El Tempe argentino · Capítulo real 2 de 7
CAPÍTULO XV
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 18 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPÍTULO XV
El ocelote y el micuré
Fuera del yaguareté, que, como se ha visto, no es más que una visita rara en el delta, creo que no hay en él más cuadrúpedos carniceros, que el ocelote y la sariga o micuré, impropiamente llamado gato montés, y comadreja. El primero, se encuentra en todo el continente, es animal nocturno que hace la guerra a los pequeños mamíferos y a las aves. La segunda, nocturna también, es del cuerpo de un gato, y de color rojo acanelado, con el vientre de un blanco amarillento. Tímida e inofensiva, se domestica con facilidad; tiene la astucia de la zorra, al grado de sufrir las más crueles heridas sin chistar, fingiéndose la muerta, hasta que echando de ver que sus perseguidores se han alejado, se arrastra como puede hasta su cueva. Es el corsario de los nidos, buscándolos de noche sobre los árboles, sabe sorberse los huevos de gallina, haciéndoles al efecto un pequeño agujero; se regala con los pollos y chupa la sangre a las cluecas, cuando puede atraparlas al descuido; también hace daño en las huertas, porque come de todo, siendo notablemente aficionada a las uvas.
102 EL TEMPE ARGENTINO,
e >
Para comer hace uso de sus manos que son bastante parecidas a las del mono, y también se sienta y hace sus monerías como éste. Tiene una cola muy larga, prehensil, que le sirve para asegurarse en las ramas de los árboles y para sostener y llevar a los hijos, ya grandezuelos, sobre su espalda, enroscando ellos sus colitas en la de la madre.
Una particularidad sorprendente distingue este animal de todos los demás de la creación: tiene un segundo seno externo donde acaban de desarrrollarse los fetos después de salir prematuramente del seno interno. Los naturalistas han visto en este fenómeno una doble gestación, y en su consecuencia han clasificado estos mamíferos con la voz dideltos (dos úteros), llamándole también marsupiales o animales con bolsa.
Ese segundo seno de la hembra es un ancho bolsillo que tiene en el bajo vientre, formado de su mismo pellejo, que cubre las mamas, cuyos pezones son de una forma singular: muy delgados, filiformes, puntiagudos y excesivamente largos, como de dos pulgadas. A los pocos días de preñez la sariga pare, o más propiamente aborta, y hace pasar los hijos a su bolsa o bolsillo. |
Para efectuar esto, la madre, llegado el trance del parto, se encorva hacia adelante a fin de que uno de sus largos pezones penetre en el conducto sexual;
allí apoderándose de él el pequeñuelo, nace pren-
dido y pasa a la bolsa; s así sucesivamente los seis u ocho de cada gestación se van trasladando al nuevo seno o bolsillo, donde permanecen asidos de las mamilas sin soltarlas durante muchos días. Después, empiezan a salir, a comer o a solazarse, volviendo cuando quieren al abrigo de la bolsa.
Este pezón tragado por la sarigiela, siendo de
EL OCELOTE Y EL MICURÉ. 103
mayor longitud que ésta, es probable que atraviese su estómago y penetre en los intestinos para trasmitirle directamente el jugo alimenticio sin previa elaboración estomática; trasmisión que no se efectuará por medio de la succión, sino por un procedimiento análogo al del cordón umbilical para la nutrición del feto humano.
Aunque la sariga se domestica fácilmente, es repugnante por su fea figura, con su hocico agudo, su
boca hendida hasta cerca de los ojos, su cola de víbora y su cuerpo que parece siempre sucio, con el pelo áspero, sin lustre; y más todavía por el tufo que despide. Su nombre guaraní, micuré, significa hediondo. Pero todo eso se podría soportar, con tal de poder estudiar observando de cerca ese raro modo de amamantar los hijos, de llevarlos consigo, y se puede decir, de educarlos; lo que es un ejemplo singular en la naturaleza, así como es singular
104 EL TEMPE ARGENTINO.
y diferente de todos los animales cuadrúpedos la conformación de los órganos de la generación, que son duplicados, tanto en la hembra como en el macho.
Vemos que las madres de todas las especies, cuyos hijos no pueden andar en su primera edad, los abandonan y dejan solos todo el tiempo que ellas diariamente ocupan en buscar el alimento; más la amorosa sariga no solamente los lleva en la falda, mientras son ternezuelos, sino que, aun mucho después de su destete, anda por todas partes con su pesada carga. Ellos constantemente en el regazo o inmediatos a la madre, el paso que participan de las presas que ésta hace, aprenden de ella a buscar la vida, a conocer a sus enemigos y evitar los peligros.
Es un curioso y tierno espectáculo el que nos ofrece la sariga en los solícitos cuidados que prodiga a su familia. Vésela siempre alerta, en tanto que las sarigiielas se entregan confiadamente al retozo propio de su tierna edad, aunque muy obedientes y listas para correr a meterse en la bolsa al primer aviso de la madre. Al verla triscar con sus hijitos, acariciarlos con mil monadas, llamarlos cuando se alejan y vigilarlos con afán, no parece sino que obrara a impulsos del más entrañable amor maternal. Esta buena madre lleva su ternura hasta la abnegación, exponiendo su vida, y aun dejándose sacrificar cuando vé a sus hijos en peligro, esperando impávida que todos se refugien en su seno, antes de emprender la fuga.
Jamás el genio de la poesía, que ha querido algunas veces relevar la inteligencia de los animales, realzar su sensibilidad y ennoblecer sus afecciones
aproximándolas a las del hombre, jamás habrá po-.
pit y. .
EL OCELOTE Y EL MICURÉ. 105
dido ser tan fácilmente seducido, cual lo sería al presenciar los cuidados de la sariga madre, y todas las circunstancias que acompañan a la crianza de sus hijos. Por fecunda que fuese la imaginación del poeta, imposible le sería hermosear la pintura de este sentimiento maternal con más encantos que los que la naturaleza nos presenta en este cuadro.
BR Seas
CAPÍTULO XVI Peces, tortugas
Al oir hablar de tigres y panteras, la imaginación se transporta al centro de las fragosas selvas; ve las fieras que las pueblan, las víctimas que huyen despavoridas, o que lanzan con su sangre los últimos gemidos; oye los vientos que silban por entre el tupido ramaje, los troncos que rechinan en su roce, los rugidos lejanos de la pantera; y en medio de esa soledad, de esos riesgos y horrores, admira la noble y austera figura del rey de la creación, sobre el potro que ha sometido, acompañado de los leales mastines que van a compartir con él los peligros de la lucha con el más fuerte y altivo de los tiranos del bosque; todo lo que infunde pavor y tristeza se apodera vivamente del alma, la conturba, la acongoja.
