos francos Del martillo sonoro, ha esculpido en los flancos Magníficos del ánfora, en un símbolo místico, Las fuerzas de la vida o el triunfo de lo bello, Al pálido destello
De la aurora, que surge en soberbio derroche De rosas, fulgurante como divina hoguera Donde hace el sacrificio de sus monstruos la Noche, Contempla Ervar su obra: su vasta sementera, Cual contempla un artista Sus creaciones de arte por el cincel impresas En los flancos de un ánfora.
42 — Carlos órtiz
Su campo de labranza Se diría cubierto de un manto de esperanza;
Y al ver cómo la tierra da forma a las promesas Que le cantó el trabajo, en su alma sin, pesares Oye una voz muy dulce que canta una romanza, La alondra de la dicha que entona sus cantares.
Con sus pupilas llenas de hondo misterio, mira El campo, y le parece que es una inmensa lira Con millares de surcos por cuerdas, donde duermen Armonías ignotas; Pero de pronto vibran: es que despierta el germen,
Y un himno sin palabras, gigante himno sin notas Entonces se levanta.
— ¡Ervar, cómo sonríen las puras ilusiones,
Cómo se llena el alma de mágicas visiones
Cuando la tierra canta
El canto de la vida; cuando la Madre Tierra
Rima el himno que dice los amores fecundos,
El que en su ritmo encierra
Explosiones de gérmenes, navidades de mundos! —
Ervar contempla la obra que fecundó los campos,
Y cruza por las vagas penumbras de su ensueño, La visión deslumbrante de un Porvenir rioueño, Como un sol que en su vida vertiera vivos lampos.
EL POEMA DE LAS MÍES E.S — 43
Y su alma, blanca virgen, se adorna con las galas De luz de la alegría;
Y la esperanza agita dulcemente sus alas Como un divino pájaro que ensaya una armonía Al ver en el oriente los albores del día.
Y su alma, blanca virgen, se viste con la veste Tejida por los Sueños con el hilo celeste
De la mágica rueca que hila los reflejos De un astro misterioso;
Y su alma, blanca virgen, se viste de fulgores Para esperar de gala al Porvenir radioso,
Que se vislumbra lejos, muy lejos, siempre lejos,
— Esperanza de vida y promesa de amores, —
Dorado caballero de traje luminoso
Que cruelmente tarda
En llegar a la virgen que espera al bello esposo,
En llegar a la esposa que impaciente lo aguarda.
Ervar contempla su obra, y en el trigo naciente Que al soplo de la brisa Ondula suavemente, Ve la primer sonrisa,
El primer balbuceo que lanzan sus rastrojos; Ve esa dulce sonrisa con el mismo cariño De un padre a la primera mirada de los ojos_^ Angélicos de un niño.
CARLOS ORÍ 12
Es tu sublime ensueño, ¡oh! Ervar, dormido bajo La tierra, que despierta como un canto sonoro Del arpa de la vida; promesa de trabajo Que toma forma y carne, que toma forma y crece A ese sol que en las brumas lejanas aparece Vertiendo efluvios de oro, Mientras la aurora en lágrimas de luz se desvanece.
PRIMA VERA
Un día se alejaron las nubes cual rebaño Llevadas por el soplo del viento del Oeste,
Y floreció en los campos la alegría del año,
Y desplegó el espacio su pabellón celeste.
De nuevo se escucharon arrullos de palomas,
Y canciones aladas llenaron de rumores
Las selvas y los bosques; y en divinos aromas Exhalaron su aliento las bocas de las flores.
Y fué así que las nubes huyeron como reses Cuyos flancos el látigo de los vientos azota;
Y así fué cómo al paso triunfante de los meses Huyó el lúgubre invierno, como un rey en derrota
Y así fué cómo un día llegó la Primavera,
- CARLOS ORTIZ
El hada evocadora de las galantes citas,
Y fué así cómo un día vio Ervar en la pradera Abrirse como estrellas las blancas margaritas.
Vio las flexibles ramas cubrirse de botones, Estuches donde guardan los árboles sus galas, Brotar de los botones las hojas, como alas De verdes mariposas;
Así vio Ervar las plantas cubiertas de botones Hinchados como senos de vírgenes; las rosas Desplegar sus fragantes capullos voluptuosos,
Y levantar al cielo sus copas de alabastro Los lirios, cual si fueran a ofrecer silenciosos El néctar del olvido al dolor de algún astro.
Oyó rumor de alas, y zumbidos de abejas,
Y escuchó en la arboleda musicales gorjeos,
Y trinos como besos cuajados de deseos,
Y vio ardientes parejas
De aves, entre arrullos y suaves aleteos Celebrar en las ramas sus dulces himeneos.
— Así también del alma en la fronda simbólica Poblada de murmullos por el hada Poesía, Canta el divino Yerbo como una lira eólica,
Y celebran sus nupcias el Ritmo y la Armonía, —
ELPOEMA DE LAS MIESES — 49
Vio la tierra despierta de su sueño profundo, Del fúnebre mutismo de su invernal silencio,
Y palpitar de amores y juventud el mundo Como un viejo decrépito, como un viejo infecundo Que transformara en joven la fuente de Ju venció.
I Ál beso luminoso del hada Primavera Qué en plegaria y en ruego Convierte el formidable rugido de la fiera, Sintió vibrar el alma de las cosas, dormida En infecundo sueño; las fuentes de la vida Correr llenas de fuego, De efluvios, de deseos, de amor y de delirio,
Y palpitar la carne y latir la materia Desde la torpe bestia hasta el fragante lirio;
E imperar sobre el mundo, como divina Imperia, La diosa de la vida y orgullo de las diosas, Rodeada la esplendente cabeza por guirnaldas De flores, y golpeando las cóncavas espaldas Del mundo adormecido, con un tirso de rosas.
GOLONDRINAS
Regresaban las obscuras golondrinas Con el dulce despertar de los retoños; Peregrinas
Que volvían de países Invadidos por los grises Melancólicos otoños.
— Como pájaros de luz, las alegrías Así vienen a las almas y l¿s pueblan de armonías.
Fugitivas de las brumas y del frío, De otras tierras regresaban los heraldos del estío.
— Mensajeras De las rientes primaveras,
54 — CARLOS ORTIZ
Dadle al alma vuestras alas
Para huir de las tristezas y el hastío,
De la enorme lobreguez de los pesares;
Dadle al alma vuestras alas
Que ligeras
Atraviesan los desiertos y los mares.
Para huir de los inviernos y alcanzar las verdes galas
De perdidas primaveras;
Para oír de nuevo el coro
De las aves melodiosas
Del amor y la fortuna,
Y embriagarse en las caricias luminosas De un sol de oro.
Pero el alma queda sola, sola en una Larga noche, cuando el cruel dolor la inmola; Queda sola Como un pájaro sin alas refugiado en unas ruinas. —
Bajo el ala del alero de su rústica morada, En eróticos concilios Ervar ve dos golondrinas Reanudando los idilios Que el otoño interrumpió. En su mirada Se refleja
La penumbra de una angustia dolorosa; El contempla la pareja Que aletea rumorosa,
Y murmura:
EL POEMA DE LAS MIESES — 55
— "¡Todo ama! " Sólo mi alma no conoce tus delicias, " Sacro Amor, vida de vidar, sombra y llama; "En la misa misteriosa que tú oficias, " ¿Por qué, excelso sacerdote, no me inicias? " ¡Todo ama! ¡Todo ama!
" En el lago van los cianes deshojando sus caricias, "Blancos, suaves; "En el monte aman las aves, " En el prado aman las flores;
"Veo amar las golondrinas, y mi voz en vano llama: I ¿Dónde estás, ¡oh! golondrina ideal de mis amores?
"Yo no tengo más cariño que el cariño de la tierra; " Ella encierra
" Mi esperanza, mis anhelos; "Es mi amor la gleba impura, " Y con ella yo celebro mis connubios " Cuando rasgo con el hierro de mi reja la llanura, " Como quien rasga los velos " Que cobijan un tesoro;
" Ella bebe mis sudores y yo aspiro sus efluvios, " Y amorosa me devuelve frutos de oro.
." Pero el alma en vano espera " La divina golondrina que le anuncie primavera."
