El trébol de cuatro hojas ; Aziz y Aziza : cuento de las mil y una noches · Unidad 49 de 86

Unidad 49 · CAPÍTULO XXI. :

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CAPÍTULO XXI. :

LA SUBASTA.

Mientras fueron á buscar á la estranjera, Hafiz se aproximó al hijo de Mansur y le dijo:

—Jóven, escucha 4 un anciano que te ha tenido siendo tú niño sobre sus rodillas. Segun dicen, eres mas rico que tu padre: las mujeres van en busca de la fortuna y no hay en Egipto ni en Siria un mercader que no se crea honrado aliándose contigo. Abdallah, por el contrario, solo puede amará una mujer, y ha entregado su corazon ú la estranjera. Sé generoso; paga hoy la deuda de gratitud que con ellos tienes, haciendo felices 4 Abdallah y á Halima.

—Mi hermano, respondió Omar, no es mas que un egoista: ya he sufrido bastante por su culpa. Sabe que tengo empeño en poseer esa egipcia: sabe que la obtendré á toda costa: por qué se declara mi rival? ¿Qué va á conseguir conque su obstinacion

DE CUATRO HOJAS. ; 171 me haga perder inútilmente cien mil piastras? Que renuncie á Leila y acaso yo olvide que hoy ha puesto por segunda vez en peligro mi cabeza.

—"Tienes la fortuna de ser musulman, respondió el Cojo: sinó, antes que acabara el dia, te enseñariamos que dos onzas de plomo pesan mas que todo tu oro; pero anda: aun no has conseguido lo que deseas, y si Dios nos ayuda, confundiremos tu abominable dureza.

Omar se encogió de hombros y salió al encuentro de Leila. a

Esta acababa de entrar cubierta con un velo, y al hijo de Yusuf le pareció no obstante que de aquel «velo espeso salia una mirada de fuego, cuya violencia no podia resistir. Kafur seguia á su señora. ¿Habia hablado á la sultana? No era posible; sin embargo, llévaba un collar de corales rosa, que seeuramente no se habian tallado para una esclava. De cuando en cuando se acercaba á un balcon cubierto con una celosia que daba á la sala, y cambiaDa palabras misteriosas Con algunas figuras invisibles. Era el haren entero que se interesaba por la hermosa Leila, y acaso hacia votos por el hijo de Yusuf.

Abdallah fué el primero á tomar la palabra.

—Mi fortuna, dijo, consiste en la fuente que he descubierto y el jardin que he plantado: añadiendo las armas de mi padre y la yegua que he domado, Puede decirse que está hecha la relacion de mis bienes. Todo ello es tuyo, Leila, si quieres aceptar mi

Alma y mi vida.

172 EL TRÉBOL

—Todo ello vale á lo sumo cien mil piastras, dijo friamente Omar. Aquí mismo, en Taif, tengo un jardin de naranjos, donde el sherif tiene algunas veces la bondad de pasearse y tomar el café: ese jardin vale mas de doscientas mil piastras; yo se lo ofrezco 4 Leila como garantia de igual suma en joyas.

—Joyas, dijo el Cojo; mi sobrino las tiene tan

ricas como las tuyas. Hé aquí un cofrecillo que vale mas que todas tus promesas.

Con asombro de todos los circunstantes, Hafiz, ayudado de Kafur, abrió un cofrecillo de nácar y concha lleno de pendientes, brazaletes y aderezos. Abdallah no pudo contener una esclamacion de sorpresa; entre aquellas alhajas habia reconocido el brazalete de rubies que llevaba Leila el dia del ataque y el collar de corales rosa que lucia Kafur ocus momentos antes. Quiso hablar, pero una seña. dy s fio le detuvo.

—Bontúos aderezos, aunque usados, dijo Omar frunciendo el entrecejo. No quiero preguntar de dónde han venido esos despojos de mujeres ni perder el tiempo en valorarlosó mi generosidad dará mas que todo eso: ofrezco trescientas mil piastras.

—Ofrecer no es dar, interrumpió el Cójo; aquí hace falta algo mas que palabras.

Por toda respuesta, Omar sacó una cartera de su faja, y tomando varios papeles se los presentó al sherif.

—Señor, le dijo, hé aquí las órdenes de pago

DE CUATRO HOJAS. 3 173 Que me has dado hace algunos meses y que están cumplidas. Suman algo mas de un millon de piastras. ¿Rehusará su señoría á su esclavo la gracia de Servirle de fiador con estos exigentes beduinos? * —Haré lo que deseas y seré tu fiador por cien Mil piastras.

—Si no hace falta mas que esa cantidad, escla-

mó un beduino, no dejaremos desamparado á un Compañero y dargmos una leccion á ese mercader Yanidoso. Hé aqui nuestros sables; nosotros los rescataremos por cien mil piastras. : Y desenganchándose el yatagan arrojólo el beduino á los piés del sherif, lanzando 4 Omar una Mirada despreciativa. Hafiz se adelantó para hacer lo mismo, dando ejemplo á la banda.

—Recoge tu sable, dijo el jefe de los creyentes al beduino: yo seré fiador tuyo y de tus compañerOS. No quiera Dios que os vea desarmados á mi Alrededor: vosotros sois mi gloria y mifu erza. Omar, antes de aventurarte á hacer nuevos ofrecimientos, “onviene que lo pienses bien. El arrepentimiento Sigue á la pasion satisfecha; una querida se encuentra á todas horas: pero los amigos que se pierden NO se recuperan nunca.

—Jefe de los creyentes, repuso Omar con orgullo, bajo tu palabra me he aventurado en este negocio: mándame detenerme, sino iré hasta lo últiMo: solo á ti temeria disgustar. Para acabar, pues, Con este enojoso asunto, ofrezco un millon de piastras: no es una dote exajerada para la mujer que te has dignado honrar con tu proteccion.