El suspiro del moro : leyendas, tradiciones, historias referentes a la conquista de Granada · Unidad 195 de 390
Unidad 195 · EMILIO CASTBLAR. 41
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
EMILIO CASTBLAR. 41
por Gezar, eran los aposentos de Hacem; y los aposentos requeridos por Illán , los aposentos de Zoraya. Illán lo presentía . Llamarán á esto los físicos modernos electricidad nerviosa ó magnetismo animal , atribuiránlo á efluvios emanados por ley natural de las complexiones exaltadísimas y cargadas por la materia y sus fuerzas de fluidos misteriosos como la nube tonante; el impulso que mueve las imanadas agujas hacia el Norte, moverá los corazones amantes hacia los corazones amados; y si esta explicación materialista no puede satisfacer á quienes de otras más altas ideas se pagan y tienen mayor espiritualismo en sus doctrinas, habrá momentos en que se desceñirá el alma humana de su frágil cuerpo, y volando por lo infinito sin las cadenas de la pobre materia, sin la sombra de los sentidos, se alzará como los ángeles del cielo fuera y lejos del tiempo hasta llegar á la eternidad y ver desde allí por intuiciones milagrosas lo porvenir; será de esto lo que quieran filósofos de todas las escuelas, descifradores más ó menos felices de todos los misterios; pero es lo cierto que Illán adivinó por presentimientos proféticos, naturales á su amor, que debía dar con su Isabel adorada en las líneas de aquella peligrosa correría y en los términos de aquel azaroso viaje. Así, con una previsión justificada por los resultados, adelantábase á las puertas y abría precavido y cuidadoso como si tras cada una hubiera de hallar lo que buscaba. Yendo siempre delante de los suyos , adelantándose á su
42 EL SUSPIRO DEL MORO.
paso Illán preveía lo que tras cada puerta le aguardaba y no quería que nadie le acompañase al punto y hora de penetrar en las diversas estancias. Por tal manera fué acercándose con tino al sitio donde se hallaba recluida Isabel y absorta en la meditación profunda y reflexiva sobre los varios sucesos que pasaran á su alrededor en aquellos críticos instantes.
Eran para meditados. Zoraya, en la plenitud completísima de su existencia , se había visto casi á los bordes oscuros del sepulcro, asaltada por una muerte aparente, que á ella misma le pareciera, en su dispertar, muerte segura, efectiva, real. Una vez despierta Isabel ó Zoraya, como nuestros lectores quieran llamarla, habíase hallado en camarín lujosísimo de imperial palacio con gallardo moro, cuyo perfumado cuerpo y cuyo espíritu centellante acusábanlo de noble origen y altísima prosapia, quien á sus plantas rendido le ofrecía un ardiente corazón. Brusco tránsito para Isabel pasar desde su blasonado castillo á profanos harenes y dejar su nombre tan castellano por el nombre tan árabe de Zoraya, y su iglesia, tan frecuentemente visitada, por los áureos alhamíes donde se leía y adoraba el Koran; brusco tránsito ciertamente, pero no tanto, ni tan rápido, como el paso, tras un sueño parecido á la muerte, desde aquellas estancias del harén granadino donde sólo reinaba Moraima y todas las mujeres asemejábanse á las enjauladas avecillas congregadas allí para diversión de un señor