Mas al nombrar los habitantes de las aguas dulces, los peces de nuestros ríos, sólo escenas apacibles y risueñas se pfrecen a nuestra reminiscencia; ríos sosegados que se deslizan mansamente por entre márgenes románticas; lagos encantadores colocados en valles pintorescos, embellecidos y animados por pajizas chozas que abrigan corazones buenos y sencillos. Un día templado y sereno nos con-
PECES, TORTUGAS. 107
vida a disfrutar los tranquilos placeres de la pesca; vemos preparativos de redes, nasas, espineles y flexibles cañas armadas de un débil anzuelo, instrumentos todos que pueden ser manejados sin fatiga ni peligro por las manos delicadas de la mujer y del niño; reuniones placenteras como para una fiesta, un descanso después del trabajo, un objeto de grato pasatiempo; todo lo que en el seno de la hermosura de los campos y en el alborozo que inspiran, recrea el espíritu y dulcifica las penas del corazón... Y a los que hemos nacido en la márgen de esos ríos; a los que hemos frecuentado el laberinto de los canales de su delta; a los que hemos experimentado desde la infancia el irresistible atractivo de una patria favorecida por la naturaleza, ¡qué agradables y puros recuerdos traen a la memoria! Nos recuerdan los juegos de la niñez; los goces de la pesca en el arroyo inmediato al hogar paterno; la pacífica laboriosidad de la familia del pescador, cuya dulce quietud hemos envidiado en los días del infortunio... y todavía los ríos de la patria nos prometen para la vejez, quieta e inocente distracción, útiles solaces.
Hay variedad y abundancia de peces en todos los canales y arroyos del delta, como para satisfacer todos los gustos; tan distintos en formas, tamaño y color, como en sabores, con la particularidad de ser todos un alimento sano en todo tiempo y sin excepción. Sábese que en otros países hay pescados venenosos, por ejemplo en la Habana, donde se conoce
108 EL TEMPE ARGENTINO.
con el nombre de siguatera el envenenamiento producido no sólo por las especies conocidas como dañosas, sino por otros que, por causas ignoradas, suelen contraer el siguato o calidad ponzoñosa.
Entre el manguruyú, de más de cien libras de peso, el gurubí, de más de treinta, y la mojarra como una sardina, hay para formar un extenso catálogo; mas como no nos hemos propuesto sino dar una muestra de las riquezas del Tempe Argentino, sólo mencionaremos por su hermosura el dorado, que llega a veinte libras, todo recamado de oro y plata, tan brillante dentro como fuera del agua, mucho mayor en tamaño y más ricamente vestido que la dorada, pez doméstico de la Gran China, transportado con tanta solicitud en casi toda la Europa; los pejerreyes, enormes (comparados con los del Mediterráneo), de color plateado y cuerpo transparente y de una carne que jamás hastía; finalmente por su exquisito gusto, el pacú, también de veinte libras; todos escamosos y de agua dulce. Más de una vez éste y otros varios, salpresados por mí, han podido competir con el mejor bacalao; según el paladar de buenos gastrónomos.
Entre los pescados sin escama merece particular mención el armado, por su carne sabrosa, alimenticia, sana, sin espinas, y de una consistencia y blancura que la asemeja a la carne de algunas aves. Es animal omnívoro y voraz, que se pesca con la mayor facilidad, poniendo en el anzuelo aunque sea un pedazo de naranja agria o una flor de seibo. Llega a tener hasta una arroba de peso. En las islas me he regalado con él repetidas veces, guisado con un poco de grasa de vaca y mucha agua, sin más condimento que la sal. Todas las personas que han to-
PECES, TORTUGAS. 109
mado este plato, lo han hallado apetitoso. De su caldo gelatinoso se hace una suculenta sopa, que tal vez llegaría a competir con la famosa de tortuga, si el arte culinario acertase a prepararla con las especias convenientes.
La vitalidad del armado es tan poderosa, que fuera del agua está un día entero sin morirse; y aun después de destripado, desollado, dividido en postas y salado, continúa su carne palpitante dando señales de vida. Algún día la industria sabrá sacar partido de la prodigiosa fuerza vital de los armados, para transportarlos a grandes distancias, y conservarlos vivos en los mercados, como se practica en Europa con la carpa y en las islas Filipinas con un pescado de laguna llamado dalag, que, rociándolo con agua diariamente, se mantiene muchos días vivo fuera de su elemento.
Al observar que el armado abunda en las lagunas que suelen secarse en el verano, y que cuando vuelven a tomar agua sin tener comunicación con los rios, vuelve también a aparecer el armado, me inclino a creer que este pez viaje por tierra como la anguila y otros peces que hacen esas emigraciones; a no ser que pueda esperar dentro del fango, en estado de inedia, la vuelta de las aguas, como también sucede con otros peces y reptiles.
En los pueblos decaídos de la prístina civilización de la familia humana, la pesca y la caza fueron y son aun las primeras industrias que les proporcionan el sustento y una ocupación agradable. Pero hay la diferencia entre la caza y la pesca, de que esta última conviene a los pueblos más civilizados, y que, lejos de oponerse a los progresos de la agricultura, del comercio y de las artes, multiplica sus felices resultados.
110 EL TEMPE ARGENTINO
La labranza como la pesca son los veneros más productivos de riqueza y de vigor para las naciones, y así como deben cultivarse las plantas útiles exóticas, para obtener mayores beneficios del suelo, así también deben importarse, para que se propaguen en las aguas, las especies más estimadas de pescados que se encuentran en otros países.
Los últimos progresos de la piscicultura hacen sumamente fácil, por medio de la fecundación artificial de los huevecillos, la traslación y aclimatación de las especies de los climas más remotos. Entre tantas que pudieran centuplicar la riqueza de nuestros ríos, sólo citaré la carpa, por la circunstancia de ser un pez que, alimentándose de insectos v restos de animales y vegetales, sería muy útil para la limpieza de los cauces y arroyos del delta, que han de necesitar una prolija policia cuando se aumente la población. Fs además un pescado de tanta estimación por su sabrosa carne, que desde el medio de la Europa ha sido introducido y multiplicado en Inglaterra, Dinamarca, Holanda y Alemania. Su fecundidad es prodigiosa, pues en una carpa mediana, según el cálculo de M. Petit, se han encontrado 342.000 huevos. Vive siglos, adquiere grandes dimensiones, y un peso que llega a cuarenta libras. La carpa es un buen alimento, de fácil digestión; su lechada (laitance) es un bocado delicado y sustancioso. El paladar, conocido en el comercio con el nombre de lengua de carpa, es muy apetecido y bien pagado.
Con los huevos de carpa se hace una salazón conocida con el nombre de caviar, muy buscada como manjar exquisito y suculento. La vejiga de la hiel de estos peces proporciona una tinta verde de que
PECES, TORTUGAS. 111
se hace uso en la pintura; de sus escamas se hace una cola piscis de superior calidad; y se atribuyen virtudes extraordinarias para la curación de algunas enfermedades a una pequeña eminencia del fondo de su paladar, denominada piedra de carpa.