FLOR DE TRIGO Y FLOR DE ARMONÍA
El escudo del sol brilla prendido En la coraza azul de la mañana, Walkyria vencedora De la noche, que llega soberana Empuñando sus lanzas triunfales Forjadas con el fuego de la aurora. En el aire suspenso, Como un enorme espíritu vencido, Rítmica vibra la sonora verba De los pájaros que hablan de nupciales Éxtasis. El perfume de la yerba Flota cual grato incienso Quemado por el sol en el inmenso Sagrado cáliz de un floral turíbulo. Parece que una estrofa de Albio Tíbulo
60 — CARLOS ORTIZ
Cantara en la llanura florecida.
Las alondras alegres, siempre inquietas,
Cual vibrantes poetas
Entonan sus canciones a la vida.
Una bruma sutil se desvanece Allá, en la lejanía; En su caverna se ha dormido el viento,
Y la tierra parece Embriagada de luz y de armonía Bajo la gloria azul del firmamento.
Entre los cantos de los pechi-rojos Recorre Ervar su vasta sementera,
Y el orgullo de un dios brilla en sus ojos, Al ver en la pradera,
— Promesa florecida del futuro —
Sus trigales en flor, de un verde obscuro,
Como una bendición de primavera.
Las mariposas ágiles, en coro Se agitan sobre el trigo; las amigas De las flores y el soL El polen de oro Vuela impalpable fecundando espigas.
Y las plantas iguales Le parece que tienen ya la altura Para ungir de perfumes la cintura De una virgen que cruce los trigales.
El poema iíé las Miésés — 61
De una virgen que pase como un sueño La larga cabellera suelta al hombro... De pronto, su trigueño Rostro vela la sombra de un asombro; Es que ha oído un rumor de alegres risas; ¿Son acaso los céfiros, testigos De las nupcias florales, o las brisas Que peinan con sus dedos invisibles La verde cabellera de los trigos?
Ansioso mira, y ve surgir un busto * De ese mar de esmeralda. El torso augusto De un cuerpo semi-oculto en la espesura Del trigo que se inclina Para ungir de perfumes su cintura. ¿Es sólo una mujer o es una diosa? Su risa cristalina
Es un himno. Se acerca luminosa, Tal la verde visión de la esperanza, Su cabellera sobre el trigo juega, Corta una flor, y sonriente avanza, Corta otra flor y sonriendo llega.
Y a Ervar se aproxima. <jEs acaso el espíritu de Ceres Que llega como el ritmo de una rima? Ervar murmura con pasión: — "¿Quién eres? "Ave, perfume o flor, yo te esperaba;
62 — CARLOS ÓRTI2
" Yo no sé por qué vienes, quién te guía, v Pero en mis breves sueños te veía, "Y en mis largos insomnios te llamaba."
" — Guiada por las locas golondrinas, " Me alejo de las lúgubres neblinas, " Y marcho con las rientes primaveras; " Atravieso los valles, las colinas, " Los montes y praderas; " Yo recorro los trigos palmo a palmo, " En busca de una flor, cuyo perfume " Dicen que hace vibrar el dulce salmo " Del amor, en las almas que consume " La cruel melancolía; "De lejanos confines " Vengo, y cruzo vergeles y jardines " En busca de esa flor, flor de armonía.
" — No la busques ya más.
" — c'Tú la conoces? " — Sí, conozco esa flor, flor de embeleso, " De éxtasis y de goces, " Flor de armonía y luz: se llama beso; " No la busques ya más, porque no crece " En trigos ni vergeles; ¡oh! tus locas " Quimeras! Esa flor sólo florece " En los valles rosados de las bocas. " Es suave como el roce de dos plumas,
EL POEMA DE LAS MÍÉSES — 63
" Hace brotar el fuego y el delirio,
I Ella convierte en resplandor las brumas,
" Y transforma en sonrisas el martirio."
,s — Házmela conocer, que una vez sola '* Me embriague en sus perfumes.
" — Sí, bien mío; " Cuatro pétalos forman su corola, I Como el mágico trébol de la suerte." (Cuatro hojas: la Tristeza, el Hastío, El Dolor y la Muerte).
" — Oh, yo quiero aspirar su extraño aroma." " — Dame tu boca, virginal capullo." Luego un beso vibró como un arrullo, Como un lánguido arrullo de paloma.
Y habló en ella la voz de los amores: I — Breve es un beso, es flor que se evapora, "Mas ha llenado mi alma de fulgores."
" — Nada hay que a un beso en armonía iguale, "Y tu boca, mi bien, es una aurora " Y un beso es como un sol que de ella sale."
Dijo Ervar, y escuchó vagos murmurios Entre las mieses de su amor testigo, Y un alado rumor lleno de augurios Pasó como un sollozo sobre el trigo.
JUNTO AL LAGO
El cielo se cubría de estrellas. Junto al lago Soñaban las dos almas unidas por un beso; Los cisnes navegaban envueltos en el vago Resplandor del crepúsculo. En el follaje espeso Se dormían los últimos rumores en la cuna Hecha por el Misterio con pétalos de sombra. Divina soberana del Ensueño, la luna Majestuosa ascendía el espacio. En la alfombra Del trébol se arrullaban dos seres: Ervar y Ella, Ella que parecía también divina estrella Formada con blancuras de estrellas:
— " ¡Oh! delicias, " ¡Oh! éxtasis sublimes de tus blandas caricias!... ¡Qué gratos son tus besos! La miel de los panales No tiene su dulzura. — ¡Qué cálida es tu boca! No son, no? más ardientes los rayos estivales.
68 — CARLOS ORTIZ
— Qué bellos son tus ojos; tu mirada provoca A las nobles empresas y a los grandes martirios' En ellos resplandecen los astrales destellos;
Tus senos son dos capas formadas con -dos lirios,
Y el oro de las mieses fulgura en tus cabellos.
— Ternezas inefables, dulzura de tus brazos Que ciñen mi cintura como divinos lazos.
— Bebo en tu voz la música de todos los cantares.
— Y en tus labios el néctar de las delicias todas.
— Deshojan las estrellas sutiles azahares,
¡Oh! Amada, en el misterio de nuestras dulces bodas.
— Los astros envidiosos nos miran desde el cielo.
— La noche nos protege con su impalpable velo. La noche es buena amiga. Hay un secreto halago
Y una extraña poesía en su infinita calma.
— Los cisnes nos escuchan.
— Los cisnes sobre el lago Se agitan como amores en la sombra de un alma. Asómate a mi alma, y en sus aguas tranquilas Verás pasar amores, cual cisnes del deseo, Bañados en la lumbre de tus hondas pupilas.
— Me asomo a tus miradas; sólo la noche veo.
— ¿No ves allá, en el lago, la larga cabellera De un sauce que se inclina con languidez sombría? También mi alma es un lago, y en su negra ribera Lloraba el triste sauce de la melancolía.
EL POEMA DE LAS MIESES — 69
Pero entonces llegaste, divina primavera,
Y surcaron mi alma, cual cisnes, los amores,
Y el sauce que lloraba sombrío en la ribera Se pobló de murmullos y alegres ruiseñores.
— La luna, virgen tímida, ha desplegado un velo Sobre su faz de nieve. — Que tus ojos azules Se vuelvan a los míos; no mires más el cielo, Con "hilos de la virgen" te haré pálidos tules.
— La luna se ha ceñido la aureola de tristeza Que se ciñen los astros. — Vuelve a mí. Tu cabeza Reclina en el regazo de mi pecho robusto,
Y sostendrán tu cuerpo como un frágil arbusto, Mis brazos que conocen las más grandes fatigas. — La luna se ha ceñido, como blanca Madona, Una corona mística. — Con doradas espigas Haré para tus sienes una regia corona, Diadema de oro pálido que envidiarán los reyes, Formada con espigas y con "lazos de amor",
Y cuando marche al paso tranquilo de mis bueyes Serás la blanca reina que ría al labrador.
ESTÍO
Raudos pasaron para Ervar los día$ Como un sueño poblado de visiones Rosadas, entre amores y alegrías, — Los momentos de amor pasan fugaces. Así llegó el verano, Y estuvieron de fiesta los gorriones, Ellos que esperan, ávidos rapaces, Ver madurar el suculento grano.
