El triunfo de la libertad sobre el despotismo · Unidad 30 de 48
Unidad 30 · $ XXXIX.
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Abuso be ¡a potestad eclesiástica en lo política*
ESTE es uno de los excesos procedentes de los vicios que pci \ icrtcn laruzon, corrompen la voluntad, y hacen que el mas fuerte, el mas astuto, y osado labre su fortuna á costa de la miseria y esclavitud de sus semejantes. Reducida á solo nombre la po* breza evangélica por la execrable hambre del oro, no podía ser otro el fruto de esta reducción. Si la codicia es la raiz de todos ios males, para qué buscar otro origen al desorden de los ministros del culto ? apenas desapareció del gremio de la religión la pobreza del Evangelio, quandojiparecieron los abusos de los conductores* ÉUos, en todas partes y en todos tiempos han sido conseqüencia necesaria del oro y de la plata. Queriendo Aloyses al^xarlos de la monarquía prohibió á los Reyes la exorbitancia de estos metales. Sus deudos en Lacedemonia les cerraron absolutamente la puertas. Mientras fueron pobres los Romanos, conservaron la integridad y pureza de su disciplina* Fueron virtuosos republicanos, mientras que, contentos con su frugalidad primitiva, abominaron el luxo. Se corrompieron quando traspasaron los limites de la sobriedad*
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de la libertad. 235
Abundaran entonces los crímenes y empezó la decadencia de su libertad.
NuUum crimen abest, facinusque libidinis ex quo ^ Paupertas Romana perit. ^
Decia Júvenal (Sat. 6. 293.)
^ Todos los vicios, y maldades se reunieron, desde que desapareció la pobreza Romana. ' Otro tanto podrá decirse de quantos posponen la honesta mediocridad á la posesión de grandes riquezas. Si 8.
Pedro hiil)K se tenido plata y oro, no hubiera curado al coxo de nacimiento con la virtud milagrosa de su palabra. ^^Levcintate^ y andarle dicGjpuea no tengo plata j ni oro. (Act. 3.) Costumbres no solo diversas, sino contrarias al Evangelio, á las de Cristo, y sus discípulos, á las del siglo de Tertuliano, y de otros precedentes á la ruina del Imperio Komano : metidos en las cosas del siglo aquellos mismos, á quienes estaba prohibido el mezclarse en lo temporal y terreno: enriquecido y ansioso de adquirir mas el mismo que todavía predicaba si vis perfec» tus esse^ vade^ et vende omnia quce possides^ et da pauperibus : engreidos con recompensas prodigadas con designios mundanos v políticos : todo conspjró contra la magestad del pueblo, contra la dignidad del hombre, contra sus derechos imprescriptibles. Minestras los Obispos de Roma no llegaron á un
fioder tan eminente, que i su arbitrio disponían de as coronas vacantes, se contentaban con auxiliar á sus poseedores con las falsas doctrinas que empezaban á frutificar y con el rayo de la excomunión, que . muy presto fue tan freqüente como escandaloso* Lo que al principio fue mera dependían, de quienes condescendencia con aqudlos monarcas de quienes esperaban y recibían mercedes, y beneficios, fue después elevado á la clase de derecho pontificio : les zanjo el camino para dominar á la sucesión de sus dominadores. Con uellas mismas armas espirituales conque ha-
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bian* auxiliado la ambición de estos : con los mismos principios absurdos de potestad^'y jurisdicción, co& <que infatuados los pueblos habían sucumbido á la tiranía ; con fesos mismos lograron dar la ley á los
sucesores del monarca, de quien ellos la hablan recibido on otro tiempo.
Inficionados del contagio feudal, reunieron en su persona el poder del cielo, y el poder de la tierra ; empuñaban la espada y el ca3^o ; confundían lo espiritual con lo temporal. No era posible que dexa* sen de complicarse las funciones propias del Apostolado con las otras que se le habian acumulado.— Desde las primeras adquisiciones del siglo se babia empleado el sello de la Religión en marcarlas y distinguirlas* Nada era mas conseqüente á esta prác* tica que Inarcar también con el mismo sello las ordenanzas feudales, los despachos, y providencias fulminadas contra el verdadero derecho de las naciones. Condcnsa<:las las tinieblas de la ignorancia, fiubseqüentes i la caida del Imperto Romano, creció el abuso de autoridad : se multiplicaron los excesos de juYÍsdiccion, fueron mas numerosos los absurdos contra la libertad de los pueblos. Documentos claros de esta aserción se presentan en la historia del siglo mas obscuro y tenebroso de la era cristiana ; del siglo décimo, sifi:lo bárbaro, é ignorante, siglo de ceguedad, é incultura. Antes, y después de él se halla quanto es necesario para venir en conocimiento del poder de la ignorancia, de la actividad del fanatismo, del imperio de la preocupación. Menos que hombres, parecían brutos quantos habitaban la £uropa desde el Tajo hasta el Tiber. Sin la suma* impericia de los derechos del hombre ¿ como se atrevería Estefano III. a prohibir, que los Franceses en ningún tiempo tomasen otro rey que no fuese de la dinastía de Pipino ? Esta prohibición fue uno de los ritos, con que aquel Papa solemnizo
Ja consagración de este monarca ; y no contento con
ék ¡a libertaá*
esto^ declaró también íncursos en excomunión mayor á todos los contraventores. Otra exconumion ^ mayor obtruvo de Alexandro II. Guillermo el Conqui&tador contra todos los qiñe resistiesen su conquista, 6 la contradixésen* i Y como fufanínar tan iniqua censura, sin üna ceguera gravísima acerca de los principios eternos de la libertad del hombre?