Este pescado puede vivir muchos días en la atmósfera. Por consecuencia de esta extraña facultad,
se puede llevar vivo a lejanos mercados, también lo ceban teniéndolo colgado fuera del agua, envuelto en musgo, rociado con frecuencia, y haciéndole tragar pan con leche. Bien que en general los peces estén dotados de una fuerza vital muy enérgica, porque en ellos la vitalidad de los diversos órganos no depende tanto de uno o muchos centros comunes como en los de sangre caliente y organización semejante a la de los mamiferos, las carpas gozan en grado supremo esa facultad de resistir a las contusiones y heridas, y por eso pueden sufrir la castración, sin más resulta que engordar más que antes; para lo'cual, sean machos o hembras, les abren el vientre, les quitan los órganos sexuales y les cosen en seguida los bordes de la herida, de que muy pronto sanan.
112 EL TEMPE ARGENTINO.
La carpa no puede ser más aparente para nuestros ríos, pues es de clima templado, de agua dulce, y se cría en los estanques, en las lagunas y en los ríos de poca corriente. Es utilisima para limpieza de las aguas, pues se nutre con insectos y sustancias animales y vegetales. Críase también en las lagunas y en las ciénagas.
Este pez, de que se sacan tantos provechos, y que ofrece un abundoso e inagotable lucro por su portentosa multiplicación, al paso que por sus hábitos y raras propiedades, inspira el mayor interés al fisico y al filósofo, merece también la atención del economista que se preocupa del bien de los pueblos. ¡Dichoso el hombre de Estado y el escritor influyente, que con sólo emitir una idea útil, pueden abrir nuevas fuentes de riqueza y prosperidad a las naciones!
“¿Y podrá dudarse hoy (dice Lacepede) de la prodigiosa influencia que una inmensa multiplicación de peces tiene en la población de las naciones ? Fácilmente debe verse como sostiene esta maravillosa multiplicación, en el territorio de la China, a la innumerable cantidad de habitantes que hay allí, por decirlo así, amontonados. Y si de los tiempos presentes nos remontamos a los antiguos, se puede resolver un gran problema histórico; se explica como mantenía el antiguo Egipto la gran población, sin la cual los admirables e inmensos monumentos que han resistido a la acción devastadora de tantos siglos y aún subsisten en aquella tierra célebre, no hubieran podido levantarse, y sin la cual Sesostris no habría conquistado ni las márgenes del Eufrates, del Tigris, del Indo y del Ganges, ni las riberas del Ponto-Euxino, ni los montes de la Tracia. Conoce-
PECES, TORTUGAS. 113
mos la poca extensión del Egipto. Cuando se levantaron sus pirámides, cuando sometieron sus ejércitos una parte del Asia, estaba casi tan limitado como ahora por los estériles desiertos que lo circunscriben por oriente y occidente; y, sin embargo sabemos, por Diodoro, que mil y setecientos egipcios nacieron en el mismo día que Sesostris! Deben pues suponerse, en el Egipto, en tiempo de aquel famoso conquistador, a lo menos treinta y cuatro millones de habitantes. Pero ¿qué gran número de peces no contendría entonces el río, los canales y los lagos de una región en donde el arte de multiplicar estos animales era uno de los principales objetos de la solicitud del gobierno y de los cuidados de cada familia? Fácil es calcular que solamente el lago Meris (1) podía mantener más de un billón y ochocientos mil millones de peces, de más de diez y ocho pulgadas de largo.”
También hay en nuestras islas varias especies de tortugas que ponen en gran cantidad sus exquisitos huevos, que tienen cáscara fuerte, y los hay esféricos y elipsoides. Suelen huevar cerca de las casas, como no ha mucho lo hizo una, a diez pasos de mi habitación y a la luz del día, en San Fernando. Por
1, “*Meris”” era un gran lago artificial que comunicaba con el Nilo por un canal, y tenía 70 leguas de cireunferencia; extensión que próximamente tendrá la parte dulce del estuario del río de la Plata. Cuando el Nilo, creciendo excesivamente, hacía temer algunos estragos, se abrían exclusas que llevaban al lago las aguas sobrantes: y cuando, por el contrario; la inundación no era suficiente, se sacaba del lago, por medio de sangrías, la cantidad de agua necesaria para regar las tierras.
$8 — Tempe
114 EL TEMPE ARGENTINO.
manera que, aun en este reptil, cuya estupidez es proverbial, se verifica lo que he observado en la generalidad de los cuadrúpedos y las aves del bajo Paraná y río de la Plata, y es, que aquí son de indole más suave, más familiares y más susceptibles de la domesticidad que en otras comarcas. En nuestras ciudades sería muy útil este galápago para librar de sabandijas los jardines, como sirve ya para la limpieza de los aljibes y pozos de balde.
La tortuga es muy fecunda; hay especies en que cada hembra pone anualmente cuatrocientos huevos. Excava un hoyo somero, en paraje limpio donde no alcancen las crecientes; en pocos minutos hace allí su postura hasta sesenta huevos; en seguida los tapa con barro que hace con su orina, y los abandona para que se empollen con el calor del sol. Las tortuguillas, desde que salen del cascarón, se dirigen por instinto al arroyo o depósito de agua más inmediato, y cada una tira por su lado a buscar la vida.
He aquí un ser completamente desvalido. Abandonado por sus mismos padres desde antes de nacer, inerme y estólido, parece destinado a perecer prematuramente. Pero no, la Providencia suple por todo para con él; desde su misteriosa incubación, confiada a la acción solar, lo provee ya de una casa ambulante, que le sirve también de fuerte coraza para su defensa; lo hizo apto para vivir en la tierra y en el agua; le acordó larga vida y lo dotó además de una vitalidad extraordinaria; lo ha eximido de la necesidad premiosa del alimento, pues no hay animal más sóbrio y que pueda pasar años enteros sin comer, como se asegura de la tortuga; y finalmente, si no participa de los placeres de la maternidad, tiene en compensación los de otro goce más
PECES, TORTUGAS. 115
vivo, aunque sensual, de una duración sin ejemplo entre los demás seres que se unen por el instinto de la propagación. Así, este huérfano prohijado por la naturaleza, se encuentra en condiciones de existencia más favorable que los otros que ha confiado a la solicitud de una madre, y dándoles armas y sagacidad. No es extraño, pues, que sea la tortuga uno de los animales más numerosos en todos los climas que le convienen; ni debe sorprendernos el cálculo que hace Humboldt del resultado de la cosecha de huevos y preparación del aceite que sacan de ellos los Indios del Orinoco, en un corto espacio de terreno y durante. tres semanas.
Para obtener en nuestros ríos dentro de pocos años una cosecha tan rica, bastaría transportar una pequeña cantidad de huevos de la fecunda especie del Orinoco, puesto que para la cría de los galápagos como para la de los peces, no se necesita el concurso de las madres después de la huevación.