Así llegó Diciembre, el primer paje De su divina majestad Estío, Rubio dios que se envuelve en el ropaje Tejido en el vacío
Con los rayos de fuego de sus soles ; Así vino en el hombro de los meses,
74 — CARLOS 0RT1Z
Adornado de grandes girasoles, Para esparcir topacios en las parras,
Y escuchar en la gloria de las mieses El canto de los grillos y cigarras.
Es amable el buen dios; va por el mundo Grave a veces, a veces iracundo, Sembrando a manos llenas polvo de oro, Polvo de un rubio páb'do, Átomos de destellos Que se deshacen en el aire cálido,
Y caen, mágica lluvia de un tesoro Luminoso, en los llanos y en los valles; Con él empolva el trigo sus cabellos Como una duquesita de Versalles.
Es amable el buen dios; pero las flores Le temen, porque saben que sediento Bebe ansioso las fuentes de frescura,
Y conocen sus bárbaros amores,
Y saben que su aliento
Pronto agosta la poética hermosura, Aja pronto los pétalos sedeños De las bellas corolas.
La llanura Cuando esparce la siesta sus beleños, Siente el sopor de las regiones áridas; Pero madura el trigo en sus casillas,
EL POEMA DE LAS MÍESE S
{ las frutas encienden sus mejillas, - Mientras pasan enjambres de cantáridas.
Y teme y ama el labrador sus flechas )e fuego, cuando ordena las gavillas 3ara formar las parvas, anchas de base y en la cima estrechas, i que se extienden como inmensas larvas )e donde han de surgir ricas cosechas.
LA CORONA
El campo desarrolla su vasto panorama Donde cálidas brisas perezosas circulan; Ervar y Ella, caminan envueltos en la llama Del Sol, por los trigales que lentamente ondulan.
El mira los -sembrados que cantan su conquista,
Y contempla su amada, que es su ensueño de artista.
— " ¡Oh! ¡Amada! que la estrella del labrador nos guíe. Mira ya las espigas doblegadas al peso De los maduros granos." (A su lado sonríe La boca que en su boca hizo temblar el beso).
" ¿No ves cómo la tierra me cumple sus promesas?
Y tú cumples las tuyas cuando mis labios besas.
80 — CARLOS ORTIZ
Los trigales se extienden como un miraje de oro,
Y a mi lado te yergues como una flor divina; Los trigos, ya maduros, me brindan su tesoro,
Y tu boca me ofrece su música argentina.
Y así mi vida canta:
Estrellada de amores tu alma se ilumina
Y cargada de frutos se inclina cada planta.
"Y los trigos se miran en tus pupilas hondas,
Y tú estampas en ellos tus luminosos rastros,
Y cuando tus pupilas copian las mieses blondas Parece que en tus ojos se deshicieran astros.
" Que siempre se reflejen en tus dulces miradas Mis dichas."
— Poco duran las visiones doradas : El oro de las tardes muere en la noche fría. — Y el oro de la aurora muere en la luz del día. Amor al tierno amante le ha brindado sus goces,
Y al labrador los suyos la tierra y el estío, Mañana sobre el trigo fulgurarán las hoces Cuando la luz primera beba el fresco rocío.
" Mañana, desde un trono que te haré con gavillas, Como una blanca reina que presencia un combate, Verás el noble esfuerzo del segador que abate Los trigos, mientras vuelan sus canciones sencillas.
EL POEMA DÉ LAS MlESÉS — 8l
Mañana es nuestra fiesta; verás cómo abandona ]n nuestras fuertes manos la tierra su tesoro; Y tú serás la reina, y te haré una corona Para que imperes bella sobre tu trono de oro."
— Yo no soy una reina; yo soy sólo un misterio. Tú imperas en las almas y mi vida es tu imperio. Oh! ven; en el rastrojo que canta mis fatigas,
uscaré las espigas más grandes, las espigas Más rubias, y con ellas tejeré la diadema Que realzará en tu frente tu belleza suprema.
Teje Ervar la corona, y teje sus canciones El pájaro que pasa en busca de su nido; Así teje la vida guirnaldas de ilusiones,
Y así teje la muerte sus guirnaldas de olvido.
— "Mira, ya toma forma; lentamente se enarca: Es el anillo de oro de nuestros esponsales." (Para la frente augusta del altivo monarca Así tejen los héroes las diademas reales.) — ¡Ya se unen los extremos! (La vida así eslabona Las penas, y fabrica sus nimbos de tristeza Sobre las frentes pulidas.) — Inclina tu cabeza.
Y en las amadas sienes coloca la corona Como un soberbio símbolo de orgullo y de grandeza.
£2 — CARLOS ÓftfH
— Te asemejas a un astro con su luciente aureola. ¿Recuerdas la diadema que se ciñó la luna Cuando nuestras dos almas eran un alma sola?. — Borróse la diadema, y se extendió una bruna Nube, como un sudario sobre una virgen muerta, Un sudario formado con tenebrosos velos, Y la luna velada bajó a la tumba abierta Allá donde los campos se juntan con los cielos.
— No pienses en las tumbas donde caen las estrellas.
— ¡Oh! no; pienso en las dichas que se alejan con ellas.
Callaron. Del espacio las anchas soledades Una nube cruzaba, con un vuelo sombrío, Cual la vela arrancada por recias tempestades A jirones del mástil crujiente de un navio.
LA BORRASCA
Ervar reposa En su pobre cabana, Y siente el tibio cuerpo de su esposa Que a su lado palpita Como una flor extraña Caída de los fúlgidos jardines Que constelan la bóveda infinita.
Ervar duerme, y no ha visto en los confines Lejanos, algo informe que se agita; Algo grande que avanza Al rudo empuje de una fuerza ciega, Algo siniestro y lóbrego que llega Cual la traición que mata una esperanza.
86 — CARLOS ORTIZ"
Cual la traición que así cernía su vuelo Sobre la frente pálida de Cristo.
Duerme tranquilo Ervar; es que no ha visto Crecer la blanca nube, y ser inmensa Cortina desplegada bajo el cielo;
Y después la tiniebla ser más densa,
Y cual sombrío pabellón de duelo Flotar las nubes sobre el negro dombo
Del templo de la Noche; es que no ha oído
El cóncavo rimbombo
De los truenos que anuncian la bravia
Tempestad, y no ha visto el aire ardiente
En solemne reposo, bajo el combo
Firmamento, incubando una sombría
Borrasca, y allá lejos,
Los relámpagos ígneos, de reflejos
Lívidos, como espadas de querubes,
Abrir anchas heridas luminosas
En las frías entrañas de las nubes.
Es el hondo desastre que fermenta. Se agita el aire, el huracán revienta, Raudas pasan las nubes tempestuosas Por alfanjes de fuego perseguidas,
Y en la tierra sedienta
Cae la sangre que vierten sus heridas.
EL POEMA DE LAS MIESES
Habla el trueno; su voz en el ambiente Se dilata, y lúgubre retumba, Como si alguien golpeara largamente Las puertas de una tumba.
Ahulla el huracán; la selva cruje; Los árboles reciben el ultraje Del viento, y se doblegan a su empuje, Cual si quisieran, pobres penitentes, Besar el polvo con sus altas frentes Para calmar la tempestad salvaje.
Ervar despierta, y oye cómo ruge La voz de los airados elementos;
Y siente cómo tiembla su cabana Construida sobre débiles cimientos;
Y oye el repiqueteo formidable Del granizo que asóla la campaña.
Así, sobre la frente del impío, En su sagrado enojo, inexorable, Debe rugir la cólera suprema. Ervar mira; un relámpago sombrío Ilumina su lecho, ya vacío; Y sobre él ve en pedazos la diadema Que hizo con las primicias del estío.
88 — CARLOS ORTIZ
Y llama; el nombre de su amada nombra; Escrutan sus miradas El seno de la sombra. Sólo mira el relámpago sangriento, Sólo escucha burlonas carcajadas En el fragor del viento.
¿Quién canta las mentiras de los goces? " Los besos son ligeras mariposas; " Vuelan de los capullos "De las bocas que se abren como rosas; " Cuatro alas tienen, hechas con la seda " Armoniosa de todos los arrullos, " Pero, ¡ay! huyen veloces " Y el polvo de sus alas sólo queda".
Oye Ervar en el viento extrañas voces Que cantan las mentiras de los goces.
Hunde en la noche del terror sus ojos, Y mira en lontananza Deshechos sus rastrojos. " — Es la obra de mi fe que se derrumba, "Es la obra de mi amor y mi esperanza " Que cae en los abismos de una tumba.
