El sí de las niñas · Unidad 12 de 38

ESCENA II.

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DOÑA IRENE, DOÑA FRANCISCA.

D.ª IRE. Sola y á obscuras me habeis dejado allí.

D.ª FCA. Como estaba usted acabando su carta, mamá, por no estorbarla me he venido aquí, que está mucho mas fresco.

D.ª IRE. ¿Pero aquella muchacha qué hace, que no trae una luz? Para cualquiera cosa se está un año... Y yo que tengo un genio como una pólvora... (_Siéntase._) Sea todo por Dios... ¿Y D. Diego no ha venido?

D.ª FCA. Me parece que no.

D.ª IRE. Pues cuenta, niña, con lo que te he dicho ya. Y mira que no gusto de repetir una cosa dos veces. Este caballero está sentido, y con muchísima razon...

D.ª FCA. Bien, sí señora, ya lo sé. No me riña usted mas.

D.ª IRE. No es esto reñirte, hija mia, esto es aconsejarte. Porque como tú no tienes conocimiento para considerar el bien que se nos ha entrado por las puertas... Y lo atrasada que me coge, que yo no sé lo que hubiera sido de tu pobre madre... Siempre cayendo y levantando... Médicos, botica... Que se dejaba pedir aquel caribe de D. Bruno (Dios le haya coronado de gloria) los veinte y los treinta reales por cada papelillo de píldoras de coloquíntida y asafétida... Mira que un casamiento como el que vas á hacer, muy pocas le consiguen. Bien que á las oraciones de tus tias, que son unas bienaventuradas, debemos agradecer esta fortuna, y no á tus méritos ni á mi diligencia... ¿Qué dices?

D.ª FCA. Yo nada, mamá.

D.ª IRE. Pues nunca dices nada. ¡Válgame Dios, señor!... En hablándote de esto, no te ocurre nada que decir.