Conocidos son los usos medicinales de la tortuga, cuán apetitosos son los huevos y la carne de algunas especies, notablemente de la tortuga franca de mar, que suministra un alimento agradable y saludable a los navegantes. En Jamaica se conserva este que- _lonio en parques para ser vendido en los mercados, siendo la especie que se remite a Londres, en donde es un manjar gustado y de lujo. Ei caldo de tortuga tiene la fama de ser un poderoso restaurativo de las fuerzas enervadas por los excesos de la sensualidad.
Con todo, es preferida por los gastrónomos como un excelente manjar la tortuga de agua dulce, llamada trionice feroz, de algunos ríos y lagunas de la América, análoga a la trionice de Egipto que se encuentra en el Nilo y presta grandes servicios en
116 EL TEMPE ARGENTINO.
aquella región, devorando los pequeños cocodrilos al salir del huevo. La especie americana tiene la concha flexible, y la cabeza prolongada con el hocico parecido al del cerdo. Su propagación en nuestras aguas dulces, al paso de aumentar los beneficios de la pesca, nos presentaría un nuevo suculento plato con que variar los placeres de la mesa.
» nn v PA AY a OS OE AE ELIAS ICAA RNAS IN:
CAPÍTULO XVII El Camualti
La colmena es un jardín de virtudes. Plutarco.
Es un destello de la divinidad. Virgilio.
Su historia es una serie de prodigios. La Treille.
Entre el cúmulo inmenso de las riquezas naturales que cubren profusamente la faz de nuestro suelo hermoso, entre los innumerables, nuevos y bellos objetos que ofrece a nuestra contemplación en los tres grandes órdenes de la creación terrestre, hay uno en nuestras islas, prodigioso, pero ofuscado por la misma sobreabundancia que lo rodea, como la centelleante luciérnaga se pierde entre las estrellas que brillan al través de nuestro diáfano cielo, o como el incomparable picaflor desaparece por su pequeñez en medio de la multitud de lindas y variadas aves que abrigan nuestros bosques. Ese objeto tan peregrino como ignorado, cuyo nombre es apenas conocido, es el CAMUATÍ.
118 EL TEMPE ARGENTINO.
He preferido el estudio del camuatí, por lo mismo que yace oculto e ignorado, como se encuentra la virtud entre -el tumulto de la sociedad humana; el camuatí, que bajo un exterior sencillo, tosco, sin brillo, emblema de la modestia que suele acompañar al mérito, encubre cosas admirables, incomprensibles.
El camuatí es una república de avispas, incógnita todavía en el mundo científico; es una maravilla de las obras de Dios; es una lección elocuente para los hombres.
No es mi intento describir ni menos analizar esta obra divina; sólo sí, llamar la atención de los sab:os capaces de comprenderla. Y he recogido algunas palabras simbólicas de salud y de vida, que han reflejado hacia mí, al contemplar este espejo de una sabiduría y poder sobrenatural; y me apresuro a comunicárselas a mis hermanos, porque es un deber tan grato el hacer bien a sus semejantes, y mayor y más dulce todavía ser útil a nuestros compatriotas.
Desde los más remotos siglos la historia natural de las abejas ha ocupado la atención de los sabios. Hubo algunos que emplearon todos los años de su vida en ese estudio; se cuentan por millares los libros y tratados que se han escrito sobre estos insectos industriosos, y entre sus autores se notan muchos naturalistas afamados. Pues bien; las avispas del camuatí americano son mucho más admirables que las abejas de la colmena europea.
Desde los primeros pasos de uno y otro enjambre
EL CAMUATÍ. 119
se manifiesta la superioridad industrial de aquél sobre ésta.
Las abejas no pueden emprender su trabajo si no encuentran una oquedad en los leños o en las rocas, o una colmena preparada por el hombre; pero el camuatí (1) no necesita de abrigo alguno, ni de auxilio ajeno; más ingenioso y audaz, confiado en su habilidad e industria, una ligera rama le basta como punto de arranque para desplegar la idea sublime de aquel palacio pensil que encierra tantas maravillas.
Los habitantes de la colmena, reducidos a un limitado recinto, como los hijos de la Europa, tienen que abandonar su patria y errar buscando un nuevo asilo por el mundo. No así los habitantes del camuatí, que continúan por muchos años ampliando los términos de su ciudad aérea; y cuando juzgan conveniente dividirse en nuevos Estados consultando sus recíprocos intereses, se separan en paz, como Abraham y Lot, y van a fundar otras colonias felices en los dilatados bosques que los redean.
Las abejas tienen que emplear el néctar de las flores para hacer sus construcciones, porque de la miel se forma la cera en sus estómagos, secretándose por los anillos inferiores del abdomen, sin intervención de su industria. Más ecónomos e industriosos, los camuatíes no sacrifican, como aquéllas, una parte de su tesoro melífluo para construir su morada y sus panales; preparan ellos mismos una pasta idéntica a la del papel, hecha de la albura de los árboles secos, cuyas fibras arrancan, trituran y hu-
1. Llámase indistintamente ““camuatí”” la avispa y el edificio que ella construye.
120 EL TEMPE ARGENTINO.
mectan con sus mandíbulas, dándole más o menos consistencia, según lo requiere la arquitectura del edificio. Con este arte singular hallan en todo tiempo materiales abundantes, cuando la abeja tiene que esperar la estación de las flores para emprender sus trabajos.
Reducido el alimento de la abeja a las frutas, las flores y la miel de su despensa, suele agotársele ésta y padecer de necesidad en los inviernos prolongados. Pero el camuatí, que puede y sabe economizar sus provisiones, sustentándose con insectos, vive siempre en la abundancia, prestando al mismo tiempo, como insectívoro, un importante servicio a la agricultura.
En cuanto a la organización de estas dos admirables sociedades, no me es posible aún formar un paralelo exacto, porque todavía no he hecho un estudio detenido de la economía social del camuatí. No obstante, de la igualdad que he observado en todos sus individuos, de la similitud de todos los alveolos entre sí, y de la no existencia de los zánganos, se puede inferir que el sistema gubernativo del camuatí es análogo a la democracia, y por consiguiente es muy aventajado al gobierno de las abejas. Tienen éstas la fatalidad (como muchas sociedades europeas) de alimentar en su seno una clase privilegiada de ciudadanos que viven sin trabajar, llamados zánganos; bien que son de tiempo en tiempo expulsados por el pueblo. El camuatí se compone únicamente de ciudadanos laboriosos, que con su industria y trabajo contribuyen a formar una habitación, una provisión y una defensa común, que aseguran el bienestar individual.
