El triunfo de la libertad sobre el despotismo · Unidad 6 de 48
Unidad de lectura 6
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De parte de las criaturas iiijiuiiidas era pr'-¡)ürcionada al delito la pena establecida por la lc\ ; pero de vuestra parte, faltando proporción entre la in« -mensidad del reato, y la limitación del delinqüente, no podía este satiÁcer condignamente. Csdlando •David en la confesión de su cülpa á Bclhsabce, á Urias, y al pueblo, obró de una manera inx ersaá la que se le noto, quando incurrió en su pecado. No se acordó entcSnces de tí, no os temió, ní se abstu« vo de pecar á tu presencia : temió solo a loe hom» 'bres, y por lo mismo se conduxo cautelosamente en laexecucion del crimen. Aunque usó de la palabra exclusiva tih't soHy^ nadie niega la ofensa de los demás. Por exclusivas que sean también las pala- <bras Tu solus Stmctus^ tusoltia DomimtSj tu solM altissumua^^ abusan de ellas, apropiándose sus respectivos epítetos, las mismas personas que desapro-
Íian al puel)lo de su magestad y poder, aunque no , aya siquiera una partícula exclusiva en los textos de su facción. Estos mismos facciosos^ & pesar de la terminante literal expresión del psalmo ; no se atreven á negar la culpa cometida contra las tribus de Israel, contra sus leyes, contra l i ias ) su mugcr ; pero yo obat)a sostt ncr en otro tiempo, que las naciones carecian de autoridad y poder, porque de ellas no se hacia mención en los lugares lavoritos de la tiranía.
Al exponer el Eclesiástico la necesidad de honrar al médico, da por razón el ser criatura del Altísimo este facultativo. Honora medicum propter necessitatem : etenim illum creavit Altissimus.'' Eccles. 38.) Ala causa primera recurre este escritor, sin hacer reminicencia de los padres, maestros, libros, y taifas del hombre que por la carrera de la
medicina llega á merecer este honor. Q^ien abusÉ
pues del silencio de la causa segunda en la communicacion del poder con la mira de descartar al pueblo, abusara igualmente de la taciturnidad del Eclesiástico para sostener que los médicos salen de vu* estras manos como salió Adán, 6 que solamente merecen . ser honrados aquellos que han recibido milagrosamente una ciencia infusa para curar los enfermos. ¡ Poco importaría fuese esta maldita lógi* ca el mérito y la sabiduría de los aduladores del des* potismo^ si el ignorante vulgo no se hubiese dexado . ' arrastrar de ella,- para prestar al déspota' el poder y la fuerza conque subyuga a los demás !
Ninguno mas fiometido y obcditinte á sus padres que Jesús ; pero quando llega el tiempo de anunciar el reyno de los cielos, se desprende de todo lo tesrenoi, en tanto grado, que desconociendo i su madre y
Íarientes, protesta no reconocer otro padre que el Itemo, ni otra madre y hermanos que los que hici» eren la voluntad de su padre celestial. Lo refiere S* Mateo en el c. 12. dr su Evangelio. Predicando ^ en aquel tiempo á la multitud, le avisan, que su madre y hermanos llegaban y querían hablarle; pero él^ señalando entdnces con la mano á sus dis* cipulos, contesta ser estos su madre y hermanos, y que qualquiera que hiciese la voluntad de su padre, que estaba en los cielos, ese era su hí?rmano, su her* mana y su madre. Vengan pues los oradores aa« ^sociales á despojar á Maria de su maternidad, por el mismo sendero por donde vienen i quitar al pu« cblo sus derechos. Manejando á su modo el soiis* ma de la tiranía, aquí hallara mas pábulo su malig* nidad, 6 su preocupación : no es un mero silencio sobre ^os vínculos de la sangre y de la Gracia él que se os pone delante, sino una positiva abnegación de ellos. Y si vosotros, compañeros en otro tiempo mios, sacabais de la falta de expresión de un texto _ tanto fruto para atacar los poderes de la sociedad, jf.