" Y ella, la blanca flor de la pradera, " Que vino con la verde primavera
EL POEMA DE LAS MIESES
Se ha ido en la borrasca del estío; Sólo dejó su aroma entre mis brazos,
Y allí, donde bebió el aliento mío, Una frágil corona hecha pedazos;
Y es la sola verdad de esta mentira".
La tempestad rugiendo se retira; I huracán detiene fatigadas Sus grandes alas, por el ancho vuelo;
Y Ervar clava en las nubes sus miradas
Y queda inmóvil desafiando el cielo.
ROMANZA DE LA ESTRELLA
La estrella de las tardes fulgura entre las rosas Deshojadas al paso de seda de la Noche Por dedos invisibles, por manos misteriosas; La estrella de las tardes florece como el broche De un lotus sobre un lago de linfas luminosas.
Velada de misterio la tierra se adormece: Es el titán que afloja sus fatigados músculos; Y mientras allá arriba la luz se desvanece Solloza sus tristezas la voz de los crepúsculos.
Ervar, mustio, sombrío, vaga por sus rastrojos Donde tan sólo quedan inútiles despojos De todos sus afanes, de toda su esperanza; Donde hizo su cosecha de negros desengaños;
94 — CARLOS ÓRTIZ
Encorvado, maldito, penosamente avanza
Como un viejo que inclina la nieve de cien años.
Vio el templo de sus dichas convertirse en escombros, Y lleva, como llevan los míseros proscritos, Un mundo de pesares gravitando en sus hombros.
Así llevan vencidas las pálidas Histerias Su carga de nostalgias y de amores marchitos; Así llevan los parias su carga de miserias; Desterrados del cielo de los dulces amores Así van en las noches los ángeles malditos Jadeantes bajo el peso de todos los dolores.
Allá, sobre el ocaso, la blanca Venus arde Envuelta por la púrpura gloriosa de la tarde; Parece la enigmática mirada de una esfinge Sentada en los umbrales del espacio infinito Custodiando el secreto del más allá.
— Mi grito, Dice Ervar, oye Vesper; la candidez que finge Tu disco, encierra burlas, crueles ironías; ¡Qué plácida sonríes sobre las penas mías!
" T'j que vertiste otrora tus dulces resplandores Sobre dos tiernos seres que amaban los amores,
Y los viste embriagados en sus caricias locas,
Y oiste las promesas brotadas de dos bocas,
ELPOÉMADE LASMIESÉS — 95
Hoy alumbras tan sólo las tenebrosas ruinas De mis sueños, y el largo camino solitario Por donde desgarrada por sangrientas espinas Va mi alma moribunda subiendo a sü calvario.
" ¡Qué bella resplandeces! — te veo en las penumbras Como un rudo sarcasmo reir en mi tristeza; ¡Apaga tus fulgores si solamente alumbra El pálido cadáver de un sueño de Belleza!
Y sobre ese cadáver, como una burla brillas,
Y cae como un sudario, la noche de mi duelo." — "Soy un faro prendido en un mar sin orillas Para guiar las vidas que naufragan, al cielo. Yo recojo él perfume de las flores que mueren,
Y el alma de las vírgenes que los otoños hieren. Cuando la noche vela los campos de batalla Me clavan los heridos sus ojos entreabiertos;
Un beso hay en sus ojos, y cuando el mundo calla Yo devuelvo a las novias el beso de sus muertos."
" Tu amada fué un espíritu y flota en mis fulgores,
Y cuando yo ilumino tu triste soledad,
Te envía ella en mis rayos sus sonrisas y amores,
Y sus hondas miradas de luz y eternidad"...
Se hundió la blanca Venus en la tumba del día; El velo de la bruma borró sus vagos rastros; Ervar siguió en la sombra, y la noche gemía Como un divino mártir herido por los astros.
CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA
EL ARCO IRIS
Una tarde, en Ostende, en la ribera, Vagábamos soñando yo y Lucía, Mi amada de una breve primavera, De ojos claros y rubia cabellera Que una flor hecha carne parecía.
El gol, ya cerca del ocaso, enviaba Entre dos nubes sus dorados rayos; El mar en la ribera sollozaba, Y era un viejo titán que suspiraba Junto a mi dulce amada sus desmayos.
— Oye, Lucía: el mar vencido extiende Junto a tus pies, su eepuma y sus rumores. Alzó al cielo los ojos. — Hacia Ostende,
102 — CARLOS ORTIZ
Mira, me dijo, el arco iris tiende Su magnífica faja de colores. —
Sumergidos los dos en el mutismo De dos almas que piensan en lo mismo Que piensan en sus dichas o en su duelo, Mirábamos el arco sobre el cielo Como un puente de luz sobre un abismo.
De pronto ella miróme. Silencioso Yo vi en sus ojos plácidos, serenos, Flotar como un ensueño misterioso;
Y me dijo: — En las almas de los buenos El amor tiende su arco luminoso.
— Con tu amor mi existencia tú iluminas,
Y tu amor en mi alma, mundo en ruinas, Forma un iris de mágicos reflejos.
— 'Mira el arco, parece serpentinas Que se enviaran dos almas desde lejos.
"Sus fajas, cual las cuerdas de las liras, Son siete. — Contemplándolo semejas Mi ilusión atraída por mentiras. Son más bellas las curvas de tus cejas Que la curva del arco que así miras.
CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA — 103
"Y la curva gentil de tus caderas,
Y el arco palpitante de tus senos,
Y tus grandes ojeras, tus ojeras,
Dos valles donde duermen mis quimeras Bajo dos soles de poesía llenos;
"Tus ojeras, dos arcos de delicias Tendidos sobre cielos de poetas; Tus divinas ojeras, nobles vetas Que el amor ha formado con caricias
Y teñido con jugo de violetas;
"Dos valles voluptuosos donde crecen Flores azules de invisibles broches,
Y que son tus pecados que florecen
Y cantan los secretos de esas noches En que todas tus fibras se estremecen."
— Mira el arco ; se borran sus colores. — Es que el sol ya le niega sus fulgores. ¿No ves cómo desciende las laderas La noche, que da vida a los amores, La sombra que da luz a tus ojeras? —
El sol con la tristeza de un vencido, Hundió en el mar su cabellera rubia; La noche se acercaba, — ¡oh! noche ¡olvido! — Solemne y negra como virgen nubia, Constelado de estrellas su vestido.
LA PRINCESITA (Catulle Mendés)
La Princesita de tez de nieve Como los lirios, blondos cabellos
De oro y de luz; Frente de mármol y boca breve. Y grandes ojos, grandes y belloo,
Y el alma azul:
La Princesita, gentil y apuesta, Habla y al viento la melodía
Da de su voz; Ella pregunta y le contesta Vestido de oro y de pedrería
Joven Señor;
108 — CARLOS ORTIZ
Joven y esbelto: lleva en la espalda Carcaj y flecha, como si fuera
Real cazador; Cayendo en bucles, forma guirnalda De oro, en su frente, su cabellera;
Suave es su voz.
La Princesita pregunta : — El Sueño, ¿Decirme puedes en dónde habita,
Joven Señor? Y él responde : — Sí, dulce dueño De ojos azules, sí Princesita:
En mi mansión.
Ella sonríe, sus manos junta, Sus blancas manos y hacia él avanza Con suavidad;
— ¿Y la esperanza? — Luego pregunta. El le responde: — <?Y la Esperanza?
También allá.
— Cuánto celebro, Dios de Justicia, Esta dichosa, feliz y extrema
Casualidad.
— ¿Y la morada de la Delicia?
— También mi casa. Y la Suprema
Felicidad.
CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA — 109
Ella sonríe, pero él suspira.
La Princesita dice asombrada: - - '
— Joven Señor :
¡Cuánto me asombra, cuánto me admira! Será sin duda vuestra morada Regia mansión.
Después más triste mirando al suelo, Dice: — La Alarma, Señor, do habita Quiero saber.
— ¿Sólo la Alarma? — Y el hondo Duelo.
— Pues es muy fácil, ¡oh! Princesita:
Allí también.
— ¿Y la Nostalgia triste y sombría Que compañera es inseparable
Del cruel Dolor? (i Y la profunda Melancolía? — - Allí y con ellas la irremediable
Desolación.