Al engrandecimiento de la potestad temporal del Papa contribuyeron mucho las falsas decretales, que nacieron en el siglo octavo* A ¿nes del siglo nono, txk todo el décimo, y en la primera mitad del undé* cimo «e nutrieron con el pasto de la ignorancia estos Cañones apdcrifos. Llegaron á la edad viril, y ad» quiricron mayor robustez en el curso de las cruzadas. Esta invención dio á la autoridad eclesiástica su último incremento. Llegaron entonces á su plenitud los excesos. Sobre todos los príncipes y reyes cristianos, esercia la Curia Romana un despo* tismo canceleresco* Todos eran feudataiíoe suyos* Yo no sé como pudo sostenerse tanto tiempo la liga de un poder instituido para la libertad espiritual del hombre con otro poder arbitrario, y tiránico qnc
despoja al hombre de su libertad civil. Quandoyo veo á Jesús absteniéndose de mezclarse en la partí* cion de la herencia de dos hermanos, á pesar de la sencillez del negocio, y de la instancia que le hacia uno de los interesados : (Luc. 12.) Quando le contemplo huyendo de la multitud, y ocultándose en el monte para no aceptar el nombramiento de rey j ^Joan* 6.) yo no puedo conciliar esta conducta con la de sus ministros desde la organización del fen« dalismo. Quando exercen en todo su vigor el derío feudal: quando piutcnno solamente herencias de particulares, sino también reimos, y piinci[)ados de la tierra ; quando se hacen legisladores de los monarcas cristianos en lo temporal, disponiendo á su beneplácito de todas las vacantes del trono por derecho de reveruon : quando tu liberales con Iqs
reyes de su partido, les regalan lo agen o contra la voluntad de su dueño ; me parecen mas acreedores ' que los Fariséos á las increpaciones, y censuras qne recibían de Jesús señaladamente aquella que refiere S. Marcos en el c. T. de su Evangelio. Jit vanum avtem 7ne colunt^ docentes doctrinas ^ ct pi cccep' ta hominum. Rclinqv. entes enim mandatum Dei^ te* netis traditionem hominum,)
Pasd la época en que enseñoreados los Papas de las coronas del Orbe Cristiano, mandaban sobre los monarcas como hechuras suyas^ como tributarios y vasallos de una conquista feud;iL Paso, sin haberse conocido posteriormente otro que aspirarse á renovar el siglo de Gregorio VII. que el Papa Sixto V. quando declaro incapaz de suceder en la Corona de Fancia á Henríque IV. rey entonces de Navarra, y quando privaba de la suya á la reyna Isabel de Inglaterra por medio de una Bula, despachada en favor de Felipe II. que hubiera tal vez surtido efecto, si su armada hubiese abordado felizmente á las costas Británicas. Pero subsistieron otros abusos degradantes. En vez de disminuirse las invenciones ti* ránicas, fue aumentándose su núinero. Aparecieron nuevas exorbitancias del poder pontificio. A él pertenecia el dominio de toda la tierra, 6 á lo ménos de aquellas porciones habitadas de Idólatras ; y como señor universal, podia donarlas el Papa á los príncipes católicos de su devoción. La Irlanda fue €tdida por Adriano IV. á Henrique lié de Inglaterra : la Africa, y Asia fueron donadas por Martino V« Nicolás V. Calixto III. y Eugenio IV. á los Portu* gueses : las Islas Canarias por Clemente VI. á los reyes de España, que posteriormente adquirieron las Américas pbr donación de Alexandro VI. Para complemento de la tiranía apareció la Inquisición, que desviándose de su primitivo instituto, también metió la mano en los negocios de gobierno para reagravar las cadenas de la esclavitud. Los Aragon-
4k la lAbertad^ eseft no reüstieron su restableciintento después de
haber abolido su primera fundación en el reinado de Fernando, y de Isal^el. No se atrevieron estos á restablecerla hasta que decayendo la libertad de Aragón, y de Castilla con el descubrimiento de las In* dias, decayó también el derecho de resistencia.^ Qando por la ilustración de la Europa no quedaban Inquisidores sino en España, sobrevino un acontecimiento, que hace ver hasta que punto llegaba en ellos el abuso de su poder en lo político, y su ignorancia en los derechos del hombre. Casi al mismo tiempo en que las últimas Cortes de España decíaraban en Cádiz á fines de -1810, la soberanía del pueblo, como base de su nueva Constitución, los Obispos, é Inquisidores de México caliíieaban de hereges, y excomulgados á los que defendiesen este dogma político, ó creyesen que el pueblo era soberano. Es un hecho notorio en todo el mundo. Yo tube de él la primera noticia por un periódico de I-ondres.