de la Libtrtaá»
mantener la usurpación de ellos, aquí tenéis un lugar tan expresivo^ que i vuestro modo de raciocinar es un campo vastísimo de extravagancias j delirios»
Decia el Bautista, que nadie podía recibir cosa alguna, si no le fuese dada del cielo. (Jon. 3.) Sin embargo, todos sal)en que esta ele\ ación al supremo ser, nada puede alterar de lo que él mismo con* cedió á los seres intermediarios en el plan de su creación.^ Bien sabia Ananias, que al defraudar á la comunidad de la parte del caudal que ocultaba y retenia, no podia engañar al Espíritu Santo. No era esta su intención : el engaño estaba circunscripto k la congregación de los fieles. Con todo, al reconvenirle S. Pedro por el fraude^ le dice, no era un mentiroso con los hombres, sino con Dios. Non es mentítus hominibus, sed Deo.'' Act Al despedirse S. Pablo de los de Efeso, dirigiendo su dis- ♦ curso á los nuevos Prelados, les dice, haber sido colocados por el Espíritu Santo ; y no expresa los actos humanos de aprobación < y nombramiento, sin los qualcs no hubieran sido establecidos* (Act. SO*) Con igual sublimidad de espíritu decia Santiago en su carta canónica, que toda gracia excelente y todo don perfecto viene de lo alto^ desciende del padre de las luces?"* (Jacob 1.) Si al suprimirse la intervencion del hombre en este orden de cosas, ningun;t criatura sensata le priva de la parle ministerial qu^ en él toca ; aporque tantos insensatos sacan de igu* ales supresiones en el orden político argumentos viciosos para despojar de sus derechos á las naciones, y ponerlas á merced 4^1 despotismo l Demasia* do notorio es el motivo. Yo era uno de tantos insensatos, y obraba como tal, ménos p<»* interés que por las sugestiones de una conciencia errónea.*—» • Otros, aunque ménos ignorantes, llevan una práctica contraria a sus conocimientos, por las consideraciones y lucros que reciben del tirano y sus satélites i el egoísmo, 7 en loe cobardes el miedo los induceai
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á ol^Tir de esta manera ; pero son mucho mas numerosos los fascinados con ideas siniestras de Keli* gion y Gobierno.
§111.
En Jmor de la soberanía del pueblo el c, 14. de los
Proverbios.
LEJOS de*esta insensatez, el autor del libro de la sabiduría reconoce y conñesa en otro lugar la magostad y poder del pueblo ; pero aun cuando hubiese escrito contra ella, quedaría ilesa la verdad de este dogma político ; y la iuíalibllidad prometida en lo» arcanos del Reyno de los cielos, no sería perjudicada en uú ápice* Vuelvo á confesar que no son de este resorte las materias de gobierno, de física ó astronomía. Tan falible era en el curso de los astros como en política el escritor de los libros de la sabiduría y Proverbios. Es por esto que, demostrado ya el sistema planetario de Copérnico, ningún astrónomo moderno, por católico y es« crupuloso que sea, desconoce el error de Salomón en los w. 5. y 6. del c. 1 * de Eclesiástes ; y todos viven seguros de la Injusta persecución de Galileo. Por la misma regla seria censurado qualquiera otro error político de sus escritos, y demás que no fueron des^ tinados por tí á enseñar axiomas y principios de ju- ^ risprudencia. No es de esta clase él de los Prover^ hios ; pero en el c. 14. v. 28. hay un rasgo bien significante de la magestad y soberanía del pueblo. " £n la muchedumbre del pueblo^ dice el texto, eata la dignidad del Rey^ y en su pequenez la ignominia del principe^'* Q'^ in multitudine populi dtgnitas regis, et in paucitate plebis ignominia principis.") Para , convencerse de esta verdad, es ¿juficieme maestro el
é€ la Libertad.
sentido común. Aunque agotasen toda su retorica los oradores de la tiraniar, quedaría sin adoraciones ^ y tributos suidolo, desde que le faltase el poder y la
fuerza de la nación. Por mas textos que amontonaben para persuadir su carácter divino, su vicaria, y unción celestial, ningún fruto cogerían, siempre que yá no hubiese á las ordenes de su vicario y un* gido mucha ^ente ampiada que inspirase el terror, y con él «ostubilbe la creencia de esa otra soberanía imaginaria. Los mismos predicadores le abandonarían, quando á la falta ele gente siguiese la del lucro y distinciones que reportal)an por su adulación* Del número de combatientes y cmitribuyen« tes resulta la dignidad y grandeza del monarca, y de la falta de ellos su ignominia y mengua política : de ellos es pues la dignidad ó vilipendio que comunican á su representante y hechura, á pioj^orcion del número y de la fuerza física y moral, qpc por dentro y por fuera se observa en la multitud, ó apocamiento de la comunidad : suya es por consiguiente la ma^ gestad y poder verdadero, que no es otra cosa que el resumen de las facultades intelectuales y corporales del hombre reunido en sociedad, mas 6 menos honrada ó deshonrada, según el numero de almas, y cuerpos fuertes que en ella se contaren, de virtudes ó vicios que la dignificaren, d labraren su ignominia. De aqui resulta á sus gobernantes el honor, 6 vituperio declarado en el c. 14. de los Proverbios.
Falsa idea de la soberanía.