La Princesita callada y mustia Queda un instante; después agrega:
— Señor, decid :
¿También en ella mora la Angustia?
— Sí, blanca niña ; la Rabia ciega
También allí.
110 — CARLOS ORTIZ
— cQuién sois? — pregunta; sus grandes ojos, Grandes y azules, muestran que es honda
Su admiración. ¿Quién soy, Princesa de labios rojos? Nada os admire, Princesa blonda:
¡Soy el Amor!
1895.
EXCELSA
Pasa la bella donna e par che sogna.
Con majestad olímpica de diosa Pasa la reina, la del busto regio; La que lleva en su frente esplendorosa La palidez marmórea de los nardos,
Y en su voz argentina el suave arpegio Que surge de las arpas de los bardos.
Pasa ondulante, sideral, esbelta,
Y todo ante su paso se perfuma; Ella es la Venus Afrodita, envuelta
No en el niveo ropaje
De la pálida espuma,
Sino en la seda de crujiente traje.
114 — CARLOS ORTXZ
No "el flamenco nadando en la laguna" Es el cisne que cruza por el lago A los tenues fulgores de la luna; Es la visión que en el ensueño vago, En los ensueños de la mente, flota; Es endecha, es arrullo, es melodía,
Es la trémula nota.
Es la suave armonía Que de las cuerdas de la lira brota; Es música, es efluvio y es destello, Rayo de luz, perfume de las flores, Es creación de lo artístico y lo bello, Es el ritmo triunfal de los amores!
Ella es la reina blonda, inspiradora De los líricos cantos del poeta; Es la maga que hechiza y que fulgura,
La maga seductora
Que las almas sujeta Al supremo poder de su hermosura.
Subyuga a su poder los corazones; Hace soñar, como la rubia Amira
De las "Hojas al viento". Hace elevar el alma a otras regiones. ¡Excelsa! ¡Excelsa! Su hermosura inspira: Hace brotar en mágicas canciones ¡Trovas de amor de la vibrante lira!
CROMO
El semblante de diosa; la mirada
Profunda, penetrante, Con más luz y más fuego que en el astro Que arriba, entre las sombras, centellea
Atravesando errante De los cielos la bóveda azulada; Ojos rasgados, frente de alabastro Donde parece fulgurar la idea.
Sus mejillas colora Ese tinte sutil de la eglantina Cuando en su seno virgen languidece; Ese rosado suave de la aurora Que al fulgor de un incendio se parece; Cual las alas de parda golondrina
118 — CARLOS ORTIZ
Las pestañas se extienden,
Y las miradas velan
De sus ojos magníficos que rielan Como luceros que en la noche esplenden.
Surge como una mágica armonía, Como sublime canto, Su palabra, celeste melodía Que sale de su boca muy pequeña; Arroba los sentidos con su encanto,
Y al verla se diría
Que con cosas del cielo sólo sueña.
En sus ojos hay fuego, En su palabra arpegios ignorados; Toda la perfección del arte griego Se encuentra en su escultórica cabeza Llena de luz, de sombras y poesía;
Sus cabellos ondeados Son negros cual la noche de mi duelo,
Y es tanta su belleza
Que el pintor de las vírgenes no habría Titubeado en tomarla de modelo.
Y al ver en su semblante,
De infantil inocencia rebosante,
Tanto candor angélico pintado;
Al mirar fascinado
CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA — 119
La belleza reír en sus mejillas,
Se piensa ante su espléndida hermosura
Arrojarse a sus plantas de rodillas
Diciendo embelesado: "¡Salve, llena de gracia, virgen pura!"
NOCTURNO
En alta noche yo medito. El viento Solloza una canción. El firmamento Florecido de estrellas se dilata; Tiende su vuelo audaz el pensamiento
Y el raudal del ensueño se desata.
La Pampa se adormece. En el cielo cada astro se estremece
Y tiembla en las tinieblas infinitas; Vierte su luz la luna y me parece
Que alguien deshoja blancas margaritas.
En su azul palidez las nebulosas Se dirían praderas luminosas De lirios y jazmines,
124 — CARLOS ORTIZ
Donde revuelan niveas mariposas, Donde juegan alegres serafines.
Y me brinda la noche sus halagos, Las flores de la pampa sus fragancias, Y tus pupilas de destellos vagos Guían mi alma al través de las distancias Como la estrella de los reyes magos.
HAZ DE FLORES
Suzón, cantan las aves; ¡despierta! ya su broche Abre la Aurora, rosa de ensueño y poesía; Como un inmenso párpado de tiniebla, la Noche Se aleja, y resplandece la pupila del día.
Despierta, y que tus párpados se replieguen vencidos I Por la luz bajo el arco sombrío de tus cejas; I Hay himnos en los bosques, gorjeos en los nidos 1 Y en torno de las flores revuelan las abejas.
Despierta, hoy es tu día; mi débil homenaje Te traigo, y es por eso que a tu ventana llamo; Son flores que en el grato misterio del follaje Busqué para dejarte mis besos en un ramo.
128 — CARLOS ORTIZ
Suzón, dicen que dejas que todo amor sucumba. ¿Por qué viven tan poco las rosas de tus huertos? Suzón, ¿es cierto?, dicen que es tu pecho una tumba Que guarda los despojos de tus amores muertos.
Recibe este haz de flores, que suave aroma exhala; Son jazmines tan blancos como tu blanca sien; Son pálidos miosotis y rosas de Bengala,
Y lirios, albos príncipes del lírico Rubén.
Y junto a una azucena, virgen de los vergeles, Una grácil gardenia se estremece confusa ;
Y en medio de estas flores revientan los claveles, Como los rojos versos de una sangrienta musa.
Hallé en lo más oculto de las selvas secretas, Bajo las frescas sombras de un sauce, este muguet,
Y flota en sus perfumes rival de las violetas Un ensueño de Guido y el alma de Musset.
La aurora entre armonías derrama sus fulgores; El lúgubre palacio de sombras se derrumba; Despierta, hoy es tu día: Muzón, toma estas flores, Ponías sobre tu pecho como sobre una tumba.
LAGRIMAS
(de albert samain)
Lágrimas de las flores suspendidas, Lágrimas de las fuentes escondidas Entre rocas y musgos temblorosos;
Lágrimas del Otoño desprendidas, Lágrimas de los cuernos, esparcidas En los inmensos bosques dolorosos;
Lágrimas de las. campanas latinas, Hermanas Carmelitas, Fuldensinas... Acento de las torres en fervor;
¡Oh! lágrimas, canciones argentinas De las dolientes fuentes florentinas Que en los jardines cantan su dolor;
132 CARLOS ORTIZ
Lágrimas de las noches; desmayantes Lágrimas de las flautas sollozantes En el azul del parque sin rumores;
Lágrimas de los párpados temblantes, ¡Oh! lágrimas de amor de ojos amantes Que con lágrimas riegan sus amores;
Gotas de éxtasis, llanto delicioso,
¡Caed de las noches! ¡Caed de los ojos! ¡Caed de las flore?
Y tú, corazón mío, bajo el río armonioso,
Y rico con el vano
Y agotado tesoro de las vacías urnas,
Lleva un gran sueño triste, un gran sueño al Océano De las lánguidas tardes taciturnas.
TARDE
(DE ALBERT SAMÁIN)
11 ángel de las tardes acaricia las flores... La Dama de los Sueños, su canción armoniza,
Y el cielo, donde el día ya al fin se sutiliza, Prolonga una agonía divina de colores.
El ángel de las tardes sonríe dulcemente... Las vírgenes aspiran el amor de las brisas,
Y en las flores, y sobre las frentes indecisas Palideces serenas nieva lentamente.
En el jardín las rosas se inclinan. Sollozante
La triste voz de Schuman por el espacio errante,
Traduce la honda queja de un dolor sin consuelo.
El alma de algún niño muy dulce sube al cielo... Alma mía, pon una señal al libro de horas, Va a recoger el ángel el sueño que tu lloras.
GEORGES ROBEN BACH
(DE LEOPOLDO DÍAZ)
Tuvo la temblorosa, sollozante armonía Oculta en lo más hondo del ser y de las cosas; : Flotaban los perfumes, en su alma, de las rosas, De rosas-té, soñando en su lenta agonía.