No es tampoco el gobierno de las abejas un re-
EL CAMUATÍ. 121
medo del gobierno monárquico hereditario como se había creído. Es a lo sumo una monarquía electiva, según se deduce de las observaciones de Schirac y de Huber, que consideran a la abeja madre como reima de la colmena. Las abejas crían y preparan para abejas reinas cierto número de larvas comunes del pueblo, las cuales, por medio de una alimentación abundante, se transforman en verdaderas hembras, en vez de quedar sin sexo como las demás obreras. Hasta cuatro veces en el año las abejas eligen nueva Reina; por manera que a cada generación corresponde un nuevo reinado. Al tiempo de la elección se observa en el interior de la colmena gran murmullo e inquietud. La Reina destronada corre agitada de un lado a otro, como si intentase acometer a la nueva electa, pero ésta es rodeada y defendida por el pueblo, hasta que la soberana depuesta se ausenta seguida de sus adictos, y buscan donde establecerse. Cuando se muere la soberana y falta un candidato para el trono, hay un interregno mientras crían una larva del pueblo para reina.
Cuando el supremo Hacedor formó al hombre, dotándolo de la inteligencia y del libre albedrío, parece que quiso dejarle a sus ojos, en la colmena y el camuatí, una lección viva y perpetua del orden social, para que por él se modelasen las sociedades humanas. Pero ¡cuán poco se ha sabido aprovechar de estos divinos ejemplos!
No carece de verosimilitud que la colmena del Viejo Mundo haya sido la que inspiró a Platón el ideal de su República, aunque admitiendo la división de clase o categorías y la esclavitud, porque la luz divina del Evangelio no había llegado aún
122 EL TEMPE ARGENTINO.
para disipar los grandes errores de la humana política. Empero en el nuevo mundo tuvo el hombre un modelo más acabado en la república del camuatí, y una inspiración más pura en la religión para esta-
blecer la sociedad sobre la base de la fraternidad y |
mancomunidad, como en aquellas colmenas de hombres de las reducciones guaraníes, tan celebradas, que florecieron en la misma patria del camuatí.
¡ Admirable combinación de voluntades, esfuerzos e interés, que da por resultado el orden, la paz, la seguridad y la abundancia para todos! Economía social, por cierto muy superior a lo general de la civilización humana, donde abandonados los individuos la sus impulsos aislados y necesariamente incoherentes, se ponen en choque unos con otros los intereses privados, y el interés individual en oposición con el interés colectivo. En el camuatí, del concurso armónico del trabajo de todos, resulta la mayor suma posible de comodidades y riquezas, de que participan igualmente el pequeñuelo, el anciano y el enfermo, no teniendo ningún individuo por qué inquietarse por su futura suerte ni por la de su descendencia.
El camuatí, como la abeja y otros insectos de este orden, está armado de un aguijón ponzoñoso, que siempre lo emplea para su defensa y nunca como agresor. Conocida está la triste condición de las abejas europeas, condenadas a trabajar para sus amos. ¡Miísero pueblo, cruelmente sacrificado a la codicia de los mismos a quienes enriquece! (1).
Nuestras avispas, injustamente conceptuadas por
1. En Europa es muy general entre los colmeneros la costumbre de matar las abejas para sacar los panales.
Za ed e - + dla
EL CAMUATÍ. 123
malignas y feroces, son de la indole más noble, pacifica y sociable. Yo he traído más de un camuatí de los montes silvestres del Paraná, lo he colocado cerca de mi habitación, y al punto han continuado las avispas sus trabajos, reparando algunas lesiones que había sufrido exteriormente en el transporte; y mil veces me he puesto a mirarlas trabajar a dos pasos de distancia, sin que jamás hayan intentado ofenderme. Por el contrario, parece que sensibles a mi afecto, ha venido uno de sus enjambres a situarse en un peral inmediato a mis ventanas, a seis pasos de distancia, construyendo al alcance de la mano una magnífica colmena, donde han podido observar de cerca sus trabajos todas las personas que han visitado mi quinta de San Fernando.
Se muestran tan familiares y confiados, que beben en nuestros mismos vasos, y se paran sobre las flores y las frutas que los niños tienen en sus manos. Muchas veces cuando he visto al camuatí afanado-en arrancar las fibras de un tronco seco para preparar su pasta, lo he tocado impunemente con el dedo, sin que por eso abandonase su tarea; un tenue estremecimiento del insecto manifestaba, no sé si su temor o su contento, pero su ira no seguramente. ¡ Y éstos son los animales odiados y tenidos por perversos!
Los camuaties sólo hacen uso de sus armas en defensa de su vida, de su propiedad y de su pueblo. ¡Desdichado del que quiere ofenderlos, del que llegue a conmover su edificio, o a perturbar su sosiego! Entonces cada uno de estos pequeños insectos se convierte en un guerrero temible. Sin aprecio de sus vidas, sin mirar si el enemigo es poderoso, se arrojan sobre él en veloces torbellinos; lo acosan, lo
124 EL TEMPE ARGENTINO.
nieren, lo persiguen con encarnizamiento, hasta ponerlo en fuga y dejarlo escarmentado para siempre. Así es como se defiende lo que se ama; y los que quieren tener patria y libertad, así es como deben defenderlas.
24)
a UA ; Dada 1 A 5 A ad y mt:
e AUTE hdr
CAPÍTULO XVII
Continuación del camuati
La geometría les ha dado su regla y su compás Quintiliano.,
Detrás de las cortinas está el sublime artista. Bonnet,
Camuatí es palabra del guaraní, que significa: avispas reunidas amigablemente. Sólo un idioma tan hermoso y expresivo, tan sencillo y filosófico como el guaraní, pudiera comprender tantas ideas en tan breves y suaves sonidos, y encerrar en el nombre de una cosa más notables atributos.
Esta avispa es mucho más pequeña que la abeja doméstica, pues sólo tiene seis líneas de largo, y poco más de una de grueso. Su cabeza es abultada, su color negro con una pinta amarilla, cuadrada, en la espalda, entre el nacimiento de sus alas color café. El abdomen, que es igual a su cuerpo, se une a éste por una cintura filiforme. Su figura es más esbelta y graciosa que la de la abeja, y no tiene el vello que tanto afea el cuerpo de ésta. Tal es el insecto que vive como la abeja en sociedades numerosas, bajo de ciertas leyes; que provee a su subsis-
126 EL TEMPE ARGENTINO.
tencia y la de su familia por medio del trabajo; que construye sus ciudades pendientes de un árbol, muradas y techadas; compuestas de grandes caseríos, con sus calles y sus plazas.
S1 al más sabio geómetra o ingenioso arquitecto se le propusiese el problema de formar el mayor número posible de viviendas, en el menor espacio, con la mayor solidez y el menor gasto de materiales y trabajo, consultando también la mayor comodidad y seguridad de sus moradores, y bajo un plan que pueda continuarse indefinidamente según el incremento de la población; tal vez alcanzaría su ciencia a resolverlo satisfactoriamente, y si lo consiguiese, no podría ser otra la solución, que el camuatí.