Sumergido yo en mis preocupaciones, veneraba en otro tiempo como oráculos las extravagancias pronunciadas en negocios de Estado por la sucesión apostólica. Proposiciones condenadas por la Iglesia, llamaba yo i sus errores políticos, creyéndola tan infalible en este punto como en los que Jesucristo le habia encargado. Mi deferencia era mas ciega, quando esos mismos errores se habían firmado en Concilio. Infalibles hubieran sido también para mí unos decretos pontiñcios, ó conciliares sobre mineralogía, y castramentacion* Me parecía que . tu divino Espíritu prestaba indistintamente su asistencia, bien fuese invocado para materias eclcsiás- , ticas, o para qualquiera otrw Seguraiacntc no pensaban como yo los P^adres del primer Concilio de Nicéa, que para reformar el calendario de la Iglesia^ consultaron a los Astrónomos griegos de Alexandria, y siguieron su dictamen. 1357 años despuea
,£l Triunfo
de esta reforma es necesario hrxer otra ; y el Papa Gregorio Xílí. se vale de los mas célebres Facultativos de la i¿uropa$ cuya opinión fue la que prevalecid como ley en este punto. Proposiciones condenadaa por la Iglesia en lo político valen tanto co» mo aforismos de Medicina sanciomdos en Sínodo general ecuménico. Lo mismo se diría de qualquiera otra decisión suya que recayese sobre la Geografía, ó Cronología del nuevo y viejo Testamento, sobre la Estrategia, y Táctica militar de los Uebréos, ragos de Medicina^ ó Fisica, y de otras artes que por incidencia se encuentran en uno y otro libro. Ni en Concilios, ni fuera de ellos, tienen acerca de esto ninguna infalibilidad los eclesiásticos. Tampoco la tieuc el Papa por sí solo en puntos de Religión. Por mas que el partido ultramontano ha procurado atríbuirsela, la Cristianísima Francia ha sostenido lo contrarío con argumentos ineluctables. Su Clero, sus Teólogos, los Sabios de su Sorbona no han querido concederle lo que Jesucristo no concedió sino al gremio de su Iglesia. Es notable en este articulo el plan de reconciliación y concordia, que en obsequio de la Religión propuso i Pedro el gnmde la célebre Universicbid de Sorbona, para que dexasen de ser cismáticos los Estados de la Rusias ¿ Como pues pretender infalibilidad en lo civil quien carece de ella en lo eclesiástico? ¡ Con qué título condenar como heréticas, ó sapientes heresirn proposiciones de eterna verdad política, comprobadas con los libros de la misma Religión i ¿ Pero como pu« dieron los evangelizadores de la Era feudal excederse del mandato apostólico, siendo tan claro, y terminante ? A fuerza de alegorías, y conceptos místicos absurdamente aplicados. Con el socorro de arbitrarias, y violentas interpretaciones triunfaron de la verdad los impostóres. AI favor de las tinie-> Uas en que se hallo envuelta la Europa, dominada por las tribus bárbaras del norte, pudieron ellos con-
de la IMert€tíL «ii
seguir 8U triunfo* Los menos ¡gnoratites fueron m*
ventores del íraude. Los menos ignorantes cr.iu tenidos por sabios entre los ignoraiitis:?n()s. El sai)er escribir y leer era suficiente mérito para captarse esta opinión ; y poco mas bastaba para ser tenido por inspirado* Fingir cosas extraordinarias, componer fábulas y romances, hacer anagogías de los textos mas sencillos de la Escritura, era un rayo de ciencia infusa para gente tan estúpida, y un objeto muy interesante á su curiosidad. No lo duda quien conoce el placer con f^ue siempre vuela el vulgo en pos de lo maravilloso, y raro, sin cuidar de lo verdadero, y sólido. Animado el talento de la ficción por una ciega credulidad, llenó de legendarios fabulosos los estantes, y todavía pretende insultar la verdad.— Estas son las circunstancias que favorecieron la impostura, y produxcron la ilusión.. Confesare algunas de las alegorías con que yo andaba mas enre« dado en el laberinto de mis preocupaciones, y son de las que conciemen al abuso de la autoridad y podci'.