CONFIESO, Señor, que el concepto que y# luibia formado de ella, no podia ser mas. ridículo y cHocante á la razón. Imaginaba vo, que la soberanía
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£1 Triunfi
era una cosa sobrenatural, é invisible, reservada desde la eternidad para ciertos individuos y familias, é intimamente unida con la palabra Sey^ para
infundirla á su tiempo en el cuerpo y alma de aquellos que obtubiesen este título por fas, 6 por nefas. Otras veces la consideraba como una qua« lidad espiritual y divina, inherente á tu omnipotencía, de donde se desprendía milagr^amente para identificarse con los monarcas, y caracterizarlos de vicedioses en la tierra. Esta idea me había venido de la que yo tenia formada de la Gracia Sanctiñcante, de la virtud sacramental, y de la potesdad de drden en los ministros del culto ; pero la copia me salía mejor que el original : yo hallaba en la qualidad regia ventajas que no tenia el dechado por donde mi fantasia la copiaba : la gracia se pierde por el pecado mortal ; la prerogsaiva real era inamissible, aunque el Rey cometiese muchos crímeneé : ni la gracia, ni el carácter sacramental extmian al hombre de la observancia de la ley ; pero el carácter real exoneraba* al monarca del cumplimiento de las leyes, le hacia arbitro y dispensador de ellas : ningún facineroso merecia la gracia sanctiñcah te ; pero el que llegaba a ser Rey por el camino de Isi maldad, era tan acreedor á la investidura celestial, como el que adquiría la corona por aclamación del pueblo : por justiftcado que fuese el hombre en el estado de gracia, aunque estubiese marcado con el carácter que recibieron delmismo Cristo los Apóstoles, dexaba de ser inviolable y sagrado, siempre que maliciosamente que» brantase la ley, y quedaba sujeto á sus penas, siu exceptuar la de último suplicio, si lo exigiese la atrocidad del crimen ¿ pero el monarca permanecía inviolable y sagrado, por mas tirano y delinqüente que fuese : ni legatarios, ni herederos aparecían en el orden de la gracia, en las virtudes sacramentales, 6 en la gerarquia eclesiástica ; pero en las monarquías abtioLutas todo era hereditario, todo trans-
ét la UberUuí. 9»
misible 4 los parientes mas liiinedíatn^i del uliimu ^ poseedor, por un derecho llamado de sangre.
£ftte era^ señor el concepto (|ue yo tenia de la so* berama^y estas las conseqQencias que de él se derivaban. Pero todavía tomaba mas vuelo mi fantasía para acomodarle al sistema de la coronas hereditarias. Con este fin me imaginaba yo, que tu habías estancado una porción de vuestro poder^ y vinculadole en favor eb aquellas familias, que después del diluvio habían de reymur sobre la tierra, 7 que dexando el llamamiento de los sucesores de este ma* yoriizgo á voluntad de los primeros poseedores, y alguna vez de las naciones mayorícadas, os habíais comprometido á é6tar y pasar por sus caprichos y sub«dtuciones ; a comunicar la cantidad necesaria de poder a los llamados en ellas, d i la persona de mejor grado y linea, sea cual fuese su edad, su sexo, su ineptitud, 6 aptitud ; á respetar sobre todo la k v ^lica en este punto, como la mas equitativa, imparxial y conforme á la generosidad con que tus infinitas iMmdades se disfun^n sobre lodo lo criado, sin «cepcion de personas : ano mezclaros en los pleitos de sucesión, y á suspender en este caso la colación del beneficio de la soberanía hasta que se decida la contienda por la fuerza de las armas, por los aru&- cios y trampas de cada siglo* A toéu esiaa quf • masas me arrebataba el torrente de mis preocupaciones. Jamas me había pasado por el pensamiento el que, „ in multitiidine populi dii^ ^utas rrq'is^ et in paucitate pkbis ignominia princif^u : jamas atendía yo a esta textos ni á otros muchos que comprueban la magestad, y poder del pueblo. Me eacandalize la vez primera que abri una obra de derecho natural^ y en ella leí lo siguiente.
f^rdadera idea de la soberanía^ y se desembuelven lai
elementas señoleé.
SOBERANIA es el resultado del poder y de
la fuerza moral y física de los hombres congregados en sociedad : fuéra de ella^ cada uno es un pequeño soberano porque se halla dotado de facultades in* ttlectuales y corporales, esenciales constitutivos de la soberanía. A nadie pueden nej^arse estas dotes^ que en el proyecto de la creación entraron como partes integrantes de esta imágen v semejanza del criador. Las obras de Dios son perfectas : como tales él mismo las itía aprobando al paso que su omnipotencia las iba sacando de la nada. £1 fot con que recibieron el ser todas las que precedieron á la existencia del hombre, parecía insuficiente á explicar la dignidad y perfección de esta criatura que tanto había de costar i su hacedor : es por esto que al formarla, tonui otro tono mas solemne y digno del efecto que iba á producir para complemento de la creación. Hagamos al hombre ¿i nuestra imagen y semejanza^ es la fórmula con que sale á luz este mundo abreviado para poner el sello á las obras del criador. £ntdnces, es, qué el conjunto de toda» ellas merece ser aprobado como excelente y perfectísimo. (" Vidit Deus cuneta, quae fecerat, et erant .valdé oona; Gen. 1.) Ofenderia el crédito ele esta sagrada historia, abdicaría el sentido común qualquicra que dixese no haber participado esta elegante copia de aquellos atributos comunicables a la cría* tura. Tal es el de la soberanía y poder. Ilusoria j vaua seiia la expresión de imágen y semganza de
Dios, si nada le hubiese cabido de los 'rasgos que componen la soberanía, y demás dones necesarios á su defensa, conservación y felicidad.