Sería necesario ocupar un gran volumen para exponer toda el «arte, toda la habilidad, toda la sabiduría con que está trabajada esta obra maravillosa; arte, habilidad y sabiduría, que, sin duda, no están en el insecto que la ejecuta. Me limitaré a hacer una breve descripción que, aunque defectuosa, tendrá siquiera el mérito de la relación del primer víajero que visita un país desconocido.
El camuatí en su exterior es semejante a la colmena de los antiguos y a la que, después de mil ensayos, ha adoptado y descripto Lombard modernamente; de lo que resulta, que el ingenio del hombre no ha podido encontrar para morada de la abeja, una forma más adaptable que la que ofrece el camuatí. Es un cono truncado, con su cúspide hemisférica, se asemeja a una campana colgada, pero la base es inclinada y convexa.
El tamaño del edificio, varía según el período de su construcción ; los hay hasta de tres pies de altura y dos de diámetro. También varían mucho las relaciones geométricas entre su elevación y la amplitud
CONTINUACIÓN DEL CAMUATÍ. 127
de la base, según lo más o menos numeroso de los enjambres; pero en todos los camuatíies es casi igual el diámetro del techo o bóveda, que es de diez a doce pulgadas. Cerca de la base, en la parte más elevada del declive de ésta, tiene una abertura de dos o tres pulgadas, resguardada por un techo saliente abovedado; éste es el atrio o portal del edificio. Todo el exterior del camuatí está erizado de gruesas y cortas púas romas que defienden las paredes contra el choque de las ramas de los árboles y el rozamiento producido por la contínua oscilación de aquel palacio colgado.
Antes de pasar al interior del camuatí, haré conocer el material de que es formado. Reune éste tantas y tan buenas condiciones que, después de bien examinado, no puede la imaginación concebir una cosa más adecuada para su destino. Ya se ha dicho que ese material es una pasta como papel, hecha de la albura o primera madera que se halla bajo la corteza de los árboles: y es precisamente la misma de que era fabricado en la China el primer papel que se conoció en Europa no hace muchos siglos. ¡Invención admirable, que tanta parte ha tenido en los progresos de la civilización y de las ciencias! ¡Ojalá los hombres la hubieran podido aprender de las avispas algunos miles de años antes!
No podían las avispas haber elegido una sustancia más abundante en toda estación, ni más fácil de transportarse "por su levedad. La cera, además de ser pesada y fusible, necesita pasar por una elaboración de veinticuatro horas en el segundo estómago de la abeja para ser secretada; mas el camuati prepara al aire libre su pasta papirácea en pocos instantes.
128 EL TEMPE ARGENTINO.
Para construir su colmena colgada en una rama, como le era utilisimo para mayor seguridad de sus riquezas y otras muchas conveniencias, necesitaba emplear un material que reuniese las calidades de fuerte y liviano; y estas propiedades reune en alto grado la pasta del camuatí. Y es por su naturaleza susceptible de muchas modificaciones: para el forro de la fábrica las obreras la hacen compacta y tenaz; para la cuna de los hijos, muelle y flexible; es impenetrable a las lluvias; es mal conductor del calórico para que se conserve la buena temperatura interior impidiendo el efecto, tanto del frío como del calor exterior; y finalmente es inodora e insípida, para que no incomode a los habitantes ni altere el sabor y aroma de la miel.
La misma contextura fieltrosa de esta admirable preparación, tiene una relación muy inmediata con la conservación del edificio, del tesoro que encierra y de la salud de las avispas. Al través de aquellas porosas paredes se escapan los vapores y emanaciones perniciosas que en las colmenas ocasionan el - enmohecimiento de los panales, las enfermedades y mortandad de las abejas.
¡Qué singulares analogías se encuentran entre la colmena europea y las ciudades de Europa, y entre la población del camuatí, colmena americana, y las poblaciones de América! ¡ Aquéllas, todas dolorosas; éstas, todas venturosas! ¿Qué son sino unas colmenas infectas esos desordenados montones de casas sobre casas, aislados de la naturaleza, donde una inmensa población bulle, ansiosa de vida en un foco de muerte? Nuestras simétricas ciudades con sus an-- chas y rectas calles, sus espaciados edificios, sus jardines y arboledas, gozan de las condiciones higiénicas del camuatí. Imitemos también la prolija
CONTINUACIÓN DEL CAMUATÍ. 129
limpieza de este insecto, pues que el aseo es uno de los primeros requisitos para la sanidad, y jamás seremos visitados por las epidemias que diezman con írecuencia las colmenas y las ciudades del antiguo mundo.
Más esa infeliz coincidencia resultará más, cuando nos internemos en esta nueva Pompeya, encubierta por tantos siglos a los ojos de los hombres.
La esfera, además de ser la más bella de las formas, es la que con menor superficie encierra mayor espacio, y la que tiene más solidez con menos material; tal es la figura del camuatí el primer año de su construcción. Pero no son estas solas las condiciones que se requieren en la obra: no le conviene al arquitecto continuarla en la misma forma esférica, porque cada año, ensanchándose el edificio con el aumento de enjambre en el verano, tendría que trabajar un nuevo techo y cubrir una gran superficie con un muro sólido para pasar el invierno. No toca, pues, en los años subsiguientes, la parte superior del edificio, sino que, partiendo de la mitad del globo ya construído, continúa hacia abajo la obra con progresivo ensanche, dándole la forma cónica que es, después de la esférica, la que ofrece mayor ámbito y firmeza.
Con este plan ingeniosísimo se concilian y combinan todas las ventajas desiderables, el fácil escurrimiento de las aguas, por la declividad de todas las superficies; la fortaleza del techo, por su convexidad; la mayor resistencia en las paredes, por su hechura circular, y la ampliabilidad indefinida del edificio en proporción del aumento de sus habitantes.
9 — Tempe
130 EL TEMPE ARGENTINO.
El comenzar la obra por el techo tiene también muchas ventajas; la principal es, que todas las obras nuevas y los trabajadores estén siempre a cubierto; y cada año, a la entrada del invierno, no tienen más que reforzar la capa inferior, para que toda la construcción quede asegurada. Mil observaciones pueden hacerse en favor de la forma exterior del camuatí, y todas nos conducirán a asegurar que sería muy difícil, sino imposible, dar más perfección a la colmena argentina.
Empiezan las avispas su edificio abrazando con la pasta papirácea cuatro o seis pulgadas de una rama delgada, de las más horizontales, y desde allí extienden la cúspide de la campana que ha de servir de techo. En el interior o cielo de esta bóveda hacen el primer panal en forma de una taza pegada por su borde al techo, con las celdillas por la parte inferior, de modo que todas quedan boca abajo. A media pulgada de distancia, hacia abajo de este primer panal, construyen el segundo, de igual forma, pero algo mayor.
