El suspiro del moro : leyendas, tradiciones, historias referentes a la conquista de Granada · Unidad 119 de 390

Unidad 119 · BMTLIO CASTBLAR. 267

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BMTLIO CASTBLAR. 267

contado tu historia. Yo sabia tu nombre antes de preguntártelo.

— Pues bien ; el esbirro te habrá dicho que soy del África y que pertenezco á una tribu, la cual no reconoce más señor que aquel omnipotente y próvido y sabio , cuyo poder y autoridad rigen todo 'el universo.

— Mayor motivo para que te duelan las violencias de quien se imagina sustituir á Dios en el trono de Granada.

— En los africanos desiertos el más benéfico es el más poderoso. Aquel que más hace por su tribu, aquel manda. Los beneficios dispensados á los pobres y á los infelices forman los escalones de la escalera que sube hasta la cima del trono. Y así, deponemos al jefe que no sabe sostener su dignidad ó que llega en todo evento á verse sobrepujado por cualquier otro beduino en fortuna y en grandeza.

—Ya comprendo, Gezar, el secreto de tu historia y el origen de tu infortunio. Has querido aplicar á Granada los sentimientos inspirados por los oasis del desierto.

—Nosotros, Ulan — añadió Gezar, — á quien el recuerdo de patria y tribu había prestado singular elocuencia, — nosotros tenemos por nuestros hermanos, tal amistad que consideramos lo suyo nuestro, asi el agravio como el honor. Ama tu tribu, ha dicho uno de nuestros mayores poetas, porque te unen á ella lazos más fuertes que los existentes entre la mujer y el marido en la familia.

Í268 EL SUSPIRO DEL MORO.

— Así, Gezar, quiero yo también á mi pafria. —No te ofenderás, Ulan, si lo dudo un tanto. — ¿V en qué fundas tu duda?

—La fundó en el distinto carácter de nuestras dos religiones.

— Gezar, no hablemos de tal cosa. —¿Porqué?

— Por una muy sencilla mzón. — Díla pues, Ulan.

— Porque unidos al mismo hierro, justo será que hablemos de todo cuanto nos confunda y omitamos toda cuanto nos divida.

— ¡ Nos dividen por Alah tantas cosas !

— Pues nos junta un afecto común. -Sí.

— El afecto de odio al tirano Hacem.

— Mas... I por qué razones tan diversas! — Justo. Pongamos las cosas en su verdadero punto y demos á las palabras su verdadero sentido.

— Sea en buen hora.

— Tú deseas la ruina de Hacem: v vo deseo la ruina de Hacem.

— Verdad.

— Estamos, pues, convenidos. — Pero por...

— Espera, espera; yo diré tu sentimiento y el mío.

— Habla pues.

— Yo detesto al tirano Hacem por el daño que nos hace; y tú lo detestas porque aún crees que tal