El poema de las mieses: cantos de amor, esperanza y duda · Unidad 13 de 27

Unidad 13 · EL POEMA DE LAS MIESES

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EL POEMA DE LAS MIESES

Habla el trueno; su voz en el ambiente Se dilata, y lúgubre retumba, Como si alguien golpeara largamente Las puertas de una tumba.

Ahulla el huracán; la selva cruje; Los árboles reciben el ultraje Del viento, y se doblegan a su empuje, Cual si quisieran, pobres penitentes, Besar el polvo con sus altas frentes Para calmar la tempestad salvaje.

Ervar despierta, y oye cómo ruge La voz de los airados elementos;

Y siente cómo tiembla su cabana Construida sobre débiles cimientos;

Y oye el repiqueteo formidable Del granizo que asóla la campaña.

Así, sobre la frente del impío, En su sagrado enojo, inexorable, Debe rugir la cólera suprema. Ervar mira; un relámpago sombrío Ilumina su lecho, ya vacío; Y sobre él ve en pedazos la diadema Que hizo con las primicias del estío.

88 — CARLOS ORTIZ

Y llama; el nombre de su amada nombra; Escrutan sus miradas El seno de la sombra. Sólo mira el relámpago sangriento, Sólo escucha burlonas carcajadas En el fragor del viento.

¿Quién canta las mentiras de los goces? " Los besos son ligeras mariposas; " Vuelan de los capullos "De las bocas que se abren como rosas; " Cuatro alas tienen, hechas con la seda " Armoniosa de todos los arrullos, " Pero, ¡ay! huyen veloces " Y el polvo de sus alas sólo queda".

Oye Ervar en el viento extrañas voces Que cantan las mentiras de los goces.

Hunde en la noche del terror sus ojos, Y mira en lontananza Deshechos sus rastrojos. " — Es la obra de mi fe que se derrumba, "Es la obra de mi amor y mi esperanza " Que cae en los abismos de una tumba.

" Y ella, la blanca flor de la pradera, " Que vino con la verde primavera

EL POEMA DE LAS MIESES

Se ha ido en la borrasca del estío; Sólo dejó su aroma entre mis brazos,

Y allí, donde bebió el aliento mío, Una frágil corona hecha pedazos;

Y es la sola verdad de esta mentira".

La tempestad rugiendo se retira; I huracán detiene fatigadas Sus grandes alas, por el ancho vuelo;

Y Ervar clava en las nubes sus miradas

Y queda inmóvil desafiando el cielo.

ROMANZA DE LA ESTRELLA

La estrella de las tardes fulgura entre las rosas Deshojadas al paso de seda de la Noche Por dedos invisibles, por manos misteriosas; La estrella de las tardes florece como el broche De un lotus sobre un lago de linfas luminosas.

Velada de misterio la tierra se adormece: Es el titán que afloja sus fatigados músculos; Y mientras allá arriba la luz se desvanece Solloza sus tristezas la voz de los crepúsculos.

Ervar, mustio, sombrío, vaga por sus rastrojos Donde tan sólo quedan inútiles despojos De todos sus afanes, de toda su esperanza; Donde hizo su cosecha de negros desengaños;