Como lejana música de flautas, su poesía Venía a acariciarnos con rimas misteriosas: Diadema de suspiros sobre labios de rosas, Perfume que en el aire deslíe su ambrosía.
La luna, entre sus lágrimas, dulce y blanca Julieta ;Con sus azules ojos buscará su Poeta Allá, en el agua triste, sobre el canal desierto: ¡En vano!... al ver que nadie responde a su martirio Y que en silencio pasan los cisnes, como un lirio Deshojará su llanto sobre el querido muerto!
LA FLECHA, EL ALA Y EL CORAZÓN (Catulle Mendés)
Tuvo una apuesta mi hechicera amiga,
La de gentil belleza;
Es una apuesta extraña Que la ingrata ganó. Nada mitiga Desde entonces la fúnebre tristeza Que tenaz por doquiera me acompaña.
Un arquero decía : — En este mundo Nada existe más raudo que mi flecha:
En menos de un segundo Atraviesa el espacio velozmente
Y al blanco llega rápida, derecha. ¿Hay algo, por ventura más ligero? —
Así dijo el arquero
Y mi amiga sonrióse alegremente.
144 — CARLOS O R T I Z .
Dijo una golondrina: — Bajo el cielo, Bajo ese cielo de un azul profundo
Donde el astro fulgura Brillante, envuelto en luminosas galas,
Nada iguala a mi vuelo, Al vuelo raudo de mis negras alas Que atraviesan en menos de un segundo De un extremo hasta otro la llanura. —
Así repuso el ave, Y alzó los hombros desdeñosa, grave, Mi amiga, la de espléndida hermosura.
— Pues qué! dijo el arquero, ¿Algo a mi flecha en rapidez se iguala? cQué existe que mi flecha más ligero?
— Pues qué! También la golondrina agrega, ¿Algo existe más rápido que el ala
Que con el viento a su destino llega?
— Sí, respondió mi amiga sonriente, Mi dulce amiga — sueño del poeta — Hay algo más veloz que la saeta, Más rápido que el ala en el ambiente. Apostaron. Partió rauda la flecha,
Partió rápida el ala,
Veloz como la bala, Veloz como los vientos silbadores Que en las ramas entonan triste endecha; Pero antes que la flecha vibradora
CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA — 145
El blanco hubiese herido
Con lúgubre silbido, Y mucho antes que el ala voladora Rozara sin esfuerzo ni fatiga De la pradera las fragantes flores, El corazón de mi hechicera amiga Volado había en pos de otros amores.
Q U I S I E R A
(Samain)
Quisiera con mis versos tejerte una diadema Que corone armoniosa tus mágicos hechizos, Y así con las estrofas temblantes de un poema Sujetar en tus sienes el oro de tus rizos.
Sueño con versos vagos, sueño con versos suaves, Con versos otoñales, con versos misteriosos Como el rumor del agua y el canto de las aves, Con versos en que el alma se deshoje en sollozos.
Con versos impalpables como el son y la nube, Con versos dolorosos como el alma de Ofelia, Tenues, como el incienso que en los altares sube, Que tengan el misterio de tu sonría, Amelia.
150 — CARLOS ORTÍZ
Sueño con versos tristes, de rimas silenciosas; Sueño con versos dulces, de lánguida armonía, Con versos moribundos, como marchitas rosas Que vierten su perfume en su lenta agonía.
Y así, con esos versos tejerte una diadema Que corone armoniosa tus mágicos hechizos;
Y así con esos versos dolientes de un poema Sujetar en tus sienes el oro de tus rizos...
Sueño con versos tristes, con versos silenciosos, Con versos en que el alma se deshoje en sollozos.
LOS CLAVELES ROJOS
Es como una obsesión. Aun me persigue La púrpura sangrienta de esas flores Que enrojecían tu corpino blanco, Allá en aquella fiesta, aquella noche. Es como una obsesión! — Esos claveles En guirnalda prendidos, en tu noble Pecho, — claveles rojos cual la sangre Que brota de una herida en cuerpo joven. - Cómo florecen, ¡ay! en mis recuerdos; Cómo entreabren sus purpúreos broches En mis noches, más tristes que mis pena?, En mis penas, más negras que mis noches!
Es como una obsesión! — En mis delirios Dejo que el río del recuerdo brote, Y corra fecundando el alma estéril, —
154 — CARLOS ORTIZ
Que es un limo el recuerdo si es de goce,
Y corra fecundando el alma enferma: — Oh, recuerdo! — Ya el alma, ya la pobre Hija de las nostalgias, te saluda!
La enferma de tristezas, te conoce! Oh! alma que sabes de placeres tristes, Alma que sabes del dolor de un goce!
Es como una obsesión! — Esos claveles, Rojas ascuas caídas de los orbes, Hieren la bruma intensa del pasado Con el rojo puñal de sus colores;
Y los veo manchando el puro armiño De tu traje, muy juntos a tu escote, En el tibio regazo de tu pecho. Sobre tu corazón de virgen, sobre Tu virgen corazón que ardiente late En su nido de ensueños e ilusiones;
Y así, sobre tu pecho, esos capullos Se diría que fuesen tus amores,
Que mancharon de pronto tu corpino Con la roja explosión de sus colores!
Cómo sollozan todos los recuerdos Cuando canta el pasado sus canciones! — Aun veo palpitantes en tu pecho Como ascuas encendidas, esos broches;
Y tu rostro más blanco que los lirios
CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA — 155
Junto al mío, tostado como el bronce;
Tostado por los vientos de la pampa
Y los rayos de fuego de cien soles;
Toda tu dulce timidez de virgen
Junto a mi ruda fortaleza de hombre. -
Tal he visto soñar las azucenas
Bajo la augusta majestad de un roble, -
Evoco aquellas horas y el momento
En que alguien pronunció tu dulce nombre.
Mientras brotaba de tu breve boca
Una sonrisa como un blando acorde,
Cuando viste en mis ojos algo extraño:
Una mirada llena de reproches,
En que todos mis celos florecían
Como claveles de sangrientos broches!
EL OTOÑO Y LAS VÍRGENES
Velada de misterio la tarde descendía,
Las primeras estrellas se abrían misteriosas.
Y como un lotus de oro, Venus resplandecía,
Como un lotus de ensueño sobre un lago de rosas. El alma del Otoño gemía en la alameda,
Y las hojas caían con un rumor de seda.
Los árboles temblaban besados por las brisas; Tres vírgenes envueltas en la penumbra de oro Cruzaban la alameda cual vírgenes poetisas Buscando los secretos de algún ritmo sonoro. Tres vírgenes pasaban : — Susana, Esther, Zulema, —
Y al rumor de sus pasos sollozaba un poema.
160 — CARLOS ORTIZ
Susana, alba azucena: sus flexibles cabellos Son hebras de oro pálido como la mies madura; Los ojos de Zulerna son de ardientes destellos,
Y Esther tiene del cisne la olímpica blancura,
Y en su cabeza artística, que Dios ha modelado, Le forman sus cabellos un casco perfumado.
Cruzaban bajo el arco sombrío del follaje, Herido por las flechas traidoras del Otoño, Viajero melancólico que va en eterno viaje Cantando la agonía del último retoño. Las vírgenes pasaban como un grupo de Diosas Mezclando con sus besos sus risas harmoniosas.
Sus risas y sus besos! Rimas del himno mágico Que en estrofas ardientes nos canta la Alegría... Sus besos y sus risas!... Pero el Otoño trágico Entre los mudos árboles lloraba una Elegía. Pasaban... y se unían en líricos excesos Los cantos de mi lira y el rumor de sus besos.
Los árboles vibraban pulsados por la brisa... Tres vírgenes envueltas en la penumbra de oro Cruzaban la alameda como un divino coro, Como un coro divino de vírgenes poetisas. Cruzaban la arboleda por las sendas desiertas
Y sus rizos sentían caer las hojas muertas!
EL ULTIMO PENSAMIENTO DE WEBER (de Banville)
Noches de estrellas,
Tibias y bellas, Bajo tus limpios cielos abiertos,
Mi triste lira
Que hcndo suspira, Sueña en los pobres amores muertos.
Ya la serena melancolía Vive en mi pecho con los dolores, Y yo oigo 1u alma, ¡oh, amada mía!, Que pasa trémula sobre las flores.
