El ritmo de la vida : motivos para pensar · Unidad 84 de 111
Unidad 84 · ¿58 VARGAS ViLA
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¿58 VARGAS ViLA
En sociedad, hablamos siempre de la Virtud, por miedo á que llegue á hablarse de nuestros vicios ;
y, porque aplaudir la Virtud, nos da cierto aire de poseerla ;
y parecer virtuosos nos priva del fastidio de serlo ;
La diferencia entre la Razón y la Pasión, está, en que la Razón conoce sus Errores y no puede destruirlos ; y, la Pasión los ignora, y por eso los destruye.
Una pequeña Pasión, basta para hacernos ciegos ; y mil pequeñas virtudes, no alcanzan á iluminarnos.
Son más, las veces que quisiéramos no pensar, que aquellas en que deseáramos hacerlo, porque casi siempre, el Recuerdo, es un tormento, y nunca tiene el encanto de aquel suave lenitivo que llamamos : el Olvido.
EL RITMO DE LA VIDA 259
Hay tanta nobleza, on la actitud de ciertas mujeres, que tememos insultarlas con nuestros deseos ;
y hay tantos deseos, en la actitud de otras, que tememos ofenderlas con nuestra nobleza;
y eso, porque la Mujer ama el Respeto, á condición que éste no mate el deseo ;
y en Amor, el Respeto exagerado, se confunde fácilmente con el Desprecio.
Nos es siempre más sensible, el fracaso de un Ensueño, que el fracaso de una Realidad ;
y eso, porque las Re?Uidades son siempre dolorosas, y en nuestros Ensueños, ponemos todo el encanto de la Ilusión, y á veces toda la Ilusión de nuestra Vida.
Casi nunca, un Gran Sabio, es un Gran Genio, porque el Sabio tiene límites y el Genio no ;
el Sabio, sabe ; y el Genio, crea ;
el Sabio, se ha enriquecido con el Pensamiento de los otros ;
y el Genio enriquece á ios otros, con su propio Pensamiento.
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Con un oído atento hacia el Pasado, escuchamos la voz de los Oráculos ;
y con el otro atento al Porvenir, creemos escuchar la voz de los Enigmas ;
y así llegamos á la tumba, sin que los unos nos hayan dicho la Verdad, ni los otros nos hayan revelado sus secretos ;
y vamos á reposarnos en el seno de la Muerte, donde los Oráculos y los Enigmas hacen reir el rostro de los muertos.
Dos sentimientos se disputan, por igual, el Imperio de nuestro corazón, en la edad madura : la vergüenza de haber adorado algo ; y la tristeza de no adorar ya nada.
Nuestra Vida, es hecha de bajezas, es decir, de adoraciones ;
y así, cuando ya hemos quemado todos los ídolos y de sus cenizas no queremos saber nada, llegamos á la cima de la Adoración, y nos adoramos á nosotros mismos ;