Alegoña de las llaveSy y dos espadas^ con otras irtci'
acucias .
^ UNA de las llaves del reyno espiri^tual del Me* sías fue destinada en los sigbs feudales al imperio temporal de la tierra. Puede decirse que ambas fueron habilitadas para al)rlr las puertas de este mundo, y del otro. En manos ambiciosas, y avaras eran Ilayes maestras con que se abrían las puertas de las casas, quintas, ciudades, y reynos para opulencia fle los claveros^ y de sus predilectos. De las mas sen-
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cillas figuras con que Jesús se explicaba, para inspU rar en su auditorio las sublimes ideas del objeto espiritual de su misión, abusó el espíritu del siglo para cohonestar el enlace de lo celestial y terreno en una nisina persona, y darle á quanto se abriese, y cerrase con la llave de este mundo el carácter de inviolable y «agrado; Pero veamos á que se contrahe la alegoría de las llaves. Inquiría Jesús de sus distípulos la opinión de ellos, y del resto de la gente acerca del hijo del hombre. Manifestó S. Pedro la suya, diciéndole, que su maestro era Cristo, hijo de Dios vivo. Jesús le contesta sobre la marcha, anua» ^ ciándole, que no hablaria de este modo sino por re* velación de su padre celestial. Continuando sin interrupción su discurso, se sirve de la alegoría de un edificio, y del nombre propio de este discípulo para signiñcarie que él seria la piedra angular sobre la qual construirla su Iglesia, y que las puertas del in» fiemo no prevalecerían contra ella. Por una conseqüencia necesaria de este simil, debían tener parte* en él las lla\'es del edificio espiritual de la iglesia. Y siendo esta obra del'reyno de los cielos, al prometerle la facultad sacramental de allaxuu: su entrada en él, le dice al mismo discípulo — ^, Ttbi dab^ claves regni cmlorum^ ^, Tb te daré loa Uaoes dt$0f!fn§ de lo» cielos, (Math. 16«) Nada hay aquí que ño sea del orden epiritual. Si otra cosa hubiese, bien podría decirse haber sido ilusoria esta promesa, una vez que en virtud de la potestad de las llaves Pedro no exerció, ni aspird á exercer mas que la del reynoq^ espiritual. Prometer MvcÁMáíma^t» pulo una cosa que no hi^bia de INsrificarae afaio en sucesión pontificia muchos siglos después de la promesa, seria lo mismo que pronosticarle quedar re*' servada la colocación de la piedra angular del edificio pam los tiempos de ignorancia y <:orrapcion«— ^; tsto seria prometer en vano, y reservar rpara 309
ie ia Libertad*
•herederos y sucesores Jas gracias y m€rc(Hle8 cor* respondientes al mérito personal de aquel varón cUatiBgiiidQ. Re^ukaria de aquí haberse suspendido la iimdaciati déla Iglesia hasta después de la ruina del
Imperio Romauo. Reauluiria por consiguiente que no fueron fundadores los Apóstoles y Jesucristo, siuo delineadores del plan que habia de servir de nortxui á los..Prelados de la edad feudal.
Ik> misólo resultaría de la mida aplicación del sentido metafórico de las dos espadas, y del abuso de oíros luíj;iircs de la escritura contra la libertad de los pueblos. Hasta la época del feudalismo, la espada habia servido á los ascéticos para denotar la actividad de la palabra. Espada del Espíritu se lla^ maba algunlM veces la divina-palabra ; otras era oom» parada con la espada de dos filos. Anunciando Jesús las diferencias que se suscitarían entre los in- £eles, y fieles, entre los incrédulos, y creyentes, ' entre los confesores. y mártires ^ sus perseguidores y verdugos» di»^ & aus discípulos no hsiber venido & tcftsr \Mi mo guerra^ fin lugar de eita diccionf us6 de la voz espada, como símbolo de la disco]>- dancia de opinioíies y de profesiones. El combate espiritual que resultaría de la divergencia en lafé, de creencias contrapuestas^ era la espada que habia dt^ dividir los pueblqs, las familias é individuos : es^ pada que separarla los conyugos desiguales en culto, dirimiendo 6 disolviendo el pacto conyugal : espadft que cortaría relaciones de familia ciurc los que repugnasen la voUu.tad del padre celestial, v los observantes de ella : espada en hn que substituiría en» tre estos otros vínculos de parentela. En ninguna parte de^ la Escritura se usa de. la palabra espada como signo depotestad jurisdiccional. Está adop* tadaen tre los políticos para expresar las funciones interiores y exteriores del poder v de la fuerza pública. Espada de la justicia, espada de ia guerra son
1^ signincadM mewjtíriCM qu&ha sacado la poUú»
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