Noches de estrellas, Tibias y bellas, Bajo tus limpios cielos abiertos,
164 — CARLOS ORTIZ
Mi triste lira Que hondo suspira, Llora los pobres amores muertos.
Cuando en las sombras de la arboleda Sueño mis sueños de solitario, Se acerca tu alma que arrastra, queda, La blanca seda de su sudario.
Noches de estrellas,
Tibias y bellas, Bajo tus limpios cielos abiertos,
Mi triste lira
Que hondo suspira, Sueña en los pobres amores muertos.
Veo en la fuente tus grandes ojos
Y tus miradas dulces, tranquilas; Son estas rosas tus labios rojos,
Y esas estrellas son tus pupilas.
Noches de estrellas,
Tibias y bellas, Bajo tus grandes cielos abiertos,
Mi triste lira
Que hondo suspira, Sueña en los pobres amores muertos,..
CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA — 165
¿Dónde te encuentras Ligeia triste, Pálida musa de los dolores? ¿Por qué a mi labio sediento diste El filtro mágico de los amores?
Fúnebre llanto la nube espesa Llora en el mustio cielo sombrío: Oh! noche, inúndame con tu tristeza! Abrid en mi alma, flores de hastío!
EL VINO DE LOS AMANTES (Baudelaire)
El espacio está espléndido y sereno! Sin espuelas, sin látigo, sin freno, Partamos a caballo sobre el vino Para un cielo de luz, puro y divino.
Cual dos ángeles blancos que tortura Una ardiente, implacable calentura, Entre el azul cristal de la mañana Raudos sigamos la visión lejana.
Mecidos sobre el ala, muellemente,
Del veloz torbellino inteligente,
En un delirio igual, delirio hermoso,
Flotando juntos de la dicha dueños, Huiremos, alma mía, sin reposo Al azul paraíso de mis sueños!
CANCIÓN DEL RAYO
Relámpago ígneo, rayo que en un zigzag violento Fustigas los hipógrifos en que cabalga el viento; Relámpago ígneo, corvo vengador de querubes Que abres heridas rojas en las rebeldes nubes; Tú, que de las tinieblas rasgando los cendales, Trazas én el espacio mortíferas señales, Señales fulgurantes de los genios malignos, Que hacen entre las sombras sus luminosos signos, Y brillan con siniestro fulgor, mientras las pampas Parece que soñaran cuando ese signo estampas... Rayo ígneo, cuando avanzan los negros escuadrones De las tormentas y huyen las trágicas legiones, Pareces el rebenque de algún dragón en guerra Que azota las borrascas para aplastar la tierral
174— CARLOS ORTIZ
Sí, lívido relámpago: yo amo tu luz intensa En esas noches negras, cuando la pampa piensa, Huérfana de alegrías y huérfana de flores, — Que sueña en sus tristezas y piensa en sus dolores Amo tu luz sombría, amo tu luz intensa Cuando hieres los flancos de la noche suspensa, Pues se diría al verte rasgar la bruma enorme Que son los pensamientos del alma de lo informe.
Yo amo el fragor hondo y horrísono del trueno, Que es voz de rebelión, que es un acento lleno De trágica amenaza. — ¡Oh, voz de iras eternas, Que nace en las montañas y muere en las cavernas! —
Y que al traer el eco de los negros abismes, Parece que anunciara los grandes cataclismos.
Y esa es tu voz, oh, rayo! La amo porque una noche Mientras ella dormía como un divino broche,
Su hermosa cabecita muy lejos de mi pecho, Vibró tu voz robusta que hizo temblar el techo; El débil y ligero techo de mi cabana Crujió al impulso ciego de alguna fuerza extraña!,..
Muy lejos de mi pecho su espléndida cabeza Reclinada en los brazos soñaba en su tristeza... (i Por qué estaba enojada? — Oh! mi dulce tesoro! Creyó ella en mis mentiras, dio crédito a mis bromas... Sus senos se agitaban como blancas palomas Que mueven sus alitas para emprender el vuelo.
CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA — 175
Dormía así. De pronto vibró la voz del cielo, Voz de las grandes cóleras, voz de las iras santas, Que nace en las alturas y muere a nuestras plantas... El trueno proseguía, perdiéndose a lo lejos; La estancia se llenaba de lívidos reflejos.
Ella agitó su cuerpo, abrió sus grandes ojos: Es que la despertaban los celestes enojos.
— Qué ruido, qué fulgores, qué horrible pesadilla! í — Es el trueno que ruge y es el rayo que brilla.
— Tengo terror al trueno, protégeme a tu lado!
— Aquí, sobre mi pecho, descansa, bien amado!
Se aproximó a mi cuerpo, sonriéronme sus labios,
Miráronme sus ojos, huyeron sus agravios,
Se aproximó a mi cuerpo con mohín de coqueta,
Tal como los ensueños al alma del poeta;
Y entonces estallaron en mágicos excesos,
Relámpagos de amores con músicas de besos!
LAS FLORES DE MUGUETTE
— Muguette: por tus flores te cambio mis amores.
— C Acaso tus amores valen más que mis flores?
— ¿No sabes que en un día la flor se descolora?
— ¿Y acaso el amor puede vivir más de una hora?
— Tienes razón: mi alma es un jardín, bien mío, Lleno de amores — rosas de pétalos muy rojo.: — Y así como a tus flores las mata el sol de estío, Mueren al sol de fuego de tus ardientes ojos:
Los matan tus miradas — Pues bien, toma mis flores.
— Ponías sobre la tumba, Muguette, de mis amores.
EVOCACIÓN
Es la hora en que florecen las rosas de la tarde, Hora de los ensueños y las evocaciones, En que la noble estrella de los recuerdos arde Mientras brotan dolientes las trémulas canciones.
Bajo la augusta sombra que desciende del cielo, Mi corazón, cansado, te evoca en su tristeza. Vestida, como mi alma, con tu traje de duelo,
Y soñadora en medio de tu oriental belleza.
Te vi mientras cruzabas por las sendas tranquilas, Llenando de armonías las vagas soledades,
Y a la luz de tus negras y mágicas pupilas Sentí todas mis penas disolverse en bondades.
184 — C A R LOS ORTIZ
Y guardo de ese instante, guardo de ese minuto, Del cielo y de tus ojos, de tu voz, de la brisa, Del roce de tus labios, de tu traje de luto, El inefable encanto de una dulce sonrisa.
Oh! sí: guardo de entonces un eco silencioso, Algo como misterio de una visión suprema: Surgió de esa sonrisa nacida de un sollozo Oh! Amada, este sollozo que expira en un poema!
EL RUISEÑOR (Verlaine)
Cual bulliciosa banda de tordos sorprendidos, Hoy sobre mí se abaten mis recuerdos queridos;
Y llegan y se abaten entre el seco follaje Del corazón que mira su lánguido ramaje En el violeta espejo del agua de las Penas, Del agua que a su lado solloza y corre apenas;
Se abaten, y el murmullo que de entre el árbol vuela
Y que una débil brisa que va creciendo, vela, Se extingue gradualmente; calla la tropa alada
Y al cabo de un instante ya no se escucha nada, Nada más que la voz celebrando la Ausente, Nada más que la voz — ¡tan lánguida y doliente! — ■ Del pájaro que ha sido mi Amor primero un día,
Y que canta lo mismo que entonces, todavía,
Y en el esplendor triste de una solemne luna,
138 —
CARLOS ORTIZ
Alzándose velada de palideces, una __ Melancólica noche, negra noche de estío Llena de obscuridades y silencio sombrío, Mece sobre el azur, que una brisa desflora, Al árbol que se agita y al pájaro que llora.
MARGARITA
Mon ame est une fleur effeuillée par la vie.
Mi alma florecía como una margarita, Sus hojas eran todas ilusiones en flor; ¿Quién arrancó sus pétalos? ¿Quién la dejó marchita? ¿Quién preguntó a mi alma si la quería o no?
Al viento del olvido voló su última hojita, Con un murmullo triste, más triste que un "adiós"; Más triste que el suspiro que brota en la infinita Nostalgia de una virgen por un perdido amor.
La vida, la implacable, tus pétalos arranca, ¡Oh! alma, ¡oh! margarita divinamente blanca Que abrías tus hojitas como una estrella en flor;
192 —
CARLOS ORTIZ
Para saber si la amas la vida te deshoja: — <¡Me quieres? — ¿No me quieres?