Continúan en este mismo orden, agregando panal bajo panal, en capas paralelas cada vez más grandes, extendiendo y ensanchando al mismo tiempo la pared exterior, a la cual van adheridos en disposición casi horizontal. Según se va agrandando el camuatí, van tomando los panales una dirección más oblicua, que va siempre en aumento. Estos panales pueden considerarse como los diferentes pisos del edificio. A cada panal le dejan una abertura arrimada a la pared, y todas estas puertas se comunican en linea recta, de abajo arriba, formando una galería, que es el pasadizo o la calle principal interior, desde la puerta exterior o el portal, con su correspondiente sobrado que lo defiende de las lluvias.
CONTINUACIÓN DEL CAMUATÍ, 131
Cada año hacen un portal nuevo y cierran el del año precedente. Contando estos portales tapiados, se puede saber el número de años que han trabajado las avispas. He visto hasta ocho portales en un camuatí.
Los panales tienen alvéolos solamente por la parte inferior; la superficie superior queda escueta como un patio cubierto que tiene por techo el caserío del panal de arriba, y sirve de techo al panal de abajo. La curvatura e inclinación de los panales les da más fuerza para sostener el peso de la miel y de la cría; y la posición vertical e inversa de los pa éolos es muy conveniente para la limpieza y conservación de la miel sin cristalizarse.
El dejar sin celdillas la superficie superior de los panales, debe ser también con el objeto de tener por donde transitar sin interrumpir a los trabajadores, ni andar sobre la miel y los hijos; comodidad que no ofrecen los panales de la colmena.
Los camuatíies dan a sus celdillas la misma forma exágona de las de la abeja; cada celdilla tiene seis lados o paredes correspondiendo cada pared a cada una de las seis celdillas circundantes: pero el fondo de las del camuatí no es anguloso como el de las de la colmena, sino redondeado para mayor comodidad de la tierna prole.
La arquitectura apiaria, que ha sido y es el asombro de los geómetras y arquitectos, es más artificiosa y admirable en la colmena que en el camuatí, en cuanto a la disposición de la base de los alvéolos, porque la abeja, haciendo dobles sus panales (es decir de dos capas o camadas), de modo que los alvéolos se tocan por sus fondos, ha adoptado una traza admirable para ganar espacio y economizar materiales.
132 EL TEMPE ARGENTINO.
La avispa del camuatí, como que dispone de materiales abundantísimos, ha consultado más su comodidad que la economía, construyendo sus panales sencillos (esto es, de una sola camada de alvéolos), y por consiguiente no necesita dar a los fondos la forma angular, y ha preferido hacerlos cóncavoconvexos, configuración indudablemente más a propósito para la cuna de las larvas.
Los alvéolos o celdillas del camuatí todos son
sensiblemente iguales, sin que se note uno solo que pueda decirse destinado para alojamiento de una reina, o de un zángano, como sucede en la colmena, donde se encuentran algunas celdillas de doble tamaño para las larvas de las presuntas reinas. - El forro o pared exterior del camuatí es grueso y compacto como un cartón fuerte, con mayor espesor y solidez en su techumbre. Para hacer la habitación más abrigada, con ahorro de tiempo y materiales, las avispas han aplicado hábilmente aquella propiedad del aire de ser mal conductor del calórico. Para ello han establecido contra el techo, por la parte de adentro, un sistema de cavidades, formado con hojuelas dispuestas en formas de escamas, o cubiertas con cielo raso, de modo que entre éste y el techo queda interpuesta una capa de aire. Por este medio se preserva. completamente el edificio del ardor del sol en el estío y del efecto de los hielos del invierno.
Sería necesario hacer una larga y difusa relación para detallar todas las particularidades que se observan en el interior de un camuatí. En todas ellas surge ostensiblemente la idea de la utilidad, que envuelve en sí las de seguridad y de comodidad, así como la economía de tiempo y de trabajo; y
CONTINUACIÓN DEL CAMUATÍ. 133
todo esto obtenido siempre por medios tan ingeniosos y sencillos, que no puede menos de reconocerse allí la obra de una alta sabiduría.
La serie de prodigios de que se forma la historia del camuatí empieza desde su cuna. Luego que las avispas han dado principio a las paredes de los primeros alvéolos, deponen un huevecito en el fondo de cada celdilla empezada, del cual sale un gusanito o larva, sin más miembro que su cabeza apenas perceptible. Mientras las obreras adelantan los alvéolos, otras avispas se ocupan en alimentar a su informe prole. A los veinte días de este afán, cuando las larvas están crecidas del tamaño de las avispas, cierran éstas las puertas de sus celdillas con una cubierta abovedada. Entonces la larva se forja un capullo de una película sutil, y permanece inmóvil y sin alimento en aquel secreto encierro. Allí se efectúa de un modo misterioso su transformación en avispa, pasando primero por el estado de crisálida en que se perciben ya algunos lineamentos de su futura conformación.
Esta metamorfosis, incomprensible a la razón humana, se opera en seis días en la crisálida del camuatí, al paso que hay otros insectos que permanecen meses y aun años enteros en aquella completa inmovilidad e inedia. Llegado el momento de su libertad, rompe la joven avispa la puerta de su prisión, sepulcro o cuna, y sale a gozar de una nueva vida. dotada ya de la misma habilidad e industria de sus progenitores.
Las generaciones se suceden con mucha rapidez; se aumenta prodigiosamente la población, trabajan todos con actividad; ensanchan a gran prisa su ciudad; y cuando se aproxima el invierno, se apresu-
134 EL TEMPE ARGENTINO.
ran a llenar sus almacenes de provisiones para la rígida estación. Estas consisten en la miel, producto de una breve elaboración del néctar de las flores en un órgano especial del insecto.
La miel del camuatí me parece superior a la de la abeja, e indudablemente la podemos obtener más pura, porque no teniendo olor ni sabor alguno los vasos que la contienen, no la pueden privar de su perfume ni comunicar ninguna cualidad extraña, como sucede a la miel de las abejas, a causa de la cera de que son formados los panales.
¡No sé qué especie de sensación tan agradable se experimenta, al tener uno en la palma de sus manos uno de aquellos hermosos panales esféricos del camuatí, rebosando de nitidísima, cristalina miel! Sea que nos lisonjee la idea de que todo aquel dulce peso que gravita en nuestras manos es puramente de la miel, pues el vaso que la contiene es tan tenue, tan leve, tan aéreo; sea que encante nuestros ojos la vista de aquella superficie, en que con perfecta simetría se diseñan los alvéolos como el engaste de una joya de diamantes; o sea la satisfacción de admirar tan de cerca una obra tan maravillosa, y ser dueños de tan espléndido regalo de la naturaleza; o sea, en fin, que aquel contorno esférico, la más hermosa de las formas, despierte en nuestro pecho voInptuosas simpatías: lo cierto es, que es sumamente delicioso; contemplar uno en la palma de sus manos el primoroso panal del camuatí rebosado de exquisita miel hiblea. Todo en él nos convida a llegarlo a nuestros labios, a aspirar su aroma, a gustar y paladear aquella limpida ambrosía que se nos ofrece en forma sólida, como un refinamiento del placer, para disfrutarla con más comodidad y deleite.