Vino la culpa y le privó de la justicia original ; pero no entra en las penas temporales de su pecado la privación del poder que hahia recibido de su hacedor. „ Estarás subordinada á la autoridad del varón, le dice á la primera muger. („ Sub viri po- * téstate eris.) y es esta la primera prueba de este genero que manifiesta haber retenido el hombre su poder después que prevaricó. Retubo también el suyo la muger, aunque sometido al varón, pero no siempre, como lo demuestra el número de las de su sexo que han exercido autoridad sobre los hombres. Considerados estos pues fuera de sociedad, cada uno de ellos es tan soberano, como lo era Adán en su estado de soledad. Dotado de razón y enriquecido con el precioso caudal de la libertad el hombre ya multiplicado en su especie, no se habría contentado con su estado solitario. Aunque su individual soberanía nada tubiese que temer, habría buscado siempre la compañia de sus semejantes ; sus inclinaciones sociales no le permitirían sin mucha dificuldad abstenerse de esta junta. Ellas fueron mas urgentes, quando la experiencia le enseñó estar expuesto su aislado imperio á la violenciade los malos : procura entonces aumentar su poder y su fuerza, asociándose á sus semejantes ; y se da el primero paso á la soberanía convencional. Se forman compañías en que cada socio pone por capitales aquellas virtudes intelectuales y corporales, que sirven de materia al contrato social; conviniéndose en no disponer ya de este caudal con toda aquella franqueza con que lo hacia en su anterior estado. Ahora la voluntad general de los compañeros es la única regla que debe seguirse en la administración del fondo coman, que resulta de la entrada de tantos peculios particulares, del cúmulo de tantas sobera-
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nías individuales. Vivir con plena seguridad en su persona y bienes, mejorar la suerte de sus destinos, es el blanco y término de esta convención* Baxo de esta precisa ley, es que cada individno se hace miembro de la comunidad, y se somete á la voluntad general de los socios, en que se halla comprehendida la suya como parte de este todo.
La expresión del voto general es lo que propia* mente se llama ley ; y no es otraxosa que la misma razón natural reducida á escrito, 6 cdnducida por la tradición, único código conocido antes de la invención de la escritura. Es la mas noble parte de la soberanía este poder legislativo, la mas ventajosa facultad que el . hombre recibid de sa autor. Es el producto de su razón ilustrada, y exénta del influjo de los malos apetitos, lo que merece el santo nombre de ley : sanción recta del entendimiento, que ordena lo bueno, y prohibe lo malo. Ved aqui la fuerza moral, á cuyo dulce y suave imperio, sin violencia ni repugnancia, vive sometido el hombre de bieii. Si fuese general la probidad de costumbres, seria supcrñua la acción de la fuerza física, estarían sin uso las demás funciones de la soberanía, no habria para que armarse de la espada militar, ni del brazo de la justicia; nohabria necesidad de gobier-» TiO. Seria anarquía un tal estado, pero inocente y pacífico como él de los hebreos en los últimos tiem-- pos de sus jueces^. Pero siendo raros estos casos, la sociedad establece un sistema de administración, que cuida^de la observancia de la ley, del castigo desús infractores, de la decisión de pleitos, y defensa del estado contra sus enemigo^ exteriores. Esto es lo que comunmente llamamos gobierno, cuyas miras exigen que se arme de la fuerza publica, aplicándola conforme á la vcduntad general que le h» constituido. No es este el rama mas excelente déla soberanía, pero es el mas eficaz pa» contener a Icb díscolos. ^Su cucacia será tanto mayor, quauto
d€ ia Libertad.
mas mimerosa fuere la fuerza armada. En la opinión de esta clase de gente será tanto mas poderosa y soberana la compañía, quanto mas enorme y activa fuese la suma de brazos fuertes que abrigase en 9U seno, la. respeteran entónces, y no violaran sus ¿ierechos ; pero si fuese menguada, y de poca acti- .vidad la masa de sus fuerzas, llegará i ser el ludribio de los malos, para quienes nada vale la ley que no está acompañada la del poder coactivo. A esto es aplicable el proverbio de Salomón, ^ue hace con« sistir la dignidad 6 deshonor del principio en la población ó depoblacion de sus estados. (Prov* 14.)