Al caer tu postrer hoja Con un rumor sombrío dijo a la vida:, "no".
A LA ELECTA
Al rayo de la luna entre las frondas, Que da un beso de luz a los capullos, ¡Oh! blanca electa de pupilas hondas, Te canta tu poeta sus arrullos.
Yerguen sus copas candidas los lirios, Príncipes albos del floral imperio. Ven excelsa visión de mis delirios, A las frondas pobladas de misterio.
Como senos de vírgenes, sus broches Erigen las gallardas azucenas. Ven, mi pálida, estrella de mis noches, De las noches profundas de mis penas.
196 — GARLOS ORTIZ
Tu regia planta besarán las flores Para alfombrar con pétalos tus rastros;
Y un nimbo sideral, con sus fulgores Para tus sienes tejerán los astros.
Y erguida ante las trémulas magnolias, Más blanca que sus vírgenes capullos, Oirás cómo te cantan en las folias Las brisas con eólicos murmullos.
¡Oh! cómo envidiarán esas tranquilas Flores del cielo, fúlgidas esferas, El fulgor de tus mágicas pupilas Donde vagan ensueños y quimeras!
Hay rumores de besos en los álamos; Ven, haremos con rosas blanda cuna; ¡Oh! el sagrado misterio de los tálamos A la luz sugestiva de la luna!
Hay en todo un acento que te nombra Con la armonía de una voz secreta;
Y me parece ver en cada sombra Deslizarse tu pálida silueta.
Hay suspiros florales: las corolas Parece que palpitan con mis cantos ; Tal vez mis rimas, huérfanas y solas, Les revelan, ioh! virgen, tus encantos.
CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA — 197
Les dirán que más fresca que la rosa Que acarician los céfiros traviesos, Es tu pequeña boca voluptuosa, Tibio nido de arrullos y de besos;
Que hay en tu cuerpo de atractivos raros La virgen palidez de la avalancha; ¡Oh! envidia de los mármoles de Paros, De los divinos mármoles sin mancha;
Que pareces tan pálida y tan mística Envuelta en la corola de algún lirio; ¡Oh! mi celeste lámpara eucarística Encendida en mis noches de martirio!
LA FLOR DE MI ESPERANZA
"¡Adiós!", me dijo, sollozante, mustia Clavando sus pupilas en mis ojos. "¡Adiós!" le repetí con honda angustia Y ante sus plantas me postré de hinojos.
Yo quise modular, tierno, a su oído Esa plegaria que el amor levanta; Sólo "¡adiós!" — repetí desfallecido. Me anudaba el sollozo la garganta. *
Presto partí: de la gentil doncella Sólo guardo una dulce remembranza. Presto partí, pero quedó con ella ¡La flor de mi ilusión y mi esperanza!
EL OTOÑO Y LOS SÁTIROS
(jEAN MORÉAS)
Ayer hallé en un bosque, donde por las serenas Tardes, suelo ir a veces a soñar con mis penas, Tres sátiros amigos: el uno conducía Saltando, un odre lleno; el segundo blandía Como imitando a Hércules, fuerte bastón de olivo. Sobre los tristes árboles, sin su verde ropaje, Pues Otoño ha esparcido por tierra su follaje, El lánguido crepúsculo caía pensativo. El sátiro tercero, sentado en una cima Su caramillo rústico a la boca aproxima,
Y surge bajo el roce de sus dedos un son Frenético y suave, voluptuoso y ligero;
Y entonces los dos sátiros, librándose el primero Del odre, y el segundo del pesado bastón, Danzaron y sus patas por las sendas desiertas Una tras otra hacían volar las hojas muertas.
DIJO EL SILFO,.,
Cuando la noche enciende sus lámparas astrales,
Y adorna sus cabellos con rosas siderales,
En la hora en que cada alma solloza su poema,
Un silfo entre unas flores, me habló de ti, Zulema.
— "Yo la he visto, — así el silfo me dijo misterioso, —
" Contemplando el espacio, y un suspiro armonioso
" Pasó como una música por sus labios risueños:
" Tal vez oyó la dulce canción de sus ensueños;
" Tal vez vibró en su almita la voz de sus quimeras,
44 Habiéndole de flores, de luz, de primaveras;
" Quizá veía muy bellos brillando en lontananza,
" La estrella de sus dichas, y el sol de su esperanza.
,'* Yo penetré en su alma, y su alma bondadosa
" Era como una aurora con su ropaje rosa.
" ¡Oh! su alma es el estuche de todas las ternezas".
Huyó el silfo, y yo solo seguí con mis tristezas.
AGÓN Agón p Antagón — El canto de Agón p Vitas
¡Ya nada espero!... De mi pecho herido Huyó por siempre la apacible calma; ¡Ya nada espero! Mi esperanza ha huido: Huérfana y sola desfallece el alma.
Gimo incesante sin hallar consuelo, Sin tener ya ni dichas, ni ilusiones; Y como un himno de gigante duelo Brotan, ¡ay!, de mi lira las canciones.
¿Qué se hicieron mis horas de ventura, Mis ensueños de amor y de esperanza? Huyeron, cual ante la noche obscura Banda de luz se aleja en lontananza.
214 — CARLOS OBTIZ
Mi existencia es un árido desierto: Sólo abrojos alfombran mi camino; ¡Triste es la vida cuando todo ha muerto
Y es el hombre juguete del destino!'
¡No me importa morir! Harto he luchado Sufriendo de la vida los reveses; ¡No me importa morir! Ya he saboreado El cáliz del dolor hasta las heces!
La tempestad de la existencia agita El alma enferma que morir se siente;
Y se doblega pálida y marchita Al rudo peso del dolor, la frente!
Es mi vida un erial: sombras, enojos; Triste como las lápidas desiertas: ¡Ni aun lágrimas ya quedan a mis ojos Para llorar las ilusiones muertas!
Mas no me rindo en la batalla dura, Mis armas de combate yo no quiebro, Mientras exista, esplendorosa y pura, Una chispa de luz en mi cerebro.
— Y yo mis armas de combate quiebro. ¿Por qué si todo me abandona, lidio ? Cruza como un fantasma mi cerebro La idea redentora del suicidio.
VIBRA CIONES
Ya vierten las estrellas sus fulgores Cintilando del cielo en el confín; Se extinguieron del mundo los rumores, Sólo hablan de esperanzas y de amores
Solloza Schubert; triste melodía Arranca al instrumento un serafín; Con dulce y sin igual melancolía Derraman esa lánguida armonía
Gime Bériot: la mente alza su vuelo A la región sin límites, sin fin, Escuchando esa música del cielo
218 — CARLOS ORTIZ
Que forman, armoniosas, con anhelo,
En armonía magistral, excelsa, - Dice Wagner las nupcias de Lohengrin,
Y ora traducen los amores de Elsa, O cantan las hazañas de algún Welsa
¡Cómo pasan las hondas amarguras Que surgen de la vida en el festín,
Y se olvidan las negras desventuras, Cuando vierten sus notas tiernas, puras,
Derraman las estrellas sus fulgores Cintilando del cielo en el confín; Se extinguieron los mágicos rumores: Ya no hablan de esperanzas ni de amores
BALADA DE OTOÑO
Fué en el lago: las corola* Se teñían de arrebol; Junto a mi amiga, las olas Entonaban barcarolas Bajo los besos del sol.
Una noche, mientras pisa Las violetas del jardín, Me da su alma en su sonrisa Que recogía la brisa Perfumada de jazmín.
En la alcoba: el blanco nido, Suspiros, frases de miel; Alguien murmura a mi oído:
222 — CARLOS ORTIZ
"Mira que pasa el olvido Bajo el rosado dosel".
Después la desgarradora, La triste separación; Llegó del adiós la hora, Mientras surgía la aurora Sobre una muerta ilusión.
La ausencia, las no olvidadas Promesas, la duda cruel; Y así las horas pausadas Llegaban como enlutadas Trayendo tragos de hiél...
Volví a verla, pero inerte, Ya fría su blanca sien. "No esperes que se despierte, Mira que llegó la Muerte Para besarla también".
¡Oh! Pálida que deshojas, Las margaritas en flor. Triste Otoño, cómo arrojas Las amarillentas hojas Sobre tu tumba y mi amor!