CONTINUACIÓN DEL CAMUATÍ. 135
¡Bendita sea la Divina Providencia! Ella ha mandado al mundo esta muchedumbre innumerable de pequeños obreros para que se empleen en la recolección de una abundante y preciosa mies, que sin esto sería perdida por el hombre!
Las flores sin número que realzan con mil colores y dibujos el manto de la naturaleza; las flores destinadas para decorar la mansión del hombre, pues que sólo él sabe gozar de su hermosura y su fragancia; esas flores, tan bellas como efímeras, encierran en sus cálices el dulce néctar que el camuatí atesora en sus maravillosas fábricas. ¿Qué cosa hermosa puede haber que no encierre en sí algún bien? Mas la hermosura que no promete sino un fugaz deleite, es una flor sin néctar. Las virtudes y los talentos en la beldad, son cual la miel en el hermoso panal del camuatí.
- Ni la mujer fué destinada a brillar solamente en su juventud pasajera, ni las flores fueron hechas con sólo el objeto de ostentar su fugaz belleza. Ellas tienen un alto y sublime destino: en las flores también se verifica el más estupendo de los arcanos de la naturaleza, la obra de la generación. En ellas tienen las plantas su tálamo nupcial. Sus formas bellas, su brillante colorido, sus variados matices, los perfumes de sus pétalos, el almíbar de sus nectarios, todo concurre para hermosear su himeneo misterioso.
Los melíferos camuaties son los convidados a estas secretas bodas; y no sólo presencian aquel tierno consorcio que asegura la fecundidad de la tierra y el sustento de los vivientes, sino que ellos también contribuyen a estrechar el amoroso enlace. Introducidos en las corolas, hacen desprenderse el polen fecundante; y establecida así la comunicación
136 EL TEMPE ARGENTINO.
entre los estambres y los pistilos, que son los órganos de la reproducción en las plantas, se asegura y abrevia la fecundación de los granos y frutas que han de perpetuar las especies vegetales y ¡alimentar innumerables seres.
Es la avispa también la que transportando el polen de unas especies a otras, contribuye a la producción
de las plantas híbridas, y a las variedades de flores y frutos que resultan de estos cruzamientos. Y será ella también la que más de una vez estrechará el lazo amoroso, entre aquellos vegetales de diferentes sexos, que por su separación no pueden desposarse, como sucede con nuestro magnífico ombú, lográndose así propagar por nuestras pampas este árbol providencial, tan apreciable por su sombra, como por sus virtudes poco conocidas.
¡Ombú majestuoso, lleno de hermosura, lleno de vida, gloria del desierto! tú eres el hijo predilecto de esta tierra, y yo te amo más que tu misma madre. Tú
CONTINUACIÓN DEL CAMUATÍ. 137
eres el emblema de la Patria; fuerte, invencible, benéfico, hospitalario como sus hijos. ¡Ombú grandioso, incomparable! eres para mí más hermoso que los soberbios pinos de aquella región infausta del otro lado de los mares. Tu gloria oscurecerá su gloria. ¡Amante solitario de nuestros campos! ¡vuelen tus amores en alas del bello camuatí hasta el seno de tu amada, para que tu benéfica copa proteja la cabaña hospitalaria de nuestras pampas!
¡Admirable armonía de todas las obras de Dios! Este insecto pequeño, que apenas percibimos como una ligera sombra que pasa rápidamente delante de nuestros ojos, formando con sus alas un tenue susurro apenas perceptible a nuestros oídos, está sin embargo estrechamente enlazado con la conservación, la reproducción, la vida y los goces de toda la creación terrestre, sin exceptuar al más altivo de los vivientes! ¡Y quién creyera que aun en el orden moral se podría encontrar una relación inmediata entre el insecto y el hombre! ¡entre una sociedad de avispas y la sociedad humana! Y ¿qué tiene que enseñar el hombre a la avispa del camuatí? ¿No tiene, más bien, mucho que aprender de su maravillosa industria, de su laboriosidad, de su economía social, de sus costumbres ?
Mi alma se sobrecoge de admiración y de respeto cuando veo a un insecto ejecutar operaciones que presuponen tanta habilidad, tanto saber, tanta previsión. No puedo menos que ver allí una sabiduría suprema que ha querido confundir y humillar la soberbia de la ciencia humana.
Si a cada paso que da el hombre, si a cada mirada que arroja sobre el corto número de objetos que están al alcance de sus sentidos (cortísimo en com-
138 EL TEMPE ARGENTINO.
paración de la infinita creación imperceptible que tiene a sus plantas, y de los infinitos mundos que se vislumbran en la inmensidad del espacio y de todo lo invisible); si a cada paso que dá el hombre, encuentra un prodigio que admirar; si él mismo es un conjunto de prodigios incomprensibles, ¿por qué no levanta su espíritu «12 la contemplación de la suprema Inteligencia que obró tantas maravillas? ¿Por qué no confiesa con humildad que su ciencia, llena de ignorancia, no es capaz de comprender aquella sabiduría y poder infinitos que resplandecen en todas las obras del Altísimo?
Así lo hizo siempre el sabio. Pero el insipiente, que no ve en una estrella nada más que una pequeña luz, y en una avispa, nada más que un vil insecto, ¿qué creencia podrá conservar, si nada conoce, ni aun su misma incapacidad ?
¡Cuán grande se siente el hombre cuando se encuentra capaz de arrancar a la naturaleza alguno de sus recónditos secretos; cuando descubre alguna de las leyes que rigen la máquina del mundo; cuando considera los progresos del entendimiento humano; cuando contempla las maravillas del arte y las obras inmortales del genio! El encuentra en sí un principio fecundo, investigador, creador, sublime, el pensamiento, y se siente elevado sobre todo lo terreno y material, y se enorgullece de su propia grandeza! ¡Empero ¡cuán pequeño parece a sus propios ojos! ¡cuán confundido, cuando circundado de las infinitas maravillas de la creación, no puede su mente penetrarlas! ¡cuando en faz de la obra de un insecto, no puede medir con ella su orgullosa inteligencia!
La obra portentosa del camuatí, hace siete mil años que tiene el grado de perfección que admira-
— E ici E cb
CONTINUACIÓN DEL CAMUATÍ. 139
mos hoy en ella? y el hombre ha necesitado siete mil años de investigaciones y de estudios para hacer los descubrimientos que le son más necesarios; y después de los desvelos de los sabios, del sacrificio de tantos héroes, de las desdichas de tantas generaciones, aún está muy distante de alcanzar aquella armonía social, aquél orden venturoso que hace ya siete mil años que se hallan establecidos en la república del camuatí.
Pero hay esta diferencia: que la perfección del camuatí es la obra de la voluntad y sabiduría de un Dios; y la perfección de la sociedad humana, dejóla el mismo Dios a la voluntad y sabiduría del hombre.