El suspiro del moro : leyendas, tradiciones, historias referentes a la conquista de Granada · Unidad 27 de 390
Unidad 27 · 62 EL SUSPIBO DEL MOBO.
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en Isabel una de sus lumbreras , por lo perspicao de la inteligencia y lo abundante de la palabra:, s^ guu demuestra en todos estos coloquios.
— Si nos priváramos — dijo la madre — de nuestra bija tan fácilmente como ella quiere privarse de sus padres, ya estaría en el cenobio entre oraciones y penitencias, y nosotros en este hogar abandonado, nido sin hijuelos, entre dolores y tristezas.
— Es verdad — añadió el señor de Solís — no sabéis cuánto hemos debido hacer para evitar su entrada en un convento.
— Lpa religión— dijo Isabel — ai>arece aquí, entre nosotros, á la frontera de i'eino infiel y enemigo, con los resplandores relampagueantes y sublimes de una continua tempestad. Aquí la vemos combatida por hambrientas cimitarras, y, por combatida , la queremos , como no pueden quererla jamás aquellos que la gozan ti-anquilos y que se hallan <:iertos de verla, consagrando su sepulcro cual consagrara su anioi*. Notad que por los hoi'des y orillas del mar se levanta mayoi' número de santuarios que por las tierras interiores, y estos santuarios relucen con mayor número de ex -votos. Y sucede así, porque la ola hinchada, la tabla combatida de continuo, la jarcia rota iacilmente, la tenir pestad desencadenada en los aires y que bate las férvidas hondui-as, inspiran el sentimiento religioso; pues si los horizontes se cieri'an, si los mares se turban, si los oleajes se levantan uno sobro otro para devorar la nave , no queda otro asidero al
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náufrago sino la confianza puesta en Dios y en el divino socorro. Igual acontece aquí. A cada paso el incendio devora las cabanas , el asalto acomete los muros, la tala yerma los campos, la irrupción y la guerra ensangrientan los ríos , la campana suena el rebato, la familia se merma con una víctima nueva trastrocada en mártir, el altar de la oración se ve profanado y convertido en pesebre de los cabellos del Profeta; y solamente nos queda, en tal ctóor, el recurso de un llamamiento á los cielos. Si, como el náufrago, lanzado á la orilla por un uülagro, sube descalzo en penitencia por los riscos al santuario donde los fieles invocan la estrella de los mares, la Virgen Madre que les ha socorrido en tal angustia, nosotras, las pobres mujeres de todas estas comarcas, nacidas y criadas sin saber si al venidero día seremos esclavas del infiel y del extranjero , necesitamos recurrir á Dios y en Dios poner toda nuestra confianza, y á Dios importunar con todas nuestras oraciones antes de ocurrir al ^tablecimiento de una familia que al fin y al cabo solo serviría para la continuación y la perennidad <^i)Casi, de nuestras desdichas.
■-En verdad que tiene razón — dijo Vera.
-* Sobre todo, señor, no sabéis cómo aquí el culto á María se aviva y exalta. Tres veces la invocamos diariamente : cuando rava el alba, cuando viene la noche v cuando el sol toca en su cénit. Y al invocarla, vérnosla sobre sus nubes argentadas por la luna, entre sus ángeles que baten las áureas